CAPITULO 25: EL GUARDIAN DE HELGA: MIRIAM. LA TRANSFORMACION DE LI. ¡LA BATALLA SE ACERCA!
Las cuatro paredes de aquel sitio eran el único refugio en donde había encerrado su secreto más preciado.
Aquel armario en el que locamente había recreado la viva imagen de la persona que más amaba, aquellos cuadernos de tono rosa en el que locamente había escrito mil y un poemas todos con un único tema: Arnold, aquella ventana por donde innumerables veces había escapado para verlo pasar. Todo unido en una hermosa sincronía de amor. Su cuarto era testigo de innumerables planes, sufrimientos, alegrías, tristezas, meditación y ahora del dolor y la desesperación que apresaban su corazón.
De un lado al otro caminaba una pequeña rubia cuyo rostro estaba punto de ser empapado por las lágrimas que con todas sus fuerzas intentaba reprimir. Había escuchado de la boca de su propio amado que al fin esa tarde, se uniría con la persona que siempre amó desde que la conoció y definitivamente no era ella. ¿Qué podía hacer? ¿Qué? Tomando el teléfono recurrió a la única persona que siempre estaba allí para ella y podía brindarle ayuda. Más de una hora se la había pasado hablando y aun no hallaba solución a su problema.
-…
-Es que no puedo Phoebe. No puedo permitir que eso suceda.
-…
-¿Por qué? Pues porque el idiota cabeza de balón estaría cometiendo el peor error de su vida.
-…
-Lo sé, lo sé. Es su vida y no debo meterme pero créeme se que Lila no es para él.
-…
-Sí, sí. Él ha estado tras de ella desde que entró a la escuela pero yo se que el pobre está confundiendo obsesión con amor...Debo evitar que esta tarde se le declaré en el parque.
-…
-Como que no debería meterme. Claro que sí. Debo hacerlo ¿no lo entiendes?
-…
-¿Por qué? Pues… Ni a mi peor enemigo le desearía estar con Lila.
-…
-Como que no es tan mala...Bueno quizá no lo es pero justamente con Arnold quiere emparejarse.
-…
-Si Phoebe, se que lo ha rechazado varias veces pero me preocupa porque desde hace un tiempo acá…Creo que a ella también le gusta...No lo se...Pero tengo un mal presentimiento.
-…
-¿Cómo que qué haría si ella lo acepta?...No…Ella no puede hacerme eso. Después de lo que le dije, después de saber lo que yo…Hay muchos peces en el mar porque justamente él.
-…
-¿Como que yo misma debería oír lo que digo?... Escucha debo irme o será demasiado tarde… Luego te llamo para contarte…
Con rapidez la pequeña colgó el teléfono y bajando las escaleras de su casa abrió la puerta. Fuera el viento soplaba atronadoramente sin embargo ese no sería ningún obstáculo. Debía hacerlo, intentarlo aunque sea por última vez. No podía permitir que eso sucediera.
-Voy a salir Miriam. Ya regreso.
Con estas palabras la pequeña salió hacia la calle rumbo al parque.
Una mujer rubia observó desde la cocina el lugar por el cual su hija acababa de salir. Lo había escuchado todo, la conversación, la desesperación con que hablaba, el miedo y al mismo tiempo la incertidumbre que rondaba su corazón. No era que le gustara andar espiando a la pequeña, pero Helga siempre se había caracterizado por guardar todo lo que sentía para sí misma. Jamás confiaba en alguien de su familia y sabía a la perfección que ellos se lo habían buscado. Desde pequeña la trataron como si no existiera. Lo reconocía, incluso ella se había alejado de su hija. La única manera de sentirse cerca de ella era intentando escuchar algo de lo que le ocurría. No lo hacía muy a menudo pero desde hace días había sentido una opresión en el pecho. Como si algo malo estuviera a punto de ocurrir. Pero ¿Qué? El recuerdo de lo que era, de lo que debía pasar y del destino de aquella pequeña llegaron a su mente. Algo en su corazón le dijo que aquel día se desencadenaría todo.
-Ya es hora-musitó tristemente la mujer-Lo siento hija mía…Pero debe pasar...Espero algún día logres perdonarme. Créeme que si pudiera lo evitaría, pero no puedo. Confió en tu fortaleza y en tu corazón. Se fuerte mi pequeña Helga.
Derramando una triste lágrima la mujer entró nuevamente a la cocina a preparar la cena de su marido.
Recuerdos, sueños tras sueños los recuerdos azotaban día tras día su mente como en un vano intento de recordarle porque se hallaba allí y por quien debía aguantar todo lo que pasaba y estaba a punto de ocurrir. El sonido de los aleteos esporádicos cerca de ella, la despertó. Pestañando varias veces intentó olvidar el recuerdo de aquel día y se limitó a mirar a sus terribles vigilantes. Tres aparentemente mujeres con patas de cabra y garras de rapiña desgarraban lo que parecía ser el cadáver de un pequeño niño de unos cinco años. Suspiró. Cuanto tiempo llevaba ahí ya ni lo recordaba. Detestaba estar bajo el poder de aquel ser tan miserable sin embargo nada podía hacer, en esa extraña esfera lo único que le quedaba era conformarse. Había visto lo que su maldad era capaz de hacer, con tristeza e impotencia observó la destrucción de su amada ciudad. Ella había prácticamente pasado toda su vida allí. El dolor que había azotado su corazón había sido inmenso sin embargo el rostro de una personita por la cual debía vivir y no dejarse decaer le dió fuerzas para sobrellevar todo aquello pero hasta cuando tendría que soportar estar allí... ¿Hasta cuándo?
-Déjenme solo con ella-esas palabras sobresaltaron a la mujer.
Los demonios al ver quien les había ordenado eso tomaron su presa y se fueron volando de aquel edificio.
-Así que estas despierta, eh-sonrió Belzemont-Sabes estoy de muy buen humor por lo que ahora no te torturaré como los otros días.
La prisionera observó extrañada a aquel demonio. Desde que ella había sido atrapada, él no había cesado en hacerla sufrir bajo las más viles torturas con tal de sacarle información elemental para acabar con Helga. Cada amanecer era el anuncio de su terrible castigo si no eran llamas, eran latigazos o terribles golpes a pesar de todo no había abierto la boca y cuando lo hacía solo se dedicaba a mandar improperios e insultos a sus captores. Nada haría que ella revelase información y menos para acabar con su hija. Ni que estuviera loca. Ahora lo que le preocupaba era aquel cambio repentino de actitud, últimamente aquel demonio se hallaba de un humor insoportable pero ahora estaba feliz. Algo le dio muy mala espina. Debía saber que ocurría.
-Y ¿a qué se debe que estés tan contento?
El rencor se notaba en su voz.
-No creo que debas saberlo...Aunque no haría nada de daño con contarte...Sabes-contestó socarronamente- Estoy seguro que ya gané esta batalla. Acabé con tu querida hija. Lo sé.
-¿La dañaste? ¿Le hiciste algo?-las lagrimas comenzaron a inundar sus ojos.
-No llores-musitó fríamente Belzemont-Tarde o temprano tu querida hijita debía morir. ¿No crees?
-¡Eres un desgraciado!
La ira empezó a inundarla desplazando la momentánea preocupación que había llegado a su corazón al escuchar dichas palabras.
-Vamos. No te desesperes que tú también acompañarás a tu Helga al infierno. Solo es cuestión de tiempo.
-No lo puedo creer.
-Qué no puedes creer ¿qué te haya capturado o que ya de por hecho que acabé con tu hija?
-Ninguna de las dos cosas. Yo confió en mi pequeña y sé que no se dejara vencer fácilmente, lo que no puedo creer es que exista un ser tan malvado como tú.
-¿Olvidas que los seres humanos me crearon? Me alimentaron con sus malos deseos. Simplemente soy un instrumento, el instrumento para que al fin el mal reine este mundo.
-No estés tan confiado, la batalla final aun no se ha librado. Espera y veras.
-¿Acaso estas sorda? Te dije que ya he acabado con tu hija. Tengo todo a mi favor. Nada podrá detenerme. He encontrado la manera de destruir a tu querida Helga y protegida para siempre
-Eso es imposible, ella jamás se irá hasta que cumpla su misión.
-Sí, sí y su misión es destruirme. Sabes Miriam ya estoy cansado de escuchar eso una y otra vez. Acaso crees que repitiéndolo se hará realidad.
-No creo, sé que será real.
-Lo dudo mucho sobre todo ahora que tengo un nuevo aliado cuya fuerza supera la mía...Su maldad es tan grande y no tiene ni la más mínima emoción por algo.
-Ningún demonio la tiene porque habría de sorprenderme.
-Es que deberías hacerlo porque él no es un demonio.
-Entonces, ¿a qué nuevo monstruo creaste, ahora?
-No es a que es a quién y yo no lo creé. Me gustaría llevarme el crédito por ello pero no.
Una sonrisa triunfantes surcó el malvado rostro de aquel ser.
-Se trata de alguien sumamente preciado por tu pequeña y aunque me duela admitirlo, muy poderoso. Pero espera no tardará en llegar. Azazel fue por él.
Sus temibles ojos se enfocaron en aquel cielo lleno de oscuridad por el que había visto partir a su más fiel servidor. Ya deberían de estar llegando, después de todo el lugar al que lo había mandado no estaba lejos. La rubia miró inquieta el lugar que veía Belzemont. No entendía a que se refería. Su hija quería a muchas personas y la mayoría de ellas estaba muerta. ¿De quién hablaba aquel demoníaco ser? El furioso rugido de varios demonios llamó su atención. Entre las nubes negras que se habían amontonado sobre ese lugar se divisaba a un demonio volando con lo que parecía ser un pequeño bulto. Un alboroto se armó en las alturas.
-¿Por qué lo trajiste?-siseó un demonio con cara de víbora
-Su padre se encargó de acabar con varios de nosotros-reclamó una muchacha aparentemente normal a diferencia del humo que salía de su boca.
-Él es nuestro principal enemigo-musitó otro.
-¿Acaso lo mataste Azazel?
-¿Es prisionero?
-¿Como su poder no te aniquiló?
-Dánoslo. Quiero tener el placer de acabar con él.
-¡Basta ya!-gritó el interrogado-Ahora es uno de nosotros.
Todos guardaron silencio.
-Y a quién quiera acercársele para dañarlo tendrá que vérselas con Belzemont.
Ahora los murmullos se volvieron más agresivos.
-Jamás…
-Inverosímil…
-¿Está loco?
Belzemont sonrió desde su trono y usando un potente tono de voz se hizo escuchar por todos.
-Acaso hay alguien que quiera desafiarme. Si lo mande a traer es porque nos servirá en la batalla final.
-El mató a todo mi clan-musitó un demonio con una especie de colmillos y garras en donde deberían ir las manos-No esperes que lo recibamos con una sonrisa de oreja a oreja.
Una bola de fuego incandescente desapareció a aquel extraño ser ante los sorprendidos ojos de todos.
-¿Alguien más?
Todos se retiraron asustados.
-¿Lo hiciste?-interrogó a su más fiel sirviente al verlo descender frente a él.
Azazel sonrió y dejo a su presa en el centro de aquel lugar junto con una espada.
-Creí que el poder de ese objeto evitaría que lo atrapase pero no fue así. No había nadie con él, lo que facilitó las cosas. La oscuridad que lleva dentro es inmensa. Jamás había visto algo así. Esta borrando todo rastro de humanidad en el.
- Ubica a los demonios en puntos estratégicos para que protejan este lugar-ordenó Belzemont- Si Ángeles sabe que tenemos a su madre y ahora a este, no tardará en llegar. Debemos estar preparados. Nadie puede pasar aquí. No mientras yo no quiera.
-¿Aun cree que la muchacha pueda significar gran peligro sin su compañero?
-Es muy fuerte. Antes y Ahora. No puedo confiarme hasta que este no haya despertado. Déjame solo con él.
El sirviente asintió y sobrevoló el sitio para cumplir la orden recibida.
Miriam permanecía estupefacta. Conocía aquel bulto que Azazel había dejado. Aquel niño de cabello castaño y ojos cafés. Aquella personita que en ese momento se encontraba inconsciente a los pies de Belzemont quien sonreía triunfal, aquel compañerito de la escuela de su hija, aquel chico quien se esforzó en devolverle la luz a Helga, el que debía luchar junto a su hija para vencer el mal. ¿Qué rayos hacia allí? ¿Qué le había pasado? ¿Cómo había ido a parar en manos de Belzemont?
-No puede ser-suspiro la mujer.
-¿De qué te extrañas? Él es humano. Puede que tuviera el espíritu de Gabriel y siempre haya luchado al lado del bien pero no deja de ser un manejable humano cuyos sentimientos lo llevaron a la oscuridad.
-¡Li!-imploró Miriam- ¡Niño despierta! ¡Reacciona!…Helga te necesita…No la puedes dejar sola…Ella…
-¡Que tonta eres! No ves que esta inconsciente. No te puede oír.
-Lo capturaste-musitó resignada la rubia-No entiendo como lo hiciste pero nada de lo que hagas hará que el dañe a Helga Los dos están unidos por un vinculo muy especial que nada ni nadie podrá romper.
- Vaya si que sabes más de lo que deberías. Hablas cuando no lo necesito, si hubieses sido tan colaboradora antes hubiese evitado todas esas quemaduras, cortes y golpes que tienes por tu cuerpo.
La mujer le dió una mirada de odio antes de contestar.
-Te lo dije una vez y te lo vuelvo a repetir antes de decirte algo, prefiero morir.
-Sí, sí. Ya lo sé. Ustedes los estúpidos guardianes no pueden revelar nada que afecte el destino de sus protegidos. No saque nada con Terra y Ariel cuando estuvieron capturados y dudo mucho que saque algo de ti. Sin embargo eres un gran cebo para atrapar a la princesa Ángeles.
-Ella no…
-¿No vendrá? Por favor Miriam, no seas tan ingenua-río fríamente el demonio-Eres su madre. Qué clase de hija desnaturalizada crees que tienes. Aunque yo de ella estaría muy enojado contigo, fíjate que esconderle que eres su guardián. ¿Cómo crees que reaccione? Supongo que mal. En fin ella a pesar de todo te quiere y te perdonara. Así como lo hizo con su querido papito.
-No te permito que hables de Bob con tu sucia y asquerosa boca. Si pudiera…
-Si pudieras ¿Qué? Matarme. Ya tuviste la posibilidad de enfrentarme y el poco poder que tenias no sirvió para nada. Dudo mucho que logres algo ahora que te convertí en un ser humano por completo sin poder alguno. De seguro te mueres por salir precisamente de esa esfera que es la que te mantiene como humana pero ni modo mi querida Miriam. Tendrás que aguantar allí con el dolor de cada tortura de la cual te hago víctima.
-No me importa el dolor…
-Si tú como no. A todo humano le importa y a pesar de ser una guardiana eres una de ellos también. Sufres al igual que cualquiera de ellos.
-Y ¿tú no? Por favor el hecho de que seas un demonio no quita el dolor que sentirás cuando mi hija acabe contigo.
-Dudo mucho que eso ocurra.
-Porque estas tan seguro.
El demonio poso su mirada sobre el castaño.
-Por él.
-Gabriel jamás traicionaría a Ángeles y Li tampoco a mi hija. Estás loco, si crees…
-Porque no lo observas detenidamente.
No quería hacerlo, tenía miedo de darle la razón a aquel demonio pero debía hacerlo. La rubia miro al chico. La imagen que recibió la dejo conmocionada. No entendía como había pasado aquello. Cuando el pequeño llegó a ese lugar lucia normal, dormido pero nada extraño le pasaba. Ahora todo era diferente un aura oscura rodeaba su cuerpo formando una especie de capullo al igual que a la espada. Era maldad. Maldad pura, alimentada por la oscuridad de su corazón. Miriam lo sabía a la perfección. Lo sentía.
-¿Qué esta…
-pasándole?-completo Belzemont-La verdad no lo sé. ¡Qué raro! Cuando lo trajeron no estaba así. En fin. Desearía tener una respuesta para esa pregunta pero no la tengo. Aunque una teoría algo alocada viene a mi mente. Ese muchacho se entregó a la oscuridad, dejó que lo dominase por completo. Imagino que después de ver lo que hice en la ciudad se desmoronó y al no tener guardianes, se dejo llevar ¿Qué te parece?
Miriam enmudeció. No podía creer lo que oía y al mismo tiempo veía. ¿Cómo había podido olvidar algo así? La misión de todo guardián es permanecer cerca de su protegido fomentando la esperanza y el bien en sus almas. Tan preocupada había estado en su propia hija que había olvidad por completo a Li. Claro, era humano y propenso a caer en la maldad a pesar de ser puro. La tragedia que aconteció en la ciudad, la pérdida de su madre y de miles de inocentes era suficiente motivo para deprimirlo y por si fuera poco las personas que custodiaban su alma también habían desaparecido. Se encontraba vació, hueco. Sin nada que lo animase y sin nadie a quien aferrarse. Se sentía solo. Cuando una persona pierde a su ángel guardián o en este caso a sus guardianes prácticamente queda desprotegido. En manos de la oscuridad. Ahora lo entendía todo.
-¿Que planeas hacer?
La amargura se noto en la voz de la mujer.
-Yo nada-sonrió Belzemont-Simplemente esperar a que la oscuridad lo consuma. En pocos segundos veras algo asombroso. No muchas veces se puede presenciar la transformación de un ser angelical en uno demoníaco.
- ¿Y si?-una idea acababa de llegar a su mente- Y si su poder es superior al tuyo no deberías temer. El podría acabar fácilmente contigo.
-Es cierto. Muy cierto Miriam pero hay un pequeño detalle, lo primero que todo ser dominado por la maldad quiere es acabar con el bien.
-¿Y?
-¿Y? ¡Qué ingenua! La única persona que tiene una bondad pura y un espíritu valiente: es Ángeles y todos los que la acompañan. Aunque dudo mucho que tenga un gran sequito. Después de todo acabe con todos los que podrían ayudarla.
"No puede ser-pensó- Li va a acabar con mi hija"
¿Cómo podía haber pasado eso? Se suponía que el destino estaba ya escrito para que Li y Helga lucharan uno junto al otro, incluso ella se encargó de unirlos en sueños para que se ayudaran mutuamente. ¿Qué había pasado? ¿Por qué ahora las cosas de repente cambiaban? Li era muy fuerte, desde pequeño aprendió a manejar su poder y si como bueno era poderoso no quería ni pensar como seria como malo. El acabaría con Helga. Claro que no subestimaba a su hija, pero era obvio que la pequeña apenas sabia las cosas elementales para defenderse. No se podía compara el nivel de Helga con el de Li. Por otro lado estaban Ángeles y Gabriel. Los dos, almas completamente puras. Pero para luchar juntos necesitaban que sus guardianes le revelaran todo su pasado. Y para su mala suerte los de Li habían muerto. Si su pasado no era revelado, Helga y Li jamás descubrirían como usar los objetos perdidos en contra de Belzemont y todo estaría perdido. Ahora entendía porque el chico estaba como estaba, el espíritu de Gabriel en el permanecería dormido hasta que su guardián lo despertase. Pero ¿Cómo? ¿Cómo Gabriel se liberaría? ¿Como ella iba a liberar los recuerdos y el espíritu de Ángeles? Estaba atrapada. El maldito Belzemont parecía haber adivinado ese detalle por lo que la había capturado. Entre lágrimas recordó lo sucedido.
FLASH BACK
Una luz blanquecina se llevo el cuerpo de su hija. De seguro ya había regresado a la realidad. Al fin había vencido todos sus temores y enfrentado su dolor. Era hora de volver. No quería dejar desprotegida a Helga durante mucho tiempo. Usando sus poderes apareció en la escuela destruida. No había nadie en aquel sitio. De seguro la pequeña ya debía de haber marchado rumbo a su casa. Observando los escombros Miriam recordó lo acontecido. Ella también había estado allí aquella noche que atacaron la escuela solo que había permanecido escondida. Sabía que la pequeña la necesitaría por lo que reprimiendo el dolor de ver a su esposo muerto abandonó el mundo de los vivos para por primera vez presentarse como guardián frente a la niña.
-Así que fuiste tú-escuchó la mujer.
Tan distraída estaba en sus pensamientos que no se había percatado que algo o mejor dicho alguien la había estado vigilando. Al observar de quién se trataba por poco y cae de la impresión. Sus gafas cayeron al suelo y el temblor en sus manos se hizo visible. No esperaba ver a ese sujeto allí. Era demasiado pronto para que la descubriera.
-¿Quién es usted?-fingió aunque sabía a la perfección de quien se trataba- Le advierto estoy armada
-Hay por favor como si tú necesitaras armas. Debo admitir que me sorprendiste.
-¿A qué se refiere?-murmuró temblorosamente.
-Por favor, no finjas que no me conoces-bufó Belzemont dejándose ver por un estruendoso rayo que acaba de caer no muy lejos de allí-Se que sabes quién soy. No entiendo como pude ser tan estúpido. Claro. Tú la madre descuidada que jamás se preocupo por su hija, tú la dama que pasaba encerrada en casa...Como no lo pensé antes. Buen disfraz eh, Miriam Pataki.
-No entiendo ¿a qué se refiere?
-Por favor eres el guardián de Helga. Sabía que ella no podría estar desprotegida. Pero vaya si que me sorprendiste. Después de todo mi plan al menos si funcionó.
-¿Qué plan?-musitó la mujer retrocediendo lentamente ante la intimidante presencia del demonio.
-A la muerte de tu marido, y la herida que le cause a tu hija aquella noche.
-¿Fue provocado?
-Así es, planeo muy bien mis ataques. Sabía que si acababa con alguien muy querido para la niña y luego intentaba matarla su guardián aparecería para guiarla. Son tan predecibles ustedes. Al principio creía que tú llegarías como madre preocupada pero vi a su padre. Jamás creí que entre todas las personas fueras tú su guardián. Ahora te tendré. Gracias a ti ella vendrá a mi cuando yo lo quiera y podré destruirla.
-Es...Escuche señor...-tartamudeó la mujer antes de sonreír -Primero tendrá que atraparme
Con estas palabras la mujer hecho a correr en dirección contraria a donde se hallaba el demonio.
-¡Maldición! Detente-gritó Belzemont lanzando una inmensa bola de fuego.
Miriam observó esto y extendiendo sus manos formo un escudo de viento que evito que esta la hiriera.
-No dejaré que me atrapes, mi deber es estar aquí. A lado de mi protegida.
Haciendo rebotar este ataque la mujer movió sus manos en forma circular creando una especie de remolino y enviándolo contra Belzemont.
-Por favor -emergió este después del ataque-Guardianes como tú no tienen el poder para acabar conmigo. Dudo mucho logres hacerme mayor daño. Así que déjate de estupideces y ven conmigo.
Del suelo unas manos tomaron por los pies a Miriam quien al ver acercarse al demonio supo que estaba perdida.
-Ahora vendrás conmigo-dándole un golpe en el cuello la dejo inconciente.
FIN DEL FLASH BACK
-¡Ya comenzó!-gritó con júbilo el demonio.
La mujer clavo sus ojos en Li quien se elevaba a tres metros del suelo frente a los ambiciosos ojos del demonio.
-Él se encargará de destruir a Ángeles y todo será mío.
El aura que lo había rodeado desapareció por completo, una luz oscura se lo trago por completo al igual que la espada.
-Se está trasformando-musito lentamente la mujer-Pero en ¿Qué?
Miedo. Horror. Todo era tan confuso. No sabía a lo que se enfrentarían ahora. Aquella luz era la maldad pura, al fin Li estaba listo pero para que. ¿Para matar a Helga? ¿Qué le depararía a Ángeles? ¿Gabriel desparecería para siempre? Miles de preguntas azotaron la cabeza de la rubia quien dejando resbalar una lágrima dio todo por perdido.
No sabía cómo sentirse. No sabía cómo reaccionar. Incluso las lágrimas pruebas absolutas de la tristeza humana habían desaparecido de sus azules ojos. Ya no gritaba pidiendo explicaciones a su amiga, ya no se repetía constantemente que todo había sido culpa suya, ya ni siquiera hablaba, se limitaba a seguir cabizbaja a sus dos amigos. Después de ver esa terrible escena y tras llorar, gritar, insultar y no obtener nada de Phoebe, Helga había entrado en un estado de shock tal que si en ese momento se presentaba cualquier demonio ella se hubiese dejado llevar cual presa por pájaro depredador con tal de ver a los dos seres que tanto quería. Ahora Belzemont tenía dos ases bajo su manga, dos cartas triunfales que la destruirían para siempre. Su madre y su tan amado Shaoran…porque lo amaba. Ahora lo sabía con toda seguridad. Tanto era el amor que le tenía que en ese momento la falta que le hacía no la dejaba ni siquiera respirar con tranquilidad.
¿Que había hecho para merecer eso?…No era justo…El peso de salvar al mundo sobre sus hombros…Los hombros de una niña que ni siquiera deseo eso…Cuanto anhelaba volver a los días en los que ella escribía locamente enamorada en sus tan preciados cuadernos, días en los que se dedicaba a fastidiar a Arnold para evitar que este se enterará de sus verdaderos sentimientos, días en los que sus padres parecían prestarle mayor atención a Olga aunque siempre de una u otra forma le hacían saber que ella también era importante…Quería regresar a los momentos gratos que vivió con sus compañeros, con su familia, con Arnold….Cuanto deseaba retroceder el tiempo..Ponerse una venda en los ojos y fingir que todo estaba bien...Sin embargo el sufrimiento y el olor a muerte en el ambiente no eran fantasías, no era un sueño, era la terrible realidad que en aquel momento se estaba viviendo…A pesar de todo estaba dispuesta a enfrentarlo, alcanzar lo que se había propuesto a lado de su inseparable pareja, amigo y porque no amor. Pero ahora él no estaba. Shaoran…No entendía, era incomprensible…. ¿Porque se había marchado?… ¿Porque ese demonio se lo había llevado?…Por mas que le daba vueltas al asunto intentando hallar una explicación lógica, esta no le venía…Para colmo Phoebe quien parecía saber todo no decía ni una sola palabra… ¿Que acaso no entendía que el silencio a mas de ayudarla la estaba matando?
Tres figuras avanzaban cuidadosamente a través de la ciudad. Al cruzar las calles evitando encontrar algún demonio se dieron cuenta que estos hace tiempo habían dejado de rondar Hillwood. Al parecer habían encontrado lo que buscaban. Helga pensó con amargura que quizás lo que necesitaban era hallar a Shaoran. Con rapidez llegaron al lugar en donde por seguridad habían decidido guarecerse. Después de lo sucedido no era seguro estar allí, uno porque podría pasarles lo mismo que a cierto castaño y otro porqué Phoebe necesitaba tiempo para poder explicar lo ocurrido. Con decisión se dirigieron al único lugar que Arnold consideraba seguro. La casa de huéspedes en la cual había crecido.
El rubio suspiró. Como si internamente intentara evitar ver en lo que se había convertido su hogar camino por la calle frente a su casa con la cabeza agachada. Aquello iba a ser muy doloroso pero necesario. Lentamente alzó sus ojos al cielo y los enfocó en aquel viejo edificio en el que había vivido varias aventuras. Sus amigas parecieron entender que necesitaba un tiempo a solas. Rezagadas atrás, una bien alejada de la otra esperaron que el chico decidiera entrar. Todo estaba ennegrecido por el fuego, la puerta se había reducido a escombros el pobre muchacho no quería pensar en lo que encontraría adentro. Rememorando rápidamente las risas, las tristezas, las sorpresas que había vivido en aquel lugar dejó caer una lágrima en el suelo. Estaba sufriendo pero ese no era el momento ni el lugar adecuado.
-Vamos-susurró a las dos chicas que veían tristes el edificio.
Era hora de avanzar. Con rapidez, entraron. El dolor que el muchacho tenía en su corazón se acrecentaba cada vez que posaba sus ojos por la sala, la cocina, los cuartos y los lugares en los que tan feliz había sido. Subiendo con cuidado las escaleras chamuscadas y algo peligrosas e inestables lograron divisar al fin el pequeño cuarto del rubio. Intentando no caer en un inmenso hoyo que se hallaba en mitad del camino, entraron.
El suelo estaba completamente ennegrecido, su cama cubierta completamente de cenizas y las paredes a punto de desmoronarse. Los juguetes, cuadernos, libros estaban completamente calcinados. Nada había sobrevivido allí. Nada excepto...Con la ilusión de mantener viva aquella mecha de inocencia y virtud que tanto lo caracterizaba, el chico retiró anhelante su pequeño anaquel. Sus ojos observaron hasta hallar lo que buscaba y lo hizo...Allí, pegado a la pared como si hubiese estado a punto de fundirse con ella encontró una caja de cartón chamuscado pero para su buena suerte sin daño grave. Rápidamente lo abrió y encontró lo que el tanto valoraba. El diario de sus padres, el cuaderno de poemas dedicado a él y el cuaderno que le había robado a Helga. Eso y otros objetos que durante tantos años había guardado. Su pequeño tesoro.
-Arnold.
La voz dulce y a la vez comprensiva de Helga llamó su atención.
-¿Te encuentras bien? ¿Te puedo ayudar en algo? ¿Qué es eso que tienes allí?
-Estoy bien-musito el rubio, acariciando lentamente su caja la volvió a dejar en el sitio en el que la había encontrado. No estaba seguro de lo que a continuación ocurriría y prefería dejar su tesoro aguardando por él a exponerlo.
Aquellos objetos le habían devuelto la confianza, la seguridad que tanto le caracterizaba, sabía que debía ser fuerte y que sus abuelos lo hubiesen querido ver firme ante las atrocidades que derrumbado.
-Debemos concentrarnos en otra cosa.
Las chicas comprendieron más que nadie que en aquel momento el deseo de aquel chico no era recibir consuelo ni nada por el estilo, lo que él quería era que el sujeto que había acabado con la vida de sus familiares muriese.
-Y ¿bien?-interrogó Helga-Habla Phoebe.
La pelinegra respiró profundamente y empezó.
-La razón por la que la espada no evitó que Azazel se llevará a Shaoran es porque el escudo de aquel objeto solamente sirve para proteger a Ángeles y en todo caso a los seres puros que estaban dispuestos a custodiarlo, es decir a Gabriel. Lamento decirte que él dejo de ser un ser puro. Hace muchos años atrás estuvo tentado a pasarse al lado oscuro. Como todo humano es propenso. Sin embargo prefirió continuar con el bien. Conoció a una chica que hizo que su alma se volviera cada vez más pura. La muerte de ella represento la caída de su mundo pero gracias a sus guardianes o mejor dicho al único que quedaba en aquel entonces logró sobre ponerse. Dado que Ariel aun no había desaparecido, él seguía teniendo la esperanza de algo mejor viva en su corazón. Ariel era uno de los guardianes que a pesar de trabajar bajo las órdenes de Belzemont, seguía protegiendo a Shaoran. Cuando Belzemont destruyó la ciudad, Ariel falleció. Al regresar a pesar de estar desmayado de seguro él escucho o sintió de alguna manera todo lo que había ocurrido aquí y al percatarse de que no había podido hacer nada por proteger a Hillwood se dejó caer. Esta vez no había guardián que lo ayudara a mantener viva su esperanza. Lo perdimos. Se entregó a la oscuridad y dado que la espada tiene un lazo especial con él, también lo hizo.
Arnold permaneció en silencio trataba de hallar algo de sentido común a lo escuchado pero todo le parecía inverosímil.
-¿Qué?-susurró impactada la rubia sin entender nada.-Espera un momento. ¿Quién es Ariel?
-Ya te lo dije el guardián de Shaoran. Lo conocí en el muelle justo en el momento en que ustedes desaparecieron.
-El chico que era idéntico a Li-murmuró el cabeza de balón.
-¿Y el te contó todo eso?-preguntó extrañada Helga.
-Claro que no-respondió la pelinegra-Solo lo sé.
-¿Cómo es que lo sabes?-interrogó el muchacho confundido.
-Porque el día de la destrucción de Hillwood él me paso la vida y creo que algo más.
-¿Qué son los guardianes?
-Lo siento Helga, eso es algo que no puedo decirte.
-¿Por qué?
-Interfiere con el destino de los protegidos. No lo sé, es algo como una ley que ellos tienen. No me miren así-musitó compungida la pelinegra al ver a sus amigos-No estoy loca. No sé cómo explicarles. Solo que de alguna manera toda la información que Ariel tenia de Shaoran se volcó en mi cabeza al igual que su poder.
La rubia suspiró. No entendía nada de lo que acababa de oír. Todo había sido tan rápido y al mismo tiempo tan difícil. En un momento estaba feliz al haber encontrado a su amiga viva pero ahora estaba completamente confundida y dolida.
-Ya no puedo mas-susurró la joven antes de ponerse a llorar.
Phoebe acudió y abrazo a su amiga.
-Todo saldrá bien Helga. No te desmorones.
-Como no hacerlo. Me acabo de enterar que mi ciudad está destruida, que todos mis seres queridos murieron y cuando al fin decidí pelear se llevan al único apoyo que pude tener y tendré.
-¿Y nosotros que somos?-interrogó algo resentido el chico.
-Son mis amigos, pero él...Entiende es el único con quien puedo pelear. Además yo lo...Yo lo...¡Shaoran!-las lágrimas corrieron raudas por el rostro de la muchacha.
-No llores, por favor.
-Eres nuestra fuerza-musitó Arnold-No te dejes vencer.
-Él nos escuchó Arnold. Él escuchó todo lo que hablamos y me atrevo a decir que quizá sintió todo lo que hicimos. Por mi culpa, nunca debí dejarlo solo. Phoebe, ¿no hay nada que podamos hacer?
-Lo siento amiga. Cuando una persona se entrega a la oscuridad es difícil que la abandone.
-Ni siquiera por mí.
-A estas alturas de seguro hasta olvido su propio nombre.
-¿Y ahora que voy a hacer?
-Luchar-animó la pelinegra.
-Es cierto, exterminar a Belzemont-apoyó el rubio.
-¿Cómo? No sé ni siquiera como usar el único objeto que tengo.
La joven observo la cadena que en aquel momento no aparentaba ser más que una simple bisutería. La desesperación la estaba invadiendo. En su cerebro los momentos que había vivido junto al castaño se fueron recreando, las risas, las caídas, las peleas. El siempre estuvo allí para ella…Porque lo había dejado solo...La culpa la estaba carcomiendo…La oscuridad lo había consumido porque ella no supo apoyarlo...El la única persona que desde un principio se portó amable con ella…Quién la ayudo a sobreponerse y a luchar...Quién le enseñó a ser valiente… Una terrible opresión crecía en su pecho…
-Fue mi culpa
-No digas eso amiga.
-Phoebe tiene razón. Lo que le paso a Li fue algo que no podíamos evitar...
-Nunca debí dejarlo...Él siempre estuvo conmigo...Me odio a mi misma...No pude proteger Hillwood y mucho menos a Shaoran...Ahora mi madre se encuentra en peligro al igual que él...Y no hay nada que pueda hacer.
Ira, rabia, tristeza, rencor, odio estas emociones iban creciendo en el puro corazón de la chica mas algo o mejor dicho alguien no permitiría que a ella también se la llevase la oscuridad. Al pensar en Shaoran el recuerdo de los momentos hermosos que juntos habían pasado llegaron a su mente como si quisiera opacar las malas emociones que intentaban dominar su corazón, al pensar en la ciudad veía a todos felices esperando que ella vengase su muerte, al pensar en su madre la veía confiando en ella, queriéndola y más que todo dándole las fuerzas que en aquel momento necesitaba. Poco a poco un inmenso calor confortable fue creciendo en su corazón. Era como si algo estuviera consolándola pero ¿Qué?
"Él te necesita-escuchó la ojiazul-Todo el mundo te necesita, a pesar de que no pediste esto. Es tu obligación. No permitas que lo que ocurrió aquí ocurra en otro lugar. Encárgate de terminar con ese demonio. Hazlo por ti y por Shaoran. Él te necesita pero si te derrumbas no habrá nada ni nadie que puede ayudarlo. Tu amor es la solución. No renuncies ahora que estas tan cerca. Busca en tu corazón y sabrás lo que debes hacer"
La tristeza y desolación que antes había estado invadiéndola fue desapareciendo a medida que escuchaba estas palabras. Estaba tranquila. Al meditar un momento su propio corazón le acababa de dar la respuesta que necesitaba.
-Phoebe-llamó la joven secando las lagrimas que había caído por su rostro-Dices que Ariel te paso parte de su poder. Muéstrame que puedes hacer.
Tanto Arnold como la nombrada se observaron sin entender.
-Helga ¿te encuentras bien?
-Claro que si, Arnold. Mejor que nunca. Ve practicando las técnicas que tu abuela te enseñó para pelear. Vamos Phoebe ¿qué esperas? Dices que tienes poder. Muéstramelo.
La pelinegra asintió y cerrando sus ojos empezó a concentrarse. Por un momento nada se escuchaba más que los puñetazos y patadas que el rubio daba al aire de repente el sonido de algo recorriendo el piso de abajo resonó en el lugar. De un momento al otro una gran cantidad de agua acudió a las palmas abiertas de Phoebe. El agua tomo forma de agujas que apuntaban directamente al rostro de la rubia.
-Has estado practicando ¿verdad?
-No. El manejo del agua es algo que aprendí gracias a ti. En mi otra vida y para mi buena suerte eso nunca se olvida. Ahora que tengo poder puedo usar mis conocimientos.
Arnold observaba este hecho asombrado.
-Escúchenme bien. Es hora de pelear. Sé que ninguno de nosotros está listo pero mientras más tardemos más ventaja le daremos a ese maldito. Arnold ten-la muchacha le entregó la kunai que hasta el momento había llevado consigo.
-Creí que...
-¿Que habían desaparecido en la cueva? Fue así por un momento pero cuando llegamos aparecieron todas mis armas.
-No puedo y tú con que te defenderás.
-Tengo el arco y lo que me enseño Shaoran. Arnold me preocupas pero confió en que podrás derrotar lo que tengamos que enfrentar. Sé que puedes hacerlo, tienes la fuerza y el espíritu necesario. Phoebe te voy a necesitar. A tu magia más que a ninguna, estoy segura que no será fácil acercarme a Belzemont.
-¿Así que es hora?
-Así es-musitó la chica observando a sus dos amigos-¡Hoy acabaremos con Belzemont!
Sentían como si estuvieran a punto de saltar de un puente. Un inmenso hoyo en el estomago les impedía hablar. Eran niños después de todo, pero todo lo que había pasado los había hecho madurar. Cada uno en diferente aspecto.
-No quiero que piensen-empezó Helga-Que hago esto solamente por lo que le pasó a Shaoran. Lo hago porque lo siento. Siento que es el momento de acabar con ese maldito demonio que no hizo más que traer desgracias a nuestras vidas. Ustedes dos son lo más valioso que tengo junto con mi madre y Shaoran. Los necesito y a pesar de estar exponiendo sus vidas sé que saldrán bien librados porque tengo fe. Jamás pensé que esto ocurriría. Y debo decirles tengo miedo, pero tengo más miedo a fracasar y a ver a todo el mundo sumido en la oscuridad. Vamos a enfrentarnos a demonios, a terribles monstruos, no será nada agradable pero cada vez que ataquen a uno de ellos recuerden a las personas que vivían aquí, sus sueños, sus ilusiones, sus alegrías, ellos dieron su vida mantengan vivos sus espíritus en ustedes y lograremos triunfar.
-Siempre estaré a tu lado Helga-sonrió Phoebe.
-Eres el ser más importante para mí y si de algo sirve quiero decirte que te amo.
La rubia sonrió viendo al chico.
-Bien Phoebe ¿Dónde está la guarida de Belzemont?
Aun no sabía cómo manejar el objeto perdido que tenía bajo su poder, ni siquiera sabía que hacer una vez llegado al lugar y enfrentado a los demoníacos seres que la custodiaban claro si es que sobrevivían pero estaba segura. Su corazón le decía a gritos que debía enfrentar a Belzemont en ese momento. Había llegado la hora de librar la batalla final.
Los ojos de Miriam se habían cerrado durante un breve momento, la había sentido. Esa oscuridad acechante y las emociones de su corazón. Su hija casi pierde el camino señalado, casi olvida el motivo por el que debía seguir adelante sin embargo logró guiarla justo a tiempo. A pesar de estar lejos una de la otra logró trasmitir todo lo que ella pensaba animándola a continuar y no dejarse vencer. Si al menos eso hubiese pasado con Li ahora no tendría que ver ese espectáculo decadente que anunciaba el fin de todo. Jamás creyó que eso llegase a pasar, claro que Belzemont fue mucho más listo. Capturar a los guardianes y luego matarlos. Él ni siquiera sabía cuál era la verdadera misión de los guardianes, pero aun así su astucia lo hizo prevenir lo que podría ocurrir. Solo era cuestión de tiempo para que todo se volviera un desastre, su hija se dirigía en aquellos momentos a ese lugar. La sentía. Al menos agradecía que aquel demonio no tuviera el poder para localizarla. Pero a pesar de llegar, a pesar de que ella se liberase de su prisión y le revelase su pasado y la forma de destruir a Belzemont se necesitaba de los dos seres puros que prometieron proteger los objetos para usarlos y en ese momento uno de ellos estaba lleno de oscuridad. Todo sería inútil si Li no reaccionaba.
-¡Es hora de que despierte!-gritó feliz el demoníaco ser.
La luz que se lo había tragado fue absorbida por el cuerpo del chico dejándolo literalmente en el aire. La imagen que presentaba era aterradora. Ya nada quedaba del joven Li Shaoran. Nada. Su cabello se mantenía elevado como si algo soplase sobre él y varios haces de luces negras se entremezclaban con el color castaño que solía poseer, unas alas parecidas a las de un ángel a diferencia de que eran negras habían nacido de su espalda, su pecho estaba descubierto y llevaba unos pantalones cortos y negros en cuyo cinto se encontraba una espada, la misma que tantas veces había luchado a favor del bien y que ahora lucia completamente diferente a como era antes. Su filo era rodeado por auras y auras de oscuridad y su mango brillaba maliciosamente. Todo en conjunto parecía esperar ansioso cobrar la sangre de cuanta persona matase su dueño. Lo que más inspiraba temor eran aquellos ojos antes tan llenos de luz, juventud, alegría, valentía y ahora tan fríos. Parecía que todo sentimiento humano de su corazón había sido borrado, su mirada causaba mucho temor como si con la mirada matase. Al observarlo parecía que estaba perdido en algo que no pidió que pasase pero aquellos ojos mostraban firmeza, decían que esa había sido su decisión, que era lo que quería. La sed de sangre y de violencia se reflejaba en su mirada.
-Bienvenido muchacho-sonrió Belzemont.
El joven dejo de mirar el penumbroso cielo y posó su mirada sobre el lugar en el que se hallaba. Estaba a cielo semi abierto, la mitad lo cubría parte del techo quemado de un edificio. Una especie de trono yacía frente a él en donde reposaba el sujeto que acaba de saludarlo. Una persona lo veía aterrada desde una especie de esfera. Con lentitud descendió provocando que las cenizas se levantasen al posar sus desnudos pies sobre el suelo.
-¿Qué has hecho Li?
La tristeza se hacía notar en la voz de la mujer.
-Te lo dije Miriam, él es mi nuevo aliado. Gracias a él: Acabaré con Ángeles.
La rubia sintió el poder maligno que despedía el chico.
- ¡Vamos, despierta!-gritó desesperada-No dejes que la oscuridad llene tu corazón. Ese corazón tan puro y lleno de bondad aun sigue ahí. Lo sé, lo siento. ¡Reacciona! Debes luchar con Helga, mi hija... ¿La recuerdas? Es la persona a la que ayudaste a superarse, la persona con quien tienes que derrotar a este maldito demonio. Sé que todo luce mal. Estas triste por lo que pasó en la ciudad y quién sabe qué emociones azoten su corazón pero siempre hay una luz, una esperanza. No la pierdas.
La mirada de Li se posó en la mujer que le hablaba desde aquella esfera, Belzemont soltó una sonora carcajada.
-Que no ves que acaba de ser consumido por la maldad. Él ya no es uno de tus soldados al mando del bien. Ahora luchará a mi lado.
-Claro que no-insistió-Se que no es así. Sé que Li en el fondo está allí. Como puede ser que haya cambiado su forma de ser en menos de veinte y cuatro horas. ¡Despierta! Helga te necesita. Tan pronto olvidaste el lazo que los une, lo que tiene que hacer juntos y lo que ambos sienten por el otro. ¿Por qué te dejaste consumir? Busca una salida, no nos hagas esto. Te necesitamos para pelear, sin ti el mal reinará para siempre. ¿Acaso quieres que lo mismo que le paso a Hillwood le pase a otras ciudades o países? ¿Quieres que más personas inocentes mueran? No lo permitas Li. ¡Reacciona!
-Es imposible, él no te puede…
-Que no puedo ¿Qué?-interrumpió el castaño sobresaltando tanto al demonio como a la mujer. La voz con que se manejaba era sumamente fría e intimidante-En primer lugar esta fue mi decisión y en segundo lugar si quiero o no ser poseído por la maldad, es mi problema.
-No puede ser…Tu no deberías...
-¿Tener conciencia? Pues la tengo. A propósito espero que no te sea imprescindible el servicio de Azazel porque pienso eliminarlo.
-¡¿Por qué?!-preguntó alarmado el demonio.
Miriam no sabía qué hacer estaba anonadada, ahora Li parecía mucho más sanguinario que el mismo Belzemont.
-Porque a mí nadie me trae contra mi voluntad y menos desmayado. De todas formas iba a venir con ustedes, ¿era necesario que mandaras traerme?
-Entiende, no sabía que estaba pasándote. Además tus amigos podrían haber ideado algo para evitar tu transformación.
El chico guardó silencio viendo como ese sujeto se levantaba de su trono y campante se acercaba paso a paso.
-Vaya. ¡Increíble! Sí que es un gran cambio. No hay que perder más tiempo, quiero ver tu poder. Es hora de que rastrees el bien y lo elimines-ordenó el demonio colocando una mano sobre el hombro del joven.
Li lo observo fijamente para luego tomar la mano del que había osado tocarlo y aplastarla con fuerza.
-Escúchame muy bien-musitó el castaño con una voz increíblemente impasible-Yo no soy tu sirviente, tengo más poder que el tuyo y puedo destruirte si quiero. Sin embargo tengo que acabar con esa fuente de luz que aun hay aquí.
-Helga-susurró tristemente la rubia.
-No te atrevas a tocarme, que no soy como tú. No soy un demonio ni mucho menos quiero serlo. Ahora voy a esperar aquí a que esa fuerza del bien venga y la voy a destruir. No quiero que nadie me moleste, entendido.
Con fuerza lanzó al demonio al suelo. Este se limitó a observar furioso al muchacho, quién se había sentado en el trono que le pertenecía.
-No puede ser-murmuró Miriam asombrada-Su poder es mucho más grande que el de Belzemont.
El gran demonio temblaba de ira. Si lo enfrentaba era capaz de terminar muerto. Lo había sentido. Ahora ese muchacho lo superaba en fuerzas y no quería ni pensar lo que pasaría si lo hacía enojar. Evitando alguna confrontación, desplegó sus alas y sobrevoló el lugar buscando a Azazel. Necesitaba ponerlo sobre aviso, su vida era necesaria para usar los objetos perdidos. Miriam se quedó a solas con el castaño quien no dejaba de ver el cielo de aquella ciudad. Todos los demonios escondidos lo veían atemorizados, la maldad que irradiaba era para doblegar todos sus espíritus.
A pesar del miedo que tenía esa era su oportunidad tenía que saber que tan grave había sido el daño.
-¿Li?
El muchacho observó a la mujer que acaba de llamarlo, con cuidado la examinó. Era solo un ser humano atrapado en aquella esfera. No entendía porque ese demonio cuyo poder no era tan bajo había atrapado a tan débil ser y sobre todo la mantenía encerrada.
-¿Sabes quién soy?-continuó la rubia.
Silencio y una mirada fría fue todo lo que recibió por respuesta.
-Si quiera ¿sabes quién eres?
-Si buscas encontrar en mí a la persona que antes era, no pierdas tu tiempo. La oscuridad acabo con ella.
-Eso no es cierto, nada dura para siempre y dudo mucho que esto sea así. ¿Dime eres capaz de lastimarla, de lastimar a mi Helga?
El joven observó a su interrogadora. Ese nombre, según su memoria era la fuente de todo bien. La persona a la que debía destruir. Algo le decía que había algo mas, que debería sentir algo...Pero ¿Qué? Eso era imposible. Había renunciado a sus emociones por lo tanto ese nombre no le provocaba nada a mas que dudas que fueron disipadas por el viento, metafóricamente hablando.
-¿Porque te tiene encerrada?-interrogó el joven acercándose a la esfera.
-Porque soy la madre de una niña a la que Belzemont quiere-debía medir sus palabras.
-Una niña, ¡Qué estupidez! Se trata del origen de todo bien ¿verdad?
-Entonces tú si...
-Lo recuerdo, lo sé todo. Mi memoria está intacta. Lo que cambio fue mi corazón y la forma de ver las cosas.
-Lo sabía, el verdadero Li esta en el fondo de esa coraza que has formado. Tienes que volver a ser el mismo.
-¿Para qué?- su mirada se lleno de odio-Para volver a sufrir, para volver a perder a más personas, para ser débil, para luchar indefinidamente a lado del bien sin sacar nada bueno a cambio... ¿Para qué?
-Actuaste como un cobarde…Solo porque en aquel momento nada se veía bien decidiste entregarte a la oscuridad dejando de lado a personas que te necesitaban-sabía que podía estar provocando al chico pero era la única manera de hacerse escuchar y de que esa cabeza dura entendiese- Debes luchar, pasar por sufrimientos verdaderamente inimaginables para llegar a lo bueno que te dará la vida. Las cosas no son tan fáciles, las cosa buenas son difíciles de alcanzar y solo luchando puedes lograrlo. Cosa que tú renunciaste a hacer...
-¿Cuánto más?
-¿Qué?
-¿Que cuánto tiempo más debía luchar? Desde pequeño la magia, los entrenamientos y el bien no hicieron más que causarme daño. De que me sirvió pelear si al fin de cuentas la persona que yo más quería se alejo de mi, Sakura, mis amigos, mi familia, mi madre, todos me dejaron solo. Hasta cuando debía seguir. Todo es redundante, ¿no entiende? La maldad siempre existirá, volverán a aflorar los sentimientos malignos en los humanos y nuevamente tendremos que pelear. Esta vez para perder que ¿La vida?
-No puedes destruir el mal. Somos humanos y somos propensos a cometer errores. De personas como tú, buenas y puras depende nuestra vida. ¡Lucha por conseguir un mundo mejor!
-Es lo que estoy haciendo.
Con estas palabras Li se alejo de la esfera y observando el cielo se elevo hacia fuera con deseos de recorrer aquel sitio.
Miriam se quedó completamente confundida. Li no tenía emoción alguna, hablaba con una monotonía tal que a veces causaba desesperación .Y las únicas emociones que demostraban era odio. Un momento ¿Emociones? Si se supone que no tenía nada en su corazón por que aquellas emociones si se reflejaban en él, quizás porque eran oscuras o tal vez porque el verdadero Li no desapareció por completo como les había hecho creer. ¿Pero en que estaba pensando? Claro que había desaparecido, el poder que irradiaba el muchacho era oscuro, maligno. Sin embargo lo que más confusión le daba eran las palabras que este había dicho al final. Acaso el luchaba por un mundo lleno de maldad que a sus malignos ojos era mejor. Definitivamente debía temer. Por ella, por Helga y por todo el mundo. Alguien con un poder así era capaz de controlarlo todo. Absolutamente todo.
-¡Es más poderoso de lo que imagine!-Belzemont acababa de regresar al lugar seguido por su sirviente-¿Y el muchacho?
-No lo sé-musitó Miriam-¿Qué pasa? ¿Se te salieron de control las cosas?
-¡Cierra la boca!-gritó este señalando con su mano la esfera de la cual millones de llamas empezaron a salir atacando el cuerpo de la mujer.
-Mi señor, con todo respeto. No creo sea prudente hacer eso-musitó Azazel ignorando los gritos lastimeros de la mujer-Si Ángeles la ve.
-Si la ve o no, no me importa. De todas maneras ese muchacho se encargara de matarla. Lo que me preocupa es su poder, está fuera de nuestro control.
-¡Era obvio no!-gritó Miriam una vez el ataque termino-Él es muy poderoso con el bien créanlo que con el mal supera a todos aquí reunidos.
-Tenemos la espada a nuestro favor y cuando venga Ángeles el collar. Usaremos los objetos para destruir al chico una vez termine con su querida amiguita.
-No lo lograran, saben bien que no lo harán.
-Así, y ¿Por qué? Los objetos perdidos sirven a quien logra desencadenar su poder ¿verdad? Y yo no he perdido la memoria, sé muy bien lo que debo hacer. Sacrificio. Para mi buena suerte tengo alguien que se sacrificara por mí.
Sus ojos se posaron en Azazel quien se limitó a asentir algo inseguro.
-En cuanto eso ocurra mataré al chico y todo el mundo será mío.
-Es más que cobrar la vida de una persona o un demonio. Es algo que solamente los elegidos saben. Todo te saldrá mal. Crees ciegamente en ti pero eso hará que tu caída sea más fuerte.
-¡¿Qué es lo que sabes maldita?!-se enfureció Belzemont-Dime.
-No sé nada, eso está en la cabeza de nuestros protegidos y aunque lo supiera ¿qué te hace creer que te lo diría?
-Los guardianes, son unos malditos seres. Ni con los más terribles castigos abren la maldita boca. Ariel y Terra son claro ejemplo de ello. Aunque hay algo que no entiendo ¿Porque el muchacho tenía dos guardianes?
Miriam palideció cosa que no paso desapercibida para el demonio.
-A menos que los seres como Gabriel y Ángeles sean tan especiales que necesiten a dos guardianes. Y ahora que lo recuerdo, no solo el chico tenía dos guardianes. La mocosa que mate el día que desperté también tenía a dos seres que la protegían. Dos. Ahora yo pienso si las personas que inútilmente deben pelear para defender el mundo tienen guardianes, dos con exactitud ¿Dónde está el segundo guardián de Helga?
-De seguro murió cuando exterminó la ciudad entera, mi señor-contestó el sirviente.
-Eso es imposible. Los guardianes no pueden morir a menos que hayan sido transformados en humanos. De lo contrario su espíritu seguirá protegiendo a los seres que se les fue designado.
-Pero y ¿Ariel? Usted lo transformó en un ser humano una vez hubo desobedecido sus ordenes-continuo Azazel.
-Lo sé, pero le devolví sus poderes para que me trajera el collar. ¿Lo olvidas?
-Es decir que seguía siendo un guardián durante la explosión.
-Así es, pero yo sentí como él murió. Además el muchacho se dejó llevar por la oscuridad. Si tuviera a sus guardianes o a uno de ellos, no lo hubiese permitido.
-Es cierto.
-Ahora, ¿querida Miriam no has abierto la boca durante esta interesante conversación? ¿Qué ocurre? ¿Acaso llegué a algo que debías ocultarme? ¿Es acerca del segundo guardián de Helga? Vamos, dime de quién se trata.
-¡Él está muerto!-gritó la rubia.
-Así que es hombre. Él no está muerto, no me mientas. Sigue allá afuera guiándola o ¿no?
-Creé lo que quieras.
Belzemont sonrió.
-Sea quien sea, pronto lo descubriré y acabare con él. Iré a buscar al chico. Azazel cuida de la prisionera.
El sirviente asintió mientras veía salir a su señor de allí.
La mujer sin embargo estaba perdida en sus pensamientos, claro como había podido olvidarlo. Los guardianes no podían morir. Era su obligación seguir hasta la batalla final con sus protegidos. Y si algo les pasaba su cuerpo dejaba de existir pero su espíritu no. En el caso de Terra, como había escuchado, al convertirla en humana y matarla su esencia había desaparecido por el mismo hecho de haber sido humana pero Ariel, claro que había sido convertido en un ser humano pero como escuchó al final le devolvieron sus poderes para buscar el último objeto perdido. Era un guardián, mantenía sus poderes cuando supuestamente murió. Entonces su esencia seguía viva. Su espíritu continuaba vivo pero en donde o mejor dicho en quién. Y si así era porque Li se dejo consumir por la oscuridad. O acaso el dejó que esto pasase. Pero ¿para qué? Miles de preguntas atropellaban el cerebro de aquella mujer quien en esos momentos estaba dividida entre la alegría de una esperanza encontrada y la tristeza de una mala ilusión.
Y con esto terminamos el capítulo número 25 de esta interesante historia...
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Gracias por leerme. Nos vemos en el próximo capítulo.
