Las banderas ondeaban en todo el estadio. La mitad verde y plata y la otra roja y dorada apoyaban a sus respectivos equipos con gran efusividad. Era el partido del año, era el mas esperado por todos, solo en este partido se olvidaban de las casas y tanto los tejones y las águilas vestían el rojo y el dorado para apoyar a los leones contra las serpientes.

No es que hubiera rivalidades mas haya que las de un sano juego, era solamente una tradición.

Albus por primera vez estaba disfrutando de un partido ya que por primera vez no estaba solo. Malfoy se sentaba junto a él, cayado y sumamente atento a cada movimiento que su equipo estaba haciendo y celebrando cada anotación con elegancia y discreción, según las palabras del mismo rubio. Albus solo gritaba de la emoción y le importaba poco el bufido que el otro le soltaba.

-No te emociones, aún falta atrapar la snitch.

Albus se acomodo una vez mas en su lugar ligeramente molesto por el comentario de su compañero.

-No me arruines el partido, Malfoy- le grito por sobre el ruido y el otro solo le devolvió una sonrisa burlona.

Pusieron atención nuevamente en el partido y sufrieron cuando el buscador de Gryffindor atrapó la pequeña pelotita dorada. Los vítores del lado dorado se escucharon por todo lo alto opacando los lamentos del lado verde.

Ambos chicos se disponían a abandonar el estadio cuando los gritos de los mayores llamaron su atención. Mas arriba de ellos un gran grupo de chicos de quinto a séptimo le gritaban a Albus: "Debes estar feliz" "Ponte a festejar con los tuyos leoncito" y otras cosas, mas que atacarlo a él se estaba metiendo con su familia.

Albus camino con la cabeza gacha y trato de esquivar a los otros chicos mayores que le habían obstruido el paso. Nunca le había pasado eso, siempre se limitaban a gritarle y a dejarlo ir. Y como en aquellas otras ocaciones se sintió solo y culpable del lugar donde estaba.

-Camina y no mires hacia ellos- Malfoy empujo su mano contra el hombro de Albus y siguió impulsándolo hasta que estuvieron lejos de ellos.

Malfoy nunca le pidió que alzara la cabeza, no le dijo que era un idiota por dejarse intimidar por los mayores, quienes todavía tenían los perjuicios del tiempo de Quien-no-debe-ser-nombrado, tampoco le exigió que los enfrentara; solo se quedo callado, acompañándolo en silencio y con su porte de arrogancia.

Había ganado Gryffindor y no tenía ni un atisbo de alegría por eso.
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Sigo aquí...solo un poco desaparecida por las clases...espero aun haya alguien que siga leyendo esto.
Saludos