El problema de cambiar de estilos de vida por medio de una decisión abrupta, es que cuando la tomas, estás pensando en el ahora y en un hipotético futuro. Piensas en los probables resultados y más que nada, en la mejor vida que tendrías a consecuencia.

Pero las cosas no son tan sencillas, no es sólo querer hacerlo, hacerlo y "bang", resultados inmediatos. Judy sabía esto, después de todo, había sufrido por una larga temporada las consecuencias de este tipo de acciones cuando inició su carrera como independiente en la gran ciudad. La vida real usualmente distaba de los sueños en la medida de que, los sueños tendían a omitir el intermedio, la burocracia que cada objetivo tendía a poseer.

En este caso, antes de saltar al vagón y arriesgarse a proponerle a Wilde sus intenciones, necesitaba los medios con los cuales poder laborar en el área. Usualmente los recién iniciados tenían que vérselas por sí mismos al tener que conseguir los instrumentos y demás requisitos para iniciar una granja, ella por otro lado contaba con una gran ventaja que muchos otros novatos en el área no poseían.

Una familia con un largo, ridículamente largo linaje de granjeros, con una inmensa propiedad repleta de aditamentos que en su caso podrían ser de inmensa ayuda.

Sólo debía contactarse con su familia.

Por desgracia, tenía alrededor de cinco minutos observando el número en la pantalla de su celular, la coneja estaba renuente a darles la cara a sus padres, lo que habían advertido constantemente por años terminó ocurriendo, sus sueños estaban completamente truncados de a momento, impedidos por la infantil reacción de un mamífero con demasiado poder en manos. No poseía amigos o un esposo que le ayudase a sostenerse económicamente, la ciudad tampoco era lo que pintaban, lejos estaba de cumplirse lo prometido de ecuanimidad en estación y oportunidad.

Bien le dijeron que era mera propaganda, que Zootopia era como cualquier otra conglomeración de animales, el poderoso en la cima, y los demás por debajo del.

No era fácil admitir que te habías equivocado, no era fácil tener que tragarte tu orgullo y tener que darle el rostro a aquellos a los que les diste la espalda en un arrebato de ira. Fue ella quien decidió cortar lazos con ellos, fue ella quien dejó de llamar, quien dejó de responder, demasiado orgullosa para admitir que necesitaba ayuda, que no necesitaba de su familia, ni de marido alguno para poder vivir en la ciudad.

Y ahora que enfrenta todo con sus defensas bajas, con una mente más clara y con mucha más madures de la que desplegó años atrás. No podía dejar de admitir que fue estúpida, increíblemente estúpido de su parte el alienar a sus seres amados sólo porque sentía que no le daban el apoyo en lo que ella deseaba, fue petulante, fue ingrata. ¿Cuántas noches habrán pasado despiertos, pensando lo peor? ¿Cuántas lágrimas, cuantos malos ratos? Todo porque su estúpido orgullo no le permitía reconocer que había errado, que el mundo no era tan brillante y aceptante como lo llegó a pensar, que la realidad era cruda, cínica y lejos del blanco y negro con que llegó a plasmarla.

Y aquí estaba, sentada en su cama, en su nuevo departamento. Sus ahorros esfumándose entre sus dedos como agua en una coladera, preguntándose si era demasiado tarde para pedir ayuda.

—Supongo que estoy pagando ahora las consecuencias de mis acciones.

Cerrando la aplicación, Judy suspiró antes de acostarse en la cama de sopetón, rebotando un par de veces antes de quedarse allí, inmóvil mirando al techo. ¿Qué diantres estaba haciendo con su vida? ¿Por qué diablos llegó a pensar que era buena idea dejar atrás a todos aquellos que sin importar las diferencias, le apoyaron en el pasado?

¿En qué se había convertido?

No podía negarlo más, la ciudad la cambió, mucho más de lo que llegó a pensar haría. Lo peor es que jamás notó el cambio, sino hasta que fue ya demasiado tarde para hacer algo al respecto. Su petulancia le costó mucho, y ahora se encontraba entre la espada y la pared.

El sonido de alguien trabajando la tierra rápidamente asaltó sus oídos, haciéndole mover la cabeza en dirección de la ventana, la cacofonía resonando en el lugar, casi yendo al compás de su corazón, sonrió, nostalgia de nuevo inundando su cuerpo, impulsando sus decisiones nuevamente. No tenía nada más que perder, realmente a estas alturas sólo contaba con su vida para disponer, y era demasiado testaruda como para vislumbrar un fin a la misma.

No, Zootopia quizás no es lo que pensó, quizás no era el bastión de igualdad y oportunidades que tanto presumía de ser, pero se había convertido en su hogar. Y si era sincera consigo misma, se rehusaba a dejarse vencer, se rehusaba a salir expulsada de la gran ciudad, vencida y vilipendiada por aquellos demasiado cerrados de mente.

Se alzó, su corazón latiendo a mil por hora, buscó una camisa apropiada, algo que le permitiera moverse con soltura, pero que no le molestase ensuciar con tierra. Salió de su habitación con paso firme, una mirada asertiva en su rostro, cruzando la distancia hasta el zorro con determinación firme en su mente y alma, sus zancadas eran quizás más fuertes de lo que debía, porque el vulpino alzó el rostro y miró en su dirección, ojos ligeramente abiertos en alarma, la postura de su cuerpo cambiando inmediatamente a resguardada, calma.

Era obvio que esperaba una pelea de su parte. No sabía el por qué, pero era obvio en su súbito cambiar de postura que aguardaba una discusión, luego cuando tuviese más confianza con él discutirían a fondo sobre su pasado y cómo terminó siendo así de resguardado, pero por ahora, la coneja tenía una misión en la mente y Wilde estaba involucrado en ella.

—Wilde… tenemos que hablar.