Hola de nuevo, querido lectores...
Perdon por el retrazo... Me da pena decir esto por que la siguiente semana no habra capitulo nuevo... en ese punto entiendo a Kishimoto y sus atrasos ¬¬. Pero bueno, este capitulo vale la pena ser leído y por fin un nuevo elemnto en esta historia hará su aparicion...
Espero que lo disfruten y nos vemos proximamente... con el capitulo 7..-
Espero con ansias todos sus mensajes!
Hasta luego Abiyasha-desu!
Capitulo 6.- Hinata...
Su campo de visión era poca, la lluvia era torrencial. Cuando daba un paso hacía el frente inmediatamente las sombras que tragaban todo lo que quedaba atrás. Las terribles sombras que la rodaban la llenaban de terror.
Cada roce que daban sus piernas contra la tela de su vestido, el contacto de la tela mojada que se le adhería a su cuerpo. El sabor del agua que se escurría por su rostro hasta dar en su boca. El sabor del agua dulce de una lluvia agria.
Las nubes cada vez más densas, cada vez más pesadas iban bajando a velocidades imperceptibles para el ojo humano, pero como en una cámara lenta ella podía ver el movimiento fluido con que estas se movían.
Al rato ya se sentía extrañamente cubierta por un sin fin de partículas de agua suspendidas a su alrededor. Alzando las manos se abría paso a través del agua. Las gotas de lluvia ya no se adherían a su cuerpo y el vestido estaba completamente seco.
Un sonido retumbante, estridente y sorprendente hizo que elevara el rostro, ahí todavía dibujada estaba el haz del relámpago que bajaba enfurecido contra la madre tierra. El sonido, llamado trueno aun resonaba en sus oídos. Un movimiento más en la tierra y el mundo se oscureció.
Abrió los ojos encontrándose tendida sobre una mullida cama tan diferente al duro suelo al que por la fuerza se había acostumbrado a sentir bajo su cuerpo. Ahora era todo más fácil, más bello. Las heridas de su cuerpo ya había curado, y su mente ya empezaba a acostumbrarse a la luz y a las comodidades.
¿Qué tan diferente podía llegar a ser su vida desde ahora? Aún no lo sabía, pero estaba dispuesta a averiguarlo. Aparto las pieles de su cuerpo, dejando atrás el sueño en el que había estado sumergida anteriormente y se dirigió hacia la cocina.
Un dulce olor a comida caliente hizo que su estomago gruñera. No había nadie en la habitación y por lo que podía ver tampoco en toda la casa, lo que le dijo que Tsunade ya había ido al bosque y Jiraiya ya estaba en el campo de entrenamiento junto con todos los hombres de armas del Laird Minato.
Comió un poco de todo y salió hacia el aire libre, una extraña sensación se apodero de su pecho en cuanto el cielo le cubrió la cabeza. Un trueno resonó en su cabeza como un vago recuerdo de sus sueños. Se tapo la cabeza con un chal pesado y se dirigió hacia el castillo corriendo. La lluvia ya empezaba de nuevo.
En la gran cocina ya no había nadie excepto por una pequeña cuna en la cual se encontraba un bebe con el cabello negro como la noche y los ojos más verdes que había visto en su vida. El pequeño gorgoteo de gusto en cuanto la tuvo a la vista y alzo sus manitas pidiéndole que lo levantara.
-Estas cansado de estar todo el día encerrado en estas cuatro paredes, ¿verdad?- tomo al niño por debajo de las axilas y lo elevo lo más alto que le permitieron sus brazos. -Eres todo un varoncito muy atractivo- dijo con alegría en sus ojos.
-Gracias- Desde el umbral de la puerta Sakura había estado observando la escena. Aquella extraña muchacha había entrado a la cocina y se había dejado atraer imparablemente hacía su hijo. Le agradaba la forma en como Hinata acuno a su hijo en los brazos. -Veo que te gustan los bebes-
Hinata asintió con la cabeza, acomodo mejor al niño en sus brazos y le sonrió. El pequeño infante le contesto con una pequeña mueca y para luego distraerse con un sartén que colgaba desde el techo de la cocina.
-Veo que a Itachi le agradas-
-Es el nombre del bebe- Sakura asintió con una media sonrisa en el rostro.
-Era el nombre de su hermano-
-oh...- Sakura se acerco hacia Hinata y le quito delicadamente el niño de los brazos para estrecharlo contra su pecho. Hinata envidiaba la paz cálida que el bebe le ofrecía a Sakura con ese gesto.
- Fue hace mucho, pero él era importante para Sasuke-
Ella sabía que Sasuke era aquel hombre alto de hombros anchos y cabello oscuro que siempre acompañaba a Naruto, a pesar que a su alrededor su relación se veía incomoda e insegura y algo en lo que conocía de Sakura es que tenía la misma atmosfera que su esposo cuando se llegaba a encontrar con Naruto.
-Es un bello niño, algún día será muy apuesto. Estoy segura- Sakura le agradeció con gesto de la cabeza y coloco al niño de nuevo en la cuna, el pequeño se entretuvo ahora con un pendiente que había logrado arrebatar de las orejas de su madre.
-Si estoy segura- bajo la mirada hacia el pequeño, dando por finalizada la conversación.
-Vamos Naruto, tu puedes hacer más que eso-
Naruto mantenía ligeramente inclinada la espalda, producto del cansancio acumulado durante las últimas noches en vela. Pero como podía evitar pasar las noches de esa manera cuando en cuanto cerraba los ojos la bella figura casi mágica de Hinata le llenaba la cabeza.
-ya esta bien- la voz de Jiraiya retumbo por el campo -Dejen las armas y a comer. Un murmullo de voces y uno que otro golpe de espadas renovaron el bullicio.
-Lo sé- dijo Naruto a su amigo Kiba quien le miraba con una sonrisa ladeada desde el otro lado del círculo que había formado durante la pelea. Bajo la espada y se recargo en ella. -no he podido dormir en varias noches-
-ya veo, pero esa no es escusa y lo sabes, Naruto- El aludido solo asintió con la cabeza. -¿Esa mítica chica de la que no quieres hablar sigue persiguiéndote en sueños?- pregunto con una sonrisa aun más sarcástica mientras que se acercaba a su compañero -Dime por que no la buscas le subes las faldas y la tomas ahí donde te encuentres-
Naruto miro con la frente arrugada del enojo. Shino, otro hombre de armas de Konoha y que los había estado acompañando desde hace rato, también se acerco a Naruto.
-Vamos, Naruto ninguna mujer se te negaría...bueno al menos no es Sakura- Naruto miro aun más enojado al hijo de los Inuzuka.
-Kiba hay algunas veces en que deseo verte muerto con todos tus sesos de fuera, solo por lo idiota que eres- kiba solo sonrió aun más, era parte de su camarería que permitía que entre ellos se dijeran tales cosas.
-yo pienso que tal vez debería acercarte a ella, no tan salvajemente como Kiba dice, pero...- Kiba miro a Shino con los ojos iluminados en la expectación.
-Tu crees que sería buena idea- La pregunta estaba dirigida a Shino, aunque eso no evitaba que Kiba también respondiera.
-Claro que si- Golpeó con la palma abierta en la espalda de Naruto, haciendo que la espada de este se hundiera en el suelo húmedo.
-yo creo que lo peor que puede pasar es solo que se niegue, lo que no creo que suceda-
-él tiene razón, Naruto. Deberías intentar hablar con ella- claro que no le decía que su verdadera intención era descubrir quien era la moza que le robaba el sueño al que una vez se le había declarado el hombre con la menor intención de volver a enamorarse de toda Konoha.
¿Quien era la mujer que hacía que Naruto se comportara como un crío puberto que ha descubierto a su primera doncella? ¿Quién era la que hacía que Naruto se moviera incomodo de un lado al otro tratando de reducir la tensión en sus ijares que no lo dejaba tranquilo? ¿Quien era la chica que hacía que Naruto se olvidara de la fría Sakura, que tanto daño le había hecho?
Y ahora que parecía que Naruto por fin se animaría, la idea de saber quien era la afortunada en captar la atención del rubio hacia que su sonrisa ya grande se ensanchara aun más.
Los tres hombres se sentaron bajo un enorme sauce que se mantenía uniendo sus raíces con el arroyo que cruzaba unos metro más allá. El agua cristalina invadía ahora los vientos con su tranquilo sonido de movimiento. A lo lejos se podía observar un grupo de jóvenes mujeres que cargaban la comida para los hombres, unas cargaban grandes canastas llenas de comida caliente, otras cargaban enorme ollas y bolsas de agua llenas del delicioso hidromiel que les encantaba a los guerreros de Konoha.
Muriéndose de hambre Kiba le obligo a gritos a una mujer que se acercara a su grupo y le repartieran la comida. Naruto se abstuvo de ingerir bocado cuando una dulce carcajada femenina le llamo la atención. Dirigió su vista hacia un pequeño grupo de mujeres que cargaba una gran olla humeante sujetada a cuatro enormes estacas por las cuales era cargado entre unas seis jóvenes y entre ellas sobresalía a aquella con la piel clara y el cabello largo y negro como el cielo nocturno.
-de verdad que te pasa Ino- dijo una mujer de cabello castaño y atuendo rosado. Su piel era blanca pero no tanto como la ojos perla. Tenía una sonrisa maravillosa que esta dirigida solo al hombre que las acompañaba.
-Hinata, Tenten e Ino, tengan más cuidado con ese lado, el caldo se puede derramar- Atajo el hombre de pelo castaño y ojos de un azul tan claro, algo parecidos a Hinata. Su nombre era Neji, su origen era desconocidos por todos, nadie ignoraba sus palabras y sus grandes poderes. Por un momento Naruto pensó que aquel hombre tenía un gran parecido a la dulce mujer a la que no podía sacar de su cabeza.
Hinata tropezó con una roca y un poco del caldo que cargaban cayó al suelo. De repente el peso que hasta ahora había estado cargando en las manos desapareció. A su lado se encontraba Naruto quien la había ayudado sin que ella se diera cuenta y le había arrancado la carga de las manos.
-Naruto- Su voz fue casi un susurro, una brisa frágil e intangible, pero a Naruto le pareció el canto celestial de ángeles. Su nombre pronunciado por la dulce melodía de la voz de Hinata le contagio de una cálida alegría
-Déjame ayudarte.- murmuro entonces él. Tomando la carga con uno de sus fuertes brazos, mientras que la otra la recargaba en la espalda de la femenina entre los omoplatos. Notando el calor que mutuamente se transmitían Hinata guio incondicionalmente a Naruto entre los campos de entrenamiento hasta la base donde dejarían caer el pesado traste y su contenido.
-Muchas gracias, Na... Naruto-
Naruto aparto la mano de ella, pero así como un sonrojo cubría imparable el rostro de Hinata una sonrisa adornaba el de Naruto.
-No ha sido nada, Hinata- Se paso la mano por el cabello y se dio cuenta que estaba completamente cubierto de sudor y polvo, y que lo más seguro es que apestara como un león enjaulado, pero que iba a hacer, eran gajos de su oficio. -yo... yo debo de oler muy mal, ¿verdad?- una sonrisa de vergüenza subió a sus labios.
Hinata levanto el rostro para verlo. Luego negó con un movimiento de la cabeza y volvió a bajar para ver la tierra.
-Es normal que huelas así, estabas entrenando.- chocaba ambos dedos índices uno contra el otro en un movimiento de timidez, al verlo Naruto sintió como su corazón se encogía por ella. Como era posible que aquella mujer cuyo cuerpo, del que estaba más que seguro, era casi un diosa reencarnada y que cuyo corazón era más bondadoso que el de ningún otro, podría sonrojarse y tener tal timidez. ¿Que hacia ella que hacía que su corazón bombardeara constantemente contra su pecho?
-gracias, Hinata. No cualquier mujer entendería eso- Naruto conocía perfectamente a ese tipo de mujeres, Sakura había sido una de ellas. -Dime cenarías hoy conmigo-
Hinata lo miro confundida.
-Siempre ceno contigo, con tus padres y Jiraiya y Tsunade, todos en la misma mesa- dijo ella.
- a eso no me refiero- tomo de la mano a Hinata y la aparto de todas las demás muchachas que la habían acompañado hasta ese momento -me refiero a tú y yo solos, Hinata-
-¿solos?- el asintió con la cabeza - Pero que pensaran los demás-
-Bueno pensaran que yo he sido conquistado por un ángel... no, un hada-
-¿un hada? ¿Que clase de hada?-
-una hada preciosa, una ninfa maravillosa. Una bella doncella de nombre Hinata-
Ella abrió completamente los ojos asombrada, el aire se escapaba de sus pulmones en fuertes respiraciones. Naruto le tomo ambas manos entre las suyas y beso cada nudillo. Miro con los ojos pesados por el deseo y lamió sensualmente el dorso de la mano pequeña.
-Hinata, necesito estar ebrio de ti. Me gustas-
Estaba ahí parada sin decir nada, sin moverse. Naruto la miraba expectante frente a ella, aun sosteniendo sus manos entre las suyas tan grandes a comparación. La piel de ella era suave aunque ambos pares tenían varias cicatrices que las marcaban.
-tus manos también tienen cicatrices como las mías- dijo ella notando las marcas en la piel más bronceada de ella -y son más ásperas y grandes que las mías-
Naruto la soltó y le dio la espalda. Podía escuchar perfectamente el alegre ambiente que se llevaba a cabo a unos cuantos metros detrás de aquellos árboles, pero dentro de su corazón las palabras de Hinata encapotaban sus oídos.
-eso que quiere decir, Hinata-
Ella dio un paso a su lado y tomo de nuevo una mano de él entre las suyas.
-yo...- tartamudeo un momento -yo quiero decirte que...tus manos y las mías son tan diferentes como nuestras vidas, Naruto- rodeo con sus brazos el brazo de él, estrechándolo contra su pecho. Naruto se sonrojo al sentir los plenos pechos contra sus duros músculos -yo no sé lo que siento.
Naruto giro a mirarla, ella se estrecho contra su cuerpo. Ambos, el femenino y masculino se cubrieron de un aura que los hacia sentirse completamente solos, un aura como un escudo que los separaba del resto del mundo. Ya no existía el ruido de una multitud de voces, el sonido del viento o del flujo del agua.
-Hinata... -dijo entre labios cuando se inclino a besarla en la coronilla de su cabeza.
-Naruto, yo no sé lo que siento, no sé distinguir lo que es el amor completamente porque durante toda mi vida he vivido sola y en el odio. No sabes lo duro que fue desde que recuerdo.-
Naruto la apretó aun más contra su pecho, sintiendo la piel delicada de ella, las lagrimas que empañaban ahora su pecho. Sabía que estaba llorando pero no podía evitarlo, él tenía también ganas de llorar, llorar por ella y por él.
-Hinata, tal vez sea amor lo que sientes por mi-
-no lo sé. ¿Dime como se siente?-
-bueno- Naruto la aparto solo lo suficiente para mirarla al rostro. -A veces no puedes dejar de buscar a la persona que quieres o que te gusta- ella asintió con un movimiento enérgico, él sonrió - también no dejas de pensar en esa persona, soñar con ella, de dejar de estar a su lado o por lo menos a su alrededor -ella asintió una vez más y le sonrió.
-Eso es lo que siento Naruto, es lo que siento por ti-
-Pero es realmente amor- ella cerro sus labios apartando la alegría de sus ojos -Muchas veces lo es si solo quieres estar con esa persona, de estar a su lado o a su alrededor eternamente.
La pelinegra abrió la boca asombrada.
- es lo que siento, es lo que quiero. ¿Como es que tu puedes saberlo?-
Él la volvió a estrechar contra su pecho y la levanto entre sus brazos.
-por que es lo que yo también siento- Sus labios se unieron en una danza, Las manos de Hinata estaban reposadas sobre los hombros anchos de él, Naruto la sostenían desde su cintura. Sus labios unidos se acariciaban sin control. Los ojos cerrados, el aliento contenido. Los latidos del corazón sincronizados uno con el otro.
El abrió los labios saboreando con la lengua los labios de ella. Hinata sintió como Naruto le acariciaba la boca con la lengua y como mordía levemente sus labios. Estaba ardiendo por dentro y sabía que él también. Era imposible que él no sintiera lo mismo que ella.
Ambos estaban flotando en un limbo de burbujas de aire. Repletos de felicidad hasta el leve quejido los saco de su mundo fantástico.
Un cuerno rugió surfeando entre el viento y las colinas. Cascos de caballos se oyeron desde la distancia. Las personas corrían a recibir al nuevo invitado mientras que Naruto miraba hacia el este con el rostro serio y la mano de Hinata aún en su mano.
¿Quien era aquel señor que llegaba justo en ese momento?
Solo podía ver los colores de los plaid que cubrían aquellos bravos cuerpos, eran el amarillo y café. Los colores del clan de la "Arena".
-Quien es quien llega, Naruto?- Hinata sonreía a tal invitado. Los celos por una sonrisa inocente inundaron de pesar el corazón del hombre rubio.
-Es Gaara del desierto, el laird de la arena- y aunque no lo había mencionado, era el hombre que menos deseaba ver ahora, ahora que tenía a Hinata entre sus manos. Era cuando más deseaba no ser el hijo de su padre.
