No entiendo que hago en este fandom, pero bueno ya que mi cabeza tiene ideas que quiere escribir, no pienso retenerme de algo que podría gustarme. No estoy acostumbrada a basar una historia en un OC, si los creo los hago como complemento de personajes ya existentes. No quiere decir que no van a salir los personajes de Katekyo, pero si bien salen, van a notar más comúnmente puntos de vista de mi Oc.
Katekyo no me pertenece.
Esta historia basa la línea del manga, donde al final de este los arcobalenos están libres de su maldición y Reborn sigue siendo el maestro de Tsuna.
Océano profundo
Capitulo uno: Inicio de un todo.
La vida de Charlotte Evans, inicio antes de lo esperado, su parto era de alto riesgo y su nacimiento fue prematuro. Por lo cual tuvo que vivir los primeros tres meses de su vida en una incubadora, antes de ser traspasada a la mansión principal de la familia Lougthy en Estados Unidos. Ahí fue criada por una mujer llamada Sagar, quien si bien no era su madre, dado que esta murió en su parto, sería la única figura materna que tendría de ahora en adelante. En realidad Sagar era la madre de su madre, lo que la haría técnicamente su abuela, quien odiaba profundamente a su padre por hacer que su querida hija, fuera separada de la familia.
¿A qué se refieren con Familia?
Bueno según los escritos, la familia Lougthy era procedente de Inglaterra y su nombre significaba pequeño Lago. Esta familia en la antigüedad, fue conocida por ser parte de una familia de vigilantes, que durante tres generaciones fue parte del oscuro mundo de la mafia. Siendo liderada por las mujeres que descendían de la primera jefa.
Miracle Dalai.
Aun así al parecer en la tercera generación de la familia, tuvo problemas con otra familia influyente de Italia y España, lo cual provoco que esta tuviera que irse al occidente. Donde dejaron los lazos de la mafia y se transformaron en inversores, convirtiendo la familia Lougthy en una cadena de bancos.
Era un mundo prospero, pero la familia quería volver a obtener poder, por lo cual desde la madre de su abuela Sagar, se tenía planeado regresar a el mundo de la mafia. Ya se habían hecho varios trabajos y estaban preparándose para entrar. Obteniendo un gran poder armamentista, junto con la reconstrucción jerárquica que tenía la familia cuando estaba en la mafia, como entrenamiento para sus actuales y posibles miembros.
Pero la familia Lougthy quería hacer las cosas bien.
Al igual que con otras familias, las llamas eran algo conocido para los altos mandos de esta familia, pero a diferencia de las llamas del cielo que se encontraban por todo el mundo o las muy poco comunes llamas de la tierra, la familia Lougthy tenía una línea sanguínea especial.
Poseían las llamas del océano, más bien era como un flujo de energía, no tenía nada que ver con llamas. Pero en los escritos familiares, las llamas del océano estaban al lado de las llamas de la tierra y las llamas del cielo. Solamente que en esta familia, las llamas no se propagaban en cualquiera, solo en aquellos que tuvieran descendencia directa, con la primera familia que conformo Miracle Dalai. Sin la sangre de dicha familia, aunque fuera mínima, la esperanza de la llama no se activaría. Aun así entre los descendientes confirmados, la manifestación de la llama era casi nula.
Entonces con la esperanza que esta generación, la décima desde la matriarca Dalai, volviera al mundo de la mafia, cada niño de las familias con linaje sanguíneo acto, fueron reclutados.
Fue bastante exhaustivo y riguroso, pero con años de paciencia se lograron obtener a los seis guardianes.
El Mar.
La mano derecha oficial del océano, donde su trasparencia deja ver las criaturas marinas y quien converge con la tierra. Esta llama permite unir a las demás con el océano, es el transmisor y posee una gran capacidad de esparcirse a lo largo de la tierra.
La Ola.
La llama con más potencia de los guardianes, cuyas olas pueden ser un verdadero espectáculo de la naturaleza, como también una fuerza destructiva en forma de tsunami. La ola no puede existir sin el mar, por lo tanto, ambos comparten un lazo especial.
La Lluvia.
La llama que comparte las características con su parte del cielo. La única diferencia de esta llama no es su serenidad, si no es su unión mística con el océano. Entre los guardianes del océano, esta llama destaca por ser el guardián que alimenta al atributo del rio y es provocada por el atributo del vapor.
El Vapor.
La llama más impredecible, puede ser utilizada de forma curativa por la medicina, como puede ser tan potente como el fuego mismo. La forma en que el agua debe transformarse en vapor, es el secreto de esta llama quien vive en constante transformación. Siendo de los más poderosos de los guardianes.
El Rio.
El que se amolda, la llama que esta entre la tierra y aun así es la fuente de vida de muchos animales. Puede multiplicarse y desembocar en miles de ramificaciones, sin perder de vista su meta. Da vida a las plantas y su agua dulce es la llama más hermosa de todas.
El Hielo.
Desde los glaciares a la nieve, la llama del hielo representa las temperaturas frías del agua y su forma de solidificarse. El guardián alejado como la nube, quien siempre mantiene una actitud fría ante el peligro y cuya fuerza demoledora se compara a una ola.
Los seis guardianes que seguirían y protegerían al océano.
Lamentablemente para la familia, los descendientes directos de Dalai, se limitaban solamente a Sagar, su hija y su nieta Charlotte. Aun así la llama del océano no se había manifestado en ninguna, el último registro de un portador del océano, fue con aquellos que estuvieron en la mafia, tantas generaciones atrás.
Sin esperanza alguna, fue una sorpresa cuando a los dos años de edad, Charlotte en medio de su habitación de juegos, entre sus manos, manifestó esa preciosa llamarada azul profunda que brillaba hasta en sus ojos, que la coronaria como la próxima líder de la familia Lougthy.
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Charlotte era una niña de débil salud, por eso hasta los cuatro años, ella vivió cada día de su vida dentro de la mansión de su familia. Su abuela, su única pariente de sangre, era bastante estricta y aun a tan corta edad, le había traído tantos tutores, que era aburrido. Ella no era un genio, todo le costaba aprenderlo como un niño normal, algo que a su abuela le molestaba, decía que ella debía ser perfecta, algo que no podía hacer. Pero se esforzaba.
Aprender a tocar el piano, ballet, idiomas.
Aprendía todo con tal de recibir las pocas palabras de conformidad de su abuela, que le hacían sonreír con alegría.
Lo único bueno de hacer sus tareas, era que si ella cumplía con lo que su abuela pedía, tenía casi total libertad de hacerlo lo que quisiera dentro de su hogar.
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—Señorita Charlotte—gritaba la criada corriendo detrás de ella.
Quien estaba chillando emocionada, mientras todo a su alrededor quedaba lleno de harina.
Su abuela quien estaba disfrutando tranquilamente de una taza de té, mostrando unos profundos ojos azules como los suyos, pero un cabello larguísimo color rubio platino, simplemente ignoro toda la situación.
Incluso cuando se escuchó una explosión en la cocina, no dijo nada.
—Que buen té—murmuro a la nada en particular, mientras por la ventana veía el cielo despejado.
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Cuando cumplió seis años, sus clases de ballet fueron sustituidas, por clases de artes marciales. Había visto confundida a su abuela cuando le presento el instructor en medio de una habitación de entrenamiento dentro de su hogar. Las clases fueron patéticas, ella era bastante torpe y había costado dos años continuos, el poder tocar levemente el piano y ni que hablar del ballet. Su profesor pareció sorprendido de que fuera tan mala, pero la mirada de su abuela, la obligo a levantarse y seguirlo intentando.
Además su abuela había dejado que la peinaran con dos adorables coletas.
Se veía adorable.
Ella adoraba ser adorable.
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—Estas segura mi señora, la joven Charlotte no ha vuelto a manifestar su llama—hablo un sujeto que nunca en su vida había visto.
Charlotte sabía que espiar era malo, que si su abuela la veía, la mataría lentamente. Pero ella solamente veía a los empleados del hogar designados a su persona, ver a personajes nuevos, era algo totalmente interesante por descubrir.
Por la puerta observo a su abuela con expresión firme.
¿Llama?
—Mi nieta manifestara la llama del océano, así que deja de hablar o te matare—exclamo la mujer con tranquilidad, mostrando un arma de fuego que apunto sin piedad al hombre.
Este pareció estremecerse y casi hacerse en sus pantalones.
Charlotte lo ignoro todo, sabiendo que hablan de ella.
¿Llama del océano?
Cuando su abuela volteo a ver a su dirección, ella gimió antes de salir corriendo a su habitación, estaba muerta.
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Cuando cumplió siete años, fue la primera vez que vio a un niño, ella sabía que había otros niños por las películas y programas de televisión, pero era la primera vez que veía uno. Tenía el cabello más largo que el suyo hasta la cintura, mientras que el de Charlotte era por sus hombros, aunque ambos eran negros, Charlotte juro que el de la niña tenía destellos azulados. También había algo, sus ojos verde agua, eran tan hermosos, que ella sonrió, le gustaban los colores vivos.
Su nombre era Cordelia.
O al menos a si su abuela la presento.
—Ella va ser tu guardiana del mar, en la antigüedad, el guardián del mar fue la mano derecha de la matriarca Dalai—presento con tranquilidad.
¿Mano derecha?
Si bien sus ojos eran preciosos, su rostro era serio e imperdurable, tampoco parecía verla con interés, muy al contrario de ella que estaba extasiada de ver a otra niña.
—¿Podemos jugar juntas?—pidió con emoción contenida.
Una mueca imperceptible se formó en el rostro de esta, antes de volver a su rostro tranquilo.
Eso la desanimo.
Su rostro volteo a ver a su abuela, quien se mantenía igual de seria que de costumbre.
—Cordelia va ser tu maestra, ella ya es capaz de manifestar su llama y va a enseñártelo a ti—explico asintiendo a la niña.
Esta alzo una mano, donde un hermoso brazalete plateado estaba y en entre sus dedos un anillo de un color claro, quien se rodeó de un color agua marino y que parecía agua alrededor de este flotando.
Aplaudió emocionada.
Ella también quería hacer eso.
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Después de un año más de su vida, comprendió que Cordelia la odiaba, le costó averiguarlo ya que no tenía conexión con ningún niño y salir de la mansión le era prohibido. Aun si su anemia había sido controlada y solamente tenía bajos cada pocas veces, su abuela lo prohibía. En fin, aprender sobre el odio le costó muchos programas de televisión, incluso algunos anime que su abuela no vio con buenos ojos (de que gracia era saber un poco de japonés) . Pero cuando comprendió que pasaba y fue a preguntarle a Cordelia en su próxima clase para aprender a usar su llama (quien después de un año no aparecía) esta fue mortalmente sincera.
—Odio tener una jefe tan patética, odio toda tu existencia—dijo sin mostrar alguna emoción en su rostro.
Ella sintió que una flecha invisible la atravesaba, como en los anime que ella había visto.
Dolía.
Pero no dejo que eso le afectara, ella siempre tenía lo que ella quería.
—Voy hacer que me quieras y seas mi amiga—hablo con lágrimas en sus ojos señalándola.
La chica la ignoro.
Ella gimió por bajo, antes de empezar a llorar.
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A los nueve años fue capaz de volver a usar su flama del océano, fue momentáneo y fue visible para su abuela y Cordelia. Ambas habían mostrado un cierto grado de sorpresa, a pesar de ser personas con rostros muy serios. En cambio ella disfruto la sensación de tranquilidad al ver la flama en su mano, que a diferencia del verde agua de la otra niña, era de un azul profundo pero transparente, que parecía brillar. Ella quedo totalmente encantada. Fue como sentir que todo estaba bien.
Mientras veía la llama, sintió que veía algo en su interior.
Era una mujer.
Por un instante pudo verla claramente, como si estuviera frente a ella. Una mujer de larga cabellera castaño claro y ojos azul oscuro, pero brillante. No era su madre, ya que su madre era rubia, pero en su lugar, le recordaba un poco a ella misma, muchísimo más vieja. La mujer sonreía, con dos siluetas a su espalda, un joven de cabellera rojiza y otro chico rubio alborotada.
Entonces todo desapareció.
—Bien hecho Charlotte, serás un gran jefe de familia—expreso su abuela con satisfacción.
¿Jefe de familia?
Noto una mueca en el rostro de Cordelia, si bien no mostraba mucho su mueca, su cuerpo tenso y sus labios más fruncidos de lo normal, delataban lo mucho que no quería que esto pasara.
Ella rio nerviosa.
No estaba segura de ser la jeja de una familia, era pésima en sus artes marciales, apenas tocaba un poco el piano y ni que hablar del ballet, junto sus clases de pintura.
Ella era una inútil.
Pero el rostro de su abuela orgulloso, por primera vez en su vida, le hizo asentir emocionada.
Lo haría por su abuela.
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Cuando cumplió diez años fue la primera vez que salió de su hogar, su jardín no contaba, si no que salió del terreno de su casa. Vivian en una parte bastante verde y lejos de la ciudad, pero cuando vio por primera vez los grandes edificios de Washington, ella quedo totalmente encantada. Quiso comer todo lo que veía, pero su abuela la detuvo con su mirada mortal, que la hizo escalofriarse. Vio con viva curiosidad a los niños jugando con sus padres, si bien quiso hacerlo, sabía que su abuela la mataría antes de pedirlo.
Era muy estricta.
Al parecer su abuela pensaba que era hora de entrenarla en el negocio bancario, lo cual temía, ya que ella tenía nula amistad con los números o con las personas, así que fallaría.
Su abuela le dispararía.
Estaría muerta.
Detuvo sus pasos cuando algo en el piso la distrajo, era una cartera que alguien había arrojado. Al levantarla noto como una fotografía se salía de esta, donde mostraba un hombre rubio, con una mujer de pelo castaño y un niño de cabellera alborotada castaña.
Volteo en todas direcciones.
Un hombre alto y rubio, con grandes músculos, parecía ver en todas direcciones, a lo cual ella se acercó ignorando como su abuela seguía caminando. Toco el traje del hombre, totalmente negro y que parecía ser tan caro como los de su hogar, este giro a verla con curiosidad.
—¿Es suya?—pregunto aunque sabía la respuesta.
El sujeto de la fotografía era el mismo que el sujeto frente a ella.
Este sonrió aliviado antes de aceptarla.
—Gracias pequeña—respondió en un extraño acento tomando la billetera.
Asintió.
Pero cuando se volteo para irse, se paralizo al ver que su abuela no estaba a la vista, así que puso ambas manos en las mejillas con la frente azul. Amaba estar fuera de su hogar, pero estaba segura que después de ese día, su abuela jamás la dejaría salir.
Al final cuando comenzó a llorar, el sujeto la hizo caminar unos pasos al parque cercano donde la sentó en una banca. Este le calmo diciendo que su abuela pronto llegaría, lo cual no la tranquilizo, esta le había advertido que no se apartara de ella.
La mataría.
La usaría de blanco con su pistola.
No sería la primera vez.
Su abuela decía que ese era un entrenamiento bastante practico, algo sobre que uno de sus tutores le había enseñado así.
—Me recuerdas un poco a mi hijo, Tsuna—exclamo el sujeto llamado Iemitsu.
Giro a verlo con curiosidad.
—Ambos son igual de llorones—hablo antes de soltar una fuerte carcajada.
Sus ojos se oscurecieron y lo vio de mala forma
Ese hombre le provocaba mala espina.
Entonces parpadeo cuando vio una mirada nostálgica del hombre a la distancia. Su abuela le había dicho que su llama del océano, tenía tantas ventajas como desventajas, si bien aún no podía usarla siempre, tenía algunas características de ella.
Una de esas características, era que al ver a otra persona, podía comprender que pasaba por su mente, aunque ella no lo entendiera del todo. Era como ver en ellos, como si fueran agua trasparente para ella.
Como ese instante.
—¿Por qué extrañas a tu hijo?—pregunto sin comprenderlo.
Generalmente en la familia, el padre, la madre y el hijo estaban juntos. Pero en este caso el padre parece extrañar al hijo.
¿No eran una familia normal?
Este giro a verle algo sorprendido, antes de sonreír.
—Tsuna vive lejos de mí—
Eso podía entenderlo.
—Mi padre tampoco me ve nunca, mi abuela dice que es una escoria de la humanidad y no merece ningún contacto conmigo—explico sin pelos en la lengua, causando que el hombre la viera incrédulo.
Eso era otra cosa de sus fallos por la llama del océano…o tal vez solamente era su personalidad que le impedía relacionarse bien. Dado que no tenía mucho contacto con personas y siempre hablaba con sus subordinados, ella no sabía cómo comunicarse o que cosa contener.
¿Eso era bueno o malo?
—Debes extrañarlo mucho—hablo el hombre rubio con una leve sonrisa.
Ella negó con tranquilidad.
—Tengo todos los juguetes que quiero, todos en mi familia se inclinan ante mí y seré una jefe de familia—explico maravillada.
Su padre no tenía que ver en la ecuación, su abuela lo había dejado claro.
Aun así su sonrisa disminuyo.
—Aunque supongo que verlo un poco no estaría mal—susurro con ojos tristes.
Que se llenaron de espanto cuando vio a su abuela caminar en su dirección, con ojos rojos y aura de demonio. Chillo cuando esta la zarandeo enojada y con lo más cercano a preocupación que vería alguna vez, luego dio una leve reverencia a Iemitsu, quien no comprendió que pasaba, hasta que ella era arrastrada por su abuela.
Efectivamente esa tarde, se volvió el tiro al blanco de su abuela.
Terrorífica.
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Ella no tenía que ir a clases, debido a que tenía tutores particulares, los cuales no hacían que mejorara mucho. Sus conocimientos crecían generalmente, cuando su abuela la apuntaba con un arma para que estudiara, lo cual era un gran motivante. Pero dado a que había aprobado uno de sus exámenes de matemáticas, su abuela cedió a la insistencia de enseñarle a usar un arma de fuego. Era genial, ella había crecido en una familia, que si bien aún no estaban del todo en la mafia, no les importaba matar o torturar a sus enemigos, por lo cual creció sin algún respeto por la vida de otros.
Usar el arma era normal.
Su abuela la usaba.
Ella debía aprender también.
Curiosamente a pesar de que era torpe en casi todo aspecto de su vida, su abuela pareció impresionada cuando un arma de fuego en sus manos, era natural. En menos de unos meses, su puntería era perfecta y su sonrisa altanera nadie la quitaría de su rostro.
Ella era buena.
Nadie podía negarlo.
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Ojala hacer amigos fuera tan fácil como un arma en sus manos, había conocido a los otros candidatos a guardián para ella. No había salido tan bien. El candidato a Vapor la había ignorado, aunque creía que era porque era tímido, a pesar de ser casi cuatro años mayor que ella. El candidato a llama de ola, era el hermano mayor de Cordelia, quien parecía ignorarla fácilmente. La chica de la lluvia, simplemente sonrío mientras le dijo que era una idiota. El de hielo, bueno ese ignoro a todos los presentes. Por último la chica de llama del rio, solo bostezo antes de decir que era la peor persona posible para convertirse en jefe.
Aunque no quiso hacerlo, termino llorando frente a todos, lo que hizo que sus expresiones de fastidio incrementaran.
La odiaban.
Mucho más rápido que Cordelia.
Su abuela no hizo nada, diciendo que un jefe tendría que enfrentarlo.
—Voy a convertirme en la décima jefe de la familia Lougthy—grito con lágrimas saliendo de sus ojos, dispuesta hacer una salida dramática.
La cual termino cuando tropezó con sus propios pies, causando un suspiro colectivo y más llanto de parte de ella.
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En su 13 cumpleaños, recibió un regalo de parte de su abuela. Era un collar que poseía al final de este un hermoso anillo delgado, con una gema azul profundo en el centro, que parecía brillar cuando la acerco a su rostro. Esta comento que era la muestra como su futura sucesora, que ese anillo magnificaría el poder de sus llamas y seria quien la ayudara en incontables batallas. Lo puso con mucho cuidado sobre su cuello, observándolo con una sonrisa emocionada.
—Es hermoso—expreso emocionada.
Su abuela siempre le dejaba tener lo que quería, pero pocas veces le daba un regalo propio.
Esta asintió.
—Fue creado específicamente para la señora Dalai de parte del señor Giotto—indico la mujer mayor.
¿Giotto?
Era la primera vez que escuchaba de ese nombre.
Miro emocionada a su abuela, sin ocultar los deseos de conocer más de esa historia, ya que ella siempre amaba saber más sobre todo. Era como si su curiosidad no pudiera ser saciada nunca.
—El señor Giotto fue un amigo cercano de la señora Dalai en su juventud, al igual que Cozarto Simón, ambos sujetos la ayudaron en algún momento de la historia, creando una unión tan fuerte para que ella los mencionara en sus memorias—
—Pero abuela debió ser más, para que ese tal Giotto le regalara un anillo tan hermoso—
—En la historia solo se menciona que tuvieron una fuerte amistad, además tu antepasado tomo como esposo a un hombre Francés bastante famoso de la época—
Su rostro hizo una mueca viendo el anillo, no tenía nada de sentido lo que decía la abuela. Ella no hubiera regalado algo tan hermoso y detallado, sin sentir algo fuerte, pudiera que solo tuviera una fuerte amistad, pero su forma de ver las cosas, su intuición, decía más.
Pensó en ese tan Giotto.
Por una extraña razón los recuerdos de cuando uso su llama hace algunos años, donde había visto la imagen de una mujer y a su espalda a dos sujetos, llegaron a su mente. Recordó el joven de cabellera rubia, viendo con cariño a la mujer que ahora suponía, era su antepasado Dalai.
Apretó el anillo en sus manos, antes de ver a su abuela.
—Tal vez se querían, o tal vez Giotto quería a Dalai…tal vez no podían estar juntos y se separaron—musito teorías al azar en voz baja.
Su abuela suspiro.
—Deja de pensar en eso, Charlotte—
Si bien no dijo nada en voz alta, el pensamiento quedo ahí.
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Para su 14 cumpleaños, su abuela le había regalado el libro de las memorias de Dalai, su antepasado, con una promesa de muerte si lo destruía. Ella había gritado emocionada antes de saltar por todo el salón, después de un pésimo día con sus guardianes, que cada vez parecían odiarla más, esto era como tocar el cielo. Llevaba un año pensando en su antepasado y teniendo extraños sueños de ella, que no admitía a nadie. Así que en sus ratos libres comenzó a leer el libro.
Fue emocionante, lleno de drama, aventura, acción y muchas batallas.
Al parecer no solo la mujer era diferente a ella, pues en su libro parecía perfecta, valiente, nada torpe y con gran cariño por sus amigos. Ella en cambio era torpe, muy torpe, cobarde y sin algún amigo. La única cosa en que se parecían, era su intuición y la forma en que esta poseía la capacidad de comprender a otros. Interesada en algo de romance, busco alguna parte donde Giotto fuera mencionado.
Pero aparte de mencionarlo con un grupo de vigilantes, además de haberlo conocido cuando era niña y mantenido la amistad, no había nada más.
Eso la decepciono.
Incluso cuando le había entregado el anillo, sonó bastante soso, para alguien que había puesto palabras cautivadoras antes sobre sus guardianes.
—Siento que aquí hay gato encerrado—gruño por bajo antes de leer por todos lados y no encontrar nada.
Bufo con la cara bajo su almohada.
¿Dónde está el romance?
Ella quería su romance.
De su collar saco el anillo para verlo fijamente.
—¿No amabas a Dalai?—pregunto a nadie en realidad.
No hubo alguna respuesta, solo el viento que sopló más fuerte en su ventana.
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Quince años fue su límite para estar encerrada en su hogar, así que le indico a su abuela que ella quería ser alguien normal, aunque sea momentáneamente. Su abuela se negó, pero ella estaba totalmente deseosa de experimentar el mundo. Ella veía como sus guardianes, si bien cada uno tenía una vida dura, podían ir a donde quisieran cuando quisieran y como quisiera.
Ella quería vivir.
No solo existir.
—Solo te dejare ir si logras descifrar el secreto del anillo y mantener una batalla conmigo—acepto esta con ojos burlones.
Ella se tensó y trago saliva antes de asentir.
Fue cuando descubrió, que tal vez nunca avanzo tanto con su llama, porque no le tenía el menor interés a dicho poder. Usar armas siempre fue emocionante para ella, porque indirectamente la acercaba a su abuela, la llama no. Usar la llama del océano solo la hacía más extraña entre su ya extraña familia. Pero el deseo de libertad, el deseo de vivir, el deseo de buscar su felicidad…fue suficiente para activar su anillo una tarde.
Entonces entrenando con fuerza varios meses, enfrento a su abuela en la batalla, donde por primera vez, logro no perder.
No gano.
Claro que no gano ante la fuerza monstruosa de la novena cara de la familia Lougthy.
Pero no fue derrotada en un instante y su abuela quedo claramente sorprendida de su crecimiento. Así que si bien no parecía convencida del trato, termino aceptando su deseo. Aunque eso significo que su japonés, idioma que había aprendido muy básico en su infancia, tuvo que retomarse en los últimos seis meses, si quería irse a Naminori.
¿Por qué esa ciudad?
En realidad ella siempre quiso ir a Japón, pero al no saber qué ciudad elegir, puso el mapa en la pared y con un dardo, este cayo en la ciudad elegida. No estaba tan alejada del centro de Tokio (donde había intentado dar principalmente, descubriendo que un dardo era diferente a una pistola) y parecía tener bastantes lugares recreativos.
—Me voy a Japón—chillo emocionada mientras su abuela suspiraba.
Sus canas eran más visibles al igual que sus arrugas, que según ella, eran por su causa.
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Entonces ella se mudó a Japón, a Naminori y a un barrio bastante tranquilo donde se instaló en una casa de dos pisos bastante común. Si bien estaba a acostumbrada a cosas ostentosas toda su vida, tuvo que admitir que para vivir sola por primera vez y tener algo normal, esto estaba bien. Alejo de su mente que probablemente moriría al no saber cocinar, que aún le falta aprender muchas cosas.
Pero estaba viviendo sola.
Cuando se mudó a su casa, todo ya estaba listo. Su abuela había preparado su hogar con antelación y ella disfrutaría de muebles de primera calidad.
Su nueva vecina estaba tendiendo ropa y la saludo cuando ella estuvo en la entrada de su nuevo hogar. Era una mujer mayor, con el cabello castaño por los hombros y una mirada muy amable. Se le hizo algo familiar, pero dado que ella no tenía casi ningún contacto con personas (hasta ahora, le dijo su mente) lo paso con una gran sonrisa.
—Mi nombre es Sawada Nana, es un placer conocer a la nueva vecina, tengo un hijo de tu edad—se presentó esta con emoción.
Sonrió al comprender todo lo que dijo.
Luego se presentó y le explico que solamente sería ella, que no venía con su familia. Está alarmada le dijo que podría pasar en cualquier momento a su casa por comida y que estaba invitada a cenar cuando quisiera. Aliviada de ver una posible fuente de comida, se aseguró de tratarla amablemente, antes de irse a su casa a dormir.
Mañana iniciaría las clases de su segundo año.
El cual sería asombroso.
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No.
No sería asombroso.
Se había levantado tarde, poco acostumbrada a vivir sola y a no tener a sus sirvientes para levantarla. Así que se dio un baño muy rápido y se puso el uniforme en una carrera. De la cocina tomo unas barras energéticas y salió corriendo de su nuevo hogar con rapidez. La preparatoria de Naminori estaba algo cerca, pero a la vez lejos. Así que aunque corrió con todas sus fuerzas, termino llegando después del toque de queda. Además que un extraño chico de cabello negro había amenazado con "morderla hasta la muerte", así que tuvo que huir aún más rápido, corriendo con suerte que se había topado con otra presa aparte de ella, que debió parecerle más interesante.
Tuvo pena por el chico de cabello castaño alborotado, pero no le importo si podía sobrevivir.
Ese chico era aterrador.
Así que luego de ir a la dirección, que el profesor le diera la bienvenida y que le indicara sus lecciones. Comenzó a caminar buscando el salón que se le fue asignado en ese primer periodo. El profesor abrió la puerta después del tercer toque, viéndola enojado, antes de aceptar el papel en sus manos y asentir.
Presento al salón a la nueva estudiante de intercambio, antes de verla y decirle que era su turno.
Tomo aire.
En el salón vio a varias personas interesantes, un chico albino que estaba con aspecto de delincuente, un chico de cabello negro que sonreía mucho, un chico de cabello rojizo en el fondo que parecía querer desaparecer, una chica…que no sabía ni por dónde empezar a descubrir por su aspecto tan peculiar…por ultimo vio al chico castaño, con un parche en su mejilla, que había visto en la entrada.
Lo vio durante un segundo.
Sintiendo que lo había visto antes.
Pero no pensó mucho en esto, este era el inicio de su nueva vida…probablemente su vida durante dos años según el trato que hizo con su abuela.
No lo desperdiciaría.
—Me llamo Charlotte Evans—hablo con voz firme, con un poco de acento—espero podamos ser amigos—añadió con una sonrisa, que hizo a la mayoría de chicos suspirar.
Ese fue el inicio de todo.
Continuara…
Aqui presento la historia de forma en que conozcan un poco del nuevo personaje, pero a partir del siguiente capitulo, tendran a todos los personajes de Katekyo (en su mayoria) y la historia toma el rumbo.
Nota:
Por si no lo saben en mi perfil tengo un link de mi página en Facebook donde publico mis actualizaciones y donde chateo con los chicos sobre temas de anime, manga, juegos, libros, series…etc por si alguno quiere comunicarse conmigo o visitar un rato para conocerme mejor.
Sayonara sexys lectores.
