La coneja observó al vulpino caminar de un lado al otro, orejas erguidas mientras escuchaba la conversación telefónica con su permiso, ambos a sabiendas de que lo que se estaba discutiendo le concernía a los dos. Sólo un par de días habían transcurrido desde la inoportuna visita de Randall, y hasta ahora, la información que habían adquirido era preocupante, mucho más de lo que imaginaron.

—Entiendo, sigan recolectando, tarde o temprano podrán obtener algo de interés para todos. Ajá, sí, que tengan un buen día igualmente—. Colgando, el zorro no pudo más que suspirar con agotamiento, antes de caminar un par de pasos al sillón más cercano, desplomándose sobre la superficie sin mucho decoro, súbitamente agotado—, las cosas iban demasiado bien para ser verdad.

Asintiendo, la coneja no pudo más que ponderar lo que había escuchado, ceño fruncido mientras cavilaba la poca información que habían recolectado.

—Mientras más lo pienso, más sentido tiene. Randall jamás fue un sujeto brillante, o sutil. Sus maniobras tanto conmigo como con mi hermana dependían de la manipulación sentimental, de dependencia emocional. ¿Todo lo que hemos descubierto hasta ahora? Nada de eso encajaba con lo que sabemos del sujeto.

Cerrando los ojos, el zorro no pudo más que asentir, en retrospectiva, era obvio que había algo mucho más profundo involucrado. Un suspiro de pronto surgiendo de sus labios antes de que se levantara y comenzara a caminar de un lado a otro de nuevo.

—Es obvio, digo. En la vida real, no existen jefes finales, las organizaciones no mueren por que acabas con una cabeza, necesitas lidiar con todas las ramas, todas las vías por las que obran para lograr desarticularla. Las cosas no acaban cómo en la ficción, el crimen no cesa sólo porque ataste algunos cabos sueltos. Sólo abriste un agujero, una oportunidad para que otro grupo tome el poder, la lucha reiniciando nuevamente, un ciclo que jamás acaba.

—Es cómo tratar de cavar una madriguera en la arena, no importa cuánto te esfuerces por hacer el hoyo, siempre habrá arena cayendo de vuelta, reemplazando la que sacaste—. Concordó la coneja, ambos sabían que no podrían librarse así nada más de sus problemas, no obstante—, sin embargo, si eres inteligente, y construyes bases que sostengan el área lejos de tu sitio de trabajo, lento pero seguro, podrás construir tu primer túnel.

Carcajeando ante la analogía, el zorro no pudo evitar sonreír hacia la coneja, su mal humor de pronto evaporándose de pronto, sus ojos ahora portando un poco más de espíritu que minutos atrás.

—Lo que nos deja entonces, de vuelta a donde estamos. Necesitamos información, y dentro de algunos días es obvio que podremos obtenerla. Las ratas de la triada son quizás, la excelencia en cuanto a espionaje trata. En especial cuando se trata de mamíferos que tienden a subestimar e ignorar a los diminutos—. Posando su mano en su mentón, el zorro ponderó por un par de segundos antes de proseguir—, no insultaré tu inteligencia explicando la importancia de la información, dulzura.

Dejando salir un resoplido, la coneja asintió antes de elaborar.

—La información es la mejor arma que un mamífero pueda poseer, Nick. En especial cuando empleas su contraparte, la desinformación. Cómo detective estuve muy al tanto de algunos casos gracias a los pocos informantes que pude recolectar con los años. Mi red era pobre, por lo que tendía a perder rastros fácilmente si la información no era apropiada, dejándome entonces con la vieja habilidad de rastreo e indagación—. Viendo que el macho asentía a lo que decía, obviamente interesado en lo que se discutía, prosiguió—, con información puedes hacer y deshacer imperios, es allí entonces donde la desinformación entra en juego, pistas y caminos falsos a seguir, datos, personas e incluso historias completamente falsificadas para resguardar lo verdaderamente importante detrás de toda esa falsedad. Un mamífero desinformado pero crédulo, se tragará la desinformación y la esparcirá como si fuera góspel. Por lo que cuando la información real aparezca, dichos mamíferos desechen la verdad, incrédulos de la misma, convencidos entonces de que ellos conocen la absoluta verdad.

El aplauso que provino del zorro ocasionó un ligero rubor en las orejas de la coneja, que tras sonreírle al zorro, inclinó su cabeza en reconocimiento antes de mirarlo seriamente y comentar.

—Randall es nuestra desinformación. Estoy segura de ello.

Asintiendo, el zorro caminó hasta su lado, sentándose junto a ella con tal de poder rodearla con su mano, apretujándola junto a su torso mientras ambos disfrutaban el confort que el contacto les otorgaba.

—La facilidad con la que conseguimos desarticularlo me incomoda. Lo que puede indicar dos posibilidades. Ambas muy plausibles—. Explicó el vulpino, alzando su mano libre con tal de enumerar—, la primera es que los tomamos desprevenidos, en ningún momento esperaron que te topases conmigo, mucho menos que aceptases tan rápido involucrarte en este mundo—, alzando un segundo dedo, el zorro concluyó—: La segunda es que algo mucho más grande está involucrado, con seres de pronto capaces de predecir cada acción posible de tu parte. Y que cada acción nuestra esté siendo tomada en cuenta… lo sé, lo sé, poco plausible, pero aún es una posibilidad.

Con un resoplido de burla, la coneja no pudo evitar explicar ese punto.

— ¿Quieres decir que alguien me subestimó por ser una coneja? ¿Que pensaron que todavía seguía siendo la tonta crédula que fui hace tantos años? ¿Qué mis morales y visión del mundo no habían cambiado en cinco años? ¿Qué a mis treinta años seguiría pensando como una coneja de veinticinco?—, mirando al zorro, continuó—. El que me haya topado contigo fue fortuito, en más de una forma, no sólo conseguí un lugar donde quedarme, sino un amigo que me apoyó sin pedirme nada a cambio, incluso cuando tuvo la oportunidad de colectar mi cuerpo cuando estaba desesperada. No lo hiciste, y ese momento fue el que cambió mi punto de vista, el punto donde decidí que necesitaba un cambio en mi vida, y tu presencia a mi lado.

Halando la corbata con tal de arrastrar al zorro hacia ella, no titubeó en frotar sus narices, un gesto íntimo que ambos disfrutaban en demasía, sus aromas de pronto entremezclándose por escasos segundos.

—Ambos sabemos que la realidad será una mezcla de las dos opciones, alguien intentó llevarme a estar completamente desesperada y rota, quizás lo suficiente para aceptar a Randall de vuelta sin rechistar, pero el toparme con tu panfleto tiró ese plan por la borda, así que intentaron impedir que consiguiera trabajo en otras áreas, forzarme a partir de aquí al no tener cómo pagar la renta. Pero jamás esperaron que ofreciera trabajar para ti, o que mi momento de ruptura ocurriera frente a un zorro, quizás esperando que dejase que antiguos prejuicios me mantuvieran alejada de ti, y no los culpo, por un tiempo mantuve mi distancia, nuestras interacciones eran amables, pero distantes… hasta ese momento. Allí todo cambió, y cualquiera hayan sido sus planes, todo se descarriló el momento en que comenzamos a trabajar juntos. Así que, intentaron tentarme con un trabajo y un gran sueldo, tratar de incitarme a romper la confianza que había forjado contigo en tan poco tiempo con la vieja tentación de mi trabajo, algo por lo que había abandonado a Randall y a otros. Pero no esta vez.

Juntando sus labios, la coneja se afirmó sobre el zorro, disfrutando como a pesar de la diferencia de tamaños, cómo a pesar de que por naturaleza, se suponía el depredador debía ser el dominante. Pero no aquí, no cuando Nick estaba rápidamente dispuesto a ceder, a dejarse montar y someter por ella, sus patas de pronto rodeando su torso mientras continuaban compartiendo el aliento, sólo separándose minutos luego, la mano del zorro ahora posada firme en su espalda, acariciando el pelaje de la coneja con mesurada dulzura, arrancando siseos, gruñidos y temblores de la chica en el proceso.

—Es Ah, ah… no ahora, Nick… Ah. F-fue entonces donde decidieron cambiar de objetivo, Virginia era la más frágil de mis hermanas, su estilo de vida la ha dejado expuesta al ridículo, al escarmiento y a epítetos nada agradables. Emocionalmente buscaba estabilidad, alguien que le otorgase un respiro entre toda esa presión que no fuesen sus hermanos. Y entonces apareció Randall, once años mayor, con experiencia y aparentemente, lo suficientemente diestro como para lidiar con sus necesidades. Ah, ah… no, Nick, estamos t-teniendo una discusión seria.

Sonriendo, el zorro no pudo evitar seguir acariciando la bola de algodón que los conejos solían llamar cola, a sabiendas de qué reacción obtendría de sus acciones. El olor en el aire tornándose más apetecible con cada segundo y caricia que ocurría.

Respirando agitada, Judy tomó la mano impertinente del zorro, dirigiéndola de nuevo a su espalda con tal de recuperar un poco la cordura, respiración agitada, sus ojos mirando al vulpino con un hambre que dentro de poco tendrían que saciar.

—E-eres incorregible, ¿Lo sabías?

—Tu olor dice otra cosa…

—Pronto, Nick… muy, muy pronto. Por ahora, ¿Quién está detrás de Randall? ¿Quién está manejando las cuerdas? Nada coincide, Randall es un abogado de tercera, su salario no es el suficiente como para haber iniciado una franquicia de tal envergadura… ¡NO! No te atrevas a usar mis palabras como un eufemismo, Nick… E-estoy muy al tanto de lo que ibas a mencionar… A-ah, ¿Sabes qué? Al diablo… esto es mucho más divertido que hacer conjeturas con la poca información que tenemos.

Y con un rápido movimiento, la coneja se sentó, sus manos posándose sobre su camisa, rápidamente removiéndola, las sonrisas en sus rostros dejando poca duda que estaban por poner a prueba nuevamente la capacidad de las paredes para aminorar el paso del sonido.