¡Hola, gente feliz!

Perdonad mis fallos y demás cuestiones, pero dejar las madrugadas para escribir tienen su parte negativa: que no veo ya ni lo que escribo y no suelo revisar lo que publico ¡Perdonadme!

Como hace ya un tiempo que no publico nada sobre esta historia, haré un resumen del anterior capítulo para refrescaros la memoria:

- Shepard tiene una noche loca con Vega, alcohol y drogas incluidas, y Kolyat les pilla. Él lo ve como un insulto a la memoria de su padre y se va a su apartamento. Shepard le da calabazas a Vega porque no quiere nada serio ni profundo y después se va a buscar a Kolyat a su vivienda. Le halla todo borracho, desnudo y roncando en su cama, los alrededores llenos de basura y suciedad. Deciden hablar, después de que ella le despierte abruptamente y él, de forma refleja, la encañone con una pistola. Ella justifica su affaire con Vega pero a él le parece mal de todas formas. Finalmente, Shepard le explica que desea venganza y él parece coincidir.

- Recordemos que, previamente, él tenía miedo de confesarle a Shepard que había incumplido la promesa de Thane al matar a aquellos que le seguían y amenazaban con matarle a él y a su padre. Así que es hora de la verdad para él y, para ella, es tiempo de poner los planes en funcionamiento.

¡Seguimos!

Mil gracias por seguir leyéndome, aunque sea un desastre absoluto.

Un besote.

P.D: La gran mayoría de personajes, así como el mundo en el que está ambientada esta historia, son creaciones originales de BioWare. Sin embargo, varios sucesos y personas que aquí aparecen, son obra propia. Esta historia contiene spoilers de los libros, cómics, vídeos y juegos.


- Por el Principio -


Llevábamos horas conversando sobre los siguientes pasos a dar.

Shepard deseaba venganza y ambos coincidíamos con el sentimiento, aunque no tanto con los medios. Aún había algo que ella debía saber y por más que me mordiese la lengua, el momento de mi confesión se acercaba inexorable.

—No podemos contar con nadie, Kolyat. No quiero a nadie de mi tripulación implicado. Nos moveremos fuera de la ley, así que debemos ser solos tú y yo. Nadie más.

La observé de reojo mientras me inclinaba hacia adelante, y dejé reposar mis codos sobre mis rodillas. Lo que me pedía sumaba afrentas a la promesa de Padre y no estaba seguro de ello. Menos aún después de todo el daño que había ocasionado.

Tras un momento en silencio, me armé de valor e intervine.

—Shepard, hay algo que deberías saber —una pausa después. Esperé a tener su atención pero tan sólo me observó indiferente, su mirada atravesándome con su evidente desinterés.

Mi corazón aceleró su paso y tuve que tragar saliva para deshacer el nudo en mi garganta. No sabía cómo se tomaría la confesión y tenía mucho que perder pues, pese a mi desaprobación con respecto a lo sucedido la noche anterior con Vega, Shepard era la única que podía evitar que el recuerdo de Padre se marchitase.

Al ver mi indecisión, me analizó brevemente antes de interrumpir.

—Entiendo… —dijo a través de un mohín de sus labios— Mira, Kolyat, me da igual lo que tengas con T'Soni. No es mi problema, así que no hace falta que justifiques tus preferencias —desvió su mirada hacia la sucia mesa de mi salón y alargó la mano para extraer uno de esos cigarros que solían fumar algunos de los humanos de la estación.

Su comentario me pilló desprevenido y la miré confuso mientras encendía su tabaco.

—No sé a qué te refieres, Shepard, pero no tiene nada que ver con Liara —dije, sacudiendo la mano para alejar el humo de mi rostro.

Levantó una ceja y me miró con curiosidad.

— Ah… ¿no? ¿Entonces?

—Es… es sobre Padre.

Al nombrarle, su rostro se contrajo en una fugaz mueca de dolor; una pequeña evidencia de que, a pesar de todo, aún sufría por la pérdida.

—Suéltalo, Kolyat. ¿Qué quieres decir? —juntó sus labios al filtro del cigarrillo e inhaló profundamente antes de liberar, con lentitud, el denso y almizclado humo.

—Antes de morir… —mi voz se quebró un instante y temí revivir su último suspiro, pero contuve el recuerdo a tiempo— Le… le hice una promesa a Padre.

Una breve mirada de soslayo fue la única muestra de interés por su parte y aquello me puso aún más nervioso.

—Yo le… le prometí no seguir su ejemplo. Alejarme de una vida de asesinatos y crimen… no ser él, en definitiva —los ojos de Shepard analizaban el cigarro que sujetaba, mientras lo movía de forma despreocupada entre sus dedos.

—Al grano —su boca apenas se movió con aquella orden. Mientras tanto, mis dedos no paraban de entrelazarse entre sí, ansiosos por lo que estaba a punto de confesar.

Con la Comandante, nada podía darse por sentado. Los posibles desenlaces de aquel testimonio se agolpaban en mi mente y mi inseguridad no dejaba de aumentar conforme transcurrían los segundos. Respiré profundamente y cuando pensé en continuar, no tuve el valor para hacerlo.

Me levanté abruptamente del sillón y me rasqué la cabeza con ambas manos, desesperado por no poder escupir de una sola vez mi transgresión a tan importante juramento.

—No puedo… no debería haber… ¡Maldita sea! —Balbuceé mientras ella continuaba allí sentada, observándome con ese aire de indiferencia al tiempo que absorbía el repugnante humo de su cigarro.

—Hay promesas que no se pueden cumplir, Kolyat. No te tortures más…

Detuve mi errático movimiento en el acto y levanté la mirada para observarla con incredulidad.

—¿Qué has dicho?

—Aj, déjalo correr, ¿sí? Lo sé todo. Sé lo que le hiciste a todos esos hombres, Kolyat, aunque no conozco las razones, pero si tuviste que romper una promesa hecha a tu padre para llevarlo a cabo, entonces seguramente no habría otra opción. Una vez hecho, lo único que importa es el resultado, no el medio empleado —el intenso verdor de sus ojos perforó mi temple y tuve que luchar súbitamente por aire.

—¿Cómo… cómo sabes…? —las palabras se me atascaban en el paladar y el nudo volvió a formarse en mi garganta.

—¿Que cómo? Kolyat, soy una Espectro, ¿lo olvidas? Lo sé casi todo de toda mi tripulación y sus allegados —apagó el cigarro directamente en la mesa y se levantó con desgana del sillón para acudir a mi encuentro— Aunque he de reconocer que Thane nunca me habló de esa promesa. Hice bien, entonces, en no desvelarle tus correrías.

Shepard posó una de sus manos sobre mi hombro y me dedicó esa traviesa curva de sus labios.

—Pero… ¿cuándo? —pregunté con cierta dificultad.

—Al poco tiempo de suceder. ¿Quién crees que cubrió algunas de tus huellas?

Abrí los ojos más ampliamente y ella me obsequió con una sonora carcajada.

—¿En serio, drell? ¿Pensabas que no dejabas rastro? Pues, querido, lamento decepcionarte pero fue así como descubrí 'tu obra' —me dio una palmadita en el hombro y se acercó un poco más a mí— Pero no te preocupes, está todo solucionado —me guiñó un ojo y se dirigió hacia la cocina para servirse un vaso con agua.

La miré con asombro por su inesperada reacción y suspiré, sintiéndome al instante aliviado por haberme desecho de una carga tan pesada. Pude respirar de nuevo, logrando que mis latidos se estabilizaran nuevamente, y me tragué la amargura de saber que, en realidad, Padre no estaría de acuerdo con ella.

Shepard ya tenía conocimiento de toda mi operación y no parecía decepcionada pese a saber ahora que yo había faltado a la promesa para con él. La notaba incluso satisfecha con mi proceder, y aquello despertó notablemente mi curiosidad. Había sido toda una sorpresa que tendría que aprender a asimilar conforme aceptase el hecho de Padre no se hallaba ya cerca para juzgarme.

Supongo que mi rostro se suavizó visiblemente pues, después de quejarse por el sabor del agua de la estación, la Comandante me dedicó una de sus sonrisas comprensivas.

—¿Y para eso tanto nerviosismo? —hizo una mueca al ingerir el último trago de agua y avanzó hacia mí después de dejar el vaso en la encimera.

—No sabía cómo reaccionarías, Shepard. Pensé que…

—¿Que me decepcionarías? —intervino, arqueando una ceja.

—Sí. Y no quería darte otra razón más para preocuparte… —su repentina cercanía me permitía disfrutar del intenso y embriagador olor de su piel bajo esa incómoda mezcla de alcohol y humo que cubría su cuerpo.

—Ya eres un hombre, Kolyat. Debes seguir el camino que deseas y creas más acertado. No debes cumplir con los estándares de nadie, ni siquiera con los de tu padre.

Aquello dolió, pero tenía razón.

—¿Y eso me lo dice la Comandante Shepard, primera Espectro humana de la galaxia, y salvadora de mundos y especies? —sonreí con ironía y detallé los sutiles gestos faciales que hacía cuando se hallaba relajada. No la conocía en profundidad, pero había aprendido a apreciarla en la calma.

Su rostro, aunque marcado por numerosas cicatrices y surcado por una extraña luz escarlata, era indudablemente agraciado. Incluso para los de mi especie, Shepard siempre había sido una figura femenina destacable. Era hermosa, aunque a veces fuera mezquina y violenta.

Su rostro se iluminó con mi comentario y liberó una estruendosa carcajada que terminó por contagiarme.

Estuvimos apenas unos segundos así, hasta que la oí apaciguar su risa y observarme de soslayo con esa penetrante mirada. En el fondo de aquellos radiantes irises esmeralda, se iluminaba el escarlata profundo de una dura vida repleta de errores y éxitos, de excesos y sacrificios. Ahora era capaz de comprender más y mejor a Padre, y por qué había llegado a enamorarse de ella; era extraordinaria, pese a sus defectos.

Ambos estuvimos un rato mirándonos, simplemente dejando que ese instante se instalase de forma natural entre nosotros hasta que ella rompió el silencio.

—Sé que nada nos lo devolverá, Kolyat… pero necesito hacer esto. Y no puedo hacerlo sin ti… —avanzó unos pasos hasta quedar a un palmo de mi rostro y me abrazó suavemente, permitiendo que su compungido rostro descansase sobre mi hombro.

¡Por Kalahira!

Ahogué un gruñido al sentir su calor sobre mí y el cosquilleo de su respiración en mi cuello. Temblé brevemente por el contacto y al escucharla sollozar, supe que no podría oponerme a sus deseos.

—Cuenta conmigo… Jane —susurré, y ella enjugó sus lágrimas contra mí, dejando húmeda evidencia de la enorme carga que portaba; una que esperaba aligerar, aunque faltase nuevamente a mi promesa…

Siha… ángel guerrero que, también frágil, ahuyenta sus miedos con sangre.

… … … … … … … … … …

—Lo siento… —me alejé de él y me sequé las lágrimas. Había sido un momento de debilidad que no podía repetirse si quería ser todo lo fuerte que necesitaba para cumplir con esta misión. Tenerle tan cerca, sentir su aroma, uno tan familiar, tampoco facilitaba la tarea.

Levanté mi rostro y observé sus labios un instante, hasta que comprendí que no ofrecerían el consuelo que tanto recibí de los del padre.

—No has de pedir perdón, Shepard. Comprendo y comparto tu dolor… —su mano acarició delicadamente mi mandíbula y me estremecí. No eran los dedos de Thane… pero me atemorizó sentirlos así.

—Sé que esto no es lo que Thane hubiera deseado, pero él ya no está aquí para impedirlo y nosotros debemos lidiar con su ausencia —me alejé de él con dificultad y le di la espalda. Podía oler a su padre en él— Necesito continuar con lo que me quede de vida y la única forma que hallo es ésta. Después, podré concentrarme en salvar la jodida galaxia pero antes necesito algo más de ti...

Me di la vuelta y volví a acercarme. Sé que mi presencia le alteraba de alguna extraña manera dada la forma que tenía de tensarse ante mi cercanía, pero aquella era una reacción común ante la mayoría de personas. Aún no sabía definir si lo causaba el miedo, el respeto o la incomodidad. Supongo que era una mezcla de todas, o de ninguna. La verdad es que no se me daban bien las sutilezas de la comunicación no verbal.

A pesar de esa intranquilidad, su atenta mirada se clavó en mis labios. El drell se irguió, visiblemente tenso, y su rostro desveló algo más, además de la sorpresa.

—Necesito que me entrenes —dije, acercándome un poco más a él y despejando parcialmente sus dudas.

—¿Cómo? —sus ojos se abrieron ampliamente y frunció el ceño. Parecía, en parte, aliviado.

—Quiero que me enseñes a ser una asesina —aclaré mientras daba un paso más hacia él— Soy una soldado con habilidades bióticas y uso armamento pesado cuando pierdo la paciencia. Pero para esto necesito sigilo, delicadeza, necesito ser letal sólo con mis manos. No puedo ser la misma Shepard si quiero evitar ser previsible. Conocen mi entrenamiento, mis debilidades. Es por eso que quiero que me conviertas en una asesina, Kolyat. Necesito tener las habilidades de tu padre, las tuyas…

Puede que implorase más de la cuenta o que me justificase en exceso, pero estaba desesperada. Los Segadores avanzaban a paso vertiginoso por toda la galaxia, destruyendo mundos enteros, y no podía dilatarme indefinidamente en esta misión. Necesitaba curtirme cuanto antes y la única opción era obtener su ayuda.

—¡No soy mi padre, Shepard! Eso ya lo sabes… —tensó su mandíbula y me dio la espalda. Parecía molesto por mi comentario y tuve que matizar.

—Pero has aprendido mucho de él. Posees su talento y tienes parte de su entrenamiento, aunque no te hayas dedicado a ello en cuerpo y alma. Confío en tus habilidades, Kolyat. Ya las has demostrado. Yo sólo necesito que me enseñes las bases. Aprenderé rápido, ya lo verás —rompí el espacio personal y le observé suplicante. No me gustaba pedir las cosas, pero sabía que con él debía ir despacio pues de nada valdría el autoritarismo al que estaba acostumbrada.

Su estupefacción se transformó en indignación al fruncir el ceño. Al parecer, había arañado demasiado en él...

—No, Shepard. Eso es mucho pedir… —se giró y dio unos pasos hacia la única ventana de su apartamento— Padre no hubiera…

—¡Al demonio con lo que él hubiera querido! —estallé. Sabía que me había extralimitado, pero Thane no se hallaba ya entre nosotros y esto cobraba suma prioridad y urgencia. La galaxia entera no podía esperar a que se decidiese, y yo tampoco.

Por la expresión de Kolyat presentí que había herido parte del recuerdo de su padre y tuve que corregir mi error con una promesa. Intuía que él deseaba mantener, en la medida de lo posible, su juramento para con su padre y mi petición entraba en conflicto con ello, así que tuve que asegurarle que sólo haría uso de ese entrenamiento en esta ocasión. Total, sabía que después de los Segadores, la galaxia no tendría mucha Shepard que soportar...

—Gracias, Kolyat —ofrecí, dejando reposar mi mano sobre su hombro— Y ahora, recoge tus cosas y vámonos.

—¿Qué? —repuso él, desconcertado— ¿Adónde?

—No te vas a quedar en esta pocilga, drell. A partir de ahora vivirás en mi apartamento, conmigo —sonreí para reconfortarle pero él no parecía muy convencido.

—Oh, venga, Kolyat. No me hagas suplicarte más por hoy ¿sí? A estas alturas debes saber que lo detesto y me pongo de muy mal humor. Ya sabes las consecuencias de ello —dije, intentando sonar convincente.

Lo cierto es que, con él, me costaba ser dura. Puede que el recuerdo del padre aún doblegase mi determinación, pero el joven drell tenía una presencia y apreciación difícil de ignorar. Algo en su forma de mirarme enturbiaba mis entrañas y me hacía sentir confusa, puede que más inquieta y reactiva de lo que debiera. Tendría que recurrir a mis ejercicios habituales para saciar mis impulsos, pues, en esta ocasión, no podría solucionarlo de mala manera con las habituales dosis de sexo, drogas y tiro al Pyjak. Había mucho por hacer y muy poco tiempo para ello.

Mi súplica se repitió un par de veces más hasta que el joven aceptó y, algunos minutos después, abandonamos aquel vertedero.

Anduvimos con cierta diligencia hasta llegar al apartamento. Salvo por un par de comentarios obscenos que tuve que despachar con el 'que te jodan' habitual, el camino se hizo prácticamente en silencio, aunque las miradas cruzadas entre nosotros nunca escasearon. Aún me costaba no pensar en el padre al verle pero, poco a poco, aprendía a contemplarle tal y como era, y me sorprendí a mí misma mostrando más interés del normal. ¿Qué tendrían los drell Krios que tanto reclamaban de mí? Supongo que jamás lo averiguaría.

Una vez en la vivienda, le guié hasta su habitación.

—Es una mejora, sin duda, aunque ya conoces sus numerosas comodidades —comenté con una sonrisa. Aunque parecía que él y T'Soni no habían intimado, nunca estaba de más desconfiar.

El joven no pareció entender mi indirecta y abandonó despreocupadamente su bolsa de viaje sobre la cama.

—Gracias, Shepard. Aquí estaré bien —agachó la mirada y comenzó a extraer sus cosas.

Me detuve un instante a analizar sus pertenencias y pude observar algunos objetos familiares.

—Veo que tienes gustos similares a los de tu padre —aquello abandonó mi boca sin pensar en las consecuencias pero, en realidad, ya todo me daba igual.

—Supongo que sí…

El rostro del drell se mantuvo brevemente abstraído hasta que continuó desempacando su equipaje en absoluto silencio.

Comprendí que no necesitaba mi ayuda, ni mi torpeza, y abandoné la estancia para acudir a mi oficina a solucionar unos cuantos cabos sueltos.

Si quería dedicar un tiempo a repartir justicia, debía dejar todo atado por si acaso sucedía cualquier imprevisto. Al fin y al cabo, la galaxia estaba llena de Fauces Trilladoras, Rachni, Segadores y, lo peor, Yahgs inteligentes.

Remitente: Shepard.

Destinatario: Vakarian.

Garrus, la nave es tuya.

No te emociones. Sólo será hasta mi regreso.

Cuenta con Vega para lo que necesites y apóyate en Alenko. Es un gilipollas pero conoce a la perfección los protocolos de la Alianza

¡Diablos, si hasta se toca pensando en ellos!

Antes de que me preguntes: no, no puedes venir y, sí, algunos morirán.

Avísame si surge algo que no puedas solucionar, pero confío en ti aunque seas un jodido adefesio turiano.

Mientras, mantén los colmillos de mi nena calibrados y no te olvides de Tali. Dile que se dé una vuelta fuera de ese traje más a menudo y que abandone los puertos de inducción. Hay antibióticos de sobra… ya sabes a lo que me refiero. Eso sí, manteneos fuera de mi cabina, pervertidos.

Shepard.

Envié el primer correo de dos. El siguiente, para Liara. Necesitaba información y nadie mejor que ella para proporcionármela.

Esta vez, el mensaje lo envié desde una cuenta codificada a través de una proxy oculta y con datos falsos. Para ello, usé mi omniherramienta en segundo plano, mientras implantaba un 'regalito' que Legión me había preparado. Liara era mi amiga, pero ahora era también el Corredor Sombrío y no confiaba ya plenamente en ella ni en su entorno.

Remitente: Arashu.

Destinatario: Alita Azulita.

Alita. Necesito tu ayuda.

Dame todo lo que tengas sobre:

- Irikah y sus asesinos: qué agente del Corredor Sombrío averiguó la información, cuándo, por qué y a cambio de qué. No dejes piedra por remover.

- Thane... todo.

- Kolyat. Todo: lugares y actividades de interés, conocidos, amigos, trabajos… y parejas.

- Kai Leng: nacimiento, infancia, familia, servicio, Cerberus, vicios, parafilias, la primera paja… Todo lo que tengas de ese malnacido. Me da igual si tienes que pedir favores o chupar pollas de dioses bióticos. Luego, si quieres, abrazamos la eternidad juntas en compensación, pero por Benezia que necesito hasta la talla de sus jodidas botas imantadas. Tengo que conocerle mejor incluso que él mismo.

Arashu.

Su respuesta tardó poco en llegar.

Remitente: Sombra.

Destinatario: Amapola.

¿Tenías que ser tan descriptiva?

Dame una semana. Lo tendrás para entonces.

¿En qué estás metida? No me gusta. Ten cuidado.

P.D: por favor, no me llames Alita Azulita, o seguirás en mis contactos como Amapola.

S.

—Una semana —sonreí. Tiempo suficiente para entrenar. Cuando recibiese los datos de Liara, necesitaría un par de días más para estructurar y organizar el plan y comenzar a repartir un poco de justicia personal.

Thane no estaría de acuerdo con esto, con nada, en realidad. Pero al irse, había dejado un vacío mayor en mí. Se había llevado consigo toda bondad, toda esperanza… esa chispa se apagó junto con su vida y no deseaba recuperarla, pues ello sólo resultaría en un impedimento más para mis planes. Debía hallarme libre de obstáculos, externos e internos, para cumplir con lo que debía ser.

La venganza se transforma a veces en una forma de justicia, y era la que dispensaría aun a costa de mi propia vida. Aquellos quienes hirieron alguna vez a Thane, pagarían por ello. No me importaban las consecuencias, las bajas colaterales, los destrozos, ni siquiera si la Alianza consideraba después esto un crimen imperdonable; todos aquellos culpables de su dolor, abandonarían este mundo. Tampoco llegarían a ninguna orilla, pues me encargaría de que no quedase rastro suyo de existencia.

Apagaron su alma antes de permitirle vivir, y ni siquiera los Segadores impedirían que cobrase tan necesaria deuda.

… … … … … … … … … …

Remitente: L

Destinatario: F

Ni tú ni tu familia estáis a salvo. Os mando las coordenadas de una ubicación segura. Tienes una semana.

L.

Desvió la señal por varias balizas para estar segura, pero sabía que con Shepard lo único garantizado eran los resultados. Si ella tenía un objetivo fijado en mente, y estaba segura que así era, no podría detenerla. Por ello debía hacer todo lo que estuviera a su alcance para despistarla, para retrasarla hasta que no le quedase más opción que claudicar y volver a su misión principal.

Suspiró cansada y se reclinó en el mullido asiento de cuero que encabezaba la enorme sala de comunicaciones. Las luces y voces de innumerables agentes diseminados por la galaxia se oían en eco por toda la sala; su recién adquirido trono pesaba más de lo que hubiera imaginado.

Su cometido no era fácil de por sí, y acababa de complicarse aún más. Sólo la Diosa sabría cómo acabaría todo.