Judy no era estúpida, sabía que el zorro había percibido la tensión, quizás la había olfateado. Y no podía culparlo si deseara escapar un poco de la zona de explosión que pronto ocurriría. Ella misma deseaba huir, alejarse del área, pero ya era demasiado tarde.

Suspirando, abrió la puerta y descendió tras un par de segundos, sus oídos de inmediato en alerta, captando una serie de sonidos que pocos animales podían presumir ser capaces de escuchar. Pudo oír el abrupto aspirar de aire en varios mamíferos, un par de maldiciones y algunas exclamaciones de incredulidad inundar el área. No reconocía ninguna de las voces, pero bien pudo escuchar el tono escandalizado ante el hecho de que llegó a este lugar junto con un predador, un zorro para ser específicos.

Cerró la puerta con un firme empujón, el eco del metal ocluyendo las conversaciones en alza a su alrededor, ayudándole a centrarse en lo que tenía que hacer. Caminó rumbo al edificio, sus ojos firmes en la entrada, ignorando a los curiosos que parecían mirarla con diversos tipos de expresión en el rostro.

Por ahora su atención estaba fija en el edificio, estudiando cada nuevo detalle con minuciosa caución, rápidamente deduciendo que las cosas habían ido muy bien para sus familiares, habían logrado expandirse unos cuantos metros, cinco de los viejos quioscos que rodeaban al edificio habían desaparecido, reemplazados por lo que parecía ser una estructura de ladrillo, por su silueta y el obvio grosor y calidad de la estructura, era un almacén.

Podía notar un par de cámaras seguir su avanzar, esas también eran un nuevo aditamento. Es obvio que el negocio había crecido considerablemente, por lo que un aumento en la seguridad era una obligación a estas alturas.

En la comisura de su ojo izquierdo podía ver que una cabra no le apartaba los ojos de encima, su mano puesta firmemente sobre su arma reglamentaria, una mueca desdeñosa firme en su rostro, allí está el primer mamífero prejuicioso del día. Rápidamente estudió sus alrededores, por suerte a diferencia de la cabra, no parecía que los otros guardas tuviesen interés alguno en ella, un equino reposaba contra una pared aledaña, mirando en dirección de la entrada con obvio aburrimiento, era más que claro que el sujeto conocía a estas alturas la rutina de negocio, a diferencia de su aparentemente prejuiciosa compañera.

La puerta frente a ella se abrió enseguida apenas se acercó, era obvio que este también era otro cambio que había sido implementado en los últimos años de ausencia. La automatización era sorprendente pero no inesperada, su hermano solía ser adicto a los gadgets, por lo que todo esto no debería sorprenderle en lo absoluto.

En especial cuando sabía que al cruzar las puertas, la estarían esperando, movimiento rápidamente apareciendo frente a ella, una pequeña oleada gris dirigiéndose a ella como una marejada, brazos envolviéndola enseguida, al igual que exclamaciones y lloriqueos. No había visto a sus hermanos en años, había cortado contacto con su familia por idiotez, y era obvio por sus reacciones que habían estado increíblemente preocupados por ella.

Sujetó a Julieta, su hermana menor, quien había sido la más rápida del grupo, la chica no paraba de llorar mientras le sujetaba firme, temblaba, y sus palabras rozaban lo incoherente. Pero comprendía que lo que mencionaba era su nombre, incrédula, agradecida y extasiada.

—Shh, July… Estoy aquí, lo siento tanto.

Su reacción disparó la de sus hermanos, la confirmación de que realmente era ella, de que la Hopps perdida había finalmente regresado al grupo tras lograr olfatear, tocar y oír su voz pareció ser demasiado para algunos, su llanto haciendo eco en el edificio, rompiendo a martillazos las defensas que Judy había creado por años, rápidamente cediendo a la presión. Lágrimas cayendo sobre el pelaje de la aún histérica Julieta.

Su familia no la había olvidado, a pesar de lo estúpida que fue, de lo ingrata, inconsiderada y mal persona que llegó a ser, su familia no le olvidó.

Un peso que había estado en sus hombros de pronto se aminoró, desapareciendo paulatinamente con cada gota que emergía de sus ojos.

—Estoy aquí.