Observando al camión partir con gran cantidad de sus productos, Judy no pudo más que suspirar con alivio, sus manos de inmediato marcando en su tablet las tareas que habían sido concluidas en la mañana.
—Oye, Judy… tenemos un problema en el quiosco.
—Suéltame coneja… ¡Esto es humillante!
—Cállate, y obedece, Finn.
Mirando en dirección de la enardecida coneja de pelaje gris y ojos cafés, Judy no pudo más que alzar una ceja al ver que Virginia portaba en sus manos a un nervioso feneco, orejas erguidas y pisadas firmes dejando más que en claro que no estaba de buen humor a medida que la chica lo arrastraba rumbo a sus aposentos.
— ¿Sucedió algo, Gin?
—Está por suceder, después de más de dos meses de ausencia, el imbécil de nuestro Ex finalmente se ha dignado de aparecer. Mortimer y sus chicos me acaban de informar que su auto está circulando por los alrededores…
Escuchando el gruñido que emergió del zorro, Judy ahora podía comprender lo que su hermana estaba realizando, alzando una ceja al ver que Finnick había desarrollado cierto apego por la chica, quizás más allá de amistad si la forma en que su hermana lo arrastraba era de juzgarse.
—Llevaré a este cascarrabias lejos de la entrada, lo menos que necesitamos es que el bastardo emplee la carta de pobre presa atacada por un depredador—. Agregó la coneja con exasperación—, ¿En serio Finn? ¿Me vas a gruñir? Si sigues así le diré a Gerald.
Negando con su cabeza mientras caminó rumbo al quiosco, Judy no podía dejar de preguntarse qué exactamente es lo que sucedía dentro de la casa de Finnick, y qué clase de relación estaba formándose entre esos tres, pero tampoco estaba demasiado presurosa por enterarse, Virginia no era una cría, mucho menos el par de machos, su atención apresuradamente fijándose sobre el escándalo que rápidamente aumentaba de tono en quiosco.
—Señor, me temo que tengo que pedirle que debe abandonar las inmediaciones.
— ¡No me iré de aquí hasta que vea a mi novia! ¡No tienen derecho!
Finalmente abriendo la puerta, Judy no pudo evitar entrecerrar sus ojos al ver que el lagomorfo estaba obviamente intentando intimidar a Megan sin mucho resultado, la pobre cuaga intentando en vano el permanecer en calma a pesar de que el conejo no le daba muchas opciones, la presencia de Gerald siendo quizás la única razón por la cual el sujeto no se había colado por entre sus piernas, ambos mamíferos bloqueando cualquier posible punto de ingreso del intruso sin necesidad de siquiera tocarlo.
—Pero si no es nadie más que el señor Willis, ¿A qué se debe esta ingrata sorpresa?
—Judith…—, escupió el conejo, resentimiento en su rostro—. ¿Qué has hecho con Virginia?
—Abrir sus ojos, Randall—, respondió la chica con cierto deje de diversión en su tonalidad—¸ no que haya sido muy difícil, digo, ¿Te desapareces por dos meses? No llamas, no visitas, ni siquiera un mugroso correo, eso es señal suficiente para algunas chicas… ¿Sabías?
Respirando profundamente, el macho parecía recomponerse, una pequeña sonrisa forjándose en su rostro, una de sus orejas temblando ligeramente, un tenue tic que delataba lo tenso que se encontraba.
—Sabes muy bien que eso es una mentira, Judith.
—Yo me iría si fuera tú, Randall…—, definió la coneja, ladeando su cadera con tal de enfatizar el arma que allí yacía, brazos cruzados sobre su pecho, una mano ubicada de tal forma que podría desenfundar sin mucho problema. No estaba de humor para lidiar con idiotas, no mientras hubiese tanto trabajo por hacer.
El macho la observó incrédulo, orejas ahora erguidas en alerta, su nariz temblando en alarma ante la amenaza implícita. Su ceño de pronto arrugándose en una mueca de ira apenas contenida, dándose la vuelta con tal de salir de allí lo más rápido posible, murmurando amenazas y promesas que tenían los ojos de la coneja fijos en el mamífero, su mano cosquilleando de pronto con tal de bajarle los humos al engreído sujeto.
—Mortimer…—, murmuró, voz fría y colecta, ojos jamás dejando la figura del conejo mientras este se alejaba, una rata descendiendo sobre su hombro gracias a un complicado equipo de rápel y algunas poleas esparcidas por todo el techo, con tal que los roedores pudiesen movilizarse con discreción en las inmediaciones mientras modificaban la estructura para hacerla apta para el tránsito de diminutos, el roedor quitándose su casco con tal de hablar cara a cara con ella.
— ¿Quiere que nos hagamos cargo del, señora?
—No hagan nada por ahora, chicos, sólo díganme que lograron colocar el rastreador en su vehículo.
—Por supuesto señora, somos profesionales—. Respondió el roedor, un ligero rastro de indignación en su voz.
—Oh, Mortimer, no lo dije por ofender, sé que son los mejores, sólo quería escuchar lo que será el inicio del infierno que desataré sobre ese desgraciado… quiero nombres, Mortimer, locaciones, rutina, en especial con quien interactúa en el buffet. No quiero que nadie escape de nuestra retribución…
—Señora, con todo respeto, pero puede ser aterradora, ¿Lo sabía?
Sonriendo, y observando al roedor de soslayo, la coneja no pudo evitar agregar.
—Me lo han dicho, Mortimer, me lo han dicho, ahora, ¿Podrías avisarle a Nick que se nos acaban las remolachas en el estante?
— De inmediato, señora… remolachas en camino.
