Judy tenía que admitir que esperaba algo más para poder acceder a la Ciudadela. Y si bien, el portón que estaba frente a ella podía considerarse bonito a la vista, la verdad es que impresionante no tenía de mucho.
— ¿En serio? ¿Un simple portón de madera?
La carcajada que emergió del vulpino resonó en el lugar, aparentemente divertido de su decepción.
— ¿Qué esperabas? ¿Un pasadizo secreto que te llevase a otra dimensión? Es sólo la entrada a una ciudad amurallada, Zanahorias, una ciudad construida en el medio del mercado.
Suspirando, la coneja asintió, comprendiendo que sí, quizás había dejado que su imaginación volase más allá de lo debido.
—Tienes razón, me dejé llevar. Pero de igual forma, ¿qué tenemos que hacer?
—Lo que ahora tienen que hacer, es identificarse, señorita—, agregó una diminuta voz por medio de un sistema de comunicación por encima de la puerta, que de inmediato llamó la atención de la coneja, procurando una nueva carcajada por parte del vulpino.
—Dos mamíferos pequeños, para dialogar con los líderes de la triada, Michael y Minerva.
Escuchando el nombre, la coneja de inmediato volteó en dirección del zorro, quien negó con su rostro, a sabiendas de qué pregunta vendría.
—No es la misma Minerva, Pelusa. Tranquila.
Suspirando con ligero alivio, su mano acudiendo a su pecho con tal de calmar su corazón, Judy trató de mantenerse lo más calma posible, Minerva era claramente un tema delicado para el vulpino, y era algo que no había tenido el coraje para dialogar con él, así como él no tuvo el coraje de charlar con ella con respecto a Willis.
— ¿Nombres, por favor?
—Nicholas Wilde.
—Judith Hopps.
—Entendido, sus nombres han estado en la lista de espera por semanas, chicos, espero tengan una buena excusa para justificar la tardanza—. Y con ese pequeño pero no insignificante detalle, las puertas procedieron a abrirse al escucharse el sonido de una cerradura eléctrica, un pasillo y escaleras viéndose detrás de la misma—, por favor, sigan el camino amarillo, no se salgan del área marcada o serán atacados, cualquier desvío de su ruta será considerado como hostil.
Asintiendo, Nick tocó el hombro de la coneja, aunándola a que caminase a su lado, ambos descendiendo poco a poco por las escaleras obviamente diseñadas para mamíferos de mayor envergadura, la puerta a sus espaldas cerrándose automáticamente, dejando al par sumido en un silencio incómodo a medida que se adentraban en el túnel, cuya luz al final titilaba en distintos colores, llamando la atención de la fémina en el acto.
—Por atención, Judy. Te sorprenderá lo que estás por ver.
Mirando al vulpino de soslayo, la coneja no pudo más que asentir antes de proseguir, sus orejas de inmediato identificando el sonido de música, multitud de voces y muchos vehículos a medida de que se acercaba al final del túnel, las paredes aburridas y los escalones fríos dando paso a un ambiente más cálido, sus ojos abriéndose de par en par cuando pudo vislumbrar la metrópolis en miniatura que se encontraba escondida en medio del mercado.
Grandes edificios miniatura que sobrepasaban la altura de Nick, repletos de colores y anuncios, copias idénticas a sus versiones gigantescas, la ciudadela era una reconstrucción casi exacta de Zootopia, pero exclusivamente diseñada para diminutos.
—Es… hermoso.
Sus ojos observaban cada detalle con un cierto grado de incredulidad, enormes jardines colgantes podían verse por encima de sus cabezas, a varios metros del suelo y por encima de los edificios, plantas de todo tipo adornando lo que parecía ser su versión del firmamento, verde y marrón contrastando enormemente con el frío y oscuro gris del tejado de concreto. A varios metros de donde caminaban, podía ver que una pantalla de una laptop había sido modificada para funcionar como un televisor gigante, la imagen del vocalista de Guns & Rodents emulando la bienvenida que Gazelle solía ofrecerle a los recién llegados, increíbles colores de neón brillando por doquier, dándole vida a la pequeña ciudad de formas que su versión real no podía darse el lujo de aplicar.
—Impresionante, ¿No es así?—, comentó el vulpino, que caminaba un par de pasos detrás de ella, obviamente dispuesto a prestarle atención lo más que podía, evitando que en su ensimismamiento y sorpresa, terminase por ocasionar un desvío o accidente en el proceso.
—Es… increíble. Pensé que Rodencia era avanzada, pero esto es… está a otro nivel.
Asintiendo, a la vez que posaba sus manos sobre los hombros de la coneja, llevándola en dirección al camino alumbrado, el zorro comentó.
—La Ciudadela fue construida para competir directamente con Rodencia. La rivalidad entre ambas ciudades es marcada, los habitantes de la Ciudadela sienten que los Rodencianos han vendido su libertad a Zootopia, encerrados tras barrotes y alejados de la población que los menosprecia. Además de eso, en la Ciudadela habitan algunas especies que no son realmente bienvenidas en la superficie.
Mirando a su alrededor, Judy pudo captar de inmediato que había pocos Hámsteres y ratones por doquier, la variedad aquí abajo claramente siendo mucho mayor, al encontrarse con zarigüeyas, ratas, y si sus orejas no le fallaban a pesar de la cacofonía que la rodeaba, murciélagos, si el sonido de alas siendo batidas por encima de las plantas colgantes decía algo.
— ¿Están unidos con la zona subterránea, cierto?
Ponderando lo que escuchó, el zorro alzó sus hombros obviamente no teniendo una respuesta inmediata.
—Desconozco si es así, la presencia de murciélagos ciertamente indica que es una posible muestra de que así es. Pero mentiría si te doy una respuesta concreta, puede que sí, puede que no. Por ahora, creo que lo más importante es solventar nuestro pequeño asunto con un obstinado lago, ¿no crees?
Frunciendo el ceño, Judy asintió, su buen humor de pronto esfumándose al recordar por qué estaba en este increíble lugar, las luces de navidad que habían sido adaptadas para iluminar algunos edificios de pronto portando menos alegría y jovialidad en sus patrones. Su sonrisa desapareciendo, reemplazada por un rostro serio, completamente propuesto a hacerle la vida imposible al sujeto que se atrevió a jugar con su corazón y su familia.
En cuestión de cinco minutos, habían cruzado la ciudad, encontrándose con otra puerta de madera, en esta ocasión un par de mamíferos pequeños custodiando la entrada, dos mapaches cuyos ojos parecían no abandonar a los recién llegados.
—Wilde, es una… sorpresa que hayas venido, ciertamente—, la voz del mapache más grande era meliflua, sorprendente considerando su tamaño. Delicada y culta—. No te había visto en la corte de Mickey desde hace un buen tiempo.
—Natasha, Aarón, tiempo sin verlos.
—Sí, sí, ahórrate las excusas Wilde, por ahora quien más nos interesa, es la coneja, en especial el arma que decidió portar consigo. Esa se queda aquí con nosotros, primor. Tú vendrás conmigo, debo esculcarte, Wilde, tú estás en manos de Aarón.
—Aún me debe una salida a comer desde la última vez, ¿Sabes?
—Ah, ya cállate rojo, sabes que disfrutaste cada minuto que mis agraciadas manitas se posaron en tu cochino cuerpo…
Observando al par de machos dirigirse a la habitación contigua, Judy no podía dejar de suspirar al ver que otra vez, un nuevo capítulo para añadir a la larga lista de "descubriendo el pasado de Nick", su reacción al parecer llamando la atención de Natasha, que le examinaba de cerca.
— ¿Qué?— Inquirió la coneja, retirando con cuidado su cinturón con tal de dejarle no sólo el arma, sino los cargadores a la obvia guarda.
—No, nada—, respondió la enmascarada chica, antes de tomar el arma y apuntar en dirección de la habitación a la que debían entrar—. Es sólo que la última hembra que Nick trajo aquí, terminó traicionándolo…
Entrecerrando los ojos, Judy no pudo evitar alzar sus orejas y apretar sus puños.
— ¿Estás insinuando algo?
—En lo absoluto primor, fue tan sólo un comentario. Nick no es tan importante o querido para nosotros como lo es para los Big, su contacto con ellos siendo su única protección por ahora. ¿Tú por otro lado? No cuentas con el mismo beneficio, dulzura. Así que te recomiendo tirar al suelo ese temperamento tuyo, así como tus ropas.
—Eso no es esculcar…
—No pienso tocarte, dulzura. No sé si lo has notado, pero apestas a zorro. Demasiado para mi gusto, y dudo que puedas meter algún arma en cualquiera de tus agujeros que pueda representar peligro para mis jefes. Oh, que preciosidad, estás indignada… no olvides que tu noviecito está siendo desvestido al otro lado, y a diferencia mía, Aarón no tiene contemplaciones en usar sus manos en el rojo.
La carcajada que emergió de la fémina era burlona, incitante. Era obvio que quería lograr una reacción negativa de la coneja, incluso un posible ataque. Por lo que Judy decidió simplemente desvestirse en el acto, jamás retirando sus ojos del mapache.
— ¿Quieres que dé una vuelta? ¿Qué quizás camine sensualmente por la habitación?
Entrecerrando los ojos, la guarda observó a la coneja por un par de segundos antes de bufar, obviamente frustrada.
—Vístete, la gabardina se queda aquí junto con el arma. Procederás a caminar a donde se te indique, no te moverás abruptamente en dirección de Mickey y su esposa. Mantendrás un tono civil en todo momento, incluso si los roedores deciden humillarte, lo recibirás con una sonrisa, lo aceptarás, lo agradecerás, y sólo cuando ellos decidan que puedes marcharte, lo harás. Cualquier intento por desobedecer cualquiera de estos lineamientos será tratado con extrema violencia, ¿me hago entender, coneja?
—Fuerte y claro. Mapache.
Saliendo de la habitación, podía ver que a diferencia de ella, Nick parecía tener una conversación amena con su guarda, el dúo observando al par de féminas con cejas y oídos alzados, obviamente las habitaciones no se encontraban en lo absoluto aisladas.
—Vaya, los celos no son lo tuyo.
—Cállate, Wilde. Si sabes lo que te conviene, mantendrás tu inmundo hocico cerrado.
Haciendo un ademán de que cerraba con llave su boca, el vulpino sonrió en dirección de la enojada fémina, antes de colocar su mano en el hombro de Judy, dejando en claro que la chica estaba protegida por él, los ojos de la mapache cerrándose por completo antes de bufar y darle la espalda al grupo, obviamente cansada de la interacción.
Judy observó a la chica, a sabiendas de que aquí había una historia, algo más que claramente ninguno de los presentes estaba dispuesto a elucidar. Por lo que miró al vulpino, que sutilmente negó con su rostro antes de guiarla rumbo a la sala donde se encontrarían con Michael, también conocido como Mickey, el cabecilla de la Ciudadela y quizás, el segundo diminuto más poderoso en toda Zootopia.
—Hay tantas cosas de las que tenemos que hablar, Nick.
—Todo a su debido momento, Pelusa. Por ahora, mantén el silencio y sigue mi ejemplo, de aquí en adelante se acabaron los juegos. Michael no es un mamífero al que quieras enojar.
Asintiendo, la coneja caminó junto al vulpino, resistiendo las ganas de asir su mano a la suya, un vano intento por reclamar al macho que obviamente, tenía más de una antigua interesada si la reacción de la guarda era de tomar en cuenta. Pero por ahora resistió la tentación, aún era demasiado temprano para semejantes gestos, tampoco era la mejor de las ocasiones.
No cuando sus ojos se posaron en un dúo de roedores frente a ella, un par de ratones cuya coloración de pelaje saltó de inmediato en la atención de la coneja, un pelaje gris tan oscuro que casi aparentaba ser negro bajo cierta luz.
—Michael, Minerva, es un placer verlos—, agregó el zorro, deteniéndose justo frente a una línea claramente demarcada en el suelo, a unos cinco o seis metros del par de roedores, cuyas imágenes estaban siendo resaltadas por un par de lentes de aumento ubicados frente a ellos, dando la impresión de poder charlar con alguien de mayor envergadura.
—Nick, Nick, Nick… han pasado años desde la última vez que te vi. Y por favor, llámame Minnie, comprendo que mi nombre es quizás, incómodo de emplear tras lo que ocurrió con Snowbite—, esgrimió de inmediato la fémina del dúo de ratones, una sonrisa cándida en su rostro—, es bueno verte, cachorro.
—Oh, vamos Minnie, sólo míralo. ¡ES ENORME! Nuestro pequeño Nicky dejó de ser un cachorro hace años—, agregó su marido, que observaba al vulpino con cierto escrutinio, antes de verter su atención sobre Judy, sus ojos claramente analizando cada centímetro de su cuerpo, una experiencia incómoda a más no dar—, Y Ohjo, mira la lindura que trajo consigo esta vez, ¿Vienes a pedir permiso, Nicky? Porque si es así, lo apruebo, esta chica es mucho más linda que Snowbite.
Orejas ardiendo ante lo que escuchaba, Judy miró en dirección del ratón, incrédula de lo que había oído, antes de dirigir su mirada en dirección del vulpino, una ligera sonrisa esbozándose en su rostro el momento que observó que el ratón había tomado por sorpresa al zorro, que tenía la boca y los ojos completamente abiertos.
—Ah, jajá. Oh, Mickey, tan bromista como siempre. Deja a las pobres criaturas en paz, sabes gracias al informe de Koslov el por qué están aquí, cariño.
—Sí, sí, trabajo, trabajo, trabajo. Hace años que no vemos al chico, y quieres trabajar…—, suspirando, el ratón miró en dirección de su amada, antes de perder la sonrisa y mirar fijamente rumbo al par de recién llegados, toda jovialidad desapareciendo de su rostro y postura—. Las noticias que me traen no son bien recibidas, Nick, en lo absoluto.
—No es nuestra intención ofender, señor.
Alzando una mano, obviamente ignorando las palabras del zorro, el roedor agregó:
—Nada de eso, Nicky. Nuestra ira no está dirigida a ti o a tu dulce amiguita, no—, mirando en dirección del zorro, el ratón no pudo evitar agregar—. Nuestra ira está dirigida a un mamífero que obviamente no conoce su lugar. Randall Willis no es un nombre bienvenido por estos lares, me temo, enterarme de que ha estado rompiendo la neutralidad del mercado es una noticia que no puedo pasar por alto.
Posando una mano consoladora sobre la del ratón, Minerva sonrió a su amado, antes de dirigir su mirada rumbo a la coneja:
—El veto que realizó tu familia es un comienzo increíble, Judith Hopps. No puedo evitar aprobar lo que has hecho, en especial luego de la información que nos has otorgado a expensas de tu propio honor—, mirando en dirección de Natasha, la ratona alzó su dedo y lo zarandeó un par de veces, reprochando a la guarda que tuvo la decencia de bajar la cabeza, apenada por sus acciones, tras haber hecho eso, Minerva continuó—, pero me temo que también traen consecuencias que quizás, no habías previsto, mi niña.
Alzando las cejas y orejas en alarma, Judy observó al roedor, sorprendida de lo que escuchó.
—No lo entiendo, su señoría.
—Ah, jajá… ¿No es una dulzura, Mickey?
—Como la miel, amor mío. No hay necesidad de formalismos, Judith Hopps, con que emplees nuestros nombres, Michael y Minnie, en caso de mi querida, estaremos satisfechos. Ahora, déjame explicar. Herb-Market ha estado supliendo gran cantidad de nuestros negocios, al punto en que el veto nos afectaría directamente. Ah, ah, no te culpo, dulzura, a quien culpo es al idiota de Willis, el muy tonto jamás comprendió el fino arte de la sutileza, el gozo de deshacerte de tus enemigos por medio de la adquisición legal de su empresa, absorbiendo su propiedad y modificándola a gusto sin que puedan hacer algo al respecto. El regocijo de enriquecer tus cuentas por medio de una industria que en otrora solía ser tu más acérrimo enemigo.
Judy tragó saliva, observando horrorizada al roedor frente a ella, ¿Cómo alguien con una voz y personalidad tan dulce, podía ser tan frío, calculador e incluso despiadado? Fue allí, que de pronto supo que realmente estaba tratando con mamíferos realmente peligrosos. Criaturas que tras la fachada de un ambiente amigable, incluso familiar, terminaban por consumirte y lo que construiste tras arduos años de trabajo sin que pudieras hacer algo al respecto. Sus instintos ahora en completa alerta, de inmediato a sabiendas qué es lo que el par de roedores desearía de ella.
—Oh, Mickey, no es tan tonto… logró resurgir después de haber sido rechazado por Judith, tampoco es que haya hecho que lo arresten…
—Ja, Minnie, es sólo cuestión de tiempo. Eso, o que lo congelen… Mira que intentar algo en un área neutral. Eso no es coraje, es idiotez…
—Oh, sí, supongo que tienes razón. Y Nicky, cariño, nos encantaría intentar convencerte de que nos vendas algo de tus deliciosas frutas…
Y fue allí que sabía que las cartas habían sido expuestas sobre la mesa, Judy sabía, mejor que Nick que a pesar de los arbustos y árboles que habían trasplantado, que su pequeña granja no daría abasto para surtir la Ciudadela sin tener que cortar de lleno las ventas al público, al igual que a la heladería de Raymond, lo que sería escupirle en el rostro a los mamíferos que los habían sustentado todos estos meses, y enojar a un miembro de una agrupación distinta.
Por lo que entonces, es que entraba ella y su lazo con los Hopps. Su familia por otro lado, podría entonces suplir a la ciudadela sin mucho inconveniente. Sólo debían ser cuidadosos de los contratos que firmasen con los roedores, a sabiendas de que el menor error, de que al agujero legal más probable, el par de roedores intentaría hacerse con la granja de ser posible.
Suspirando, la coneja cerró los ojos, ponderando lo que estaba por ocurrir. Su familia había estado al control de la granja por centurias, no eran novatos a la hora de negociar, y así como Michael, tenían poder suficiente en sus manos para evitar una adquisición agresiva de cualquier tipo.
Ciertamente era un riesgo, pero era uno que no sólo beneficiaría a la Ciudadela, sino a los Hopps e incluso, si maniobraba bien las cosas, a su pequeña granja en la ciudad.
—Michael, Minnie, si me permiten, creo que tengo una propuesta que podría ser de su interés… Pero antes de tomar el atrevimiento de ofrecer tratos con propiedad que no me incumbe, me agradaría poder hablar no sólo con Nick al respecto, sino también con mi familia. Sólo necesito, si no es mucho pedir claro, quince a media hora para poder discutirlo en privado.
Mirando en dirección de los roedores en deferencia, para luego fijarse en el zorro, la coneja agregó.
—Nick, creo que tengo una idea que quizás satisfaga a todos los presentes, y sirva como una forma de poner a Willis en su lugar sin necesidad de disparar una sola descarga o dardo. Sólo necesito que confíes en mí, y que me ayudes a convencer a mis padres.
Observándola firmemente, e ignorando la risa agraciada de Minnie ante la escena, Nick no pudo más que asentir, sonriendo ante la coneja al no saber lo que había realizado.
—Confió en ti, Zanahorias—. Cerrando los ojos y respirando profundo, no podía evitar seguir—, mucho más de lo que puedes imaginar, luego de lo que acabas de hacer.
Inclinando la cabeza a un lado en ligera confusión, Judy no pudo evitar voltear en dirección de los roedores, que reían y aplaudían el momento como si hubiesen vislumbrado una increíble obra de teatro.
— ¡Bravo, magnífico!
—Definitivamente, es una elección superior a Snowbite, Nicky, serías un tonto si la dejas ir.
Volviendo a mirar en dirección al zorro, orejas completamente rojas en vergüenza, Judy no pudo evitar inquirir.
— ¿Nick?
—Hace siete años, Judy. Justo aquí, y frente a estos mismos mamíferos, presenté a mi compañera de negocios, una situación ligeramente símil a esta en nuestras manos—, apuntando en dirección de los roedores, el vulpino prosiguió—, buscábamos la aprobación de la triada para sustentar y mantener mi parque de diversiones, "Wilde Times", los ingenieros de la Ciudadela superando por mucho en eficiencia y calidad a muchas otras compañías.
Observando al zorro, orejas gachas y nariz ahora temblando por una mezcla de emociones que surcaban sus adentros, Judy escuchó, esperando a saber más, su postura aparentemente divirtiendo aún más a los roedores, y logrando una sonrisa en el vulpino.
—Pero su compañera, una leopardo de las nieves llamada Minerva Snowbite era el completo opuesto a lo que tú representas hoy en día, Judith—, interrumpió Minnie, una sonrisa cándida en su rostro exclusivamente dirigida a la coneja—. Impositiva, petulante, estúpida, esas eran las cualidades que definían a la chica que nuestro Nicky había decidido clamar como su pareja en negocios y en vida. Jamás permitiendo que el chico comentara sobre sus negocios, el muy tonto perdidamente enamorado, lo suficiente como para permitir que la chica fuese la voz que definía todo trato entre nosotros. Su irrespeto culminando en nuestro completo rechazo de cualquier asociación con Wilde Times, y más específicamente, la familia Snowbite.
Mirando en dirección del vulpino, la sonrisa de Minnie disminuyó, un poco dolida.
—Estoy al tanto de que es posible que ese haya sido el inicio de tu odisea, mi querido cachorro, y por eso, siempre me arrepentiré.
Negando enseguida, el zorro sonrió en dirección de los roedores, antes de asentir.
—De hecho, fue la primera vez que pude vislumbrar a quien amaba por quien realmente era, gracias a ustedes fue que pude conservar lo poco que me queda, de lo contrario, me temo que se habría salido con la suya, y hoy en día todo se habría perdido—, mirando en dirección de la coneja, agregó con finalidad—. Y jamás habría conocido a Judy, alguien que ciertamente es hoy en día lo que Minerva siempre trató de emular. Una mejor amiga de lo que Snowbite jamás llegó o llegará a ser.
Virando en dirección de los roedores, sonrió, antes de continuar.
—Si nos permiten…
No les tomó mucho tiempo el caminar hasta una pequeña habitación, la experiencia pasada indicándole a Judy que era muy probable que todos pudiesen escuchar lo que estaban por discutir.
—Un mercado o para ser más exactos, una feria…—, comentó Judy, orejas gachas y ardiendo contra su espalda, claramente avergonzada de lo que había escuchado—. Lo que tenía en mente era el hacer un mercado popular, uno que sólo se surta a través de productos adquiridos de la granja Hopps, o al menos aquel producto que sea el excedente a lo que la Ciudadela necesite. No mucho, pero sí lo suficiente como para revigorizar el área industrial.
Alzando la vista en dirección del zorro, la coneja se explicó.
—No pienso competir con el mercado de la Ciudadela. Pero ambos sabemos que es un hecho que su territorio se encuentra en la sabana, a dos bio-domos de nuestro hogar—, viendo al zorro asentir, continuó—: No sé tú, Nick. Pero veo mucho potencial en la zona industrial, la ciudad nos ha olvidado, poco a poco se ha vuelto la zona donde los rechazados se conglomeran en búsqueda de un atisbo de normalidad… Yo—, volteando en dirección de la puerta, donde estaba segura los roedores escuchaban atentos, la coneja afirmó—. Quiero vengarme de Willis, te lo puedo asegurar, pero también quiero ayudar a una población de mamíferos que han sido ignorados y desechados por Zootopia como escoria. Un mercado para ofrecerles comida a precios razonables y un método de ganarse la vida. Yo, no sólo quiero ayudar a los mamíferos que allí habitan, quiero arruinar a Willis de manera legal, Nick. Quiero que vea el pequeño imperio que ha construido derruirse ante sus ojos, incapaz de surtir sus anaqueles, incapaz de competir con nosotros y con cualquiera, e incapaz de usar sus pocos contactos en el bajo mundo porque realmente no los posee.
Viendo la mirada sorprendida del zorro, suspiró antes de terminar.
—Quiero expandir el negocio, Nick. Y si logro convencer a mis padres, podremos no sólo beneficiar a la Ciudadela, sino a la zona industrial si logro conseguir contratos de exclusividad de las madrigueras Tri-estatales con nosotros. Algodón, carne, plumas, huevos, vegetales, hortalizas y frutas de todo ti-
Los brazos que de súbito envolvieron a la coneja la tomaron por sorpresa, sus ojos abiertos de par en par al percibir que el zorro estaba teniendo ligeras arcadas, sus oídos captando el sonido de llantos apenas contenidos y agradecimientos apenas elaborados. No sabía por qué el zorro había reaccionado de esa manera, pero como sea, no dudó en rodear su cuerpo con sus propios brazos, consolando al vulpino en su momento de debilidad.
No sabía qué había hecho para merecerse tantas gracias, o semejante muestra de afecto. Pero la forma en que su corazón latía ante la cercanía del macho, no hacía más que vitorear que de nuevo, sin que lo hayan planificado, el lazo que los unía se había agrandado nuevamente.
