—Ya veo—, comentó el vulpino mientras observaba el horizonte, a sabiendas de que Finn no paraba de mirarle.

—Y a pesar de lo que te acabo de decir, aún piensas dejar que se quede aquí, ¿Cierto?

La acusación en su tono era obvia, no había necesidad de tapujos entre ellos, no después de tantos años de conocerse el uno al otro, no habían llegado lejos manteniendo secretos entre ellos. Ahora no sería el momento para empezar a tenerlos, por lo que Nick asintió, corroborando las asunciones del pequeño zorro.

—Chico, de todas las locuras que se te han ocurrido en los últimos años, ésta es la cereza del pastel. ¿Cómo sabes que no está aquí por trabajo? No sería la primera vez que alguien intenta inmiscuirse en nuestra rutina para derribarnos—, insistió el feneco, mirando fijamente la espalda de su aún impávido camarada—: ¡Maldición Nick! No creerás que sea mera coincidencia que la detective de juguete de Zootopia está aquí nada más para arrendar uno de tus mugrosos departamentos. Si así fuera, habría salido huyendo de aquí como todos los demás en el momento en que esgrimiste esa estúpida condición tuya.

—Quizás—¸ concedió Nick, realmente era demasiado para creerlo de una sentada, al menos no sin dilucidar los detalles con cautela, pero lamentablemente no se encontraba en una situación donde debía aplicar caución alguna—, realmente es posible que sea una trampa por parte de alguien a quien no le agradamos demasiado. Pero bien sabes que ninguno de los dos tiene nada que esconder, si está aquí por trabajo no hallará nada irregular, gastará plata y esfuerzo que sólo me beneficiarán a la larga incluso si se marcha en un mes.

Y es que ese era el meollo del asunto, la traición que sufrió a manos de sus acreedores y antiguos camaradas le había afectado profundamente, su último proyecto, lo que se suponía sería su magnum opus, su acto de redención, terminó muriendo incluso antes de tener un mes de antigüedad.

—Eres quien lleva las cuentas, Finn. Sabes que estamos al borde de entrar en el área roja. Esta coneja y su dinero puede que nos saque del apuro a corto plazo.

Finnick no dijo nada al respecto, asintiendo de mala gana. Realmente las cosas estaban tornándose cada vez más difíciles para el dúo, era obvio que a pesar del riesgo, las acciones de Nick estaban justificadas.

—No quiere decir que me agrade, es una policía rechazada, y lo que es peor, una coneja.

—Oh, no sabía que tenías algo contra los conejos, Finn.

—Eh, son una cuerda de inútiles delicados.

—Je, curioso que salga eso de tus labios, pequeñín.

— ¡TE CORTARÉ LA GARGANTA WILDE!

Finalmente volteando en dirección del enajenado feneco, Nick sonrió, satisfecho de que su punto había quedado claro.

— ¿Cómo está Frufrú?

Calmándose, el feneco suspiró tras respirar profundo un par de veces, a sabiendas de que la conversación había regresado a temas más serios.

—Te extraña. Al parecer toda la familia lo hace, no logro comprenderlo. Vivo contigo y francamente, no logro soportarte por más de una hora al día.