Con un ligero gruñido de esfuerzo, el último poste había sido colocado en su lugar, finalizando la primera parte del cercado que por un par de largos meses habían estado ubicando, orejas gachas y contra su cabeza, su pelaje estaba húmedo, y podía olfatear claramente que necesitaba un baño, y sin embargo, la coneja no podía dejar de sonreír.

Miró en dirección de la cerca; alrededor de veinte metros de postes habían sido ubicados con cuidadosa planeación, diseñados para separar las tierras insalubres del resto. Con tan sólo dos personas a cargo, una de ellas en extremo inexperimentada en el trabajo manual, habían logrado una labor decente, para nada bonito, el resultado final era tosco, y claramente tendría que ser retocado en un año o dos, posiblemente menos, pero era algo que habían procurado con su propio esfuerzo, por lo que estaban más que orgullosos por ello.

—Que me lleve el diablo, ¿Estás segura de que esto es necesario?—, argumentó el zorro, su boca abierta de par en par, jadeando en un vano intento de regular su temperatura, su pelaje estaba oscuro, casi carmesí debido a todo el sudor que había acumulado tras la ardua labor bajo el sol del verano.

—Mucho. No hacerlo antes de la inspección sería presumido, ¿no lo crees?— Comentó Judy, aspirando profundamente un par de veces, forzando a sus orejas a levantarse para poder escuchar mejor el corazón del zorro, ya le había mentido un par de veces sobre su agotamiento en los últimos días, no volvería a cometer el error de creerle sin cerciorarse nuevamente. El toc, toc, toc que escuchó era desesperado, el órgano golpeando impunemente su cavidad torácica, castigando al vulpino por haberlo sometido a semejante castigo.

—Si tuviese una grabadora, podría grabarlo, ¿Sabes?— Se mofó enseguida, moviendo sus manos como si estuviesen golpeando un timbal—¸ no es un mal ritmo.

La mirada que el zorro le lanzó en su dirección arrancó una carcajada de su rostro, no sabía por qué sentía la necesidad de hablarle así, no que el sujeto fuese tímido, sabía dar tan bien como recibir, pero en estos momentos de fragilidad, era obvio que ella tenía la ventaja.

—Ahora sólo falta el alambrado y la sección estará lista—. Golpeando el madero un par de veces, Judy no podía evitar sentir franca admiración por el zorro, el que estuviese usando remanentes de lo que fue una empresa fallida para crear la valla decía mucho sobre su capacidad de adaptación, sinceramente, era envidiable—. ¿A qué hora crees que Finnick regrese?

Respirando profundamente, el zorro a duras penas se recompuso, mirando alrededor como si intentase conseguir una respuesta en el escenario.

—Una hora, puede que dos. Conociendo la burocracia de la ciudad, puede que más.

Judy asintió, todavía seguía siendo un paso veloz, considerando lo que había vivido en ocasiones anteriores en cuanto a procedimientos legales trataba.

—El registro tomará unos cuantos días, asumo que incluso con la ayuda de contactos poderosos, el procedimiento tardará, nada que pueda considerarse como legal puede aparecer inmediatamente en el registro sin pasar por las oficinas apropiadas primero.

Y a eso, no podía opinar nada más. El tipo de ley del que Nick hablaba distaba mucho de su área de experticia, y de hecho sorpresivamente caía más en la del malhumorado feneco, que a pesar de su amarga personalidad parecía tener amplios conocimientos en cuanto a administración y otras legalidades trataba, siendo realmente la única razón por la que el zorro rojo no había entrado en quiebra, al menos no inmediatamente.

Mirando en dirección de Nick, ella no pudo evitar comentar.

— ¿Crees que puedas solo con el alambrado?

—Oh, ¿Me dejarás solo? Mis tímpanos aún tintinean luego de que me regañases por intentar hacer lo mismo, pelusa.

—Necesito ir al edificio de mi familia, había concordado reunirme con ellos hoy—. Mirando en dirección del cielo, una mano cubriendo ligeramente sus ojos, rápidamente arrojó un cálculo de qué hora era gracias a la posición del sol—, Son alrededor de las diez de la mañana, si quiero llegar a tiempo, lo mejor será que deje de trabajar ahora.

—Entonces ve, dejaremos esto para después, ap, ap, ap—¸ levantando una mano, el zorro parecía haber detenido en el acto todo acto de protesta en ella—. Sabes muy bien que dejarme el alambrado será un desastre, y mi cuerpo es demasiado bello para manejar tanto alambre de púas y no salir lacerado irremediablemente, Hopps.

Alzando una ceja, y apenas conteniendo la sonrisa en su rostro, Judy ladeó su cadera, posicionando su mano izquierda a un lado de su cuerpo.

—Bello no es lo que tengo en mente luego de escuchar eso, Wilde. Pero supongo tienes razón, dejarte el enrejado será un fiasco que no pasará aprobación alguna.

Dándose la vuelta, caminando en dirección de los edificios, Judy simplemente meneó la cabeza, realmente se sentía como una pequeña niña de vuelta en la granja—, en todo caso, creo que también necesitas un baño, apestas.

—Oh, no eres exactamente la criatura menos odorífera aquí, Hopps. No finjas que no necesitas un baño debajo de toda esa ropa.

Volteando a observar al zorro de soslayo, no pudo evitar sonreír.

— ¿A estado Olfateándome, señor Wilde? Eso es una felonía en algunos distritos de la ciudad, ¿lo sabía?

Podía verlo en su rostro, la sorpresa expresada de forma desopilante por un par de segundos, tomado con las defensas bajas por lo dicho. Sus ojos abriéndose de par en par al igual que su boca, realmente no esperaba el comentario, mucho menos la forma en que lo había abordado, le observó con su rostro apenas por encima de su hombro, su pequeña cola alzada y completamente esponjada, una ligera tentación emergió al contonearla un par de veces, provocando que sus ojos descendieran en búsqueda del movimiento, sus pupilas dilatándose por un par de segundos antes de que comprendiera a dónde estaba viendo exactamente, dándose la vuelta enseguida, como si la hubiera capturado desvestida.

La victoria de lograr que el vulpino se quedase sin palabras sabía a gloria, ninguno dijo nada después de unos segundos, y ella simplemente se dirigió a su departamento, ojos abiertos completamente una vez apartó la mirada del sorprendido zorro. ¿Qué diablos había sido eso? Posó una mano en su frente, estaba cálida, pero había estado trabajando por varias horas debajo del sol, por lo que era lógico que su pelaje estuviese caliente, probó con la piel desnuda en sus orejas, pero lo único que podía percibir era el fuerte palpitar de su propio corazón en sus venas.

Se suponía que sólo jugaría con él, que el falso coqueteo arrancaría una respuesta, ambos repetirían su rutina y se despedirían en buena forma. Pero en el momento en que posó sus ojos en él, cubierto de barro, sudado y todo un desastre tras arduas horas de trabajo, sus planes se esfumaron, su cuerpo actuó por si solo y antes de que se diera cuenta, había dado un serio coqueteo, forzando su mirada hacia su trasero gracias al preciso movimiento de su cola.

Es el sol, sí… trabajar mucho debajo del sol no es bueno.