¡Holita!

Lamento mi descuidada narración, pero el verano es lo que tiene: me convierte en un vegetal. Es por ello que aprovecho las madrugadas para poder escribir algo y adelantar, que voy muy retrasada en todos los fics.

¡Espero no aburriros demasiado!

Mil gracias por continuar aquí, pese a todo.

Un abrazo gigante.

P.D: La gran mayoría de personajes, así como el mundo en el que está ambientada esta historia, son creaciones originales de BioWare. Sin embargo, varios sucesos y personas que aquí aparecen, son obra propia. Esta historia contiene spoilers de los libros, cómics, vídeos y juegos.


- Un Después -


Otra noche de sueño esquivo…

Bien podría decir que la culpa la tenían mis propios pensamientos, mas fue el insaciable fuego que ardía dentro de James lo que me mantuvo hasta el amanecer sin conocer descanso o sosiego.

Jugar a ser simplemente una mujer con necesidades carnales, sin más consideraciones que el propio disfrute, había estado relativamente bien las primeras horas de aquel encuentro, justo cuando el Hallex y el alcohol obraban su gratificante poder en adormecer mi conciencia y exaltar eficientemente mi libido.

Ahora, ya pasado el efecto y mientras Vega se distraía hábilmente con su boca entre mis piernas, una oleada de remordimientos inundaba mi mente con pensamientos de vergüenza y traición.

¿Habría, acaso, un periodo estipulado para guardar el luto en algo así? Quizás había sido demasiado pronto, o puede que tarde, no sé, pues ya no entendía de tiempos cuando el dolor había echado raíces de esta forma. Nunca había amado con anterioridad ¿cómo saber lo que implicaba? Sólo buscaba romperme y reconstruirme, morir y renacer.

Gemí, ¿cómo no hacerlo? Sonrojada y sensible como me hallaba, todo cobraba más fuerza, incluso aquel contradictorio placer.

—Dios, Lola… jamás me cansaría de ti, de tu sabor… —la lengua de James oscilaba sobre mi centro, rozándolo con insistencia, haciendo figuras sobre mis inflamados pliegues hasta llevarme una y otra vez a aquel doloroso aunque delicioso orgasmo.

Yo me dejaba hacer. Me ayudaba a no pensar, a centrar parte de mis sentidos en lo que ocurría… hasta que lo salvaje dejó de funcionar, hasta que ya nada parecía surtir efecto para aplacar la sensación de pérdida.

Estando acompañada, me sentía más sola que nunca…

El inevitable amanecer artificial de la estación trajo consigo el incómodo silencio del después. Ese después en el que no sabes si gritar o callar.

Los neones y la adulterada luz que se colaba por entre las persianas de las ventanas del apartamento, revelaban las sutiles motas de polvo que flotaban por el denso ambiente posterior a una concurrida fiesta.

Me hallaba recostada boca abajo, uno de mis brazos colgando al borde de la cama, mientras observaba con abandono el errático movimiento de aquellas ligeras y etéreas partículas.

Varios dedos se deslizaron por mi columna hasta mis glúteos, una mano hallando un muslo donde asirse firmemente, entretanto delicados besos me eran obsequiados con cuidado y mimo sobre uno de mis costados.

Sabía que estaba sonriendo. Sus labios sobre mi piel así me lo indicaban. Sabía que estaba disfrutando de ese momento tanto como lo habría disfrutado yo si no me hallase en otro lugar ahora, junto a otra alma y recuerdo. Me dolía no poder corresponderle.

James era un buen hombre dentro de la carcasa de un soldado jodidamente excelente. Podría decir incluso que, su rendimiento en la cama, resultaba todavía más notable que en tierra, pero para aseverarlo, necesitaba más que una única noche loca de drogas y alcohol. Una noche que no sabía si deseaba repetir, analizándolo ahora en detalle.

Alcé mi mano y dejé que los rayos artificiales de luz rozaran las yemas de mis dedos; mis traslúcidas uñas dejaban escapar la claridad del entorno por ellas, simulando la reacción de una sutil recarga biótica.

Recordé una voz y un susurro familiar.

«Me has hecho feliz, siha…»

Me estremecí. Una presión detrás de mis ojos y un nudo en mi garganta fueron el resultado de la culpa y la vergüenza instalándose junto a la sensación de pérdida que no se despegaba del fondo de mi memoria y corazón.

—Tenías razón, Lola…

Su voz me extrajo del dolor de aquel recuerdo.

—¿En qué? —ofrecí sin dirigirle la mirada.

—En que, al final, sí terminaste encima de mí, comandante… varias veces, además.

Su pícara aunque breve carcajada me torció la sonrisa, y abandoné mi intento por acariciar el aire.

—¿Acaso lo dudabas, teniente? —volteé mi rostro, sin dejar de darle la espalda, y permití que sus manos se posaran fuertemente sobre mi cintura para que me acercara a él.

—Ni por un momento —sus labios rozaron los míos con tanta suavidad, que estuve tentada a dejarme llevar un poco más. Uno de sus dedos, me acariciaba el mentón con inesperada delicadeza, acentuando así el inoportuno significado romántico de aquel gesto.

Aquello no me agradó. Yo no era una frágil flor que requiere de esa clase de atenciones después de una noche de esas características. James había supuesto mal con aquello, o tenía intenciones que iban más allá de un puntual escarceo; esta última cuestión siendo más problemática que halagadora.

—Buen soldado. —dije al romper el beso con cierto desagrado. Hice el gesto de incorporarme para dar por finalizada aquella locura, pero él me sujetó por las caderas y estrelló sus labios nuevamente contra los míos. Su boca reclamaba una nueva ronda de intenso delirio para la que no estaba preparada.

Gemí al sentir sus dedos pellizcar mis sonrosados e irritados pezones, una mano deslizándose desde atrás hasta mi centro nuevamente con ardientes intenciones. Mi respuesta pareció encender aún más la chispa insaciable de su poderosa masculinidad y me contuvo fuertemente contra él, su pecho contra mi espalda, mientras sus manos averiguaban cómo deshacerme de nuevo entre sus dedos.

Le detuve antes de volver a perderme. Si continuaba, la culpa ya no sería del Hallex ni del alcohol, sino de mi desmedido apetito por la pérdida de control y el caos.

—Aún es pronto, Lola… Aprovechemos la mañana. —sus labios me susurraron aquella sugerencia; sus dedos continuaban sin pedir permiso, ni perdón, tan sólo tomaban lo que deseaban, como el líder nato que era.

Me apretó aún más contra él, deliberadamente. Sabía cómo reaccionaría mi cuerpo al acercarme así al suyo; me había estudiado bien, no podía negárselo. Su cuerpo temblaba de ganas, sus impulsos obedeciendo a la pasión más primaria, mientras sus caderas intentaban, por todos los medios, buscar la forma de romper mis defensas y así permitirle el paso dentro de mí… pero yo ya me había cansado de aquel juego. La tentación ya no era mayor que la culpa, e igualaba en fortaleza al hastío y a la sensación de estar perdiendo el tiempo.

Contuve el avance de sus manos con las mías y aparté sus dedos de mí, con clara hostilidad.

—Suficiente. —me incorporé de la cama y observé de reojo el rostro del soldado. La comprensión de mi prerrogativa le hizo palidecer para luego colorear sus rasgos con tonalidades de un intenso escarlata.

Parecía disgustado, puede que ofendido, pero aquello no me importó una mierda.

—¿Lola?

Me levanté y anduve hasta la cómoda de mi vestidor. Recogí un par de prendas y, con un ademán de mi cabeza, le señalé la salida a James. No deseaba volver a verle a los ojos, esos tan distintos a los de Thane...

Sabía que tratarle así era sumamente injusto, pero no podía permitirme alimentar más al monstruo de la amargura tan pronto.

—Cierra la puerta a salir. —no le di margen a que me respondiese. Me introduje directamente en la ducha, buscando limpiar algo de la conciencia que había necesitado ensuciar esta noche con tantos placenteros instantes. Momentos que dejarían de ser, con el tiempo, algo agridulce.

Escuché un portazo y puede que un insulto en su lengua materna, pero nada con lo que no pudiera lidiar después. Vega era una fuerza de la naturaleza, en más de un aspecto, y aquello era parte de su encanto latino. Él terminaría por comprender y aceptar, estaba segura.

Una catarsis; ahora mismo era exactamente eso lo que necesitaba. Volver a empezar, lo que llaman coloquialmente 'pasar página'. Sería duro, muy duro, pero debía hacerlo. La noche con James era parte de esa purga. Necesitaba quemarme para renacer. Era mi especialidad; sobrevivir al abismo… a cualquier coste.

Recordé a Kolyat. El horror en su mirada al verme sobre el soldado, la vergüenza en su rostro, la rabia. Debía hablar con él, era consciente, pero temía su reacción. Temía ver en su faz una muestra del dolor del padre... no podría soportarlo.

Abandoné el aseo apenas escuché las risas y el ajetreo habitual de quien intenta sobrevivir a la resaca posterior de una fiesta.

Reconocí la voz de Jack y Joker. Las carcajadas de Wrex, Grunt y Massani confirmaron que, pese a que di la jodida orden de que se largasen después de la celebración, los mismos de siempre, como era su costumbre en cuestiones así, habían decidido ignorar mis órdenes. No podía culparles; vagar ebrios por la Ciudadela era un deporte de riesgo. No para ellos, en realidad, sino para la seguridad de la estación, aunque ese no era mi puñetero problema.

Por las quejas del teniente, supuse que estarían burlándose de él por razones obvias; yo no era una amante especialmente silenciosa y él tampoco había sido discreto.

Pobre James. Este incidente, si podía llamarlo así, seguramente traería consecuencias. Pero no era algo que me preocupase. Al menos ello me distraería de volver, una y otra vez, al recuerdo del maldito asesino drell.

Abandoné mi habitación, aún pensativa, y bajé las escaleras.

Unos silbidos y alguna que otra risa sardónica me recibieron; pero ningún maldito café.

—Tentáis vuestra suerte. Aún no he tomado mi café. —gruñí.

—Pensábamos que recibías allí arriba todo lo que necesitabas, Shepard. No parecías necesitar que nada te despertase, salvo lo que sea que tuviera James entre sus piernas. —su risa ronca y burlona por poco se me contagia, tal como le sucedió al resto de los presentes, pero Jack jamás conocería el esfuerzo que tuve que hacer para evitarlo.

El rostro del teniente, serio y fruncido, se completó con un incipiente rubor que acentuó las burlas del resto. Al verme observarle, el soldado se alejó del grupo y abandonó la propiedad sin despedirse, visiblemente afectado por mi presencia y por lo que había sucedido escasos minutos antes.

—Mi… jodido… puto… café antes, 'Jackeline'… no me apetece decorar mi apartamento con tus mermados sesos —insistí, simulando hastío.

Me dirigí hacia la cocina y me serví una enorme taza de café con más azúcar del que debería, aunque hoy lo necesitaba especialmente. Observé parte de los restos de la fiesta en el comedor, pero por fortuna Glifo ya se había encargado de recoger la mayoría.

Gran parte de la tripulación y amigos se habían marchado. Tampoco había rastro de Kolyat y mucho menos de Kaidan. Este último podía irse a la mierda si quería.

Ingerí el café como si de agua se tratase y caminé hacia donde se hallaba el resto, charlando a viva voz, entre risas y burlas varias.

—Shepuuuurd, parece que anoche te lo pasaste bien. Por la forma en la que James bajaba las escaleras, no fuiste la única —Grunt acompañó ese comentario con su habitual carcajada socarrona.

—Glifo —dije, obviando la chanza del krogan.

—¿Sí, comandante?

—Si en diez minutos no estamos solos tú y yo en el apartamento, usa la última chispa de tu jodida estructura holográfica para que lo estemos.

—¿Comandante?

—Ya me has oído. No quiero más parásitos aquí por hoy. ¡Fuera todos! —ordené. No me hallaba de buen humor y ya todos se habían divertido demasiado a mi costa. Necesitaba aclarar mis ideas y mis siguientes pasos.

Las quejas del joven krogan y de Joker continuaron hasta la entrada de mi apartamento, Massani y Wrex los únicos en despedirse con un despreocupado gesto de sus cabezas.

Cuando la puerta automática se cerró tras ellos, el peso de toda la jornada pasada cayó de golpe sobre mí.

—Glifo, recuérdame no volver a combinar Hallex, alcohol y músculos latinos, por favor.

—Sí, comandante. —su familiar pitido de comando almacenado en memoria, rompió con la ironía de mi mensaje, pero decidí que no estaría de más tener una conciencia adicional por un tiempo, dado mi comportamiento de las últimas horas.

Froté enérgicamente mis sientes y suspiré. Mi cuerpo dolía por el esfuerzo de mantener un ritmo al que ya me había desacostumbrado.

Con Thane, hacer el amor se tornaba en un ritual que iba más allá de la resistencia, la agilidad y la pasión. Era algo profundo, íntimo, cercano al alma. Me imbuía de una calidez punzante y constante. Era como besar y abrazar al sol, mientras sus latidos acompasaban los míos con paciencia y dedicación. Todo en él era embriagador, incluso sus besos siempre sabían a devoción. Si tuviera que definir la esencia del amor, le pondría su nombre como sinónimo… así era él y todo lo que me daba.

Con James, todo había sido salvaje, violento, insaciable. Semejaba más una lucha por el poder, o una competición que un ofrecimiento amistoso. Todo resultaba demasiado tangible, demasiado físico… excepto con aquel beso. Ese beso, suave y lento, fue más allá de todo ello y temí que por su cabeza surcaran ideas equívocas de lo que había sucedido entre nosotros.

Yo jamás le amaría, y eso debía dejarlo claro tajantemente aunque se me juzgara con severidad por ello. No me importaba. Después de todo, seguía siendo esa Shepard despiadada a la que sólo le interesan los resultados… ¿o no?

Éste era el después. Uno de tantos otros. Decisiones debían tomarse. Debería aceptar lo que era antes de que ello me consumiera.

Y el hecho es que Thane ya no se hallaba junto a mí. Nunca más lo estaría. Su voz sólo volvería a sonar en aquellos vids que su hijo conservó para mí. Vids que tendría que guardar bajo llave si no quería perderme en ellos.

Él había sufrido con suma crueldad el significado de la pérdida. Le habían arrebatado su todo cuando acabaron con Irikah, su mujer, y aquel dolor se le enquistó en el alma. Se dedicó a vivir una vorágine de venganza contra los responsables directos de su muerte y, entremedias de esa locura, sin darse cuenta, perdió a Kolyat. Su vida en Kahje, le legó la condena de padecer una dolorosa e incurable enfermedad que le ahogaría lentamente hasta acabar con él. Pensó estar en paz con su vida, hasta que me conoció y, con ello, la inesperada oportunidad de rehacer su vínculo con su único hijo… hasta que un asesino desalmado, acabó con todo atisbo de esa suerte. Pese al dolor que portaba a cuestas por ello, su muerte no quedaría sin venganza.

Aparté el recuerdo del drell al notar mis mejillas húmedas, y contuve el aliento un poco más hasta liberarlo con fuerza.

—Shepard, tu presión sanguínea y ritmo cardíaco han aumentado considerablemente. ¿Necesitas asistencia médica?

El maldito holograma entrometido. Cómo no, viniendo de quien venía.

—Deja de escanearme, tostadora, y llama a T'Soni. Tengo que hablar con ella de un asunto.

Recordé la escena de ayer entre ella y Kolyat y, en vista de que ninguno de los dos se hallaba cerca, supuse que la asari tendría algo que contarme.

—Inmediatamente.

La comunicación fue prácticamente instantánea y, por lo que veía en pantalla, el drell no acompañaba a la doctora.

—Shepard, ¿qué ocurre? Espero que no sea grave.

—Liara, me alegro de verte tan… azul.

Su suspiro me indicó que estaba interrumpiendo algo importante y la estaba importunando.

—No es buen momento, Shepard…

—Sí, ya, ya… En realidad, quería saber si sabías dónde estaba Kolyat. —dije, observando su reacción— Como ayer os vi tan compenetrados en la fiesta, supuse que conocerías su paradero o dirección.

La mueca de sus labios me indicó que le estaba insinuando algo fuera de lugar, y no sé por qué sentí cierto alivio.

—Shepard, mejor será que hables con él. —a veces sentía que Liara no me escuchaba. Para muestra de ello: su respuesta.

—Eso intento. —respondí, un poco molesta— ¿Por qué crees que te llamo? Ya he visto suficiente de tu culo azul por aquí. Sólo necesito hablar con él, ¿sabes dónde está?

—Claro. Te envío su dirección. Y ahora, si me permites…

No esperó mi despedida, pero no me importó; yo tampoco quería perder el tiempo con formalismos. Liara, pese a lo dulce que era habitualmente en la intimidad, se había vuelto mucho más dura e insensible con el tiempo. Supongo que ser el nuevo Corredor Sombrío requería muchos sacrificios, unos que no imaginaba mas comprendía a la perfección aun sin conocerlos. Al fin y al cabo, yo era la jodida Comandante Shepard, una paria entre los míos desde lo de Cerberus y los Batarianos, y sin embargo, aquellos que se definían a sí mismos como moralmente superiores, siempre acudían a mí para solucionar un entuerto o incluso lo imposible. En esos momentos, no importaba que yo fuera alguien cuyas reiteradas ofensas, en teoría, avergonzaban parcialmente a la Alianza; sólo buscaban resultados, y nadie mejor que yo para eso.

Algún día llegaría el momento en que me cobraría todo aquello que había sacrificado por los burócratas, pero aún no. Mi vendetta personal tendría que esperar un poco más.

Abandoné mi apartamento y me dirigí hacia la dirección que Liara me había proporcionado. Los suburbios de la Ciudadela no eran precisamente lujosos y estaban repletos de personajes de todo tipo, condición, especie y profesión, pero era el lugar idóneo para un joven drell que buscaba no levantar muchas sospechas. Algo que, sin duda, había hecho de los distritos, el sitio perfecto para pasar los días sin muchas complicaciones con la ley.

—¿Justo al lado del Flux? No me sorprende —avancé hasta el número de su apartamento y llamé al intercomunicador.

Las cercanías se hallaban apenas concurridas, pese a que los bares y salas de juegos cercanos estaban a rebosar de vida. Atraje algunas miradas curiosas pero mi habitual expresión de indiferencia terminó por hacerles perder el interés.

Volví a llamar, pero no hubo señal alguna de él.

Comprobé que esta era la dirección correcta antes de insistir una última vez.

Y, de nuevo… nada.

Recordé la expresión del drell al verme con James y temí que hubiera tomado una decisión impulsiva, pero sabía que él no se habría marchado de la estación sin avisar, al menos, a su querida asari. Era evidente que debía estar en algún lugar de la Ciudadela, así que decidí piratear la entrada con la excusa de…

¡Al diablo con una excusa! Haría lo que necesitase hacer y punto. Siendo una Espectro renegada y reformada, además de una comandante degradada y readmitida en tiempo récord, pocas cosas podían afectarme ya y hacía tiempo que había dejado de lado la cordialidad y la mesura.

Me adentré en su piso en silencio. Éste se hallaba algo más oscuro de lo que esperaba y estuve a punto de tropezarme un par de veces con algo de dudosa composición que se encontraba desperdigado por el enmoquetado suelo del recibidor. Observé a mi alrededor para ver alguna señal del drell, mas fueron torres de vasos mal puestos y vajilla sucia lo que me dio la 'calurosa' bienvenida.

Resoplé en disgusto y aparté algunas cosas de mi camino antes de continuar. El olor a alcohol rancio impregnaba la atmósfera de un almizcle denso y ácido, haciendo casi insoportable estar allí.

Caminé un poco más por el comedor y, aunque por los restos era evidente la lucha interna que el drell batallaba desde la muerte de su padre, noté más que tristeza y rabia; se percibía una profunda soledad, incluso vergüenza ¿qué habría sucedido?

Unos fluctuantes ronquidos lejanos, me indicaron finalmente mi destino.

Me acerqué hasta su cuerpo semiinconsciente y observé la escena con detenimiento.

Su fibroso torso se hallaba meciéndose al ritmo de sus profundas inhalaciones, mientras sus glúteos brillaban con la tenue luz de una modesta pecera de seres bioluminiscentes que estaban al borde de la inanición.

Puede que mirase más de la cuenta, pero ¿cómo evitarlo? Los drell eran una especie hermosa, de una constitución tremendamente musculosa y definida, con colores y líneas que resaltaban sus partes más atrayentes. Kolyat, era un perfecto ejemplo de por qué muchas humanas preferían su anatomía a la de un humano. Aquellos dedos palmeados tampoco ayudaban a mantener a raya la imaginación, es por ello que muchas jóvenes caían finalmente en las redes de esa especie anfibia que tantas virtudes poseía a ojos nuestros. Además de ello, el sutil aliciente del efecto químico al entrar en contacto con su piel y otras mucosas, era motivo adicional para encontrarlos especialmente interesantes. En definitiva, yacer con un drell era otro mundo… otro maravilloso y luminoso universo de sensaciones que, más allá del factor emocional que se podría o no compartir, resultaba indescriptiblemente adictivo.

Admiré su cuerpo un rato más. Puede que buscando y hallando alguna que otra similitud entre él y el padre.

Para mi sorpresa, encontré más de lo que imaginé.

Thane, aunque sumamente similar en rasgos, ostentaba una armonía más relajada de sus ángulos y estructura, mientras que la juventud de Kolyat le hacía más voluptuoso y sólido. La composición cromática de su anatomía destacaba más vívidamente las zonas erógenas de su biología, y aquello me ayudó a imaginar cómo sería el resto que no era tan evidente a los ojos.

Un carraspeo repentino me sorprendió y no pude evitar dar un sobresalto. No es que me avergonzase de mi debilidad por el furtivo voyerismo, pero no sabía cómo reaccionaría a mi presencia después de lo de anoche.

Un quejido en sueños me confirmó que no se había percatado de mi presencia y aquello me dio una divertida idea.

En silencio, tecleé en mi omniherramienta hasta piratear la electrónica de su apartamento; los escasos y patéticos cortafuegos apenas se resistieron y, en pocos segundos, obtuve el control total de toda la domótica del lugar.

No era habitual en mí, pero verle tan despreocupadamente dormido, con numerosas botellas vacías de diferente tipo de alcohol adornando el borde de su arrugada cama, no era algo que me tranquilizase. Los drell podían llegar a ser bastante inestables en sus emociones, y no quería cargar con otra muerte sobre mis hombros.

El súbito encendido de la radio, así como el brillante y psicodélico juego de luces, hizo lo propio con su descanso y, aunque estaba preparada para su sorpresa, su veloz reacción me pilló desprevenida.

El estruendo de la música y el baile incesante de luces de todos los colores e intensidades, sobresaltaron violentamente al adormilado drell, que reaccionó encañonándome con una Stiletto X mientras sus párpados buscaban limpiar su visión de la somnolencia a la que aún estaba sometido.

—¡Ni un paso más! —su voz ronca, congestionada por el sueño, el alcohol y la sorpresa me extrajo una sonrisa, puede que incluso un recuerdo.

—No sabía que los drell adolescentes estuvieran tan bien formados… y que olieran tan mal. —ofrecí con sorna, mientras observaba su desnudez con más interés del que debería mostrar siendo él hijo de quien era.

Su rostro se contrajo en una mueca de profunda sorpresa. Intentó decir algo, pero sus labios no supieron elaborar aquello que se le atragantaba.

—¿Vas a seguir apuntándome así? No es que me queje pero, sin ropa, resulta menos intimidatorio… —desvié mi mirada hacia su abdomen, y un poco más abajo, y observé la amplitud de su musculatura así como su oculta masculinidad.

Trague saliva al darme cuenta de lo inapropiado de mi actitud, y abandoné el sabotaje de su apartamento al instante.

La visión del joven pareció adaptarse de nuevo a la realidad, y desistió de su amenaza segundos después.

—Lo… siento, Shepard. No sabía que eras tú. Pero, ¿qué demonios haces en mi apartamento? —se mantuvo de pie, observándome, sin percatarse de lo incómodo de su estado.

—Te espero en la sala de estar, o lo que sea esa pocilga. Debemos hablar… —me di la vuelta y le esperé donde le había indicado hasta que hizo acto de presencia.

Acudió con su habitual mueca impasible aunque sus ojeras indicaban una larga e incómoda noche. Puede que los recuerdos de su padre hubieran roto su paz, o puede que yo hubiera sido la razón de su inestabilidad. Sea como fuere, su estado me preocupaba.

—Bien. Antes de nada… —me acerqué a él y levanté su mano. El día anterior había tenido un 'percance' con el lavabo, y quería asegurarme de que su herida estaba sanando como era debido.

—Está mejorando —dije, inspeccionando con cuidado su corte. —Recuerda curártelo cada día, y no abuses de tu capacidad regenerativa, que aún quedan muchos segadores por delante y te necesito intacto.

Liberé su caliente mano, permitiendo que nuestros dedos se rozasen un poco más lentamente de lo habitual, y me alejé de él pese a su inquieta mirada hasta darle la espalda.

—Bueno… odio sentirme incómoda, así que iré al grano. —me armé de valor y continué, intentando olvidar lo desagradable de la situación. —Lo de anoche con Vega…

—Shepard…

—No, déjame terminar. —interrumpí, queriendo dejar claro mi punto. Él era el hijo de Thane y merecía una aclaración de los acontecimientos, era lo menos que podía hacer por el recuerdo del padre, en vista de que el hijo tenía una visión más puritana de cómo debía llevarse el luto.

—Te ofrezco explicaciones porque eres el hijo de quien eres, y mereces saberlo. Nada más.

—No necesito tus justificaciones. No me importan. —su rostro mutó hacia un semblante hostil y comprendí que aquel incidente le había afectado más de la cuenta.

—No las necesitarás, pero yo te las ofreceré igualmente. —continué, ignorando su repentino estallido de falso orgullo —Vega no es más que un oportuno pasatiempo. Un bálsamo que me ayuda a seguir adelante, nada más.

Sus pupilas reaccionaron a aquella confesión y sus labios se torcieron en desaprobación.

—No me importa una mierda, Shepard. El cadáver de mi padre está aún caliente y tú mancillas su recuerdo con un… ¿qué? ¿pasatiempo cualquiera? Es suficiente ya verte cerca del mayor Alenko, y ahora del tal Vega, así que guárdate tus estúpidas excusas. No las quiero.

Aquella súbita explosión de indignación poco repercutió en mi ánimo.

—No me conoces, Kolyat, y te atreves ya a juzgarme. Pero tampoco busco que lo comprendas. Thane lo era todo para mí, y seguirá siéndolo por muchos hombres que pasen por mi cama. Es precisamente por él por lo que estoy aquí… —me acerqué a él con determinación, y coloqué una mano sobre su hombro.

Él me observó confundido. Su pecho se agitó débilmente con mi tacto, mientras su rostro adoptaba un semblante más neutral.

—¿Qué quieres de mí? —dijo, carraspeando al finalizar. Su boca parecía más seca de lo habitual y me sorprendí a mí misma observando sus labios más tiempo del prudente…

—Lo mismo que tú. —respondí decidida, dando un sutil paso al frente.

Su rostro se contorsionó en una indescriptible y extraña mueca. Sus ojos no dejaban de mirar los míos y mientras unos pocos centímetros nos separaban el uno del otro, el silencio se instaló entre nosotros. El drell parecía no comprender lo que a mi parecer era evidente, así que tuve que aclarárselo pues intuía, por su azorada expresión, que había interpretado algo completamente diferente.

—Venganza… quiero venganza, Kolyat, y tú me vas a ayudar.

Sonreí, pues hallé de inmediato en sus pupilas al perfecto cómplice.

Pronto todo comenzaría. Pronto hallaríamos paz.