Bueno, como sabran ya no tengo perdon... terde demasiado para mi gusto en subir este capi, pero la verdad y dejenme tratar de escusarme, batalle mucho para terminarlo. ¿porque? ok, sufri un serio y mal momento como para quedarme sin ideas y es que a mi me dan oleadas, es decir, una temporada estoy escribiendo de todo, actualizo y escribo bien, pero de repente, solo me inspiro para dibujar o leer... caso que últimamente me ha tocado. Además que a todo eso hay que sumarle que estoy en temporada de tareas y examenes en la uni ¬¬...
Pero bien aqui el capitulo 8 que como la historia tratada en este estara dividido en varias partes...
Sin más demora, aqui el capi...
Capitulo 8.- ¿Que le hiciste a Hinata? Parte 1
La tarde se había llevado con más calma, ahora que todo el mundo estaba ocupado con sus actividades. La lluvia acababa de terminarse después de todo un día de tormenta.
Oh como deseaba Naruto hace aun lado todas esas actividades que lo mantenían alejado de su tímida y cálida Hinata. Era como sin ella, el aire se hiciera pesado e irrespirable, fue entonces que lo vio.
Al fondo del campo Gaara pasaba enfurecido y tras él lo seguía de cerca su hermano Kankuro. Uno hubiera pensado que eso fuera normal, pero algo le decía a Naruto que no podía dejar de pensar que Gaara no esta de muy buen acuerdo con él desde lo de Sakura. Sin tan solo Gaara, su gran amigo de aventuras, se diera cuenta que él ya había cambiado, que no era aquel chiquillo enamorado, perdido completamente por las faldas de una..., ¿por que la gente se volvía ciega y solo miraba sus errores, es que acaso ellos nunca se habían equivocado y habían pecado?. ¿Que acaso él, por tener esa marca que lo hacia un poco más bestia, no seguía siendo humano y que se volvía a enamorar de una mujer, una tan bella y cálida como Hinata, él estaba más que seguro que ella no le traicionaría, ni lo dejaría de lado. Pero la gente estaba tan ciega, ellos insistían en que Hinata y él volverían a traer ese duro recuerdo y hacerlo real nuevamente.
Pero que importaba ahora lamentarse, lo hecho estaba hecho y no había remedio alguno para tal cosa. Dejo sacar el aire cansando y se dirigía a las cocinas donde cierta linda mujer lo estaría esperando con un plato humeante de rico y delicioso caldo.
Abrió la puerta y no pudo evitar sonreír al verla rodeada de mujeres que trabajan igualmente e arduo. La vieja Tsunade le sonreía desde su asiento invitándolo a que tomara asiento a su lado. Naruto así lo hizo.
-Ya has terminado con tus obligaciones, Naruto- Él asintió. Una mujer le sirvió en una copa de bronce un poco de Hidromiel que le suavizo la garganta -Sabes dicen por ahí, que andas tras mi linda Hinata, ¿Es eso cierto?- Naruto se giro hacia ella, encarando su mirada con la de ella.
-así es, abuela- La mujer tomo la copa de la mano de Naruto y bebió un poco.
-Ya veo y que me dices de Sakura-
-¿Sakura, ella que tiene que ver en todo esto?-
-Aun la amas-
-Como podría amarla, ella es la mujer de Sasuke- La mujer se en congio de hombros.
-Y que importa que así sea. Nadie te culparía, Naruto pues originalmente ella iba a se tu mujer-
-Eso puede ser en parte cierto, Tsunade, pero has olvidado algo.-
-¿Que?- Naruto dejo de mirarla y por lo contrario clavo sus ojos en la espalda femenina de Hinata.
-Mi corazón estaba roto después de lo de Sakura que todo el amor que una vez sentí por ella, ha sido drenado, pero cuando apareció Hinata, era como si el dique que habitaba mi pecho hubiera sido parchado y llenado nuevamente. Ahora con un líquido más claro y más cálido, como las aguas termales- En ese momento Hinata, impulsada por la vista fija de Naruto, se giro. Sonrió de una manera cálida hacia Tsunade y de un segundo para otro todo en ella cambio, ahora era una mujer perdidamente enamorada y así era la imagen que proyectaba al mirar a los ojos de Naruto.
Tsunade advertía claramente la corriente de mutuo amor entre ellos, pero había algo más. Una unión invisible para todos, menos para ella misma. Era como si el mismo centro del alma de Naruto llamara irresistiblemente al alma de Hinata. Fue entonces, que la mujer mayor, se dio cuenta que algo, algo muy poderoso estaba surgiendo.
-La cena ya esta servida Tsunade- en que momento Jiraiya había entrado en la cocina, no importaba sino la impresión que se había llevado al encontrarse con una mujer joven que miraba apasionadamente a un hombre joven y como Tsunade no quitaba la mirada sobre estos dos anteriores. ¿A caso su mujer podía ver más allá de las simples apariciencias y si era así que es lo que había visto?
-Oh Jiraiya, ¿en que momento has llegado? -El hombre mayor beso castamente a su mujer en la frente.
-Hace un momento, pero debiste de estar tan concentrada en Naruto y Hinata que no te diste cuenta-
-Se ha notado tanto-
-solo yo me hubiera dado cuenta, Tsunade-
-Solo tu, ¿Por que será?- Ella sonrió mostrándole la mano, él se la tomo instintivamente y se la beso.
-Por que yo veo todo lo que tu haces, mi amada-
-Vamos, no empiecen aquí, aun es temprano-
La gran cocina ya estaba siendo asaltada por un gran numero de hombres que llegaban para comer y regresar a su últimas actividades.
-Es que una pareja de enamorado no pueden hablarse amorosamente en la mesa antes de comer-
-yo no digo que no puedan hablar así, pero tratar de hacerlo en la privacidad de su cabaña, aquí nos arruinan el almuerzo a todos-
Las risas no pudieron evitarse, solo lograron que las espaldas tanto de Jiraiya y Tsunade se pusieran rígidas, como las de cierta pareja nueva que habían estado a punto de decirse cosas muy parecidas.
Las puertas que daban hacia el jardín se abrieron rápidamente y un par de hombres entraron por ellas, entre ellos se encontraban Gaara y Kankuro.
-¿Que es lo que pasa ahí afuera?-pregunto Jiraiya aun sosteniendo la mano de Tsunade entre las suyas.
-Otra vez los vientos están soplando muy fuerte- dijo uno de los hombres - ni siquiera se puede ver más allá de nuestros pies-
A pesar que todos lo hombres recién llegado tomaron asiento y dejaban que sus respiraciones se calmaran, Gaara se quedo quieto en su lugar solo observando fijamente a la mujer que había escapado de la cascada.
Por un instante Hinata se giro así él e impulsada por un rayo de amabilidad le sonrió al líder de la Arena. Él hombre pelirrojo solo le dio la espalda y se sento muy cerca de Naruto, tan cerca que sus codos chocaban una y otra vez mientras comían.
-Gaara, que piensas. Crees que estos vientos significan algo- El aludido miro hacia la dirección de las mujeres y fijo su vista nuevamente en Hinata.
-No lo sé, posiblemente- No podía evitar sentir que algo no estaba bien con respecto a esa muchacha. Claro no podía olvidar que por afuera era una mujer común y corriente, pero cuando miraba en esos ojos, tan claros, casi como un manantial, en su pecho había una sensación de que por más humana que se viera ella no encajaba con todo el resto. Pero esa noche algo había cambiado, lo sabía como cuando uno sabe que algo no esta bien, ósea por puro instinto.
¿Quien era esa mujer? y por que nadie se daba cuenta que algo entre Naruto y ella esta sucediendo y aumentando tanto de tamaño que de un momento a otro ocuparía toda la habitación. Él era el único que se daba cuenta. No, sabia perfectamente, por las miradas de complicidad que la mujer, a la que todos llamaban como Tsunade, también sentía lo mismo o por lo menos algo muy parecido.
Gaara aun no se daba cuenta que posiblemente el cariño que se expresaban mutuamente Naruto y Hinata pudiera ser verdadero. Es decir, que acaso creía que ninguna mujer estaba destinada para Naruto.
-Gaara, deja ya de estar mirándolos fijamente-
Kankuro le palmeo fraternalmente la espalda de tal manera que Gaara termino inclinado hacia el frente.
-No es lo que tu piensas, Kankuro-
-Claro que es lo que pienso, o es que crees que no me he dado cuenta en tu mirada de odio que le lanza a cada instante a la joven moza-
Tomo asiento a su lado y rápidamente fue atenido por una mujer que le sirvió un poco de cerveza local. Kankuro que era un hombre enorme y corpulento piñizco a la mujer en su trasero y la mujer ni ofendida ni apenada, le devolvió la caricia acaricindoles el glúteo.
-Me encantan las mujeres de Konoha, hermanito. Aquí ellas no le tienen miedo a los hombres grandes- rio ruidosamente atrayendo la atención de todos.
-Se hermano, que tanto en la hoja como en la Arena, las mujeres no te hacen falta en tus pieles-
-Ja, eso es verdad y sabes que es lo que creo...- Gaara se encogió solamente de hombros -Creo que a ti falta una buena revolcada con alguna mujer. Deberías de conseguirte una, es más si quieres...-
-No gracias, puedo arreglármelas solo- ataco el pelirrojo al moreno.
-No lo dudo- Termino por añadir el hombre de más de dos metros de altura.
En ese preciso instante a más de un día de viaje en caballo, varios hombres vestidos de negro se reunían frente a su señor, convocados para una guerra sin cuartel que se avecinaba.
-Alguien sabe para que nos ha convocado en esta noche tan horrenda- Pregunto un hombre de pelo tan pálido que parecía blanco.
-No- respondió otro secamente. A las sombras dos hombres más hablaban quedamente.
Nadie en la sala apartaba la mano de la empuñadura de sus espadas, atadas firmemente al cinto de sus caderas y a pesar de todo, los casi diez hombres ahí reunidos parecían estar perfectamente preparados para ir a un asalto a pesar que nada de eso podía realizarse bajo el aguacero que caía en ese preciso momento, era más bien como si obviaran el cálido destello del fuego y en cambio fueran las luces de un ardor incontrolable de sed de sangre.
-Es que pretende tenernos aquí sentados sin hacer nada-
-Ya es suficiente, yo me largo- exclamo uno de pelo negro y tonos azueles. A este hombre en particular se le conocía como el tiburón de las praderas, porque una vez que se tomaba un blanco, este serie completamente "devorado". De sus victimas usualmente solo quedaban fragmentos de lo que una vez fueron.
-Vamos Kisame, se un poco más paciente- murmuro casi imperceptiblemente un hombre pelirrojo, al parecer el hombre más joven en toda la sala.
-Sasori...- un hombre ya mayor entro en la sala en ese preciso momento. Tenía el cabello oscuro como la noche y se tapaba más de la mitad del rostro con pañuelo, dejando solo el fino y letal brillo en su ojo derecho.
Conocido como el señor Laird de la Cascada, Madara era conocido nada y nada menos que por su crueldad en el campo de batalla y a pesar de sus años, los hombres que se reunían ahí jamás se atreverían a enfrentarse abiertamente contra él. El ultimo que lo había intentandado, un hombre de la hoja llamado Itachi, había fracasado. Si Itachi, había tratado de infiltrarse tras sus líneas para conseguir información como espía, pero cual había sido su suerte que fue descubierto y ejecutado en ese instante. Para ellos, solo había sido como el piquete de un mosquito tras la oreja, es decir lo suficiente doloroso como para creerse doloroso, pero lo insipientemente peligroso como para tomarse en cuenta, pero para Konoha había sido un momento de mucha pena y desdicha, más para aquellos que pertenecían a su círculo de cercanos.
-Madara, ¿que es lo que necesitas de nosotros?- Pregunto Kisame haciéndose a un lado para permitir entrar a Madara hasta el centro de la sala, donde una silla y una pequeña más baja se encontraban esperándolo.
-Bien, Kisame. -Espero a que todos los hombres formaran un a media luna frente a él y antes de que comenzara, espero a que todos ellos pusieran sus ojos sobre él con la expectación de un monologo próximo. Entonces Madara carraspeo -Le he declarado la guerra a Konoha-
Los hombres se giraron a verse una a otros. Los murmullos y conversaciones llenaron rápidamente la habitación.
-Silencio- exclamo un joven rubio que había entrado siguiendo de cerca a Madara.
Los hombres callaron inmediatamente. Madara pasó la vista cansada por cada uno de los rostros de sus espectadores.
-Deidara, entrégales los sobres- Deidara, aquel joven rubio, saco de uno de los baúles varios sobres blancos. -Quiero que sigan las instrucciones que están escritas en cada uno de los sobres- Sonrió de medio lado, del lado.
Al otro día.
-Hinata- la mujer mayor miro a su "hija" dormir, y sin pensarlo le aparto un mechón de su frente. La joven se movía entre sueños y sonrió tras la cálida caricia materna.
-Tsunade, déjala esta cansada- Jiraiya rodeo con un brazo fuerte a sus esposa. -Ha sido un día cargado de emociones para ella, ¿no lo crees?-
-Claro que lo creo- sonrió- mira que Naruto y ella...-
-Si quien iba a creer que algo así sucediera, y tan pronto-
Los "padres" miraron por última vez a Hinata, decidiendo al final que la dejarían dormir un par de horas extras, después de todo aún era nueva.
Nadie se dio cuenta que tras las sombras un hombre se movía en extremo silencio, ni como este vigilaba completamente los movimientos que la dulce durmiente realizaba.
Cuando menos lo pensó, ya estaba recorriendo la pequeña casa. Atravesó la pequeña distancia y antes de que ella pudiera reaccionar, el le tapo la boca con una mano grande y callosa por el uso de la espada.
-Ahora veamos quien eres en realidad, pequeña conejita-
Ella se movía inquieta sin poder liberarse de los brazos que la tenían atada contra su cintura. Sintió como él tomaba la empuñadura de su espada y el golpeo en la cien derecha. No supo nada más.
¿Corto?... lo sé, pero pronto vendra más... adios... con cariño Abiyasha...!
