¡Muy buenas!
Aquí de nuevo, ahogándome con las palabras, como siempre, pero intentándolo.
En esta escena os resultará extraño encontrar personajes que, en ME3, mueren casi con total seguridad. Aunque no cobrarán mucha relevancia, he querido incluirlos más por nostalgia que por utilidad.
Sólo un apunte para evitar cierta posible sensación de "¡Pero si es un crío!". Recordemos que los drell suelen vivir hasta 85 años. Los humanos casi el doble. Kolyat tiene aquí entre 20-21 años, que equivaldrían a 35-37 años humanos. Una buena forma de averiguar la madurez biológica de los personajes.
Nota adicional: Thane tendría unos 68-69 años de edad humanos. ¡Boom! Menudo abuelete más bien… configurado, jejeje.
¡Espero que os guste!
Mil gracias por continuar aquí.
Un abrazo grande.
P.D: La gran mayoría de personajes, así como el mundo en el que está ambientada esta historia, son creaciones originales de BioWare. Sin embargo, varios sucesos y personas que aquí aparecen, son obra propia. Esta historia tiene spoilers de los libros, cómics, vídeos y juegos.
- Preparativos -
Pasamos el día sin apenas dirigirnos la palabra.
Tenía una conversación pendiente con él, pero ella no llegaría hasta que la noche de hoy muriese con el alba. Ambos necesitábamos una culminación y, aunque Thane no dejó nada dicho sobre cómo debíamos tratarnos Kolyat y yo, siempre supe que él sería feliz sabiendo que cuidaba de él. Así que eso haría, para variar.
No haría de madre, por supuesto, sería biológicamente incorrecto ya que él era, en años humanos, más adulto que yo, pero velaría por su seguridad y por su correcto proceder en la vida. Aquello es lo que hubiera querido su padre…
Continuamos la jornada sin mayores incidencias, salvo por alguna que otra mirada de reojo de algún guardia de la Ciudadela que observaba, con notable recelo, a mi joven acompañante.
En ocasiones, sorprendía a Kolyat observándome y analizándome con detenimiento o verbalizando por lo bajo algún recuerdo detonado por alguna escena familiar con la que se hubiera topado. Últimamente, su memoria perfecta le jugaba malas pasadas, y supuse que sería debido a la inestabilidad que una pérdida así conlleva en la mente de un drell. Solipsismo, lo llamaba Thane, algo que, sólo ahora, era capaz de comprender.
No obstante, era frustrante observar las constantes similitudes con el padre, pese a sus más que destacables particularidades. Ver a Thane en su anatomía, en su voz y expresión, hacía menos llevadero superar el asfixiante dolor de su ausencia. Intenté que aquello no me distrajera demasiado y continué como si nada sucediese en mi interior. Al fin y al cabo, ¿de qué serviría alejarle de mí? Sólo acentuaría mi sensación de culpa y su soledad.
Recorrimos la estación buscando lo mejor que se pudiera comprar con mis créditos, y algo más. No voy a negar que, además de algunas amenazas para obtener sustanciosos descuentos, hubiera algo de extorsión de por medio, pero el fin justificaba los métodos… casi siempre. Si algún mercader se resistía, y mi nombre y estatus no eran suficientes, recurría a lo que siempre abría las puertas a una indudable y beneficiosa negociación: mi cargada y reconfigurada Carnifex. Sí, podría parecer excesivo a ojos de cualquier moralista, pero para conseguir ciertas cosas, me movía por territorios ya de por sí ligeramente ilegales, así que mi estatus de Espectro me permitía utilizar todos los medios a mi disposición sin apenas repercusión en mi hoja de servicio. La galaxia se iba a la mierda ¿a quién le importaba unos cuantos heridos adicionales si, además, estos eran comerciantes de dudosa reputación? No. Nadie se preocuparía por ellos. El drell tampoco pareció importarle mi particular forma de conseguir lo que necesitábamos, así que no hubo daños colaterales y sí mucha mercancía interesante… e ilegal.
Todo aquello que logramos adquirir, estaba orientado a honrar la memoria y enseñanzas del ausente: comida exótica originaria de Kahje, tanto para dextros como para levos, bebidas frutales tradicionales que tanto le gustaban a Thane, música instrumental e incluso pequeños pads con las frases más destacables de la religión que él profesaba, que harían de perfecto recuerdo de esta tan necesitada celebración.
Me permití algún que otro aditamento más, dirigido, sobre todo, a incrementar la experiencia; algo que Thane, quizá, hubiera desaprobado, pero que yo necesitaba tanto como el respirar. Al fin y al cabo, el delirio y la intensidad de la que tanto hablaba, sólo podría conseguirlo ahora si adormecía temporalmente el constante sufrimiento y la desolación que me acompañaban cada maldito momento del día.
Y no podía hallarme más ansiosa por ello.
Después de recorrernos la Ciudadela entera, llegamos al apartamento cargados con innumerables paquetes para la reunión que daría lugar en unas pocas horas. Algunos droides de servicio nos acompañaban transportando los objetos más pesados. Se nos había echado el tiempo encima debido, en gran parte, a las pocas ganas que el drell le ponía al cometido. Pero no podía culparle; yo misma me encontraba sumergida en un estado de letargo del que buscaba, desesperadamente, despertar.
No obstante, al entrar en el apartamento, mi humor se transformó radicalmente con la escena que se mostraba ante nosotros.
Tonos de ámbar y violeta iluminaban las estancias desde diferentes ángulos, creando combinaciones mágicas de colores que iban desde los azules, hasta los escarlatas más intensos en un abanico dinámico de matices evocados desde mundos desconocidos. Todo parecía sobrenatural, excéntrico, violento y poderoso; me encantaba.
—Esto es… ¡Glifo! —llamé extasiada mientras avanzaba hasta la cocina.
—¿Sí, Shepard?
—¡Esto es increíble! Muy buen trabajo. —dije emocionada al tiempo que colocaba la compra despreocupadamente sobre la encimera de la cocina sin apartar la mirada de los alrededores, completamente encandilada con aquel deslumbrante despliegue de color.
—Me he tomado la libertad de hacer ligeras modificaciones en el regulador de humedad de algunas dependencias. Cada poco tiempo, aspersores de vapor frío liberarán pequeñas dosis de agua aromatizada. Algo muy propio de los entornos de Kahje. Espero que no moleste al joven drell.
Giré mi rostro hacia Kolyat y él me observó con indiferencia.
—Supongo que no. Será… interesante experimentarlo. —dijo, sin un ápice de emoción en su tono. Abandonó algunas bolsas y cajas sin apenas esfuerzo en la cocina y se detuvo a observarme inseguro.
—¿Dónde va todo esto, comandante?
Sus ojos brillaban más de la cuenta y comprendí que se hallaba confuso, aún reacio a comprender la razón de todo esto.
—Kolyat… —me acerqué hasta él y alcé mi mano para posarla sobre su hombro, en señal de reafirmación. Necesitaba que él comprendiese que, esto que hacíamos, era el punto de partida de una vida de ausencias superadas; debía serlo para ambos.
—Olvida lo que sientes por un momento. Olvida el dolor, la soledad… —coloqué mi otra mano sobre el otro hombro y me acerqué más para susurrarle al oído. —Ahora piensa sólo en él, en lo que Thane querría… y saca tu culo autocompasivo del agujero en el que se encuentra ¿de acuerdo? —apreté sus brazos al deslizar mis manos por ellos, notando la tensión repentina en su musculatura, y sonreí al separarme de él. Quería dejar claro que no buscaba su malestar, sólo su comprensión y su complicidad en esto.
La nuez de su garganta osciló, posiblemente en señal de incomodidad por aquel gesto, y asintió, sintiéndole ligeramente convencido.
—Bien. Ahora pongámonos manos a la obra, ¿sí? —me alejé de él finalmente, ofreciéndole la mejor de mis sonrisas aunque por dentro apenas podía mantener la serenidad; mi ira amenazaba con destruir todo a su paso como un brutal cataclismo de inminente devastación.
Pese a todo ello, me mantuve firme y continuamos con los preparativos con normalidad.
En poco tiempo, daría comienzo la celebración. Nos distrajimos preparando los tentempiés y los cócteles a base de distintos tipos de bebida drell y hanar, y elaboramos pequeños obsequios personalizados con los pads de datos sobre frases memorables de monjes adoradores de las diosas del culto al que, tanto Thane como Kolyat, parecían pertenecer.
Mientras organizábamos la reunión con todo lujo de detalles, Kolyat se mantuvo en un silencio casi sepulcral. Sus dedos trabajaban rápidamente sobre las envolturas de los pads y noté que, sobre la venda térmica de su mano, una enorme mancha carmesí se iba expandiendo con cada brusco gesto. Por sus movimientos ligeramente erráticos, supuse que se hallaba aún en un notable estado de nerviosismo y no pude evitar compadecerme de él, pues entendía a la perfección la importancia de una pérdida así.
—Espera… trae aquí. —me aproximé a él y le arrebaté de las manos uno de los pads que estaba a punto de manchar con su sangre.
Sujeté su mano e inspeccioné la venda, despegándola al comprobar que la herida necesitaba nuevas atenciones.
Separé el material térmico y permeable de su carne y pude observar el escaso tratamiento que el drell había aplicado sobre la lesión.
—Como cures así todas tus heridas, me temo que no durarás mucho en esta guerra. —acerqué su mano hasta el lavadero de la cocina, y abrí el grifo de agua caliente.
Justo cuando iba a introducir su mano en la corriente de agua, la apartó bruscamente de mí, mis dedos rozando la herida y manchándose con su sangre con aquel impulsivo aspaviento.
—No he pedido tu ayuda, Shepard. Estamos perdiendo tiempo en esto. —ofreció, visiblemente molesto u ofendido.
¡Cuán diferente era a su padre!, pensé con aquello. Mientras que Thane hubiera aceptado de buen grado mi ayuda, sintiéndose, incluso, intrigado por ella, el hijo parecía herido en el orgullo o algo similar. Ese comportamiento se asemejaba más a mí misma de lo que quería aceptar.
—No seas necio, Kolyat. Así no me serás de mucha ayuda. Dame. —Ordené— He dicho que me des tu mano. —sujeté firmemente su mano herida y la acerqué al agua sin miramientos.
El drell inhaló aire súbitamente y apretó los dientes mientras me dirigía una resentida mirada.
—No me mires así. Te estás comportando como un crío. —mis dedos frotaron la herida abierta y Kolyat gruñó de dolor, pero no apartó la mano de mí. Parecía más concentrado en mostrar entereza y reforzar así su hombría, que en mostrarme determinación.
Al cabo de unos segundos en los que la herida dejó de sangrar, apagué el grifo y sequé con delicadeza la lesión.
—Ya está. Un poco de medigel, otra venda térmica y listo. —cuando me di parcialmente la vuelta para buscar los materiales en el armario, su fría mano me detuvo bruscamente y me obligó a volver a mi lugar.
La mirada de Kolyat era más intensa de lo esperada y sentí un nudo en mi estómago cuando me sujetó fuertemente por la muñeca, acercándose peligrosamente a mí.
—¿Por qué haces esto, Shepard? ¿Qué más te da lo que me suceda? Yo no soy él… —su voz, sutilmente trémula, con un trasfondo de duda y rabia, algo que conocía a la perfección.
Dudé por un instante si contestar o golpearle, pero me pudo la razón antes que el impulso, aunque fue inevitable sentirme extrañamente vulnerable con su roce.
—Eres un drell muy estúpido si piensas que sujetándome así vas a intimidarme. Suéltame y quizá no te rompa la mandíbula. —no entendía muy bien por qué, pero sabía que por mucho que él me hiciera, jamás sería capaz de hacer tal cosa; al menos no hasta dejarle lisiado, claro está. Aunque, por supuesto, él no tenía por qué saberlo.
Los ojos de Kolyat miraron inquietos mi expresión y, al cabo de unos segundos, decidió relajar finalmente su sujeción hasta liberarme por completo. Aunque ya no me hallaba a su merced, me sentía incapaz de contestar a su pregunta.
—Haz lo que quieras, Kolyat. No tengo por qué darte explicaciones. —pasé de largo por su diestra pero volvió a retenerme por el codo, esta vez más firmemente.
—No eres mi madre, Shepard, ni nunca lo podrías haber sido.
El escalofrío que me recorrió por la columna ante aquel comentario, desactivó por completo el forzado dominio sobre mis emociones y alargué mi otro brazo para propinarle un fuerte golpe en el rostro, totalmente cegada por su insolencia.
Mi sorpresa fue mayúscula cuando, en un asombroso y veloz movimiento, Kolyat sujetó súbitamente mi puño sin apenas esfuerzo, retorciéndome violentamente el brazo hacia atrás hasta acercarme bruscamente contra su agitado pecho y retenerme ahí, durante unos inquietantes segundos.
Era evidente, a la luz de los acontecimientos, que ambos nos encontrábamos extremadamente susceptibles a cualquier provocación, pero esto excedía los límites tácitos que habíamos marcado.
En aquella postura incómoda, nos miramos con clara sorpresa en nuestra expresión; por mi parte, más furiosa que otra cosa. Por su parte, el drell parecía alterado, casi temeroso y aquello no hizo más que aumentar mi ya indudable asombro.
Esos perturbadores segundos me parecieron más eternos de lo habitual y me planteé, por un breve instante, cerrar los ojos e imaginar que, aquel fuerte, rítmico y oscilante torso, era el de su padre.
—Suéltame… —me obligué a decir antes de hacer algo de lo que me arrepentiría.
El cálido aunque agitado aliento del drell, mecían mis alborotados cabellos que rozaban ahora mis mejillas y párpados, producto de aquel inesperado y violento movimiento.
—No… —susurró tentativamente, alargando más de lo necesario la consonante.
Su mirada se detuvo más de la cuenta sobre mis labios y un pinchazo agudo atravesó mi vientre con la comprensión del abismo en el que nos encontrábamos.
Por un breve espacio de tiempo, no supe qué hacer. Toda mi maldita vida se hallaba concentrada en ese instante; el dolor, la pérdida, la angustia, el sufrimiento, incluso mi futuro, todo convergió en un solo segundo y tuve que cerrar los ojos, llenarme de voluntad, y recurrir a mis habilidades para liberarme de aquella deliciosa amenaza.
—¡Aparta! —grité, al tiempo que lo lanzaba por los aires con una controlada explosión biótica.
El cuerpo de Kolyat golpeó fuertemente el suelo al caer. Su gutural gruñido de dolor me sobresaltó levemente, mas no hice ademán de ayudarle.
Entre furiosa y nerviosa, me acerqué decidida hasta el joven que se contorsionaba sobre el suelo, y le propiné un suave puntapié en la pierna.
—Espero que esto te enseñe a no jugar con fuego, drell imbécil. —me alejé de él para recoger la venda térmica y un cartucho de medigel, y se lo arrojé al suelo. —Ahora cúrate como es debido y continuemos. Los invitados están a punto de llegar.
Supuse que aquello le había encolerizado pero, si lo hizo, no dio muestras de ello más allá de la habitual expresión de ensimismamiento. No obstante, algo en aquella profunda y familiar mirada cambió drásticamente desde ese encuentro. Intuía que esa no sería la última vez que tendríamos un desacuerdo de tales consideraciones. Había tensión, tanto por nuestra explosiva forma de ser, por nuestra terrible pérdida, como por las circunstancias, y eso tendría que estallar tarde o temprano. Tan sólo esperaba que esta noche transcurriera sin mayores contratiempos.
Era extraño haber sido la sensata de los dos, pero casi no tuve otra opción; era eso y lanzarme al abismo y arrepentirme después. Todo era muy reciente y Kolyat era el menos indicado para ayudarme con mi pena.
Intenté no pensar en aquel encuentro y me centré en la llegada de los invitados, obviando, entretanto, las resentidas miradas del joven drell.
El primero en llegar, como solía ser habitual, fue Esteban. Haciendo honor a su educación y buenas formas, trajo consigo una botella de brandy helado de Serrice que seguro haría las delicias de Karin. Un punto extra para la noche que tenía preparada.
La siguiente, y casi previsible, fue la propia doctora, que se mostró muy contenta de poder conocer, por fin, el pequeño nidito de amor del capitán Anderson.
—Sabía que tenía buen gusto, pero no tanto. Me alegro por ti, Jane. Disfrútalo, pero no lo destruyas. —Dijo sonriendo, mientras le daba un pequeño –y desconfiado– bocado a uno de los aperitivos.
Después, con ese porte habitual de autosatisfacción y personalidad relajada y llana, apareció Vega, embutido en su clásica camiseta N7 que parecía no dejar ni a sol ni a sombra. No es que me quejase, porque en realidad acentuaba su más que evidente buena forma, pero me hallaba a veces intrigada por saber cómo se vería en traje formal.
—Hey, Lola, buena fiesta. —se acercó a mí y me rozó el brazo con su puño, mientras me dedicaba esa juguetona y seductora sonrisa.
—James, me alegra verte. Pensaba que estarías ocupado visitando el nuevo club de striptease asari de los distritos superiores. —le devolví el gesto con mi mano sobre su compacto pectoral.
—De ahí vengo pero… ¡nah! Lo interesante está aquí. —se acercó un poco más a mí y me guiñó el ojo para luego dirigirse, con aire confiado, hacia el bar a por la primera botella de alcohol que aterrizase en su mano.
De no ser por su usual forma de dirigirse a las mujeres, casi parecía que estuviera coqueteando intencionadamente conmigo. Un evidente y cotidiano atrevimiento, aunque terriblemente tentador viendo la figura que se gastaba.
—No acabes con mis reservas, James, que Wrex, Grunt y Zaeed están por llegar.
Me reí al ver su respuesta en forma de un gesto de dolor fingido. Si alguien había perfeccionado el arte de la seducción, sin duda, era él.
Todo su cuerpo y su comportamiento rezumaban sensualidad masculina, asemejándose más a las artes de la Thoriana que a las de un humano corriente. No sólo el suave y melódico acento latino que poseía resultaba tremendamente atrayente, sino la manera que tenía de hacer acto de presencia, siempre con ese acostumbrado aire confiado, tan seguro de sí mismo, casi desafiante.
Podía haberme sentido culpable por aquel pensamiento, dadas las recientes circunstancias, pero no era un secreto para nadie que él resultase agradable a la vista –y a la imaginación– para cualquiera de nosotros. Incluso Thane pensó que él y yo manteníamos algún tipo de relación, por la forma en la que interactuábamos. Claro, era sólo un juego entre un oficial superior y su subordinado, pero dejaba entrever la indiscutible atracción mutua. Después de todo, estar aislada en una aburrida sede de la Alianza, con el único trato habitual de Vega, dejaba mucho margen para estrechar lazos. Nunca llegó a nada más, principalmente porque Thane seguía en algún lugar de la galaxia, esperándome, pero mi parte más instintiva me pedía a gritos darme un pequeño banquete con esa bronceada y cuidada montura.
Quizá si Thane no hubiese entrado finalmente en mi vida, y Garrus hubiera continuado ajeno a mis atenciones, Vega se habría convertido en mi amante ocasional, aunque nada más allá de ello. Él no era de los que me inspirasen la confianza que el asesino logró extraer de mí. Así de profundo había horadado el drell en mi alma.
Posteriormente a él, y casi en cascada, fueron apareciendo los demás.
Kaidan parecía reacio a acercase a mí y comprendía perfectamente el porqué; el rechazo no es algo que un hombre inseguro lleve muy bien. Me saludó sin mayor intercambio de palabras salvo un agrio 'Shepard', mientras pasaba de largo hasta la barra del bar, saludando más efusivamente al resto.
En otra época, él hubiera acudido a mí con la mayor de las sonrisas y atenciones; algo que, en cierta forma, echaba de menos. No dudaba del amor que me profesaba, nunca lo hice, ni siquiera cuando me rechazó en Horizonte, pero Kaidan era, sencillamente, demasiado bueno para mí, y Thane ya se había instalado en mi corazón, arrasando con cualquier vestigio de cariño que sintiese por el mayor.
Casi enseguida, llegaron Garrus y Tali, y por la expresión que ambos portaban, comprendí que no acababan de encontrarse casualmente.
—Hey, Shepard, he traído vino. —dijo sonriente el turiano, mientras me saludaba con un gesto de su cabeza y pasaba de largo, como el resto.
—Garrus, Tali… gracias por venir. Poneos cómodos. —dije, señalando el sofá. —Tali, ahí tienes varios 'puertos de inducción' de colores. Puedes llevarte los que quieras. —sonreí ante sus nerviosos balbuceos y continué recibiendo a los demás.
Miré a mis alrededores para ver el ambiente, y hallé a todos disfrutando de la noche de una forma que jamás había presenciado. Intentaba mantener mi impasividad, pero verles compartir así algo tan importante para mí, me hizo caer en la cuenta de que, pese a todo, no me hallaba del todo sola.
Sin embargo, no advertí a Kolyat por las cercanías y aquello, cabe decir, me irritó. El drell debería haber estado recibiendo conmigo a los invitados, pero supuse que el previo desacuerdo le habría afectado más de la cuenta y se hallaría oculto en algún solitario rincón, pensativo y ensimismado, tal como solía ser su costumbre.
Decidí restarle importancia y esperar la llegada del resto.
Wrex, Grunt, Kelly, Samara, Liara, Gabby, Kenneth, Jack, Javik, Traynor, EDI, Joker, Kasumi, Miranda, Legion, Jacob, Mordin y Aria… todos acudieron a mi llamada, incluso aquellos con los que había sufrido algún tipo de desacuerdo o conflicto, como era el caso de los ex chicos de Cerberus.
Fue emocionante observarles bajo aquella atmósfera de esparcimiento y ceremonia. A medida que pasaba el tiempo, la idea iba cobrando más sentido y fuerza. Por primera vez en días, me sentía optimista.
El último el llegar, y tal como cabía esperar, fue Massani.
—¡Viejo! —increpé al verle, ligeramente afectada por el coctel extraño que me había preparado Joker —Te hacía en alguna luna por el confín de Kepler, no por las cercanías, pero me alegro de que estés aquí. Esto no sería lo mismo sin ti. —me acerqué hasta Zaeed y le di un par de palmaditas en el brazo.
La cicatriz en su rostro se retorció con la mueca de una sonrisa.
—Ningún jodido bastardo haría que me perdiese una de tus fiestas, Shepard. ¿Dónde está el alcohol? ¿O te lo has acabado ya, condenada alcohólica?
Me reí estruendosamente con esa habitual muestra de naturalidad y le señalé el bar.
—Todo tuyo, jodido vejestorio.
El resoplido del ex mercenario me sacó otra sonrisa y, por un breve instante, me sentí como si formase parte de algo más grande que mí misma y mi aflicción.
Era esto lo que necesitaba; ahora lo veía cristalino.
Miré a mi alrededor y casi pude percibir la intensa y cálida presencia de Thane junto a mí, acompañándome, animándome, guiándome.
Shepard, ha sido una buena pelea. Ahora… no te olvides de vivir.
Mi mente me jugaba malas pasadas. Pero cuán deliciosa ilusión fue aquella…
—Thane… —murmuré, mientras cerraba los ojos y le dedicaba una sonrisa a su recuerdo.
Tu-Fira: perdido en otro. Ahora lo entendía a la perfección…
… … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … …
El incremento del bullicio me extrajo de mi obligada meditación.
Padre no me había enseñado a controlar mi temperamento de la misma forma que él solía hacerlo, y me estaba costando acostumbrarme a esta nueva dinámica donde absolutamente todo, detonaba mi intranquilidad e irritabilidad.
Lo sucedido con Shepard en la cocina, excedió lo impensable. Aquél no era yo… ¿Qué me había ocurrido?
Todavía confuso por mi reacción, me esforcé por evitarla durante el transcurso del resto de los preparativos, pero no sabía por qué demonios no podía dejar de mirarla; parecía tan segura de sí misma, tan decidida a festejar algo que parecía incluso blasfemo, tan fuera de lugar como toda esa gente que no paraba de hablar y hacer ruido.
—Maldita sea… —gruñí, levantándome del suelo para obligarme a escapar de aquel negativismo.
Me acerqué hasta la barandilla de la primera planta, y entonces allí la vi; tan llena de vida, tan alegre y relajada, tan… alcoholizada.
Reí ante aquella patética estampa, hasta que observé su hermoso rostro retorcerse de dolor, sin apartar esa dulce y melancólica sonrisa de su boca, mientras sus labios rezaban el nombre de aquel ausente invitado.
Fue ahí, en ese íntimo instante, cuando comprendí la razón de la devoción de Padre por la comandante.
—Siha… —susurré, dejándome llevar por el perfecto recuerdo de esa airada mirada que me dirigió cuando, horas antes, yo reaccionaba tan impulsivamente a su cercanía.
Temía la noche y la temía a ella. Todavía quedaba mucho que asimilar, pero no podía evitar sentirme cada vez más intrigado por su violenta y desconcertante naturaleza.
Después de todo, Padre sí parecía saberlo todo…
