11:43pm.

—¡DESPIERTA! —gritó Mabel a todo pulmón prácticamente adentro de la oreja derecha de su gemelo, haciendo que el castaño sobresaltase y se enredase con las sabanas, cayendo al piso.

—Maldita sea, no era necesario que me grites en el tímpano. —masculló molesto Dipper escondiendo sus oídos con la almohada que yacía en el suelo.

—¡No desayunaste! Mamá y papá ya se fueron a trabajar. —avisó y acomodó la cama de su hermano. No si, la que más ayuda pensó Dipper— ¿No piensas almorzar tampoco? —preguntó frunciendo el ceño. Era verdad, si Dipper no comía algo de seguro se desmayaría.

Mabel entró al baño y Dipper se levantó del suelo, pasó sus manos por su rostro y suspiro un poco cansado. Caminó a la puerta del baño para cepillarse y trató de abrirla, pero estaba trancado. Bufó con fastidio y recargó su frente contra la puerta

Hijo, estoy aquí adentro quitándome la pijama. —explicó Mabel desde el baño— ¿O quieres entrar y verme sin ropa? —preguntó.

No hubo dudas en que Dipper se sonrojó, obviamente los dos se habían visto entre ellos sin ropa ¡Pero cuando eran pequeños! Ahora que los dos eran —casi— adultos tenían algo llamado pudor y eso había que respetarlo.

—Apúrate, tengo que cepilla- —apuró Dipper pero fue callado al sentir que se iba a caer. Mabel abrió la puerta sin avisar y ésta se sobresaltó al ver que su hermano iba a caer encima de ella. Gracias a sus reflejos, pudo atraparlo poniendo sus manos en sus hombros, dobló un poco su rodilla derecha para equilibrar el peso de Dipper sobre ella y quedaron cara a cara.

Tan cerca, esa mirada tan… inexplicable.

Mabel parpadeó dos veces y un leve sonrojo se asomó por las mejillas de la castaña.

—A-ahora si puedes ir a cepillarte. —avisó Mabel nerviosa y un par de segundos después Dipper reaccionó y se separó de ella, dándole un permiso a su hermana para salir del baño y entrar el después.

Dipper bajó a la cocina mientras silbaba una canción de ABBA, entró a la cocina y mientras caminaba volteó a ver el sofá de la sala y unas delgadas y largas piernas bailaban arriba del marrón mueble, el castaño le restó importancia a eso y buscó un plato en los gaveteros, un tenedor y un poco de espagueti con carne de una de las ollas.

Caminó a la sala y se sentó en el sofá al lado de su hermana, quien era la persona que tenía sus piernas arriba del sofá mientras vestía una blusa verde de tiros y un short negro.

—¿Qué es? —preguntó Dipper refiriéndose a la televisión, con la boca llena de espagueti mientras la comisura de sus labios se llenaba de carne con salsa

—No lo sé, puse ese canal hace rato y lo que tengo entendido es de un niño gordito que tiene una gema en el ombligo y vive con una enana morada, una alta pálida y una grande mujer roja. —explicó con un tono dudoso y frunció el ceño.

—Ah. —pasó su dedo índice por la comisura de sus labios para comerse la carne que se escapaba— coloca otra cosa. —mandó con espagueti en la boca.

Mabel lo miró con los ojos entrecerrados y agarró el control que estaba tirado en su vientre y lo apuntó a la televisión, colocando su pulgar en un número y rápidamente en otro.

—¿Noticias? —preguntó Dipper confundido al ver el canal nacional de California. Mabel no era de ver noticias, siempre decía que eran aburridas.

Una mujer morena de cabello corto se presentaba en la pantalla con un micrófono, de fondo estaban más personas y un cadáver sobre un charco de sangre. Mabel abrió los ojos un poco sorprendida y le subió el volumen.

—"…la joven Amy Schumer fue asesinada por dos balas en el pecho adentro de su casa esta madrugada, los vecinos comentan que escucharon gritos desde su casa pero no fue por mucho tiempo, al final los gritos cesaron como si nada hubiese pasado. Las cámaras de la urbanización donde vivía muestran imágenes de una persona alta que caminaba a paso lento en dirección a la casa de la señorita Schumer. No se puede obtener mucha imagen del asesino ya que usaba una chaqueta con capucha negra y probablemente una máscara del mismo color."

Mabel hizo un gesto de escalofrío y cambió de canal, se había arrepentido de haber puesto las noticias.

—Brutal. —espetó sorprendido el castaño. Se levantó del sofá y caminó a la cocina para dejar en el lavabo su plato.

¡Brobro! ¿Y si vamos a comprar unas donas en la pastelería? —preguntó Mabel mientras se acomodaba en en sofá y lentamente sintió una punzada en la cabeza— Ow, estar mucho tiempo de cabeza sí que jode eh.

—¡Esas palabras niña! —regañó Dipper y la castaña bufó— Okay, ve a acomodarte, iré a buscar el dinero.

Mabel chilló alegre y se levantó del sofá, corriendo a las escaleras y subiéndolas de dos en dos mientras las pisadas descalzas sonaban en los oídos de Dipper. El castaño tenía pereza de subir a su habitación y buscar dinero, así que volteó a ver el pasillo y caminó hasta el final, abriendo la puerta de la habitación de sus padres.

Era la típica habitación principal de la casa donde los padres adueñaban de ese espacio, la mejor vista al jardín, la mejor cama y el mejor baño, pero Dipper no estaba parado ahí para envidiar aquella habitación. No quería perder tiempo y sólo caminó al escritorio de su padre, papeles, facturas, lápices y carpetas reinaban aquella mesa de madera y Dipper buscó entre las gavetas a ver si había dinero y afortunadamente consiguió dos billetes de cincuenta dólares, chasqueó con la lengua y los agarró para doblarlos y guardarlos en el bolsillo de sus bermudas. Iba a cerrar la gaveta pero una foto se asomaba entre aquellos libros, el castaño estiró su mano y atrapó la foto entre sus dedos, sacándola de la gaveta.

No era nada más ni nada menos que la foto de El día de la foto. [yo explico las vaina s] No recordaba mucho ya que fue hace más de once años y su mente en ese momento le fallaba para ese recuerdo. La foto mostraba una escena graciosa y tierna: Mabel y Dipper con seis años sonrientes, Dipper tenía en su mano izquierda una máquina de afeitar mientras su brazo derecho rodeaba los hombros de Mabel y los dos tenían en su cabeza una raya afeitada, como si de un loco peluquero se tratase.

¿Qué haces allá? —preguntó una voz femenina desde la sala y Dipper se sobresaltó, alzó la vista y vio la pequeña silueta de Mabel en la sala con sus zapatillas negras.

—Ah, busco dinero. —dijo honesto y guardó la foto en su bolsillo y cerró la gaveta.

Salió de la habitación y cerró la puerta detrás de él, Mabel ya estaba esperando afuera con las manos en su cintura. Dipper salió de la casa y cerró la puerta con llave, empezando a caminar.

La trayectoria fue normal, hablaban de las aventuras que pasaron en Oregon junto a sus tíos abuelos y esos romances veraniegos que al fin y al cabo nunca funcionaron, nunca faltaban los chistes malos de Mabel y las canciones cantadas por Dipper de la banda ABBA.

—Hey, Dipp. Lamento lo que pasó en el baño, ya sabes… debí avisar cuando iba a abrir la puerta. —se disculpó mientras movía las manos, tratando de buscar las palabras adecuadas.

—No te preocupes. —rió— no debí colocar mi frente ahí… supongo.

Un silencio sepulcral inundó el espacio entre ellos pero eso se acabó al llegar a la pastelería, Dipper le dio el dinero a Mabel y ésta entró, le hizo señas a su hermano para que entraba pero este negó amable, quedándose afuera del local.

—¡Eli! —saludó contenta Mabel acercándose al mostrador, reposando sus brazos cruzados.

—¡Mabel, cielo! —respondió sonriente la señora pelinegra— ¿Desde cuándo no vienes? ¿Dos semanas?

—Una semana, Elizabeth. —corrigió con gracia— Las pruebas finales me tenían desesperada y no me daba tiempo de venir por mis donas. Nunca te dejaría eh.

—Eres mi clienta desde hace tres años, nunca te defraudaría. —alagó amable. Se agachó un poco y sacó una caja mediana y blanca, dejándola delante de Mabel.

—Muchas gracias Eli. —agradeció emocionada, volteó a ver la fila donde tenía que pagar y bufó con fastidio. No era una fila, era LA fila.

—¿Por qué no esperas sentada a que baje la fila? —aconsejó Elizabeth y Mabel chasqueó la lengua dudosa.

—Okay. —respondió y se puso de puntitas a ver si había una mesa vacía, desgraciadamente todas estaban llenas, pero solo había una silla disponible en una mesa.

Pero la mesa estaba ocupada.

No tenía opción así que sólo se acercó a la mesa y se sentó, sin soltar su caja de donas.

Dipper seguía afuera, sentado en una de las mesas, su vista era un poco incómoda: un niño de seis años con tremendo helado, chorreando en su blanca camisa, un bebé llorando y una niña comiendo una dona sin servilleta. Ew. Seguía esperando a su hermana para ya irse a casa otra vez, la idea de estar mucho tiempo fuera de casa no le agradaba.

Y esperaba.

Y esperaba.

¿Tanto le costaba comprar unas donas?

Asomó su vista al local y la fila no estaba tan larga, había disminuido desde que llegaron, decidió entrar y buscó con su mirada a su gemela, un par de mechones sobresalientes de una cabeza la delataron y caminó hacía ella.

Mabel se encontraba sentada en una mesa con una caja blanca en sus manos mientras charlaba con alguien alegremente.

Tan solo era un rubio alto que reía junto a su hermana ¿Adivinen quién volvió? Pues claro, los celos "de hermano"

Mabel notó su presencia y alzó la vista mientras reía.

—Hola Dipp. —saludó inocente y Dipper frunció el ceño.

—Lo s-siento, ¿Es tu novia? —preguntó incómodo el rubio y los gemelos negaron rápidamente.

—Es mi hermana, ¿Quién eres tu? —preguntó seco el castaño y Mabel se tensó.

—Sólo la acompaño, yo espero a mi novia. —contestó en un tono molesto el rubio.

Dipper cambió su rostro de molesto a avergonzado y sólo se limitó a agarrar la caja con una mano y la muñeca de su hermana con la otra mano. Los cien dólares estaban arriba de la mesa y solo haló a Mabel, alejándola de la mesa y dejó el dinero arriba del mostrador. Por suerte, no había mucha gente en el local.

—¡Eli, el dinero está en el mostrador por las donas de Mabel! —avisó en voz alta Dipper y salió del lugar, sosteniendo todavía a las donas y a su hermana.

Mabel estaba avergonzada por cómo se comportó su hermano, se sentía como un objeto por cual él peleaba. Cuando se alejaron del local se zafó de su agarre y se paró delante de él, obstruyendo su paso.

—¿¡Qué coño te pasó allá!? —preguntó histérica con sus manos en su cintura.

No obtuvo respuesta, Dipper se limitó a levantar los hombros y Mabel chilló molesta. Afortunadamente Mabel tenía sus llaves y la casa ya estaba cerca, así que comenzó a correr y Dipper bufó con gracia.

Dipper llegó a casa también y sacó sus llaves del bolsillo, cuando introdujo la llave no coincidía con la cerradura, la llave que tenía una estrella marcada con marcador era la llave para esa puerta, bajó la manija pero estaba trancado también, sacudió la manija y no hubo resultado.

—¡Quita las llaves de la cerradura!

Oblígame. —retó Mabel desde el otro lado y Dipper alzó las cejas sorprendido.

—¿Ah, sí? ¿De qué son las donas? Quisiera probar la de chocolate con chispas de arcoíris. —comentó y abrió la caja.

Mabel abrió los ojos como platos y quitó la cerradura de la puerta, abriéndola y quitándole la caja de donas, trató de cerrar la puerta otra vez pero algo obstruía su acción, bajó la vista y era el pie de Dipper, éste empujó la puerta y entró a casa, mirando a Mabel con confusión y tristeza.

—¡Déjame sola! Sigo molesta contigo. —espetó y giró sobre sus talones para irse a su habitación pero su acción fue en vano al sentir que la agarraban por la muñeca— ¡Suéltame! —ordenó halando su brazo pero Dipper apretó más su muñeca— ¡Eso duele, maldito! Primero me haces pasar pena en frente de docenas de personas ¡Y ahoras no quieres soltarme! ¿Qué es lo que te pasa?

—Y-yo sólo…

Dipper tenía la respuesta en la lengua ¡Tenía miles de razones! Pero sabía que si lo decía, iba a ser incómodo, tres palabras tal vez puedan cambiar una que otra cosa, pero honestamente, a Dipper no le agradaba del todo que a Mabel se le acercaran chicos y les hicieran daño, sabía perfectamente que su hermana era una risueña y enamoradiza y le molestaba la idea de verla llorar

O incluso le daba miedo..

—No quiero perderte.

Mabel no sabía qué decir y cómo reaccionar ¿Qué acaba de decir?

—¿De qué estás hablando? ¡Sólo hablaba con ese chico! —masculló confundida Mabel— En serio, estás actuando raro, me das miedo.

Finalmente se zafó de su agarre y lo miró furiosa, dio una vuelta y subió a su habitación con sus donas en mano mientras su hermano veía como su silueta desaparecía y el ruido de las zapatillas pisadas de hacían menos audibles, escuchando finalmente un puertazo.

Holaaa, feliz año nuevo! Perdón por subir tan tarde pero la computadora que usaba para escribir se dañó y uso la de mi padre, espero que entiendan. los quiero!