¡Holita!

He de decir que me está costando retratar a la Shepard que tengo en mente. Me ha llevado algún tiempo saber ponerme en los zapatos de alguien con ciertas características que, a priori, pueden ser contradictorias entre sí. Una Shepard implacable, que siente que tiene un objetivo mayor que sí misma, pero que a pesar de ello se toma ciertas licencias personales y que es capaz de ser cruel, aunque tenga, en el fondo, su corazoncito… es complicado. Espero que se logre entender el porqué ella termina haciendo determinadas cosas. Después de todo, nada como rozar el abismo para saber hacia dónde ir.

En esta ocasión, he querido apelar un poco a la nostalgia.

¡Espero que no os aburra!

Mil gracias por continuar aquí.

Un abrazo grande.

Nota: canción que me ronda la cabeza y que creo que pega con el final del capítulo, es la de "I don't believe in Satan" de Aron Wright.

P.D: La gran mayoría de personajes, así como el mundo en el que está ambientada esta historia, son creaciones originales de BioWare. Sin embargo, varios sucesos y personas que aquí aparecen, son obra propia. Esta historia tiene spoilers de los libros, cómics, vídeos y juegos.


- Sólo el Presente -


—¡Shepard! ¡Shepard! ¡Shepard!.

Cada mención, un trago.

No era capaz de ver el fin de aquello y esa nueva perspectiva me hizo sentir aliviada, pues justo hoy, odiaba más que nunca los finales.

Cerca de mí, escuchaba a Grunt y a Wrex reír mientras Jack continuaba decantando, directamente del barril y sin misericordia, aquella extraña mezcla en mi garganta.

Hubo un momento en el que creí que perdería el conocimiento, pero gracias a mi actual constitución parcialmente sintética, el alcohol hacia efecto tan sólo unos cuantos minutos. Así que cada cierto tiempo, me centraba en competir contra alguno de los Krogan o, en su defecto, contra el experimentado y resistente Massani. Hacía tiempo que James se había rendido y se hallaba enzarzado en una conversación transcendental con Cortez y Mordin, este último era el que llevaba la voz cantante, literalmente. Incluso Garrus, Jacob, Joker y Aria habían renunciado a seguirme el ritmo en pos de mantener un estado semiconsciente, aunque todavía quedaba noche por delante y yo aún no había terminado de exprimirla a placer.

Eventualmente, dejé atrás a la desquiciada de Jack y su habitual 'Shepard, mariquita' mientras la veía terminar el resto del contenido del barril que había pretendido vaciar en mi interior sin consideración alguna, sólo con el retorcido propósito de verme de rodillas para entretener su depravado sentido de diversión. Si la hubiera dejado, posiblemente me habría matado, pero estoy convencida de que uno de sus puñetazos bióticos me habría devuelto a la vida con más mala leche y ganas de beber que nunca. Quizás era justo eso lo que buscaba, o puede que sólo quisiera probar mis límites. En cualquier caso, nos llevábamos bien, era evidente, aunque a veces deseaba enviarla de vuelta a la inmunda cárcel en donde la encontré. Nos parecíamos demasiado como para aguantarnos tanto rato, así que me alejé de su locura apenas vi oportunidad e hice la ronda de rigor por el apartamento.

El ambiente de la reunión, en general, era magnífico. El entorno tan similar al de Kahje, con sus tonalidades cromáticas y su fresca y perfumada humedad, ayudaban a mantener un clima ideal para soportar alegremente el exceso de alcohol y, posiblemente, otras cuestiones. La música, pese a que era puramente instrumental, rompía en agudos y violentos graves ocasionales, enardeciendo el ánimo de quienes nos hallábamos envueltos en ella.

A Thane le hubiera gustado esto, pensé, mientras observaba sonriente el colorido y alegre panorama.

Me detuve un instante a ayudar a un afectado Zaeed a recostarse en la habitación de invitados cercana y, después de comprobar que respiraba y que se encontraba medianamente en buen estado, pese a sus más que preocupantes estertores etílicos, me dirigí hacia la entrada del apartamento.

En una esquina próxima a ella, Grunt y Wrex, se hallaban ahora confabulados intentando pervertir a un asustadizo Kenneth que se negaba a admitir datos en su omniherramienta sobre literatura erótica krogan, por considerarlos 'demasiado confusos y violentos' como para poder apreciar su teórica belleza. Wrex, por contrapartida, intentaba convencerle de que el cuerpo femenino de una krogan no difería mucho del núcleo de una nave espacial, pues sólo había que 'introducir correctamente el inductor en el engranaje específico para ello' cuantas veces se requiriese, hasta que la 'máquina ronronease como una manada de sumisos varren', cuestión que, según el krogan, Kenneth parecía más que competente.

Más allá de la alusión enfermiza, la escena me extrajo una sonrisa y dirigí mi mirada hacia el joven Grunt que asentía a carcajadas, mientras Wrex se inclinaba hacia el joven técnico para que éste contemplase lo que sea que el viejo krogan le estuviera mostrando con tanto entusiasmo.

Por la expresión de pánico en el rostro del ingeniero, estaba segura de que aquello era de todo menos 'erótico' a sus ojos. De todas las imágenes que podían causar tal mohín, supuse que el viejo Urdnot estaría enseñándole los desechos estomacales de algún Fauces Trilladoras. Kenneth parecía estar a punto de salir huyendo a refugiarse en las faldas de su querida e indiscreta compañera de profesión y cama, o al borde de entrar en un ataque de gastroenteritis aguda; ambas opciones se presentaban plausibles, incluso simultáneamente.

Les saludé enérgicamente con un ademán de mi rostro y ambos alienígenas gritaron mi nombre al unísono.

—Wrex, Grunt… dejad en paz a esa pobre criatura que luego le será imposible cumplir con la exigencias eróticas de la sosa de Gabby. Estáis matando su poca hombría, caballeros, un poco de consideración. No todos los seres disponen de cuatro testículos ni exudan radiación. —ofrecí, mientras avanzaba por delante y me reía.

—Hey, comandante… ¿qué? ¿Cómo has…? —balbuceó estupefacto el joven, mientras se apartaba un poco de los sonoros silbidos de sus dos compañeros.

—¿Necesitas que te prestemos algún otro testículo más? ¿O vas a usar tu inductor para oírla ronronear, Kenneth? Cuidado con equivocarte de hendidura, que luego echan chispas.

Las carcajadas de esas dos brutas bestias sin un ápice de delicadeza, retumbaron por todo el apartamento y hubo un instante en que Grunt estuvo a punto de ahogarse con su propia saliva hasta que Wrex, de un puñetazo en la joroba, casi le envía al suelo del impacto.

Me compadecí del joven ex Cerberus, pero les dejé continuar con su particular charla antes de que me hicieran partícipe de ella, y me dispuse a avanzar sobre el resto de las estancias, supervisando que todo estuviera marchando favorablemente.

Sentados en el sofá, cerca del piano, divisé a la mecánica quariana y al infiltrado Geth, charlar animosamente. Me reí al observar a Legión analizar, con detenimiento, la verborrea de una ebria y entusiasmada Tali.

Por lo que logré captar de aquella conversación, la quariana se empeñaba en explicarle que no sería raro contemplar la posibilidad de que existiera una especie de alma sintética o similar, que se hubiera desarrollado a partir de una IA avanzada, algo impensable en términos científicos, pero que, quizás, explicase por qué ese Geth, a sus ojos, era algo más que 'un trozo de maravillosa chatarra hecha de circuitos, redes y un ojo tan expresivo como tierno', según sus inquietantes palabras textuales. Si no supiera ya que ella y Garrus mantenían una relación sentimental, me hubiera preocupado. La flota quariana hubiera recibido la noticia con cierta conmoción, aunque estoy segura que muchos, como Daro'Xen, habrían aprobado su relación vehementemente —y participado en ella de alguna depravada manera—.

Mientras la joven balbuceaba su extensa explicación a medio vocalizar, el Geth escuchaba con sincera atención, contrayendo y dilatando su artificial pupila al ritmo de las placas metálicas superiores que hacían las veces de cejas o blindaje.

Legión había sido una interesante adición al equipo. Jamás hubiera pensado que llegaría a sentir aprecio por un sintético, pero la vida tenía la habilidad de sorprenderte de impensables formas pues tampoco había esperado jamás enamorarme de un alienígena, y aquí me hallaba ahora.

Sin duda, Tali no se hallaba del todo desencaminada; este particular Geth poseía la curiosidad de un niño y el razonamiento de un orgánico. En ocasiones, sus análisis y pensamiento me sorprendían de tal forma, que llegué a pensar en la remota posibilidad de que, aquella IA, podría albergar algo más que ecuaciones y datos. Verle vestir parte de mi antigua armadura N7, nunca tuvo un razonamiento lógico salvo si se le atribuía valor emocional, cualidades que un Geth, en teoría, no debería poseer. Cuando le pregunté por ello, me contestó con un escueto 'no dispongo de datos', mientras ese cíclope rostro me observaba con lo que intuí era aprendida inquietud.

Disfrutaba viéndoles conversar. Pese a que ya estaba harta de ver cómo se destruían sin cesar, presenciar una tregua definitiva de estas dimensiones me colmaba de una extraña calidez. Por fin parecían en paz, una calma demasiado familiar. Tan sólo esperaba que fuera duradera pues muchos fueron sacrificados para poder llegar a este punto y yo no estaba dispuesta a salvarles el culo de nuevo. No en esta vida, al menos.

Avancé sin interrumpirles y me dirigí al estudio. En la pequeña barra de mi oficina, ahora Jack y Aria discutían, amigablemente por fortuna, sobre lo despreciable que era cualquier agente de Cerberus. La última insultaba a Petrovsky, mientras que la otra se cebaba con los responsables de Pragia, el Hombre Ilusorio y cualquiera que hubiera pertenecido a la organización, sin, por supuesto, excluirme en su manifiesto de odio, intentando, posteriormente, apaciguar mi malestar con un 'No te lo tomes a mal, Shepard, pero eras una jodida loca con armadura de terrorista'. Como si aquello fuera mejor que lo que me dedicaba habitualmente.

Si tuviera que asignarle un título a nuestra historia, sería algo como "Una jodida loca, conoce a otra loca aún más jodida con tatuajes por piel". Ahora yo tenía uno también, muy grande además, y por la forma en la que la biótica le insistía a Tali, seguramente veríamos, en breve, a la ingenua quariana vistiendo uno en algún vergonzoso lugar, puesto que Jack nunca se conformaba con poco. Esa psicópata perturbada parecía querer marcarnos como si fuéramos parte de su ganado. En cierta forma, aquello sería lo más parecido a un abrazo o declaración de amistad que obtendría de ella.

Quizá sería prudente aumentar la dosis de antibióticos en reserva, pensé, mientras las miraba de reojo y enviaba la orden a Glifo desde mi omniherramienta.

Muy cerca de ahí, en la mesa de juegos, Miranda y Jacob dirigían, en contadas y estudiadas ocasiones, alguna que otra mirada indignada hacia el par de bióticas desnaturalizadas, mientras que Traynor y Kelly observaban, con cautela, la singular escena, aunque no parecían prestar excesiva atención. La actitud de los ex Cerberus parecía intensificar aún más los insultos de ambas mujeres en contra de la organización a la que, tanto la animadora como el soldado, habían pertenecido. Kelly, por el contrario, estaba más interesada en descifrar el funcionamiento de la mente —y seguramente del cuerpo— de la eficaz especialista Traynor. Pese a su notable prudencia, ambas no paraban de dirigirse miradas cómplices y supuse que, además del juego de cartas, planificaban otros tipos de estrategias más lúdicas que implicasen algo más humedad. Por fortuna, esta vez, aquello no tendría nada que ver con mi desafortunada pecera, sepulcro actual de innumerables seres acuáticos.

—Señorita Nought, por favor. El alto mando de la Alianza le insta a dejar de maltratar a los ex cachorros de Cerberus. Si continúa, corre el riesgo de oír lamentos y nadie quiere eso, querida Jackeline. —le levanté el dedo corazón y me reí con ironía mientras dejaba descansar una mano sobre una de mis caderas.

—¡Que te jodan, Shepard! —su habitual mueca de desagrado cuando nombraba su nombre y apellido real, siempre me hacía reír a carcajadas.

—Eso pretendo, pero me parece que tendrás que venir tú, Jacky…

Tuve que esquivar una débil onda de choque biótica antes de que ésta me impactara, pero algunos de mis muebles no tuvieron esa suerte y terminaron estrellándose contra uno de los muros.

Anderson no estaría muy satisfecho con aquel resultado, pero agradecí, por primera vez, que se hallara lejos.

Solté una carcajada burlona, y seguidamente me dirigí hacia la barra de bebidas. No deseaba detenerme a pensar en las personas queridas que no se encontraban aquí conmigo, así que me apresuré a continuar con mi ronda.

A mi llegada, me sorprendí al ver a Mordin disfrutando, animadamente y sin su habitual mesura, de una de las exóticas bebidas que Joker, tan amable como maliciosamente, había preparado para el salariano.

El médico alababa la cantidad exacta de cada ingrediente mientras ingería aquel brebaje, al tiempo que exponía en detalle los efectos de determinados componentes sobre el organismo basado en dextro-aminoácidos. Un afectado Garrus, que se hallaba sentado sobre uno de los bancos aledaños, intervino un par de veces buscando evitar que el doctor detallase, de forma tan colorida, cómo las tripas de un turiano podían estallar sólo con tomar un par de tragos de lo que él se divertía saboreando a pocos centímetros del perjudicado agente.

—Es problemático. Suerte no ser turiano, o quariano. Demasiadas complicaciones. En hígados y corazón, especialmente. Las mucosas arderían. El vientre estallaría junto con el resto de órganos. Lentamente, por supuesto. Nunca rápido. Demasiada intervención química. El exoesqueleto tarda en romperse desde adentro. Dolores terribles antes de morir. Me pregunto si sería posible hacer más pruebas. Probar los límites del periodo refractario turiano, quizás. —el salariano dirigió una curiosa mirada al descompuesto alienígena y éste dio un pequeño respingo que provocó la risa en el piloto.

Joker, más como instigador que observador, se divertía a costa de ellos haciéndole más preguntas al médico sobre el tema, mientras Garrus nombraba a sus espíritus y, en caso extremo, a la madre del piloto.

Fue inevitable no compadecerme del agente, pero jamás interrumpiría una conversación facultativa que presidiese el inquieto Mordin. Eso era, sencillamente, desquiciante y en más de un sentido posible. Si no asistías enfermo, salías de allí perjudicado. Mejor prevenir que padecer el dolor de cabeza residual de su incesante perorata.

La estampa, parcialmente antagónica, se completaba al observar al proteano y compañía a pocos pasos de ahí.

Samara, EDI y Javik, se hallaban sumergidos en conversaciones filosóficas que no llegaba a comprender del todo y, para ser sincera, tampoco me interesaban demasiado. Por el rostro de absoluta serenidad de Samara, se podía decir que estaba a punto de alcanzar el Nirvana, mientras que Javik fruncía lo que se suponía era su ceño cuando EDI le acosaba con preguntas complejas.

'Estar con los primitivos me ha hecho entablar una conversación con una máquina. Debo estar volviéndome loco' llegué a oírle decir. EDI era un poco inquisitiva, si se la dejaba, pero resultaba interesante escucharla nombrar racionalmente cuestiones que, normalmente, se enfocaban desde un punto de vista emocional. Había desarrollado una notable comprensión del mundo orgánico, y el descubrimiento de esa nueva —aunque anquilosada— especie superviviente, había sido objeto de estudio para ella en las últimas semanas.

Javik, por el contrario, parecía reacio a compartir más información de la necesaria. La Justiciera, mientras tanto y cuando su aura de meditación se lo permitía, le pedía amigablemente que no se resistiera pues, según su perspectiva, la IA era parte de la tripulación y era ley del código ayudar en lo posible al objetivo en común, incluso a pesar de las motivaciones o preferencias propias. Como siempre, el proteano hizo caso omiso despachando la sugerencia con una respuesta envuelta con su habitual soberbia, y continuó bebiendo a disgusto, un simple vaso con agua.

—Javik, trata bien a mi seductora cafetera, o este primitivo ser te flotará al vacío. —sonreí, guiñándole el ojo mientras, dejando claro el tono festivo de mi velada —aunque muy verosímil— amenaza.

—Primitivos. No me extraña que estén a punto de extinguirse. No tienen gracia siquiera. —refunfuñó, dando un nuevo sorbo de su insípida bebida.

Liberé una comedida carcajada y me aventuré hacia el resto de las estancias; la noche aún era joven y yo me hallaba esperanzada. Se podía decir que, prácticamente, ni me acordaba del porqué de esta reunión aunque, claro, eso sólo ocurría si evitaba la sobriedad y la soledad.

Al subir las escaleras, me topé de frente con un alegre James y un relajado Cortez cuando me dispuse a dar una vuelta por la primera planta. No sé quién les había dicho que arriba se podía pasar, pero mi tripulación era mi familia, así que podían hacer con lo mío lo que desearan, dentro de unos límites, claro estaba.

Al parecer, ambos mantenían una de esas discusiones en las que Vega incitaba a su amigo a acompañarle a pasar una noche loca en el Purgatorio para despejar un poco al piloto de sus quehaceres y ver si, la divina providencia, le volvía a encontrar compañero de cama. No es que me importara, pero conociendo al primero, el estado físico y mental de Esteban peligraba.

—¿En qué andas ahora, James? ¿Buscas que me quede sin piloto? —Me acerqué a él, que se hallaba apoyado sobre la barandilla, y posé mi brazo sobre sus hombros.

El soldado me miró con fingida indignación y sonrió.

—¡Ouch! Qué poco me estimas, Lola. —alargó una mano por detrás de mí, pero sólo para dejarla reposar sobre la misma barandilla en la que se hallaba recostado. No obstante, aquel gesto bastó para que sintiera su calor en mi baja espalda.

—Créeme, James, mi estima no tiene nada que ver con ello. Conozco el peligro cuando lo veo, y tú tienes mucho… en varios sentidos, por cierto. —me acerqué a él y le miré de arriba a abajo con lascivia que simulaba ser fingida, aunque, secretamente, era más que palpable.

Los párpados del soldado se abrieron más en señal de leve sorpresa y me ofreció una media sonrisa de las suyas.

—¿Qué, Lola? ¿Acaso la poderosa comandante biótica le tiene miedo a un simple soldado? Sé que mis músculos pueden impresionar, y desde luego que son más eficaces que vuestros trucos de luces, pero ¡eh! no te quites el mérito, Shepard, no estás mal tampoco.

Sabiendo ya por dónde iría, resoplé entretenida y acerqué mi mano a su abdomen hasta sentir su cuerpo tensarse con mi tacto.

—Oh, James... No tendrías nada que hacer conmigo. Con o sin bióticos, yo siempre terminaría sobre ti. —deslicé mi mano hasta sus pectorales, deteniéndome allí más tiempo del prudente hasta sentir su corazón acelerarse, para luego alzar mi mano hasta su barbilla y darle un ligero toque en la punta. Es el tipo de gesto que siempre suelen hacer en las películas románticas de bajo presupuesto. Sin embargo, aquello llamó notablemente la atención del marine.

El soldado abrió y cerró la boca un par de veces buscando, quizás, alguna ingeniosa respuesta que nunca llegó, para deleite mío.

La risa del piloto acentuó el sarcasmo de su comentario.

—¡Vaya, Vega! por primera vez parece que te has quedado sin palabras. ¡Bendita seas, Shepard! —soltó una carcajada y yo le seguí. Después de todo, ver a James sonrojarse, era una variación en su semblante más que bienvenida.

Aproveché el impasse para alejarme de ellos y continuar mi camino, no sin antes dirigirle una última mirada pícara al teniente que me observaba de vuelta con estupefacción y una extraña expresión complementaria. Si no practicase la modestia con asiduidad, diría que, por su semblante, se hallaba considerablemente excitado, pero era demasiado suponer con una simple mirada y mueca en su rostro.

Pese a que James y yo solíamos jugar al gato y al ratón desde siempre, detrás de cada insinuación, siempre había algo más, un añadido de verdad en cada broma. Era evidente a todos los niveles y, aunque la vida me había llevado por otros derroteros, la atracción mutua seguía existiendo, pese a las circunstancias. No descartaba tener la oportunidad, más adelante, de conocer la naturaleza de ese añadido extra y menos si implicaba olvidar, momentáneamente, parte de la agonía de la soledad en brazos de una mole humana de considerable atractivo.

Dejándoles ya atrás, y evitando pensar en el porqué de esa sensación de soledad y abandono perenne, me detuve cerca de mi habitación al escuchar un ruido extraño y murmullos alegres.

Al asomarme, observé a una entretenida Kasumi aparecer y desaparecer repentinamente, mientras expresaba, con ese tono jovial suyo tan habitual, lo emocionada que estaba al poder ver que 'la Shepard oscura y rebelde' también usaba tangas rosados de encaje.

Era más que obvio que mis cajones, a estas alturas, habían sido saqueados, pero decidí que aquello no me importaba en absoluto viniendo de la impetuosa ladrona. Si la condenada ninja espacial quería mis bragas, le daría cien, mientras pudiera tenerla de aliada y amiga. Estaba loca y era temeraria, ¿qué más necesitaba? Además, era increíble con el sigilo y siempre me asombraba su capacidad para entrar en cualquier entorno de nivel de seguridad cinco o superior, o incluso con refuerzos biométricos del estilo Serie EX-700, como los que encontramos en la mansión del magnate y traficante de armas Donovan Hock cuando acudimos a por las memorias de su amado Keiji.

—Goto, tu morenazo está abajo. Deja mis bragas y ve a supervisar sus necesidades, que le he visto algo aburrido con la animadora. —sonreí con su escueto 'Yo me encargo, Shepard' después de verla desaparecer de nuevo, y avancé hacia la pequeña sala cercana.

Al principio pensé que me encontraría con Kolyat, pero el rostro de la doctora Chakwas y Kaidan fueron los que me recibieron, y no con demasiado entusiasmo.

El silencio se instaló entre ellos y, por un breve instante, pensé que sobraba en mi propia casa.

—¿Interrumpo algo? —dije, acercándome a la doctora y dejándome caer entre ellos.

Kaidan resopló sutilmente y se apartó un poco más de mí. La doctora observó mi reacción y se apresuró a responder con su acostumbrada, aunque formal, amabilidad.

—Shepard, te veo más animada. ¿Cómo te encuentras?

Me reí con aquella afirmación tan trivial y fuera de lugar.

—¿Es curiosidad médica o personal? Si es lo primero, supongo que la contestación más correcta sería 'ebria'. Si es lo segundo, pregúntamelo mañana, Karin, dependerá de lo que suceda hoy. —alojé mis manos en mis muslos y suspiré, buscando calmar la incomodidad que comenzaba a surgir en mi interior.

La sutil risa de la doctora sólo fue correspondida por mi breve sonrisa. Después, el silencio volvió a instalarse entre nosotros.

—Bueno, —dije, intentando buscar conversación —¿Os lo estáis pasando bien?

Miré a Karin y luego al recién nombrado espectro, hasta ver el evidente desagrado en el rostro de éste.

—Sí, Shepard. Le decía al mayor que la noche…

—Qué más da lo que hablásemos, ¿acaso importa? —interrumpió molesto el marine, mientras me obsequiaba con una orgullosa mirada.

Le observé mientras enarcaba una de mis cejas y resoplé —Claro que importa. Sería toda una novedad, y motivo de festejo, verte hablar de otra cosa que no fueran tus migrañas y lo mucho que te jodió que te dejara por un asesino alienígena.

Antes de que el soldado me contestase e iniciásemos otra de esas estúpidas e interminables discusiones, me levanté y les di la espalda. Sabía que Karin apreciaba enormemente a Kaidan y, por respeto a ella, no quise continuar, pero un inoportuno pensamiento me detuvo.

Era obvio que el mayor se encontraba visiblemente afectado por el alcohol. Aunque apenas nos dirigíamos la palabra, su situación me preocupaba en cierta medida pues sabía, de buena fuente, que cuando desaparecí junto con la Normandía, él se abandonó a la bebida y a la desesperación. De no ser por Anderson y Joker, jamás se hubiera rehabilitado, así que verle aún así de afectado por todo lo que había ocurrido entre nosotros, no calmaba los vestigios de mis remordimientos.

—Lo siento. No debí decir eso. —ofrecí enseguida sin darme la vuelta. Tenía mi orgullo, y no quería parecer demasiado culpable y vulnerable.

—Bueno, os dejo a solas. Por favor, nada de pistolas, cuchillos ni bióticos, ¿de acuerdo?

Asentí con una media sonrisa y observé a la doctora marcharse en silencio.

—Me gusta que ella cuide de ti. —me giré para sentarme de nuevo, esta vez a una distancia prudente de él, y le vi mirarme con intensidad, aunque no apartó su expresión constreñida.

—No es consuelo, en realidad. Pero es una buena mujer. —el mayor apartó su mirada de mí y relajó su postura.

—Sí. No como otras, al parecer… —por su repentina expresión intuí que había errado en mi suposición de que aquel comentario iba dirigido a mí con segundas y afiladas intenciones.

—No todo gira en torno a ti ¿sabes, Shepard? Pero ahora que lo mencionas, sí. Pocas mujeres son tan frías y egoístas como tú. —el gruñido del mayor me asombró.

Además del habitual efecto del alcohol sobre un implantado L-2, Kaidan, especialmente, no debería estar bebiendo. Pero pese a esa consideración, su comentario me atravesó de lleno el corazón y eso no podía permitirlo, menos aun viniendo de alguien que me había traicionado cuando más lo necesitaba.

—Es una lástima, entonces, que te enamoraras de una perra tan malvada, Alenko. Pero mira por dónde, esta perra fue capaz de ser feliz sin ti, un acomplejado groupie de la Alianza tan remilgado que no dudó ni un segundo en abandonar a su supuesto amor, a cambio de un ascenso y una palmadita en la espalda. —me levanté con rabia del sillón y le observé una vez más —Eres patético, Kaidan. No eres ni la mitad de hombre que fue Thane. Ojalá hubiera sido tu memoria la que estuviéramos honrando hoy, y no la de él.

Maldita debilidad. Quise decir aquello con determinación, pero mi voz tembló con esa última frase y mis ojos comenzaron a escocer con la inminencia de unas inoportunas lágrimas.

Me di la vuelta y di un paso para marcharme, hasta que unos fuertes dedos me detuvieron bruscamente y tiraron de mí.

Bien por el alcohol o por haber tropezado, además, con sus pies, me derrumbé sobre el regazo del mayor y éste me sujetó firmemente por las caderas, antes de besarme con inesperada violencia.

Sus familiares labios asaltaron mi boca y ahogué un grito.

Pese a que me resistí inicialmente, le concedí cierto margen para que se diera cuenta del error que estaba cometiendo. Sin embargo, lejos de tranquilizarse y retirarse, el marine se revolvía aún más debajo de mí, deslizando insistentemente sus manos por mi cuerpo y demandando más de mi boca, hasta que consideré oportuno detener sus avances con un puñetazo en su quijada.

—Estás loco, Kaidan. ¡¿Qué demonios crees que haces?! —grité ya una vez de pie delante de él, mientras me secaba la humedad residual de mis labios.

El rostro aturdido del mayor se transformó en una auténtica expresión de ira descontrolada, su perfil brillando sutilmente en luz azul, electrificando el ambiente con su inesperada reacción biótica.

—¡Estoy cansado! ¡Harto de tus desplantes! De tu odio, de tu soberbia… de tu maldito rostro y recuerdo. No deberías haber vuelto. Deberías haber permanecido en el vacío junto a los restos de la antigua Normandía. —gritó enardecido, haciendo, entretanto, bruscos aspavientos en mi dirección. Su rostro era una mezcla de odio y rencor tan intensos que, por un breve instante, me pareció estar hablando con un cascarón deforme.

Le observé incrédula y me obligué a respirar. No quería un escándalo en un día así y menos dar un espectáculo con toda la tripulación presente, así que cerré los ojos unos segundos para serenarme antes de terminar estampando sus sesos contra mi hermoso mural de mármol travertino romano.

—Mayor Alenko —musité entre dientes lo más delicadamente que me fue posible —Fuera de mi jodido apartamento. Ahora mismo.

La ira se almacenaba en mis mejillas a modo de fuego hasta tal punto, que puede que sintiera el acoplamiento de varios de mis engranajes cibernéticos, justo como cuando me dispongo a entrar en batalla; totalmente alerta y reactiva a lo que sucediera. Mi biótica reaccionando en consecuencia con un halo azulado intenso que ensombrecía el del mayor.

El alcohol inutilizaba, considerablemente, mi capacidad de raciocinio, además de mi ya de por sí escasa paciencia, así que el hecho de que me temblasen las extremidades, era sólo fruto de mi rabia desbocada e irracional. Si recibía algún otro golpe dialéctico, o físico para mayor repercusión, seguramente tendría por aquí en breve al Seg-C, intentando encubrir lo que sería, casi con total seguridad, el asesinato de un espectro a manos de otro.

Sentí la mirada de Kaidan deslizarse sobre mi rostro y, por fortuna, no elaboró réplica alguna más.

Con un leve, aunque forzado asentimiento, y con la cabeza gacha, se marchó en absoluto silencio, dejándome sola de nuevo y con una profunda sensación de impotencia que apenas logré apaciguar.

—¡Maldición! Necesito algo más fuerte. —recordé que Kolyat aún estaba por aparecer, así que continué mi búsqueda, intentando evitar el recuerdo de la conversación anterior así como cualquier comportamiento que me llevase, finalmente, a la celda de aislamiento de la Ciudadela.

Al dirigirme a la habitación contigua a la mía, escuché un delicado murmullo y dos voces familiares.

—Tranquilo. Ella lo comprenderá. Puede ser dura, pero es normal, es Shepard.

Me acerqué sigilosa al marco de la entrada y eché un cuidadoso vistazo a la escena.

Liara se hallaba acariciando la mano de Kolyat, mientras ambos hablan muy cerca el uno del otro, sentados despreocupadamente sobre una desordenada cama. Ambos parecían encontrarse muy cómodos juntos, y sentí que mis mejillas volvían a arder inexplicablemente.

Al parecer, el joven drell no había estado perdiendo el tiempo esta noche. Mientras yo me dedicaba a honrar el recuerdo de su padre de la mejor forma posible, él aprovechaba la distracción para hacer de las suyas con la taimada asari.

Pese a la escena, lo que realmente me enfureció fue saber que ambos me lo ocultaban, y eso me ayudó a hacer el 'click' mental que todo este tiempo, sin darme cuenta, llevaba necesitando.

Parecía que todos se dedicaban a experimentar lo que deseaban vivir menos yo, así que eso tendría que cambiar y pronto, si no quería que la frustración, la ira y la impotencia se acumulasen peligrosamente en mi interior.

Disfrutar del presente y sólo de él, era lo único que me quedaba en un futuro tan incierto como el mío.

En unas pocas zancadas, avancé hasta mi habitación y me acerqué a la mesilla de noche de donde extraje una pequeña y aterciopelada caja negra. La abrí y sujeté un vial colmado de un denso y rojizo líquido.

Esta era una de las mercancías que más me había costado conseguir en el mercado negro, pero valía la pena en un momento así, donde lo único que importaba era sentir algo más que dolor, rabia e impotencia, donde, por más que lo intentase, la agonía de la pérdida acudía a mí para recordarme que, por más ruido, alcohol y voces que hubiera a mi alrededor, continuaba estando sola.

Volví a guardar la caja en su sitio y me senté en la cama, mientras inspeccionaba la pequeña dosis.

—Lola, ¿te encuentras bien? —la grave y melódica voz de James, me sobresaltó —He visto marchar a Kaidan con cara de pocos amigos, ¿está todo bien por aquí?

Alcé mi rostro y sonreí. Vega siempre tan oportuno, pensé, mientras le observaba intensamente.

—Mejor que nunca, James. —respondí, elevando el pequeño vial para que lo viese.

El teniente abrió los ojos en sorpresa al comprender de qué se trataba.

—Shepard, ¿eso no será…? —la pregunta murió con la amplitud de mi maliciosa sonrisa.

Dejé a un lado el vial y comencé a desabrocharme, lentamente, la camisa, dejando al descubierto mi sujetador y mi torso al completo.

La nuez del soldado osciló de arriba a abajo y su mirada nerviosa se detuvo sobre mi rostro; parecía estar solicitando permiso y hoy me hallaba demasiado complaciente como para considerar el rechazo.

Sonreí nuevamente, de una forma aún más retorcida, mientras sentía el fuego acudir de nuevo a mi vientre y extremidades, los dedos de una de mis manos acariciando lentamente mi abdomen y un poco más abajo. Al sentir su profunda mirada sobre mí, dejé caer ligera e intencionadamente mi cabeza hacia atrás, sin detenerme en mis atenciones, invitándole así a que siguiera deslizando su hambrienta mirada por donde mi piel fuera visible.

Pasaron apenas unos segundos, pero su semblante mutó radicalmente y entonces lo supe.

Tal como cabía esperar, James no me decepcionó.

—Entra, soldado… y cierra la puerta.