N.A: Tuve que subir dos veces el capítulo, por que Fanfiction hizo de las suyas de nuevo, y se negaba a abrir el capítulo desde el enlace del correo.
Judy observó la pistola en su mano, no la había empleado en meses, y de pronto, cuando menos lo esperaba, era obvio que la necesitaría ahora más que nunca.
Un par de horas había transcurrido desde que tuvieron que cerrar el quiosco en el frente del terreno, con tal de hacer un recuento de los productos que habían sido estropeados o robados en la confusión que la intrusión de los policías había ocasionado.
Ciertamente, pensó que había dejado este mundo atrás, pero era obvio que la ciudad no estaba del todo dispuesta a tratarla a ella y a otros justamente.
— ¿Estás segura de esto, Pelusa?
La voz de Nick, quien la observaba desde la puerta de su departamento, llamó su atención por un par de segundos, el vulpino vestido de un elegante traje negro, acompañado por una corbata carmesí, su pelaje resaltando magníficamente por el contraste.
Tomando su gabardina, Judy ubicó su arma en su sostenedor, asegurándose de que estaba segura, y que sus dos baterías extra contaban con carga suficiente.
—Muy segura, Nick. No me molesta que vengan en mi contra, estoy acostumbrada. Puedo lidiar con ellos, también estoy segura de que ustedes pueden defenderse solos sin ningún problema hasta ahora. Pero quien sea que está detrás de Duke, fue contra mi familia. Sólo la paranoia de Emmet los salvó de un gran lío al tener un respaldo escondido de los movimientos del negocio, Nick, porque, coincidencia de coincidencias, habían páginas faltantes en los libros que conserva en el área pública, es obvio que esto fue orquestado.
Colocándose la gabardina, y saliendo de su hogar, no muy lejos del vulpino, continuó.
—Obviamente, el muy idiota me acusó a mí. Su paranoia obnubilándolo al hecho de que alguno de sus empleados haya podido traicionarlo. Y si tuviese que apostar, sería en cierta oveja.
Nick asintió, ya había escuchado ligeros rastros de la conversación que tuvo con su hermana, quien tras recuperar el teléfono de su enardecido hermano, procedió a comentarle a Judy de que dicha oveja, que ahora podían identificar como Irene Woolear, había estado inquiriendo en demasía respecto a ella, al igual que el hecho de que Virginia le había visto husmeando la oficina de Emmet cuando pensó que todos habían salido a almorzar un par de semanas atrás.
—La evidencia hasta ahora, es circunstancial. Pero incluso Emmet tuvo que aceptar que es demasiada coincidencia luego de que escuchó que también estaba siendo abordada por la ley.
Ignorando al sorprendido par de trabajadores que observaban su arma con cierto remilgo, la coneja se dirigió junto con Nick al estacionamiento, o para ser más exactos, al pequeño galpón que contenía el vehículo personal de Nick, que rara, muy rara vez vio al mamífero en cuestión usar. No cuando la camioneta del feneco cumplía la misma funcionalidad.
No obstante, para lo que estaban por hacer, para la caza que iban a realizar, la camioneta resultaba demasiado llamativa.
El vehículo era un Ford Mustang 86 completamente modificado, la marca, contaba con autos originalmente diseñados exclusivamente para equinos, el diseño aerodinámico y atractivo del vehículo había ganado la atención de varias especies, siendo entonces adaptado para que pudiese ser empleado por especies más pequeñas, ovejas en especial. Pero el modelo que estaba ante sus ojos fue particularmente diseñado para zorros, Fox-body Mustang era para muchos, un descenso en calidad visual.
—Quizás no es tan lindo como los Camaros, u otros Mustangs, pero es mío. Y, a diferencia de la mayoría de los vehículos este no cuenta con conducción asistida, debes saber manejar para usar uno de estos nenes.
Judy en lo personal, no veía la similitud con un zorro que el nombre aludía, pero para un lago como ella, el vehículo era inmenso e impresionante.
— ¿Alguna razón en particular por la que elegiste negro como color?
—El rojo me pareció especista. El negro por otro lado, tiene estilo… y cuando lo compré, solía vivir en la tundra helada, así que un color que absorbiera calor y disminuyera mis gastos en calefacción era bienvenido.
Asintiendo, y montándose en su lado, la coneja no tardó en colocarse su cinturón de seguridad, su olfato inhalando el particular aroma que los vehículos adquirían tras cierto tiempo de no ser usados.
— ¿Estás seguro de que Raymond no posee información?
—Seguro, Duke ha estado actuando lejos del territorio de los Big, ha sido precavido. Y no pueden hacer nada en terreno neutral sin arriesgarse a pisar algunas patas importantes en el proceso. Por lo que adquirir información sobre quién está detrás de todo esto ha sido lento. Y tras el evento en el restaurante, se ha visto forzado a investigar más a fondo los mamíferos que han contratado.
Judy pensó lo que escuchó, suponiendo que el úrsido no estaba del todo complacido con lo que emergió de uno de los cocineros con respecto al zorro, en especial uno que contaba con cierto favor de la familia. Por lo que sospechaba que dé a momento, el tipo se encontraba sacando cuanta información pudiese del desgraciado mamífero.
—No frunzas así el ceño, Pelusa. Te puedo asegurar que los métodos de Raymond son indoloros, muy lejanos de lo que planeamos hacer—, mirándola de soslayo, el zorro no pudo evitar preguntar, rostro carente de jocosidad—. ¿Estás segura de que quieres hacer esto, Judy?
Ponderando lo dicho, la coneja suspiró antes de contestar.
—No me regocija, Nick. Pero tampoco me voy a echar para atrás. A riesgo de repetirme, pueden meterse conmigo todo lo que quieran, sé defenderme, puedo tolerarlo, superarlo incluso. ¿Pero con mi familia? Quien sea que esté detrás de todo esto cruzó una línea que no estoy dispuesta a permitir. Y si Duke tiene que sufrir para que obtenga la información que deseo, que así sea.
Encendiendo el vehículo, el sonido del motor siendo casi ensordecedor por un par de segundos antes de acostumbrarse, la coneja suspiró antes de mirar en dirección del zorro mientras salían del garaje.
— ¿Estás seguro de que podremos encontrarlo?
El vulpino sonrió, ojos puestos en la vía, asegurándose de que nadie estuviese cerca antes de pisar el acelerador y ponerlos en rumbo.
—Mucho, conozco a Duke. Es un idiota, siempre necesita ver el fruto de sus acciones, es su pequeño fetiche. Es obvio que ha estado espiándonos por bastante tiempo, Pelusa. Por lo que tiene que estar viviendo en la zona industrial—, mirando de soslayo a la coneja por un par de segundos, el macho agregó—. Esta es mi área, Zanahorias, y la venta ha logrado expandir buena voluntad hacia nosotros. Un par de preguntas a los mamíferos apropiados sobre la ubicación del mamífero responsable por intentar que clausurasen el único establecimiento que está dispuesto a venderles comida sin explotarlos, y de pronto, tenemos a una comadreja capturada en uno de los edificios abandonados de la localidad.
— ¿Está lastimado?
—No, ¿asustado? Terriblemente, pero por ahora los mamíferos que lo han capturado sólo se han dedicado a mantenerlo encerrado en una habitación. Completamente incomunicado y sin respaldo, supongo que la comadreja está lamentando haber aceptado este trabajo.
Asintiendo, Judy miró al frente, entrecejo fruncido y una sonrisa maliciosa en sus labios.
—Cuando termine con él, no volverá a trabajar en nuestra contra, Nick.
Quince minutos les tomó llegar al edificio, la puerta del almacén abandonado en el que se encontraba encerrado la comadreja abriéndose para recibirlos sin muchos problemas. Algunos lobos y sorprendentemente varias cabras y ovejas custodiando el área, impidiendo que alguien molestase o se enterase de lo que fuera que fuese a ocurrir allí adentro.
Notando su sorpresa, el vulpino no pudo evitar explicar.
—La comunidad herbívora en la zona industrial suele salir poco, Judy. Pero existe, cientos sino miles de mamíferos que no han podido conseguir empleo ya sea por su nivel de educación, o por que poseen rasgos que no son del agrado de los estándares de belleza de hoy en día.
Frunciendo el ceño, la coneja asintió. Recordando que habían ciertos rasgos recesivos en algunos mamíferos que habían perdido popularidad en los últimos doscientos años. Las pupilas horizontales, al igual que cascos y pezuñas que aún conservaban su forma original inflexible y no la maleable mano con armazón elástico que poseían hoy en día, habían recibido un trato desdeñoso de parte de una mayoría que encontraba semejantes rasgos como una muestra de genética defectuosa. Ella estaba muy al tanto de este tipo de prejuicios raciales, los conejos en específico parecían desdeñar a los lagos que emergían con labios leporinos como sus antiguos ancestros. A menudo sometiendo a dichos individuos a operaciones que corrigiesen lo que muchos consideraban un desperfecto. Y ni hablar de aquellos que no tuvieran desarrollados los músculos de sus orejas, lo que siempre terminaba con orejas caídas, incapaces de expresar la alta gama de emociones que su cultura expresaba por medio de las mismas.
Suspirando, se bajó del vehículo. Notando que a la lejanía, en lo que solía ser una oficina privada en el edificio, un par de cabras custodiaba la puerta y ventanas del lugar. Asegurándose de que Duke no pudiese escapar del mismo.
—Gustav, Arnold…
—Aquí tienes al bribonzuelo, Wilde. La comunidad entera se unió para lograr capturarlo, en especial luego de que nos enterásemos de que estuviese detrás del intento de clausura—. Esgrimió Arnold, escupiendo en dirección de la ventana y del ahora aterrado mustélido—. No vimos nada, no oímos nada
Y con un asentir de su compañero, el par se alejó de allí, dándole privacidad al par de recién llegados. El zorro enseguida mirando en dirección de la coneja.
— ¿Estás segura de esto?
—No me alegra, Nick. Y parte de mí se siente repugnada de lo que voy a hacer, pero es una parte muy, muy pequeña. El resto de mi está colérica…—, mirando en dirección del zorro, Judy no pudo evitar agregar—. Alguien intentó hacerle daño a mi familia, arrinconarlos en una esquina para poder obligarlos a lo que sea que deseen. No estoy dispuesta a tolerar eso.
Dicho eso, Nick procedió a patear la puerta, el sonido de la comadreja lloriqueando en dolor al haber sido empujada de súbito asaltando sus oídos, el dúo entrando a la habitación, asegurándose de cerrar la puerta tras de ellos.
—Vaya, vaya, vaya, pero si no es nadie más que el viejo Duke. ¿Cómo estás amigo?
— ¡Wilde! Ja, alabado sea el creador. Por un momento pensé que era alguien realmente peligroso, ¿A qué estás jugando, perdedor?—, comentó el mustélido, una sonrisa rápidamente posándose sobre su hocico al ver claramente quien estaba delante suyo.
— ¿Qué piensas hacer? ¿Contar chistes hasta aburrirme? ¿Hablarme de tus fracasos constantes en la industria? Ja, no hay nada que puedas hacerme, zorro. Sabes que no tienes las agallas desde que Minerva se llevó consigo tu dinero y tus testículos. Ja. No vas a intimidarme, tonto.
Alzando los hombros, Nick asintió a lo que escuchaba, su renuencia de pronto esfumándose, dejando una sonrisa plácida en su rostro.
— ¿Mi dinero? Oh sí, estoy al tanto de cuanto se llevó tu antigua jefa, Duke. Pero ambos sabemos que los rumores de mi castración son exagerados, incluso apuesto a que estoy vislumbrando en este preciso instante al creador de los mismos, ¿no es así?—, el respingo del mustélido fue todo lo que necesitó, a sabiendas de que el falso coraje del sujeto estaba derrumbándose más rápido que una casa de naipes—. Pero ambos sabemos que no me iré de aquí sin la información que quiero, Weaselton.
Abriendo sus ojos en alarma, el mustélido retrocedió un par de pasos, mirando fijo en dirección del zorro.
—N-no me harás hablar, Wilde. T-te conozco, sé que jamás rompes tu palabra, es por eso que jamás cazaste a Snowbite luego de que te traicionara, promesa que me hiciste también, juraste jamás lastimarme. ¿R-recuerdas?
Mirándolo seriamente, el zorro asintió antes de comentar:
—Oh, sí. Esa promesa… la había olvidado, rayos, tienes razón—, confirmó el vulpino, lo que parecía calmar los nervios del mustélido—. Así como tú pareces haber olvidado que dicha oferta sólo era válida mientras continuásemos como aliados, Duke Weaselton.
Ojos abiertos por completo fue su única respuesta, la respiración del mamífero acelerándose de golpe.
—N-no vas a hacerme hablar, z-zorro.
—Quizás, pero no soy yo quien va a hacerte hablar…
—Soy yo—. Afirmó Judy al dar un par de pasos desde detrás del vulpino, pistola alzada de inmediato, su dedo presionando el gatillo sin titubear, los garfios ahincándose sobre la piel del mustélido, otorgándole una dosis de electricidad al sorprendido mamífero, que tras retorcerse un par de segundos bajo el choque eléctrico, respiraba agitado, mirando a la coneja con sorpresa y grandes dosis de terror en su rostro.
En especial por que la coneja estaba impávida ante lo que acababa de hacer, mirada colecta y fija en los ojos del mustélido.
—Verás, si hay algo que aprendí en esta ciudad, es que los sujetos rudos como tú, odian que los electrocuten, ¿Eso que experimentaste? Es apenas el nivel número dos… ¿éste bebé? Tiene cinco niveles. ¿Quieres ver qué tan capaz soy de probar el resto de los niveles contigo, machote?
— ¡AGH! N-no más, no más, por favor, hablaré, lo juro, hablaré. Me contrató un sujeto que dice trabajar para una facción emergente, dueños de una cadena de supermercados, Herb-market, se suponía tomarían control del mercado, pero se han visto bloqueados por los Hopps, que no desean firmar un contrato de exclusividad con ellos—, confesó Duke, moqueando abiertamente luego de haber sufrido un choque eléctrico—. No sé más, lo juro…
—Mientes—, comentó Judy, sus dedos subiendo la intensidad del siguiente disparo un par de niveles más, su dedo a punto de apretar el gatillo nuevamente, el zumbido de la pistola ahora más audible que nunca.
—Está bien, está bien… El jefe es un abogado de tercera en una firma de renombre en la ciudad, Woolstone & Ramsés. Por años ha tenido sus ojos en tu familia, Hopps, sobretodo en la influencia que están ganando gracias a su granja.
—No te creo…
—No, no, lo juro, lo juro, ha estado intentando convencer a los Hopps de que le ofrezcan un contrato exclusivo con sus supermercados… lo juro, eso es todo lo que sé, lo juro, no me electrocutes de nuevo…
Nick introdujo su mano dentro de su traje, alertando aún más al mustélido, que sollozó al ver al zorro sacar una lima de garras, procediendo a trabajar en las mismas mientras le observaba fijamente.
—No, no, Wilde, lo juro, eso es todo lo que sé, lo juro, por mis hijos.
—No tienes hijos…
—Lo juro, no sé más, no me cortes Wilde, por favor.
— ¿Quién dijo algo de cortarte, Duke? Mis garras están amelladas, sólo me hago un poco de mantenimiento. De quien deberías preocuparte, por otro lado, es de la enojada coneja a la que acabas de confesarle que trabajas para alguien que intenta forzar a su familia en un trato que ellos obviamente no desean…
Mirando a la coneja, y el hecho de que el arma ahora zumbaba más que nunca, obviamente la potencia elevada al máximo, la comadreja tragó saliva, comprendiendo que el zorro no era el mamífero más peligroso en la habitación al momento.
— ¿Q-qué quieres?
—Nombres… Todo lo que sepas.
