Judy esperó al lado de la camioneta, pensativa sobre lo que había ocurrido en las inmediaciones del negocio de su familia. Tantas cosas por decir, tan poco tiempo. Sabía que no había reparado del todo su relación, eso conllevaría tiempo y mucha dedicación, pero el que sus hermanos estén dispuestos a ayudarla, al igual que a apoyarla en su nueva ventura decía mucho de sus posibilidades de éxito.

No obstante, la tensión entre ellos era palpable. En especial con Emmet, el mayor de la pequeña agrupación de Hopps que decidió establecerse en la gran ciudad. Era obvio que su hermano se sentía amenazado con su presencia, las señales eran sutiles, casi inexistentes o imperceptibles, pero si bien el chico era bueno ocultando lo que sentía, ella era perceptiblemente superior en cuanto a leerlo se trataba, podía comprenderlo, en serio lo hacía. Este negocio en particular fue la razón por la que cortó tratos con sus padres, por la que estúpidamente decidió alejarse.

Estaba convencida de que a pesar de que Emmet ha estado administrándolo por alrededor de tres años y medio, el sitio no le pertenecía realmente, de seguro aún estaba bajo el control de sus padres, que esperaban a que ella apareciera nuevamente para volver a tentarla con la oferta de administrarlo.

Una oferta que dejaba de lado a Emmet quien en toda regla merecía ser el propietario del establecimiento. Una oferta que, curiosamente, aún se sentía como cadenas y grillos.

Miró la pantalla de su celular, inmediatamente olvidando la tensión con su hermano, y regresando nuevamente a lo que le preocupaba de a momento. El mensaje de Wilde le ocasionaba una serie de sentimientos encontrados que no podía explicar realmente, ¿Qué pudo haber pasado en tan poco tiempo para que de pronto decidiera que debían hablar? La respuesta a ello eran muchas cosas, tantas posibilidades que podían arruinar o amalgamar su sociedad dependiendo de lo que se discuta.

No era estúpida, sabía muy bien que el zorro era mucho más complicado de lo que aparentaba superficialmente, su investigación inicial dejó eso más que claro. ¿Realmente tendrá lazos con la mafia? ¿Era ahora donde se le ponía fin a la patraña? ¿Estaba tratando de ser reclutada? Las posibilidades eran infinitas, y quizás por eso era que su humor rápidamente descendió hasta dejarla gélida, contemplativa y extrañamente emocionada.

Por suerte, no estuvo mucho tiempo a solas al lado de la camioneta, la forma en que de súbito la oveja dejó de observarla para mirar en otra dirección le indicó que alguien había entrado en la propiedad, y que ese alguien obviamente era del desagrado de la chica.

Mirando de soslayo culminó con una efímera visión del clásico pelaje de zorro moviéndose hasta el otro lado de la van, el sonido de garras impactando en el concreto, al igual que llaves siendo sacadas de sus confines le informaban que Wilde había llegado, por lo que ella no tardó en darse vuelta hacia la puerta que estúpidamente había dejado cerrada todo este tiempo, sólo el "clic-clac" del seguro y los pestillos moviéndose dentro de la puerta indicándole que el zorro había enmendado su error, permitiéndole por fin adentrarse en la camioneta, ignorando la sonrisa satírica del sujeto mientras saltaba hasta el asiento.

—Hiciste que cargaran la camioneta con todas estas cosas, cerraste el portón trasero ¿Y al final olvidaste que no quitaste el seguro de la puerta delantera?

—Cállate Wilde, ya bastante escarmiento obtuve de mis hermanos. No añadas a mi humillación, con que la oveja me haya estado juzgando me basta—. Espetó petulante, sentándose de mala gana en el asiento, asegurándose de colocarse el cinturón antes de cruzar los brazos frente a su pecho, jamás dándole la cara al zorro, a sabiendas de que no necesitaba ver su rostro, mucho menos sus enrojecidas orejas para saber cuan avergonzada estaba.

No cuando sabía que lo más probable era que el tipo pudiera olfatear su vergüenza.

Una ligera risa le indicó que sí, que podía, pero Judy inmediatamente pudo percibir que Wilde no estaba del todo cómodo con la situación, su corazón, usualmente plácido y controlado se había acelerado un poco, el tono de su voz tenía dejos de renuencia que rápidamente obligaron a la coneja a mirar en su dirección, viendo que el sujeto estaba mirando fijamente hacia el negocio.

— ¿Qué haces?

— Le doy a alguien una dosis de su propia medicina.

Ella se quedó allí, incrédula ante las acciones del tipo, ¿Realmente estaba mirando a la oveja?

—No seas infantil, Wilde. Sólo hacía su trabajo.

—Oh, no lo creo. ¿El equino que ahora sí está mirando en nuestra dirección? Él si está haciendo su trabajo, y reaccionó simplemente porque mi conducta cambió de cliente, a sospechoso el momento en que decidí combatir con la mirada a su compañera—. Esgrimió Wilde, sonriendo ante la reacción que sus acciones ocasionaban—, ¿La oveja por otro lado? Su conducta revela que su accionar está motivado por dos posibles acciones, es nueva en el trabajo, por lo que opera muy serio y de manera estirada. Desconoce la rutina, y cualquier leve alteración produce en ella suficiente estrés que la obliga a prestar fija atención en lo que considera una anomalía, o…

Judy giró los ojos en respuesta, rápidamente interrumpiendo el diálogo.

—O es una especista, y está dejando que sus prejuicios broten por sus poros. Lo sé, Wilde, no soy una niña, mucho menos una neófita en el área. Las acciones de un intolerante…— La súbita aparición ante su rostro de una carpeta por otra parte, acalló su interrupción de golpe, sus orejas levantándose ante la ligera sorpresa que las acciones del zorro ocasionaron, sus manos inconscientemente sujetando el objeto, su mirada saltando de Wilde hacia la carpeta. Intentando comprender qué exactamente, estaba pasando—. ¿Qué rayos?

—Me hubiese gustado que no hayas tenido que gastar tanto dinero antes de encontrarnos, pero la vida rara vez funciona como lo esperamos, supongo—. Comentó Wilde, sus manos rápidamente abandonando la carpeta en manos de Judy, para después irse rumbo a la ignición de la camioneta, jamás dejando de mirar hacia afuera en el proceso, muy probablemente todavía intimidando a la oveja—, lee eso. Supongo que nuestra sociedad dependerá de la opinión que te forjes luego de esto, de todas formas es obvio que una conversación incómoda se avecina entre nosotros, y creo que como una bandita médica, lo mejor será arrancarla de golpe.

Judy no dijo nada, rápidamente escaneando la carpeta que el zorro le había entregado, reconociendo enseguida lo que básicamente era un informe sobre no sólo el negocio de su familia, sino una serie de datos que claramente indicaban una férrea red de información con respecto a varias áreas del mercado, posibles problemas futuros y otros datos que debía admitir, no pintaban una buena imagen ante ella.

Años atrás, el que le hubiesen entregado esto, habría disparado no sólo alarmas en su cabeza, sino su temperamento, su indignación completamente por los aires ante la clara muestra de espionaje y violación de varias reglas.

¿Hoy en día? Disparaba alarmas en su cabeza de igual forma, pero su accionar era otro. Más colecto, meditado y calculador.

La experiencia le había enseñado a mirar más allá de lo evidente, a pintar un cuadro que encaje con la evidencia, no con sus pasiones. La pasión podía lograr muchas cosas, pero también enceguecía a verdades evidentes, complicaba todo de formas que eran imposibles de explicar. A diferencia de la fantasía, un detective no podía saltar a una conclusión a menos que estuviera firmemente respaldado por evidencia irrefutable, de lo contrario toda acusación podría ser desestimada en corte por la más mínima de las faltas. Apresurarse a tomar conclusiones era un método errado e ineficiente, bien había aprendido por las malas de esta amarga verdad.

Cerró la carpeta, al igual que sus ojos, recostando su cabeza en el espaldar del asiento. Suspirando profundamente antes de comprender el verdadero significado del mensaje de texto.

—Sí, supongo que es hora de que hablemos, ¿no es así?