Observando el edificio, en especial el nombre que ahora portaba orgullosamente en su frente, Judy no podía evitar sonreír en dicha, tantas cosas habían ocurrido en tan sólo cinco meses. Su mirada ahora puesta en el pequeño arete en su oreja, un símbolo de compromiso que ahora empleaba con orgullo a la vista de todos, sus ojos momentáneamente distraídos ante el brillo del arete, antes de regresar nuevamente al anuncio de su nueva base de operaciones.

"WILDEHOPPS & ASOCIADOS"

—En tan solo año y medio… y miren qué tan lejos he llegado—, era injusto, y lo sabía. Avanzó únicamente por que había conocido a las personas apropiadas que le permitiesen navegar o incluso saltarse las barreras legales que parecían impedir que el ciudadano común accediera a una mejor vida, realmente era injusto, pero no iba a quejarse.

La vida jamás fue justa. Sólo podían adaptarse a sus embistes y progresar luego de aprender a cómo lidiar con el sistema.

—Clarabella, ¿Está el edificio preparado para recibir a la familia Big?

Todo listo, señora. Los refrescos y bocadillos están preparados, la habitación pulcra, el aire acondicionado está al máximo, recuerde vestirse apropiadamente para no terminar resfriada, le recuerda el señor.

Asintiendo, la coneja se dirigió hasta la habitación donde podría vestirse apropiadamente, a sabiendas de que un abrigo aislante era necesario, el pequeño auricular en su oreja izquierda resonando nuevamente a medida que avanzaba, la voz de Mortimer en la línea.

La limosina de los Bigs está a la vista, señora. El tiempo estimado de llegada es de quince minutos. Todos a sus posiciones.

Ignorando la oleada de respuestas a lo dicho, Judy simplemente procedió a vestirse con su abrigo, emocionada de que por fin no sólo obtendrían la información que necesitaban para ponerle un fin a las maquinaciones de Randall y sus asociados, sino que finalmente podría conocer a uno de los amigos de Nick. Sin embargo, para lo que debía decir necesitaban algo de privacidad, por lo que desconectó momentáneamente su línea, antes de emplear su teléfono para comunicarse con el vulpino.

—Oye, Nick.

¿Sí, Pelusa?

—Deja de esconderte y ven conmigo a recibir a Frufrú Big, ¿Quieres?

No necesitaba ver al zorro para comprender que estaba nervioso, un fragmento de su pasado finalmente regresaba al presente, tantos años de distancia, tantos errores cometidos, nada de eso era algo que pudiese superarse con facilidad, pero para eso estaba ella.

—Tranquilo, estaré aquí a tu lado.

Te veo en dos minutos, Judy.

Colgando, y tras asegurarse de reconectar su línea de nuevo, la coneja salió de la habitación con tal de caminar rumbo a la entrada, sus orejas de inmediato percatándose del bullicio de varios mamíferos corriendo de un lado a otro mientras intentaban asegurarse de que todo saliese conforme lo planeado, sus orejas moviéndose de un lado a otro, finalmente deteniéndose en el sonido que más deseaba, el corazón del único vulpino en las inmediaciones, que lentamente aumentaba de tono a medida que se acercaba a ella por medio de las escaleras.

— ¿Cuánto tiempo tenemos, Mortimer?

Unos cinco minutos, señora. Ya están estacionados, los osos sólo están siguiendo el procedimiento antes de desalojar a la señora Frufrú de la seguridad del vehículo.

—Perfecto, Mortimer, y recuerda, dosis doble de fruta para todo tu equipo una vez concluya el trabajo, se lo han ganado. Pelusa y yo nos haremos cargo de surtir la cerveza. ¿Alguna marca en particular?—, argumentó el zorro, su mano puesta sobre su transmisor, su andar colecto, un paso engreído y satisfecho, en especial ahora que portaba en una de sus orejas un arete que hacía parte de un par.

De cebada, señor. Mi equipo prefiere la cebada.

—Entonces considéralo hecho, Mortimer. Buen trabajo, chicos.

Apartando la mano de su propio transmisor, Judy sonrió ante el macho que se posaba a su lado, sus labios fruncidos en ligero reproche al ver que había aflojado su corbata.

—Ven aquí…

—Oh, ¿Tan pronto quieres ponerme las garras encima?

—Toda mi vida, galán, pero no creas que no te escuché aflojarla mientras subías las escaleras—. Respondió la coneja, sonriendo mientras terminaba de arreglar el nudo Windsor que el zorro había desecho apropósito, sus manos rápidamente halando al vulpino en su dirección, al tanto de que las puertas se habían abierto para permitir el paso de sus invitados, sus labios clamando con un casto beso al zorro. Antes de dejarlo ir, sonriendo ante sus orejas inclinadas, un vago intento por esconder el sonrojo que ahora marcaba su expuesta piel.

En especial por que una diminuta voz parecía incluso haber bajado unos decibeles más ante el chirrido que asaltó sus oídos.

—Oh, por Dios… Alex, Gustav, ¿No son una dulzura?

Nick sonrió, reconociendo al par de mamíferos que portaban en sus enormes manos a la heredera de la familia Big.

—Al, Gustav… pero miren nada más, ya no son los pequeños cachorros que solía conocer—. Comentó el zorro, observando a viejos conocidos con nuevos ojos, ambos sujetos sonriendo ligeramente al reconocer de inmediato al vulpino—, todos unos machos hechos y derechos. Y Frufrú… uh…

La mirada maliciosa que la pequeña musaraña le entregó bastó para apagar sus flamas en el acto.

—Nicky, querido… si de tu hocico emerge alguna palabra que denote mi estado como algo que no sea: magnífica, deliciosa, divina. Haré que mis chicos aquí te afeiten la cola.

—No diría algo más que eso, Fru… no confundas mi silencio con horror ante tu estado. Te vez increíble, Fru… Es sólo que, de pronto la pequeña cría que solía llevar en mis manos… ya no es una cría, sino una esplendorosa hembra, y apuesto que una increíble madre—. Explicó el vulpino, acercándose al pequeño mamífero con una ligera sonrisa en sus labios, su mano alzándose ligeramente, viejos recuerdos asaltando a ambos mamíferos ante el gesto. El zorro observando a los osos titubear por un par de segundos antes de suspirar y asentir, transfiriendo a la musaraña a las manos del zorro, la pequeña criatura de inmediato asiéndose contra el pulgar del vulpino, ligeras arcadas remeciendo su cuerpo ante la emoción que los embargaba, el macho acercando a su pequeña amiga hasta su pecho, delicadamente colocándola cerca de su corazón—, te extrañé tanto, Fru…

—Zorro estúpido… Me dejaste sola… de pronto mi mejor amigo desapareció de mi vida, y el agujero en mi corazón no parecía desaparecer. Estúpido, idiota… ¡Te extrañe tanto, Nicky! No vuelvas a dejarme, no te atrevas a desaparecer de nuevo—. Exclamó la musaraña, frotando su rostro contra el traje del vulpino, intentando en vano calmarse a pesar de no poder lograrlo, dando un par de pasos hacia atrás, antes de sentarse de súbito en la familiar mano que de cría solía llevarla de un lugar a otro, sus pequeños dedos aferrándose al vulpino, una sonrisa en su rostro, sus ojos fijos en el arete en su oreja, su sonrisa aumentando aún más ante la implicación, sus ojos de inmediato descendiendo, buscando a la culpable—, Nicky, querido… acércame a tu prometida. Necesito agradecerle a esta dulzura.

Sonriendo, Judy se acercó a la pequeña musaraña, sus ojos fijándose en su vestido y su cabello.

—Lindo cabello.

—Oh, gracias… eres una dulzura—. Y con tan sólo una mirada, la musaraña parecía aprobar lo que veía, mirando en dirección del vulpino—. Nicky, querido, más te vale que te sinceres completamente con esta hembra.

Bufando divertida ante lo asertiva, pero adorable que la musaraña estaba siendo, Judy no pudo evitar sonreír y mirar al zorro.

—Ya la escuchaste, galán. Nada de esconderme cosas… ¿No querrás enojar a dos hembras, cierto?

Carcajeándose abiertamente ante el comentario, Frufrú no pudo evitar palmear la enorme palma sobre la que se encontraba sentada.

—Oh, Ohh, apruebo, no que necesites mi aprobación, querido, pero en serio apruebo de esta unión—, suspirando, la musaraña sonrió una última vez antes de enseriarse y comentar—, pero me temo que traigo malas noticias, chicos. Las cosas son quizás un poco más complicadas de lo que aparentan.

Viendo la jovialidad marcharse del dúo, que se miró el uno al otro antes de comenzar a movilizarse rumbo a la habitación preparada, seguidos muy de cerca por los osos. Había mucho que conversar, y este no era quizás el mejor de los lugares.

—Alex, Gustav, vengan queridos. Hay trabajo por hacer.

No les tomó demasiado el llegar a la sala privada, sus alientos ahora visibles ante el súbito cambio de temperatura, la musaraña y ambos úrsidos respirando más aliviados ante el ambiente. Ambos osos tomando asiento al otro lado de una gran mesa de café, donde un pequeño sofá reclinable había sido ubicado para la comodidad de la musaraña.

—Nicky, cariño, déjame sobre el sillón, gracias—, comentó la diminuta, antes de suspirar e ir de lleno al problema—, Hace dos horas recibimos un paquete informándonos sobre un cambio de planes conforme al seguimiento de Randall Willis—, explicó, un movimiento de su mano procurando que uno de los osos colocase un paquete de fotos frente al dúo—. Finalmente, sabemos quién está detrás del conejo, y lamentamos decir que el sujeto representa un grave problema.

Moviendo sus manos con tal de tomar las fotos, la coneja vislumbró lo que parecía ser un leopardo de las nieves, su corazón de súbito acelerándose por un par de minutos, antes de reconocer las pocas señales de masculinidad, su ceño entonces frunciéndose en preocupación al ver que el sujeto parecía aterrar a Randall, una discusión entre los dos evidente en la sala del felino, una en la que Randall parecía estar perdiendo la cabeza, el lago obviamente dimitiendo las terribles señales en las orejas y cuerpo del felino de que estaba cruzando líneas que no debía cruzar.

Suspirando, Judy no pudo evitar comentar.

—Randall está muerto, ¿no es así?

La musaraña asintió, un nuevo paquete de fotografías descendiendo sobre la mesa. Ninguno de los presentes haciendo movimiento alguno para vislumbrar el contenido.

—Las imágenes son… gráficas. Recomiendo discreción, tenemos audio y vídeo del evento…—, argumentó Frufrú, otro movimiento de su mano indicando un Pen-drive que ahora yacía al lado del paquete de imágenes—. El felino es Bruce Spotter, hijo del líder de la familia Brown, una pequeña familia rival que ha estado creciendo en poder en Zootopia, respaldada por algunos círculos del bajo mundo al igual que el gobierno.

Mirándose el uno al otro, Judy no pudo evitar asentir, comprendiendo que finalmente estaban obteniendo el dato que tanto necesitaban.

—Asumo, Spotter es el cabecilla que manejaba los hilos detrás de Willis, ¿Cierto?

—Asumes bien. Spotter es el dueño de Woolstone & Ramsés, es por medio de Willis que Spotter se enteró de ti y de tu familia, Hopps. El conejo poseía un hábito compulsivo, posee docenas de libros que registran su día a día. Claves, contraseñas, contactos.

Suspirando, Judy no pudo evitar asentir ante lo escuchado.

—Es un hábito, muchos conejos tienden a poseer hobbies para no quebrarse ante la presión, yo necesito hacer algo, la inactividad no es lo mío, Randall por su parte tendía a llevar un registro extenso de sus actividades—, mirando a la musaraña, no pudo evitar presumir—, asumo, dicha información ha sido colectada para nuestro beneficio, ¿cierto?

—Oh, chica lista. Y asumes bien, en el momento en que Spotter decidió hincar sus garras en Willis, el equipo que vigilaba la residencia del conejo tuvo carta blanca para penetrar las inmediaciones, poseemos más de lo que Spotter querría que tengamos. Discos Duros, diarios, fechas de entrevistas, encuentros, planes. Nada admisible en corte, claro… pero más que suficiente para arruinar a un mamífero si dicha información llegara a ser publicada en la red, nada peor que lidiar con la corte popular, su firma, negocios y asociados cortarán de inmediato todo contacto con el afectado, temerosos de que sean investigados y juzgados por el público.

Sujetando la mano de Nick, Judy no pudo evitar sonreír satisfecha, realmente alegre de lo que estaba escuchando. En sus manos tenía los medios para derribar al bastardo que estaba detrás de todo esto, satisfecha de que su venganza estuviese procurando frutos, su boca abriéndose con tal de expresar su opinión, cuando un correo llegó a su teléfono, el repicado de su máquina tomando a todos por sorpresa.

— ¿Qué rayos? Disculpen un minuto.

—Descuida dulzura, comprendo más de lo que imaginas.

Asintiendo, asumiendo que sí, quizás la musaraña entendía que ciertas cosas podían salirse de las manos incluso en el peor de los momentos, la coneja procedió a leer el correo, sus ojos abriéndose por completo al ver quien precisamente acababa de contactarla.

—OK, esto no puede ser una coincidencia—. Agregó la coneja, pasándole el celular al vulpino, quien rápidamente frunció el ceño.

—No, no lo es. Es obvio que la idiotez de Randall lo sacó de quicio, e intenta atar cabos sueltos, es obvio que esta petición de reunión no es más que un intento por solucionar lo que él cree es uno… quizás debas aceptar—. Esgrimió el zorro, antes de ubicar el celular frente a la musaraña, que rápidamente observó el corto correo con la demanda, no petición, sino una demanda de encontrarse cuanto antes.

Asintiendo, la musaraña bufó, indignada, antes de sacar su propio móvil y comenzar a marcar un número.

—Aló, ¿papi? Sí, estoy bien, sí, sí. Papi, escucha, se presentó un pequeño inconveniente, y necesitamos que informes a la Ciudadela. Sí, sé que Nicky puede contactarlos directamente, pero esto es un acto necesario, debemos preservar la formalidad. Ajá, gracias, papi—. Colgando, la pequeña musaraña observó al dúo, comentando—, responde, Judy, dile que en una hora debe estar aquí, no hay más oportunidades. Una vez aquí, será cuestión de dejar en claro a este granuja quien manda por estos lares.

Observando al vulpino, la musaraña agregó:

—Nicky, querido. Sé que tienes a Mortimer en línea, por favor, infórmale de que debe contactar de inmediato a seguridad si el desgraciado decide llegar aquí con sus matones. Alex, Gustav, por favor llamen cuanto antes a nuestra seguridad, los Brown creen que tienen poder, es hora de demostrarles lo que es el poder—. Dicho esto, la diminuta observó atentamente a Judy antes de agregar—, lamento que tome el control de esta manera, Judith. En especial en lo que será de ahora en adelante tu área de familia, pero me temo que aún no poseen los medios para defenderse de grupos como este, un estatuto debe hacerse. Estos mamíferos deben saber que no están jugando con un recién iniciado, sino con familias de renombre. Con el tiempo, WildeHopps tendrá su propio impacto, pero por ahora, permíteme la osadía de tomar control de la situación.

Suspirando, al igual que apretando la mano del vulpino, Judy asintió. Comprendiendo que quizás no tenía otra opción, sin embargo.

—Si me permiten una sugerencia, creo que lo mejor que podemos hacer en estas circunstancias es dejarle esto a la policía, no, escúchenme. Dudo mucho que meras amenazas detengan al sujeto, sobre todo si su familia cree poseer poder alguno en el área. El escándalo será más que suficiente para arruinar su frente financiero, y por medio de mi contacto en la policía, puedo lograr amargarle aún más las cosas… Bogo es un malnacido especista, pero sé que actuará para aprehender a Spotter tan pronto la información esté disponible, el vídeo es más que suficiente para condenar al felino. Así, la policía no tendrá más opción que debernos un favor, los WildeHopps iniciarán su carrera como familia con la policía haciendo el trabajo sucio por nosotros. Sus cuentas legales serán congeladas mientras exista una investigación, las ilegales podremos entonces hacernos cargo, en especial si contactamos al grupo Lemming, si dejamos a los Brown sin dinero electrónico, no podrán emplear sus conexiones para acallar esto, por lo que tendrán entonces que emplear sus reservas físicas, y ese tipo de gasto es algo que no podrán darse el lujo de emplear si tienen que pagarle a sus empleados, los legales e ilegales. Desesperados, cometerán errores, errores que podemos capitular para nuestro beneficio. Haciéndonos no sólo con los locales que Randall ha creado, sino con muchos otros puestos que la familia Brown había estado adquiriendo—. Mirando al zorro, sonrió, viendo que el sujeto aprobaba de su idea, recordando la conversación que habían tenido no hace mucho, por lo que procedió a observar a la musaraña—, ¿Qué mejor advertencia para otras agrupaciones y familias? ¿Qué arruinar a una familia ante la vista de todos, legalmente y sin que puedan hacer algo al respecto? Es quizás una maniobra que no podremos emplear nuevamente, pero… eso no lo sabrán, ¿cierto?

Observando a la coneja, la musaraña no pudo evitar sonreír, satisfecha de lo que había escuchado.

—Querida, creo que nos vamos a llevar muy bien.