Katekyo no me pertenece.

Capítulo 3: Amigos.

No estaba acostumbrado a tener sueños, pero el haber desarrollado mejor su híper intuición, le hacía entender que esto era una de esas extrañas ocasiones. No había un paisaje muy nítido o algo que pudiera identificarse, pero entre toda esa bruma, pudo detectar a un pequeño chico de diez años, cabellera rubia algo alborotada y ojos de un pacífico color claro.

Lo reconoció de inmediato.

"Giotto, el primer jefe de la familia Vongola" grito su mente.

¿Qué era esto?

¿Por qué estaba en medio de un sueño donde estaba su antepasado?

Como si algo respondiera sus preguntas, apareció una nueva silueta. De una edad similar con su antepasado, apareció con un bonito vestido de una época antigua. Tenía el cabello castaño claro y unos ojos profundo de tono azulado. Su rostro fue lo que más le perturbo, era muy similar al de Charlotte su vecina, pero este mostraba un poco más de madurez y serenidad, que la atolondrada de su época.

La imagen era bastante curiosa sobre todo cuando al voltear a ver a su antepasado, este veía con grandes ojos brillantes a la chica y una sonrisa resplandeciente.

Como él cuando Reborn le daba un día libre.

—Giotto deja de escapar de tu casa para ayudar a otros, siempre me envían a buscarte—dijo la niña con un suspiro derrotado.

Giotto permaneció con la sonrisa tranquila.

—Te quejas mucho Dalai, pero siempre me ayudas—le ataco rápidamente con una sonrisa astuta.

Las mejillas de la niña se revolotearon, antes de chasquear la lengua.

—Si no protejo al tonto de mi mejor amigo, terminarías metido en muchos problemas—acuso esta con fingido tono de enojo.

Antes de voltearse y comenzar a sonreír, lo que hizo que la sonrisa de Giotto se ensanchara, antes de tomar la mano de la niña y salir corriendo juntos. Cuando pasaron cerca de donde estaba él, sintió un extraño vació en su interior, que lo impulso a una oscuridad.

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—¡SAWADA!—grito alguien antes de sentir un golpe sobre su cabeza.

Se levantó de golpe notando que estaba en medio de clases, donde había terminado dormido y su profesor, Nara-sensei, a pesar de su amabilidad, se veía bastante furioso. Se estuvo disculpando varios minutos, ante la risa del resto de sus compañeros de clases, antes que las clases retomaran el orden.

Noto como Gokudera miraba mal a su profesor y Yamamoto le sonreía nervioso. Entonces su mirada se posó en Charlotte, quien ante su inseparable sonrisa, tenía un brillo de satisfacción que le recordaba a Reborn.

A veces ambos eran sádicos.

Apenas sonó la campana del almuerzo, Charlotte se puso al lado del grupo para ir a comer, sonriéndole de emoción a Kyoko cuando esta le trajo un almuerzo, recordando la escena del día anterior. Tan solo al salir del salón, Ryohei apareció para invitar a la chica nueva, tal como el día anterior, lo que hizo que esta llorar antes de correr gritando que quería comer.

Tsuna sintió algo de pena por esta.

—Espero Oni-chan se calme un poco—musito Kyoko.

El resto la vio con pesar, ya que sabían que cuando algo se metía en la cabeza de Ryohei, nadie lo sacaba.

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—¡ME RINDO!—grito Charlotte la tarde de un sábado, después de una semana y media de ser acosada por Ryohei.

Este quien siempre la veía huir, correr y esquivarlo, se repetía a si mismo que efectivamente era una chica extrema y debía estar en el club.

Pero ese día mamá había dicho que prepararía un cheescake de fresa, lo cual hizo que Charlotte comenzara a soltar baba, que se eliminó cuando vio a Ryohei esperándola a la afuera del instituto.

Había pensado en intervenir, pero un parte de él no quiso hacerlo, sintiendo miedo por la mirada enojada de la chica.

—Estoy harta de no poder robar comida a voluntad y perderme tres capítulos de mi anime favorito por huir de ti—escupió Charlotte casi al borde de las lágrimas.

La palabra Otaku rondo la mente de Tsuna, pero se negó a decirle en voz alta. A su lado Yamamoto solo reía, Gokudera murmuraba que era estúpida, Kyoko parecía preocupada, Chrome miraba todo con tranquilidad y Hana solo esperaba que todo terminara de una vez.

Charlotte se volteo y arrojo su maletín a Tsuna, que apenas lo sujeto.

—Por eso te reto Sasagawa Ryohei—dijo con voz alta señalando al boxeador—si gano me dejaras en paz de una maldita vez y si pierdo me uniré a ese estúpido club—añadió con voz seria.

Reborn que veía todo desde el tejado, pareció curioso de saber que pasaría, con Hibari a su lado.

—¡ACEPTO AL EXTREMO!—grito el mayor de los Sasagawa.

Charlotte sonrió levemente.

—El primero en hacer un K.O a su objetivo gana—impuso las reglas.

Tsuna se puso muy nervioso, su bien Ryohei no era de pegar a las chicas, esto era serio. Noto como su guardián del sol se tensaba ante la idea también, pero Charlotte, la torpe y glotona Charlotte que solo comía como un cerdo todo el tiempo, tenía una mirada determinada.

Pero aun así el hermano mayor asintió, probablemente pensando en derribarla.

Pero con una velocidad, algo alarmante para alguien que admitía no ser buena en educación física, Charlotte estuvo frente al hermano mayor. Este pareció tomado por la guardia baja, ya que apretó sus puños frente a él de forma instintiva.

Entonces los ojos de Charlotte brillaron con maldad, antes de...

Antes de…

—¡HIEEE!—chillo Tsuna y varios curiosos, también exclamaron sorprendidos con el rostro sonrojado.

Charlotte acababa de levantar su falda, dejando ver unas bragas de color azul sin adornos, pegadas a su cuerpo como segunda piel. Que dejaba ver, para el caso, unas bonitas piernas blancas bien formadas.

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Charlotte estaba harta de ese idiota que la seguía gritando sobre el club de boxeo, durante toda su vida solo había practicado artes marciales y no era la mejor de su clase. Pero el haberlas practicado por casi una década, le habían demostrado que podía protegerse de ser necesario. Cuando por fin pudo despertar en su totalidad la llama del océano, sus características de lucha, incrementaron como su capacidad de pelear. Era como un Pokémon. Vale el juntarse con Tsuna le había hecho comprar algunas consolas de video juego.

Su abuela era una desgraciada por no mostrarle nunca ese hermoso mundo.

Ahora se la pasaba horas capturando monstruos virtuales que ella amaba, que por culpa de Sasagawa Ryohei su tiempo se había limitado.

Al tema.

Sabía luchar, pero también sabía que no tenía ese instinto como el resto de luchadores tenía entrenado. Solo podría ser una verdadera luchadora, con sus llamas del océano.

Estaba prohibido demostrar su poder. Así que usaría trucos bajos.

Ella en América siempre fue un alma libre, bueno, vivir encerrada dentro de su hogar no era sinónimo de alma libre. Pero era considerada por su servidumbre, como alguien sin vergüenza ajena. Estar en ropa interior o como Dios la trajo al mundo, no era importante para ella. Nunca nadie le enseño sobre eso, ella estaba orgullosa de su cuerpo.

Pero en Japón era diferente, eran muy conservadores.

Cuando abrazaba a sus compañeros y amigos de Tsuna, lo notaba, esas acciones eran poco comunes. Entre chicas no parecía muy malo o niños, pero de una chica a un chico, era casi una blasfemia.

Ryohei podría ser un chico extremo, pero chico.

Lo vio sonrojarse como un tomate al ver detenidamente sus bragas azules, lo cual hizo que sus ojos brillaran malvadamente, pero nadie lo noto por ver su ropa interior.

No activo la totalidad de su llama, eso sería una muerte segura a manos de su abuela, pero si lo suficiente para que sus ojos centellaran y muy ligeramente, su pierna derecha en su parte baja la sintiera. Se agacho rápidamente dándole una mejor vista de su braga a los presentes, antes que su patada conectara con la quijada de Ryohei, en un sonoro crack antes que este cayera de espaldas.

Como si nada, regreso a su postura normal, sonriendo satisfecha al verlo en el suelo inconsciente, con un sonrojo y sangre saliendo por su nariz.

Se volteo donde Tsuna miraba su rostro muerto de la vergüenza, tomo su maletín y sonrió.

—Hoy comeré Cheescake y veré un nuevo capítulo de Gintama—hablo de forma poética apretando el puño.

También que la mayoría de su anime, mostrara chicas semi desnudas como shonen común, o fuera una total parodia como Gintama, habían alterado un poco su sentido de la realidad.

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Reborn camino tranquilamente de regreso a casa, siguiendo de cerca, pero sin ser visto, al grupo de Tsuna donde ahora Charlotte estaba en el medio parloteando por los oídos. Chrome quien no soportaba tanta energía, se encogía al lado de Tsuna, quien por vergüenza aun no veía bien a la chica. Yamamoto era alguien que lograba seguirle el ritmo y por quien hablaba más cómodamente, Gokudera solo musitaba groserías cuando le decía "Baka-kun". Kyoko había desistido ese día, llevando a su hermano a la enfermería, pero sus llamas del sol terminarían curándolo rápidamente.

Llamas.

Su principal problema ahora.

Esa niña había mostrado un destello de llamas en su pelea, que si bien algo mezquina, le había hecho ganar. La mafia no era un lugar agradable, no había batallas justas y aparte de esta décima generación, las demás familias no tenían reparos a la hora de luchar, con tal de ganar. Eso era lo que mostraron esa tarde los ojos de Charlotte, una voluntad de ganar y usar su cuerpo como ventaja. Muchas veces había visto grandes hombres de la mafia, caer solo por no saber luchar con una cara bonita.

Las peores batallas, fue cuando su morar fue cuestionada al inicio de su mundo del asesinato, al luchar contra mujeres. Mujeres que se mostraban débiles, pero que eran expertas asesinas.

La caja de pandora contenía una mujer, el peor desastre para un hombre.

Una mujer en la mafia era peligrosa, recordaba a la octava y esta había demostrado a la familia, que una mujer podía ser una gran jefa aunque el sistema siempre hubiera sido de hombres.

Charlotte sin duda, tenía un destello de posibilidades para este mundo. Una gran adicción a la familia de Tsuna.

Pero también presentaba muchas dudas.

No solo la investigación de esta, lo llevaba a una familia de Estados Unidos, que aunque poseía una gran fortuna, no tenía información, como si alguien no quisiera que otros supieran sobre ellos. El apellido Lougthy era lo único que sonaba, pero entre sus archivos e informantes, no había nada. Es como si no existieran. Lo cual le preocupo, el noveno estaba enterado ya y estaba buscando información.

Pero luego de un mes en Naminori y ningún loco intentando matar a Tsuna, había pensado que solo era otra humana común.

Hasta que aparecieron sus llamas.

A simple vista podría decir que la llama de Charlotte era la del sol o la tormenta, el sol por sus energías y forma alegre de brillar, también tormenta por sus imprudencias y su forma de chocar con Gokudera. Pero ahora en medio de la batalla, el destello azulado de las llamas, podrían reflejas las de la lluvia.

Una tontería.

Porque la lluvia era la calma, como Yamamoto.

Esta chica parecía una explosión, alegría y fuerza.

Aun así tendría que aceptar que su llama de la lluvia, podría ser tan fuerte como la de Squalo, quien tenía una extraña personalidad.

Sus investigaciones sobre Charlotte, simplemente volverían a reanudarse.

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Después que Charlotte arrasara literalmente con el postre ella sola en la cena, que jugara divertida con Lambo e I-pin como si nunca hubiera jugado con niños, convencerlo a él a un torneo de Pokémon y ganara. No tenía sentido, hace un mes la chica nunca había jugado Pokémon, pero ahora había capturado legendarios y todo. La joven termino despidiéndose de pronto al ganar, diciendo que era hora de su anime favorito y corrió a la casa donde vivía.

—Lotte-chan es adorable—dijo su madre con una mano en la mejilla.

La vio con dudas en sus ojos.

En realidad a pesar de su tendencia a ser desagradable con otros, de forma inconsciente, la chica siempre estaba sonriendo y siendo positiva. Además si era tan amable con los niños de su casa, que en si ya eran bastante molestos, debía ser una persona buena.

Su híper intuición no le decía nada malo de la chica.

Solo…su sueño.

No quería pensar en el sueño que tuvo en clases, pero la imagen de Giotto con esa chica, le hizo sentir extrañas dudas en su interior. La idea que fuera un recuerdo de su antepasado le atormentaba, anteriormente había visto leves recuerdos de este y la sensación fue similar.

¿Por qué ahora?

Si fuera algo que Charlotte activo, dado que no podría rechazar la similitud con la niña de su sueño, debió activarse cuándo la conoció.

No ahora.

Tomo toda su preocupación y la tiro por la borda, ya después pensaría en eso si fuera importante. Al llegar a su habitación se topó a Reborn, que estaba tranquilamente sentado.

—Charlotte podría ser una buena adicción a la familia—musito este con sonrisa de cazador.

Se tensó y escalofrió por todo su cuerpo.

Al igual que con Kyoko y Haru, no involucraría a Charlotte en su familia, no es que no creyera que fuera fuerte (la patada que le dio al Oni-san era suficiente para verlo) pero se negaba a involucrar a más personas en su familia por ahora. Cuando se negó, el golpe de Reborn lo dejo noqueado sobre su cama.

Vaya día.

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Sus clases estaban progresando bien, vale que no tenía notas sobresalientes y aun no sabía por qué ese bebé quería que ayudara a Tsuna. Bueno era un bebé, ella no conocía muchos bebes, tal vez en Japón los bebes eran súper inteligentes. Bueno ella se calmaría y haría lo que pudiera, su abuela aún no se había quejado y sus calificaciones eran un lindo 7, bastante para alguien tan torpe como ella. Algunos profesores le habían molestado con la idea que se uniera a algún club.

¿Tal vez un club de anime y manga?

Uno de video juegos no estaría mal.

Detuvo sus pasos en la entrada de la preparatoria de Naminori, porque frente a ella, estaba uno de los sujetos más peligrosos que había conocido alguna vez.

—H-Hibari-san—musito su apellido con respeto y temor.

En este mes y medio había conocido el verdadero temor a manos del líder del comité disciplinario. Si bien Cordelia siempre causo una sensación de temor en ella, como su guardián de hielo, este hombre daba una sensación de pánico.

Era guapo y caliente.

Pero después de que la castigara toda una semana, teniendo consideración de ella como chica y llamándola herbívoro, no le pego nunca.

Pero ahora sus tofas parecían brillar, en una advertencia peligrosa de una lucha que no tenía sentido.

Había llegado temprano ese día.

Aun así el joven estaba furioso y la mordería hasta la muerte, de forma no sexual, lo que era malo. Sus ojos podían ver a través de él y tenía miedo.

—Ayer note que no eres un herbívoro y tienes instintos de lucha…así que tendré que morderte hasta la muerte en una lucha—dijo el discurso más largo desde que lo conoció.

Y se hizo mil veces más aterrador para ella.

Quería huir de ahí.

Aun así las tofas brillaron y este se lanzó para el ataque a su persona, todo fue en cámara lenta y si ella quería, podría esquivarlo con facilidad. Sus ataques no eran a muerte, simplemente eran para medir sus movimientos y saber si era digna para la lucha.

Podría luchar.

Podría activar sus llamas del océano y darle una lucha que disfrutaría.

Sería su primera lucha real, fuera de su mansión.

Aunque le hubiera gustado llevarse por ese sentimiento, de sacar todo el potencial de sus músculos y experimentar que era capaz, se contuvo. Porque Hibari no parecía de las personas que se conformara con derrotar, no, el chico iría una y otra vez contra ella, por que amaba la sensación de una buena lucha.

Entonces no se movió.

Dejo que la tofa brillara en su dirección.

El golpe llego tan contundente que la lanzo contra su espalda, la sangre metálica se saboreó en su boca y su cabeza golpeo con fuerza el cemento detrás de ella. Mientras sus ojos se cerraban, noto la mirada de fastidio en la cara del líder del comité, este sabía que ella pudo esquivar el ataque, había confiado en ella, pero lo había decepcionado.

Su forma de ver a través de otros, le permitió ver, que había herido a Hibari.

Puede que fuera un cavernícola, pero no parecía satisfecho de maltratarla sin motivo.

—¡CHARLOTTE-SAN!—fue el último grito que escucho, antes de perderse en la nuble de conciencia.

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—Giotto, cuantas veces te tengo que decir, no te alejes de mi lado cuando salimos—

—Pero Dalai, esa familia tenía hambre—

—Sé que es duro Giotto, pero estamos aquí para ayudar a nuestras familias—

—No quiero ayudar a mi familia, no necesitan ayuda—

—Te entiendo pero hasta que seas mayor, no puedes irte tú solo por ahí—

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Abrió los ojos asustada, levantándose de golpe en el lugar donde estuviera, sudando nerviosa y dirigiendo una mano a su cabeza. Las palabras habían sido tan fuertes en su cabeza, con voces que jamás había escuchado. ¿Giotto? ¿Dalai? Acaso ese no era el nombre de su antepasado y el chico que, ella juraba, había estado interesada en su sangre. Pero no tenía el menor sentido, porque habría soñado con aquello. Su rostro se formó en una expresión de molestia.

Odiaba no entender las cosas.

—Veo que despertaste, Charlotte-san—musito alguien con suavidad a su lado.

Para su sorpresa, luego de una rápida inspección, estaba en medio de la enfermería de la escuela. Con un único acompañante a su lado.

Tsuna.

Lo miro algo sorprendida e inquieta. Desde que recordaba en su vida, siempre que estuvo enferma por la anemia, siempre se levantó sola sin nadie a su lado, de no ser por algún sirviente o el doctor. Siempre pensó en su abuela y por qué ella no estaba a su lado, pero su abuela era la jefe de su familia, tenía cosas más importantes que pensar.

¿Por qué ese niño?

Lo miro sorprendida.

—Vi cuando sucedió todo, fue raro Hibari-san nunca golpeo alguna chica, bueno Adelheid era diferente porque lo retaba, pero aun así siempre fue muy respetuoso. Pero aun así te noqueo, deberé hablar con él más tarde para que no haga esas cosas—musito rápidamente con voz preocupada.

No dejo de verlo con la misma sorpresa.

Sus ojos se nublaron un poco inquietos.

—¿Por qué estás aquí?—dijo con voz algo graciosa.

Fue cuando noto las vendas en su quijada y su lengua adormecida, probablemente por el estridente golpe, que aun provocaba retumbar su cabeza. Ahora su voz sonaba como caricatura, por la poca movilidad y el dolor insoportable.

Tsuna sonrió.

—Bueno sé que vives sola y en caso de emergencia, estaba pensando en llevarte al hospital y llamar a mi madre para que me ayudara a llevarte a casa. Gokudera y Yamamoto estuvieron hasta hace poco, Kyoko te mando saludos y Chrome también parece preocupada—explico rápidamente.

Su entrecejo se frunció.

¿Por qué ellos?

Desde su llegada a la escuela, su característica del océano de ver a través de otros, le hizo entender claramente la naturaleza de quienes le rodeaban. Eran unos bastardos. Cada uno de ellos solo pensaban que era una linda chica nueva, extranjera y para pasar el rato o ser popular. Aun así a su abuela le había dicho que todo era genial, porque a pesar de la gente hipócrita, lo demás como la libertad era bueno.

Se había alejado de ese chico al inicio, porque pensó que solo le ayudaba por lo pedido a su profesor y a sus amigos, claramente no le agradaba del todo.

Pero había vuelto a tenderle la mano, como si no le importara que ella fuera una grosera con otros. Lo que nadie sabía es que ella no era grosera, solo decía la verdad a los demás. Como ese estúpido capitán que se le declaro, que solamente quería aumentar su popularidad. Era caliente por fuera, pero un bastardo por dentro.

Lo peor era eso mismo.

Ella podía ver a través de otros.

Y el ver a través de ese niño a su lado, mostraba sentimientos sinceros y un amplio cielo en sus ojos. No conocía mucho aparte de las llamas del océano, pero su abuela le había instruido en las llamas que la mayoría de los demás poseían, el cielo era una rara y bastante poderosa.

Este niño, tenía un gran poder del cielo.

Puro.

Latente.

Con armonía.

—No necesito que estés aquí a mi lado—le gruño dejando su actitud de felicidad de lado.

No era una fachada, ella realmente amaba estar en ese lugar, pero cuando alguien amenazaba sus inestables sentimientos, nuevos a todo lo que experimentaba, tenía miedo. Se alejaba para que nadie viera sus profundos sentimientos dentro del océano, porque eso era solo de ella y nadie tenía por qué conocerlo.

Tsuna parpadeo confundido, sin querer dar su brazo a torcer.

—No debes estar sola—

—Eso no te importa—

—Charlotte-san estas actuando muy a la defensiva, solamente quiero ayudar—

—Nunca nadie me ayudo jodido gilipollas—

El silencio reino el lugar y espero, que sus fuertes olas hicieran que el chico se alejara, pero como ella, parecía ver claramente a través de sus ataques, que llegaron de la nada. Sin querer exponerse, quiso levantarse y correr a su hogar y volver, cuando estuviera bien.

Hubo un silencio.

Unos dos minutos.

Que le hizo esperar que se rindiera.

Pero no lo hizo.

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—¿Cómo es tu familia Charlotte-san?—

La pregunta era algo que lo atormentaba desde que noto que la chica que siempre hablaba, no comentaba sobre eso. Además era como si su híper intuición lo guiara a hacer dicha pregunta.

El silencio reina el lugar, haciendo comprender a Tsuna, que Charlotte tal vez no es tan feliz como siempre aparenta. Cuando todos se habían marchado de su hogar, esta se había quedado siempre, como si quisiera acaparar todo el cariño o calor de familia que pudiera. Había pensado que tal vez era por que vivía solo al otro lado de su hogar, pero ahora, pensaba que tal vez era algo más serio.

Esta permanecía con la mirada perdida, era en esos momentos donde sus ojos no parecían brillar, que notaba la profundidad de los ojos de su compañera.

—Mi familia, es complicada—inicio por fin a la pregunta que le había dicho.

Vio la sonrisa algo torpe en sus labios, que no podía ocultar la cantidad de tristeza que poseía.

Se tensó ante eso.

Pero parecía rendida de seguir con la lucha a su lado y exponer algo frente a él que no entendía.

Siempre había odiado cuando sus amigos o conocidos, no presentaban tranquilidad o alegría verdadera. Aun así conociendo el pasado de todos ellos, le costaba pensar que alguna vez, uno de ellos tuviera esa clase de expresión tan solitaria.

—Mi madre murió el día de mi parto, dejándome al cuidado de mi abuela…mi padre no es una gran persona, así que no lo he visto en mucho tiempo—murmuro abrazando sus rodillas y suspirando un poco.

Se veía tan diferente a la chica loca que siempre robaba comida, gritaba cosas de su anime o jugaba video juegos en medio salón siendo reprendida por el profesor.

¿Le habría dicho esto a alguien?

Por un momento se preguntó si era la persona adecuada para escuchar, Yamamoto podría ser un mejor consolador o Chrome entendería mejor que él. Gokudera tampoco tenía una buena familia, podría explicarle a ella sobre como lo supero…incluso Hibari parecía entender mejor que él.

Atacándola de la nada al comprender su posible poder.

—Entonces crecí la mayor parte de mi vida en una mansión, rodeada de personas de mi edad a las cuales no les agrado…nunca tuve un amigo y soy pésima relacionándome con personas—hablo lo último con culpabilidad.

No debería sentir culpa.

Nada de esto era su culpa.

—Por eso apenas comprendí que mi vida corría, quise sentir que era ser una persona normal y vine a Japón apenas tuve el consentimiento de mi abuela—hablo con un poco más de alegría—aquí los conocí a todos ustedes, que son geniales y me tratan bien…pero—sus ojos se nublaron un poco—cuando los veo a todos con sus familias, me pregunto si alguna vez alguien me vera igual. ¿Tonto no crees?—dijo la última pregunta con una sonrisa bastante falsa.

Él permaneció en silencio.

Recordaba cuando era solo dame-Tsuna, vale que aun Reborn lo llamaba así y la mayoría de sus compañeros. Pero ya no estaba solo, o tampoco tenía todo el tiempo esa actitud pesimista. Ahora estaba rodeado de amigos todo el tiempo, incluso sus anteriores enemigos, ahora eran sus aliados y en su casa siempre era ruidosa por la cantidad de personas.

Incluso haciendo que él, pensara que en un futuro podría protegerlos.

A su familia.

Sonrió un poco.

—Es cierto que tienes problemas con tu familia de sangre—empezó haciendo que la chica volteara la mirada—pero si algo aprendí los últimos meses, es que también existe familia con la cual no estas atada de forma sanguínea, pero que igualmente te llegaran apreciar como si lo fueras—expreso con una leve sonrisa.

Cuando esta volteo a verle, parecía un poco perdida, como Enma antes que pasara la lucha contra los Shimon. Pero esta vez no había lucha, solamente ayudar a un amigo.

—Lotte eres una gran chica, te aseguro que pronto estarás rodeada de amigos, que serán como tu familia—

—Pero yo no puedo hacer amigos, no sé cómo hacerlo—

—Yo ya soy tu amigo—

La chica volteo a verlo con gran sorpresa en su rostro, antes que la comprensión pareciera brillar en sus ojos y pequeñas lágrimas se formaran en estos. Sonrió pensando que tenía unas cuantas similitudes con Lambo. Aun así esta se contuvo de llorar y en cambio, con ojos algo llorosos, mostro una gran sonrisa verdadera.

Que hizo que él se sonrojara levemente avergonzado.

—Muchas gracias, Tsuna—dijo con un rostro, que aunque no lo admitiera en voz alta, era muy hermoso.

Entonces sonrió a pesar de su sonrojo.

Porque ambos eran amigos ahora.

Continuara…

Gracias por leer.

Nota:

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Sayonara sexys lectores.