Emma cerró la puerta del patio y suspiró con pesadez mientras su rostro no mostraba ninguna emoción. Las risas de un pequeño niño resonaron de manera agradable en sus oídos y sonrió. Todo lo que estaba haciendo valía la pena, para ella; para su madre y para él. Pero sabía perfectamente que todo saldría mal, no podía echarse para atrás después de tanto esfuerzo. Tenía que seguir adelante.
-¡Emma! -exclamó Jack, su hermano mientras corría con sus brazos abiertos hacía su hermana, ésta se agachó a su altura para también abrazarlo con fuerza, sintiendo su ropa holgada- ¿Dónde estabas? Mamá te buscó toda la tarde.
-Conocí a unos nuevos amigos. Nada del otro mundo. -explicó. Miró a su hermano con el ceño fruncido y preguntó; -¿Por qué corrías? Tienes que mantener reposo.
Jack hizo una mueca graciosa y miró a su hermana, ésta solo mantenía su mirada seria esperando una respuesta; -Perdón. -fue lo único que dijo y rió. Se volteó en sus talones y caminó con delicadeza a su cuarto. Emma se levantó del suelo y camino a la cocina para encontrarse con su madre que hacía la cena, la abrazo debajo de sus brazos y poso su mentón en su hombro.
-¿Quién era ese muchacho? -preguntó mientras se separaba de ella para buscar los platos.
Emma se quedó estática por su pregunta. Quiso decir algo pero los nervios la carcomían viva. Abrió la boca para decir algo pero se retractó, cerrando sus labios y limitándose a verla.
-Un amigo, mamá. Tenía más de cuatro años que no veía desde que fuimos a Oregón de turismo.
-¿Lo conocías? Dudo que "amigos" se den un abrazo de diez segundos y un beso en la mejilla en medio de la oscuridad en el patio. -espetó con gracia y caminó con dos platos en mano hacia la mesa y regresó a la cocina.
-¿Nos vistes? -preguntó avergonzada y saco de las gavetas tres vasos y de la nevera un jugo de piña. Camino al comedor y audio a arreglar la mesa.
-La ventana de la cocina sirve para algo ¿No? -rió con gracia.
Emma estaba roja a más no poder, pero creía que había cosas más importantes de que hablar y preguntó en un murmuro; -¿Y cómo ha estado Jack? Ya sabes... su leucemia...
Su madre suspiró melancólica y miró a su hija con preocupación, negó con la cabeza y respondió; -El doctor me dijo que la leucemia había avanzado y... -hizo una pausa y un leve sollozo se le escapó de los labios- Ya no tengo dinero para pagar sus consultas ni sus medicamentos. Yo... -su voz se cortó en pedazos y su vista se nubla por las saladas lágrimas que yacían en sus ojos. Los cerró y sus mejillas se humedecieron y pudo sentir una suave mano en su hombro y un beso en su cabeza.
-Mamá, no te preocupes. Mira; -se separó de ella y se sentó en otra silla, agarró sus manos y la miró con una sonrisa, triste pero optimista- Si quieres consigo un trabajo de tarde desde julio hasta los finales de agosto y ahorraré dinero y te ayudaré ¿Vale? No te des por vencida, Jack solo tiene cuatro años, te prometo que todo mejorará.
La respuesta de su madre fue una sonrisa, Emma comenzó a comer -al igual que su madre- y su hija preguntó; -¿Qué hora es? -tenía una pequeña idea perro quería estar segura ¡Él iba a llamar y ella no podía faltar! Termino su cena y movió su plato.
-Diez y media ¿Por qué? –preguntó curiosa.
Emma abrió los ojos sorprendida y terminó de beberse su jugo de piña en un santiamén y corrió a su cuarto.
El cuarto de la rubia ceniza no era muy espacioso; una cama rosa, una ventana que era tapada por una cortina blanca, un closet de madera de pino y un pequeño escritorio con libros escolares y otras diversas cosas y cuatro paredes blancas que mantenían aquellas cosas adentro de la casa. Quitó su almohada y sacó su laptop, corrió a su escritorio mientras abría encendía su portátil. Con un golpe seco como el pavimento, colocó la laptop en el escritorio y esperó a que se iniciara.
No fue de esperarse; un hombre de tez pálida con cabello blanco en forma de un extraño y peculiar copete apareciera. Vestía una camisa negra con un chaleco azul y de sus caderas hacía abajo era un misterio porque él estaba sentado. No hacía nada malo, tampoco miraba a Emma con reproche o furia como si de un jefe se tratase, sólo lanzaba al aire una pelota de goma y ni siquiera se dio cuenta de la presencia de Emma.
Se limitó a carraspear su garganta y el chico de tez blanca con mejillas rosadas volteó con una sonrisa fría.
-Pensé que no llegarías. –comentó con gracia y dejó su pelota en la mesa. Puso un codo en la mesa y apoyó su rostro con su mano, aplastando su mejilla y ladeando la cabeza- ¿Dónde están ellos? Dame toda la información
-Viven junto con sus padres, calculando por sus apariencias físicas y sus actitudes tiene una buena salud… -hizo un gesto pensativo y agarró aire para seguir hablando- los dos tienen diecisiete años y terminaron la secundaria. No tienen pareja ninguno de los dos y dudo que estén enamorados.
-¿No hay nadie más en la casa? –preguntó con curiosidad sin mirar la pantalla.
-No, señor Alegría. –negó con firmeza.
-¡Por favor! Sólo dime Gideon. Tenemos la misma edad, guapa. –alagó coqueto y le guiñó el ojo. Emma rodó los ojos asqueada y resopló.
Un sonido repetitivo provenía de la llamada de Gideon y éste, fastidiado, alzó su brazo y alcanzó su teléfono. Respondió con un "Habla Gideon" frío y curioso. Su mirada no mostraba ninguna emoción pero eso duró poco, se enchasó una gran sonrisa de tonto enamorado en su pálido rostro y suspiró feliz.
-¡Mi terroncito de azúcar! Tiempo sin escuchar tu angelical voz resonar en mis tímpanos. –alagó con dulzura y miró a Emma juguetón mientras señalaba el teléfono y subía las cejas. Pasaron unos minutos más y él habló nuevamente- ¿Quieres hablar nuevamente? –miró serio a Emma y ésta se limitó a arquear una ceja- E-estoy ocupado mi ángel, llámame mañana ¿Vale? Te debo ésta. –excusó inocente y trancó la llamada.
-¿Quién era? –preguntó ella y se recostó en la silla, relajada.
-No eres mi novia como para que me preguntes eso. –comentó con un tono machista- Es el amor de mi vida. –respondió orgulloso.
-Pensé que usted no sentía nada; joven Gideon. –dudó la chica y rió- ¿Cuándo me dará mi parte? Estuve todo este maldito día buscándolos.
-Pero no me dijiste eso. No te preocupes, mañana recibes tu pago.
-Espero que sea bueno, necesito el dinero urgentemente.
Gideon mordió su labio inferior y miró con desprecio y lástima a Emma. Suspiró y susurró; -¿Te das cuenta que él no sobrevivirá mucho, no?
-Cállate… -mandó y un nudo se originó en su garganta, esperando el primer sollozo para que su presencia sea destacable entre las lágrimas de la rubia ceniza- S-sólo… dame el dinero y comenzaré la segunda fase.
-Bien. –respondió seco Gideon, como si su empatía se hubiese desvanecido o congelado- Quiero a la chica, que su hermano se vaya al carajo.
Emma asintió y trancó la videollamada, soltó un sollozo y el nudo en la garganta se desató, sintiendo sus lágrimas saladas recorrer sus mejillas. Ocultó su rostro en sus brazos en el escritorio y las ganas de dejar de existir se iban haciendo más grande. Su vida se estaba yendo al barranco y pensar que su única salvación era un mafioso que le había pagado por más de cuatro años solo por perseguir los rastros de un par de gemelos. Una acosadora de mierda es lo que soy pensó decepcionada de sí misma. Se secó las lágrimas con sus muñecas y salió de su cuarto con cautela. Todo estaba oscuro y encendió la luz del pasillo y caminó al cuarto de su hermano, abrió la puerta lentamente y lo primero que pudo escuchar fue el fastidioso tanque de oxígeno ayudando a Jack a respirar. Se acercó a su cama y lo empujó un poco para hacer un pequeño espacio y acostarse con él, abrazándolo para no caerse al suelo. Empezó a acariciar su rubia cabellera y besó su cabeza; -Saldrás de ésta, te lo prometo.
…
Mabel miraba el techo mientras parpadeaba lentamente y pensaba qué hará ahora ¿Estará listo el pastel? Pensó e inhaló aire, esperando que una brisa achocolatada invada sus fosas nasales y no es que tampoco esperaba eso… pero no olía nada. ¡Ni siquiera Gideon quería hablar con ella! Pensaba que este día planeaba una conspiración contra ella y el puto postre era la salvación. Lo único que se ocurría en su vacía mente era ver televisión en la sala y hacer zapping*, se levantó de su cama y agarró su almohada y su sábana y tal vez lo mejor sería dormir en la sala y no dormir en la misma habitación con Dipper, se de seguro se encadenaría hablando de la niñita de las coletas.
Salió de su cuarto y trancó la puerta con su mano libre –ya que la otra sostenía su almohada y sabana- y bajó las escaleras… una mala elección. Dipper subía las escaleras cabizbajo y chocó con Mabel. Subió la mirada y la miró de pies a cabeza –aún más las cosas que tenía en mano-. Frunció el ceño y preguntó; -¿A dónde vas?
-A la sala ¿Puedo? –pidió "permiso" incrédula y trató de quitarlo del camino. Dipper resopló fastidiado e irritado y agarró de la muñeca a su hermana- ¿¡Qué haces!? ¡Suéltame! –exigió y trató de librarse de su agarre.
El castaño no tenía otra opción, clavó sus cortas uñas en las venas de su muñeca y Mabel soltó un quejido alto, Dipper le tapó la boca y la empujó hacía una de las paredes de ese estrecho pasillo, acorralándola. Hizo un gesto con su dedo índice para que se callara y Mabel asintió frenéticamente mientras miraba sus ojos color miel y esa perfecta pero casi desarrollada barba. Hipnotizada por su… ¿Magia? ¿Atractivo? Se le había olvidado que estaba siendo acorralada por los brazos de su hermano, sintiendo su respiración en su rostro mientras el ambiente se volvía tenso y caliente y quizás incómodo pero adictivo, viendo como un par de centímetros insignificantes separaban sus rostros.
El castaño quitó su mano de la boca de la mayor y bajó su pulgar por sus coloradas mejillas y sus finos y rosados labios… esos hermosos labios, que sería un gran pecado tocarlos con los de él. Tomó su mejilla con su mano y susurró; -Yo sé qué te pasa, Tú sabes que nos pasa.
-N-no sé a qué te refieres. –mintió firme y desvió la mirada.
-¿Y por qué no me miras? Mientes. Siempre evitas "ese" temita de año nuevo. ¿No quieres hablarlo de gemelo a gemelo?
-¿En el pasillo? Gran idea. –felicitó incrédula.
Una voz femenina –un poco dormida- y mayor resonó en aquel silencioso y tibio ambiente. Era su madre, preguntándose quién demonios había gritado y golpeado sus paredes de arriba en medio de la noche a las once de la noche. Dipper jadeó sorpresivo y le daba gracias al destino por haber tenido la puerta de su habitación abierta, así que la abrió completamente y empujó a Mabel al cuarto, dejando caer al suelo su sábana y almohada. Dejándola en medio de la oscura habitación, el menor se acostaba como flash en su cama y se escondía entre sus sabanas.
-¡Vete a tu cama! –"susurró" Dipper y Mabel ni siquiera reaccionó a su mandato, sólo se quedó ahí parada y confundida al estar tan histérica… Pero era muy tarde, su madre abrió la puerta y preguntó adormilada;
-¿Mabel? ¿Qué haces a esta hora despierta?
-Estaba en el… -miró la cama de su hermano y éste estaba de espaldas, tapado por su sábana hasta el cuello- En el baño. –mintió y sonrió.
-Tu sábana y tu almohada estaban en el pasillo. –dijo curiosa mientras sospechaba de su voz (casi) temblorosa. Mabel titubeó un poco.
-Quería dormir en el pasillo. Últimamente la espalda me duele mucho y pues… he leído en internet que el suelo hace que tu columna vuelva a estar derecha. –excusó. Su madre tenía las cosas de su hija en mano y se las lanzó al aire mientras Mabel trató de agarrarlas con un torpe movimiento.
-Vete a dormir a tu cama. Buenas noches.
-Buenas noches, má. –se despidió y vio cómo su madre le daba la espalda y cerraba la puerta y el arco de la puerta (que estaba siendo iluminado por la luz del pasillo) dejó de brillar.
Mabel suspiró aliviada y dejó sus cosas en su cama, se acercó a su hermano y dijo agradeciendo; -Gracias por salvarme de un interrogatorio, te debo una.
Dipper no respondió, se había quedado dormido. La mayor frunció el ceño sin ninguna razón y acercó su rostro al de su hermano, sintiendo su suave respiración chocar con sus labios ¿Revivir aquel Deja bu? ¿Romper las reglas de la vida? Optó por lo primero, aguantándose las ganas de hacer algo que la llevaría –quizás- al infierno. Dejó un beso en su mejilla y no apartó sus labios de ahí, Otro más y ya pensó y le dio otro beso, dejando de rozar sus labios con la delicada piel de Dipper. Se fue a su cama y dijo sin importancia; -Al diablo todo, me iré al infierno en primera clase.
¡Mis niños incestuosos! Cómo están? Yo triste y estresada, las clases se me están volviendo más pequeñas y eso significa acumulación de evaluaciones Estoy triste porque he dejado esta fic por un mes sin actualizar… otra vez. ¡Perdón! Les prometo que me pondré las pilas en esta página, no les fallaré. 3
Me han dejado una pregunta y es: ¿Eres de las personas que escriben lo primero que se les viene a la cabeza o pasas semanas pensando en ideas?
Pues… Admito que he escrito cosas sin sentido cuando estoy en la computadora, a veces salen bien pero a veces salen mal y parece un estúpido relleno. Yo tenía INY en wattpad pero los estúpidos administradores me borraron la historia por "Contenido inapropiado" ._. Esta historia me está gustando mucho más ya que planteo mis ideas y las plasmo en mi teléfono (Para luego pasarlo a la computadora) O si no en mi cuaderno viejo de 1 er año (que ahí si escribo cuando tengo hora libre en mi liceo)
Nuevamente, ¡Gracias por el apoyo! Si quieres saber más de actualizaciones pásate por mi twitter (raspyftjodie) y mi wattpad (billdipmydrug) ¡Los quiero un montonazo! ¡Adiós!
