Descendiendo de la camioneta, Judy de inmediato pudo percibir que había ojos sobre ella, algunos de los mercaderes obviamente remilgosos de lo que haría. Pero la coneja no prestó atención, caminando rumbo a la parte trasera de la van, abriendo sus puertas y colocando sus implementos donde debían estar, un par de letreros procurando en algunos de los vendedores un sentimiento de cólera al igual que preocupación.

"Verduras frescas, Cinco Zetas por kilo."

La atención que recibió fue casi inmediata, varios mamíferos en las cercanías acercándose a vislumbrar lo que ofrecía, varios pedidos saltando a relucir ante el bajo precio que los productos esgrimían a pesar de su frescura.

Bien sabía que la atención que poseía se debía a que su mercancía se encontraba a cinco, cuando en el mercado el sitio más barato ofrecía a siete, y no poseían la misma calidad o frescura. Por lo que rápidamente sus manos estuvieron ocupadas pesando, entregando y cobrando por más de dos horas, la afluencia por alguna razón de súbito disminuyendo a medida que transcurría el tiempo.

Al final, en cuestión de hora y media su popularidad disminuyó a casi nada, algunos mamíferos curioseaban lo que poseía, pero ninguno parecía dispuesto a comprar, y en más de una ocasión tuvo que escarmentar a un cliente por olfatear demasiado cerca el producto. Incapaz de comprender qué diantres había sucedido para que la recepción haya cambiado tan rápido en tan poco tiempo.

Pero estaba segura de que había vislumbrado algo en más de una ocasión.

Frustrada, al final regresó el peso y demás productos dentro de la camioneta, regresando rápidamente al asiento del conductor, sus ojos fijos en el espejo retrovisor, firmes en el sujeto que había entrevisto en más de una ocasión cuchicheando y charlando con sus clientes. En esta ocasión, lo pudo ver charlar con una cerda, que miró los productos que había comprado con algo de renuencia, antes de suspirar y seguir su camino.

Había conseguido a su perpetrador. Y tras memorizar sus rasgos, la coneja simplemente emprendió el camino de regreso a su nuevo hogar.

Al llegar a la propiedad, no le sorprendió enterarse que la situación había sido muy diferente en el área, el éxito incluso tomando al par por sorpresa, al haberse quedado completamente sin mercancía para distribuir en menos de cuatro horas. Lo que significaba que lo que no pudo vender en el mercado libre podría entonces ser puesto en venta en la localidad, no habiendo pérdida alguna en el proceso.

Sin embargo, en cuanto estuvieron en los confines del terreno, lejos de ojos curiosos y oídos atentos, Judy no pudo esperar a comentarles lo ocurrido, y a quien había observado. El par de vulpinos observándose uno al otro cuando terminó de describir al sospechoso con una mutua mueca de desdén en sus rostros.

—Duke.