Judy alzó su mano, acallando cualquier excusa, orejas erguidas y una ligera sonrisa en su rostro haciendo estragos en los nervios del lugar.

—Voy a tomar una serie de asunciones, luego crear hipótesis por medio de las mismas, sólo sígueme el juego, ¿sí? —, comentó, a medida que avanzó hacia ellos, rostro ahora serio y contemplativo—. La razón por la que sientes empatía no se debe a algo tan sencillo y efímero como una atracción sexual, Wilde. No, es algo más profundo, ¿no es así?

En vista de que no recibió respuesta alguna, pero sí había logrado obtener la atención de los sujetos, Judy continuó, poco a poco rodeando al dúo, su andar simulando a un depredador circundando su presa, analizando, un asecho tan perfecto que el pelaje de cada vulpino se alzó en alarma involuntariamente, algo que muy en lo profundo encontraba satisfactorio.

—Bien lo has dicho, sientes empatía. Un sentimiento encomiable, pero la verdadera empatía nace de la comprensión, del entendimiento de qué es lo que el emisor está sufriendo, de lo contrario es un sentimiento vacío, agradable con tal de congeniar, pero al fin y al cabo, un gesto vacío que tiende a pasar tan pronto los involucrados se alejan el uno del otro—, mirando en dirección de Nick, la coneja sonrió, lo que hizo al vulpino tragar saliva, su boca de pronto seca ante la atención—. El cambio en tu percepción hacia mi persona surgió esa noche, ¿cierto? Cuando admití mi desesperación, cuando mis defensas se derrumbaron ante tus ojos. De pronto, ya no era esta posible amenaza que dormía a unas cuantas habitaciones de ti, súbitamente, era alguien que había estado luchando contra la ciudad y salió apaleada, confundida de qué hacer con su vida, al borde de haber podido caer en lo más bajo con tal de subsistir.

Y, eso en realidad era el meollo del asunto, todos comprendieron. Nick Wilde vio en ella su propio reflejo, alguien que intentaba a todo dar no derrumbarse. Alguien quien intentó levantarse de los empujones de la vida, sólo para encontrarse con una patada en el rostro que lo derribase de nuevo.

Judy no lo comprendía, no se había percatado, al menos no hasta ahora. Pero escuchar a Nick había abierto varias puertas que se negó a reconocer. Y estaba agradecida, el que la haya obligado a recomponerse en aquel entonces evitó muchas cosas, acciones de las que se habría arrepentido al día siguiente, quizás por el resto de su vida.

—En el momento, no lo noté, Wilde. Pero mientras hago memoria, puedo recordar cuan desesperada estaba, ambos sabemos cuánto. Ambos sabemos que al final habría ofrecido mi cuerpo, mis servicios, todo con tal de conservar un lugar dónde dormir. Si tu interés en mi fuera carnal en naturaleza, no me habrías hecho recomponerme, no te habría incomodado la oferta implícita en mi postura, en mi olor. ¿Cierto?

El zorro sólo cerró los ojos, pero eso era todo lo que Judy necesitaba para corroborar sus sospechas. La forma en que consumió la cerveza, su postura, ese día estaba decidida a tomar una acción con tal de conservar donde dormir, participar en el huerto era su meta primaria, pero era obvio que si eso fallaba, estaba preparándose mentalmente para caer incluso más bajo. Lo peligroso de aquel momento no fue que se ofrecería a un zorro, no.

Fue que no se había percatado de ello sino hasta este punto.

Así de peligrosa era la desesperación.

—Por eso cambiaste de súbito el tema, por eso abordaste la idea de empatía. Porque en ese momento, realmente comprendiste mis problemas, lo que me aquejaba. Y no viste a una chica al borde del colapso, sino a ti mismo. Bien lo dijiste: Si tú caes, pronto te seguiré. ¿Cierto? Asumo, de nuevo, no es algo que hayas dicho por mera atracción, o problemas económicos. No, te referías a tu voluntad de seguir, de pronto y sin que lo esperases me volví en ese momento una representación física de tus deseos, alguien que luchó contra la marea, y fue arrastrada, azotada contra las rocas de las que a duras penas se aferraba en un vago intento por sobrevivir.

Judy sonrió, mirando fijamente al zorro, ignorando por completo al feneco en el proceso. Su mirada fija en los jades que el sujeto tenía por ojo. Agradecida, su pecho burbujeando en emoción apenas sostenida, hacía mucho que nadie le dio una oportunidad, que la trató de a tu, y no como un esperpento que jamás se adaptó a las expectaciones.

Quizás fue por ello que ambos no dejaban de orbitarse el uno al otro, en serio tenían mucho en común, por más diferentes que hayan sido sus orígenes y metas.

—En lo que a esa noche concierne, te agradezco mucho lo que hiciste. Wilde… no, Nick. Otro en tu lugar no hubiera desperdiciado la oportunidad.

El zorro cerró sus ojos, asintiendo comedidamente. Una pequeña sonrisa enmarcando su rostro ante sus palabras.

—Eres increíble, ¿Lo sabías? La ciudad perdió una gema al rechazarte.

—Gracias.

Ambos se observaron el uno al otro, ¿Qué hacer? Puertas habían sido abiertas, caminos que antes estaban cerrados, de pronto estaban disponibles, y ninguno de los dos parecía dispuesto a dar un paso, a tomar una dirección, temerosos de que cualquiera fuera la elección. Hasta que el sonido del feneco farfullando improperios a medida que caminaba en dirección de la salida les interrumpió de lleno.

— ¿Finn?

—Los dejaré solos, ¿Francamente? Me nausea este vaivén entre ustedes. No sé si están cortejándose, o si están tratando de hacerse amigos, enemigos o lo que sea. Búsquenme cuando tengan una maldita definición de lo que son, hasta ese entonces, estaré en mi casa durmiendo. ¡Y por su bienestar, más les vale que para cuando me despierte, mi camioneta esté vaciada de toda esa basura que dejaron dentro! ¿Hablé claro?

—Como el cristal.

Y sin decir no más, el feneco azotó la puerta al salir, dejando al dúo en un silencio incómodo gracias a sus palabras.

—Nick… yo.

Judy observó al zorro alzar una mano, deteniéndola en el acto, sosteniéndola allí por un par de segundos antes de suspirar profundamente, su postura recuperando el control que le caracterizaba, dificultando que pudiese leer o predecir lo que iba a decir a continuación, la ventaja que había logrado al sorprenderlos discutiendo sobre ella de pronto esfumándose ante sus ojos. Su boca abriéndose un par de veces, como si quisiera empezar algo, pero lo encontrase insuficiente o inapropiado, un bufido saliendo finalmente de la misma, obviamente frustrado.

—No sé qué decir.

Fue tonto, pero sus palabras al igual que la manera en que arrojó las manos al aire en súplica y completa rendición, arrancó una risa que rápidamente se transformó en carcajada. Judy no sabía qué exactamente fue lo que la poseyó en ese instante, pero encontraba el momento liberador, la tensión esfumándose de su cuerpo con cada segundo que transcurría, en especial cuando el zorro finalmente terminó replicando en igual forma, ambos riendo como si fuera la última acción que pudiesen realizar en ese instante.

Minutos después, ambos habían tomado asiento en el bar, un par de cervezas frías a su alcance, y un silencio agradable entre ellos que sabían debían terminar tarde o temprano.

—Realmente tienes enlaces con la mafia.

—Uno que otro, estoy seguro que me investigaste antes de aceptar vivir acá—, sus palabras eran sinceras, y no existía ningún tono de acusación en él, sólo decía una verdad. Judy asintió, ¿para qué negarlo?

—Lo hice, sería tonto de mi parte no haberlo hecho. Y aun así, después de confirmarlo, ¿Sabes algo? Me encuentro no sólo ambivalente, sino inclinada a escucharte.

Una pequeña carcajada emergió del zorro, lo que ubicó sus ojos en él, mirando firmes en busca de alguna mueca de mofa, encontrando ninguna.

—Porque has aprendido que en esta ciudad, las cosas no son en blanco y negro. El establecimiento parece funcionar únicamente para ciertos mamíferos, que a pesar de los cánticos de unidad, la localidad está dividida, y que ciertas especies no son dignas de atención o cuidado. Lo has visto con los diminutos, y la falta de cuerpos policiales que los representen y protejan. Para los políticos, una valla, un camino, un andante para las especies diminutas es más que esfuerzo suficiente. ¿Para los pequeños como nosotros? ¿A quién le importa realmente si tenemos representación? Los de tamaño medio pueden suplir la justicia que ellos consideren apropiada, la intimidación funciona rápido y mucho mejor, no hay necesidad de adaptar el sistema cuando el actual ha funcionado desde tiempos inmemoriales. ¿Para los grandes? El mundo es su ostión, ellos establecen las reglas y los demás, obedecen.

Judy quería protestar, en serio lo deseaba. Su punto de vista era cínico, y omitía muchas cosas que desmentían su visión en papel. Pero la verdad es que en práctica las cosas eran así. Al final, incluso participando de un programa de inclusión de mamíferos pequeños no fue suficiente para que se le otorgase una oportunidad, haberse graduado con honores no sirvió de mucho si todos los precintos de policía se negaban a aceptarla como cadete.

El hecho de que amenazaran con huelga si Lionheart los forzaba a aceptarla fue agonizante en muchas formas.

— ¿Qué hay con los elefantes?

—Ellos de por si están en su propia categoría, viven en un mundo diseñado para criaturas mucho más pequeñas, teniendo que cuidar cada paso por temor a lastimar a alguien, a romper algo y ser castigados por ello. Pero a pesar de su tamaño y tener mucho en común con los pequeños, su porte garantiza que sean escuchados y tomados en cuenta, una ventaja que no poseemos, sin importar nuestros números.

Y eso era algo que Judy podía corroborar, los pequeños y diminutos superaban en número a la población media y grande. Y sin embargo, rara vez un conejo, ratón u oveja se encontraba en puestos de poder, y cuando lo hacían, era como secretarios o ayudantes.

Bellwether era un ejemplo perfecto para ello. Sus ideas, sus esfuerzos llevaron a la victoria a Lionheart, y como recompensa terminó siendo relegada, olvidada y a la larga, reemplazada por un mamífero de mayor porte, un ñu que por los rumores que se esparcían, era a la hora de equiparar, inferior en efectividad a la pequeña oveja.

El reemplazo súbito e injustificado de Bellwether significó el inicio del fin para el león, que antes de que pudiera tan siquiera comprender la ramificación de sus acciones, se vio sorprendentemente aplastado en las elecciones de hace dos años por un rival que ante muchos, no era más que un simplón.

Henry Hornton era un Auroch cuya campaña pecaba de simple, minimalista. No abogaba por los derechos de nadie, sino la conservación del estado. Era básicamente el lame patas de los conservadores que usualmente no tenía oportunidad alguna en las elecciones. Pero no esta vez, Lionheart, quien en otrora habría ganado con extrema facilidad gracias a su carisma y políticas "abiertas", se encontró abandonado y sin apoyo que lo sustentase.

Bellwether, resentida y con deseos de venganza promovió la idea de un rumiante como candidato, su apoyo por Hornton siendo la estocada final que le arrebató valiosos votantes al león, acabando con su carrera política en un solo movimiento.

Desgraciadamente para Bellwether, Hornton expresó su gratitud de una forma muy diferente a la que Lionheart realizó, los rumores indicaban que el sujeto había realizado demandas indecentes a la oveja en la privacidad del recinto, un escándalo que fue rápidamente puesto bajo la alfombra para conservar la carrera política del candidato de la derecha. Hasta el día de hoy, el sistema seguía culpando a la chica de haber incitado el encuentro.

Traicionada por un sistema que valoraba más la opinión de un mediano, la oveja se retiró a la privacidad de sus aposentos en las montañas del este, sólo el rumor de que sus abogados aún se encontraban intentando imputar a Hornton era lo que permanecía de su carrera política.

Era imposible no recordar a la oveja tras las palabras de Wilde, Judy había mantenido una amistad con la chica luego de que ella personalmente le felicitase por haberse graduado a pesar de las dificultades, fue una lástima que el no haber sido contratada haya truncado dicha amistad a la larga, ¿Quién sabe cómo se habrían desenvuelto las cosas de haber sido contratada como policía?

Al final, Judy suspiró, acariciando la superficie de la lata en un vano intento de recomponerse, la conversación había dejado en claro que tenía heridas que no habían sanado en lo absoluto.

— ¿Mi hermano, está involucrado en la mafia?

—Hasta donde sé, la agencia de seguridad es legal. Financiada por la familia Big, pero los empleados son suministrados por la academia del estado. Mamíferos que no cumplieron las expectativas para ser policías, pero que por alguna razón sí cumplen los de un guarda de seguridad.

Judy asintió a ello, había similitudes en los trabajos, pero sólo eso. Similitudes. Un guarda de seguridad no necesitaba conocer la ley al derecho y al revés, no debía seguir los lineamientos del sistema y no debía sufrir la burocracia que el trabajo implicaba. Sólo debía saber emplear un arma y estar en forma.

—Tengo prejuicios hacia los guardas, así que no obtendrás la mejor opinión de mi parte.

—Comprendo.

— ¿Esto a dónde nos deja, Nick?

Realmente necesitaba saber a dónde los dirigía esta decisión, ¿Había aceptado trabajar con la familia Big? ¿Qué exactamente era lo que Nick tenía en mente de ahora en adelante?

—No tengo planes de inmiscuirme de vuelta a ese mundo, pelusa—, empezó el zorro, mirando su cerveza con la misma contemplación que ella observaba la suya—. Pero no pienso mentirte, rara vez ese universo deja que salgas así nada más. La información que leíste es básica, cualquier mamífero que se dé la molestia puede conseguirla. Corrobora algunas de tus sospechas, es superficial, lo sé, pero existe un interés en tu familia. Creo que a estas alturas sabes qué suele suceder con los negocios que llaman mucho la atención en el bajo mundo.

Y ese era el problema, la confirmación de que había alguien detrás de su incapacidad para conseguir trabajo en los últimos meses ardía como el infierno. Al principio pensó que el veto provenía de Parker, pero al leer la información de que su antiguo empleador fuera un visitante usual de la tienda de su hermano hacía que las alarmas en su cabeza gritasen en terror ante las posibilidades.

—Supongo que me vieron como el eslabón débil, una forma de asegurarse la plena confianza de mi familia.

De hecho, mientras más lo pensaba, el encuentro con el zorro terminó siendo fortuito en más de una forma, al final, tras meses de presión y años de agotamiento emocional, se quebró. Nick realmente no aprovechó la oportunidad que otros habían creado, sin saberlo su acto de bondad le ayudó en formas que no podía agradecer con meras palabras.

— ¿Qué vamos a hacer, entonces?

El zorro le observó por algunos segundos, ligeramente sorprendido por el ímpetu con el que había dicho eso, la seguridad que su voz daba a entender. No se marcharía, y más que alejarlos, la información sirvió para fraguar algo más fuerte que la aceptación superficial que existía con anterioridad.

Todavía no podían decir que eran amigos, pero la verdad era más que seguro que en cuestión de meses lo serían, si la sonrisa en el vulpino era de juzgar.

—Mucho gusto, mi nombre es Nicholas P. Wilde. Tengo planes con una granja que podrían ser de su interés, señorita.

—Hopps, Judy L. Hopps, Señor Wilde. Y por favor, cuénteme sobre esos planes, realmente creo que serán de mi interés.