Al bajarse de la van, la coneja no podía evitar sentir que quizás había cometido un error, un sentimiento que había sido respaldado por el silencio que inundó el vehículo desde el momento en que lo abordaron al salir de la casa del úrsido. Judy no podía evitar pensar que tal vez, había cometido un desliz, que su ímpetu le había llevado a tomar control en una situación en la cual no tenía derecho alguno a tomarlo, en especial por que el terreno y el negocio en particular no eran de su pertenencia.
— ¿Sucede algo, Pelusa?
La chica observó de súbito en dirección de Nick, quien al igual que ella, se había mantenido al lado de la camioneta, la única diferencia siendo que en vez de observar el suelo como ella lo hacía, él parecía estar fijo en ella, sus ojos brillando ligeramente gracias a que sus pupilas se habían dilatado lo suficiente como para reflejar la tenue luz de la luna.
Orejas alzadas y nariz temblando con angustia, Judy no pudo evitar sentir un ligero sentimiento de aprehensión que se situaba en su estómago. De pronto dándose cuenta de que la iluminación del lugar no era la mejor, su vista fallando en penetrar la oscuridad que la envolvía, sintiéndose ciega al no poder contemplar por completo el lenguaje del sujeto. ¿Estaba enojado? ¿Ofendido?
—Lo siento, Nick.
Pudo observar que la silueta del zorro movió la cabeza a un lado, uno de los pocos tics que podía vislumbrar en esta precaria situación. Su disculpa lo había tomado por sorpresa, por lo que podía deducir que al menos no estaba enojado, lo que era un alivio.
— ¿Lo sientes? ¿Por qué?
El timbre de su voz por otro lado, era impecable. No había rasgos de emoción alguna salvo su acostumbrada jocosidad.
—Por haber tomado el control como lo hice, yo… no sé qué fue en lo que estaba pensando. Usurpé las riendas y…
El olor de su pelaje asaltó su nariz de súbito, potente y penetrante como ningún otro, tan distinto al de un lagomorfo, sus almohadillas eran cálidas, y más suaves de lo que pensó serían al estar presionadas contra sus labios.
—Nada de eso, Judy. Recuerda, somos una sociedad, tienes tanto derecho a expresar tu opinión como yo, porque sin tu guía, sin tu trabajo duro no estaríamos donde estamos. ¿Lo que hiciste allí? Fue una idea excelente, quizás algo tosca en entrega, más sin embargo no deja de ser una idea que nos traerá ganancias, y más tiempo libre.
De pronto, su mano pasó de bloquear su boca, a acariciar su cabeza, justo en medio de las orejas de la coneja, que aspiró aire profundamente, sorprendida por el gesto. Dicho apéndice retirándose de súbito ante su reacción, casi como si se hubiera quemado.
—Oh, hm. Perdón…
—No, no… está bien, Nick, sólo me tomaste por sorpresa, eso es todo… No puedo ver muy bien.
En esta oportunidad, fue el vulpino quien aspiró en sorpresa, mirando a su alrededor, comprendiendo que Judy no había estado en ésta área a estas horas de la noche, el dúo de vulpinos jamás molestándose en reparar el alumbrado gracias a que ambos podían ver a la perfección en semejantes circunstancias.
—Oh… rayos, lo siento Pelusa. ¿Necesitas una mano? ¿Quizás un fuerte par de brazos que te carguen hasta la puerta?
Judy sonrió, en esta oportunidad notando que la jocosidad parecía menos resguardada, la silueta del macho incluso parecía menos estirada que minutos atrás. Quizás fue ella y su súbito silencio lo que causó la tensión en la camioneta. Un error que no cometería dos veces.
—No me has invitado a cenar, no has puesto un anillo en mis dedos u oreja. ¿Y ya me está proponiendo semejantes cosas, señor Wilde? Oh vaya, pero qué atrevimiento. ¿Qué dirían mis padres?
Su carcajada, tan súbita y corta como fue, hizo mucho por aliviar la tensión que se había acumulado en los hombros de la lagomorfo, una mano alzándose en silente pedida de ayuda, que rápidamente fue acogida por el vulpino, el suave pero firme apretón entre ellos sintiéndose cálido, agradable y reconfortante en niveles que no había sentido con anterioridad, a medida que el sujeto la guiaba por medio de la oscuridad del garaje hacia el camino alumbrado.
—Supongo que estarían escandalizados, digo, aquí está su hija, al lado de un macho guapo y vigoroso, y ella no ha tomado las riendas. El escándalo, las viejas matronas deben estarse revolcando en sus casas, incrédulas segura-
Judy no supo qué fue lo que la motivó a hacerlo, pero escucharlo parecía activar algo en ella que no podía detener por completo. Sus impulsos de pronto con más fuerza de lo que jamás estuvieron, su mano posándose sobre su corbata, halando con suficiente potencia como para bajarlo hasta su altura, sus labios firmemente emplazados sobre los suyos por uno, dos, tres increíbles segundos antes de separarse.
Ambos mirándose el uno al otro por lo que pareciese la primera vez. Su mano jamás soltando la corbata mientras miraba y sometía al chico en sumisión, la tensión que existía entre ellos de pronto destrozada, desbordándose a su alrededor sin nadie que los controle.
—No sé qué es lo que existe entre nosotros, Nick. ¿Francamente? Nuestra amistad me confunde y excita en formas que jamás pensé posibles—. Soltando la corbata, y dejando ir al sorprendido macho, Judy no pudo evitar sonreír al ver por la comisura de sus ojos que la cola del sujeto había cobrado nueva vida, a pesar de que su rostro permanecía congelado en sorpresa, una parte del parecía encontrar lo acontecido agradable—, pero, estoy dispuesta a averiguarlo si tú también lo estás, no tengo prisa, y conocerte mejor a medida que pasa el tiempo ha sido una delicia… quizás es algo pasajero, quizás no. ¿Pero al ritmo que vamos? Quiero dejar en claro que si deseas realmente ex-
Y de súbito, fue ella quien encontró sus labios impedidos por los suyos, sus manos subiendo para ubicarse al lado de su rostro, ahondando el contacto. No necesitó escuchar su respuesta, esto era más que suficiente. El tiempo pareció congelarse, el mundo de pronto carecía de sonidos que no fuesen otra cosa más que la sinfonía de sus sentidos. Su olfato, oído y tacto disparados a niveles de sensibilidad que jamás pensó posibles.
Y así, tan pronto como inició, concluyó al separarse los dos, respiración agitada, ojos completamente dilatados y el aroma en el aire indicando qué era lo que deseaban el uno del otro. La tentación de ceder a impulsos naturales siendo casi sobrecogedora, incluso embriagante. Su mano se alzó en su dirección, acariciando el rostro de la coneja, que inclinó su mejilla hacia su palma, dejando una pequeña marca de olor en la misma, no era una reclamación como tal, sino una muestra de intención.
—Como en el pasado, me arrepiento de no llevar las cosas más allá, Judy. Pero ambos sabemos que necesitamos más que sólo placer en nuestras vidas. ¿Qué me dices? ¿Ir a la vieja usanza? Conocernos el uno al otro antes de dar ese último salto.
La coneja asintió, el fuego en su cuerpo apenas contenido a niveles manejables. Deseaba más, ya no podía negarlo, pero tampoco podía dejar a un lado la lógica. Necesitaban conocerse más, todavía había mucho tiempo para ello, y arruinar las cosas con una noche de pasión era algo que no podían permitirse, que ninguno de los dos estaba dispuesto a permitir ocurriese. Ya habían sido impulsivos en el pasado, y las consecuencias de dichas acciones los marcaron y transformaron en quienes eran hoy en día.
—Me encantará conocerte mejor, Nick. Y quizás continuar esto en un futuro… ya sabes… donde Finnick no esté mirándonos con el hocico abierto como lo hace ahora.
—Me leíste la mente, Pelusa.
—Los odio, en serio… no saben cuánto los detesto, ahora necesito una maldita ducha fría, muchas gracias, par de degenerados—. Y sin decir no más, el feneco partió, farfullando improperios a medida que caminaba en dirección de su casa, el dúo carcajeándose a sus espaldas.
— ¿Ya está lo suficientemente lejos?
—Oh sí, lo está… Eso le enseñará a apostar con Raymond sobre nuestra vida amorosa, pelusa ¡Hm!
Un último jalón de su corbata, en conjunción con la unión de sus labios acalló al zorro en el acto, su cola esponjándose ante la sorpresa y la intensidad de lo que sentía en el momento. La coneja sonriendo complacida antes de separarse unos centímetros, y golpear su nariz ligeramente en contra de la suya.
—No finjas que no te gustó, galán. Puedo escuchar tu corazón, ¿Lo sabías? Quizás la última parte no fue un juego después de todo, ¿eh?
Su silencio fue respuesta suficiente.
—A pesar de nuestra treta, lo que dije antes y después de la misma es verdad, Nick. Lamento haber tomado control de la reunión de esa forma, y en serio me gustaría descubrir qué exactamente es lo que sucede entre nosotros. Quizás no hoy, quizás no mañana. Ambos sabemos que necesitamos tiempo para asimilarlo, para superar nuestro pasado antes de arriesgarnos nuevamente. Pero estoy dispuesta a esperar, y a conocerte mejor mientras trabajamos en esta granja.
Y sin decir no más, Judy finalmente se separó del zorro, sonriendo todo el camino de vuelta a su departamento, a sabiendas de que la mirada del zorro se encontraba firme en ella, en especial su cola, y las múltiples señales que emitía en el momento.
