Los habitantes que dormían en aquella casa estaban durmiendo plácidamente sin ningún ruido molesto o sospechoso. En el cuarto de los hermanos, Dipper roncaba como si no hubiera un mañana mientras su hermana mayor abrazaba su unicornio con cuarenta y seis accesorios, el detalle era que su cara no mostraba descanso sino que mostraba preocupación y miedo. Tal vez esté teniendo una pesadilla, a Mabel nunca le pasaba eso de tener sueños malos.
Estás pecando… y lo sabes…
La castaña gruñó y escondió su rostro en su unicornio de felpa, pero eso no funcionó.
Eres una niña mala ¿Qué pensarán tus padres?
Esa voz sonaba en su subconsciente como si de un susurro a los lejos se tratase, quería moverse de la cama y despertar, pero no podía, como si algo o alguien la detenía a abrir los ojos. Trató de mover sus piernas pero solamente una respondió mientras la otra era ahorcada por la madera de las dos camas, rápidamente abrió los ojos y le daba gracias a Dios que la tenue y brillante luz de la luna entraba a su cuarto en su más espléndido resplandor.
Se sentó en la cama y lentamente sentía que ya no sentía su pierna, se había dormido y un hormigueo se hacía presente internamente, miró a su izquierda y estiró su mano al hombro de Dipper, lo sacudió pero no obtuvo respuesta.
-Dipper… despierta… -susurró y llevó su otra mano al mismo hombro- Oye despierta, mi pierna se atascó.
Afortunadamente despertó –pero con mal humor-. Miró a su derecha y frotó sus ojos con los nudillos de sus manos mientras se apoyaba de la cama con sus codos.
-Qué quieres. –espetó en forma de pregunta y Mabel señaló su pierna- Mueve la cama.
-¿Cómo quieres que mueva la cama si mi pierna se atascó, animal prehistórico? –preguntó irónica y su hermano respondió con una risa silenciosa. Tal vez por el apodo que le había puesto.
Dipper gruñó y se sentó en su cama y con una mano agarró su rodilla y con la otra su muslo, Mabel abrió los ojos como platos y el fuerte sonrojo que tenía en sus mejilla se notaba de ahí a China. Dipper contó hasta tres y la castaña haló su pierna, sacándola de ahí.
-Gracias. –musitó y sonrió con sus labios, Dipper hizo unas señas extrañas con sus manos y se volvió a acostar, Mabel hizo lo mismo y los dos cayeron en el quinto sueño otra vez.
…
El sol había amanecido y el menor se despertó lentamente, no era por los rayos del sol o por los malditos martillazos que estaba dando el vecino de al lado… Bah, a quién engaño, si era eso.
Giró a la derecha y vio que la cama de su hermana estaba vacía, frunció el ceño levemente y pensó que estaba en el baño pero no era así, no provenía ningún ruido de ahí. Para asegurarse, se levantó de la cama y caminó a la puerta del baño y tocó tres veces. No obtuvo respuesta y dudó dos veces si abrirla de golpe o tocar otra vez. Optó por la primera, abriendo la puerta pero con sus ojos cerrados, no escuchó a nadie y abrió su ojo derecho y después el izquierdo. No estaba Mabel y eso le empezó a preocupar un poco.
Salió del cuarto y bajó al primer piso, en la cocina no estaba y tampoco en la sala, todo estaba en un silencio sepulcral ¡Y los malditos martillazos no cesaban! Dipper estaba entre matar al vecino o desesperarse y entrar en crisis por no conseguir a Mabel.
-¿Mabel? –preguntó en un grito y quebró aquel silencio, pero nadie respondió.
Resopló irritado y pasó sus manos por su rizada y castaña cabellera, corrió hacía la puerta principal y la abrió. No había nada paranormal, solo autos pasando, personas caminando en la cera y pájaros que volaban por los aires. Volvió a entrar a la casa y caminó hacía la habitación de sus padres, la abrió y una tibia brisa abrazó su cuerpo, todo estaba ordenado.
Pero no estaba Mabel.
Lo último que pensó fue el patio trasero, caminó a la cocina y abrió la puerta y caminó hacía el patio. Unas risas femeninas se escucharon desde el otro lado de la acera que separaba su casa por el vecino trasero. Siempre él pensó que ahí no vivía nadie, nunca escuchaba a alguien en esa residencia pero se tragó sus palabras.
Una de las risas era la de su hermana: viva, tierna y escandalosamente alegre. Se asomó entre las tablas de madera y ahí estaba, nadando en una mediana piscina mientras charlaba con una adolescente pálida, pequeña y de cabello rubio-cenizo amarrado en dos coletas, que se encontraba sentada debajo de un árbol. El castaño buscó algo alto cerca, miró a los lados y el contenedor de basura fue su salvación, lo rodó hasta chocarlo con la cerca y se subió arriba de eso. Su vista fue más clara: Mabel nadaba hasta lo hondo, iba hacía el oxígeno y bajaba la vista, parecía que estuviera buscando algo. Dipper se inclinó más sobre la cerca y era extraño que nadie lo viese, se inclinó un poco más pero su vista falló. Mala idea, ya estaba desparramado en el suelo y dos jadeos de sorpresa se hicieron presentes, unas pisadas descalzas se acercaban a Dipper y éste levantó la vista, encontrándose con unas piernas mojadas, al igual que un short azul, un torso y un top rojo con un lazo azul entre las copas.
-¿Te quedarás ahí tirado? ¡Ven! Quiero presentarte a alguien. –exclamó su hermana alegre y le tendió la mano, Dipper aceptó y comenzó a caminar alrededor de la piscina. Su vista no era la mejor pero era linda. La espalda –casi- descubierta de su hermana –si no fuera por su mojado cabello tapándolo- y su delgado cuerpo semidesnudo, eran las pocas veces que la había visto con traje de baño.
Era obvio que se veía hermosa.
-Ella es Emma, es nueva en California y me invitó esta mañana a estrenar su nueva piscina –sonrió y la rubia-ceniza alzó la vista.
Unos lentes Ray Ban con el estilo de aviador le tapaba sus ojos, su pequeño y delgado cuerpo hacía que ella aparentase de quince años, pero tal vez tenga dieciséis o diecisiete. Colocó los lentes arriba de su cabeza y con una seria mirada miró al castaño, éste parecía incómodo y miró a los lados pero Emma carcajeó unos segundos después y le estiró la mano, Dipper aceptó un poco nervioso mientras sonreía.
Aunque parecía más una mueca.
Dipper pensaba que había visto ese rostro en algún otro lado, su nombre resonaba en sus pensamientos mientras trataba de descifrar si era otra persona o era exactamente esa chica que escribió su email en su brazo hace cuatro años y que iba a tener un hermano pronto.
-¡Perdón! ¿Te asusté? –preguntó y Dipper negó con la cabeza. Su voz era aguda y dulce- De verdad, lo siento, soy nueva aquí y no sé cómo tratar a las personas. –se disculpó con una pizca de tristeza- ¿Eres hermana de Samuel?
-Emma… te lo he repetido miles de veces… ¡Mi nombre es Mabel! ¡No Samuel, ni papel, ni mantel! –regañó y su hermano rió- ¿Por qué te ríes? Ven y ayúdame a buscar una moneda que tiré hace rato.
Rápidamente la mayor empezó a correr hacía la piscina y se lanzó al agua, salpicando a su amiga y su hermano. Después de unos segundos, salió del agua y apoyó sus brazos n la orilla de la piscina para esperar a su hermano, Dipper suspiró y se quitó la camisa para correr a la piscina y lanzarse también.
-¿No tienes nada en los bolsillos? –preguntó la mayor y Dipper abrió los ojos como platos, tocó sus mojados bolsillos y suspiró aliviado.
-No tengo nada. –sonrió.
…
La mañana pasaba lenta, habían pasado unos treinta minutos donde la rutina de los hermanos Pines era: nadar, buscar la puta moneda, ir hacia arriba y mirar hacia abajo.
-¿Nada? –preguntó el menor mientras pasaba sus manos por su cara.
-Nada. Qué desgracia. –bufó la mayor y chasqueó sus dedos bajos el agua- ¡Mira esto! Que divertido. –rió y siguió chasqueando los dedos bajo el agua mientras miraba como el líquido saltaba un poco.
-¿Y si nos rendimos y hacemos una competencia de quién dura más tiempo bajo el agua?
Mabel sonrió con malicia al escuchar esa propuesta, siempre le ganaba a su hermano en esa competencia y eso la alegraba un poco. Mabel asintió emocionada y Dipper contó hasta tres, hundiéndose hasta la cabeza. Los dos abrieron los ojos y se saludaron con las manos, los rayos del sol brillaban sobre la gruesa cabellera de su hermana, su respingada y roja nariz y sus achinados ojos por sus mejillas llenas de aire –agregando que sonreía-. Dipper abrió un poco los labios sorprendido: nunca en su vida había visto a su hermana de esa manera, tan alegre, simpática y hermosa. Poco a poco el oxígeno era más necesario pero ellos podían aguantar –especialmente Mabel-, un impulso por parte del menor hizo que se acercara a su hermana, no sabía qué coño hacía pero por una extraña razón no quería parar. Mabel frunció el ceño y retrocedía poco a poco, la cerámica de la piscina chocó contra la espalda de la mayor y esto fue el colmo para ella… pero para el menor era una afortunada oportunidad para admirar su rostro, miró sus labios y levantó lentamente su mano derecha y la dejó caer sobre su mejilla mientras su brazo izquierdo acorralaba a su hermana a los lados de su cuerpo.
Por otro lado, Mabel no hacía nada y sólo miraba ese gesto de caricia de parte de su hermano pero eso no duró mucho, abrió su boca intencionalmente en busca de oxígeno pero su intento obviamente fue el vano, tragó agua y trató de salir del acorralamiento de parte de su hermano, pateando su torso y nadando hacía la luz.
Emma estaba tranquila jugando Roomy con sus cartas pero su ambiente –casi- en calma fue interrumpido por la tos agitada de Mabel. Rápidamente se levantó del césped y la ayudó a salir de la piscina, se sentó en la orilla y sintió una gruesa tela cubrir su espalda y hombros, sonrió por aquel acto de la rubia-ceniza y abrazó sus piernas mientras su mandíbula y dientes temblaban.
-¿Qué te pasó? –preguntó confundida Emma con una pizca de preocupación.
-¿Tienes un baño? –desvió la otra pregunta y Emma frunció el ceño levemente. Asintió y la ayudó a levantarse de la cerámica mientras enrollaba su brazo izquierdo con el brazo derecho de Mabel para comenzar a caminar a la entrada trasera de la casa de la rubia-ceniza.
¿Y Dipper? Tratando de asimilar qué había hecho y por qué lo hizo, un impulso tal vez, un pensamiento quizás.
Un sentimiento, puede ser.
…
La mañana había pasado fugaz –al igual que el mediodía y la mitad de la tarde-. Desde la acción de Dipper en la mañana en la piscina, los gemelos Pines no habían cruzado ninguna palabra, era extraño que su madre no notase eso en el almuerzo cuando ella siempre sabía que sus dos hijos eran inseparables. No quiso preguntar, se limitó a verlos sin decir una palabra.
Hablando de aquella mujer, había llegado temprano del trabajo y eso era extraño para Dipper y Mabel, casi siempre llegaban a las seis o siete de la tarde, pero hoy quizás fue una excepción: se encontraba cocinando un delicioso pastel de chocolate mientras su compañía era su hija y la nueva vecina.
-Ronda. –titubeó Emma y lanzó un uno a la mesa, acompañado de un dos, tres, doce y cuatro en la mesa. Sonrió lasciva, mientras chocaba sus dos cartas restantes entre sí.
Mabel no dijo nada, mordió su labio inferior mientras sonreía y con una carta en mano, robó el uno que habían lanzado anteriormente y el dos, tres y cuatro.
-No puedes dejar mesa. –aconsejó la rubia-ceniza y con un doce en mano, quitó lo que restaba en la mesa, ganando un cuatro mesa.
Mabel bufó decepcionada de si misma y tiró las cartas a la mesa mientras veía como su ganadora contrincante bailaba con una sonrisa en mano.
-¡Má! ¿Está listo el pastel? –preguntó y golpeó la mesa con sus puños con un gesto de hambrienta.
-Todavía no, cielo. –respondió y su hija gruñó hambrienta.
Pasos descalzos y rápidos se escuchaban desde las escaleras, la silueta de Dipper se hizo presente mientras bajaba de dos escalones a la vez y corría en dirección a la sala con una caratula nueva de videojuego en manos.
-Hey, hermano de Mabel. –llamó Emma y Dipper volteó- ¿Quieres jugar cartas?
Dipper miró su caratula y después miró como Emma pasaba su delgado dedo por la orilla de las cartas con una sonrisa inocente. El castaño se encogió de hombros y tiró la caratula al sofá, se acercó a la mesa y se sentó al lado de Mabel –ya que sea estaba delante de Emma-. Mabel miró a Dipper de reojo sin ningún gesto presente: -Má, te ayudaré a hacer el pastel.- Esa fue la excusa perfecta para levantarse del sofá y dejarlos solos.
-Nunca me dijiste tu nombre. –murmuró la rubia-ceniza.
-Dipper, Dipper Pines.
Al pronunciar ese nombre y el apellido Emma dejó de barajear las cartas, miró a un punto perdido de la mesa y un leve rubor se hizo presente, al igual que una inevitable sonrisa que quiso tapar con sus manos.
-Te prometo que a la próxima te doy mi correo en un pedazo de papel. –dijo entre risas y Dipper rió.
-¿Emma Sue? –preguntó con gracia y Emma asintió y siguió con su trabajo de las cartas- Dios, has crecido demasiado. La pubertad te golpeó de una manera hermosa.
-Ah, g-gracias. –agradeció por el cumplido y la partida de cartas había comenzado.
En realidad Mabel no estaba en la cocina, sólo estaba en su habitación con su teléfono hablando con sus amigas. Tampoco es que tenías ganas de hablar con alguien, tenía algo en la cabeza que no la dejaba pensar en otra cosa que no sea Dipper y Emma –más en su hermano que en su nueva amiga-. Siempre había visto a Dipper con sus amigos en la escuela, por teléfono e incluso en persona pero… al verlo con una chica la hacía sentir que debía separarlos, que no debían ni hablar.
No eran celos fraternales, eran otro tipo de celos.
"Chicas, de verdad no estoy de humor de hablar. Me siento mal." Esa fue la excusa perfecta para dejar de hablar con ellas y cerrar el WhatsApp. Tenía un número guardado desde hace cuatro años y nunca le envió un mensaje o ni siquiera lo llamó ¿Será que cambió de número? Lo dudó, la obsesión que tenía él por ella era inexplicable, tal vez tenga el mismo número. Necesitaba desahogarse, y tal vez él sea la persona indicada.
El contacto estaba con la G, presionó aquella consonante y el único contacto que tenía por esa tecla apareció, viendo el nombre de Gideon.
Holaaa, perdón por dejar de actualizar desde enero (?) pero he estado ocupada con otra fic que tengo en wattpad y las evaluaciones de la escuela. ¡Bienvenida sean las personas que leen mi fic! Se los agradezco, de verdad 3.
Me alegraría bastante saber qué quieren que cambie de la fic –ya sea la forma de narrar u otra cosa- tomaré en cuenta aquellos consejos para escribir mejor, y si quieren, pueden dejarme preguntas y las responderé en el siguiente capítulo. También me gustaría saber qué quieren que agregue en la fic, ya sea cosas que pasen entre Emma, Dipper y Mabel ewe.
Yo me despido, espero que les guste este capítulo, ¡adiós!
