Las personas tienen dicha costumbre de distanciarse por un determinado tiempo con aquella persona, cuando discuten, cuando pelean; o incluso por pequeñas diferencias. Algunas veces son un par de días; o quizás una semana o dos o hasta el tal punto donde puede convertirse en un mes. A Dipper le bastó 6 días para reaccionar y darse cuenta que la relación "fraternal" con su gemela Mabel iba a mal en peor. Seis días para caer en la realidad donde se comportaba como un psicópata posesivo y celoso y el tema de Año Nuevo lo carcomía por dentro.

Mabel trataba de alejarse de él, tal vez para que no le hiciese daño de nuevo, quizás para darle su espacio personal o también para que los dos recapaciten. No cruzaban ninguna palabra; y si lo hacían era para cosas lógicas o para no causar preocupación en sus padres, compartir la habitación en esos seis días era una tortura irritante e incómoda, la tortura y la incomodad de cruzar palabras, del aburrimiento, de no contarse los planes vacacionales entre ellos y aquel deseo pecaminoso que los mataba por dentro, aguantándose las ganas de que sus orgullos se derrumbasen y hablasen de nuevo para luego correr y fundirse en un tierno abrazo.

9:43am.

-¿Será que es buena idea? No, de seguro seguirá evitándome… -hablaba consigo mismo el menor de los gemelos caminando de un lado a otro mientras vestía un delantal blanco- ¡Imposible que me evite cuando sepa que la invitar-

-¿Invitar a dónde?

Dipper jadeó asustado y volteó al lugar donde provenía la fémina voz, no era de esperarse; ya que sus padres trabajaban en su último día de trabajo y siempre quedaba él con Mabel y efectivamente era ella. Parada en uno de los escalones de la escalera, vestía una blusa de colores de algodón manga larga, acompañado de un short corto negro como pijama inferior, sus pies descalzos y su cabello un poco alborotado.

-Bueno, quería saber si no harás nada ahorita para cocinar tu y yo galletas de miel porque son tus favoritas y pues ya tengo todos los materiales y faltas tu y- -Mabel puso su dedo índice sobre sus labios y cerró los ojos, deteniéndolo de hablar tan rápido.

-No hables tan rápido. –regañó con gracia y rió- ¡Y claro que haré las galletas contigo! –exclamó feliz y subió los escalones de dos en dos- Espérame, no vayas a hacer nada sin mí.

Mabel corrió a la habitación y se acercó a las gavetas con su ropa, se agachó y abrió la primera que estaba a su alcance y sacó unas bermudas negras, una blusa naranja y cerró aquella gaveta, para luego levantarse y abrir la primera gaveta y buscar ropa interior limpia. Caminó al baño y se encerró con seguro.

Por una extraña razón su estado de ánimo estaba por los cielos, ¿Quizás por saber que hoy es martes y no tendrá clases o porque hará galletas de miel con su hermano? Por fin recapacitó pensó ella. Sin haberlo expresado con palabras, tampoco con gestos faciales ni mucho menos con la ausencia de su extravagante personalidad, su subconsciente le gritaba a todo pulmón que ella se sentía incompleta, se sentía sola y demasiado aburrida cuando no hablaba con él. Su único plan B era perdonarlo –por comportarse tan extraño- y volver a ser los hermanos misterios como eran; unidos, divertidos y quererse entre ellos.

Quererse entre ellos…aquella oración le sonaba tan lejana a Mabel, tan extraña, tan… vacía. Sabía perfectamente que era algo más que un "querer".

Salió de la ducha con la toalla enrollada bajo sus piernas y se sentó en el retrete con la tapa abajo, secó toda las gotas de agua y la humedad que yacía en su cuerpo y se colocó su ropa interior, luego las bermudas y finalmente la anaranjada blusa, regresó al lavabo y se miró al espejo, agarró su peine y comenzó a cepillar su cabello rápidamente para luego amarrarlo en una cola de caballo y salir del baño, dejando escapar el húmedo y caliente vapor de la ducha.

Bajó las escaleras con mudos sonidos ya que estaba descalza y caminó a la cocina y miró cómo su hermano revisaba el horno de espaldas, no estaba agachado, sólo inclinaba su cadera y torso hacía delante, dándole una no muy linda –pero tentadora- vista a Mabel de su trasero.

-¿Qué haces… -se acercó a él- HERMANO? –y le dio una bofetada a la nalga izquierda del menor.

Dipper soltó un grito sorpresivo y quiso levantar la cabeza. Mala idea, el arco del horno chocó contra su cráneo y lentamente sacó la cabeza del horno, para luego maldecir entre balbuceos y murmuros mientras apretaba su cabeza con sus manos y escondía su expresión de dolor en sus rodillas. Mabel, sorprendida y con la sensación de culpabilidad se agachó junto a él y quitó sus manos para colocar las de ella y empezar a acariciar su cabeza.

-¡Perdón! Dios mío, perdón perdón perdón. –repetía aquello docenas de veces, aguantando las ganas de reír. Pudo notar como su cabeza estaba tibia, quizás el arco del horno empezaba a calentarse y él solo revisaba si había una fuga de gas o algo por el estilo.

Dipper comenzó a calmarse y el dolor desvanecía cuando Mabel empezó a masajear su cabeza con las yemas de sus dedos, cuando él alzó la mirada y Mabel lo miró con amabilidad y una pizca de tristeza, quizás por el hecho de haberlo lastimarlo de tal forma tan abrupta.

Mabel se levantó del suelo y caminó al refrigerador, abrió el congelador y sacó la panela de los cubos de hielo y cerró el congelador, caminó al fregadero y dentro de éste comenzó a torcer, sacudir y golpear contra la palma de su mano la panela. Con 7 cubos estará bien pensó ella al ver que adentro del fregadero resbalaban más de 7 cubos y agarró el paño de cocina que estaba extendido en el mesón de granito, colocó los hielos en el medio del paño y agarró las extremidades de éste y los unió en un nudo.

Regresó al piso y Dipper la miró, rió y se dejó colocar el paño frío arriba de su cabeza para luego él agarrarlo y mantenerlo firme en su cabeza.

-¿Y es que tu creerías que con darme una nalgada tu dejarías de ser plana? –preguntó juguetón y rió de nuevo

Mabel jadeó ofendida y masculló; -¡Yo si tengo cuerpo! –carcajeó y lo miró por unos segundos, segundos que pasaron a un par de minutos y esos par de minutos que pasaron a míseros centímetros de alejamiento entre sus rostros.

-Y-y… -susurró Dipper- ¿Las galletas?

-Te duele la cabeza todavía, las haremos mañana. Recuerda que mamá y papá se van de viaje esta noche y tendremos la casa para nosotros dos. –se levantó del piso y le tendió la mano a Dipper. Éste aceptó y se levantó del piso también- Ahora ve a descansar, yo iré a ordenar mi cama.

Dipper asintió extrañado y se fue a la sala, Mabel miró como se acostaba en el sofá y dejaba reposar el congelado paño arriba de su cabeza. Sonrió y se dio la vuelta hacía los escalones de las escaleras para subir a su cuarto. Pero, antes de empezar a ordenar, agarró su sabana y bajó a la sala otra vez, caminó al sofá de la sala y cubrió el cuerpo de su hermano –ya dormido- y le dejó un beso en su frente, volteó para regresar a la primera planta pero alguien agarró su muñeca y la hizo girar.

-¿Qu… -sus palabras fueron calladas al notar que sus mejillas se juntaban y tapaban sus labios por las manos de Dipper, éste acercó el rostro de su hermana y le dejó un dulce beso en su frente también.

Mabel lo miró atónita, pero aún más atónita al notar que sus ojos cafés brillaban y se pintaba una sonrisa en sus labios. Tenerlo tan cerca le estremecía de una manera inexplicable y Dipper se percató de eso.

-Ahora sí, ve y ordena tu cama. –susurró Dipper y Mabel, con una mirada de tonta enamorada, asintió y sonrió con una pizca de confusión. Se dio la vuelta en sus talones y cuando ya no veía a su hermano, el karma hizo lo suyo y sintió una bofetada en su trasero.

-¡SERÁS… -gritó Mabel y volteó rápidamente y Dipper la miró con una ceja arqueada y una sonrisa juguetona- no termino la frase porque perdería mi delicadeza ¡Pero date una idea, eh!

-Eso me llena de determinación. –concluyó Dipper y vio como los colores se le subían a las mejillas de Mabel, se dio la vuelta y miró como se perdía en las escaleras.

Quizás ya todo estaba arreglado, sin agregar las nalgadas entre ellos.

Miércoles, 1:50am.

Obviamente las maletas estrellándose contra el piso en un seco golpe, los murmuros de adultos y sonidos de papeles era lo que se escuchaba debajo de la casa. Los padres de los gemelos estaban listos para irse de viaje y sentían una mínima preocupación por sus hijos. En especial la madre, no dejaba de mirar las escaleras pero ya era tarde, el avión sale dentro de treinta minutos y el auto de su esposo esperaba afuera.

-Amor, tienen diecisiete años, sabrán cuidarse solos. –comentó Álvaro y agarró las dos maletas y caminó al auto- Tráete lo demás, te espero en el auto.

La fémina asintió y con sus pasaportes, boletos y demás requisitos en mano, subió a la habitación de sus hijos y abrió la puerta lentamente para no despertarlos –cosa que no funcionó-.

-¿Ya se van? –preguntó en un bostezo Mabel mientras se apoyaba de los codos para ver a su madre.

-Sí… -suspiró y se acercó a ella- Volveremos una semana antes de su cumpleaños. –dejó un beso en su frente y la abrazó.

Se acercó a la cama de su hijo menor y apartó las sabanas de su cara para darle un beso en su cabellera; -Cuidas a tu hermana. –susurró y Dipper (por una extraña razón) asintió. Caminó a la puerta y los miró por última vez para cerrar la puerta con cautela y bajar las escaleras. Dejó un sobre, unas llaves y una carta arriba del mesón y trancó la puerta del patio con seguro y de último la puerta principal, para luego irse al auto.

Mabel –todavía adormilada- sacó su teléfono debajo de su almohada y lo encendió, le bastaron unos minutos para acostumbrarse al brillo y buscó el contacto de su madre y empezó una conversación con ella por WhatsApp, pero antes de enviarlo lo leyó por un rato.

Mabel: Mamá! Dipper y yo podemos viajar por unos días?

¿Le habrá faltado un tornillo? Sabía perfectamente que su madre le diría un no rotundo, sin dudarlo. El en línea apareció abajo del apodo materno que Mabel le había puesto y luego un escribiendo… palabra que ponía a Mabel nerviosa.

Queen Mom: Estás loca?! NO! Si descubro por los vecinos que ustedes salieron están metidos en un tremendo problema y olvídate de ese tal proyecto X para tu cumpleaños!

Mabel miró el teléfono con un gesto aburrido y pensó en las grandes actualizaciones de aquella aplicación, esas actualizaciones que deberían servir para algo y que siempre ocupaban hasta el más mínimo espacio de almacenamiento que podía servir para uno que otro juego o pasatiempo.

Mabel: Sabía que me dirías eso, entonces… puedo ir a comprar donas donde Eli? ya sabes… para no perder la costumbre ;)

Queen Mom: Pues no le veo el problema, pueden ir si quieren. No vayan a gastar tanto dinero. Pórtense bien, no se queden despiertos hasta tan tarde. Los quiero 3.

Mabel sonrió victoriosa y juguetona y mordió su labio inferior.

Mabel: Vale, mamá. Gracias! Buen viaje, los quiero xx.

Miró el chat con su madre y mantuvo presionado el segundo mensaje y luego el tercero, los borró y miró el chat falso –pero parecía tan real-. Salió de la aplicación y apagó su teléfono para guardarlo debajo de su almohada. Miró la cama de su hermano menor y una involuntaria sonrisa –y risa, al escucharlo roncar- apareció en su rostro.

-Dipper… ya sabrás lo tanto que significas para mi… pero no aquí. No aquí…

Hola! Diossss se siente tan bien volver a escribir Pinecest y para ustedes más ewe. Cómo han estado? Yo muy bien, tengo vacaciones y se me hará más fácil actualizar (Si es que la flojera no me gana :v)

Quería preguntarles (nuevamente) de cómo va la fic, si quieren o aconsejen de que quite algo, que cambie algo o que agregue algo. Todos los consejos serán tomados en cuenta y pues, eso.

Gracias por el apoyo! Si quieren leer más fics escritas por mi, pásense por mi wattpad (billdipmydrug) o por mi twitter, para que lean mis quejas acerca de la sociedad u otras webadas (raspyftjodie) Los quiero un montón! Adiós y buenas noches!