CAPITULO 26: PASO A PASO HASTA LLEGAR A BELZEMONT. CARA A CARA FRENTE AL PELIGRO.

El triste brillo que emitían los vidrios rotos sobre el suelo…

El espantoso olor a muerte…

La temible oscuridad iluminada momentáneamente por ciertas llamaradas de fuegos lanzadas al aire…

Secos rastros de sangre humana…

Miseria…

Dolor…

Angustia…

Nada extraño para los residentes de aquella ciudad sumida en el infierno…

El camino estaba aparentemente desolado...

Ningún alma a la vista, aunque no se podía pedir mucho en una ciudad que acababa de ser completamente devastada por la maldad.


Después de observar el tan cotidiano panorama dio un suspiro y empezó a buscar huesos, carne pútrida o algo para alimentarse. No era que no le gustara la destrucción y la oscuridad, al contrario esto lo ponía de mejor humor cada día, tampoco le molestaba el frió ni la espesa niebla que desde hace rato había empezado a caer pero estaba harto de esperar que Belzemont matara a los mocosos que debían proteger aquel mundo. Se supone que solo eran niños. Simples humanos pequeños, ¿cuánto podría demorarse uno en acabar con ellos? Eso empezaba a ser cada vez más desesperante. En aquel lugar no quedaba ya espécimen humano o restos para alimentarse y cada día la obtención de comida se volvía toda una odisea. Aunque admitía que estar allí era mejor que estar en el averno era obvio que sin comida no podía sobrevivir. Al menos allí abajo no se veía en la necesidad de alimentarse pero ahora que Belzemont lo había liberado al igual que a varios devolviendo sus espíritus a sus cuerpos, su organismo le urgía un banquete diario de carne humana.

-¿Se puede saber que buscas?-interrogó un demonio con cabeza humana, patas de cabra, garras filosas y enormes alas que en aquel momento descendía indignado.

El interrogado continúo indagando por el sitio haciendo caso omiso a la pregunta.

Era un demonio y estaba muy orgulloso de serlo. Su único fin era torturar las almas humanas con los fracasos que diariamente tenían. Se jactaba mucho de parecer humano, lo único que le daba la denominación de "ser de las tinieblas" era la cola que tenía y que ocultaba muy bien y unos bien formados colmillos que al hablar se notaban claramente.

-Te hice una pregunta. Acaso no piensas contestarme Didon.

-Comida... ¿Que no ves?…-respondió este fríamente.

Resignado el recién llegado regaño a su hambriento compañero. Eso se había vuelto cotidiano entre los dos.

-Debemos vigilar la manzana entera y tú aquí perdiendo el tiempo.

-¡Cierra la boca Murgon! ¿No me digas que tú no tienes ganas de un delicioso humano?, de esa carne blandita…-Un hilillo de baba empezó a resbalar por los labios de Didon.

-¡Ahg! Eres asquerosos ¿sabías? Claro que tengo ganas pero ahora debemos cumplir las órdenes que se nos han dado. Es sumamente importante para que...

-Sí, sí, si...Bla, bla., bla…

Murgon perdiendo la poca paciencia que tenía mando a volar a Didon con una ráfaga de viento usando una de sus alas, algunos metros lejos.

-¡Oye! Era una broma, vaya sentido del humor que tienes. No reconocerías una broma así pasara frente a ti una y otra vez. No sé que es peor si aguantarte a ti o al nuevo juguete de Belzemont-recriminó el aludido levantándose de nuevo y volviendo a buscar comida.

-Sabes que odio que me remeden. Eres tan infantil, deberías comportarte como lo que eres. Un demonio…Espera, ¿a qué te refieres con lo del juguete?

-No te hagas Murgon. Es más que obvio a que me refiero ¿no crees? primero el gran todopoderosos Belzemont dador de sufrimiento extremo y castigos indeseables intentó matarlo y ahora lo tiene como uno de nosotros. Esta loco, la verdad no se que pretende con eso.

-No hables así de nuestro señor, él sabe perfectamente lo que hace.

-Claro como el viejo refrán de mantén a tus amigos cerca y a tus enemigos aun más cerca ¿verdad?

-Deja tus ironías. A mí también me parece extraño pero...

-¿Pero qué?...

-Tenerlo nos da una gran ventaja frente al bien.

-¿Cómo?

-¿Notaste el poder oscuro que tiene el chico?

-Si-contestó simplemente Didon mientras alzaba los restos de una puerta caída en el piso con la esperanza de hallar lo que anhelaba.

-Es inmenso, incluso supera en creces el del propio Belzemont.

-Tienes razón. Esa energía que despide... ¡Uff! Me produce escalofríos. ¿Para qué crees que querrá usarlo?

-¿Como que para qué? Para el enfrentamiento final. Estoy seguro que nadie podrá ganarnos.

-No te confíes eh. La última vez en que el bien se enfrento al mal creímos que ya habíamos ganado y de un momento al otro fuimos a parar de cabeza al infierno.

-Esta vez no será así. Estoy seguro. Siempre y cuando estemos unidos. ¡Y no sirve de nada que estés buscando comida en vez de vigilando!

-¡Ya cállate! Tu dale con lo mismo…Me tienes harto…-La nariz del demonio detecto el olor de lo que había estado buscando hace rato lo que impidió que siguiese hablando. Corriendo abrió un auto cercano en el que carne chamuscada y restos de las personas que habían muerto continuaban allí, dentro de sus cuerpos varias ratas carcomían con gusto ese "manjar."

-¡Al fin! ¿Qué comeré primero? Ya sé, el aperitivo-sonriendo tomó las ratas y se las trago enteras-No puedo esperar a ganar la batalla y comer a todos los seres humanos de este mundo. No entiendo porque Belzemont no nos deja atacar otras zonas. Hace rato que me hubiese pegado un banquetazo. ¿Porque debemos permanecer aquí?

-Porque aun no es momento de darnos a conocer-contestó Murgon observando con desagrado como su amigo se atragantaba de aquella pútrida carne. Personalmente prefería los humanos vivos.

-Tú crees que a otros países o ciudades no les llama la atención la desaparición de este lugar.

-Claro que si, por eso han enviado varias personas a investigar. ¿No lo recuerdas? Nos las termínanos comiendo a todas.

-Es cierto. Son una delicia-se relamió Didon recordando lo que días atrás había comido.

-El miedo de que les pase algo evita que otros humanos intenten investigar aquí. Además el poder de Belzemont está provocando varios desastres en otros lugares y están muy ocupados resolviendo esto para percatarse de la verdad.

-¡Que ingenuos! Se echan la culpa uno a otros y no se atreven a afrontar la realidad.

-A medida que crecen los humanos pierden la capacidad de ver más allá de lo que se les ha enseñado a ver. Esa es quizás nuestra mayor ventaja. Nadie está preparado para recibirnos.

Los dos demonios rieron escalofriantemente.

-Solo es cuestión de tiempo para que nuestro señor acabe con las dos trabas que intentan detenernos.

-Y crees que será fácil...

-Yo creo que no-resonó una voz clara y firme.

Los dos demonios observaron a la persona que les había hablado. Una muchacha rubia cuyos ojos y facciones reconocían a la perfección los apuntaba con una flecha de fuego.

-¡Es Ángeles!-gritó Didon quién había estado comiendo la carne de rata.

-Prefiero Helga, pero gracias por reconocerme-sonrió y sin pensarlo dos veces disparo su arco.

El tiro hirió a Murgon evitando que pueda volar y dar aviso a los demás.

Suavemente el que quedaba observó a la niña con una sonrisa perversa, eso era perfecto destruiría a esa mocosa, obtendría el agradecimiento de Belzemont y además comida fresca.

Con rapidez corrió hacia la muchacha quien retrocedió algo indecisa, no sabía que poderes tenía ese sujeto ni que podía provocar en ella pero aun así extendió su arco y le lanzo una flecha, esta fue desviada y devuelta, para su suerte un escudo de agua logro protegerla antes de recibir su propio ataque.

-Déjamelo a mí Helga-musitó una joven pelinegra que se acercaba a su amiga con las manos extendidas-Necesito practicar mas.

-Está bien yo seguiré con el otro. Cuídate. -asintió la ojiazul al ver como Murgon intentaba pese a su herida levantar vuelo para pedir ayuda.

-¡No te dejare!-gritó furioso Didon pero al intentar interceptar a Helga se percató que algo lo ataba al suelo. Unos grilletes de agua que provenían del alcantarillado sobre el que estaba parado lo habían capturado.-Ja, Ja, Ja. ¿Quieres jugar? Está bien. ¡Juguemos!

Girando en el mismo puesto a una velocidad impresionante logro soltarse formando un pequeño torbellino. Delicadamente como si eso no hubiese representado nada, Didon aterrizó en el suelo y observó a la pelinegra que había osado retarlo. Decididamente la muchacha subió sus manos a la altura de sus hombros haciendo que el agua formara una pared y con rapidez lanzo esta contra Didon.

-Ja, ja ja-confiado el demonio recibió el ataque sin recibir daño alguno-Me acabas de mojar, que miedo que tengo.

-Deberías-sonrió la muchacha observando el suelo.

Todo el charco que había quedado después del ataque empezaba a elevarse formando una esfera alrededor del arrogante demonio atrapándolo sin salida alguna.

-¿Crees que esto me asusta?-interrogó algo nervioso Didon-En cualquier momento puedo salir de aquí.

-Inténtalo-sugirió la chica.

El demonio embistió contra el agua pero esta vez no la traspaso, era una especie de campo de fuerza que le impedía salir. Lucho, pataleo pero nada pudo hacer. El líquido empezó a subir y a subir, llenándola. Poco a poco el aire empezaba a faltar en sus pulmones. Era increíble que fuese a morir ahogado… De una manera tan humillante…por culpa de una simple niña…al menos ahora no debía preocuparse por comer… Su espíritu volvería al lugar de donde nunca debía haber salido... Con una sonrisa cerró los ojos… La esfera explotó dejando caer el cadáver de aquel demonio.

-Lo logré-suspiró apesadumbrada la joven sentándose en el suelo.

Mientras tanto Murgon había logrado mantenerse a salvo de los ataques de Helga gracias a sus alas que le servían como protección pero ella no pensaba darse por vencida y flecha tras flecha de fuego atacaba al demonio esperando mermar su fuerza cosa que empezaba a lograr.

-Date por vencido, tu compañero ya murió. Si nos dices lo que queremos saber. Te dejaré vivir.

-Acaso crees que me importa, el idiota de Didon murió por estúpido.

-Razona, o nos dices lo que queremos saber o…

-¡No!-se enfureció el demonio abriendo sus enormes alas ensangrentadas-¡Antes muerto!

-¡Tú no vas a ir a ningún lado!-gritó la rubia.

Enarbolando su flecha la lanzó directamente al ser que intentaba escapar atravesando su pecho de un lado al otro evitando que pudiera escapar, cual pájaro herido el demonio se estrello con una fuerza impresionante en el suelo levantando una cortina de cenizas y polvo. Lentamente la pequeña se acercó, si tan solo hubiese colaborado. Dando un suspiro se dirigió con su amiga pero el agonizante demonio aun no había terminado aprovechando la distracción de la chica se levantó colocándose tras de ella y agarrándola por el cuello dispuesto a no morir en vano.

-¡Helga!-llamó angustiada Phoebe.

El demonio estiro sus garras para cortarle el cuello pero la sensación de algo clavándose fuertemente en su cabeza interrumpió su ataque arrebatándole la vida antes de que si quiera pudiera atacarla.

-¿Qué tal, eh?-sonrió un joven cuya cabeza era algo extraña y que a gran distancia movía su brazo de un lado para el otro en forma de saludo-¿Tengo buena puntería o no?

Las dos chicas sonrieron aliviadas la verdad que si no fuera por la intervención de Arnold en ese momento no sabían que hubiese podido pasar. Un circulo de fuego se formo rodeando a los demoníacos cadáveres. Como si el infierno los reclamara. Lo único que quedó fue ceniza que se confundió con los restos de esa ciudad.

-Dos menos -sonrió nerviosamente el muchacho llegando junto a sus amigas.

La verdad jamás había atacado a nadie en su vida, menos matado pero en el momento en que vio como Helga estaba a punto de ser herida la fuerza que nació en él, guió la kunai al lugar correcto. Con asco sacudió su arma de las cenizas de aquel ser.

-Rápido debemos seguir. No tardaran en llegar sus compañeros.

-No te preocupes Phoeb, desde que salimos estos son los primeros que vemos. Seguro estaban encargados de vigilar este sector. Al parecer Belzemont sabe que voy hacia allá.

-Y si es así no deberíamos tomar otra ruta en vez de andar cruzando las calles campantemente.

-Es mejor encontrarnos a los demonios ahora Arnold, de esta manera practicaremos para poder penetrar a la fortaleza que de seguro Belzemont habrá creado para no dejarme pasar.

-No te ves contenta Helga.

-Porque debería estarlo-interrogó la muchacha a su mejor amiga-Si al menos ese demonio seguiría con vida sabríamos los verdaderos planes de Belzemont o al menos contra qué defensas debemos luchar...

-¡Ay, por favor Helga!…No me hagas reír de veras creíste que uno de esos demonios te diría algo. Ellos prefieren dar su vida antes de traicionar a su jefe-razonó Phoebe.

-Es cierto-suspiró la muchacha.

Un grito agudo capaz de romper el tímpano de cualquier ser humano hizo que los tres pequeños cayeran de rodillas al suelo aturdidos. Una especie de pájaro horripilante y gigante se abalanzó contra ellos. Tomando por la espalda a Helga y llevándosela al edificio en donde había construido su hogar.

-¡Suéltame estúpido pajarraco!-exigió la chica moviéndose en el aire.

Arnold y Phoebe se adentraron al edificio a rescatarla. A todo esto el pájaro lanzó a la rubia al nido, esta rodó y casi fue a parar al suelo de no ser porque rápidamente se sujeto de lo que parecía ser un palo con dedos. Un momento un palo con dedos. Cuidadosamente observó el sitio en el que estaba, nada más alejado de la realidad. En efecto era un nido pero no uno común y corriente con paja, basuritas y uno que otro papel. No, nada que ver. Era un nido hecho con cadáveres de los ciudadanos de Hillwood que no habían sido incinerados por completo y precisamente lo que Helga tenía en la mano era el brazo de uno de ellos. La chica grito horrorizada irritando al pajarraco, quién se abalanzó a picotearla.

-¡Aléjate!-advirtió la chica buscando sus armas que para su desgracia había dejado en la planta baja-Oh, no.

Desesperada a gatas intentó alejarse del pájaro que con una mirada asesina intentaba clavarle su enorme pico.

-Algo, algo debe servir para defenderme.

Su mano dió con una espada brillante que colgaba de la garra de algo, de modo que no solo humanos componían ese lugar sino también demonios. Empujando con fuerza logró sacar la espada y la empuñó contra el pájaro, quien con rabia aleteó provocando que la muchacha casi fuera a caer desde esas alturas.

-¡Helga!-la mano de Phoebe ayudó a que la rubia subiese mientras Arnold le clavaba su kunai al pajarraco quien herido hecho a volar.

-Qué rayos era eso-preguntó asustada la pelinegra.

-Carroñeros-susurro la rubia con la espada aun en la mano.

-¿Como lo sabes?

-Debe ser por el hermoso lugar en el que estamos-ironizó Arnold haciendo caer en cuenta a su amiga de lo que estaban pisando.

-Es…Son…Son…

-Son cadáveres de humanos y demonios, Phoebe. De seguro algunos fueron a parar como su comida y otros como complemento de su nido. Pero no es momento de ponernos a identificar a quienes tenemos aquí. Debemos continuar.

-Es cierto –asintió Arnold- Sigamos.

-Espera-detuvo la chica-¿Estas herido?

-No, descuida. No es mi sangre. Es la del animalote. Lo que si lamento es que se llevara mi kunai. Ya no tengo con que defenderme.

-Ten, de seguro te servirá.

El rubio tomó la espada que la chica le ofrecía y la agitó. Era algo pesada pero solo tenía que acostumbrarse a ella. Además era mil veces mejor que la pequeña kunai.

-Espero que esta arma sea útil para ti-sonrío dulcemente la ojiazul.

-Claro que si-interrumpió Phoebe-Servirá para que pueda pelear mejor que con la kunai. Arnold, tienes la desventaja de no tener poderes pero sabes luchar cuerpo a cuerpo y ahora tienes esa espada. Ahora si no hay nada que temer.

Los rubios sonrieron ante el optimismo de la chica quien al parecer había olvidado su impresión al ver el lugar en el que estaban.

-Gracias Helga-musitó el chico.

-De nada. Bien, ahora si continuemos.

Rápidamente bajaron del edificio y después de que la rubia tomara sus armas se deslizaron pegados a la pared para evitar más enfrentamientos con monstruos o demonios que en ese momento venían a significar prácticamente la misma cosa: peligro.

No habían creído que tendrían que enfrentar algo tan pronto. Los demonios y el pájaro habían sido toda una sorpresa. Apenas habían salido de la casa de Arnold cuando vislumbraron aquellas dos figuras una de ellas comiendo cual ave de rapiña de aquel auto semi chamuscado. Solo en ese momento supieron que no podían andar con la guardia baja y tenían razón. A cada paso que daban sabían que el riesgo rondaba cada esquina, esperándolos, vigilándolos, anhelando sus vidas. Al menos tenían de su lado a la neblina que los cubría con su manto para no ser vistos. Su objetivo no era ir matando a cuanto demonio apareciera. Eso ya seria alarmante por no decir agotador.

Habían llegado a la siguiente manzana.

-¿Hay algo?-interrogó el cabeza de balón.

-Nada. No puedo ver nada-inquieta la rubia intentó vislumbrar para detectar algo pero desgraciadamente lo que antes había sido un factor a su favor ahora se transformaba en uno en contra.

-Esperen, ¿escuchan eso?-susurro Phoebe.

Una voz seseante hizo que los niños evitaran avanzar. Poco a poco la figura de una enrome serpiente arrastrándose junto a otra se hizo visible. Arnold trago saliva. Eso era demasiado fantasioso para ser cierto sin embargo ahí estaban hablando entre silbidos, comunicando algo que por obvias razones los chiquillos no lograban entender. Los dos monstruos se acercaban cada vez más.

-¿Qué vamos a hacer?-murmuró Phoebe.

-Debemos pelear.

-Espera Arnold, no podemos hacer eso.

-¿Se te ocurre algo mejor?-preguntaron al unísono sus amigos.

La rubia examinó el lugar, la pared en la que estaban respaldados era parte de un supermercado. Si se escondían allí era posible que no los encontrasen. Halando a sus amigos adentro se ocultaron en uno de los refrigeradores, que obviamente ya no congelaba por falta de mantenimiento y energía. Rogaban esperanzados que esas cosas no se hayan percatado de su presencia, no querían volver a pelear. De seguir así llegarían agotados a luchar contra Belzemont y esa no era la idea.

Al parecer las serpientes no los habían visto porque pasó el tiempo y nada los busco. Con rapidez salieron de allí.

-Vaya eso estuvo cerca.

-¡Helga cuidado!-advirtió Arnold enarbolando su espada y partiendo en dos a la serpiente traicionera que había querido herirla.

-Espera habían dos, la una debe estar...

-Aquí ó entrecortadamente la pelinegra.

Alrededor de su cuerpo el animal se había enredado sofocándola cada vez mas y mas. Arnold intentó atacar pero cada vez que se acercaba parecía que la serpiente apretaba con más fuerza a la niña.

-Oh, no. La está matando. Si tan solo hubiese agua.-musito angustiada la rubia.

-Agua-interrogó Arnold viendo algunas botellas de jugo, licor, refresco y agua que aun permanecían intactas-Rápido Helga ayúdame a regar esto.

La muchacha entendió lo que su amigo intentaba hacer. Rápidamente regaron al suelo el líquido rogando porque no fuese demasiado tarde.

-Phoebe usa tu poder-ordenó la ojiazul.

La muchacha cerró sus ojos y a pesar de todo el dolor que sentía alrededor de su cuerpo se concentró. Rápidamente el líquido cual capa fue penetrando entre la viscosa piel de la serpiente y la niña. Usando todas sus fuerzas logró dirigir la sustancia contra la víbora destruyéndola, mandando lejos sus pedazos y librándola de inmediato.

-¿Estás bien?-corrió Helga abrazar a su amiga.

-Sí, lo estoy. Solo necesito respirar.

-Podías haber tenido algo de cuidado ¿no? ¡Puaj! Esto es asqueroso -el chico se quitaba la piel y la carne del animal que literalmente lo había bañado.

-Discúlpame Arnold, estaba demasiado ocupada tratando de respirar-musitó algo resentida la muchacha.

-Lo siento Phoebe-murmuró apenado.

-Basta de disculpas los dos, debemos continuar. Pero antes Phoebe baña a Arnold.

-¡¿Qué?!-se sorprendieron los dos nombrados.

-Es que la sangre de esa cosa va a atraer a más demonios. ¿No creen? Por el momento debemos preocuparnos por llegar a Belzemont no por destruir a todo demonio que se nos aparezcan. No podemos gastar nuestras energías. Hasta ahora hemos salido airosos pero no puedo garantizar lo mismo si continuamos.

Phoebe entendió a lo que se refería su amiga. Con sus manos empezó a manipular el líquido que yacía en el lugar pero la voz de Arnold la detuvo.

-Oye Phoebe no se te ocurra bañarme con eso. No quiero terminar oliendo a jugo de naranja, con aguardiente y cola.

-Pero…

-Mira-llamo la rubia abriendo la llave de agua del baño de ese súper mercado- Si había agua después de todo. Es un milagro que las tuberías no se hayan dañado.

-Bien pues con eso si báñame.

La pelinegra movió la cabeza mientras dirigía el agua hacia el chico. Cada vez dominaba mejor su poder. Helga tomo los frascos vacíos y los lleno. Definitivamente necesitaban el agua tanto para refrescarse como para protegerse. Tras una sesión de secado con los poderes de la rubia los tres avanzaron nuevamente. De vez en cuando aullidos y ruidos de algunos demonios que sobrevolaban el lugar ponían los pelos de punta a los chicos. Sin embargo su valor pesaba más.

-¡Qué extraño!-advirtió Phoebe luego de avanzar un buen trecho.

Los dos rubios la miraron extrañados.

-Es solo que-sonrió Phoebe-Recuerdan como era todo antes, nuestro mayor problema era ser regañados por nuestros padres o no poder ir una fiesta organizada por la popular Ronda... Nada parecido esto. Ahora…Todo…. ¡Es tan horrible!

-Lo sé -apoyó Arnold.

-Hay amiga. Desearía poder hacer algo para regresar a aquellos tiempos. Pero no puedo. Lo que paso, pasó. Ahora debemos enfrentar lo que está por venir.

-Es cierto-asintió la muchacha-Lamento haberme puesto tan sentimental.

Ya habían avanzado varias manzanas se podría decir sin contratiempos:

En una manzana, Helga sin querer piso una lata vieja llamando la atención de dos demonios que para su suerte pasaron a un lado sin percatarse de su presencia…

En otra manzana, Arnold observó un hermosos conejo blanco que brincaba temeroso por las calles y a pesar de las advertencias de su amigas se acercó a ayudarlo, cual no sería su sorpresa al ver como dicho animal era la mascota de un demonio cuyas afiladas garras eran capaces de partir en trocitos el más fuerte e inmenso edificio del mundo. Gracias a la "astucia" del chico quién al intentar huir cayó a una alcantarilla abierta, el grupito no fue descubierto.

En un callejón, Phoebe por poco y llama a gritos a un grupo de demonios quienes seguían a su líder, confundiéndolos con la antigua pandilla de chicos.

Obviando esto el viaje había transcurrido sin problema alguno.

-Oye Phoebe, ¿falta mucho para llegar?

-Claro que no, aunque ahora no se puede ver nada estamos muy cerca.

-Esta niebla nos ha causado muchos problemas-musitó molesto el rubio sobándose el lugar en donde se había golpeado al caer.

-Hay cabeza de balón. Eso te lo buscaste tu solito. ¿Quién te mando a correr tras el conejo? ¿Acaso creíste que eras Alicia en el País de las Maravillas?

Las dos niñas rieron en voz baja ante la avergonzada mirada del muchacho.

-Genial, ahora soy su burla- sonrió Arnold-observando a la rubia-Es bueno verte sonreír de nuevo, Helga.

La chica observo a su amigo mientras Phoebe se adelantaba.

-Sabes, jamás creí que algo así podría pasarme. Sobre todo a mí. Pero estoy feliz de tenerte a mí lado Arnold.

-Te dije que no te dejaría por nada del mundo.

-Siempre has estado allí para mí, directa o indirectamente… Recuerdo cuando te vi la primera vez…Fuiste el único que se acercó a mí sin burlas y tan transparente como eres.

-Es cierto. A pesar de que siempre intentabas alejarme con tu actitud. Siempre he estado, estoy y estaré junto a ti. Ese es mi lugar... Este…No sé si ya te lo dije pero lo lamento.

-¿Lamentas qué?

-Todo lo que te hice sufrir por mi tonta actitud.

-¿Tu? ¿Con una tonta actitud? Eso jamás.

-Desearía poder reponer todo lo que te hice pero no puedo. Pero ten por seguro que yo jamás haré algo que te lastime.

-Eso lo que solía decirme Shaoran-susurró tristemente la rubia-¿Cómo estará?

Arnold guardo silencio, algo en su garganta evitaba que hablara.

-¡Auxilio!

El grito de Phoebe llamó su atención. Corriendo llegaron al lugar en donde esta se encontraba mas la sorpresa los dejo sin habla. Suspendida en una especie de telaraña gigantesca la chica forcejeaba enredándose cada vez mas. Esta tela ocupaba toda la manzana formando un espectáculo extraño y misterioso de ser visto.

-¡Que hermoso diseño!-suspiró Arnold.

-Es cierto, a pesar de que es horrible jamás había visto una telaraña tan bien formada.

-¡Hay que lindo! Qué tal si dejan de admirar esta trampa mortal y me ayudan-exigió la pelinegra.

-Está bien-sonrió el rubio- Pero quédate quieta Phoebe o te voy a terminar partiendo en dos.

-Sáqueme esta cosa. No me gusta-se revolvió la pelinegra.

-Tranquilízate ¿quieres?-musitó el chico.

-Ok.

Enarbolando la espada corto la tela que apresaba a la muchacha quien fue a parar al suelo.

-Gracias, gracias, gracias-sonrió a medida que se incorporaba con cuidado de volverse a enredar- Que extraño generalmente cuando hay una telaraña...

-¿Es porque una araña esta cerca?

-Exacto Helga ¿cómo lo sabes?

-¿Porque la estoy viendo?

A lo lejos una araña de unos 4 metros se acercaba rápidamente, tras de sí miles de arañas del mismo tamaño la seguían.

Las niñas estaban a punto de desmayarse de la impresión y el rubio se había quedado callado de horror. Por más que luchasen la cantidad de esos bichos era enorme. ¿Cómo se salvarían de ellos? ¿Cómo?


Las olas chocaban furiosas contra los escombros de lo que antes habían sido los muelles de aquella ciudad.

Varios objetos flotaban a la deriva y un olor algo pestilente llenaba el ambiente.

Los castaños ojos del muchacho recorrían el lugar. Buscaba algo pero ¿Qué? A lo lejos diviso un palo, el más alto que entre el furioso aguaje se mantenía firmemente airoso, desafiante. Suavemente sin importarle la humedad, los vidrios y las astillas que empezaban a incrustarse en sus pies camino hacia él. La sangre, su sangre se entremezclaba con el agua que en un vaivén iba y arremetía contra todo en un deseo casi imposible de llevarse todo. ¿Dolor? Quizá abría sentido algo de no ser porque las heridas abiertas que se había provocado a si mismo empezaban a cerrarse. De un salto se paro sobre su objetivo. Allí, diviso todo el paisaje. Algo sumamente abrumador. El mar antes azul ahora de un color oscuro y una consistencia pastosa, el cielo antes azul ahora cubierto por tinieblas, oscuridad y un ambiente irrespirable, aun así, más allá quizá fuera de los límites de la ciudad aun se podía ver luz. ¿Luz de quien o de quienes? ¿Esperanza? ¿Redención? Si, como no. Cerró sus ojos a esa realidad. Necesitaba pensar. Escucharse a sí mismo. Estar solo. Al fin había logrado liberarse de su lado bueno, al fin había sido dominado por la oscuridad algo que desde pequeño había deseado y aun así no se sentía satisfecho. ¿Por qué? Ahora podía hacer lo que se le viniera en gana sin pensar en nadie más, podía matar, herir, controlar, manipular a quinen quisiera. Tenía el poder para hacerlo, sin embargo porque rayos esa extraña sensación rondaba sus pensamientos. Una sensación que antes, hubiese podido identificar pero que ahora no hacía más que irritarlo de sobremanera. Tenía serias dudas, dudas que lo inquietaban. Dudas que ¿lo confundían? Eso, precisamente. Esa era la maldita sensación que lo acongojaba: la confusión. ¿Pero porque? Había hecho lo que su corazón le había dictado después de todo, entonces porque ahora estaba confundido. ¿La decisión que había tomado había sido la correcta o no? Pensó que estando así todo desaparecería, seria libre, estaría en paz pero el resultado claramente le demostraba que las cosas no serian tan fáciles como creía. Quizá si acababa con todo, con todos, quizá así ¿sería feliz?

No podía negar que sentir el inmenso poder que corría por sus venas lo animaba pero…, eh allí el problema, el pero…, había uno sin embargo no podía definirlo. Se estaba empezando a cansar. Odiaba sentirse así.

-¡Maldición!

El grito exasperado emergió de su boca y transformándose en una poderoso torbellino de fuego fue guiado cual torpedo a través del agua dejando un enorme boquete temporáneo en donde se pudo apreciar el fondo lleno de tierra, unas cuantas criaturas submarinas rebotando en busca de oxigeno y algunas plantas acuáticas, mas esto no duro tanto porque el agua volvió a cubrirlo todo.

Sorprendido miro lo que acaba de hacer.

Fuerza, eso es lo que tenía. Lo que siempre había querido. Poder. Aun así la confusión no desaparecía. Su principal objetivo ahora, era acabar con el bien pero de ahí que. Con esos poderes sería fácil terminar con la fuente de bondad de hecho con cualquier partidario de la paz y el amor pero y después ¿qué haría? No le interesaba aquel mundo, a sus ojos solo era un montón de tierra y a agua. Para que tanto poder. ¿Para qué? Sentía que tenía un motivo, algo esencial. Pero ¿qué más que acabar con el bien? Todo era tan confuso. Dentro de sí dos grandes poderes se debatían y solo era cuestión de tiempo para que esto se diera a notar.

-De modo que aquí estas.

Belzemont descendió sobre las aguas cerca del muchacho. Estaba algo irritado. Había tardado mucho en localizarlo. Ese no era momento para andar divididos. Lo necesitaba a su lado y no lejos de él.

-¿Porque no me contestas? ¿Acaso te crees demasiado importante para hablarme?

El muchacho ignoró campalmente al recién llegado.

-Cuando volaba hacia acá percibí algo muy curioso-sonrió el demonio-No me digas que eras tú usando tus poderes. Si, de seguro eras tú. Ninguno de mis demonios podría partir el agua en dos y menos con esa intensidad. Vaya, deberías aprender a controlarte un poco ¿no crees?

Suspirando el castaño bajo del lugar en donde estaba y observo fríamente a quien le hablaba antes de contestar.

-No te han dicho que es de mala educación molestar a alguien cuando quiere estar solo.

-Hasta que me contestas.

Sin darle mucha importancia el castaño paso a lado de Belzemont y se alejó.

-¡No oses ignorarme!

-¿Que quieres?

La pregunta había sido dicha de una manera suave pero el tono de voz era algo amenazante. Sin poder controlarse un escalofrió recorrió el cuerpo del gran demonio que controlando su ira se dirigió al chico.

-Nada, solo alertarte.

-¿Alertarme?-una sonrisa curvo los labios del joven- ¿De qué o quién?

-Ángeles.

Ese nombre. Según sabia esa era la denominada fuente de poder del bien. La espiritualidad cobrada vida. La pureza andante. Si como no. Así que contra ella debía pelear. Bien, al menos tendría unos escasos minutos de diversión antes de acabar con la supuesta salvación de la Tierra.

-Y bien. No dices nada.

Debería hacerlo. No claro que no, a los ojos de Belzemont el era un pobre niño que había caído en las manos de la oscuridad. Alguien que aparentemente tenía la mente en blanco. Bien, era mejor siguiera creyendo eso. Por el momento era lo más factible.

-¿Quién es Ángeles?

La pregunta resonó en el aire provocando la sonrisa del demoníaco ser quien satisfecho comprobó que el castaño no sabía nada de nada. O al menos eso era lo que creía.

-Es lo que su nombre dice que es.

-¿Un ángel? Llegaste a prevenirme contra eso, creo que subestimas mi poder.

-Claro que no. Sé que será fácil para ti acabar con ella pero…

-Pero ¿Qué?

- Debemos estar alerta porque no sabemos cómo reaccionara.

-¿Reaccionará con qué?-interrogó el chico.

-Con esto, contigo...

-Se claro, Belzemont.

-Pues se que se pondrá muy mal…Aunque podríamos aprovechar eso-mencionó pensando más para sí mismo que para el castaño.

-¿Por qué abría de reaccionar así? ¿Por mi? ¿Acaso soy alguien importante para Ángeles?

Belzemont permaneció en silencio. Era cierto, cuando una persona aceptaba la oscuridad en su corazón y olvidaba todo dolor también eran borrados todos los recuerdos que de alguna manera lo vinculaban con el bien. De esta manera su único objetivo era matar a cuanta persona de alma pura encontraba. Ángeles para el muchacho representaba el enemigo a atacar, no la muchacha que el amaba. Todas sus ataduras emocionales con la rubia habían desaparecido, dejándolo hueco, vacío y con un solo objetivo en la mira. Sin inútiles emociones humanas que lo detuviesen era un arma sumamente peligrosa.

-Y bien

La voz del castaño saco de su ensimasmiento al demonio.

-Tú no eres nada importante para ella. De hecho ni te conoce. A penas te había visto una que otra vez cuando todo era normal. Quizás la razón por la que dije que podría sentirse mal es esa. A sus ojos no eres más que un pobre niño manipulado por mí. O eso es de seguro lo que pensara.

-Así que es eso. Pues no debería subestimarme tanto.

- Descuida. Ella usara todo su poder cuando pelee contigo. Estoy seguro.

-No piensas que su visión de mí como inocente victima la detenga.

-No, claro que no. Como la niña buena que es estoy seguro que al final no tendrá contemplaciones ya que su deber es acabar con la fuente de todo mal.

-Ya veo.

-Por eso debes estar preparado. Debes buscarla y atacarla cuanto antes.

-¿Otra vez con lo mismo? Ya te dije que no soy ningún sirviente al que puedas ordenarle algo.

-Pero...

-Ella vendrá hacia mi…De todas maneras para salvar este mundo debe destruirme. Dejemos que me busque entonces. Después de todo vamos a terminar enfrentándonos de una u otra forma ¿no?

El demonio miro furioso al insolente muchacho antes de retirarse.

-¿Ya te vas?

-Si no planeas escucharme no pienso perder mi tiempo aquí.

-Tienes razón. Pero antes quiero mostrarte algo muy interesante.

Belzemont observó al muchacho extender su mano sobre el mar tormentoso creando dos látigos de agua los cuales dirigió a dos puntos distintos de la ciudad, de regreso cada látigo había capturado un demonio. Una sonrisa sádica se formó en los labios del castaño quien sin ningún remordimiento creó una bola de fuego en su otra mano y los eliminó.

-Quiero que entiendas algo. Cuando quiero estar solo, quiero estar solo. La próxima vez que me visites o me localices evita poner a tus espantosos sirvientes a vigilarme. No me gusta que me sigan y mucho menos seres buenos para nada. No lo tomes a mal. Es solo una pequeña advertencia.

Belzemont asintió reprimiendo las enormes ganas de mandar al diablo al chico y sobrevoló el lugar para dirigirse al edificio en el que se había establecido. ¿Cómo se había percatado de la presencia de sus esbirros?


El terror aumentaba a cada paso que aquellos horrendos bichejos daban. Era como si los hundieran cada vez más en la desesperación. No sabían qué hacer. Matar a las arañas tomaría mucho tiempo y energía. ¿Cómo llegarían entonces a enfrentar a Belzemont? ¿Cómo?

-Olvídalo Arnold. Es imposible acabar con tantos-musitó la rubia al observar que su compañero alzaba su espada dispuesto a luchar.

-Entonces ¿qué hacemos Helga?

-No lo sé, son tantos.

-Tengo una idea- murmuró la pelinegra-No se muevan.

El batallón de arañas ya casi estaba sobre ellos, concertándose Phoebe enfocó todas sus fuerzas en el control de agua que corría justamente bajo la alcantarilla en la que los tres estaban arrinconados. Poco a poco el líquido emergió con una fuerza impresionante elevándolos y arrojándolos a la azotea de uno de los edificios que los rodeaban.

-Están bien.

Los dos rubios se incorporaron algo dolidos. Al volar sobre la tapa de la alcantarilla tuvieron que agarrase con fuerza para no caer. Y al aterrizar se impactaron contra el suelo y rodaron hasta casi caer del techo.

-Eso dolió.

-Arnold no empieces

-Fue lo único que se me ocurrió hacer-se angustió Phoebe sobándose el hombro que se había golpeado.

-Al menos ganamos tiempo-susurró Arnold incorporándose.

-Sí pero ¿Cuánto? Las arañas no tardaran en saber dónde estamos.

-Entonces que esperamos. A correr se ha dicho.

Las niñas asintieron y recorrieron la azotea en la que estaban. Abajo las arañas parecían haber percibido a su presa ya que rápidamente empezaban a trepar por el edificio.

-¡Ahí vienen!-advirtió Arnold-Y ¿ahora qué hacemos?

-No lo sé-murmuró compungida Phoebe. En las alturas no había donde huir y aunque no quería pensarlo sentía que sin querer los había atrapado allá arriba siendo fácil presa de esos bichos.

-No nos queda otra que saltar.

Las dos chicas miraron a Arnold dubitativas. Otro edificio estaba cerca de ese y si corrían con todas sus fuerzas eran capaces de llegar al otro lado al saltar…

-Pero ¿y si caemos?-dudó Helga.

-Esas arañas nos comerán vivos-susurró temerosa Phoebe.

-Es la única salida que veo. Miren ya los bichos nos están alcanzando ustedes deciden. ¿Lo hacemos o no?

Helga y Phoebe se miraron nerviosas sin embargo al darse cuenta que algunas arañas ya habían llegado a la azotea no lo pensaron dos veces y tomando vuelo los tres saltaron. Helga y Arnold aterrizaron bien pero Phoebe casi cae al vació, con una mano había logrado aferrarse.

-¡Ayúdenme!-suplicó angustiada la chica.

Helga y Arnold halaron con fuerza a la niña subiéndola a la azotea a salvo. Rápidamente se recostaron en el suelo para no ser vistos .Al parecer las arañas no divisaron la acción porque al no hallar nada en el sitio bajaron resignadas. Nuevamente los pequeños agradecieron a la neblina que en esos momentos cubría toda la ciudad.

-Ya no quiero seguir topándome con mas monstruosidades-gimió la ojiazul.

-Es cierto, de esta nos libramos pero quien sabe la próxima.

-Qué optimismo Arnold-ironizó la pelinegra.

-Arnold tiene razón, Phoebe. El objetivo a enfrentar es Belzemont, pero estamos gastando nuestras energías con sus ayudantes así en el momento de la batalla final no lograremos nada-se desesperó Helga.

-¿Que proponen?, entonces-suspiró Arnold.

-No lo sé.

-Hay demonios por todos lados, en la calle, los callejones, parques, en el aire, en la tierra…-analizo Phoebe-El único lugar que no debe estar vigilado es…

-El subsuelo-completó Arnold.

-Pero…-Los dos miraron a la rubia.

-¿Pero qué? ¿Porque me ven así?

-Es que es muy probable que allí hayan ratas amiga, y a ti no te gustan.

-Descuida, ya supere ese miedo. Con tantas cosas terribles que he visto era lógico ¿no creen? Pero yo me pregunto una cosa.

-¿Qué?-interrogaron al unísono Phoebe y Arnold.

-¡Porque demonios no se nos ocurrió eso antes!

Los tres se miraron entre sonrientes y avergonzados. Era cierto. Una manera de dirigirse de manera sana y salva eran las alcantarillas. Dudaban mucho que Belzemont las hubiese puesto a vigilar. Después de todo, quien en su sano juicio vagaría por allí. Bajando con cuidado del edificio abrieron la tapa y descendieron, todo estaba oscuro y pegajoso. De vez en cuando se podía escuchar el correteo de ciertos animales que alertaban a los niños pero dado que no se veían nada estos continuaban sin darles importancia.

Al fin, después de tomar algunos caminos equivocados y salir uno que otro rato a ver en el exterior por donde andaban, lograron llegar al lugar en el que Belzemont los esperaba.

El edificio estaba custodiado por varios demonios, el grupo no sabía qué hacer hasta que cierto rubio divisó en un costado del edifico un lugar que no estaba custodiado y que podría ayudarlos a llegar.

-¿Quieres que entremos por el hueco donde tiran la basura?-preguntó algo sarcástica Helga.

-Es la única manera. Escalar hasta llegar a la azotea donde Phoebe dice que esta ese maldito.

Los tres chicos se miraron. Sonaba tonto pero tenía razón era la única forma de llegar sin ser comido en el intento.

Con cuidado se deslizaron hasta la abertura y empezaron a escalar sosteniéndose con sus manos y sus pies. El recorrido era asqueroso. Si hubiese sido un edificio común y corriente quizá se habrían chocado con un olor desagradable nada mas pero ese no era el caso, el olor a azufre mareaba a los pequeños y la sangre seca de lo que parecía ser desechos humanos les dificultaba abrirse paso. Una que otra vez estuvieron a punto de caer. Tras varios minutos de esfuerzo y sudor divisaron el boquete en la parte superior. La salida. Rápidamente saltaron en guardia pero nada paso. Sorprendidos observaron una especie de trono que se alzaba imponente en medio del lugar, para su suerte estaba vacío. Allí en el fondo estaba...

-¡Mamá!-la voz de la pequeña retumbó por las destruidas paredes. Sin pensar en nada la rubia corrió hacia ella.

Una sombra se deslizo suavemente desde una de las oscuras esquinas hacia la pequeña intrusa. Interponiéndose entre ella y su madre.

-No puede ser ¿a quién tenemos aquí?-bramó el demonio tomando rápidamente por los hombros a la muchacha evitando que se defendiera.

-¡No!-gritaron al unísono Phoebe y Arnold dispuestos a ayudarla.

-Helga-pronunció débilmente Miriam al percatarse de que su hija estaba en manos de Azazel.

-Suéltame o…

-¿o qué?-sonrió el demonio.

La pequeña intentó reunir energías para alejar al demonio pero algo que vio, la detuvo. Belzemont, veía divertido la escena desde el cielo.

-¡Vaya, vaya, vaya! Llegaste más rápido de lo que creí. Vamos Azazel, suéltala. Quiere ver a su mamita. Le daré el gusto.

La prisión de Miriam desapareció y esta corrió a abrazar a su hija ya libre. Varios seres demoníacos se alzaron tras Belzemont viendo con ansias a los niños y a la mujer, estaban felices al fin tendrían algo con que alimentarse.

-Bienvenida a mi humilde morada., Ángeles. Amigos…-sonrió Belzemont al grupo que lo rodeaba-He allí su comida, déjenme a la niña. Los demás son suyos.

El grupo se abalanzó sobre su víctima pero antes de que siquiera pudiera herir a alguien una energía oscura los alcanzó. Matándolos al instante.

Belzemont yacía atónito.

-¿Cómo? ¿Quién?

-No querías que peleara. Bien, aquí estoy-pronunció una voz.

El demonio enfocó sus ojos en el chico que a su espalda observaba la escena. Azazel tembló ligeramente al sentir su poder. Miriam bajo la cabeza resignada. Arnold y Phoebe observaron asombrados y Helga dejó correr una lágrima al reconocer en aquel ángel negro al chico que ella amaba.


Y con esto terminamos el capítulo número 26 de esta interesante historia...

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Gracias por leerme. Nos vemos en el próximo capítulo.