CAPITULO 27: LA GRAN BATALLA EMPIEZA. NADA ES LO QUE PARECE. EL CAOS SE DESATA.
"Desde pequeña siempre actué con timidez, con el miedo de decir lo que siento en mi…Ahora es tiempo de ser valiente…He llegado muy lejos junto con Arnold y Helga…Es momento de enfrentar el destino… Mi destino…Destino que curiosamente me ha unido al de Li...Sin miedo, sin dudas… Gabriel debe despertar, quizá sea el único que puede ayudar a la confundida mente de ese muchacho al que una vez llamé amigo y al que ahora no reconozco…Se lo que hago…Confió en el conocimiento que Ariel me legó…Ariel… gracias por haberme dado esta responsabilidad...Te prometo que como la nueva guardiana de Li no te defraudaré...No lo haré…Él volverá a la luz…Te lo prometo...Así sea lo último que haga…Despierta Gabriel...Despierta…"
Phoebe observó directamente a su protegido, una conexión fugaz se formó entre ellos...
Nadie se percató de ello...
Absolutamente nadie.
Abro mis ojos suavemente…
Poco a poco la capa de energía pura que me cubrió mientras yo recuperaba mis fuerzas desaparece.
Estoy listo para la batalla final...
Pero ¿que veo?
Antes el corazón de Li era puro, luminoso, pacifico pero…
Ahora…
Todo está en tinieblas…
¿Qué paso?... ¿Qué?...
Todo ha cambiado…
Siento que mi conexión con el niño se ha roto…
No puedo salir...
Algo lo evita...
La oscuridad…
¿Qué hace aquí? ¿Quién dejo que entrara?
Intento llegar al pequeño, trato de concentrarme… He permanecido ausente mucho tiempo debo saber que está pasando…
Veo en su mente…
Entiendo…
Li lo dejó entrar…
Dejo que el mal entrara a su cuerpo…
Así no podré salir...
No podré ayudar a Ángeles…
La lastimare...
No quiero eso...
No quiero…
-¿Porque lo hiciste? ¿Qué pasará ahora? ¿Qué?
Mi pregunta desesperada flota por un momento en las tinieblas…Dudo mucho que algo me conteste…Todo esta tan vacío…
-Sé muy bien lo que hago Gabriel… Me gustaría que confiaras un poco en mí...
Una voz me responde…
Una voz cargada de miles de sentimientos…
Odio…
Rencor…
Tristeza…
Soledad…
Impotencia…
Entiendo a la perfección esas emociones…
En mi pasado sentí algo similar y a pesar de que logré enfrentarlo aún permanece en mí como un mal recuerdo…
Hace muchísimos años…
Era aun muy pequeño. Fue la primera vez que vi a Ángeles y casi irónicamente, al mismo tiempo experimenté el dolor de perder a alguien muy querido. Mi padre me había llevado a conocer al padre de mi "futura prometida." Eso me tenía sin cuidado. Para mí, esos eran asuntos de adultos, yo solo pensaba en fortalecerme cada día más para defender mi reino del mal. En un hermoso campo lleno de multicolores flores se encontraba ella. Llevaba un vestido blanco sumamente práctico para entrenar y dos espadas plateadas, luchaba contra dos de sus amigos y su padre supervisaba todo. A pesar de que era más pequeña que los otros pudo salir airosa. Sonreí, ¡qué manera de pelear! Sus movimientos eran mejores que los míos. Me sentí culpable ¿como una niña de mi misma edad podría ser así de fuerte? Me alejé ¿Cómo iba a vencer a los demonios que cada día ganaban más terreno acabando con la paz de nuestro mundo? Era débil, muy débil. Debía ser más fuerte. Mucho más fuerte.
Estos pensamientos invadieron mi cabeza. Caminé sin rumbo fijo. Sabía que mi padre me encontraría. Después de todo era su único hijo y si alguien podía localizarme en cualquier lugar que estuviese, era él. Llegué a un árbol, un inmenso árbol de extrañas y tentadoras frutas. Intenté tomar una pero en aquel momento algo me detuvo. Sentí una fría mano sostener la mía. Era un espectro, uno de los esbirros del terrible demonio a quien desde hace tiempo intentábamos acabar. Traté de soltarme pero no pude. Con malicia sonrió y me arrastró. Quería llevarme al otro lado de los seguros limites de aquellas tierras, las lagrimas caían por mi rostro ¿Acaso mi imprudencia me costaría la vida?
-¡Suelta a mi hijo!
La voz fuerte y enérgica de mi padre me tranquilizó. Había llegado a ese sitio pero para su desgracia estaba solo. Sin su acostumbrada guardia. Él avanzaba seguro hacia el espectro, sabía que me rescataría pero no esperaba que el mismo maligno demonio jefe de todos se presentara. Las cosas empezaban a complicarse.
-¿Que ocurre Víctor? ¿Vas a salvar al principito?
-Sabía que detrás de esto estabas tú Evidmon. Quién mas ¿Qué quieres con mi hijo?
-Matarlo, acabar con él.
-¿Cómo puedes decir eso? Tú también tienes un hijo que sentirías si lo pierdes.
Una sonrisa perversa cruzó el rostro del demonio.
-Nada. Creo que me estas confundiendo con uno los sentimentales que te sirven y guardan respeto. Yo no siento. Belzemont es un demonio más de mis guerreros. Para mí su pérdida no significa nada pero para ti. Ja, ja ja. La muerte de tu hijo significará tu derrota.
-No lo permitiré.
-Mira niño-vociferó ese demonio ordenándole al espectro que me soltase-¡Mira como muere tu padre!
De un momento a otro el demonio se abalanzó con sus garras sobre el rey, intenté correr hacia él, protegerlo de alguna forma pero no pude. Era demasiado tarde, había atravesado su pecho con tanta fuerza que este se había abierto de par en par causándole la muerte.
-¡Padre!
-Llora pequeño, es lo único que pudiste y podrás hacer… Llorar...
Él había muerto en una forma tan horrenda. Nadie lo había podido ayudar. Ni siquiera yo, su hijo. Ese demonio lo había acabado. Juré sobre su cuerpo vengarme. Vengarme de todo. De todos. No había podido hacer nada para salvar a mi padre. Era débil…Fui débil…Y esa debilidad le costó su vida. Me sentía muy mal. Quería poder para exterminar a ese maldito. Me sentía extraño.
-¿Qué ocurre? Te sientes mal, ¿verdad?... ¿Quieres poder?... Yo te lo puedo dar…
La voz de Evidmon me desconcertó, primero intentaba matarme y ahora me quería ayudar…
Estaba confundido…
Sentía que la oscuridad empezaba a dominarme pero alguien a quien no esperaba ver allí apareció. El padre de Ángeles y su sequito. Evidmon y su maldito espectro desaparecieron enseguida. Después de revisar que yo estaba bien, el padre de Ángeles me sacó de allí mientras ordenó a los soldados que levantaran los restos de mi papá. Yo no decía nada… Solo guardaba silencio…
-Me alegra que no hayas aceptado nada de él.
-Estuve a punto-susurré sabiendo que se refería a las últimas palabras que Evidmon me dijo.
-No hubieses ganado nada. Simplemente convertirte en uno de los despreciables seres que acompañan a Evidmon. Alguien hueco, vació. Eso si el mal no te consumía por completo. Grávate esto Gabriel. Tú eres un ser puro, inocente. No maligno. No pudiste hacer nada por tu padre pero si entrenas con fuerzas podrás hacer justicia. No vengarte. Hacer justicia. No dejes que la oscuridad manche tu alma. Si la oscuridad domina tu corazón serás uno más de los demonios que tanto combatió tu padre como yo combatimos desde hace años ¿Es eso lo que quieres?
Negué. Por supuesto que no.
-Entonces cree en ti y en todos los que no dejaremos que nada malo te pase. Yo sé que esto te duele y mucho, no quiero que te lo guardes. Expresa lo que sientes. Hazlo.
Las lágrimas afluyeron a mi rostro, abrasé al padre de quien sería el único amor de mi vida y lloré, lloré con todas mis fuerzas.
A la larga mientras entrenaba y me fortalecía esos sentimientos desaparecieron.
Desearía que ocurriese lo mismo con Li.
Para mi desgracia no es así.
Necesita el apoyo de alguien que lo ame de verdad…
Estoy seguro que Helga lo intentará…
Pero mientras Li siga aferrado al mal nada dará resultado.
Ni siquiera el hecho de que ya hayan obtenido los objetos perdidos.
Ni siquiera el amor de Helga y Ángeles junto.
Ni siquiera mi regreso a su Alma.
Nada…
-¡Solo puedo confiar en ti Li!-grito con todas mis fuerzas resignándome a lo que venga-Espero que no te arrepientas de lo que vas a hacer.
-No lo haré-escucho-Ten por seguro que no lo haré.
El muchacho había cerrado sus ojos durante unos minutos. Se había desentendido de todo y de todos. Solo estaba él y esa pequeña y molesta voz dentro de él, que no paraba de desconcertarlo. Gabriel.
Sabía que antes no estaba allí, su despertar había sido provocado quizá en un vano intento de traerlo de vuelta ¡Que estupidez! Él no quería ser salvado. Tenía mucho poder y no quería renunciar a él. No planeaba escuchar la insidiosa voz. No todavía. Más adelante tal vez prestaría atención. Quizá esa voz era la respuesta a la confusión que reinaba en su mente pero por ahora…Era tiempo de divertirse un rato.
Con lentitud abrió los ojos. Belzemont había descendido junto a Azazel y farfullaba furioso contra el muchacho. Helga y Arnold habían tomado a Miriam de cada brazo y la alejaban del que sería el campo de batalla. Sin embargo Phoebe se mantenía ajena a todo ello, observaba a Li fijamente con la esperanza de que este la viese, y lo hizo. Descendiendo ágilmente aterrizó frente a ella, cosa que a nadie le paso desapercibido. Los dos se observaron minuciosamente, los fríos ojos del ángel negro contra los dulces ojos de su ahora guardiana.
-Ya entiendo-susurró de forma que nadie más que ella pudiese escuchar-Así que fuiste tú quien lo despertó.
La muchacha simplemente asistió.
Helga observo a su amado Shaoran.
Sus ojos…
Su sonrisa…
Esa calidez que siempre lo embargaba y que irradiaba a los demás…
Todo había desaparecido…
Aun así los había protegido de esos demonios.
No todo estaba perdido. Tenía esa esperanza, debía acercarse a esa extraña versión de su Shaoran y hablar con él. Estaba segura de que si la escuchaba, todo cambiaría. Él reaccionaría y volvería a luchar con ellos. Ese chico de extraño cabello y alas negras no podía haber sido todo lo que había quedado de su amado, no podía. La rubia dio un paso para acercársele pero una mano la detuvo. Era Miriam.
-Hija, ten cuidado. Él ya no es el mismo que conociste. La oscuridad lo cambio.
-Como puedes decir eso-susurró Helga-Él nos acaba de salvar de esos demonios. No lo viste. Además está intentado acercársenos, míralo con Phoebe….
Arnold la miro reacio. Aún estaba sorprendido por el cambio que aquel muchacho había sufrido, no podía creer lo que veía no solo era su aspecto físico que lucía mas intimidante y maligno sino la frialdad con el que aquel momento observaba a la pelinegra.
-¡¿Porque lo hiciste, eh?! Los necesitábamos para nuestra batalla contra el bien... ¡Porque acabaste con mis demonios!-reprendió Belzemont sin poder contener la ira que tenia.
-¿Que no es obvio?-respondió la rubia ignorando a su madre-Por qué él quería protegernos...Tu plan no resulto… Él jamás luchará a tu lado...Él jamás me lastimará…
Una sonrisa se formó en los labios del muchacho.
-¿Por qué crees que no quiero acabarte, Ángeles?-musitó con voz fría-No soporto las peleas injustas. Y si no hubiese acabado con esos demonios, lo hubiese sido. Quiero acabar contigo en circunstancias normales. No ventajosas.
-Pero…Tú…
-Deberías preocuparte por esa mujer. Esta muy herida.
Helga observo a Miriam. No se había percatado de su estado hasta ese momento, unas ampollas producto de las quemaduras sufridas por los castigos de Belzemont habían aparecido en todo su cuerpo, a duras penas podía respirar. El muchacho se alejó de Phoebe y empezó a caminar hacia Helga y su madre.
-Mamá…
-Hija. Tienes que ser cuidadosa, con Li. Él no es el mismo que conociste…
-Mira como te dejaron. Son unos malditos.
-Helga-previno Arnold - ¡Cuidado!
Shaoran se encontraba tras ella. La observaba fríamente.
-¿De verdad vas a matarme, Shaoran?
El muchacho ignoró esta pregunta y paso de largo. Se acercó a la mujer. Colocando sus manos encima de su cabeza empezó a esparcir una especie de aura oscura sobre ella.
-¿Qué haces con mi madre?-interrogó asustada la ojiazul.
Las heridas de Miriam se cerraron de inmediato.
-¿Y ahora que me vas a decir?-se indignó Belzemont volando a su lado y haciendo que Helga retrocediese unos cuantos pasos por cautela-Que la aliviaste para que la pelea sea justa.
La mujer se tocaba nerviosamente todo el cuerpo, ya no había heridas. El chico la había curado pero ¿porque?
Con desdén Li se dirigió hacia donde estaba Arnold y lo tomó por el cuello lanzándolo con fuerza contra la pared.
-¡¿Qué haces?!- reclamó Belzemont -A quien debemos atacar es a Ángeles, no a ese mocoso.
-Arnold, no-sollozó la rubia intentando proteger al cabeza de balón pero Miriam la detuvo, acababa de entenderlo todo. Ya era hora de poner las cartas sobre la mesa. No más secretos, no más.
-Detente-Belzemont se había acercado al muchacho para detenerlo pero este de una ráfaga lo mando contra Azazel. Los dos rodaron por el suelo. Era más que claro quién tenía el mayor poder en esos momentos.
-Escúchame bien, Arnold-pronunció fríamente el muchacho-Podemos hacer esto de dos formas: la primera, dejas de fingir que no sabes de qué te hablo y te muestras como lo que eres o puedo atacar a Ángeles hasta que lo hagas. Una de dos. Decide.
- …
Miriam se incorporó y se acercó al rubio.
-Ya es hora pequeño, ha llegado el momento.
-¿De qué hablan?-interrogó sorprendida la ojiazul- ¿A qué te refieres Shaoran?
El cabeza de balón se incorporó frente a su agresor, lo observaba enojado. No quería hacerlo, no aun pero había llegado el momento. Era la hora de librar la batalla final.
-Entiendo-suspiró Arnold dirigiéndose a la pequeña rubia-Recuerdas las palabras que escuchamos en aquella cueva, cuando recuperaste el último objeto perdido. A mi "proteger al ser amado" es lo que me guiaría por mi camino. Es hora de cuidarte, de ayudarte en esta horrible batalla, pero no como tu amigo sino como tu guardián.
Un haz de luz envolvió al muchacho quién después de unos segundos apareció frente a todos con una pequeña espada en su cinto y vestido de blanco. Un misterioso brillo lo rodeaba.
-Hija-llamo Miriam a la pequeña que aún se encontraba en shock por lo que había visto-Espero que algún día me perdones. Quiero que sepas que siempre te quise y lo seguiré haciendo. Mi pequeña Helga. Mi pequeña niñita.
-Mamá, ¿porque hablas así?-soltó casi en un hilo de voz.
Nuevamente el haz de luz apareció pero esta vez envolvió a Miriam quien reapareció con un arco y flechas en su espalda y un largo vestido blanco. Su cabello había crecido y estaba envuelto en una hermosa cola.
-Ustedes dos-se horrorizó la rubia-¿Qué son? ¿Quiénes son?
-Son tus guardianes-respondió Li al ver que ni Miriam ni el pequeño sabían cómo explicarle lo sucedido a la chica.
-Mas mentiras, otra vez mas mentiras. Hasta cuando…
Las lágrimas corrían por el compungido rostro de la chica, lagrimas de dolor, de rabia. Nuevamente le habían mentido. Ellos, esos dos. Su madre y su amado Arnold. Las dos personas a quienes más cerca había tenido y a quienes tanto cariño les tenía: Le habían mentido. En todo ese tiempo, la habían engañado.
-Helga-Phoebe se había acercado a ella y había colocado su mano en el hombro de la rubia.
-Amiga-sollozó la chica abrazándose a la pelinegra-Me mintieron, sabían que todo esto iba a pasar y durante mucho tiempo me mintieron.
-No lo sabías-se burló Belzemont-Pobre niñita ingenua, no sabía que ella también tenía guardianes y que los suyos estaban tan cerca.
-Será mejor que cierres la boca-ordenó Li amenazante lo que hizo que el demonio guardara silencio.
-¿Por qué hiciste esto Shaoran?-Se alejó la muchacha de Phoebe-¿Querías hacerme sufrir para acabar conmigo? ¿Sabías que esto me destruiría?
-Pero ¿quién te crees que eres? ¿Porque todo tiene que girar a tu alrededor?
Helga lo miro confundida él nunca le había hablado así. Eso le dolió más que la recién descubierta identidad de Arnold y Miriam.
-Escucha. Tú y yo somos enemigos, grávatelo bien. Nada de tu querido Shaoran queda en mí. Nada.
-Eso no puede ser.
- Lo es. Cuando yo pelee no habrá contemplaciones, no me detendré si te hiero o te lastimo. Para eso están tus guardianes, para protegerte. En este momento mi poder es mucho más grande que el tuyo y no sería justo, ni divertido pelear contigo.
-Porque a un ser maligno como tú le interesa la justicia.
Shaoran sonrió.
-Porque quiero disfrutar mi triunfo, no quiero ganar por trampas sino porque mi poder fue superior al tuyo.
-¿Porque te obsesionas tanto con el poder?
-Porque así no volverán a lastimarme. Porque así mi corazón no volverá a sufrir.
Las palabras del muchacho quedaron flotando en el aire. Era como si el antiguo Shaoran hubiese pronunciado esas palabras tan cargadas de tristeza y de dolor.
-Yo…
-No sigas Helga-suplicó Phoebe-Déjalo.
Li intentó alejarse pero en su camino se interpuso la pelinegra ante el asombro de Helga.
-¿Que quieres?-interrogó el chico.
-Pelear a tu lado.
-¿Por qué?
-Sabes perfectamente porque…
-La esencia de Ariel esta en ti, lo sé pero eso no te une a mí. No tienes porque hacer esto.
-Pero debo.
-Soy el enemigo.
-No no lo eres.
-Si lo soy, ¿estás dispuesta a traicionar a tus amigos para pelear a mi lado?
-Si lo estoy.
-¿Estas dispuesta a protegerme aún si eso implica atacar a Helga?
La rubia escuchaba la conversación sorprendida, acaso las sorpresas aun no terminaban. Phoebe dudó un momento.
-Helga se ha hecho fuerte pero tú también. Si lo que dices llega a pasar estoy a dispuesta hacer lo que esté a mi alcance para cuidarte.
-¿Vas a dejar a tu mejor amiga por mi?
-En este momento no tengo amigas, mi deber es cuidarte. Luches a favor de quien luches.
Al decir esto una haz de luz rodeo a la chica transformándola. Su cabello negro igualmente sostenido en una cola y un arco y flechas en su espalda. Un hermoso vestido blanco complementaban al brillo puro que emitía.
-Aunque Terra no esté conmigo soy fuerte y sé que te serviré. No quieres luchar con desventajas, ¿verdad? Ángeles tiene a dos guardianes es justo que tu tengas siquiera uno por que el otro se complementa con el poder oscuro que fluye en ti ¿Dime aun así no quieres que pelee a tu lado?
-Esa esencia…-musitó Azazel.
-Es del maldito guardián del muchacho- completó Belzemont-Ahora lo entiendo, entiendo su forma de actuar, los recuerdos del chico siguen presentes por culpa de la existencia de Ariel. El mocoso jamás perdió la memoria, jamás.
-De acuerdo…Ven conmigo…
El muchacho le extendió la mano a la pelinegra. Esta la tomo enseguida, la luz que irradiaba fue sustituida por el aura oscura del chico. Su vestido cambio a negro.
-Lo siento, Helga-susurró a la sorprendida rubia-Soy Phoebe tu amiga pero también soy la guardiana de Li. No puedo luchar a tu lado. Desde este momento considérame tu enemiga.
-Me engañaste-reclamó Belzemont acercándose al chico- Creí que no recordabas...
-¿Nada?-interrumpió Li soltando a su ahora guardiana-Jamás te dije eso. Tu solo, te encargaste de creerlo…
-¿Qué piensas hacer ahora? ¿Lucharas a lado del bien?
-Ningún sentimiento me une a esos recuerdos. Para mí el tener o no tener memoria es lo mismo. Me sirve para saber quién es quién. Eso es todo.
-Entonces…
-Entonces. Acabare con Ángeles y luego me encargaré de cierto demonio que me está empezando a fastidiar.
La amenazante voz del muchacho calló a Belzemont. Debía medir bien las cosas, si quiera vivir para reinar en las tinieblas.
-Phoebe, ¿ya no es mi amiga?-las lagrimas corrían por el rostro de Helga- Arnold, mamá…Mentiras y mas mentiras. ¿Por qué? ¿Porqué a mi?
-Hija…-se acercó Miriam.
-No me llames así. Yo no sé quién eres. Y tu Arnold-encaró la muchacha al chico que la miraba cabizbajo-Todos estos años. Sabes cuánto me duelen los engaños y las traiciones y no fuiste capaz de decirme esto. Cuántas veces me sentí culpable por haberte inmiscuido en este asunto y resulta que tú...Que tú…
-Escúchame bien… -intentó apaciguar la mujer.
-¡Déjame! ¿Porque si fuiste mi guardián tantas veces, te mostraste tan débil en las peleas?-continuó la ojiazul-¿Por qué Arnold? Todo es mentira hasta el supuesto amor que me tenías. Todo.
-Eso no es cierto Helga. Si hay algo verdadero aquí es el amor que te tengo. La razón por la que ni tu madre, ni yo, nos presentamos fue porque sentimos lo que les paso a los guardianes que se dieron a conocer.
-¿Que les ocurrió?
-Desaparecieron, murieron, fueron perseguidos por Belzemont dejando a sus protegidos solos, como a Li. ¿Acaso querías que nos pasara lo mismo? ¿Acaso querías que desapareciésemos?
-Por supuesto que no. A pesar de todo los quiero mucho. Espera, Phoebe tiene a un guardián dentro, al de Shaoran. Es decir ¿qué aun hay esperanza?
-Así es hija, aun el bien y el mal se debaten en el corazón de Li para gobernarlo. Si Phoebe no estuviera, el mal hace rato se hubiese apoderado de él por completo.
-Aun puedo traerlo a mí.
-Olvídalo-interrumpió Li, quién había escuchado pacientemente toda la conversación-Eso solo funcionaría si yo quisiese regresar y no quiero.
-¡Muereeeee!-gritó Belzemont lanzándose contra Phoebe que observaba todo a lado de Shaoran.
-No te atrevas-murmuró el chico interponiéndose. Las garras del demoníaco ser atravesaron el hombro del chico.
-¡Noooooo!-se asustó la rubia mirando la escena.
-No permitiré que la lastimes. Ella es uno de los míos ahora….-continuó el castaño tomando del brazo al demonio y forzándolo a sacar sus garras. Con rabia, lo lanzó nuevamente al suelo.
-Mi señor, ¿está bien?-interrogó Azazel.
-Ese chico, es más fuerte de lo que creí…
-¿Porque lo hizo?-susurro Azazel mientras alejaba del alcance del chico a su señor.
-Mientras esa estúpida mocosa este viva y sea el guardián de Li, él podrá volver a luchar a favor del bien y si eso sucede créeme que no será nada bueno para nosotros.
-Es imposible, él no dejará que nos acerquemos. Y si lo hacemos es probable que acabe con nosotros.
-…
Belzemont guardó silencio ¿cómo no se había dado cuenta del engaño? De que el chico no había perdido la memoria, de que aún su guardián vivía en el cuerpo de otra persona, de que dicho guardián podría traer de vuelta el bien al cuerpo del muchacho ¿Cómo? Había cometido un grave error en confiar en Li. Por mucha oscuridad que existiese en su corazón, mientras existiera una pequeña luz de bien allí esto sería en vano. Debía pensar, la manera de acabar con todo. De volver a tomar el control de la situación. Pero ¿Cómo?
-Escúchame Helga-empezó Arnold- Vamos a llevar a cabo la batalla final, de esto depende el destino del mundo. Él lo sabe.
-¿Shaoran?
-Si, como lo escuchaste. No quiere una pelea injusta y sin tus guardianes de por medio lo seria.
-El poder de un guardián-interrumpió Miriam-Incrementa él de su protegido.
-Pero porque se llevó a Phoebe.
-Él no se la llevo, ella decidió ir con él. Debes entenderla. Es su guardián, tal como lo fueron Terra y Ariel. Tal como lo somos tu madre y yo-explicó Arnold.
-¡Escucha!-grito el castaño harto de tanta conversación y espera-Lo único que tienes que entender ahora, es que llegó la hora de pelear. Tú con tus dos guardianes y yo con uno y mis poderes oscuros. Llegó el momento de decidir qué triunfará sobre qué.
La rubia bajó su cabeza ante estas palabras. Era cierto, no había tiempo de ponerse a pensar y tratar de entender lo que había pasado.
-¿Estas lista?-interrogó Li a Phoebe, sobresaltándola.
-¿Para qué?
-Arnold y Miriam. Tendrás que pelear con ellos.
-Pero yo...
-Estás sola, lo sé pero mi poder te ayudará.
Li observo a Belzemont fríamente ya habría tiempo de encargarse de ese sujeto detestable. Helga se incorporó y observó al chico.
-No quiero pelar contra ti. Pero si no tengo otra salida lo haré.
El muchacho extendió sus alas y se lanzó contra la chica quién segura, lo espero. Los dos chocaron sus manos creando un espectacular despliegue de poder.
-Lo siento Phoebe, si te derrotamos debilitaremos a Li. Es necesario para que gane Helga. Espero lo entiendas…-murmuró Arnold con tristeza abalanzándose contra la pelinegra -No es nada personal.
La muchacha extendió sus manos para protegerse del golpe sin embargo este nunca llegó, sendas corrientes de puntas afiladas de flechas salieron del aura que la rodeaba enviando al rubio al suelo.
-Arnold-se acercó enseguida Miriam, observando las heridas que aparecían en todo su cuerpo.
- Este poder me lo dió Shaoran para defenderme- suspiró aliviada Phoebe.
Debía pelear, no quería pero era su deber. Más aun si el castaño se había tomado la molestia de brindarle protección para que luchase.
Belzemont y Azazel permanecían cautelosamente lejos del campo de batalla. Un plan se había ideado en la malvada mente del primero, era arriesgado, aun así era lo único que le daría ventaja en aquellos momentos. Apoderarse de los objetos perdidos. Esa era ahora su meta.
Una enorme esfera brillante había rodeado a los dos protagonistas principales que permanecían concentrados y ajenos a estas malignas ideas: Helga intentaba hacer retroceder a Li pero este no cedía, los dos expandían corrientes y corrientes de energía: oscura contra pura, mal contra bien, todo en una conjugación casi fantástica y digna de ser admirada de no ser por la tensa situación que se estaba viviendo.
-Por favor. Detente. No quiero lastimarte.
-¿Tú?-sonrió fríamente el castaño ante lo que la muchacha acaba de decir-No me hagas reír.
Propinándole una patada en el estomago, el chico logró mandarla lejos, estrellando su cuerpo contra una de las pocas paredes de aquel sitio. No muy lejos de ellos la pelea de los guardianes se desarrollaba con intensidad. Miriam formaba en sus manos una esfera de viento y lo lanzaba contra Phoebe mientras Arnold usando el poder que provenía de la Tierra pudo sostenerla al suelo.
-¡Oh no!
Justo cuando el golpe estaba a punto de llegar unas gotas de agua empezaron a caer a su lado. Había empezado a llover. Rápidamente la chica usando su habilidad formó un escudo de agua a su alrededor logrando protegerse.
Li al ver que su contrincante intentaba ponerse nuevamente de pie extendió su mano enviando una especie de oleada oscura contra Helga, la cual le dió de lleno produciéndole varias contusiones en su cuerpo y algunas heridas de gravedad. La sangre empezó a fluir y caer sin contemplación.
-¡Arnold encárgate!-ordenó Miriam al ver esto mientras se protegía de los ataques de Phoebe.
El muchacho se acercó a una velocidad impresionante hacia la maltrecha rubia.
-¿Qué fue eso?-interrogó entrecortadamente.
-Un ataque muy poderoso-contestó el cabeza de balón colocando sus manos sobre Helga e irradiando su energía sobre ella para sanar sus heridas-No sé de donde vino pero estoy seguro que no es la única sorpresa que él tiene guardado. Debes tener cuidado.
La ojiazul permanecía estática… Confundida… De rodillas en el suelo... A pesar de que Arnold la había curado el dolor seguía allí. Tardo un momento en percatarse de que este no era físico.
Shaoran la persona a quien más quería, quien según ella "jamás la lastimaría" acababa de atacarla de una manera que de no ser por su guardián pudo haberla llevado hasta la muerte. Sus ojos se posaron en su madre y su querido cabeza de balón que acababa de llegar a su lado para apoyarla, ambos se protegían de unas cadenas oscuras que surgían a simple vista del cuerpo de Phoebe. Con desolación bajo su cabeza. Hasta el momento no se había percatado de la seriedad de la batalla. Pero ahora, en realidad Shaoran quería matarla...Acabar con su vida...La pregunta era ¿Qué quería ella en ese momento? O mejor dicho ¿Qué haría en aquel momento?
-¿Acaso no piensas seguir?
El muchacho observaba con frialdad a la chica quien con tristeza respondió.
-Sabes, acabo de darme cuenta de algo.
-¿De qué?
-Esto es real. No es parte de mi loca imaginación. No es un sueño. Mi madre y Arnold pelean contra mi mejor amiga. La ciudad ya no existe. Todos murieron. Los seres a los que alguna vez quise y sigo queriendo ya no están. Y lo peor de todo. Tú, el chico que más quiero, que un día prometió cuidarme: es mi enemigo. ¿Por qué? Yo te quiero tanto…
-Eso es mentira…Tú no me quieres…Todo es Mentira… ¡Mentira!
Una intensa rabia creció en Li quién enarbolando la espada sagrada que en esos momentos brillaba maléficamente y ansiaba cobrar la sangre de algún inocente se lanzo contra la rubia. Está, a su vez, solo pudo alzar sus brazos para protegerse del ataque ya que la reacción del chico la había tomado por sorpresa. Pero el dolor nunca llegó. Suavemente abrió sus ojos percatándose que un extraño brillo, proveniente de la cadena que habían encontrado en esa misteriosa cueva al fondo del mar, la protegía.
-Los objetos perdidos-sonrió ambiciosamente Belzemont al ver su poder en acción.
-¿Como los vamos a obtener? Ellos los están usando.
-No lo sé. Firmaríamos nuestra sentencia de muerte si nos acercamos, sobre todo a Li, e intentamos arrebatárselos.
-Y si los distraemos-interrumpió Azazel.
-La pregunta es con qué para ellos no representamos gran amenaza que digamos.
Los ojos del sirviente de Belzemont se posaron sobre la batalla entre guardianes que se libraba.
-Ellos tienen una debilidad.
Belzemont entendió lo que Azazel trataba de decir. Irían tras los guardianes, de esa forma tendría al menos una oportunidad para apoderarse de lo que tanto ansiaba.
-A pesar de que tengas ese objeto. No lograras protegerte de mí.
Li guardo su espada y se lanzó contra Helga propinándole un puñetazo en el estomago. La chica escupió algo de sangre. Sin embargo no se amedrentó, percatándose de que el chico ahora quería un combate cuerpo a cuerpo se propuso atacarlo con todo lo que él mismo se había encargado de enseñarle antaño. Golpeándolo en el rostro la muchacha mando lejos al castaño quién, limpiándose la sangre que caía por su nariz se incorporó y se lanzó para atacarla.
-No esta vez… -susurró la rubia sorprendiendo al muchacho en plena carrera.
Unos pergaminos regados por el suelo de los cuales Li no se había percatado, se elevaron a su alrededor, tanto fuego como viento lo atacaron. Quemándolo y al mismo tiempo cortando su piel. Helga espero que Phoebe hiciese lo mismo que Arnold con ella: curarlo, pero esta nunca se acercó. Al contrario permaneció peleando con sus guardianes.
-No necesito de mi guardián para recuperarme-sonrió fríamente el castaño a medida que movía sus brazos estirándose y dejaba ver como su piel lentamente se recuperaba y cerraba sus heridas- Eres muy lista. Nunca me paso por la mente que usaras las técnicas que yo te enseñé contra mí. Me tomaste por sorpresa.
-Dijiste que las usara para protegerme de quien osara dañarme. Y para mi tristeza, quien quiere lastimarme ahora, eres tú ¿Por qué Shaoran? ¿Por qué quieres lastimarme?
-Y sigues con eso. Sabes estas empezando a cansarme.
Helga se acercó lentamente al muchacho que en aquel momento distraído observaba como Phoebe literalmente mandaba a volar a Arnold por los cielos a través de una técnica de agua.
-No me has respondido.
La cercanía de la rubia sorprendió al chico. Se encontraba a tan solo un metro de él.
-No te me acerques.
-¿Qué pasa? ¿Me tienes miedo? ¿El todopoderoso Shaoran le tiene miedo a una indefensa niña?
Sabía que estaba provocando a su ahora enemigo pero quería saber, necesitaba saber si con alguna de sus antiguas tácticas infantiles lograría hacer reaparecer al niño que ella tanto quería en ese ser frío en el que se había convertido.
-Aléjate de mí.
-No...-se negó la joven-No hasta que me respondas, ¿porque quieres acabar conmigo?
-Porque eres la fuente del bien.
-Eso no es cierto, dime ¿Por qué dejaste que la oscuridad dominara ese corazón tan puro que tenías?
-¿Quieres saber porqué?-interrogó el chico a lo que Helga asintió con firmeza-Porque te odio. Porque no te soporto. Jugaste con mis sentimientos. Tú. Cuando creí que podría ser feliz. Tú me causaste dolor. Mucho dolor y es algo que jamás te perdonaré.
-¿Me odias?
Las lágrimas se formaban en los ojos de aquella niña a la cual la respuesta recibida acaba de destruir.
-No llores-musito fríamente Li, acercándose al borde del edificio y observando la neblina que en aquel momento cubría casi la tercera parte de aquel sitio-Querías que te respondiera pues lo hice. Ahora a pelear.
-Es todo lo que te interesa ¿verdad?
La rubia lo había seguido hasta el borde del edificio pero ahora estaba enojada. No le importaba que el chico estuviese de espaldas ahora el tendría que escucharla.
-Todo lo que quieres es pelear conmigo, acabar conmigo. ¿Por qué? Ni tú mismo lo sabes… No creo que me odies. Nadie puede odiar en tan corto tiempo. Entonces porque te interesa pelear ¿Quieres demostrarme que eres fuerte? ¿Poderoso? Eso lo sé ¿Para qué quieres seguir con esta pelea? ¡¿Para qué?!
-¡No lo sé!- respondió el chico abriendo sus negras alas con ira y empujando sin querer con las mismas a la pequeña a quién el movimiento tomó por desprevenida.
-Shaoran-musitó angustiada la chica a medida que caía del edificio en el que se hallaban.
-¡Helga!- gritaron Phoebe, Arnold, y Miriam al ver el suceso.
-Está bien-susurró el chico acercándose al filo y viendo como la muchacha había logrado aferrarse a uno de los hierros que sobresalían de aquel chamuscado sitio.
-Ayúdame-suplicó la rubia.
-¿Acaso no puedes levitar?
-Soy una niña, no una bruja.
Li alzo una ceja ante semejante contestación.
-Shaoran, ayúdame...-la mano de la joven empezaba a resbalar.
El muchacho le dió la espalda.
-Arréglatelas como puedas, ¿entiendes lo que significaría para mí ayudarte?
-Ayúdame, por favor...
-Significaría que te tengo compasión y eso a su vez...Significaría que tengo corazón...
-¡Shaoran!
Las manos de Helga resbalaron, dejándola caer a aquel abismo neblinoso. Lentamente sus azules ojos se cerraron, sentía como las frías ráfagas de viento lastimaban su cuerpo, mientras se precipitaba al suelo. Sabía que nada la salvaría. Había llegado a su fin, de la manera más tonta, había sido derrotada. Lo único que le dolía era no haber podido recuperar a Shaoran, ahora el mundo quedaba en oscuridad.
Un repentino ventarrón y luego la sensación de que algo volaba hacia ella hicieron que abriese sus ojos, de un momento a otro quien menos esperó que la rescatara la atrapaba en el aire y sosteniéndola en brazos volaban de vuelta al lugar en donde se estaba desarrollando la batalla.
-¿Porque?-interrogó el castaño-¿Por qué no pude simplemente dejar que te estrellases contra el suelo?
-Shaoran-la joven se abrazó mas al cuello de su héroe, de su amado niño que en el último momento había vencido esa oscuridad y la había salvado de morir.
-Esto no debería suceder-con lentitud soltó a Helga y se alejó. La cabeza le daba vueltas. Cuando ella cayó no sintió la satisfacción que esperaba, de hecho algo dentro de sí le dijo a gritos que la salvase ¿Por qué? ¿Dónde estaba esa maldad adquirida? ¿Esa oscuridad que dominaba su corazón? ¿Dónde? La confusión nuevamente reinaba su mente.
-Sé que estas ahí, Shaoran-susurró suavemente Helga-Sé que dentro de ti esta el chico lindo que conocí, por favor. Reacciona. Hazlo por mí, no me dejes en esta batalla sola.
-¡Cállate!
El castaño agarró bruscamente a la muchacha por el cuello y la acorraló contra una de las paredes que los rodeaban. Miles de ideas se debatían dentro de él, y esto lo irritaba de sobremanera. Creía que acabando con Ángeles, acabando con el motivo de todas sus desgracias, sufrimientos, dolor…Acabaría con esa confusión desesperante que lo embargaba…La mano del chico se cerró suavemente sobre el cuello de la chica a quien el aire empezaba a faltarle.
-¡Noooo!
El grito aterrado de Miriam llamó la atención de los dos. Arnold forcejaba y trataba de zafarse de las garras de Belzemont. Azazel sostenía en sus manos el cuerpo de Phoebe que en ese momento derramaba copiosas cantidades de sangre.
-Phoebs-sollozó Helga.
Li la soltó. Intentó avanzar hacia su guardiana para ayudarla pero algo en su interior lo mantuvo paralizado. Sensaciones de ahogo, desesperación y puro odio empezaban a dominarlo. El aura maligna que lo rodeaba se volvió más grande, como si la oscuridad dentro de si estuviese creciendo cada vez más, sin control. El muchacho tomó la espada nuevamente e intento atacar a los demonios pero no lo logró, algo estaba emergiendo dentro de sí. Tiró el objeto a un costado. De manera descontrolada empezó a alejarse con las manos en la cabeza.
-¡Maldito! -pronunció Helga lanzando dos de los últimos pergaminos que le quedaban contra Azazel quien se vio obligado a soltar a la niña.
-¿Qué pasa princesa? Te duele que hayan acabado con tu amiguita.
La ojiazul ignoró los comentarios de Belzemont y se arrodilló cerca del cuerpo de Phoebe. Tomando con cuidado la cabeza de la pelinegra la apoyó sobre sus rodillas.
-Helga-susurró la chica-Perdón. Lo siento.
-No tengo nada que perdonarte….No te muevas...Todo estará bien...Tranquila
Los ojos de la pequeña pasaron de la sangre que en ese momento resbalaba por los labios de su amiga hasta el agujero dejado en su estomago por ese demonio. Era imposible que se salvase. ¿Cómo no se había percatado de ello? ¿En qué momento había ocurrido eso? ¿Quizá cuando cayó?, ¿quizá después cuando Shaoran la salvó? No lo sabía pero el caso era que su amiga había perdido una enorme cantidad de sangre y por más que intentara cerrar su herida ella no sobreviviría. No lo haría.
-Creo que…el poder de Li no funciona cuando estoy distraída…Ese maldito me atacó cuando peleaba con Arnold…Es un tramposo
-Es un demonio Phoebs, ¿qué esperabas?
-Je je. Nunca pierdes tu sentido del humor ¿eh? Helga.
- No hables, te vas a agitar.
-De esta no me salvo.
-No. Recuerda que tú y yo seremos amigas para siempre. Phoebe, no me puedes dejar. No después de todo lo que hemos pasado juntas.
-Es cierto. Nosotras nos conocemos desde hace mucho tiempo atrás.
-Phoebe…
-No llores. Sé que si vences a Belzemont todo habrá valido la pena. Mi sacrifico y el de todos en Hillwood.
-No hables así, no quiero quedarme sola. Primero Shaoran…
-Él no es tu enemigo pero lo va a ser si no llegas a él.
-¿De qué hablas?
-Sin guardián su corazón será eternamente oscuro.
-¿Qué?
-Voy a morir eso lo sé, pero tú tienes que llegar a su corazón antes que el caos lo domine y se vuelva completamente maligno.
-No digas eso, vas a estar bien...
-Tú mejor que nadie sabes que eso no es cierto. Eres más que una amiga. Eres como mi hermana. Cuídate. Salva a Shaoran y este mundo. Hazlo por mí y por todos los que han muerto. Promete que no dejaras de luchar, que no te dejaras derrotar por esto.
-Pero…
-¡Prométemelo!
-Te lo prometo. Te quiero mucho, Phoebs.
-Yo también. También… te quiero… Helga.
Con una sonrisa en los labios la pequeña emitió un último suspiro. Los ojos de la muchacha se cerraron para siempre. Phoebe había muerto.
-No, no…por favor…No…Phoebs. Abre tus ojos. Despierta. No me dejes. Amiga. No…-un enorme vació en su corazón se acaba de formar. Sentía que parte de si le había sido arrebatado. Se sentía mal.
-Hija, tranquila.
-Se murió mamá…Ella se murió…-sollozando la muchacha se abrazó a su madre. Miriam aun no podía entender que había pasado, todo había sucedido tan rápido. Habían estado luchando y de un momento al otro Azazel y Belzemont interfirieron el primero atacando a la pequeña y el segundo...
-Basta de lloriqueos Ángeles, tengo a tu noviecito aquí y si no me das la cadena el correrá con la misma suerte que esa mocosa.
-No se lo des. Te costó mucho trabajo-musitó el cabeza de balón-No dejes que el último objeto perdido caiga en manos de estos malditos.
Belzemont golpeó el estomago del chico haciendo que este escupiera una buena bocanada de sangre.
-¡Acabaré con los dos!-grito llena de ira la joven, pero antes de que si quiera pudiese dar un paso observó como el maléfico demonio extendía su dedo como cuchilla filosa al cuello del rubio.
-¿De verdad vas a querer que lo mate?
-No Helga. No lo hagas…
La ojiazul suspiró. No quería perder a nadie más.
-Suéltalo y te la daré.
-¿Crees que soy tonto chiquilla? Quien me asegura que me la darás. Entrega la cadena a Azazel y soltaré a este.
-¿Quien me asegura a mí que no me engañarás?
-Tendrás que confiar.
Al ver que no tenía alternativa. Con tristeza se sacó la cadena del cuello y se la dió al demonio que había acabado con la vida de su amiga. Azazel parsimoniosamente la tomó y volvió a lado de su amo. Belzemont con una sonrisa empujó al niño al lugar en donde estaban Miriam y su hija quienes enseguida se acercaron.
-No debiste hacerlo, Helga...Ese objeto...
-Ese objeto no vale más que tu vida. Eso te lo aseguro.
-Phoebe esta…
-Se nos fue Arnold, murió…
El chico abrazó a la pequeña, quien nuevamente empezó a llorar. Le dolía tanto, aun no asimilaba que su mejor amiga ya no estuviese allí.
-Mi señor, mire lo que Li dejó caer-Azazel acaba de encontrar la espada sagrada.
-Al fin los dos objetos perdidos están en mi poder-sonrió Belzemont colgándose la cadena y tomando la espada.
-Y bien, ¿cómo funcionan?-interrogó curioso el esbirro.
-Así.
Belzemont enarboló la espada y sin darle tiempo a reaccionar atravesó el corazón de Azazel. Helga, Arnold y Miriam observaron estupefactos, esta acción tan fría. De una manera tan horripilante, había acabado con quien siempre le guardo fidelidad, lealtad y hasta se podría decir cariño. ¿Por qué? Durante unos breves segundos el demonio permaneció quieto, no sucedía nada pero luego empezaron a brillar los dos objetos formando un aura oscura alrededor del cuerpo de su cuerpo incrementando su fuerza.
-No puede ser. Es nuestro fin.
Helga no podía dejar de observar a este demoníaco ser y las oleadas y oleadas de poder que empezaban a alimentarlo.
-Creo que tenemos cosas más graves de que preocuparnos-Arnold hizo que Helga volteara a ver al castaño.
Una especie de torbellino oscuro rodeaba a un Li inconsciente que flotaba en medio de este. Rayos y truenos cruzaban entre el cuerpo del niño mientras desde la base poco a poco el aura oscura avanzaba ganando más terreno.
-¿Qué le ocurre?-interrogó confundido el rubio.
-¡Shaoran!-llamó desesperada la muchacha lanzándose hacia el torbellino.
Al escuchar su voz, los ojos del chico empezaron a abrirse. Estaban oscuros, sin pupila tal como un profundo abismo en medio de la noche más negra. Enormes corrientes de energía se lanzaron contra la muchacha quien tirándose al suelo logró aferrarse a este y no salir despedida por los aires.
-Helga, detente-Arnold se había acercado para persuadirla-Él es muy peligroso.
-No puedo abandonarlo. Ya una vez lo dejé solo, esta vez no lo perderé, Arnold. No pienso perderlo.
-Tanto te importa.
-Me importa más de lo que imaginas.
Látigos de fuego que destruían todo lo que tocaban surgieron de aquel extraño torbellino, estos empezaron a moverse cual tentáculos de un pulpo azotando una y otra cosa. Uno de ellos se dirigió hacia la pequeña que intentaba avanzar hacia Li.
-Helga, cuidado-previno Arnold interponiéndose.
El maltrecho y casi quemado cuerpo del chico cayó de inmediato al suelo. La ojiazul se acerco a gatas, intentó ayudarlo, concentrar su poder para curarlo, sanar esas quemaduras pero no podía...Estaba tan herido…
-¿Por qué?-lloró la muchacha.
-Helga...-bisbisó secamente el chico-Eres lo mejor que me pudo haber pasado...Lamento haberme dado cuenta demasiado tarde…Te amo.
-Arnold yo…
-Tú me amas lo sé pero tu amor no es tan fuerte como el que le tienes a Shaoran. Ahora lo entiendo. Lamento si te hice sufrir.
Dando un suspiro el pequeño murió.
La joven lloró desgarradoramente sobre el cuerpo de quien en vida había sido su pequeño amor, ¿porque ocurría todo eso? Ella no quería que eso pasase. Porque las personas que quería debían partir. La muerte, odiaba esa palabra y todo lo que lo que se relacionase con ella. No quería perder a nadie más, no quería más dolor, su corazón no aguantaría una perdida más. Esa batalla final se estaba saliendo de control, había perdido a todos. Ahora quien seguía ¿Quién?
La mano de su madre la hizo reaccionar.
-Mírame, es hora de que despiertes Ángeles.
La muchacha no entendió las palabras de su madre aunque sintió una extraña sensación dentro de sí.
Una brillante luz surgió del centro del torbellino, formando una oscura oleada que se lanzo contra todo el sito evaporizando las cosas al contacto.
-Oh no...-Miriam al ver esto, empujó lejos a su hija-Lucha por este mundo…No te preocupes por mí, ni por nadie mas...Todo estará bien si ganas la batalla final...Todo estará bien…
El cuerpo de la mujer al contacto con esa energía se evaporizó reduciéndose a simples cenizas.
-¡Mamá!
Helga cayó de rodillas, esperando quedar reducida por esa maldita oleada pero esto nunca ocurrió. Una extraña luz brillante la rodeaba protegiéndola de la destrucción.
-No dejes que el sacrificio de ellos sea en vano-escuchó una voz en su cabeza.
-¿Quién eres?
-Alguien que te conoce muy bien.
-Ángeles.
-Así es, Miriam me despertó antes de morir. Eres la única esperanza de este mundo. No permitas que la muerte de tus amigos, de tus padres, de tu familia sea en vano.
-Pero...
-Sé que el dolor que estas sintiendo en este momento es mil veces más horrible de lo que alguna vez imaginaste, pero debes sobreponerte. No dejes que lo que le pasó a esta ciudad le ocurra a otras partes del mundo. Sé fuerte.
La rubia limpió sus lágrimas. Había entendido que en esa batalla costase lo que costase ella debía ganar. Por el mundo, por los demás, por ella misma...Debía acabar con Belzemont a si sea a costa de su propia vida.
-¿Que tengo que hacer?
-Recuperar a Shaoran.
-¿Cómo?
-Esa respuesta está en tu corazón.
La muchacha pensó, en ese momento sentía dolor. Nada más que eso aunque también resignación. Sentir a Ángeles dentro de sí misma la hacía tener fuerzas. Pero lo que más la animaba era lograr que Shaoran volviese a ser el mismo, el mismo muchacho dulce, ingenuo y tierno que una vez decidió ayudarla, que luchó por salvarla innumerables veces que prefería dar su vida para salvarla. Aquel ángel, que vestido de blanco llego entre sueños para salvarla, para rescatarla de aquel mundo de tinieblas en el que se había encontrado después de aquel terrible suceso. Juntando sus manos en el corazón camino con los ojos cerrados, dejaba que su corazón la guiase, sentía las ráfagas del torbellino cada vez más cercanas. Eso quería decir que casi estaba llegando al chico.
-Llévame con él-susurró para sí misma mientras sentía como el viento la elevaba y daba vueltas y vueltas con ella. El frío era atroz, tenía miedo de lo que pudiese suceder pero aun así no iba a renunciar. No abriría sus ojos hasta que no se encontrase frente al pequeño. Después de lo que parecieron minutos dando volteretas en aquel aterrador torbellino de maldad sintió que se acercaba a algo o a alguien. Abriendo sus ojos observó que el castaño estaba muy cerca, aferrándose a su cuello logro sostenerse, la oscuridad que abajo reinaba parecía querer atacar a la chica pero ella no le dió importancia. Solamente miro a su inconsciente Shaoran.
-Despierta-musitó.
El chico nuevamente abrió esos ojos llenos de vacío, de oscuridad.
-Tranquilo...-Sonrió la chica-Solo quiero ayudarte.
Con estas palabras la muchacha acortó la distancia que quedaba entre el castaño y ella y juntando sus labios con los de él se fundió en un beso. Un beso que hace mucho tiempo esos dos corazones había ansiado. La energía pura de Ángeles, los rodeo formando una esfera blanca dentro de aquel torbellino.
-Bienvenida al corazón de Shaoran, Helga.
La rubia abrió los ojos sorprendida, intentó vislumbrar a quién le hablaba pero la oscuridad era tan profunda que no veía nada.
-¿Quién eres?
-Me llamo Sakura. Fui, Soy y siempre seré la compañera de Shaoran.
-Ese nombre…Tu me ayudaste una vez…Acaso vas a ayudarme de nuevo…
-…
-Por favor, dime como sacarlo de la oscuridad en la que está. Dime como salvar a Shaoran.
-Porque habría de hacer eso. Yo lo convertí en lo que es ahora. Y no habrá nada ni nadie que pueda ayudarlo.
Esa voz, una voz cargada de odio, de frialdad, de rencor.
Helga suspiro profundamente, tenía miedo, pero no iba a dejar que eso la dominara.
Había llegado muy lejos por rescatar a Shaoran y ahora que estaba en su interior no iba a dejar que la oscuridad lo consumiera…
Iba a ser lo que fuera para salvarlo…
Lo que fuera…
Y con esto terminamos el capítulo número 27 de esta interesante historia...
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Gracias por leerme. Nos vemos en el próximo capítulo.
