N.A: Por alguna razón, la página está teniendo problemas con algunos de los capítulos que subo. Jamás actualizando la historia al momento en que subo capítulos, ni subiéndola en los peldaños. Tampoco estoy recibiendo los reviews y alertas y favoritos, esos los estoy descubriendo entrando a la página y viendo directamente a los stats. Si no he respondido, o enviado un PM agradeciendo la atención, es por eso.

Con un suspiro, Judy no podía evitar disfrutar el aire matutino, el olor de pino inundando sus fosas nasales por un par de segundos antes de que mirase a su alrededor, notando que el edificio parecía inmaculado luego de haber pasado todo el día de ayer limpiando las inmediaciones.

Estiró sus brazos por encima de su cabeza, intentando desperezarse, a sabiendas de que la rutina de hoy se vería al menos disminuida en gran medida por las entrevistas venideras, por lo que sólo tendrían que regar las plantas, dejando la colecta para los novatos, una especie de prueba a los recién llegados en la que no titubeó en aceptar.

Caminó rumbo a los cultivos, sus ojos fijos en sus alrededores, buscando señal alguna de las molestas plagas, y encontrando que efectivamente habían logrado evitar que se asentaran en el edificio y en sus vidas. Cada uno de ellos portando una banda o collar anti-pulgas para completar el cuadro, algo humillante, pero mucho mejor que sufrir bajo el yugo de los pequeños chupasangre.

Tomando una manguera, la coneja procedió a conectar la boquilla al improvisado sistema de riego que el zorro se las había ingeniado para ubicar en gran parte de esta parte del sembradío, reduciendo así el tiempo que invertían en la labor, no era perfecto, y todavía habían muchas cosas que pulir, al igual que arreglar, pero por ahora era lo que tenían, y estaba agradecida de los valiosos minutos extra que la invención lograba otorgarles cada mañana.

Irguió sus orejas al escuchar el sonido de una puerta cerrarse a unos cuantos metros, probablemente Nick quien emergía a cumplir su parte de la rutina matutina al otro lado de la propiedad, donde todavía había que hacer las cosas de manera manual. Lo que procuró una sonrisa en la coneja al apenas escuchar un par de improperios en voz baja sobre cuán temprano solía levantarse para tomar el área fácil.

—Lo siento grandote, pero quien espabila, pierde.

Observó el campo, notando que había áreas en las que el sistema no había funcionado en lo absoluto, dejando un charco de agua que rápidamente se acumulaba, significando que algunos conectores se separaron nuevamente y que tendría que detener el riego con tal de repararlos.

—Hm, regó más de la mitad… cada vez se rompe menos, es una mejoría.

Bien sabía que podrían costearse un sistema de riego profesional, pero eso implicaba entonces tener que comprar menos semillas y aditamentos para la tierra por unos cuantos meses, lo que no podían permitirse todavía, no con la presión de mantener surtidos los restaurantes con vegetales y hortalizas frescos que pronto se afirmaría sobre ellos, su triunfo en el mercado dependería de su capacidad para sustentar la oferta sin fallo alguno.

Tomó una regadera, a sabiendas de que tendría que terminar el resto a mano. Veinte minutos luego y cinco viajes para colectar agua, había terminado su parte, tomando notas de qué conectores se habían roto por la presión, y cuales simplemente se habían salido, recogiendo los primeros y ajustando los últimos.

Examinando los conectores, pudo notar que la rosca en algunos se encontraba amellada, era obvio que eran de mala calidad, o tal vez demasiado viejos para este tipo de trabajo, y uno de ellos se encontraba completamente cuarteado, quebraduras por toda su superficie, obviamente incapaz de soportar la presión del agua.

—¿De dónde diantres sacó algo de tan mala calidad?

—¿Decías algo Pelusa?

—AH, ¡DULCE QUESO Y GALLETAS!—, gritó la coneja, sorprendida por la voz del zorro, arrojando las partes sin desearlo al haber saltado un par de metros lejos del sujeto, que se desternillaba de risa por su reacción—. ¡NO ES GRACIOSO, WILDE!

Limpiando un par de lágrimas de su pelaje, el zorro parecía discrepar, más sin embargo no mencionó nada al respecto, inclinándose a recolectar la pieza que había soltado gracias al susto.

—Hm, duró más de lo que creí haría.

Caminando rumbo al zorro, irritada de que le hubiese sorprendido dos días seguidos de forma similar, la coneja le lanzó una mirada de reproche antes de recoger las otras piezas.

—Sea lo que sea, son piezas de pésima calidad, Wilde. El plástico del que están hechas es barato, hay sólo dos formas en que se quebrante de esa manera, una de ella es que haya estado a la intemperie por mucho tiempo, en especial bajo la luz solar, que tiende a dañar plástico con el tiempo, la otra es que el plástico sea de pésima calidad, y esté lleno de burbujas, lo que debilita la superficie y limita su resistencia.

Haciendo un poco de fuerza en una de las piezas, no se esforzó demasiado en romperla, rápidamente analizando la estructura interna y frunciendo el ceño, notando la presencia de burbujas dentro.

—Quien sea que te haya vendido estas cosas no te aprecia mucho, Wilde. Lucen bien por fuera, ¿pero internamente? Son basura. Constantemente tendrías que reemplazar piezas en cuestión de meses, en vez de años. ¿A quién se las compraste?

Observando en dirección del vulpino, Judy pudo sentir su mal humor de pronto esfumarse, preocupación tomando su lugar al ver la mirada que el macho le arrojaba a las piezas, obviamente algo estaba mal.

— ¿Nick?

Suspirando profundamente, al igual que cerrando sus ojos. La postura tensa del vulpino se aflojó un poco, derrota de pronto asentándose en sus hombros, una expresión sombría de pronto apareciendo en su rostro.

—Olvídalo, Zanahorias. Sólo… olvídalo, ¿Sí?

—Nick, yo…

—Hopps…

El tono seco y la intensa mirada que le arrojó sirvieron para acallar a la coneja en el acto, por primera vez viendo una parte del vulpino que jamás había presenciado con anterioridad. Estaba enojado, incluso colérico.

—Lo siento, Nick, no fue mi intención insultarte o a tu amigo. Fue desconsiderado de mi parte.

Eso por otra parte, sirvió para amenguar las llamas que habían surgido en su mirada, rápidamente evaporándose, transformándose en algo distinto, algo familiar que la coneja pudo reconocer enseguida, una mirada en sus ojos que había portado por años antes de comenzar a vivir aquí.

Derrota.

—No, no. Soy yo quien debe disculparse, es sólo un mal recuerdo del pasado. Otro clavo en un ataúd que pensé había dejado sepultado muchos años atrás—. La forma en que observó el pedazo de plástico pareció absorber su energía, la sonrisa en su rostro de pronto perdiendo algo de su candidez, tornándose plástica, falsa—, Zanahorias, pronto llegarán los mamíferos que entrevistaremos, así que iré a prepararme si no te molesta.

Ella quiso detenerlo, en serio lo deseó. Pero tampoco era lo suficientemente estúpida como para no reconocer una petición silente, el zorro deseaba estar a solas, lidiar con lo que sea que descubrió por su cuenta. Y por más que Judy anhelaba negarlo y estar a su lado, simplemente asintió y guardó silencio.

Cualquiera que fuesen los demonios con los que lidiaba, eran algo que aún no habían hablado, era una brecha que ninguno de los dos había abordado con el otro. Ambos prefiriendo dejar su pasado donde pertenecía. Cada paso que el zorro daba lejos de ella sintiéndose como una sentencia de algo a lo que no podía expresar en palabras, temor asiéndose de sus adentros, pánico de pronto surgiendo y antes de que lo supiese:

—Nick, sé que no es de mi incumbencia, y, quizás estoy tomándome libertades que aún no me he ganado, pero… a pesar de lo que sea que existe entre nosotros, creo que nuestra amistad es más importante que cualquier otra cosa, así que, si algún día quieres hablar, o si… algún día sólo quieres escucharme. Quiero que sepas que tengo un par de orejas dispuestas a atenderte…

Que no voltease a verla dolió, más de lo que podía expresar. Pero podía ver que estaba tenso, sus hombros caídos, antes de que finalmente un suspiro emergiera de su boca, su cabeza finalmente volteando en su dirección, una sonrisa, insignificante pero brillante por su presencia, que alumbraba su sombrío ser.

—Gracias, Judy.

Y sin decir más, se marchó. Dejando tras de sí un peso en el estómago de la coneja. Mil preguntas cruzando su mente sobre lo que ocurrió, sus ojos cayendo a las piezas que el vulpino había descartado, una idea formulándose en su cabeza sobre el significado de la misma en conjunción con sus palabras.

Suspirando, ánimos por los suelos y mil preguntas sin respuesta. La coneja regresó a su departamento, también debía prepararse para las entrevistas.

Cinco horas y media después, los mamíferos habían llegado, cada uno respaldado en confianza por la familia Big, cinco mamíferos cuyos resúmenes que calificaban con quizás demasiada coincidencia en el negocio.

Observando los currículums, la coneja no pudo evitar sospechar que como ella, habían otros mamíferos que no habían podido lograr su meta o cometido por más que lo intentasen, era egoísta, incluso ignorante creer que sólo ella había sufrido un revés poco favorable, que sólo los conejos conseguían barreras sociales y culturales que impidiesen su avanzar.

Miró en dirección de Nick, el movimiento llamando de inmediato su atención, sus miradas cruzándose, la tensión que hubo en la mañana se había esfumado, no por completo, pero sí lo suficiente como para que pudiesen dialogar nuevamente.

— ¿Estás notando lo mismo que yo, cierto?

El vulpino asintió, sus ojos de pronto cayendo en una de las carpetas.

—Megan Smith, treinta y cuatro años, cuaga—, tomando otra carpeta cercana, ésta portando un depredador en sus páginas—. Emilio Sánchez, veintiocho años, tilacino, popularmente conocidos como "tigres de Tasmania".

Siguiendo su juego, Judy tomó una de las carpetas y exclamó:

—Gerard Plum, treinta y seis años, Pika parda—, y sin tardar, abrió otra, leyendo rápido el contenido—¸ Marie FitzGerald, veintinueve años, ualabí, y por último pero no menos importante, Augusta Fawkes, treinta y dos años, guará.

Asintiendo, el zorro no podía evitar fruncir el ceño ante lo que era obviamente algo premeditado.

—Todos forman parte de especies que son poco comunes en Zootopia.

Incrédula, Judy carcajeó un poco antes de comentar.

— ¿Poco comunes? Nick, pensé que las pikas eran un cuento de viejas solteronas, jamás se nos enseñó algo respecto a lo que, según leo en su currículum, es un colega lago. Y aparte de algunos canguros y koalas, la mayoría de los marsupiales no salen de su continente, los pocos que están presentes en Zootopia han sido relegados a la isla Outback. Y jamás había visto un zorro como Augusta.

Asintiendo, y tomando la carpeta con tal de observar a los mencionados, el ceño fruncido del zorro dejó en claro que tampoco había observado uno.

—Es enorme para ser vulpina. Y concuerdo contigo en cuanto a los marsupiales y su continente, uno es raro, ¿pero dos especies no comunes en la ciudad? Sánchez no es precisamente una mirada común, y Megan… jamás sabía de la existencia de los… uh, ¿Cuaga? ¿Cuántas especies de mamífero pueden existir?

Negando con su cabeza, la coneja masajeó su sien, intentando calmar la migraña que amenazaba con asentarse allí.

—Ugh, necesito un trago.

— ¿Cerveza?

—Algo más fuerte, ¿Tienes whisky?

Levantándose de la mesa, el vulpino se dirigió a su bar, procurando con rapidez un par de vasos, hielo y una botella a medio tomar de whisky.

—No es la mejor marca, te advierto. Pero cumple su función.

Sirviéndose un par de hielos, y luego agregar algo de whisky, la coneja asintió, a sabiendas de que la mejor bebida usualmente costaba un ojo de la cara y quizás los dos riñones.

—Servirá, créeme, lo único que apaciguaba mis nervios luego de un largo día de trabajo era un vaso o dos de licor, Ron usualmente—. Y con un sorbo, la coneja no pudo evitar alzar sus orejas en sorpresa, sonriendo por el sabor—, demonios, Nick, ¿¡Esto es lo que consideras de baja calidad?!

Sonriendo, mientras meneaba un poco de su bebida en el vaso, el zorro agregó:

—Nunca dije de baja calidad, Pelusa. Sólo que no es de las mejores marcas. Lo que estás tomando es artesanal, un par de lobos en la tundra lo destilan en su propiedad privada… Si comprendes a lo que me refiero.

Asintiendo, y tomando un trago más firme, la coneja dejó caer sus orejas en placer, satisfecha.

—Si te refieres a que poseen una destilería ilegal, pues, es una lástima. Porque de ser legales, dominarían el mercado. Pero conociendo esta ciudad, algo me dice que se han visto impedidos por una barrera o dos, probablemente algún empresario receloso con mucho poder en sus garras.

Asintiendo, el zorro tomó su parte, antes de colocar el vaso sobre la mesa.

—Y acertaste de una, Pelusa. Los hermanos Walker saben lo que hacen, pero desgraciadamente la industria está dominada por Alpacas, Ovejas y Aurochs… hacerse un nicho en el área es imposible sin buenos abogados para conseguir los permisos.

Frunciendo el ceño, en especial ante otra injusticia que Zootopia podía adjuntar a su larga lista, la coneja ponderó por un par de segundos antes de preguntar:

— ¿Quizás en un futuro, un par de empresarios podría apoyar su negocio?

—Es posible, sí… pero quizás este par de empresarios debe aferrarse al ahora, y preguntarse, ¿Contratamos a estos chicos? A lo que me tomaré el atrevimiento de decir, sí, deberíamos.

Observando al zorro por un par de segundos, la coneja asintió, antes de agregar:

—Conociendo cómo han sido las cosas para nosotros, ¿Cómo habrán sido para mamíferos poco comunes? Con suerte, estarán tan agradecidos que su lealtad estará garantizada.

Sonriendo, el zorro alzó una ceja ante la coneja.

—Oh, eso suena tan manipulador, Pelusa.

—Cómo si no has pensado lo mismo, Zorro Astuto. Estamos creando un negocio, no una caridad. Si ninguno de ellos puede llevar el paso, o estropean las cosas más de lo debido, me importa un demonio lo raro que sean, estarán despedidos. Ahora, creo que Megan sería ideal para atender las ventas locales, en su currículum coloca que ha trabajado de secretaria y recepcionista, así que debe poseer experiencia lidiando con el público y llevando cuentas.

Asintiendo, el zorro tomó una de las carpetas, examinándolas antes de colocarla al lado de la carpeta de Megan.

—Sánchez trabajó en un campo de algodón por un par de años, será una excelente adición, en especial si lo asignamos al área de frutos—, hurgando un poco más, el vulpino tomó la carpeta de Augusta—. Ella puede estar asignada a la limpieza y empaquetado junto con Gerard, Marie puede recolectar con nosotros. Con todos estos mamíferos, creo que podremos incrementar la siembra y la colecta para no sólo surtir los restaurantes de la familia Big, sino también continuar con la venta local.

Moviendo su vaso, la coneja llamó su atención al hacer sonar los hielos dentro.

—Eso amerita un vaso extra, ¿no lo crees guapetón?

—Ja, Pelusa… eres insaciable, ¿lo sabías?

—No tienes idea, afelpado.

— ¿Afelpado?

— ¿Has visto tu cola últimamente?

—Vaya, vaya, Hopps, ¿Mirándome la cola?

—Lo que es igual no es trampa, Nick.

—Touche…