Konichiwa!
Que tal todos? Yo aqui cumpliendo con la semana y ya cumplimos el mes! YEIH!
Como saben los personajes de Naruto no me pertenencen y un saludo para todos mis lectores! (°u°P) jejeje
nos vemos al final!
El viento soplaba desde el este, Tsunade miraba hacía donde provenía tal ráfaga. Frente a sus ojos se encontraba Hinata sumergida en su mundo. Tenía los brazos extendidos hacia los lados y el rostro elevado hacia el cielo azul de verano. El fuerte viento arremolinaba jugando con la seda negra de su cabello.
-Por lo general las muchachitas de su edad no disfrutarían que el viento les arruinaba los peinados- Murmuro Jiraiya acercándose lentamente hacia su mujer. La rodeo por la cintura y la beso en el hueco de su cuello.
-Por más que lo pienso Jiraiya, nuestra Hinata no es como las demás chicas – Miro un momento a los ojos oscuros del hombre y sonriendo regreso su vista hacia la muchacha que sonreía abiertamente hacia los cielos. –Me preocupa mucho-
Hinata no podía evitar disfrutar de este tipo de climas, adoraba por sobre todas las cosas todo aquello que le daba la naturaleza. Si ella hubiera podido elegir un tipo de vida, hubiera escogido vivir en un parado alejado de cualquier otra persona. Solo ella y la naturaleza. Pero no había sido así, los dioses habían elegido que ella y su madre, una mujer que había contado con el infortunio de quedarse sola desde muy temprano en su matrimonio y para colmo se le acusaba de algo que no era capaz de contener.
Por años la madre de Hinata había sido acusada de bruja, de estar maldita y todo esto por que el color de su piel y el de sus ojos eran más claro que lo normal.
Hinata aun recordaba las grandes historias que le contaba su madre. Su favorita era una en que su antepasado Hiashi, había viajado por todo tierra media en busca de un tesoro escondido que se suponía custodiaban unos seres longevos de gran belleza e inteligencia. Había vuelto a su pueblo natal sin el tesoro pero con las manos más llenas de lo que se le esperaba y su corazón aun más, pues traía consigo a la mujer más hermosa que el clan hubiera conocido y con ella un hijo en su regazo.
Después de eso, Hiashi había vivido un par de años con su clan original hasta que un día un hombre se había acercado con malas intenciones hacia su mujer. Hiashi embargado de un furia ciega, arremetió contra el hombre dejándolo inconsciente sobre el frio suelo helado casi sin vida.
Los ancianos del clan, junto a su laird decidieron que la mujer era la encarnación de un demonio que atraía no solo aquel hombre, sino a varios hombres del clan, hacia la lujuria del pecado.
-¿Cómo era eso posible?- se preguntaba Hiashi al ver a su fiel esposa encerrada entre las paredes de su cabaña llorando por el trauma. –Ella nunca causaría tal deshonra-
Pero Hiashi temía reconocer cual era la verdadera naturaleza de la sangre en su mujer la que traía a los hombres, como la luz a los insectos. Por lo tanto, un día sin decir nada Hiashi abandono su clan. Se llevo consigo a su mujer y a su hijo y nada más se supo de él. Hasta que se asentó en el clan de la cascada, con el titulo más humilde y sin la presencia de su esposa.
Su hijo que ya no era un niño, sostenía a su padre sobre el hombro cuando llegaron por primera vez a la aldea. Aquel hombre que se le había conocido como el mejor entre los caballeros no era ni la sombra del pasado de lo que en ese momento era. Era un viejo encanecido, flaco y ceniciento. La frente marcada de profundas arrugas y unos ojos ahogados en tristeza.
El hijo se asentó y logro sobresalir dentro de la cacería por su habilidad de rastreo e inteligencia. Un día desposo a una joven de cabellera tan oscura como la noche, una mujer llamada Hian, que con lo años se convirtió en su abuela. La abuela de Hinata.
Era verdad que nunca la conoció, nunca conoció a la madre de su madre y todo lo que sabía, era gracias a los diarios que sus antepasados guardaban severamente hasta el día de la hoguera.
Después de eso, la vida de Hinata iba perdiendo poco a poco humanidad, hasta el momento en que llegaron a tratarla como algo más que un perrito sucio y desalineado faldero. Luego cuando ella los miraba, ellos podían ver sus pecados reflejados en la clara mirada de la joven. Muchas veces Hinata sentía el cruel dolor de la fuerza brusca cuando levantaba la mirada a la persona equivocada.
Pero ahora no, algo había con las personas de Konoha que no veían con malos ojos su mirada. Claro, siempre había alguien a quien le llamara la atención el bello color de sus ojos y piel, y como esta se destacaba contra el color oscuro de sus cabellos. Ojala hubiera heredado, el color neutral de su padre, un color café que le dominaba por todo el cuerpo, desde el cabello, la piel tostada y el almendra de sus ojos, pero a cambio había salido a imagen y semejanza de su madre, una criatura delicada y llena de pesares. Con la piel clara como la leche espumosa y los ojos pálidos como la niebla limpia y fresca de finales de otoño.
-Hinata- oyó a lo lejos la voz de Tsunade que la saco por fin de sus pensamientos –vamos, anda se nos hace tarde-
Corrió para alcanzar a la pareja que la entrelazaron entre sus brazos, abrigada por el calor paternal que Jiraiya y Tsunade expulsaban fervientemente hacia ella. Caminaban siguiendo el camino de tierra y fango que los llevaba al castro, el hogar del laird y su familia. Hasta ahora nunca se había acercado tanto como para admirarlo, y al hacerlo casi se caía de la impresión que este daba. A comparación con el castro de la cascada, el de Konoha era doblemente más grande y mucho más hermosos. Mientras que en la Cascada, habían puesto especial atención a la construcción de grandes torres de vigilancia y paredes tan gruesas que ninguna lanza o bola de roca pudiera tumbar en cualquier enfrentamiento, el castillo de Konoha sobresalía por el trabajo en sus paredes. Por aquí y por allá, podía ver el trabajo de generaciones de artesanos, todo tenía forma o textura, era una mescolanza de ideas que se hacían una en totalidad. Sin saber soltó el aire que se había estado guardando.
Dentro de las enormes murallas que rodeaban el castro, la gente llenaba de ruidos cotidianos las áreas continuas a este.
-Ves aquella multitud, Hinata- la peli negra asintió- aquellos son el gremio de tejedores, todos ellos o son hacedores de telas o tienen ganado de ovejas-
-Jiraiya también tiene ovejas, ¿también pertenece a ese gremio?-
-mmm... no. A Jiraiya aun le falta mucho para alcanzar ese puesto-
Jiraiya asintió, dándole la razón a su mujer.
Más tarde los tres entraron por la gran puerta del comedor, donde el bullicio fácilmente se podía comparar con el del exterior. Hombres y mujeres andaban de un lado a otro, que llevando la comida a la gran cocina, la colada a las salas de lavado que se encontraban en una de las grandes bodegas traseras del edificio, otros cargaban cosas tan pensada que obliga a sus piernas a encorvarse para resistir el peso.
Un gruñido recorrió toda la sala, en la puerta acaba de aparecer un hombre rubio, de ojos azules y tan parecidos a Naruto que no tuvo duda algún sobre de quien era ese hombre.
-Jiraiya- bramo el hombre con voz ronca -Como te vuelvas a saltar otra reunión y dejarme con esos hombres a solas otra vez, juro grandísimo idiota que te cortare el cuello yo mismo-
Hinata se llevo las manos instintivamente al pecho, miro temerosa al hombre que se acerca y luego asustada al comprender el significado de sus palabras, se giro a mirar a Jiraiya.
Él estaba sonriendo, ni una pisca de temor por lo que acababa de decir su líder. No podía creer que Jiraiya no le tuviera miedo a su propio señor, en Cascada cualquier hombre que se atreviera a desobedecer cualquier palabra de su laird era azotado públicamente.
-Minato, tu sabes que un hombre de mi edad...- Más sin embargo no pudo terminar su frase, por que Minato le azoto un golpe directo a la mandíbula, pero Jiraiya pudo esquivarlo con un giro de su cabeza.
-Maldito anciano ya chocheas, ¿verdad?- Jiraiya le paso un brazo por los hombros al hombre rubio y ambos se encaminaron encantados hacia la mesa central. Hinata pudo sentir como una mano se cerraba sobre su brazo.
-Ven Hinata, hay alguien que tienes que conocer-
Dócilmente Hinata siguió a Tsunade por la gran escalera en forma de espiral que las dirigió a una habitación en la torre norte, donde un alegre fuego alumbraba a unas cuantas mujeres atascadas de trabajo manual.
Tsunade carraspeo para atraer la mirada de la mujer pelirroja que se encontraba más cerca del fuego y cuyo trabajo consistía en bordar un lindo pedazo de seda.
-Señora Kushina- Por fin la mujer levanto la vista de su tejido - Quiero presentarle a Hinata-
La mujer se puso de pie dejando la seda azul celeste sobre el tosco asiento.
-Bienvenida a Konoha- la mujer tomo a Hinata por ambos hombros, la observo desde la cabeza a los pies y luego entornando una enorme sonrisa en su rostro, envolvió a Hinata entre sus brazos. Asombrada la joven, sus músculos se tensaron ante tan acto de afecto desmedido.
-Tsunade, has hecho bien en protegerla-
-Esto no hubiera sido posible, sino fuera por su hijo, mi señora- Las dos mujeres entornaron los ojos de asombro, Hinata y Kushina se miraron sin poder creérselo.
El ruido de un leño cayendo dentro de la fogata rompió la atmosfera de tensión que se había creado. Kushina llevo a Hinata hasta una silla al lado de la suya e invito a Tsunade que hiciera lo mismo en otra silla un poco más baja.
-Dime, pequeña- Hinata levanto el rostro hacia la señora del clan -Es verdad que perteneces al clan de la cascada-
Asintió. Ya le había hablado de los problemas que su procedencia le acarraría y más en un momento como este, pero mentirle a la esposa del laird no era una solución tampoco.
-Me temo que eso nos traerá problemas, como sabrán Cascada no has declarado la guerra oficialmente-
Tsunade y Hinata se colocaron de pie.
-¿Por que razón, Cascada nos declararía la guerra?... Se que es verdad que Konoha y Cascada no se han llevado bien en las últimas épocas, soy testigo la estupidez de la que pecamos los hombres, pero declararnos la guerra sin un motivo aparente es...- se dejo caer sobre el taburete bajo y exhalo todo el aire en sus pulmones-
-Lo sé, Tsunade. Minato hizo todo lo posible por entender a Laird Madara, pero este no accede a nada, ni siquiera a querido reunirse con mi esposo-
-¿Existe algo por el que Madara sacrificara la vida de sus hombres?-
-Me temo que ha de existir, sino por que lo haría- Miro a Hinata que se movía incomoda en el asiento -Al menos que...-
-¿qué?- casi grito Tsunade al ver el camino que la corriente de los pensamientos de Kushina tomaban.
-Que estén buscando algo... algo como una persona ¿no crees?-
-¿Qué quieres decir con eso, Kushina?-
-¿Que tal vez estén buscando a esta joven?- Tomo a Hinata de las muñecas y la obligo a erguirse tanto como pudo hasta quedar una frente a la otra -Dime, ¿hay algo que deba saber sobre ti?- Hinata trato de apartar la vista de los ojos verdes de la mujer, pero no pudo. Era tanto su voluntad que le inspiraba algo más que respecto.
-Yo... no creo que vengan por mí. Nunca fui algo más que la basura tirada en el suelo. Ni siquiera cuando me quede huérfana me aceptaron en su mesa. Menos ahora que creen que les traigo la desgracia-
-Pero que cosa dices, pequeña. Como una joven tan hermosa puede decir tales cosas. De seguro los has entendido mal todo este tiempo-
Tsunade y Hinata no pudieron evitar exclamar un murmullo de exasperación.
-Kushina, eso no puede ser cierto-
-y como lo sabes Tsunade, a caso la conocías de antes- Tsunade negó con la cabeza- entonces-
-Verás tu hijo es testigo de todo, esto al igual que Jiraiya y yo misma. El día en que Naruto no llevo a esta muchacha al portal de mi hogar, estaba en las peores condiciones que te puedes imaginar-
-No solo estaba desnutrida y deshidratada, sino que también la habían privado del sol atada en una mazmorra- Continuo Tsunade- Sus muñecas aun llevan la marca del maltrato de sus parientes-
Tsunade en un arrebato de furia tomo las manos de Hinata, levanto la fina tela de lino de sus mangas y alzo sus muñecas hasta que la luz del fuego las iluminara.
Aquellas manos estaban marcadas de tal modo que uno sentía las heridas en su piel o por lo menos un dolor en un grado comparativo. Kushina retuvo el aire asombrada.
-Oh, perdóname. No era mi intención ofenderte de algún modo Hinata- tomo cada una de las manos de Hinata entre las suyas y las acaricio tiernamente -Créeme de ahora en adelante tendrás una fiel amiga en mi-
Después de ese momento el trato de las mujeres cambio completamente. Ya no había miradas desconfiadas, ni pequeños suspiros melancólicos, solo el clic que producían las agujas al chocar una contra la otra, y la bella voz de las mujeres enfrascada en la práctica.
-Jiraiya, ayer te han puesto una paliza o por lo menos eso fue lo que me conto Naruto-
Un grupo de hombres estaban platicando las artes de la guerra, frente al par de hombres, entre ellos se encontraba Naruto quien esgrimía una espada de madera contra otro hombre, un poco más alto que él y de pelo negro igual que sus ojos.
-Es verdad, creo que me la dieron o eso supongo- miro a su compañero - Tu me conoces de toda la vida muchacho, sabes bien que el alcohol y los pesares no van conmigo. En total, son una mala combinación en mi sangre -¿Pesares, has dicho?-
El de pelo blanco suspiro cansado. Asintió con la cabeza e invito a su amigo a que lo siguiera en una vuelta por el campo de prácticas.
-Como sabrás, Tsunade y yo adoptamos a una joven que tu hijo nos trajo a casa- Minato asintió dándole la razón- Lo que tal vez no sabes es que dicha joven es de la cascada y creo que es lo que esos hombres han estado buscando estos días-
-De la cascada ehh- Palmeo a su compañero y maestro en la espalda -y dime ha dado razones para no creer en ella-
Jiraiya negó con un movimiento enérgico.
-Pero eso no es todo, aun no logro entender por que la persiguen, pues por lo que me ha dicho ella ha permanecido encerrada a canto y piedra en una mazmorra-
-encerrada- Minato elevo su mirada hacia el campo de batalla, cerca de ahí un grupo de señoras paseaba junto a Tsunade y una joven desconocida. Por la cercanía de esa mujer con la curandera del clan, supo de inmediato de que se trataba.
-Minato, ¿que piensas?-
-Jiraiya, creo que ya es hora de conocer a tu nueva hija. Tráela está noche, que cene junto con nosotros y... y que se prepare e decidido darle un lugar en nuestro clan-
-Minato...- Jiraiya palmeo a su compañero de armas. Conocía muy bien a Minato, lo conocía desde que el rubio no era más que otro crio pretendiendo ser un guerrero con un tosca espada de madera y aun así, a pesar de los años, aun en su mirada se veía el profundo respecto y otra cosa, admiración, en sus ojos.
Esa noche, la gente se conglomeraba en el gran salón. Las mesas estaban a rebosar de personas, jóvenes y ancianos, mujeres y hombres celebraban con alegría esa noche fría de principios de invierno.
Un viento helado erizo los cabellos de las personas más cercanas a la entrada y el fuego se balanceo por el nuevo flujo del aire. El joven Naruto sentado en la gran mesa principal miraba con ojos completamente celosos. Frente a él, una escena tan común y a la vez tan distinta se llevaba a cabo.
Sasuke acaricia el corto cabello de su esposa, enredando ahí y allá los mechones de Sakura entre sus largo dedos. Luego acariciaba el tallo de su femenino cuello y tal escena la culminaba besándola en la boca. Era tal su romance que dejaba a Naruto sin aire con los puños tan apretado que sentía como las uñas se le encajaban en la piel y luego un viento helado lo saco de sus pensamiento e hizo que su mirada se dirigiera instintivamente hacia la puerta.
Un figura se encontraba perfilada por las luces de las antorchas, el viento soberano había apagado las débiles luces del corredor principal, impidiendo que los de adentro pudieran observar quien era la persona que había entrado.
Aquel perfil dejo con la boca abierta a Naruto, había algo en la pose, en el contorno que a él se le hacía conocido, pero no lograba recordar que era. El ente oscuro dio unos cuantos pasos hacia el fuego. El círculo de luz solo llego hasta sus hombros ocultando aún su rostro.
Un vestido de suave seda lavanda caía como un flujo contante de agua, ligero y volátil. Un suave cuerpo de doncella envuelto en metros de fina tela. Sus hombros descubiertos por el escote del vestido se mostraban pálidos y fríos bajo la capa negra que le colgaba seguramente del cuello y tras esta se podía apreciar un bello y largo cabello oscuro como la noche.
Varios hombres se pusieron de pie tras la visión de tal entrada. Otro pasó más y por fin la luz descubrió un bellos rostro, de ojos grises, unos bellos ojos de un gris cálido y embriagador. Labios delgados pero lo suficientemente sugestivos de un color rosa.
-Hinata- grito Tsunade desde su puesto al lado de Kushina -Por aquí-
Hola de nuevo!
¿Que tal este nuevo capitulo?
Espero anciosamente sus comentarios... y ahora un chiste...
¿Qué hace una hormiga en el cuello de un elefante?
ahorcarlo.. (que lindo!)
jajaj.. no en serio fue algo tonto¬¬ pero no tengo más que decir... o si? ¬¬
a si adelanto!
PROXIMO CAPITULO.-
CAPITULO 5.- NARUTO!
LA CENA SE ESTA LLEVANDO A CABO Y CIERTO RUBIO NO PUEDE APARTAR LA VISTA DE AQUELLA CHICA QUE ACABA DE LLEGAR A LA ALDEA... ¿ALGUIEN SE DARA CUENTA DE LA ATRACCIÓN QUE EXISTEN ENTRE ELLOS DOS? ¿ELLOS YA SE HABRÁN DADO CUENTA?
NOS VEMOS EL PROXIMO MARTES!
Y JA NEE!
ABIYASHA- DESU!
