CAPITULO 30: LUZ Y OSCURIDAD. EL ARMA PERFECTA CONTRA LA MALDAD. EL SECRETO DE LOS OBJETOS PERDIDOS.

¿Por qué me hiciste esto?

Tanta búsqueda,

Tanto tiempo invertido,

Toda esas lagrimas derramadas,

Tanto dolor despertado,

Y ¿para qué?


Silencio, quietud, peligrosa calma antes de la inminente tormenta. Todos los elementos de la naturaleza se habían detenido anhelantes, expectantes, impacientes para presenciar el choque entre aquellos dos bandos que al fin después de tanto tiempo librarían una batalla que determinaría el destino de ese mundo.

-Esto es…

La Tierra, su ciudad, aquel maldito edificio en donde había perdido a tantas personas. Inevitablemente había regresado a la realidad, su esfuerzo por salvar a esa persona de la oscuridad había fracasado y ahora tendría que librar la última batalla completamente sola. Esas personas que tantas veces la habían salvado, ya no se encontraban.

-Sola...-masculló con amargura para sí misma a medida que observaba su alrededor.

Arriba, el cielo envuelto en tinieblas reflejaba la llegada del infierno a la Tierra. El olor de la sangre fresca mezclada con las cenizas producto de la batalla librada con anterioridad inundaba el sitio. Fierros retorcidos y paredes semi destruidas junto con un piso polvoriento constituían aquel edificio que parecía estar a punto de colapsar.

A una distancia no tan conveniente, iluminado por un aura maligna se encontraba el demonio que acababa de darle la bienvenida sonriendo perversamente ante la expresión de desconcierto de la chica. Cerca de él, la figura de su más fiel servidor yacía inerte en el suelo. Al parecer su cadáver era lo único que no había sido absorbido por la fuerza de la oscuridad. Qué ingenuo al confiar en Belzemont. Creer en él era lo mismo que saltar a un abismo con los ojos cerrados. Tarde o temprano terminaría estrellándose contra el suelo. Sobre Azazel, para ser más precisos, unos cuantos metros arriba, una enorme esfera oscura permanecía suspendida, quieta, inerte, esperando.

-A pesar de todo no pudiste salvarlo. Tu fuerza no fue suficiente para traerlo de vuelta-afirmó el demonio observando la esfera.

¿Salvarlo? ¿Acaso ese objeto era resultado de la absorción del alma de Shaoran? ¿Era la concentración de oscuridad en su corazón?

- Tonta, como creíste que lo rescatarías-río a medida que caminaba hacia donde se encontraba la muchacha-Ahora es uno de los míos.

-Eso, no es cierto-murmuró la pequeña en voz baja, retrocediendo lentamente.

-¡Despierta, ya!-pronunció tomando a su presa por los hombros- Esta guerra la he ganado yo. Esa energía oscura concentrada no tardará en salir, y venir a mí. Tus objetos perdidos alimentaron mi fuerza, y por si fuera poco todos tus aliados desaparecieron. ¿Crees que tienes alguna oportunidad? Ja, niña tonta.

Bruscamente el demonio lanzó a la muchacha contra el suelo. Mirando pensativo el lugar donde se hallaba su futuro "aliado", se fue alejando.


Realidad…

Aquel baldazo de agua fría que cae sobre ti cuando enfrentas la verdad…

Siempre permanecemos aferrados a una pequeña fantasía para evitarla, pero cuando esta desaparece…

Ya no queda nada.


Estaba perdida. Lo sabía. Se encontraba de vuelta, sola y sin saber qué rumbo tomar. Los objetos habían desaparecido, el poder de su contrincante había aumentado de una manera aterradora, y ella estaba sola. Sola para librar la batalla final que salvaría al mundo del mal. Sola para soportar los ataques de la maldad. Sola, con su soledad.

Varias lágrimas empezaron a caer por el rostro de la muchacha. No había salida. La persona que más amaba no tardaría en despertar, pero para su tristeza no lucharía junto a ella. Sería su enemigo, al igual que Belzemont. Y ella, ¿que tenía para enfrentar esa amenaza? Ángeles estaba en su interior pero ya no sentía su presencia al igual que antes. Y sus guardianes, sus protectores habían muerto. ¿Cómo podía ganar esa batalla?

La esperanza poco a poco estaba abandonando su cansado espíritu. Lo mejor sería dejar que ese demonio terminara con su vida, con ese sufrimiento. Quizá de esa manera, regresaría con los seres que tanto amaba al otro mundo. Tal vez, solo así, en otra realidad podría vivir su historia de amor con la persona que tanto extrañaba en esos momentos.

"-No puedo hacer algo para cambiar el pasado, Helga. Ojalá pudiera pero no. Solo puedo crear un nuevo futuro para las personas que aun siguen aquí y, esperar el momento en el que nuevamente volveré a ver a quienes ya no están conmigo. Hasta mientras, mi lucha por cambiar el mundo y lograr un mejor futuro no cesará."

El abrupto recuerdo de esas palabras expresadas por Shaoran en uno de sus tantos entrenamientos había removido su interior. Al haber perdido a su primer amor, habría sido tan sencillo dejarse derrotar, derrumbarse y esperar a la muerte. Pero él no lo hizo. Continúo, llego a su ciudad, la conoció a ella y siguió batallando. Nunca se detuvo. Aunque al final su corazón se había perdido en la oscuridad, su anhelo por salvar ese mundo no desapareció. Claro que no, después de todo con sus últimas palabras depositó su confianza en ella para salvaguardar su futuro. Después de todo lo ocurrido, ¿rendirse era una opción? No, claro que no.

-No es momento para ponerse a llorar-con firmeza limpió sus lágrimas y se incorporó.

Era cierto. No debía llorar, ya no. Si tenía que morir, moriría peleando. Luchando por lo que lucharon todos los que murieron. Aunque no tenía mucho que dar y no estaba segura de poder ganar, la vida la había traído hasta ese preciso momento por algo. No podía dejarse vencer. No ahora. Utilizaría toda su fuerza, toda esa energía, toda esa luz que emanaba de su corazón para terminar de una vez por todas con ese miserable sujeto.

-¡Belzemont!-llamó decidida a enfrentar de una vez por todas: su destino.

-Tan pronto y de pie. Creí que seguirías lloriqueando por un rato más-pronunció fríamente, mirando a la joven.

-Ya no voy a derramar más lágrimas. Ya para qué. Si por tu culpa lo perdí todo. Te llevaste mi vida pero no importa, mi mayor consuelo será llevarme la tuya porque no descansaré hasta acabar contigo.

-Al fin decidiste enfrentarme. Me alegro pero tú no eres rival para mí. Eres débil.

-No. No lo soy. Soy mucho más fuerte de lo que parezco.

-¿Segura? Pues bien. Sera mejor que terminemos con esto cuanto antes. Primero me encargaré de ti, y luego de él-sonrío dirigiendo su mirada hacia aquella esfera llena de oscuridad.

-¿Lo vas a eliminar? ¿Por qué? Si en determinado momento llegase a salir, el sería tu aliado, ¿no?

-Sí, pero quiero ser el único que gobierne este mundo. No quiero compartir mi reino con alguien más.

-Eres repugnante…

-¿Por qué te sorprendes? No sería la primera vez que termino con un "aliado".

¿Cómo podía ser tan cruel? Eliminar a sus propios aliados. De que se estaba sorprendiendo. Azazel había corrido con esa suerte pero, ¿por qué Shaoran también? No, no se lo iba a permitir. Debía idear una manera de salvarlo.

"-Sera mejor que te preocupes por ti misma. A la final, esa persona ya no es quien conociste se convirtió en un ser mas al servicio de la oscuridad. Sálvate a ti, primero antes que a otra persona"

La inconfundible voz de su conciencia la había hecho caer en cuenta de ese pequeño detalle olvidado. Shaoran, su amado Shaoran ya no estaba más. Había desaparecido en medio de las tinieblas. Por más tristeza que eso le causará, no podía darse el lujo de preocuparse por otra persona que no fuera ella. Pero, llegado el momento ¿podría ver impasiblemente como ese demonio eliminaba a lo único que quedaba del chico que amaba?

-Sabes qué. Ya me aburriste. Solo permaneces allí, pensando. No tengo ni la paciencia ni el tiempo para esperarte. Acabaré con todo esto, ahora mismo. ¡Muere, Ángeles!-gritó el demoniaco ser a medida que concentraba su poder en un ataque letal enviándolo directamente al sitio donde se hallaba su enemiga.

La desagradable sensación de angustia frente a la inminente muerte se posó sobre su corazón evitando que hiciera algo para defenderse. No podía reaccionar, solo veía como aquella luz oscura rápidamente se acercaba a ella.

-Voy a morir-susurró aterrorizada mientras cerraba sus ojos-No voy a poder luchar sola. ¡No voy a poder!

"-Helga…Yo te protegeré…Confía en mí…Nunca estarás sola, porque yo siempre estaré contigo….En lo más profundo de tu corazón…Todo estará bien…"

Aquellos recuerdos junto con el sonriente rostro de su compañero de batalla iluminaron la atribulada mente de la muchacha despejando aquellas dudas y temores.

La persona más especial para ella se había sacrificado para salvarla, antes de que la oscuridad los consumiera a los dos. Él había dado su luz por ella. Un sacrificio por amor. No podía dejarse vencer. No lo haría.

-La luz de tú amor será mi fortaleza.

Una nube de polvo y cenizas se elevó en el aire ante el impacto del ataque.

-¡Lo logré! Terminé con esa molestia-sonrió triunfante el demonio al no encontrar rastro de su víctima.

Rápidamente se dirigió hacia donde se encontraba la esfera. Al fin había exterminado a esa mocosa, ese ser de luz que siempre lo perseguía para arruinar sus planes. La había acabado, tal y como lo había hecho en el pasado. Y estaba seguro de que en un futuro si se volvían a ver, lo volvería a hacer. Porque después de todo. La luz siempre había sido débil. Nunca había podido con él.

-Ahora sigues tú.

Rabia. Cuanta rabia le tenía a ese muchacho. Poseído por la oscuridad se había atrevido a desaparecer a todos sus sirvientes, lo había desafiado, y se había burlado de él. Ahora podía vengarse. No necesitaba alguien como él a su lado, por el poder que en ese momento percibía dentro de la esfera era más seguro eliminarlo antes que mantenerlo como aliado. Si salía, si tomaba una forma, ese ser era capaz de eliminarlo. No, no había llegado tan lejos para morir en manos de un mocoso.

-Morirás, ahora-masculló furioso el demonio preparando su ataque para acabar con la enorme esfera.

-No-Te-Atrevas-… ¡A tocarlo!

La desafiante voz de su contrincante detuvo su acción. No podía creerlo. Acaso esa niña continuaba con vida. ¿Cómo era eso posible, y porque no había detectado su presencia antes?

A unos cuantos metros lejos del ser, precisamente de entre los escombros la silueta de Helga se incorporaba ilesa. El brillo que despedía todo su cuerpo demostraba que algo en ella había cambiado. De entre las cenizas surgía una muchacha completamente distinta. Largas alas blancas habían nacido de su espalda, un traje blanco conformado por una larga blusa y un pantalón del mismo color cubrían su cuerpo. La armadura que protegía las partes más vulnerables de su cuerpo, era de oro. A un lado de su cintura, una filosa espada esperaba ser utilizada. El cabello antes suelto, ahora se encontraba trenzando, su mirada antes insegura ahora era confiada. Su expresión antes confundida, ahora era seria. Belzemont se encontraba frente a la más pura representación de una guerrera de la luz.

-Así que volviste a la batalla, Ángeles. Al menos harás esto más interesante.

-¿Ángeles? Si, debo admitir que el trajecito y mis nuevas extremidades son de ella-sonrío tranquilamente la muchacha-Pero ella no está aquí. Yo soy Helga G. Pataki. Y más vale que recuerdes el nombre de la persona que te va a derrotar.

A una velocidad impresionante la joven se elevó en el aire y con una patada fuerte y certera en el rostro, ante la sorpresa del demonio, lo mandó a volar lejos estrellándolo contra la pared. Una enorme nube de polvo se elevó en el aire. El ambiente se tornó más pesado. La batalla final había comenzado.

-¡No, tú no me vas a hacer esto!-gritó furioso, dispersando el polvo con la energía que despedía su cuerpo.

Extendiendo sus enormes alas, sobrevoló el edificio buscando a su presa. El verla tranquilamente parada en el suelo, esperando su ataque, lo sacó de quicio. No, nadie más se burlaría de él. Con fuerza descendió para atraparla pero lo único que consiguió fue estrellarse en el suelo. Ella era muy rápida, y al ser pequeña podía esquivar con mayor facilidad los ataques.

-¡¿En qué te convertiste, mocosa?!

-Acaso no querías un rival digno de ti. Pues aquí me tienes-respondió pasivamente mientras descendía cerca de donde había impactado aquel sujeto.

La voluntad y fuerza de su corazón habían despertado la esencia de Ángeles en la pequeña convirtiéndola en un ser mucho más fuerte para enfrentar a la maldad. Aun así, ¿esto sería suficiente para deshacerse de Belzemont?

Una suave brisa recorrió el lugar. Un demonio sorprendido, y una guerrera dispuesta a luchar hasta las últimas consecuencias eran los protagonistas de aquella historia que no tardaba en finalizar.

Lentamente, la criatura se fue incorporando con una inquietante expresión de calma en su rostro. Limpiando delicadamente los escombros de su cuerpo, el ser se encaminó hacia el lugar donde permanecía expectante el ser de luz, que tanto daño parecía haberle intentado causar. A medida que caminaba, un gran poder se concentraba alrededor, un halo de energía maligna empezó a crecer formando una espiral de destrucción que desaparecía todo lo que tocaba. A unos cuantos pasos de su enemigo, sus monstruosas alas se abrieron y con una mirada desafiante observó a su presa. Extendiendo su brazo derecho la llamó con uno de sus dedos, desafiándola a continuar con la pelea.

-Ven, querida princesa. Puedes atacar cuando quieras.

Dispuesta a responder a tal desafío, arremetió contra aquel ser sin darle importancia a la energía que despedía. En una fracción de segundo la muchacha estaba embistiendo a la bestia, y en la otra salía volando y se estrellaba contra el suelo. Una de sus alas rota, y un hilo de sangre recorriendo su rostro, eran claras señales de que esta vez no había salido tan victoriosa como antes. ¿Qué había ocurrido? En el momento del impacto, una ráfaga de viento cortante se había formado como escudo protegiendo al maligno ser y enviando a su atacante bruscamente contra el suelo. Era obvio que la magnitud de su poder se había incrementado de una manera asombrosa.

-¿Te dolió?-río cruelmente el demonio observando a Helga- Vamos, solo te impactaste contra mi campo de energía. No me digas que te lastimaste. Levántate. Sé que no te rendirás con tanta facilidad. ¡Pelea!

Con dificultad la niña se puso de pie. El dolor era indescriptible. Nunca había creído que la ruptura de aquella extremidad podía llegar a doler tanto. Cielos, era como si le hubiesen roto un brazo o una pierna. Colocando su mano sobre el mango de su espada se preparo para pelear en tierra contra aquel ser. Corriendo, se lanzó a atacar al demonio quien de inmediato desapareció el halo que lo cubría y respondió al ataque utilizando su brazo. Un brazo cubierto de una especie de armadura impenetrable. Adelante, y atrás. La muchacha atacaba con su espada, y él respondía, sin embargo a pesar de su agilidad con la espada el monstruo parecía no retroceder ni un solo centímetro. Cansado ya de los inútiles ataques de la chica tomándola por el brazo que asestaba las estocadas le propino un golpe lleno de aquella energía maligna en el vientre enviándola al borde de aquel corroído edificio.

No podía volar, una gran herida se había abierto en su estomago, el golpe había mermado sus energías y para colmo estaba a punto de caer desde aquella altura para estrellarse en el suelo sin opción a salvarse. ¿Qué podía hacer? Antes, en una batalla similar se había encontrado en las mismas circunstancias pero la luz de su querido ángel la había salvado. Ahora, que no tenía en quien apoyarse, ¿Quién la ayudaría? ¿Quién?

-Qué triste final para ti. Lástima, creí que durarías mas-se burló Belzemont a medida que pisaba con gran fuerza las manos de la muchacha haciéndolas sangrar.

Iba a perder, si no moría con la caída moriría con otro ataque, eso era seguro. De qué manera tan triste se terminaría su vida. Ni siquiera con todo el poder que corría por su cuerpo había podido causarle mayor daño a su enemigo. Acaso, la luz de su corazón no era suficiente para vencerlo. ¿Qué más se necesitaba? ¿Qué?

-Adiós-pronunció tranquilamente dispuesto a encajar el último golpe a las sangrantes manos de su contendiente.

Miles de destellos provenientes del interior de la esfera de oscuridad empezaron a chocar violentamente contra el lugar. Aquel objeto antes tranquilo, ahora parecía rodeado de una energía inestable que parecía estar a punto de estallar.

-No puede ser… ¡Despertó!-bufó irritado al ver que había perdido mucho tiempo "jugando" con la niña.

Una inmensa explosión destruyó el edificio enviando a la bestia y su víctima volando por los aires. En medio de los trozos del edificio que caían, la joven divisó al demoniaco ser intentando volar por lo que sin dudarlo se aferró a su pierna.

-Suéltame…No me toques...Déjame ya, mocosa…-exigió enojado a medida que llegaban y aterrizaban en el suelo.

-Gracias por el vuelo…-sonrío débilmente la chica.

-Agh, no puedo ocuparme de ti ahora. ¡No estorbes!-propinando una patada al cuerpo de aquella insolente, la mando lejos.

Estaba furioso por haber perdido tanto tiempo, por no haber destruido a ese sujeto antes de que despierte, por entretenerse con alguien que no valía la pena. Ahora tendría que lidiar con ese nuevo aliado, cuyos poderes igualaban los suyos. Lo único bueno era que entre los dos destruirían a la fuente de luz, lo malo: tendría que compartir su reino, y eso era algo que no quería. A la final la verdadera batalla se llevaría entre oscuridad para ver quien gobernaría ese mundo pero con sus poderes tan equitativos, esa guerra no tendría final.

-Debí haberlo destruido antes de que saliera.

-Destruir a quien, Belzemont.

La seca voz de esa persona, atrajo la atención de la pequeña quien tras unos breves segundos de buscar encontró la fuente de aquellas palabras. De pie, cruzado de brazos, tras el malvado demonio se encontraba su querido Shaoran. Completamente diferente, distinto aunque no de la manera que ella esperaba ver. Sus ojos antes vacíos ahora tenían una expresión de paz, su sonrisa era desafiante más no burlona, una expresión llena de seguridad y confianza. Todo lo contrario a lo que estaba esperando. No podía creer lo que veía. Después de haber sido absorbido por la oscuridad esperaba ver una especie de monstruo maligno, sin embargo aquella imagen era todo, menos lo esperado. Una camisa negra sin mangas, y un pantalón del mismo color lo cubrían. En su cinto llevaba una espada de oro, sobre su espalda dos hermosas alas negras se alzaban majestuosas. Alrededor una creciente bruma oscura cubría el lugar en donde deberían estar los pies del chico.

-Shaoran…-llamó aun sin poder creer lo que veía.

Después de lo ocurrido, lo menos que se esperaba era volverlo a ver. Aunque no se había resignado a su pérdida ella estaba segura de que su presencia jamás volvería a aparecer. Y ahora ocurría todo lo contrario.

-Porque no me contestas, demonio…-exigió el chico ignorando la voz de Helga.

-No vale la pena que intente mentirte-respondió el ser, a medida que volteaba a ver al recién llegado-Te quería destruir a ti. Contento.

-¿A mí? Y se puede saber porque querías hacer tal cosa.

-Lo sabes muy bien. Ahora que tu cuerpo representa la completa oscuridad tienes la misma probabilidad de convertirte en el rey oscuro de este mundo como yo.

-Y eso te molesta.

-No hice tanto, no trabajé tanto para que ahora llegues tú, y te posiciones de lo que me pertenece.

-Por lo que veo, aun no te has desecho de la luz…-sus ojos cafés se posaron sobre la muchacha que observaba todo en silencio.-Y ya te estás disputando el "trono" conmigo. ¿No te estás precipitando?

-El triunfo sobre el bien ya es nuestro. La luz no me preocupa.

-Pero, yo sí.

Helga estaba confundida. No entendía que estaba pasando. Porque ambos no la mataban de una vez por todas. ¿Porque estaban discutiendo?

-Eres uno de los míos, muchacho. Estas en el bando de los malos. Lo único que te podría pedir para evitar una vana lucha por toda la eternidad, es que me respetes, y me des mi lugar como el único gobernante oscuro de este sitio.

-Interesante elección de palabras. En primer lugar, jamás te respetaría y mucho menos te rendiría pleitesía. En segundo lugar, soy la oscuridad. La completa oscuridad. No pertenezco a ningún bando. Y en tercer lugar, no se me antoja verte como rey de este mundo. Entiendes, o te lo repito.

-¿Así que me desafiarás para reinar?

-Soy un ser neutral, Belzemont. Yo elijo que hacer, porqué pelear y para qué. Y en este momento, decido…-sonrío el joven pasando a lado del desconcertado demonio y dirigiéndose hacia la confundida muchacha.-Pelear contigo. ¡Levántate, Helga!

Ambos estaban atónitos, demonio y chica no podían creer lo que acababan de escuchar. Ciertamente las cosas no habían salido como lo habían pensado.

-Tú debes luchar conmigo, que te pasa, qué haces aliándote con ella.

-Belzemont, no te exaltes-apaciguó el chico extendiéndole la mano a la muchacha para levantarla del suelo.-Helga, ¿Por qué no tomas mi mano?

A pesar de tenerlo tan cerca, de haber escuchado su voz, y de ver tendida su mano para ayudarla, no podía creer aun lo que estaba ocurriendo. ¿Cómo hacerlo? Cuantas veces había caído en la trampa del mal, ahora tenía miedo, mucho miedo de creer en su supuesto aliado. Y si la terminaban traicionando por la espalda, podría soportar la estocada final de ese ser maligno que había llegado a terminar con su mundo, pero de Shaoran. No, no podría soportarlo.

-Confía…-susurró el castaño acercándose a su oído.

Esas palabras. Eran las mismas que había pronunciado antes de desaparecer. Respirando entrecortadamente ante la intimidante pero reconfortante presencia del joven, la chica extendió su mano. Una sensación de calidez invadió su cuerpo al tocarlo, sentía como sus energías volvían y sus heridas desaparecían. Se estaba recuperando. Pero ¿Cómo?

-¿¡Como puedes traicionarme?! ¡Traicionar a la oscuridad, a la maldad que reside en ti!

-Por favor no grites. No hay necesidad. Te puedo escuchar perfectamente-respondió el reclamado soltando la mano de quien acababa de recibir su ayuda-Todo tiene una explicación.

-Me encantaría escucharla.-escupió fuera de sus casillas-Acabas de restaurar las fuerzas de nuestro enemigo, te le unes, y encima quieres que me calme.

-Tu error es creer que ella es mi enemiga.

-La luz siempre será rival para la oscuridad. Así como el bien siempre luchará contra el mal. Tu eres el mal, y ella el bien. ¿Cómo puedes…?

-¿En realidad crees que soy el mal?

-La oscuridad es maldad.

-No, Belzemont. Te equivocas. Ser la oscuridad, no precisamente significa pertenecer al mal. La oscuridad es una fuerza de vida, una fuerza que mueve de cierta manera el mundo. La maldad, es el resultado de un conjunto de sentimientos negativos, energías malignas que solo quieren conseguir la destrucción de todo. Como puedes ver. Son dos términos completamente diferentes. La oscuridad forma parte de la vida, la maldad forma parte de su destrucción.

-Entiendo, la oscuridad no necesariamente tiene que ser maldad-sintetizó la rubia.

-Así es Helga. La oscuridad es neutral. Es un elemento que coexiste con otro para mantener el equilibrio de la vida-colocando una mano sobre el hombro de la pequeña, continuó-No hay luz sin oscuridad y viceversa. Donde quiera que haya luz, también habrá oscuridad. Pero ambas fuerzas estarán unidas irremediablemente para mantener la armonía.

-Ya lo sabías…-chilló el demonio-Cuando dejaste que en tu corazón entrara la oscuridad, cuando abandonaste a la mocosa, y cuando viniste a pelear a mi lado. Tú ya lo sabías.

-Te equivocas. No lo sabía. Al inicio, los sentimientos negativos que reinaban en mi interior atrajeron la oscuridad, pero irremediablemente también la maldad. Sin embargo, después de aclarar las dudas, esos sentimientos desaparecieron y la oscuridad antes perturbada por la maldad, se volvió neutral.

-Supongo que eso ocurrió cuando ella entró en tu interior.

-Eso, es algo que no importa en estos momentos. ¿Lista, Helga?

La joven dio un respingo al escuchar su nombre. Hasta el momento había estado intentando procesar todo lo que había escuchado. No podía creerlo. Todo lo que había ocurrido tenía una razón de ser. Ella era la luz, y él la oscuridad y juntos se acababan de convertir en el arma perfecta para acabar con la maldad.

-Si están tan unidos, como dices. Si muere la luz, la oscuridad también lo hará.

Desplazándose entre los escombros caídos del edificio el demonio se lanzó hacia ambos con la intención de apagar esa insensata luz.

-Eso si yo te lo permito-colocándose frente a la chica el joven detuvo el puño de su atacante con su mano.

La fuerza de ambos era asombrosa, muestra de ello era la enorme cantidad de energía que despedían. Cuánta razón tenía esa bestia al decir que si ambos peleaban, esa batalla sería eterna. Ninguno parecía ceder.

-¿Ya te recuperaste por completo, Helga?-interrogó el joven en voz baja evitando que el demonio lo escuchara.

-¿Eh? Sí, claro…-respondió la muchacha, a unos cuantos centímetros de su espalda.

-Perfecto. Te necesito para terminar con esto.

Por su puesto. La fuerza de ambos era igual, la maldad y la oscuridad tenían la misma cantidad de poder pero si la luz intervenía…

Ya no podía seguir admirando el espectáculo. Era hora de intervenir. Sacando la espada, esperó para atacar. Al percatarse el ser, saltando hacia atrás se puso en guardia.

-Dos contra uno. Eso no es justo…-musitó molesto. Estaba preocupado. Nunca se había imaginado aquello. Ni usando todo el poder de los objetos podría equiparar la fuerza de ambos.

-Desde cuando tú has sido justo…-recriminó la chica abalanzándose contra él.

Imitando los movimientos de su compañera, el muchacho sacó su espada y juntos embistieron a la bestia. A pesar de la fuerza que poseía el demonio, el ataque conjugado de ambos era demasiado. Por más que se defendía con sus propias alas, brazos, y piernas, cortadas profundas y una sangre espesa y negra empezaba a manchar el suelo por las heridas que los dos le propiciaban. Tenía que pensar en algo rápido. O al menos, atacarlos por separado. Formando una bola de energía en una de sus manos, la lanzó contra la persona más vulnerable en ese momento: la luz. La muchacha al recibir el golpe fue enviada lejos, mientras tanto el demonio agarrando a su único oponente por los brazos salía despedido hacia los aires.

-¡Shaoran! -llamó la niña al verlos alejarse.

Debía destruir al muchacho. De esta manera, la luz sería destruida sin problema alguno. Pero, cómo. La fuerza de ambos era igual y por más que lo sacara de la atmosfera no lograría destruirlo. La única forma era…

-No quería hacer esto. Pero tú me obligaste-masculló el demonio soltando a una altura considerable a su enemigo. Ambos abrieron sus alas y se mantuvieron en el cielo, mirándose con cautela.

Recurrir a esa opción, no era su mejor alternativa. A esas alturas prefería derrotarlo con su propio poder, pero este no bastaba. No era suficiente para eliminar la luz y la oscuridad al mismo tiempo. Solo existía una salida. Traerlos de vuelta a la batalla. Era consciente que su fuerza disminuiría, pero tendría alguna posibilidad de derrotar a su enemigo. Ya luego se preocuparía por absorberlos nuevamente para recuperarse. Debía darse prisa, la luz no tardaría en unirse nuevamente a la batalla.

Extendiendo su mano derecha, conjugó una pequeña cantidad de energía negra alrededor y sin pensarlo mucho la clavó en su pecho, penetrando profundamente en él. Removiendo en su interior, sin importarle la copiosa sangre que caía al suelo, el demonio empezó a buscar algo.

-Lo encontré-sonrío triunfante a medida que volvía a sacar su brazo.

Al final de su mano, el mango de algo que Shaoran reconoció de inmediato le permitió reconocer uno de los objetos perdidos que tanto había custodiado. La espada, cuyo filo mortal protegía a su dueño de cualquiera que quisiera dañarlo. Arma creada con el fin de proteger a la luz, y que ahora estaba al servicio del maligno.

-Creo que también necesitaré esto…-usando su otra mano volvió a penetrar en su interior, esta vez sacando el objeto que tanto le había costado a Helga recuperar. El collar, otro artefacto ideado con el fin de atacar y eliminar a su enemigo. Capaz de utilizar los temores de sus enemigos para derrotarlos. Tan poderoso que el solo tenerlo, permitía a su dueño el control sobre 4 elementos: agua, aire, fuego y tierra. La única arma, que al parecer tenía mente propia e ideaba las estrategias para darle a quién la poseyera, la victoria. Las heridas del demonio cerraron después de tomar ambos objetos.

Con estas dos herramientas, nada podría derrotarlo. Aunque su poder hubiese disminuido, los residuos de energía que habían dejado en su cuerpo, lo mantendría deliberadamente a salvo. Su estrategia, aunque arriesgada era inteligente.

Las gotas de sangre que caían de la inexistente herida del demonio cayeron desde el cielo, preocupando a la chica. Esa sangre oscura, espesa, no era de su compañero de batalla. Eso quería decir que el demonio estaba muy herido. Y si eso era cierto, porque no bajaban, porque permanecían arriba. ¿Debía subir a lado de su compañero? O esperar para propinar el ataque final a su enemigo. ¿Qué debía hacer?

-No eres más que un demonio tramposo.

-¿Tramposo? –se burló el demonio mientras limpiaba con su mano el filo de la espada.

-Viste que no podías ganarnos y te escudaste bajo los objetos sagrados.

-¿Preocupado? Haber tú te uniste a la luz, ¿verdad? Porque yo no he de utilizar también el poder de la luz a mi favor. Después de todo, estos objetos fueron su obra. Vamos, ahora sí podemos pelear de manera justa. ¿Preparado?

El joven levantó su espada ante lo que acababa de decir el demonio, y se lanzó sobre el monstruo. Empezaron a pelear. Espada contra espada, la fuerza del objeto perdido irremediablemente era incomparable al arma que tenia Shaoran. A pesar de la excelente técnica que mantenía el chico, dos o tres veces tuvo que volar para esquivar el mortífero ataque. En el aire, perdió de vista al demonio. ¿Dónde se encontraba? Acaso lo estaba acechando para darle el ataque final.

-No puede ser… ¡Helga!-reaccionó el castaño lanzándose de inmediato al lugar en donde estaba la chica.

Nada ocurría ni rastros de los dos. Ahí estaba ella caminando algo adolorida por el golpe recibido, y sin poder hacer nada para ayudar. Una sombra oscura empezó a vislumbrarse por los aires.

-¿Qué es eso?-susurró la muchacha deteniéndose y mirando desconcertada aquello que se acercaba a toda velocidad.

Poco a poco, la figura del poderoso demonio con espada en mano se aclaró. La decisión estaba tomada, primero acabaría con ella y luego con él. A unos cuantos metros de donde estaba, la chica se percató del peligro. Intentó sacar su espada pero ya era demasiado tarde el demonio se encontraba demasiado cerca. Solamente se limitó a cerrar sus ojos esperando el golpe final pero este nunca llegó. A toda velocidad Shaoran había logrado llegar antes, deteniendo con su espada el ataque del demonio. El poder del objeto perdido era inmenso, poco a poco empezó a romper el filo de la espada del niño, quien al percatarse empujó a Belzemont con todas sus fuerzas y abrazando a Helga salió nuevamente despedido hacia el cielo.

-Shaoran…-llamó la joven desde el pecho del chico-Ese era…

-Era uno de los objetos perdidos-respondió soltando a la chica para que pudiera volar junto a él.

-Se supone que protege, no ataca. Aunque supongo que bajo el poder de ese demonio, puede hacer lo que él quiera.

-La espada estaba bajo mi cuidado, y no pude cuidarla. Cayó en manos del mal, porque como dueño mi poder no bastó para evitarlo.

-Estabas confundido en ese momento. Yo tampoco cuidé el collar, nunca supe cómo usarlo hasta que Ángeles se unió a mí. Ahora que sé cómo hacerlo, no lo tengo. Son cosas que sucedieron, no podemos hacer algo por el pasado pero debemos idear algo para este momento.

-Ese maldito no te hizo daño.

-No, no alcanzó a lastimarme. Gracias por llegar a tiempo pero, no tienes porque preocuparte por mí.

-¿Qué?

-Shaoran, yo soy tu compañera de batalla y es mi deber apoyarte.

-Casi mueres hace un momento.

-Lo sé, fue mi descuido. Debía estar preparada para cualquier cosa, y su ataque me tomó por sorpresa. Te prometo que no volverá a pasar. La única forma de vencer y quizá, tener la remota esperanza de ganar en esta batalla: es luchando juntos. No servirá de nada si todo el tiempo estás protegiéndome.

-No quiero que nada malo te pase-susurró el castaño.

-No quiero ser solo la princesa que tiene que ser protegida, quiero ser la guerrera que luche a tu lado. Tu también entiende que si algo te pasa yo no podría continuar esta batalla. Este lazo, este lazo de amor que tenemos, que superó tantas cosas y lo seguirá haciendo es la fuerza que nos ayudará a ganar. Recuerdas lo que me dijiste en tu interior: Confía. Pues ahora yo te pido que confíes en mí.

-Que escena tan conmovedora-se burló el demonio que ya los había localizado.-Lastima que no podrán permanecer así por mucho tiempo.

Utilizando el monstruoso poder del collar, Belzemont creó una monstruosa criatura de tierra ardiente y lava. Lanzando al ser contra la niña, embistió al castaño con su espada.

-¡Shaoran!

-Estaré bien, ocúpate de ese ser.

Tomando la espada, la pequeña se dispuso a enfrentarlo. Llamas, rocas y lava, lanzadas a diestra y siniestra caracterizaban el ataque del monstruo. Era fácil evadirlo, mientras volaba, lo difícil era asestarle un golpe a su impenetrable coraza.

-Cómo puedo acercarme lo suficiente sin arder en el intento-susurró la rubia mientras limpiaba la sangre que caía sobre su frente resultado de haberse aproximado demasiado a su enemigo.

El tiempo pasaba, y no había logrado causarle ni un pequeño rasguño. Ella en cambio tenía algunas quemaduras, y varias heridas en su cuerpo. La espada no era suficiente, usar flechas de fuego tampoco serviría. ¿Fuego? Es verdad la esencia de su poder era el fuego.

Rugiendo ferozmente, el ser se aproximó a la chica dispuesto a acabar con ella.

-Lo tengo…

Utilizando su energía, envolvió su cuerpo en una capa de fuego y embistió al monstruo.

-¡Desaparece ya!-con gran fuerza atravesó la tierra incandescente, la lava, las rocas que lo conformaban hasta llegar a su negro corazón, sin inmutarse continuó su vuelo y entrando al mismo lo agujeró destruyendo de inmediato esa creación. La explosión la mandó lejos, pero logró frenarse a tiempo antes de llegar al suelo.

-¿Lo logré? Siiii, ¡lo logreé! Eso te enseñará a no meterte con Helga G. Pataki. Si, acabe contigo. Viste eso, Shao…-la niña enmudeció, ¿dónde estaba él? Nuevamente sus ojos se posaron en el cielo en donde en medio de un torbellino divisó dos figuras peleando. Sin pensarlo dos veces salió volando hacia allá.

Estaba orgullosa de haber derrotado a ese ser por cuenta propia, sin ayuda de nadie pero no era momento de andar celebrando. Belzemont continuaba vivo.

En el aire, para ser más precisos, en aquel torbellino: violentas ráfagas de viento herían el cuerpo del castaño a medida que el demonio asestaba golpe tras golpe con la espada. Volar no era de mucha ayuda, Shaoran lo sabía, pero cuando intentaba descender el torbellino se posicionaba bajos sus pies haciéndolo subir de nuevo. Definitivamente al malvado ser no le convenía que pusiera sus pies sobre la tierra. Al tenerlo en el cielo, y con el viento de su favor era más fácil herirlo. Hasta el momento el joven tenía varias cortadas profundas en todo su cuerpo y gran parte de su ropa hecho jirones.

-Dónde quedo tanto poder, príncipe de la oscuridad-se burló Belzemont, viendo como al niño le costaba respirar y más aún responder sus golpes.

Luchando contra la fuerza del viento que parecía querer arrancar su piel con sus embestidas, el chico guardó cuidadosamente su espada. Movió su cuello de un lado a otro, logrando recuperar el aire para respirar. Y observó al demonio.

-Gracias-pronunció sonriente el castaño.

-¡Porqué me agradeces!

-Por recordarme lo que soy. Tú lo has dicho. El príncipe de la oscuridad.

Extendiendo sus negras alas destruyó el torbellino que lo aprisionaba y envío lejos a su enemigo. El aura oscura que rodeaba sus pies, se extendió por todo su cuerpo hasta su cabeza curándolo de inmediato. El poder que tenía era absoluto. Era enorme. Es verdad no tenía comparación con cualquier otra sensación que pudo haber tenido antes, ni cuando encontró las cartas, ni cuando reclamó la espada. Era tan fuerte.

-¿Estás bien?

La voz de su compañera lo sacó de sus cavilaciones. La misión que tenían volvió a su mente. No era el momento para admirarse. Debían derrotar al mal. Helga y Shaoran se observaron.

-Estoy bien.

Si confiaban en sus poderes, triunfarían. Era hora de darle final a ese monstruoso ser que tanto daño había causado. Entendiendo que en ese momento tenían que apoyarse el uno al otro, y tenían que pensar solamente en destruir a su enemigo los dos se dispusieron a atacar.

Helga tomando su espada se lanzó contra el demonio, este respondió al ataque con el objeto sin percatarse de los rápidos movimientos del castaño, quien con una patada en la nuca envío al demonio hacia el suelo.

Ambos jóvenes, luz y oscuridad unidos, se lanzaron hacia Belzemont. Helga intentó clavar su espada en el cuerpo de la bestia pero este al percatarse de su presencia dió un salto hacia atrás sin percatarse de la oscura energía creada por el castaño que desde el cielo impactó su cuerpo. Debilitando su fuerza.

-¡Ahora!- animó Helga lanzándose hacia el demonio, a su lado descendió el castaño sacando de su cinto la espada.

Atacando uno tras de otro los dos lograron hacer retroceder al ser. El uso simultáneo de aquellas dos espadas contra los objetos perdidos había equilibrado la batalla. Poco a poco, la bestia empezó a desesperarse. Utilizando cada vez, movimientos más torpes, el monstruo empezaba a perder la batalla.

-Mueran, malditos… ¡Mueran!…-presa de la angustia ante la posibilidad de perder, el demonio utilizando la energía de ambos objetos junto con su esencia, creó una gigantes esfera de energía destructiva.

-Espera Helga, no te acerques-advirtió el castaño al ver que su compañera intentaba acercarse al demonio.

-¿Qué ocurre? No dejes que otra de sus artimañas te engañé. Podemos derrotarlo.

-No lo creo. Este ataque es producto de la unión de todo su poder unido a la fuerza de los objetos sagrados. Su único fin es destruirnos. Ya no le importa nada más.

La niña observó a Belzemont. Para su sorpresa este lucía completamente derrotado y débil en el cielo. Aquel demonio ya no quería ese mundo, ni más poder. Solo quería eliminarlos. Sí el moría después no importaba. Al fin de cuentas, lo reconocerían como el primero que derrotó el bien.

-¿Quieres decir que sí…?

-Si nos toca, moriremos-asintió el muchacho.

-Pero si se la devolvemos.

Ambos se miraron durante una fracción de segundo. Para sobrevivir uno tendría que recibir de frente el ataque. Necesariamente, no tendría que ser así pero alguien debía devolverlo a su emisor, mientras la otra persona se aseguraba de que el mismo, no intentará escapar. Era la única manera de ganar. La esfera destructiva se aproximó. Ya sabiendo que hacer ambos se separaron.

-Suerte Helga…-pensó el castaño a medida que concentraba todo el poder oscuro que guardaba en su interior para recibir ese ataque.

-No mueras, Shaoran. Por favor…-pensó la muchacha mientras corría por un costado hacía donde se encontraba el enemigo.

Belzemont, anhelante esperaba la explosión de aquella bola de energía maligna pero este nunca ocurrió. Al contrario parecía que la esfera se había detenido, y avanzaba de vuelta hacia él mismo. Le estaban devolviendo su ataque.

-¡No! Eso sí que no.

La esfera destructiva, como si hubiese sido lanzada con mucha fuerza, se dirigió a toda velocidad contra el demonio. Helga rápidamente llegó junto a él y deteniéndolo con todas sus fuerzas, evitó que huyera. El impacto fue fulminante. El cuerpo del demonio recibió todo su ataque de lleno. La niña lo soltó a tiempo para no ser dañada y aterrizó en tierra. Una fuerte explosión seguida de un grito aterrador se extendió por toda la ciudad.

-Lo logramos…Al fin…-suspiró la pequeña satisfecha pero enmudeció enseguida. En el cielo, una extraña nube negra se había formado. En medio de la misma, el cuerpo de Belzemont flotaba y a su lado tanto la espada como el collar formaban un escudo a su alrededor.

-No puede ser…Los objetos, ¿lo protegieron?-Helga se derrumbó en el suelo. Acaso no podrían destruirlo jamás.

- De pie. Tenemos que continuar-la mano de Shaoran tomó la suya y la levantó. El chico no lucía bien, estaba herido, se notaba que el cansancio físico lo inundaba y le costaba estar de pie. Había utilizado toda su energía para evitar ser destruido y devolver el ataque, que ahora ni siquiera podía regenerar sus heridas. Aún así. Él quería continuar.

-Pero tú…

-No podemos haber llegado tan lejos para rendirnos ahora. Hay que dar el todo por el todo. Si esos objetos lo protegen. Haremos que dejen de hacerlo.

-¿Cómo?

-Recuperando lo que una vez fue nuestro. Tú irás por el collar y yo por la espada.

- Él no nos va a dejar.

-Está inconsciente. Si le arrebatamos los objetos, no podrá recuperar su poder y le asestaremos el golpe final. ¿Estás lista?

No, no lo estaba. Ese plan era demasiado arriesgado considerando el estado de su compañero. No quería perderlo. Pero era la única oportunidad de ganar. Tenía que hacerlo.

Anteponiendo el deber a sus propios deseos, la chica se elevó en el cielo seguida del castaño. Se acercaron a los objetos suspendidos en el aire. Debían tomarlos y rogar por no ser destruidos en el intento. Sin embargo los mismos, parecían tener otros planes. Al sentir su presencia, el collar brilló con una fuerte intensidad apareciendo frente a los niños, la guardiana del mismo.

-Nuevamente, nos volvemos a ver princesa.

-¿Quién eres?

-Es la guardiana del collar-respondió Helga sintiendo un escalofrío al recordar todo lo que vivió en la cueva para conocerla.

-¿Qué quieres?-interrogó el castaño desconfiado-Estas de parte de él. ¿Nos vas a lastimar?

-Si los objetos desean obtener, un sacrificio deben ofrecer. Ángeles lo sabía y Gabriel también. ¿A quién ofrecerán ustedes?

Ambos niños se observaron confundidos.

-No lo entienden, ¿verdad? Su mirada los delata. Seré clara, entonces. Para que Ángeles y Gabriel, y su historia pudieran volver y entrar en sus vidas, ustedes tenían que sacrificar algo. El pequeño perdió a la más importante en su vida, y tú pequeña, tu inocencia. Es un pequeño precio que debían pagar.

-Espera, la muerte de Sakura fue…

-Un sacrificio. En tu caso, un sacrificio de amor con el que lograste traer a Gabriel. Y en el tuyo…-señaló la mujer a la niña que permanecía callada-Fue un sacrificio de pureza, con lo que pudiste traer a Ángeles.

Una gama de sentimientos se entremezclaban en la cabeza de la niña. Enojo, ira, miedo. No podía entender como desde miles de años atrás ya estaba previsto que algo así sucediera. ¿El sacrificio tenía que ser pagado porque era su destino luchar contra el mal? ¿Acaso ella no era dueña de su propio destino?

-Será mejor que se den prisa. Nuestro dueño está a punto de despertar-continuó la mujer observando al demonio durmiente.

-Necesitamos los objetos. Llegamos muy lejos para rendirnos. Por favor, entrégaselos a ella, yo seré tu sacrificio.

Las palabras de Shaoran sacaron a la niña de su trance.

-Espera, ¿qué? ¿Por qué? No. Me niego.

La mujer sonrío. Y antes de que la niña pudiera hacer algo para evitarlo, la misteriosa guardiana embistió con fuerza al chico estrellándolo contra el suelo. Cuando la enorme nube de polvo y cenizas se disipó, la niña divisó como gruesas cadenas ataban al niño y lo arrastraban al abismo infernal de donde enormes llamaradas de fuego salían. La mujer había desaparecido.

-¡Shaoran!

-No-advirtió el castaño -Toma los objetos. Confía en mí, estaré bien. ¡Hazlo!

Obedeciendo a su compañero, Helga tomó el mango de la espada con una mano y con la otra el collar. Al fin los objetos cambiaban de dueño. La nube negra que rodeaba a Belzemont se disipó dejándolo caer al suelo. Presurosa, la niña intentó llegar a salvar al muchacho pero este había desaparecido.

"Tranquila. Si haces las cosas bien. Lo volverás a ver. Querías los objetos, ya los tienes. Piensa bien lo que vas a hacer"

La voz provenía del collar que ahora se había colocado en su cuello. Su mirada pasó del lugar en donde había estado Shaoran a donde se encontraba Belzemont, quien en ese momento despertaba. Sabía lo que tenía que hacer.

El demonio se alzó sorprendido sobre el cielo. Según él debería estar muerto al recibir tal ataque pero estaba bien. Sonrío. No había nadie a su alrededor. El muchacho había desaparecido, al fin había terminado con él. Y era obvio que la luz también había corrido con la misma suerte. Definitivamente era más fuerte de lo que pensaba. Observando su mundo, su reino empezó a reír a carcajadas. Al fin ese mundo era completamente suyo. Al fin sus esfuerzos eran recompensados. Al fin.

-¡Lo logré! Después de tanto…–sostuvo victorioso-¡Triunfé! Ja, ja, ja.

Sin percatarse de la presencia de la única persona que era capaz de terminar con su maldad, el demonio empezó a reír con ganas mientras observaba todo su "reino". Tan feliz estaba que ni siquiera se percató del arma que en ese momento se alzaba para acabar con su vida.

Utilizando la filosa espada, de una manera certera y rápida, sin dudarlo la muchacha cercenó de una buena vez y para siempre la cabeza de su enemigo. Grandes cantidades de sangre salpicaron el blanco atuendo de la muchacha, quien inmutable observaba su obra. Los ojos abiertos de horror, la expresión de sorpresa, y la sonrisa congelada de triunfo de aquel maligno ser formaban parte de una imagen que nunca se borraría de la mente de Helga. Las partes de aquel ser descendieron hacia el suelo.

Belzemont había muerto. Después de tanto dolor y sufrimiento, todo había terminado. La maldad había desaparecido y aunque era demasiado tarde para su ciudad, no lo era para el resto del mundo. No importaba que nadie nunca supiese la batalla que se había celebrado aquel día, claro que no. Lo importante era que la oscuridad desaparecería, llevándose la maldad infinita y volviendo a traer la paz y tranquilidad al mundo. El sacrificio de Shaoran y el suyo propio habían valido la pena.

-No puede ser, Shaoran-recapacitó la joven recordando al chico.

Colocando sus manos sobre el collar, llamó con su mente a su guardiana. Solo quería una sola cosa. Ya no necesitaba los objetos, si se los devolvía, existía la remota posibilidad de recuperar a su compañero. Solo sí su guardián, escuchaba los deseos de su corazón. Quizá era un plan ridículo, pero era la única esperanza a la que se aferraba para no perder la esperanza de volverlo a ver.

"Quieres que vuelva lo haré volver. Los objetos desaparecerán. Y lo volverás a ver. Pero te arrepentirás. ¿Aún así quieres que lo haga?"

-Asumo el riesgo. Devuélveme a Shaoran, por favor.

"Hecho"

El collar y la espada brillaron con intensidad y desaparecieron del cuello y la mano de la niña. Habían regresado a su eterno sueño, después de la batalla celebrada. Un escalofrío recorrió el cuerpo de la joven. Nada a su alrededor había cambiado. Aunque había derrotado al mal todo seguía igual. Aún así la esperanza continuaba en el corazón de la muchacha. Muy pronto la claridad entraría a la Tierra, las flores se abrirían gloriosas al azul cielo, y los pajarillos cantarían alegres al mundo.

Muy pronto.

Claro que sí…

Solo era cuestión de tiempo para que ese ambiente desapareciera.

Solo tenía que esperar.

-¿Por qué nada ha cambiado? Y ¿Dónde está Shaoran?

El cielo permanecía oscuro, en tinieblas. Enormes llamaradas continuaban emergiendo del fondo de la tierra elevándose majestuosas ante los azules ojos de la muchacha. La pesadez del aire, cargado de maldad, sangre, muerte no había desaparecido. Todo continuaba tal y como estaba. ¿Acaso no era suficiente terminar con la fuente de la maldad para volver todo a la normalidad?

Quizá habían destruido al demonio demasiado tarde. Tal vez la maldad se había posesionado por completo de su mundo. Podía ser que ya no hubiera vuelta atrás en la destrucción de su mundo. No, eso no podía pasar. Si sus suposiciones eran ciertas, toda esa batalla se habría realizado en vano. ¿Tanto esfuerzo para nada?

-Shaoran…-llamó angustiada, esperado obtener una pronta respuesta.

"Ya devolví los objetos, porque no apareces"

-¡Shaoran!-gritó mientras caminaba sobre el árido suelo. Nada.

Alzando sus ojos hacia el oscuro cielo, suplicó que nada le hubiese ocurrido a su compañero. Ella confiaba en él, confiaba en que sobreviviría pero y si no.

-¿Dónde estás?-pronunció débilmente mientras su espíritu antes fuerte se derrumbaba.

Por fin había destruido a ese demonio, al fin se habían desecho de ese ser que tanto daño les había causado y para qué. El mundo continuaba sumergido en la oscuridad y Shaoran había desaparecido. ¿Ese era el resultado de su victoria? Un triunfo vacío, hueco.

-¡Shaoran!-llamó desgarradoramente la joven golpeando con su puño el suelo que estaba pisando.

Tenía que haber otra salida. Ese no podía ser el final de esa historia. Debía haber algo más. Usando parte de su energía, formando a su alrededor una cálida onda, extendió con rapidez su poder sobre aquel sitio despejando el polvo, el humo, y las cenizas que seguían cayendo. Lo encontraría. Así le costara toda su vida, buscaría sin descansar a la persona que había perdido. No se resignaría hasta encontrarlo. No podía haber simplemente desaparecido. No.

Un extraño ruido atrajo la atención de la muchacha. Al parecer algo se arrastraba pesadamente sobre el suelo. Siguiendo aquella huella auditiva, la joven se lanzó decidida, dispuesta a encontrar la fuente de ese sonido. Si tan solo fuera él. Después de correr un buen trecho al final pudo ver con claridad de que se trataba. Lo que estaba presenciando, la dejó helada.

El cuerpo sin cabeza de aquel demonio caminaba sobre la tierra, con movimientos torpes pero seguros avanzaba amenazante hacia otro cuerpo que adelante, cubierto por tierra y polvo descansaba sobre el suelo. El tamaño, la forma, el atuendo negro y aquel cabello castaño eran inconfundibles. Aun a la distancia a la que ella se encontraba. Ese cuerpo era de Shaoran. Estaba segura. Era él.

-¡Aléjate!

Percatándose del peligro en el que se encontraba, la joven se interpuso entre esa abominación sin cabeza y el cuerpo inconsciente del muchacho. De un solo golpe envió a esa cosa lejos. Protegería a Shaoran. No dejaría que esa cosa le pusiera un dedo encima. No entendía lo que estaba pasando pero sabia reconocer cuando algo representaba una amenaza. Y sin duda el cuerpo de Belzemont lo era. A pesar del golpe recibido, como si no hubiese pasado nada, el cuerpo volvió a incorporarse. Nuevamente en dirección a donde ella se encontraba. Al parecer algo en el cuerpo de Shaoran lo llamaba con insistencia. Usando más fuerza en su golpe, la joven pateó al monstruo enviándolo aun más lejos que antes. A pesar de esto, el cuerpo repitiendo lo realizado anteriormente se volvió a encaminar en la misma dirección. No podía creerlo. Aun persistía en su intento de acercarse a Shaoran. Con la firme decisión de evitarlo, la chica reunió en la palma de sus manos la poca energía que le quedaba formando flechas de luz y fuego para destruir ese cuerpo. No lo dejaría avanzar más. En sus manos estaba evitar que ese ser, se acercase a la persona que tanto amaba.

-No lo hagas…-la suave voz del muchacho había llegado a sus oídos deteniendo su ataque.

La joven volteó y buscó aquellos ojos color cafés que creyó nunca más volvería a ver. Aquellos ojos llenos de luz y amor que tanta fuerza le daban.

-Shaoran-susurró la rubia, abrazando al chico-¿Cómo te sientes?

-He estado mejor…-pronunció, riendo débilmente.

-Tonto… ¿Cómo puedes bromear con tu salud? Mira como estas, ni siquiera puedes mover tus extremidades. Deja de aparentar que estas bien. Yo sé que no es así. Dime que tengo que hacer para que te recuperes.

-Tienes que dejarlo venir…-contestó seriamente el muchacho observando el cuerpo sin cabeza de Belzemont que lentamente se iba acercando.

-¿Estás loco? ¡Te va a lastimar!

-Helga…-sonrío tiernamente el chico-No me quiere lastimar. Yo lo estoy llamando.

-¿Qué?-pronunció desconcertadamente la joven.

Examinando minuciosamente al muchacho se percató de algo que no había visto. Alrededor de sus pies y piernas, una especie de capullo oscuro se había formado. Y eso no era todo, esa energía oscura que lo cubría parecía avanzar lentamente hacia el resto de su cuerpo.

- ¿Qué te está pasando, Shaoran?

- Esto es algo que supuse ocurriría-su voz se había tornado triste- Para detener el ataque de Belzemont, y devolvérselo utilicé casi todo mi poder. Ya no tenía fuerzas pero aún así quería seguir luchando. Pero cuando la guardiana pidió un sacrificio. Me ofrecí. Sabía que yo sería inútil en la pelea, pero si me entregaba y conseguías los objetos. Tendríamos una oportunidad de ganar.

-Y lo hicimos…

-De cierta manera, sí. Cuando me sacrifiqué esperaba no tener que volver porque si lo hacía volvería débil. Y para recuperarme, tendría que eliminar este cuerpo y tomar una nueva forma.

-Una nueva forma. No entiendo. Querías quedarte como sacrificio y no volver, para no tener que recuperarte. Eso es…

-La nueva forma no será mi cuerpo. Esta vez…

-Esta vez, ¿Qué?

-Esta vez la oscuridad no tomará mi forma. Al parecer quiere tomar la forma de Belzemont por eso está llamando a sus restos.

-Pero ¿porqué Belzemont?

-No lo sé. Quizá porque representa mejor el lado oscuro que yo. El asunto es que mi esencia, dejará de existir. Yo desapareceré para siempre.

"Lo haré volver…pero te arrepentirás"

Un escalofrío recorrió la espalda de la muchacha al recordar las palabras de la mujer.

-Cuando la oscuridad tome su nueva forma, permanecerá aquí. En este mundo. Reinando como la oscuridad absoluta.

-Por eso las cosas no volvieron a la normalidad cuando derroté a Belzemont.

-Hubiesen vuelto a la normalidad, si me hubieses dejado como sacrificio. Belzemont representaba dos cosas la infinita maldad, y el poder de la oscuridad. Tú terminaste con la maldad, pero la oscuridad continuó en este mundo porque yo regresé. Helga, yo soy la oscuridad. ¿Entiendes lo que tienes que hacer? Para traer la luz a este mundo. Tienes que eliminar la oscuridad.

-¡Pero tú dijiste que no había luz sin oscuridad!

-Cuando ambas están equilibradas. Ahora no lo están. Este oscuro mundo necesita luz. Y para ello tienes que terminar con la fuente de la oscuridad.

-Tiene que haber otra manera-respondió secamente la joven.

-Helga, no hay...

-¡Tiene que haberla!…-gritó la muchacha-No pienso perderte. ¡No lo voy a hacer!

-¿Quieres decir que llegamos tan lejos para nada?

-Es que...No puedes pedirme esto…Shaoran…-la joven rompió en llanto.

El maltrecho cuerpo de Belzemont se acercó a la pareja y tocando el pecho del muchacho fue completamente absorbido hasta desaparecer. Al parecer la cabeza había corrido con la misma suerte porque no había señal de esta por ningún lado.

-¿Cómo puedes estar tan tranquilo?-recriminó la joven ante la expresión de serenidad del chico.

-No lo estoy. Tengo miedo. No quiero morir. Pero es lo correcto.

-¡Estoy harta de hacer lo correcto! ¡Estoy harta de hacer lo que es bueno para el resto! Y ¿yo? Yo quiero que te quedes conmigo. Porque todas las malditas veces que te encuentro te tengo que perder.

-No lo sé…Tal vez aún no era nuestro momento…

-No, no digas eso. Claro que lo es, sino porque otra razón te conocí, y me enamoré de ti.

-Para aprender, para reconocer el amor, para luchar por él, para valorarlo…

-Y para perderlo… Una y otra vez para perderlo.

-Cuando un amor es verdadero: es único y especial. No se pierde con tanta facilidad.

-…-

-Vamos Helga, hazlo. Trae la luz a este mundo. Dale una nueva oportunidad al planeta para volver a vivir.

-No, no lo haré. No quiero. No puedo. No tengo fuerzas para hacerlo-lloró la joven mientras sus lagrimas caían sobre el rostro del muchacho.

-No llores. Morir no es tan malo. Quizá como les ocurrió a Ángeles y Gabriel, nuestras vidas se vuelvan a unir. Vamos, no quiero hacerte sufrir pero tú sabes lo que debes hacer.

-Tú no me haces sufrir. Tú me haces feliz. Es por eso que no quiero perderte.

-Las decisiones que tomé son las causantes de tu sufrimiento. Yo sabía que esto ocurriría cuando acepte la oscuridad en mí pero a pesar de saberlo, la acepté.

-¿Cómo que lo sabías?

-Era irremediable, dos fuerzas oscuras en un mundo lleno de oscuridad. Si la luz derrotaba a la una, la otra irremediablemente existiría a menos que la luz también se encargara de destruirla.

-Es decir que en tu interior…Tú ya sabias que te tendría que destruir…Sabías que si derrotábamos a Belzemont, el siguiente serias tú… ¿Por qué lo hiciste?

-Lo hice por dos razones la primera porque quería vencer a la maldad y la segunda, y la más importante para mí, porque quería verte de nuevo, porque que ansiaba luchar a tu lado, porque a pesar de saber que no sería mucho el tiempo, quería sentir tu presencia una vez más. Mi alma ya estuvo condenada desde el preciso momento en que deje que la oscuridad entrara en mi corazón, eso lo supe cuando estuve atrapado adentro pero después, cuando supe que había una oportunidad de vencer a Belzemont, de usar la oscuridad a nuestro favor lo acepté, acepté los riesgos y las consecuencias por ti, por este mundo, por una realidad diferente.

-Una realidad en la que tú no vas a estar…

-La mayor magia que conocí en este mundo son esos lazos que los seres humanos forman con otros y que los ayuda a levantarse aunque todo se vea gris. Yo tuve la suerte de formar esos lazos con personas que significaron mucho en mi vida. Uno de los lazos más especiales que formé, fue contigo. Aunque no me puedas ver, yo siempre estaré allí. En tu corazón. Ahora me tengo que ir, pero me voy tranquilo. Porque te veo aquí, fuerte, segura, a salvo. Allá, en el otro mundo, te estaré esperando ¿sí? Este no es el final de nuestra historia. Vive, disfruta, y cuando sea el tiempo nos volveremos a ver.

-De que me sirve la vida si no la vivo contigo. De nada.

-No digas eso. Tienes que vivir. Prométeme que vivirás y serás feliz. Recuerda lo que una vez te dije: No puedes hacer algo para cambiar el pasado pero puedes crear un nuevo futuro, para las personas que aun siguen aquí y esperar el momento en el que volveremos a vernos.

-Quédate conmigo, Shaoran-susurró la muchacha.

-No hagas esto más difícil. Tú y yo sabemos, que yo me tengo que ir.

-…-

-Usa lo que te enseñé para eliminar la oscuridad. Nada me haría más feliz que sentir por última vez la cálida luz que emanas en mi corazón. Hazlo.

Lentamente como si nunca quisiera terminar, la chica invocó una flecha de luz en su mano y se arrodilló junto al castaño. El capullo ya había cubierto todo su cuerpo. Lo único que aun permanecía libre era su rostro. Sus ojos, su nariz y aquella sonrisa triste que le estaba dirigiendo en ese momento.

Gruesas lágrimas caían por los ojos de ambos guerreros.

-Nada me da más gusto que morir en tus manos-pronunció el castaño.

-Li Shaoran, prométeme que te volveré a ver en el otro mundo.

- Te lo prometo. Te estaré esperando, mi querida Helga.

Nunca había podido imaginar ese final. Acabar con la vida de la persona más valiosa. Acabar con la vida de aquella persona que tanto amaba. Lo había recuperado tantas veces, y lo había vuelto a perder pero de lo que podría estar segura era que, si esta vez lo perdía no volvería a recuperarlo. Ese era el final, el final de todo.

-¡Hazlo, hazlo ya!-exigió el chico a medida que la oscuridad empezaba a cubrir su rostro.

-¡Perdónameeeee!-lloró desgarradoramente la muchacha mientras clavaba la flecha en el corazón del chico.

Una luz intensa surgió del pecho del chico, cubriendo su cuerpo y desapareciéndolo. Poco a poco esa luminosidad se expandió por todo el lugar. Arriba el cielo empezó a despejarse y las tinieblas comenzaron a desaparecer. Las grietas en el suelo cerraron, sellando las llamaradas de fuego que salían. El aire puro empezaba a circular nuevamente. La batalla final había terminado. A pesar de los tristes resultados, la luz había ganado.

-Adiós, Shaoran-susurró la muchacha derrumbándose en el suelo y llorando con todas sus fuerzas sobre el lugar en el que se encontraba el cuerpo del joven.

Cuanto tiempo estuvo allí, no lo supo. Aunque todo había vuelto a la normalidad y se respiraba tranquilidad en ese lugar, los únicos sentimientos que parecían llenar su corazón eran los de tristeza y desolación. Todos los acontecimientos que habían rodeado su vida desde la aparición de Belzemont en ese mundo, habían dejado un vacío en su alma que nada podría llenar. ¿Ahora que quedaba? ¿Continuar? ¿Cómo?

"Quería ser feliz con él. En un mundo normal y no pude. No pude."

Era el final. Ahora la vida le llevaría por nuevos caminos. Un futuro, muy distinto al que alguna vez ella se había imaginado.

-Cambiaría todo lo que soy ahora por una oportunidad de recuperar mi vida, mis amigos, mi familia, a Shaoran…-musitó a medida que gruesas lágrimas caían al suelo.

"No llores. Todo va a estar bien"

Desde el cielo, una cegadora luz descendió y envolvió el cuerpo de la chica transportándola a un lugar diferente. Un lugar distinto al que se encontraba. Pronto, su mundo dejó de existir, y se encontró suspendida en la nada. En medio de una infinito espacio blanco en donde no había nadie. ¿Qué había ocurrido?

-¿Dónde estoy?

-En un lugar que no está ni aquí ni allá. Podría decirse que es algo, pero también es nada.

-¿Eres la guardiana del collar?

- Sí, soy eso pero también fui la consejera real de tu padre. Perdón, del padre de Ángeles.

-¡Por tu culpa perdí a Shaoran!

-No, princesa. Tú decidiste devolverlo a la Tierra. Te dije que si hacías las cosas correctamente lo volverías a ver. Pero te equivocaste pequeña.

-Yo solo…

-Querías verlo de nuevo. Y lo viste.

-Y lo maté.

-Es duro, pero agradezco que hayas hecho lo correcto.

-No necesito tu agradecimiento.

- Y si te ofrezco una oportunidad.

-¿Oportunidad?

-La oportunidad de cumplir el anhelo más profundo de tu corazón. Un deseo. Solo si me concedes algo.

-¿Qué más quieres que te entregué? ¡No tengo nada! Entiende.

-Solo quiero quitarte un peso de encima.

-¿Qué quieres?

-A la princesa y al príncipe. Es decir, las esencias de Ángeles y Gabriel. Las necesito.

-Sus esencias se unieron a Shaoran y a mí. Y en todo caso, ¿para que los necesitas? Ya hice lo que debía, ¿no?

-El destino, mi niña. Da vueltas impredecibles, mis fines son secretos. Es algo que no te puedo contar. Pero son necesarios. Tú decides, a cambio te concederé un deseo.

La cabeza de la muchacha empezó a dar vueltas. Estaba confundida. Cuantas veces había soñado con encontrar una lamparita mágica que cumpliera todos sus anhelos para poder ser feliz. Ahora tenía esa oportunidad, una oportunidad que no podía dejar pasar. Su único deseo. Pero no era solo uno. Eran varios. Quería recuperar a su familia, su ciudad, a Shaoran. Eran más de uno.

-Si llego a aceptar tu propuesta-dudó la rubia-¿Cuáles son los límites de mi deseo?

-Solo uno. Tú deseo no puede cambiar el resultado de esta batalla.

-¿El resultado? ¿Y si pido que reviva una persona?

-Depende de que persona. Si esa persona murió como resultado de la batalla final no podrá volver a la vida.

La batalla final. Solo había perdido a una persona en la batalla final: Shaoran. Justamente la persona que mas amaba, y paradójicamente no podría revivirlo. ¿Qué clase de broma era esa? Claro, podría desear revivir al resto pero…

-No hay trato-respondió amargamente la pequeña-No tengo ningún deseo que pedir. Además no sé como entregarte las esencias de Ángeles y Gabriel. Olvídalo.

-Estoy segura que sí tienes un deseo. Y no solo uno. Porqué te rindes tan fácil. ¿Es por esa persona? ¿Es porque ningún deseo logrará que la persona más importante para ti, esté a tu lado, de nuevo?

-Aún si mi familia, mis amigos y todos los que conocí revivieran, mi vida no estaría completa sin él-murmuró Helga, recordando lo que había perdido.

-Esa persona es esencial en tu vida, ¿verdad? El sentimiento tan grande que tienes en tu corazón, lo vuelve importante e irremplazable.

-Sí. Ese sentimiento es: Amor. Tú propuesta no tiene sentido, si no me devuelves a Shaoran.

-Existe una forma para que esa persona vuelva a la vida. Pero no te gustará.

-¿Qué forma?

-La persona que murió poseído por la oscuridad, la persona que sacrificaste, y a quién no puedes de ninguna manera traer a la vida es la persona que tiene un sentimiento muy fuerte en su corazón por ti. Es esa persona que formó un lazo muy importante contigo. La persona más valiosa para tu corazón. Esa persona no puede volver.

-…

-No obstante, la misma persona que jamás entró a tu vida, cuyo destino jamás se cruzó con el tuyo podrá volver. Si tú así lo quieres. Cómo puedes ver, esa persona importante para ti habrá vuelto solo que…

-Ningún sentimiento nos atará. Nunca me habrá conocido.

-Es la misma persona ubicada en diferentes momentos en el tiempo.

-¿Eso se puede hacer? Es decir, el deseo puede de cierta manera manipular los límites del tiempo.

-Si se requiere, sí. El tiempo puede bien avanzar o retroceder según tu deseo. Pero como te dije antes, si lo que quieres es que esa persona reviva…

-Tengo que retroceder…

-Tenemos dos momentos el actual en el que la persona más importante para ti no podrá revivir. Y el pasado en el que esa persona podrá volver, pero el precio será el nunca haberse cruzado por tu camino. Es tu decisión.

Sea como sea, su pérdida no iba a desaparecer. Si dejaba que todo siguiera como hasta el momento: Shaoran y su amor no estarían en su mundo. Si pedía volver a un mundo en el que Shaoran viviera: él jamás la habría conocido. Su sentimiento más importante, esa persona más querida, jamás volvería a estar a su lado. ¿Ese era el precio? ¿El precio que debía pagar? Y aún así, el consuelo de sentir que Shaoran seguía vivo era suficiente.

-¿Cómo puedo lograr que todas las personas que desaparecieron vuelvan, si solo tengo un deseo?

-Eso es algo que tú tienes que idear. Algo que te puede ayudar, sin duda es el tiempo.

¿El tiempo? Qué momento en su historia podría recuperar a todos. Tenía que hallar el momento preciso, un momento en el que su familia siguiese viva, sus amigos a su lado, su ciudad sana y salva y sobre todo un momento en el que Shaoran estuviese vivo aunque sin conocerla. ¿Qué momento?

-Todo cambió en mi vida aquel día. Cuando Arnold y Lila estaban en ese parque, y yo los miraba. Y aunque perdí mucho esa noche. También con el pasar de los días gané muchas cosas. Aunque creí que la inocencia de mi alma se había perdido, la recuperé conforme continué luchando. Podría decirse que todo lo que viví, fue una forma de recuperar mi inocencia perdida. De recuperarme, de fortalecerme, de llegar hasta aquí. Si yo deseo recuperar mi vida tal y como estaba antes de que Belzemont apareciera, ¿que pasará con esos recuerdos que tan fuerte me volvieron hasta hoy?

-Si pides eso, tus recuerdos sobre todo lo vivido desaparecerán. Además, como tomaré a cambio la esencia de Ángeles y Gabriel, no tendrás conexión alguna con tu compañero de batalla. Nada los unirá.

-Pero él estará vivo.

A pesar de no recordarla, de nunca haberla conocido: él volvería a su mundo. Al igual que ella, continuaría con su vida normal. Aunque lejos, estaría a salvo. Después de todo lo que él había hecho, las veces que se había sacrificado por protegerla era lo menos que podía hacer. Aunque el costo de ese deseo, sería ese sentimiento tan preciado.

-Te amo, Shaoran-susurró para sí misma-Tal vez, pronto estas palabras no tengan sentido para mí. Pero quiero grabarlas en lo más profundo de mi corazón. Quiero creer que los recuerdos de una persona no se pueden borrar tan fácilmente, ni los lazos que los unen. Aunque no sepa quién eres, yo te buscaré. Tú dijiste que esperarías. Y yo te buscaré. Aunque no sepa lo que buscó, sé que los lazos que nos unieron antes me volverán a llevar a ti.

-¿Estás lista?

-Sí. Ya sé lo que deseo. Quiero recuperar mi vida tal y como estaba, antes de que apareciera Belzemont: con mi ciudad reconstruida, con mis amigos y mi familia, y sobre todo con Shaoran vivo.

-¿Y a cambio?

-A cambio te ofrezco la esencia de Ángeles y la de Gabriel. Su historia, sus recuerdos, su vida pasada, los objetos perdidos, sus enemigos y sus amigos.

-Y ¿sus lazos?

-Sus lazos de amor. Y de eterna unión.

-Trato hecho, princesa. Tú deseo será cumplido. Fuiste una valerosa guerrera, y mereces ser feliz. La vida te da sorpresas, quién sabe y te vuelva a sorprender de nuevo. Espero que no tengamos que volvernos a ver.

Esa voz desconocida se fue desvaneciendo poco a poco. Todo comenzó a dar vueltas y vueltas alrededor de la niña. Tal parecía que estaba cayendo en un enorme remolino, todas su experiencias vividas iban desapareciendo, cada sonrisa, cada caricia, cada lágrima y uno que otro beso robado. Todo se desvaneció. Volviendo a un lugar, a un preciso momento, en donde todo se desató.


-Helga…

Esa voz…

-Helga…

Hay alguien más…

-Lila, será mejor que dejemos nuestra conversación para otro momento.

-Tienes razón Arnold, otro día vamos al parque. Ahora será mejor llevarla a la enfermería.

Los gritos de los niños a la salida de la escuela, el pito de los automóviles recorriendo las calles de la ciudad, y uno que otro canto de un pajarillo conformaban la gama de sonidos que la pequeña escuchaba. A pesar de ser consciente de lo que ocurría a su alrededor, no quería abrir los ojos. Se negaba a entrar a la realidad.

-¿Qué le pasó?

-No lo sabemos. Simplemente se desmayó. Y la trajimos hasta acá.

Lentamente los ojos de la niña se fueron abriendo. Se hallaba tendida sobre una camilla, en una pequeña habitación blanca. A su lado derecho la enfermera de la escuela tomaba sus signos vitales para verificar que todo estuviera bien y frente a ella, se encontraba un pequeño de cabello rubio, y con una expresión preocupada.

-Ya despertaste. ¿Cómo te sientes?

-Arnold…Yo...Me siento bien…-una que otra lágrima empezó a caer de sus ojos.

Lloró.

Lloró con todas sus fuerzas.

A ciencia cierta no entendía porqué.

Lo único que sabía, era que estaba feliz de estar ahí, de ver a la enfermera, de ver a Arnold.


Y con esto terminamos el capítulo número 30 de esta interesante historia...

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Gracias por leerme. Nos vemos en el próximo capítulo.