Judy despertó súbitamente en el momento en que sintió movimiento a su costado, ojos abriéndose de par en par, alzándose de golpe de la cama en la que yacía, no reconociendo el sitio por un par de minutos, su acompañante quejándose ante el abrupto movimiento, levantándose de golpe mirándola sorprendida con asombro.
La coneja observó a la chica por un par de segundos, antes de suspirar con aparente alivio. Memorias rápidamente asaltando su cabeza, se había quedado a dormir en casa de sus hermanos, más específicamente en la habitación de Julieta, agotada física y emocionalmente tras los primeros intentos de reconciliación con sus padres.
Bajando la guardia, Judy miró a su alrededor, más específicamente el despertador, notando que se había despertado una hora más temprano de lo que acostumbraba, lo que le permitía al menos una ventana de oportunidad para regresar a su departamento, bañarse y prepararse para otro largo día atendiendo el cultivo.
—Lo siento…
—Maldición Judy, siento que perdí un par de años de mi vida por el susto.
—En serio lo lamento, July. En mi defensa, sólo diré que no he dormido acompañada en más de tres años…
Incrédula, la coneja café la observó por un par de segundos antes de gruñir y lanzarse contra la cama, a sabiendas de que el susto había espantado toda posibilidad de sueño de ella.
—Olvídalo, Judy. Sólo… olvídalo. Ni siquiera preguntaré, ¿francamente? No quiero saber con qué clase de idiota estuviste hace tiempo como para que reacciones así.
Judy por su parte, sólo respingó ante el mal humor de su hermana, a sabiendas de que quizás había robado un par de horas de sueño que obviamente necesitaban después de una larga noche de desgaste emocional. La coneja simplemente decidió que lo mejor era aceptar su falta y proceder de allí en adelante con normalidad.
Hora y media después, se encontraba en el bus, dirigiéndose al terreno un poco más agotada de lo que pensó estaría, más sin embargo necesitaba regresar a trabajar, poner sus manos en marcha, hacer algo que le quitase la incertidumbre que sentía, sospechas y paranoia presentes en su mente, su suspicacia en completa alerta ahora que estaba lejos de su familia, haciendo memoria de lo que se había discutido, y de lo poco que pudo escuchar en la fiesta.
Las sospechas de Nick tenían ahora más fundamentos que nunca en cuanto a que alguien le tenía el ojo puesto al negocio familiar. La presión era sutil, pero podía sentirse allí luego de un tiempo. Pero desgraciadamente Emmet parecía empecinado en esquivarla a como diese lugar, por lo que no podía enfrentarlo y dialogar sobre el asunto. Dejándola nada más con lo poco que pudo escuchar de sus hermanos, al igual que lo poco que su padre comentó entre llantos y gritos.
Se bajó del bus con un ligero brinco desde los escalones, ignorando el grito de advertencia y fastidio del conductor mientras ella corría y saltaba en dirección de la puerta. Había trabajo por hacer, y realmente necesitaba hablar con Nick con respecto a lo que había oído de sus padres.
Necesitaba información, y por ahora, sólo el zorro parecía tener la posibilidad de brindársela.
Cerrando la puerta tras suyo, la coneja no había tan siquiera dado dos pasos en la propiedad antes de recibir una sorpresa, una muy grata.
Al parecer, Nick había decidido trabajar por cuenta propia en la cerca. Un trabajo amateur, incluso feo a primera vista, más sin embargo lo suficientemente aceptable como para sacar una sonrisa de su rostro. Se acercó al alambrado, examinando el trabajo más de cerca, su mirada enfocándose en un pequeño mechón de pelo atrapado en uno de los garfios, la coloración de inmediato revelando la presencia del feneco, lo que era de hecho increíblemente sorprendente, dada la apatía que el sujeto había demostrado en cuanto a lo que estaban haciendo.
—Supongo que el par de semanas comiendo decentemente hicieron mucho para cambiar su mente.
Negó con la cabeza, dejando ir el mechón de pelo de entre sus dedos, palmeando un par de veces para asegurarse de que no quedase nada en ellas antes de caminar rumbo a la casa, de pronto con un mejor humor, sus ojos examinando el trabajo con cuidadosa minuciosidad, alegre de que estaba lo suficientemente bien hecha como para no tener que derribar o modificar algo, el área estaba ahora obviamente separada del resto, y eso es lo que contaba, la estética era lo de menos cuando de funcionalidad trata.
No obstante, antes de que pudiera llegar al edificio, su celular sonó, alertándola de que había recibido un correo. Curiosa, sacó el pequeño aparato de su bolsillo, un par de movimientos rápidamente abriendo la aplicación, sus ojos inmediatamente abriéndose completamente al notar el remitente.
— ¿Qué demonios?
A medida que leyó, la incomodidad que había estado sintiendo tras escuchar a sus padres de pronto era un vacío en su estómago que parecía incrementar con cada segundo que transcurría y tras cada párrafo que terminaba. Su ceño frunciéndose, enojo claramente ahora enmarcando su rostro, todo su buen humor esfumándose a medida que corrió en dirección de la habitación de Wilde, sus prioridades matutinas cambiando de súbito.
Necesitaba respuestas, y el zorro se las daría.
Golpeó la puerta, una y otra vez, liberando gran porción de su frustración en la superficie de madera, necesitaba calmarse. Si dejaba que sus emociones dictasen su accionar, cometería un error, pero era difícil controlarse cuando tu mundo de nuevo amenazaba con desmoronarse ante los embistes de la vida.
Woolstone & Ramsés le habían contactado de nuevo.
De súbito, la puerta que había estado golpeando se abrió, haciéndole tropezar un poco, sus ojos abriéndose por completo ante la sorpresa, sus orejas erguidas en completa incredulidad, Wilde le miraba irritado, su rostro dando claras señales de que había sido despertado por ella, pero más que nada, la prueba más firme de que se había levantado de la cama era el simple hecho de que le había abierto la puerta en ropa interior.
Los dos se observaron, Judy de pronto conteniendo su respiración, sus ojos que habían estado esculcando cada centímetro al descubierto, de súbito se habían posado sobre su rostro, notando cómo el sueño y la irritación se esfumaban de su cara cuando la realización de lo que había hecho se asentaba en su cabeza, sus párpados en otrora caídos de pronto abriéndose por completo al compás de su boca, sus orejas ahora gachas y con un ligero atisbo de rosado en su descubierta piel, claramente apenado.
Y así, antes de que la coneja pudiera tan siquiera disculparse, la puerta se cerró de golpe. Dejándole allí, confundida y contrariada de las emociones que circunnavegaban su cuerpo; ira, frustración y recelo compitiendo contra vergüenza, indignación y más sorprendente aún, interés.
Judy se quedó allí, observando la puerta, intentando reiniciar su cerebro, ubicar sus prioridades donde debían estar, rápidamente almacenando lo ocurrido en los confines más recónditos de su cabeza.
La puerta se abrió nuevamente, y Judy no pudo evitar que sus ojos descendieran nuevamente hacia lugares indebidos, acción que de inmediato ocultó al bajar la mirada hasta el suelo.
—Lo siento.
—Sólo… ignoremos lo que ocurrió, Pelusa. Ahora, ¿hay alguna razón por la cual hayas decidido despertarme así?
Y así, con esas palabras, Judy supo finalmente aferrarse a lo que realmente importaba.
—Recibí una oferta de mi antiguo empleo, tenemos que hablar, Wilde.
No necesitaba conocer al zorro para ver que lo que dijo le tomó por sorpresa, su postura de pronto cambiando a algo más cerrado, más resguardado, rápidamente dando a entender que esperaba malas noticias.
—No pienso abandonarte, Wilde… Nick. No pienso aceptar, no después de lo que pasó, pero la aparición de la oferta me es en extremo sospechosa. Por favor, Nick… Yo… necesito tu ayuda.
El zorro la observó por un par de segundos, antes de asentir. Haciéndose a un lado e invitándola a pasar a sus aposentos, algo que ella de inmediato notó calmaba el latir de su corazón, aún confiaba en ella.
No tardó en ubicarse en la silla apropiada, observando al zorro preparar café mientras ella intentaba arreglar sus pensamientos.
— ¿Qué es lo que te preocupa, Zanahorias?
—Es demasiada coincidencia que de pronto, tras haberme despedido, ahora me quieran de vuelta, una oferta y un sueldo generoso, substancioso de hecho, mucho más de lo que llegaron a pagarme con anterioridad. Todo esto en el momento en que se me ha visto en los aposentos privados de mi familia, justo horas después de que finalmente entablé una conversación con mis padres y estoy en camino a una reconciliación…
No necesitó decir más, realmente ¿qué no sospechar de todo esto?
Una taza de café se posó frente a ella, una de las tazas de Finnick, si su tamaño era de juzgar. Los dos simplemente se dedicaron a permanecer en silencio, ponderando lo dicho en conjunción con lo que habían investigado.
—Nick, no sé tú. Pero creo que es obvio que estamos siendo vigilados. O al menos, el edificio de mis hermanos lo está siendo. Todo esto me da un mal presentimiento.
Asintiendo, el zorro miró su taza por un par de segundos, antes de suspirar.
—Despertaré a Finn. De pronto, tengo el presentimiento de que si no nos movilizamos rápido, no podremos legalizar la granja.
Judy no pudo decir nada para contrariarlo, no cuando estaba de acuerdo con lo dicho. Necesitaban movilizarse, necesitaban legalizarse enseguida.
—Estamos listos, Nick. Quizás no estamos produciendo al máximo que el terreno puede ofrecer, pero es cuestión de tiempo para que logremos expandirnos. Por ahora, creo que lo más sensato es acelerar los planes, porque obviamente hay alguien vigilando lo que hacemos. Y dudo seriamente que tengan la mejor de las intenciones.
De pronto, la jovialidad que había entre ellos por todos estos meses desapareció de golpe. Reemplazada con seriedad, ambos pensativos en lo que se podría avecinar, miles de posibilidades asaltando sus mentes y corazones.
