Es curioso cómo funciona la mente, musitó la coneja. Se suponía que lo que habían hecho aquella noche, fue para sacar de sus casillas al feneco que secretamente había apostado sobre su vida romántica con el úrsido antes de que ambos entrasen a la oficina. Quizás omitiendo o simplemente no importándole el hecho de que los oídos de los lagos eran reconocidos por su eficiencia, sólo siendo superados por algunos pocos.
Se suponía era un juego, pero en cuestión de segundos. La treta se transformó en algo más serio y antes de que Judy supiera realmente qué la motivó, de nuevo volvió a ceder a sus instintos.
No entendía el por qué, ciertamente. Nunca antes había sentido atracción por un miembro de otra especie, sin embargo, su relación y química con el zorro eran indiscutibles, existía un lazo entre ellos, una base sobre la cual construir algo que podría ser la más férrea amistad o la más ardorosa de las pasiones, no importa cómo lo analizara, la única respuesta con la que encontraba lidiar es que, había algo allí, emergiendo poco a poco a medida de que sus interacciones aumentaban.
Quizás lo más confuso es que, la renuencia que experimentó meses atrás tras un simple desliz, de pronto ya no era algo que la confundiese tanto. Nick había pasado de ser un extraño, un zorro. A ser un macho, y lo peor es que en algún momento ocurrió semejante cambio en sus definiciones y jamás llegó a notarlo.
No podía llamarlo amor, no a estas alturas. ¿Atracción? esa palabra se quedaba corta para definir lo que sentía hacia el vulpino. Pero de si algo estaba segura, es que todavía no podía definirlo como amor.
Sin embargo, casi por decisión unánime, al continuar los días, ambos habían caído de nuevo en su vieja rutina de trabajo. La tensión estaba allí, perceptible en las miradas, en las sonrisas y en el roce ocasional, pero no más de ahí, ambos habían decidido simplemente dejar tal asunto de lado por el momento, en especial cuando tenían tanto trabajo encima y tantas labores por completar.
No era fácil, pero tampoco arriesgarían lo que habían construido con sudor y esfuerzo por algo que ambos sabían podría ser efímero, un encuentro de una noche y ya. Ya no eran adolescentes, ansiosos por explorar mundos y límites que en otrora habían estado cerrados, eran adultos ya hechos y derechos, experimentados en el área, quizás uno más que el otro. Pero era obvio que a pesar de las diferencias, ambos compartían los síntomas de un mamífero con el corazón roto, por lo que cada paso, cada momento era apreciado y temido en igual medida.
—Oye, Zanahorias. ¿Crees que sea buena idea abrir la venta local hoy?
Respingando en ligera sorpresa, la coneja volteó en dirección del zorro, orejas erguidas y nariz temblando por un par de segundos antes de calmarse.
— ¿Sucede algo, Pelusa?
—No, no, Nick. Me tomaste por sorpresa, eso es todo.
—No me sorprende, has estado trabajando en esta parte del terreno por un par de horas, Zanahorias, creo que has aireado la tierra más que suficiente, ¿no crees?
Observando el terreno, la coneja pudo constatar que sí, quizás había aflojado el terreno más de lo que debía, lo que se solucionaba fácilmente, por suerte.
—Lo siento, he estado pensando mucho. Pero, ¿Por qué no habríamos de abrir la venta local hoy?
Alzando una ceja, el vulpino sonrió ligeramente antes de cerrar los ojos y negar con su rostro. Estaba olvidando algo, por lo que la coneja empezó a hacer memoria, no eran las lechugas, esas aún tenían un par de semanas antes de estar listas, y las había regado esta mañana. Tampoco eran las cebollas, aunque los cebollines debían colectarse, las remolachas, espinacas y papas estaban a cargo de Nick. Lo que dejaba todavía los arbustos de fresas, moras y arándanos que había exportado desde la granja de sus padres tras largas horas de negociación. Ninguno había dado frutos todavía, al menos.
—Las entrevistas, Pelusa. Hoy llegan los mamíferos que Raymond acordó en enviar, tenemos que limpiar los departamentos…
Abriendo los ojos completamente, la coneja no pudo evitar el golpear su frente con la palma de su mano, ¿Cómo podía haber olvidado algo tan importante?
—Lo siento, Nick. Lo olvidé por completo.
—Lo asumí luego de un par de segundos, Zanahorias. Ahora, Finnick ha estado ayudando un poco, pero sabes bien que él, más trabajo manual, equivale a algo mal hecho. Así que necesitaré tu ayuda para que al menos un par de departamentos estén limpios, en caso de que algunos de los mamíferos pasen nuestra aprobación.
Asintiendo, la coneja comenzó a caminar en dirección del almacén, con tal de colocar las herramientas donde debían estar, el zorro siguiéndola muy de cerca.
— ¿Qué clase de limpieza estamos hablando, Nick? ¿Superficial, mediana, profunda? ¿Madriguera de conejos del polvo?
—Lo último, por alguna razón el edificio parece ser un imán para el polvo. En especial luego de que comenzamos a trabajar en el terreno.
Soltando una pequeña carcajada, la coneja ubicó su herramienta donde debía estar, dando dos palmadas para deshacerse un poco del polvo acumulado en su pelaje.
—Es una de las muchas desventajas de vivir en una granja, el viento tiende a arrastrar las partículas de polvo, que al encontrarse con el edificio, comienza a acumularse en las inmediaciones. Agradece que el terreno no posea grandes cantidades de arenisca, es una de las ventajas de vivir en una madriguera, sólo debes mantener la puerta bloqueada con un simple edificio, y no tienes que luchar constantemente con el polvo invasor.
Viendo el interés en el vulpino, la coneja contuvo su risa lo suficiente para que cayese de lleno.
— ¿En serio?
—Para nada, la mayoría del polvo en los hogares son células capilares, popó de ácaros, pelambre y un mar de otras cosas Nick. Vivir en una madriguera hace más difícil deshacerse del polvo. Lo que ahorras en el sistema de aire acondicionado, lo gastas en purificadores que mantengan el aire limpio y los niveles de dióxido bajos. Una madriguera sólo es útil si posees una gran familia, de lo contrario, una casa en la superficie es más económica.
Caminando rumbo a los edificios, por otro lado, también le hizo notar a la coneja de un pequeño gran problema que estaba comenzando a notar a medida que se acercaba a los mismos.
—Nick… ¿Ves los mismos puntos que yo veo?
Observando en la misma dirección que la coneja apuntaba con su dedo, el vulpino entrecerró los ojos, frunciendo el ceño al reconocer qué en específico señalaba la chica.
— ¿Pulgas?
—Pulgas… alguno de nuestros vecinos debe estar infectado, y es obvio que las constantes filas de mamíferos en el exterior son una vía fácil para que lleguen al lugar. Es extraño que hayan llegado hasta aquí, usualmente las holicithias se hacen cargo de ellas—. Frunciendo el ceño, la coneja ponderó la pregunta por un par de segundos antes de negar con el rostro—¸ no importa cómo, sólo sabemos que están aquí. Por suerte, es fácil deshacerse de ellas, rociaremos el edificio con esquejes de pino o cedro, así que supongo que de pronto, la limpieza del edificio se volvió más urgente de lo que imaginamos. Hm, también podríamos rociar el lugar con ajenjo, pero mi olfato no es tan sensible como el suyo, ¿Creen que puedan soportarlo?
Ponderando la pregunta, el zorro asintió luego de un par de segundos.
—No es mi olor favorito, pero creo que prefiero que el lugar apeste a plantas, a que esté infestado de pulgas. Llamaré a Finn, creo que él puede comprar lo que necesitamos mientras empezamos a limpiar algunas de las habitaciones con lo que tenemos.
Asintiendo, Judy caminó detrás del zorro, siguiéndolo rumbo a la pequeña habitación de mantenimiento, donde se encontraban las mayorías de los químicos y productos de limpieza. Sus ojos rápidamente ubicándose en los rociadores, al igual que un par de trapos y escobas.
—Creo que lo mejor será asignarle una gran encomienda, Nick. Tenemos suficiente para limpiar uno o dos departamentos, ¿pero más de allí? No lo creo. ¿Hay posibilidades de cancelar las entrevistas por hoy?
—Es posible, sí. Pero recuerda que nuestro pequeño huraño no es el mejor en cuanto a cargar grandes cosas se refiere, tendré que ir con él si queremos que los costos se mantengan bajos.
—Entonces hazlo, porque si queremos lidiar con esto rápido antes de que nos amargue la vida, lo mejor será deshacernos y prevenir la presencia de pulgas cuanto antes. Sólo déjame las llaves de los departamentos, comenzaré a trabajar en uno, pero más te vale no dejarme sola por más de una hora, Wilde. No te gustará verme enojada.
Sonriendo, el zorro no pudo evitar entregarle las llaves con una mirada pícara en su rostro.
—Aquí le dejo las llaves de mi propiedad, que es como si le entregase mi corazón en sus manos, señorita.
Tomando las llaves, Judy no pudo evitar mirar con algo de desdén el fajo, antes de volver su mirada en dirección del zorro.
—Tu corazón tiene pulgas, Wilde.
