~Esperanza para Hyrule~
Capítulo 7: -Tormenta-
-DISCLAIMER-
The Legend of Zelda no me pertenece. Es propiedad de Eiji Aonuma y Nintendo. Esta historia no tiene fines de lucro; solo escribo como pasatiempo. La imagen tampoco me pertenece, los créditos van a su respectivo autor.
Ah, el amanecer en el lago Hylia era una de las incontables razones por las cuales era muy frecuentado. Podría decirse que, para muchos Zoras, era costumbre madrugar para ver el hermoso amanecer. Pero no lo era para cierto par de viajeros, quienes no tenían las de despertar. Su viaje comenzaba desde ese mismo día, donde los primeros rayos de luz se infiltraban por la ventana, pegandole en la cara a Link.
Intento cubrir sus ojos con una de sus manos, pero al comenzar sentir su cuerpo, sintió peso en su pecho, al igual que sus manos, las cuales estaban enroscadas en algo. Precisamente, era alguien del género femenino.
Comenzó su corazón latir en nerviosismo, sintiéndose incapaz de hacer algo. No, ni siquiera podía abrir los ojos, puesto que se negaba a enfrentar la realidad que lo acechaba. Probablemente dramatizaba bastante en esos momentos, pero no podía evitarlo; parecía un mero sabueso cuando le llegó a la nariz una fragancia dulce, una fragancia que era muy... ella. Admitía con todo su ser que podía pasar toda su eternidad con ese aroma. Sí, uno muy a lo Zelda.
Espera, ¿qué...?
¿Qué es lo que estaba diciendo?
Juraba que una parte de el seguía dormido, y lo obligaba a tener pensamientos como esos. Era lo más obvio.
Enfrentó su peor temor y abrió con rapidez sus ojos, encarándose con su compañera. Su sonrojo era inevitable.
Yacía ahí, dormida plácidamente en su pecho, con una leve sonrisa, mientras respiraba con tranquilidad, y el le impedía separarse, puesto que sus brazos la aferraban con fuerza. Era como si...
No, su mente que apenas se recuperaba le estaba jugando otra, y una bastante seria.
Tomo conciencia en que se había tomado mucho tiempo en estudiar a la Hyliana, quien no estaba dormida, sino más que despierta. Sí, tal como había pensado, siendo típico de ella, su cara estaba cubierta en rojo y lo miraba con impresión. Sí, el no parecía aflojar su agarre, a pesar de que en ese enorme momento incómodo, ya se encontraba más que despierto. Y Zelda, no parecía querer moverse, puesto que apenas se estaba dando cuenta de que había dormido con un hombre una noche entera, muy pero que muy acurrucados...
Sí, Link la había cagado.
Y no faltó dar un comentario que lo arruinó mucho más.
—Buenos días, Zelda— dijo con una sonrisa inocente.
—Agradezco su invitación a desayunar con usted, princesa, pero me temo que debo negar su invitación...
—Ay, no seas tímido, Link. Además, me preocupa tu salud con la pinta que tienes.
La princesa se refería a la marca de una clara cachetada en la mejilla del joven guerrero, con además una extraña marca de un círculo en la otra mejilla, puesto que Zelda no pudo dar mejor respuesta al saludo sinvergüenza de Link que una cachetada, seguido de el hada quien presenció todo, golpeando incontables veces al pobre Hyliano quien se disculpaba hasta perder la voz.
—Lo siento...— susurró Zelda por mero instinto. No podía dejar de disculparse también, ya que no era si intensión golpearle. Link le respondió con una sonrisa, en señal de que no tenía por que preocuparse, ya que llevaba así desde que las cosas se habían calmado con Clara.
Estaban a punto de partir del lago Hylia hacia la zona de Farone, hasta que la princesa de los Zoras los interceptó con las intenciones que ambos, en especial Link, la acompañarán a su castillo. Justo cuando el Hyliano pensó que se había librado de ella...
—Es un viaje muy largo, y preferimos llegar antes de que anochezca, deberá entender...— explicó Link, alejándose de la constante insistencia de ella a estar "pegaditos" el uno al otro.
—Bien... Tú ganas, Link. —Soltó un frustrado suspiro. Uno de los guardias que la acompañaban le entregó entonces un pequeño frasco con un líquido azulino. —Esto es una poderosa poción curativa, limpia cualquier tipo de maldición o herida. Les será utilidad en su viaje.
—Se lo agradezco mucho, princesa Mizu.— Zelda tomó la poción y la guardo en una de las bolsitas en su cintura.
Se subieron a Epona, quien al instante partió con velocidad.
A la lejanía se encontraba la Zora, quien los despedía, más a Link que a Zelda, sinceramente, recordándole al rubio su compromiso con ella. No tardó en seguirles una entidad dorada, quien también estaba listo. Sentía que algo malo se avecinaba.
—¿Es en serio?— preguntó Zelda rubia divertida.
Ante el tremendo aburrimiento que los sucumbía durante su viaje, Link había comenzado a relatar sus divertidas anécdotas a Zelda para romper el hielo. Además, el rubio esperaba que lo ocurrido con anterioridad quedara justamente ahí, en el pasado, del verbo NUNCA MÁS. Y parecía que la Hyliana si lo había dejado atrás, y no como Clara, quien sobrevolaba por los cielos; Link juraba que escuchaba una que otra vez al hada refunfuñar.
—Te lo juro— exclamó, sin perder la vista en el camino. —¡Debiste ver su cara! Se había asustado tanto que casi arroja al Cuco por la ventana.
Zelda río al imaginarse tal experiencia. Nunca se había imaginado que Link llegara a ser una persona así de pesada con sus compañeros.
—¿No me harás lo mismo, verdad?— preguntó en broma.
—¡No lo se!— exclamó haciendo un gesto con su mano libre. —Pero basta de mi, que de seguro tu tienes una que otra anécdota divertida.
No hubo respuesta. Zelda temía que llegara ese momento, el cual llegó sin piedad alguna. No le gustaba recordar su pasado, y además daba por seguro que no había nada rescatable de el. Era de un color grisáceo, monótono, donde solo podía recordar el duro entrenamiento que su niñera le había impuesto; noches llenas de frió donde ni siquiera podía aguantar el polvo del antiguo templo, o días enteros acostada en su cama pensando en cualquier estupidez. Vaya que su vida era muy aburrida, y no quería ir más atrás, donde su infancia se hallaba, puesto que su pecho se oprimía siempre que recordaba ese horrible día.
No se había dado cuenta, pero el agarre de Zelda había tomado más fuerza. Link lo notó, y solo podía pensar que fue mala idea preguntarle por su pasado, ya que a diferencia de Link, ella era protagonista de la catástrofe de hace años, donde probablemente era una pequeña niña. Aunque quisiera ponerse en sus zapatos, no podía, ya que dentro de él sentía el enorme peso de la hyliana al vagar por sus memorias.
—Oye, discúlpame.
—¿Huh? ¿De que?— preguntó ella cuando la voz de Link la sacó de sus sombríos pensamientos.
—Ya sabes... preguntar sobre tu pasado...
Ah, eso era. Ahora ella sentía culpa, ya que lo que menos quería en esos momentos era arruinar la atmósfera que ambos habían creado. Debía pensar rápido, y aunque no quería, comenzo a buscar más entre sus recuerdos. Debía haber algo de felicidad en él, más que tragedia y disgusto. Se tomó un diminuto tiempo para reflexionar entonces, puesto que lo que Link le había dado una indirecta, o al menos para ella. Debía pensar en los momentos felices, en vez de hundirse en los malos. Debía recordar con felicidad los tiempos al lado de su padre y madre, y no simplemente sentir tristeza.
—Gracias...
—¿Dijiste algo?— preguntó Link al escuchar un susurro. Sentía inquietud ya que no recibía respuesta de su disculpa, y pensaba que ella estaba llorando o algo así. Pero no, puesto que cuando inclinó ligeramente la cabeza, se encontró con una bastante feliz Zelda. Podría afirmar que sus ojos en ese momento detonaban nostalgia, pero de la buena.
—No, absolutamente nada... es solo que... acabo de recordar algo bastante gracioso que ocurrió hace años.
—¿En serio? ¡Adelante!— debía borrar ese pequeño momento de inquietud, como si nada hubiera pasado.
—Bueno, una vez casi incendio el castillo entero...
Link soltó una carcajada. Pero no duró mucho.
Zelda lo miró, y notó que su expresión había cambiado, ya que ahora se encontraba completamente serio. Estaba volteando hacia su dirección, pero no mirándola sino a atrás.
—¿Qué? ¿Qué ocurre?— decía, borrando la sonrisa de su cara.
—¡Zelda, agarrate fuerte! ¡HYAH!
Zelda soltó un repentino grito cuando la yegua aceleró de sobremanera su paso. Tuvo que sostenerse fuertemente de Link para no caerse, sin entender que ocurría.
De repente el cielo se cubrió de nubes, pero no unas normales. Eran demasiado negras, demasiado macabras.
La lluvia no tardó en llegar, haciéndole más difícil a Link como a Epona ver el camino.
—¿¡Qué está ocurriendo!?— preguntó la rubia confundida, sintiendo que el peligro la acechaba.
Sus dudas se aclararon cuando el sonido de una bestia la obligó voltear.
Recordó al instante la armadura negra, de vuelta en Kakariko. Por un momento había dado por hecho que aquella bruja oscura había creado también al caballero, sin embargo ahí estaba.
Se encontraba montado en algo que podía interpretarse como un león, o hasta una quimera. La lluvia y los constantes movimientos de Epona le impedían identificad al animal. Solo podía dar por hecho que era gigantesca, y muy rápida.
El caballero negro sostenía en su mano derecha una espada tan roja como la sangre, la cual brillaba con intensidad.
Lo que lo seguía por detrás la alteró. Habían muchos como el, con la diferencia que la armadura era menos negra que la del posible comandante, y también tenían las de alcanzarlos.
—¡Link, son demasiados! ¿¡Qué haremos!?— gritó lo más que pudo, puesto que el fuerte estruendo de la tormenta junto con los recientes impactos de los truenos hacían más difícil la comunicación.
—¡Estoy pensando!— exclamó. Le pareció imposible intentar esconderse. Estaban en plena planicie, y con suerte había algo como obstáculo.
—¡Vamos chica, tú puedes!— alentó a su amiga yegua a ir más rápido. —¡Hyah!
Estaba claro que Epona estaba dando lo máximo. No era suficiente.
El comandante estaba pisándoles los talones, y la bestia no te la expresión de cansancio como la que Epona mostraba.
La armada que había detrás no se quedó atrás, pues unos comenzaron a lanzar unas cuantas flechas las cuales amenazaban con darle al animal. Estaban rodeándolos.
Entonces, algo que parecía un disparo de luz comenzaba a moverse con rapidez por los alrededores. De un momento a otro, los arqueros como las bestias caían derribadas. Zelda no entendía nada, hasta que vio que aquel rayo de luz había parado justo enfrente del fiero comandante.
Era un lobo, de pelaje dorado el cual resplandecía como si cayera del cielo. Pero su único ojo rojo mostraba como si tuviera la fuerza y determinación de mil hombres. Le impedía a la bestia del caballero negro proseguir, y cada intento de este mismo de deshacerse del lobo eran nulos. Era demasiado rápido, que lo único que lograba era que la zona de peligro de Link y Zelda fuera mas lejana.
Recordó entonces cómo había Link descrito a la bestia que lo "atacó" en el templo del tiempo. Debía ser el, y solo el. Bueno, no es algo normal ver lobos fluorescentes combatiendo todos los días.
Una flecha que pasó por delante de su cara le hizo reaccionar. Todavía quedaban unos cuantos jinetes con sus arqueros apuntándole a Epona, solo que gracias a la distancia y la fuerte tormenta, no fue capaz de herir a la rubia. Ella debía contraatacar.
A Zelda entonces se le ocurrió algo.
Cuidadosamente intento estabilizarse sin tener que sostenerse de Link, sacando el Arco que había en su espalda.
Respiró hondo y saco el aire con fuerza. Saco una flecha del carcaj y la colocó. Volvió a respirar y exhalar. Debía calmarse. Estiró la flecha y apuntó hacia uno de los arqueros que le apuntaban por igual.
Él o ella.
Tomó fuerza y soltó la flecha. Noto que su enemigo lo había hecho por igual.
La flecha de Zelda, la cual había tomado más fuerza al lanzase, partió en dos el proyectil, pasándose hasta llegar al arquero. Cayó probablemente muerto, pues Zelda había notado que momentos antes de caer, había sostenido su garganta. Le había dado.
—¡Genial, Zelda!— exclamó Link quién seguía en su labor de guiar a Epona.
Ella no respondió, sin embargo sonrío con astucia.
Tomaba cada vez más confianza en sí misma cuando lograba derribar cada vez a más arqueros, como a bestias por igual. Parecía que había limpiado la planicie, ya que no había ningún enemigo a la vista hasta que escuchó un sonido proveniente de atrás.
El caballero negro se acercaba, comenzando a alcanzarlos. Sintió preocupación por el lobo, pero ese no era el momento para comenzar a darle por muerto o algo así, ya que debía hacerse cargo del último de ellos.
Saco la última flecha que le quedaba, cosa que le preocupó, pero estaba bastante confiada en que acertaría. No podía fallar, con esa distancia tan corta.
Tomó incluso más fuerza de la que había usado en las demás; apuntó y lanzó la flecha.
Con su espada, el caballero realizó un extraño movimiento. La flecha de un momento al otro se había vuelto completamente en contra de la rubia. La cual salió disparada hacia la pierna de Epona.
—"¿¡Pero qué!?"
Esta chillo y se salió de control.
—¿¡Qué te ocurre Epona!?— exclamó intentando controlarla, sin embargo era imposible. —¡Resiste!
Corría de un lado al otro, y sus movimientos eran bruscos.
Justo en ese momento, Zelda, al no poder estabilizarse, cayó con fuerza al suelo.
—¡Zelda!— gritó Link.
Este no pudo decir nadamas, pues con otro movimiento más brusco, Link también cayó.
Localizó a la rubia, bastante lejos de de él, quien se levantaba con dificultad. Estaba a dos pasos de caerse de un barranco, puesto que habían llegado a los bordes de Lanayru con Farone. El extenso río que se encontraba hasta el fondo se veía salvaje, el agua corría con violencia. Eso le aterro, puesto que la Hyliana todavía no se había dado cuenta de aquello. Todo estaba pasando demasiado rápido a los ojos de Link, siendo incapaz de actuar.
El caballero negro los había alcanzado, quien tranquilamente de bajo de su fiera, acercándose a Zelda quien apenas se había levantado de la caída. El estaba preparado para darle una mortal estocada a la hyliana, pero ella lo esquivo viendo la dirección en la cual está iba. Pero comprendió que solo estaba jugando con ella, que solo la había guiado hasta su verdadera muerte.
Al esquivar la espada, Zelda resbaló por el mojado suelo y cayó hacia el barranco.
Link solo escucho un grito, y temió por la vida de ella.
—¡Zelda!— gritó.
—¡Link, ayuda!— pidió ella.
Se encontraba sostenida a una rama de un árbol que se encontraba más abajo del barranco. Sin embargo, la caída seguía siendo peligrosa. Estaba resbaloso, por lo cual no aguantaría mucho. Y algo que Link no sabía, era que Zelda tenía un incontrolable pánico por las alturas, y le parecía casi imposible mantener la calma. Pensó por un momento que Impa estaría decepcionada si la viera en esos momentos. Pero no podía evitarlo, a pesar de que muchas veces su niñera intento apaciguar ese temor dentro del entrenamiento Sheikah. Pero esos recuerdos y consejos, se habían desvanecido cuando hizo la estupidez de mirar hacia abajo.
Link, solo hasta ese momento actuó, sacando el escudo y espada que es guardaba y con furia se dirigió hacia su contrincante.
—¡Maldito bastardo...!— lo llamo mientras corría con velocidad hacia el comandante.
Dio un salto e intentó darle un golpe certero, pero el, con su espada carmesí, la bloqueo con una sola mano.
Las espadas chocaron, y Link retrocedió cuando él lo empujó con la misma espada.
El caballero negro corrió hacia Link preparando su espada, provocando al Hyliano que usara el escudo que lo protegió ante tan fuerte estruendo.
Gruño cuando le pareció increíblemente difícil seguir aguantando su ataque.
—"Es demasiado fuerte"— pensó.
Fue entonces cuando en uno de los rebotes de la espada de su rival hacia el escudo fue suficiente para alejarlo unos centímetros, Link aprovechó la oportunidad y se abrió paso a la ofensiva.
Comenzó con ataques certeros y calculados a una gran velocidad, hasta el momento en el que comenzó a atacar con fuerza, sin pensar en lo que pasaría después, ya que su contrincante esquivaba como si se tratara un simple juego de niños los ataques del Hyliano. Estaba enojado. No, era algo más. Estaba desesperado.
Zelda estaba al borde de caer, pidiendo ayuda, mientras que la diferencia de poder entre los que se encontraban peleando era enorme. No ganaría.
Débil.
Si, eso era.
Un grito lo obligó a voltear hacia dónde Zelda se encontraba. Ella no logró resistir más tiempo. Había caido.
—¡No! ¡Zelda!
Lo que sucedió después ocurrió como un impulso.
Rodó esquivando uno de los ataques mortales del caballero negro, el cual dejó su espada fuertemente clavada al suelo.
Aprovecho tal oportunidad para saltar al barranco. Zelda se impresionó cuando lo vio.
—¡Link!
—¡Aguanta, Zelda, ya voy!
Intentó con todas sus fuerzas alcanzarla, mientras que la adrenalina y el deseo de salvarla incrementaba con fuerza.
Cuando estaban bastante cerca, Zelda estiró la mano hacia el joven Hyliano. Él hizo exactamente lo mismo, intentando tomar su mano con todas sus fuerzas. Si caerían, serían juntos. Ese sentimiento le llegó a la mente, puesto que algo dentro de sí le decía que no pasaría de nuevo.
Solo un poco más...
El leve contacto de sus dedos le hizo ver que podía lograr su cometido.
Link estiró su otra mano para tomar el antebrazo de la rubia, y con un fuerte esfuerzo la jaló hacia sí y la abrazó. Estaba seguro que, si sobrevivían, le dolería como el demonio el cuerpo entero por hacer esfuerzos tan extremos.
Comenzó a girarse para que su espalda encarara el fuerte impacto. Mientras él se encontrara con vida, haría lo inimaginable para protegerla. Cerró los ojos con fuerza para esperar el impacto.
Desde los bordes del precipicio, el hombre en armadura negra observó como ambos caían con fuerza hacia el agua. Si no morían por el estruendo del agua, lo harían por los rápidos a los que habían caído.
Habiendo cumplido su misión, se retiró. No se molestó en disolver la tormenta, puesto que sería un obstáculo más para ellos.
La fría agua de los rápidos los abrazo con rapidez
Link había aflojado el agarre hacia la Hyliana cuando el fuerte estruendo lo aturdió. La espalda le dolía como el demonio, e intentaba con la poca energía que le quedaba mantenerse a flote.
Zelda se había logrado sostener en una roca que había por allí, intentando localizar con esfuerzos a su compañero.
Lo localizó a duras penas, siendo arrastrando por la corriente.
—¡Link, resiste!
Se soltó de la roca e intentó acercarse hacia el Hyliano. Era muy difícil, puesto que el agua era quien tenía el absoluto control y controlaba a su voluntad a sus victimas.
Link seguía aturdido, y no podía hacer nada más que mantener su cara fuera del agua. No sabía lo que me esperaba.
A pocos metros se encontraba el final. Si, eso mismo. El final del río, una gigantesca cascada. Volverían a caer.
Zelda al notar eso, intentó con desesperación acercarse a Link. Pero era imposible, puesto que la corriente era más poderosa que ella.
Una fuerte ola de agua la sumergió por completo, y cuando volvió a salir a tomar todo el oxígeno que había, noto algo: Link no estaba.
Abrió los ojos con sorpresa. Había caído, y ella era la siguiente.
Se sentía completamente congelada. Mientras caía, la fuerte brisa la asfixiaba. No podía respirar.
Termino sumergiéndose en un vacío negro. Había sido derrotada, al igual que Link.
—Informe completo. Ahora.
Ganondorf yacía sentado en su trono, esperando una respuesta. Horas atrás había llamado al mejor de sus soldados, uno quien había venido su misma alma para obtener poder. Los rumores decían que La armadura negra que este poseía era un regalo de la mismísima muerte, y que su espada la había obtenido por todos sus enemigos asesinados brutalmente, y que sus almas residían en esta misma. Su misión era algo sumamente fácil para el, algo que él consideraba más un pasatiempo que otra cosa: matar. Esa era la única razón por la cual el le es leal a Ganondorf. La simple oportunidad de asesinar, y contemplar en primera fila como el alma de sus victimas es arrebatada sin piedad.
—Han caído— reportó. —Si la caída no los mató, el lo hará. He confirmado la posición donde muere el río.
Al escuchar tal noticia, Ganondorf sonrió malévolamente.
—Puedes retirarte.
—Mi señor— se despidió.
Ganondorf no se había dado cuenta hasta ese momento en que su único obstáculo para la grandeza, habían caído en ese río, y que ese los guiaría hacia la misma perdición.
Siguiente capítulo: -Falsedad-
Recuerden que, a pesar de que cheque unas 40mil veces todo el capítulo, siempre puede existir la posibilidad de que haya cometido un error gramatical, didáctico, etc. Por eso pido que me hagan ver lo que yo no puedo ver.
Hola, Zekel aquí. Lamento mucho no haber actualizado el anterior Jueves. Digamos que terminé el capítulo, y le di al preciado botón "Save", ¿y saben qué ocurrió? Se había ido el maldito internet. Tal vez exagero, pero me sentí muy frustrada, ya que siempre le agrego mejor narrativa, agrego unas cuantas cosas, arreglo errores, etc. Y en esta si que estaba inspirada. Pero bueno, esa inspiración no había muerto, así que volví a empezar. ¿Pero saben qué? el internet, de nuevo, falló justo en ese momento a pesar de que revisé que estuviera funcionando. Ese sí fue la gota que derramó el bazo. Me deje caer por la silla, y me tiré al suelo viendo el foco de mi habitación como unas tres horas. La verdad es que ya se me habían quitado las ganas, y preferí esperarme un poco ya que si me obligaba a escribir, de seguro que no quedaría igual si estuviera en disposición. De todos modos, agradezco la (supongo) paciencia.
Bien. Agradezco a: darkdan-sama, LinkAnd0606, Guest, y a Goddess Artemiss por dejar una review en el capítulo anterior. De hecho, leerlas una vez más me impulsó a publicar el capítulo este día Viernes a las casi 12 de la noche. Intento con todas mis fuerzas quitar ese fetiche por poner un "más" antes del sin embargo... no sé de donde lo saqué.
Algo que quiero aclarar, es que mi mente me pide a gritos que el "tema" de los siguientes capítulos sea al estilo japonés. Si, me refiero a la era de las katanas, samurais, yukatas, MUCHOS árboles de cerezo (porque sí, tengo una obsesión por ellos y los quiero repletos en mi historia), al igual que las construcciones y demás. Solo aclaro, ya que no sé si mi narrativa sea lo suficientemente buena para dejar eso en claro los próximos capítulos.
Sin más, me despido.
:]
