Megan, cabe decir, resultó ser una chica bastante apropiada para ubicar en el pequeño quiosco que habían creado en la propiedad, las ventas incluso triplicándose gracias a su carisma, y el simple hecho de que no era un huraño depredador, algo que incomodaba y enojaba a Judy en igual medida, dividida en su opinión sobre Finnick y la recepción que recibía.
Augusta por otro lado, parecía algo contrariada de la posición que se le había asignado, más sin embargo, junto con Gerard habían logrado un ritmo apropiado para lidiar con la tediosa idea de palpar, olfatear y designar lo que debía ser empaquetado y lo que debía ser desechado. Por su resumen, Judy sabía que la chica esperaba ser situada en un área administrativa, pero, lamentándolo para la jovencita, Finnick era particularmente bueno en el área, al igual que receloso.
La idea de un desconocido haciéndose con dicha información, no era algo que ninguno de ellos estaba dispuesto a permitir bajo las circunstancias en las que se encontraban.
Gerard por su parte, simplemente estaba contento de tener un trabajo y un lugar dónde dormir.
Sánchez por otro lado, parecía de hecho contento con su labor, al punto en que el tilacino resultaba particularmente eficiente en el área, a menudo terminando más rápido de lo esperado. Pudiendo incluso darse el lujo de podar los arbustos de ramas enfermas y otras imperfecciones que aminoraban la producción. Era obvio que el marsupial poseía más experiencia en el área de colecta de la que colocó en su currículum. Algo que Judy tarde o temprano se tomaría la molestia de inquirir al respecto.
Marie, trastabillaba con la recolección, obviamente jamás habiendo trabajado en el campo, pero lo que carecía en experiencia lo reponía con esfuerzo. Rara vez tuvo Judy que explicar más de dos veces el procedimiento, y con suerte, los errores de la chica eran mínimos, muy por debajo del margen de pérdida esperado por parte de novatos, lo que era un bono.
La supervisión de cada uno de los mamíferos, había caído en los hombros de Judy, quien decidió imitar una conducta que rozaba la de su vieja entrenadora en la academia de policía, sin los gritos, claro, tampoco deseaba ser demandada por acoso o denigración laboral.
Nick por su parte, se dedicó a negociar con un par de restaurantes, que, remilgosos parecían aceptar sus propuestas, obviamente dubitativos del zorro y lo que ofrecía a pesar del respaldo de las familias, prejuiciosos por lo que el vulpino solía decirle tras cada entrevista. En especial cuando algunos de los comentarios de los mamíferos asistentes solían poseer cierta similitud con lo que se comentaba en el mercado abierto.
Que era la razón por la cual, Judy se encontraba en la habitación de Nick, vaso de whisky en una mano, y la otra masajeando en vano su sien.
—Déjame ver si entendí. Uno de los cocineros asignados, decidió vociferar que no pensaba cocinar comida colectada por zorros, ¿Por qué estaría contaminada con almizcle?
El gruñido que emergió de Finnick no le tomó por sorpresa, el sujeto no había estado de buen humor desde que Nick llegó de su última entrevista. Nick por otra parte, sólo asintió, obviamente contrariado de la experiencia, su celular a un lado de su vaso. Descartado por completo luego de haber enviado un reporte a Koslov. El nombre empleado teniendo un significado distinto, Judy presumía.
—Es preocupante que uno de los mamíferos contratados por la familia Big, haya empleado esas palabras en particular. En especial luego de lo sucedido en el mercado.
Asintiendo, Judy le dio un sorbo final a su trago, antes de dejar el vaso sobre la superficie de la mesa y ponderar lo ocurrido.
—Es especista, quizás no podré saber mucho sobre la anatomía de otros mamíferos, pero incluso en las madrigueras la biología fue bastante clara con que las glándulas de almizcle habían disminuido o desaparecido de las palmas de los vulpinos hace más de dos mil años—. Viendo el asentir del dúo, la coneja suspiró, conociendo que no eran la única especie que tenían ciertos estereotipos asignados a ellos, gracias a sus antepasados—, al ritmo que vamos, no se sorprendan si alguien decide soltar la palabra coprófago tarde o temprano.
Sólo había una palabra más ofensiva para un conejo que la palabra lindo, y era coprófago.
— ¿Cocra-que?
Suspirando al oír la curiosidad en el feneco, Judy movió su vaso en dirección de Nick con tal de que lo rellenase, antes de explicar.
— ¿Has oído la expresión? "escucha a un conejo de perfil, porque lo que sale de su boca es excremento". ¿No? Pues es una referencia a un desagradable dato de nuestros antepasados, que al parecer tendían a consumir sus propias heces por razones que desconocemos hoy en día. Más de cuatro mil años han pasado desde que se ha tenido registro de este dato, sólo sabemos que era cierto por que en los museos de la evolución de los lagomorfos, aún se conservan pictogramas y algunos pocos manuscritos que aluden a esta práctica.
Viendo la expresión de asco en los machos, Judy no pudo evitar carcajear un poco. Antes de suspirar.
—Les patearé el hocico si llego a escucharlos usar esa palabra, chicos. Es mi única advertencia—, viendo asentir al par, la coneja tragó un poco más de licor, antes de suspirar y jugar un poco con el vaso—. No sé ustedes, chicos, pero… me estoy comenzando a hartar de Duke y sus rumores, y de quien sea que lo haya contratado para espar-
El sonido de alguien golpeando la puerta reiteradas veces le tomó no sólo a ella sino a los vulpinos por sorpresa, el trío de inmediato saltando en dirección de la misma, el ritmo con el que tocaban dejando en claro que algo había ocurrido, la coneja siendo más rápida que sus compañeros, abriendo la puerta por completo, para encontrarse con Augusta, cuyos ojos estaban abiertos en sorpresa al verla a ella dentro de la habitación, su asombro rápidamente siendo reemplazado por urgencia.
—La policía, intentan clausurarnos.
Aspirando aire en sorpresa, Judy corrió en dirección del sonido de mamíferos gritando y anaqueles siendo movidos abruptamente, detrás de ella podía escuchar las maldiciones de Finnick, quien corrió en dirección de su casa, ordenando a Augusta que lo siguiera, mientras que Nick no estaba muy lejos de Judy, ambos temiendo lo peor.
La coneja frunció el ceño, reconociendo a Trunkaby y a Andersen en el acto. El oso polar claramente mucho más beligerante en el procedimiento que su compañera paquiderma. Ambos parecían custodiar lo que era un estirado cerval en traje y corbata, que al mirarlos su expresión parecía cambiar de desagrado a completo disfrute, alarmas sonando en la cabeza de la coneja.
— ¡¿Qué está sucediendo aquí?!
La voz de Nick, en especial la fuerza con la que articuló, tomó por sorpresa a la coneja, que viró su cabeza con tal de mirar al vulpino, rápidamente viendo que había tomado una postura más defensiva, colecta, sus ojos de inmediato fijos en el cerval.
— ¿Qué no es obvio, zorro? Clausuramos un establecimiento ilegal.
Sólo la mano del zorro sobre su hombro, impidió a Judy contestar, orejas alzadas y pelambre ligeramente erizado gracias a la ira que la consumía tras oír esas palabras, en especial la voz burlona y denigrante del sujeto.
—Es curioso, ¿no lo crees así, Pelusa?—, agregó el vulpino, su tonalidad jocosa tomándola desprevenida, en especial ante el súbito cambio de humor en el vulpino, algo que la coneja no comprendió por un par de segundos, antes de caer en cuenta de por qué en específico, estaba el cerval aquí—, podría jurar que el mismo ministerio de agricultura nos había expedido los permisos apropiados. ¿O me equivoco, Zanahorias?
Sonriendo al caer en cuenta lo que ocurría, la coneja miró en dirección del ahora sorprendido cerval, claramente no esperando esta reacción.
— ¿Hablas del permiso comercial que nos fue expedido, Wilde? Ese permiso que Finnick se tomó la molestia de sacar sólo por que podía. ¿Ese permiso que nos permite la libre comercialización y distribución de nuestra mercancía? O quizás, ¿Tal vez habla de nuestro permiso sanitario?
Asintiendo, el zorro observó al ya no tan engreído felino, mamífero que parecía ver su orden ahora con un cierto dejo de curiosidad y aprehensión. Quizás finalmente captando la ilegalidad del procedimiento en el cual estaba asignado.
—O tal vez, par de payasos. Está aquí por nuestro libro de impuestos. Algo que aún no pueden emplear contra nosotros porque todavía no llegamos al fin de nuestro año fiscal—. Agregó de súbito Finnick, sonriendo completamente al reconocer al cerval—, Johnson, como siempre, actuando sin investigación previa, ¿no es así?
—Finnegan, debí suponer que estabas detrás de toda esta… patraña.
—Cuidado, Johnson, ya estás en hielo delgado con esta metida de pata, recuerda, nunca has podido ganarme un caso, cachorrito. Adelante, lee nuestra pequeña colección de permisos, estoy seguro de que tus superiores encontrarán increíble el que hayas decidido actuar sin investigación previa… de nuevo.
—Ya veremos, zorro.
Judy por su parte, jamás apartó la vista de Andersen, uno de los muchos oficiales que amenazó con renunciar si la coneja era contratada como policía, la chica no pudo evitar sonreír al ver un ligero atisbo de enojo, incluso impotencia al ver que habían sido empleados de forma inapropiada contra lo que parecía ser un establecimiento ilegal, pero más que nada, en contra de alguien que había sido literalmente la única en resolver el caso en el que él falló, al encontrar el cuerpo de Emily Hornby cuando el úrsido lo había dado por perdido.
Trunkaby por su parte, estaba incómoda ante la presencia de la coneja, a sabiendas de la tensión que existía entre el departamento y la chica. Era obvio que la elefanta comprendía que habían irrumpido nuevamente contra alguien que el departamento tenía un amplio historial. Lo que motivó a la coneja a dar dos centavos a la conversación.
—Oye, Finnick. ¿Qué me dices sobre la posibilidad de una demanda por hostigamiento, eh? Digo, creo que últimamente el precinto número uno de la ciudad de Zootopia parece tener cierto… interés en mi contra.
El respingo que su comentario procuró de ambos policías, al igual que la expresión sorprendida del cerval procuró en la coneja un sentimiento de euforia que no podía explicar, el hecho de la mano de Nick jamás se apartó de su hombro en todo el transcurso del procedimiento, fue la cereza del pastel.
Sus ojos jamás abandonando al par de policías, hasta que un mensaje de texto llegase a su celular, robando así su atención, su ceño fruncido al ver que Julieta le había contactado, al parecer fastidiada porque de súbito, el negocio había sido abordado por un inspector fiscal. El mensaje procurando que el poco buen humor que adquirió al ver a Finnick destrozar al cerval con sus permisos. Sus ojos de inmediato, girando a su alrededor, sus instintos gritando a todo pulmón que estaba siendo observada, su mirada clavándose rápidamente en el rostro fastidiado de una comadreja, que al notar que estaba siendo observado procedió a partir lo más rápido que pudo.
—Nick…
—Lo sé, Pelusa… yo también lo vi.
Bajando sus orejas, la coneja observó de nuevo su celular y el mensaje que contenía, era demasiada coincidencia que el negocio de sus hermanos haya recibido una inspección al mismo tiempo que a ella intentaron clausurarle.
—Nick, necesito hacer una llamada…
