Los personajes no me pertenecen. Son propiedad de CAPCOM y sus respectivos creadores, únicamente la trama es mía.

Advertencias: Historia UA, posibles OCC, temas sobre violencia más adelante.

Sin más, los dejo con la lectura.


In Your Eyes

[Las cosas que se dejaron atrás]


Ada Wong suspiró satisfactoriamente y estiró los brazos tratando de alivianar la tensión de sus músculos tras varios días trabajando sin descanso en el computador. Como una de las personas postulantes a dirigir la clínica, necesitaba llevar un control administrativo eficaz según las normas establecidas para distribuir cada sector con menos material, hecho que le llevaría más tiempo del necesario y quizá no era nada sano sobrellevar dicha tensión a largo plazo. Sin embargo ahí estaba, terminando la documentación mientras su humor dependía de un fino hilo, todo gracias a que Jill seguía internada en el hospital gracias al bastardo de Wesker.

La castaña cerró los ojos, recordando pequeños fragmentos de la llamada del día anterior. Según Steve, Valentine no se encontraba en condiciones para firmar un acuerdo con su compañía aliada y hasta que ella estuviera bien, le correspondía llevar la batuta. Solo requerían su presencia, firmar el consentimiento, dar varios equipos médicos y financiar varios lugares con escasos recursos ahora que pretendían ser una sola institución gubernamental. E inconscientemente suspiró, estirándose hacia atrás e intentando alivianar la tensión adquirida.

Realmente ansiaba que Jilliam estuviera bien, porque no pensaba tolerar tanta testosterona, ni tampoco quedarse encerrada entre cuatro paredes con personas poderosas. Eso se lo dejaba a los grandes, y todavía tenía el pendiente de dejarle claro a Excella Guionne, o a cualquier Wesker, que dejaran de meterse en problemas sin molestar a terceros.

–Directora Wong, finalmente tenemos buenas noticias – Wong abrió los ojos, observando una figura conocida ingresar con varias carpetas en las manos. Se llamaba Ashley Graham, hija de un hombre importante de Rusia y la persona que mantenía el orden administrativo del hospital en pie. –Estuve hablando con los directivos y finalmente aceptaron su papel como representante en la reunión, hoy enviaron las coordenadas del punto de encuentro y al parecer su próxima locación es una oficina gubernamental en Houston, Texas.

– Ya veo… – murmuró. Ashley asintió lento, y Ada comprendió que ese no era el fin de la historia. –. ¿Algo más por añadir?

–Sí, según la misma directiva. Usted y el ex director deben presentarse en también.

– ¿Wesker?

–Lo lamento presidenta, pero son órdenes de los altos mandos. –Aclaró la chica al ver su expresión confundida. –. Solo nos queda aceptarlo o de lo contrario tendremos problemas.

Ada asintió lentamente procesando la información. Que Albert Wesker se sumara al viaje no era nada bueno y considerando la situación era cuestión de tiempo antes de tenerlo encerrado en su oficina con la excusa de tener todo a tiempo si querían abordar el avión. Aunque, mientras Jilliam estuviera en el hospital no podía darle el lujo a Wesker de perder o mostrarse débil.

Su asistente rebuscó entre la pila de documentos un sobre, aprovechando el silencio y lo dejó sobre el escritorio. Wong lo aferró entre sus manos, observándolo detenidamente unos segundos antes de comprender el significado. Le sonrió suavemente, reconociendo un nombre medianamente familiar escrito en letras doradas.

–Muchas gracias Graham – le respondió, guardando la invitación en uno de los libros y apoyó la espalda contra el respaldar de la silla. Luego, abrió el segundo cajón, buscando entre las cosas su pasaporte y una vez encontrado regresó la mirada hacia la chica que seguía de pie frente a su escritorio y suspiró, ojeando los últimos pendientes en su agenda. – Por cierto, voy a necesitar un vuelo con menores escalas hasta Texas, Wesker odia los viajes largos

–Entendido.

– Todavía necesito contactar con Helena y como puedes notar, mi rutina no es precisamente buena el día de hoy,

Ashley se encogió de hombros comprensiva.

–Siempre supuse que esto sería un problema para usted, presidenta. Pero no se preocupe, lo tengo todo controlado – la rubia sacó del bolso de su chaqueta tres boletos con el emblema de la aerolínea rusa. – también logré contactar con su colega. Ella estará aquí en una hora, lo cual le da el tiempo suficiente para hacer sus maletas a tiempo ¿No le parece?

La mueca en el rostro de Wong se hizo más visible. Definitivamente había sido buena idea tenerla entre ellos, aunque su voz le diera dolor de cabeza.

–Me encargaré de recompensarte cuando regrese. – prometió. Ashley negó con la cabeza y Ada entornó los ojos hacia la chica. Antes, recordaba haber visto aquella expresión en ella y esa mueca solo significaba que estaba batallando contra algo de importante atención. Apoyó las manos contra la madera del escritorio, intentando descubrir los motivos ocultos tras su gesto. Al no encontrar nada decidió intervenir. – ¿Ocurre algo, Ashley?

Ella negó y Ada caminó hasta el perchero, descolgando la gabardina negra para colocársela. Se puso su bufanda azul en el cuello, mirando hacia la ventana. Dentro de la oficina el calefactor mantenía una temperatura agradable, pero no pensaba salir al aire libre con un frío de menos seis grados a comienzos de invierno.

–No, nada importante en realidad. Solo estuve pensando sobre su viaje… – confesó la chica, mordiéndose el labio. Observó a Wong guardar varias hojas en una carpeta negra señal de que faltaba poco tiempo antes de perder la paciencia. La presidenta demasiado tenía con Jill, el lugar de encuentro y Wesker. Sin embargo, necesitaba expresarse antes de que todo se saliera de control y respiró, preparándose para hablar. –Presidenta….

–Graham… – advirtió la castaña, comprendiendo hacia donde quería llegar. Ella cerró los ojos, armándose de valor. –, detente.

–Usted viajará hasta Houston, en Texas – comenzó la chica, evaluando el rostro de Ada. –. Es una ciudad bastante concurrida últimamente. ¿No ha pensado que en algún momento pueda encontrarse con Leon? Lleva siete años viviendo ahí y tal vez…

–Basta – ordenó. La asistente obedeció inmediatamente intimidada, Wong la miró detenidamente de brazos cruzados contra la pared. – ¿Quieres decirme cuando tiempo llevas pensando todo eso?

– Más o menos desde que llegó el sobre – confesó. – Me estuve preguntando cuales eran los verdaderos motivos por los cuales aceptó rápidamente el cambio de representante, luego llegó la invitación para la boda de Hunnigan y pude atar algunos cabos sueltos.

Ella en respuesta gruñó, tirando las carpetas con medida fuerza sobre el escritorio y ello le provocó un miedo infernal a la asistente. Ada apretó los puños con fuerza que generó una pequeña herida al cortarse con una de sus uñas. Perpleja Ashley vio el fino hilo de sangre correr hasta su muñeca mientras Ada limpiaba el desastre con ayuda de un pañuelo rojo.

No, definitivamente debía omitir el haber visto el nombre de Kennedy entre la lista de invitados a la junta de Jill.

–Leon Kennedy ha logrado ser alguien importante en su propia rama. Sin embargo él forma parte del pasado ahora – interrumpió Ada, volviendo a recoger la documentación. –si hago esto es por Valentine, y en lo personal, me importa un demonio si aparece o no.

La joven suspiró. ¿Eso era todo? ¿Lo dejaría pasar así como si nada?

–Sé que ustedes nunca fueron muy unidos presidenta, pero Kennedy no deja de ser el hermano de su amiga –dijo como su nada. Ada levantó la ceja y Graham comprendió que el comentario no le había agradado en lo absoluto. –. Al menos, deberían llevarse bien.

Contrario a ella, algo le decía que Leon Kennedy era igual de importante como la misma Jill Valentine, más no pensaba perder su empleo solo por provocarle un ataque de ira a la presidenta. Después de todo, a pesar de llevarse bien, Ada Wong desconocía la palabra compasión cuando estaba de mal humor.

–Es parte del pasado, Ashley – sentenció demandante. Recordar a la persona que había abandonado a la familia para escapar de un hospital en crisis todavía le revolvía el estómago. Kennedy era alguien que pensaba mantener enterrado en el fondo del abismo. –. Ahora por favor olvídalo, todavía tengo cosas que dejar en regla antes de irme y necesito tu ayuda para entregar estos documentos a la dirección.

– Pero… – la castaña le entregó la papelería y ella lo aceptó, tensa. La vio caminar hasta la entrada de la puerta, deteniéndose a espaldas contra el marco. Se despidió con la mano libre, hablando una vez más para el desconcierto de la rubia.

–Todavía debes hacer una cosa más, Ashley.

La chica le miró confundida.

– ¿Sí?

–Confirma mi asistencia para la boda de Hunnigan. –Graham boqueó sorprendida. ¿Por qué hacerlo ella, cuando Ada estaría en la ciudad? Intentó no expresarlo y asintió enérgicamente aunque Wong no pudiera verla, mientras la presidenta salía al exterior. – . Asegúrate también de enviarle algunas flores, si la junta termina rápido regresaré en unos días. Si tienes algún inconveniente no dudes en llamarme.

–De acuerdo. – dijo, conmocionada. ¿Para qué quería enviarle flores si se encontrarían cara a cara? Carraspeó incómoda, aclarándose la garganta y suspiró. –. Buen viaje, presidenta. Estaré informándole cualquier eventualidad.

Ella se despidió una vez más antes de desaparecer entre el mar de médicos. Ashley miró el asiento vacío de Ada, caminando hasta él para después sentarse abruptamente, repasando lo sucedido como si ella tuviera elección. La presidenta tenía un carácter formidable e independiente, por eso no podía imaginarse la reacción que tendría si llegaran a encontrarse. Porque sucedería, quisiera ella o no. Y hasta cierto punto, entendía la posición y aquella extraña relación que tenía con el agente Kennedy. Sin embargo, existían discrepancias durante el tiempo que los conocía.

Leon y Ada se habían conocido en la universidad, era un hecho conocido por todos los allegados del hospital. No obstante su relación nunca había traspasado la barrera de lo profesional en quince años. Pero había ocasiones, cuando Ada se enfrascaba en esa misma oficina y Leon interrumpía su lugar de trabajo con dos tazas de café entre las manos e ingresaba sin decir nada más, que le parecía algo extraño ese contacto inalcanzable en ambos.

Casi podía ver a la presidenta disfrutar su presencia, hasta el día en que todo se vino abajo aquel dos mil cinco.

Pudo presenciar desde lejos la súbita renuencia entre ellos y el trabajo de Leon por hacer que Ada fuera menos rígida con su persona se vio arruinado en cuestión de días. Al final, Leon había tomado un avión hasta otra parte del mundo cortando toda conexión que lo atara a ella o su familia. Y después, Leon se había convertido en un agente de policía experimentado y ella la futura directora del hospital.

A veces, la vida era así de injusta.

Ingrid Hunnigan caminó a paso rápido entre el mar de agentes hasta detenerse en la oficina del rubio agente. Se detuvo unos segundos dudosa, y finalmente abrió la puerta, mirando con sus ojos verdes el interior del área hasta encontrar a Leon trabajando arduamente en el escritorio, dos horas después de su última llamada. Se acercó a él, ocupando la silla vacía sin perder de vista los documentos organizados según el grado de emergencia o resolución.

Era la primera vez que lo veía concentrarse en el trabajo, y dicha acción le generó ganas de irse a otra parte. Pero no lo hizo, primero debía hablar con él sobre las nuevas noticias, recordando uno de los motivos por los cuales estaba de paso por la oficina de Leon: Dicha mañana había hablado con los altos mandos para la junta internacional y esperaba las respuestas de sus aliados. E incluso tenía una lista, confirmando cada asistencia de los invitados hasta que uno en particular llamó su atención y por eso debatía entre quedarse o mantenerse en silencio unas horas más.

– ¿Me extrañabas Hunnigan? –saludó el rubio sin despejar la mirada de la papelería frente a él. Al no escucharla elevó los ojos azules para verla, girando distraídamente un bolígrafo negro entre sus dedos. Nada, seguía igual de rígida como al comienzo y decidió averiguar el motivo. – ¿Ocurre algo?

–Nada importante en realidad – le aseguró, con la vista perdida en las carpetas del lado derecho. Leon enarcó una ceja, Ingrid Hunnigan nunca se presentaba sin un motivo de peso. Además, esa expresión cómoda, como si debatiera contra ella misma no era natural en ella.

–Hunnigan….

–En realidad necesito decirte algo. –la experta en comunicaciones se miró la falda gris antes de encararlo y Leon, intentando alivianar la pesadez del ambiente levantó del suelo una bolsa marrón de comida rápida para sacar los emparedados, gesto que le recordó a cuando ambos vivían en Rusia.

– ¿Y bien? –la animó el rubio, desenvolviendo el primer emparedado, dándole el restante. Mientras él se preguntaba por qué a Hunnigan le estaba tomando tiempo decirle aquello. Si estaba relacionado con al asunto del informe, seguía perdiendo el tiempo. Era el mejor, concedido, pero también un ser humano y como tal merecía un descanso.

Y tampoco estaba de humor para ser sermoneado cuándo apenas comenzaba el día.

–Leon…

–Hunnigan. Si me vas a decir algo, espero que no sea sobre esa maldita junta o el bastardo de tu prometido – aclaró el agente haciendo énfasis en la última palabra y terminó de firmar con la mano libre. –, Carlos llamó esta mañana para decirme que planea seguir el protocolo antes de casarse contigo y ahora debo encerrarse en esta maldita oficina a trabajar en mi día libre.

–Lo siento.

–No te disculpes –gruñó huraño. – todavía debo lidiar con el bastardo de Chris, quien planea presentarnos a sus nuevos socios y esa estupidez protocolaria. Enserio Hunnigan ¿No piensas darme un maldito descanso incluso en mis propias vacaciones? ¿O casado te divierte verme perder la paciencia?

La morena sonrió divertida.

– En realidad estoy de acuerdo con la idea principal, pero me aseguraré de arreglar el asunto más tarde – le tocó el hombro juguetona. –. Gracias por la distracción, ahora puedo decirte las cosas con calma.

Aguardó silencio y Leon la observó apretar los labios ¿Por qué se contenía? Ingrid nunca censuraba sus pensamientos, mucho menos ahora que como aliados directos de la BSAA tenían la obligación de mantener el margen de su compañía y las quejas estaban fuera de discusión.

– Solo dilo de una maldita vez Hunnigan, hoy estoy ocupado – presionó. Ingrid respiró profundamente y soltó la verdad de golpe.

–Ella estará aquí.

Lo dijo en un susurro tan bajo que Leon tuvo la sensación de haberlo imaginado, más Ingrid levantó la mirada y pudo ver una incomodidad inusual que no había visto en años. Mordió de su emparedado, esperando que respondiera algo más detallado sobre a quien se refería, pero en su lugar recibió un silencio abrumador ¿Quién demonios era capaz de crear tal efecto en ella? Pocas personas tenían la habilidad de intimidarla hasta causar algún tipo de ansiedad: Uno de ellos eran los altos mandos, Oliveira, él cuando conseguía sacarla de sus casillas y...

– Chris Redfield fue quien autorizó el financiamiento de distintas áreas para la nueva compañía. Gracias a su intervención los patrocinadores fueron llamados como parte del acuerdo internacional. – recitó la activista, mirando de reojo el computador apagado. –Recibimos las respuestas el día de hoy, y entre la lista de invitados figura el nombre de tu clínica familiar, la cual está representada por su mejor anfitrión.

– Ya veo. – él entrecerró los ojos. – ¿Es Jilliam?

–No

Leon Kennedy asintió. Eso era algo bueno, pues todavía seguía reacio a encararla después de lo ocurrido siete años atrás. Aunque la falta de su hermana otra interrogante: Jill Valentine no era el tipo de persona que dejaba su hospital a cualquier desconocido y solo conocía a dos personas a quienes le confiaría incluso hasta la vida. Una de ellas era Barry, la segunda figura paterna de su hermana y luego estaba la otra persona a quien ella escogería sin pensarlo dos veces.

– Tu hermana le delegó el puesto a su mano derecha… – continuó ella después de un lapso, evaluando la expresión del agente. –. Y al no estar presente, Ada Wong será quien tome el lugar vacante.

Leon Kennedy dejó de prestarle atención, parte del emparedado cayó sobre el escritorio creando un ruido sordo e intentó volver en sí. Se enfocó en los ojos femeninos tratando de encontrar algún signo de que mentía y al no encontrar nada entonces la realidad cayó sobre él: Ada Wong tocaría suelo extranjero a pesar de haber dicho en voz alta el desprecio inminente por los americanos, el país, así como las personas en general.

–Entiendo… – apartó las migajas del pan esparcidas en el escritorio, todavía estupefacto con la noticia. No obstante, había otra persona quien seguramente no lo tomaría tan bien como él. – ¿Chris está enterado? Ellos se odian.

– Sí, pero el capitán Redfield prefiere tolerarla para garantizar el éxito de la junta. Tendremos problemas si no contamos con el apoyo de su clínica. - Ingrid se subió los lentes, incluso si deseaba bromear sobre ello, Leon no encontraría para nada agradable su humor cínico. En lugar de eso optó por guardar la pila de papeles ya firmados en las carpetas retomando la conversación. – Sé que la relación entre ustedes es muy mala ahora, pero Ada Wong no debe descolocar tu mundo.

Leon se cruzó de brazos, fastidiado.

–Lo sé.

La castaña se puso de pie con dirección a la salida.

–Por el momento déjalo pasar. – apuntó con el dedo al resto de los papeles sin terminar. – ah, también quiero esos reportes entregados para que yo pueda abogar por ti y puedas disfrutar tus vacaciones.

Él sonrió. Ingrid era la mejor.

–De acuerdo.

Cedió. Aunque si lo pensaba detenidamente la presidenta carecía de paciencia alguna capaz de tolerar tanta testosterona. ¿Por qué diablos asistiría al lugar donde menos quería estar si tampoco pertenecía al legado familiar? Aun si pensara tomar la dirección, le correspondía a Jilliam presentarse personalmente como hija de fundadores a cualquier tratado. No, ahí había algo más que Ada estaba escondiendo e iba averiguarlo, quisiera ella o no.

– Bien. Nos vemos luego. – se despidió Hunnigan. Cuando salió de la oficina Leon sacó del cajón una vieja fotografía. Logró distinguir entre cientos de personas dos matas rubias y una mujer castaña sonreírle al fotógrafo mientras cortaban un listón rojo e inauguraban un hospital nuevo. El agente dobló la foto y leyó la fecha inscrita en el reverso. Julio 28, 1998.

–Tal parece que no puedes salir de mi vida fácilmente…. – soltó con resignación. –He pasado siete años escapando de tu presencia y apareces otra vez, esto es una ironía demasiado mala, Ada.

….

Jill Valentine entreabrió los ojos tratando de acostumbrarse a la penetrante luz matutina. Todavía sentía el penetrante sabor a medicamentos impresos en su garganta e instintivamente miró el pasillo, el cual reconoció en su totalidad. Estaba recostada en una camilla, con una ventada del lado izquierdo donde entraban los rayos de sol y calentaban un ramo de flores color amarillo mostaza. También logró ver varias camas, el aire acondicionado, el techo blanco y el azul de las sábanas impresas con el emblema familiar y ello la devolvió al mundo real.

Había sacrificado muchas cosas por mantener la reputación de ese hospital, incluyendo su relación familiar y estaba conforme con el resultado.

La rubia cerró los ojos, intentando recordar cómo había llegado hasta ahí o cuando tiempo llevaba internada. Sin embargo no logró recordar nada, pero dada la rigidez muscular deducía que tendría al menos uno o dos días en esa misma posición. Como forma de confirmarlo alzó la mano izquierda e intentó tocar con la yema del dedo una parte del barandal y logró observar el tenue espasmo provocado por la falta de movimiento. Así mismo, tras otro examen visual encontró un catéter venoso periférico instalado en su mano libre, que estaba conectado a una solución salina y le suministraba analgésicos para el dolor.

Su mano derecha parecía sanar correctamente para tener seis puntos de sutura. Por lo demás, le dolía el rostro, seguramente tendría herida provocadas gracias a los bastardos que buscaban a Excella Guione y faltaba poco para verla responsabilizarse en las noticias. La mujer, como matriarca era la responsable de mantener el apellido Wesker intacto o el peso de la indagación caería sobre ellos al romper el acuerdo. Ya habían sido acusados de contrabandear medicamentos controlados en el mercado negro y ella había sufrido el desprestigio de su hospital a causa de ello.

Jill suspiró. Con el puesto vacante, todos los aspirantes a obtener la directiva estaban dispuesto a luchar por dicho puesto incluso si tenían que usarla para sus propósitos enfermos. Llevó la mano hasta el celular sobre el buró blanco, revisando la fecha y según el aparato llevaba dos días ingresada en el hospital, También notó una nota de voz de Ada grabada el día anterior "Lamento no verte, pero estoy en el aeropuerto con intenciones de irme hasta Houston en tu lugar para confirmar el tratado. No te preocupes, recupérate pronto y yo me encargaré del resto"

Seco. Sin mucho tacto, como toda persona del linaje Wong. Y pese a ello sonrió, por esas razones confiaba ciegamente en ella. Incluso si era algo tan trivial como una junta Ada podría hacerlo sin sentir presión. Pero, pese a no saber muy bien para qué habían solicitado su presencia, el nombre del estado bastó para provocarle un nudo violento dentro en el estómago.

Houston, Texas. El lugar donde vivía Leon…

¿Qué haría su compañera si llegaba a encontrarse con él?

Tal vez era una mala idea hacerla tomar un lugar fuera de su confort, más prefería que Ada se encargara de Leon a enfrentarlo así. Si él lograba verla herida haría preguntas que prefería no contestar y no quería arruinar más la tensa relación entre él y su compañera. Y, si lo pensaba detenidamente, defender al señor Spencer usando conocimientos básicos de autodefensa era estúpido, lo sabía. Pero había tenido el valor necesario gracias a esa molesta voz dentro de su cabeza que le decía cómo tomar el bisturí y apuñalarlo. También, esa misma tenía el mismo acento americano e idéntico a esa persona dentro del sueño y se preguntó si estarían correlacionados e inmediatamente desechó la idea.

–Tal vez sea momento de tomarme unas vacaciones. – entrecerró los ojos, intentando recordar más a detalle. Sin embargo solo venían a ella sus ojos azules, la piel morena curtida por el sol, una gruesa voz demandante no apta para las personas comunes. Esa combinación era… curiosa, incluso si era producto de su imaginación. Frustrada, se cubrió la cara con la almohada. –. Quien seas Chris, estas invadiendo mi cabeza. Si continuo así la gente pensará que me estoy volviendo loca…

Pero de existir. ¿Dónde encontrar un militar estadounidense? Había millones en ese país y aunque intentara recordar algo específico, su mismo subconsciente borraba los pocos recuerdos existentes.

¿Existes en otro lugar, Chris?

La pregunta quedó en el aire cuando escuchó la puerta abrirse. Jill se enfocó en las cabelleras rojas como el fuego que entraban al pasillo. Una de ellas se detuvo unos metros en frente de ella, permitiéndole apreciar el ceño fruncido de su hermano menor a plena luz del día. Steve estaba enojado, lo sabía. Tenía los dientes apretados y hacía todo lo posible por mantenerse tranquilo o explotaría.

Él se dejó caer contra pared próxima, respirando con fuerza. Había prometido mantenerse neutral. Sin embargo, la imagen de Jill tras dos días en hospitalización se estaba tornado insoportable, por lo que caminó hasta ella y con cuidado agarró la punta de la almohada, tironeando de ésta para ver los años.

–Vas a matarme si continúas haciendo estas cosas –recriminó derrotado. Luego bajó el barandal para poder sentarse junto a su rubia hermana, pero se encontró con el largo cabello de escudo. Lo apartó suavemente hasta poder verla por completo y la imagen que le ofrecía fue suficiente para cortarle la respiración. – ¿Qué te…hicieron?

Esos bastardos…

–Tranquilo hermano, estoy bien.

Steve parpadeó examinándola a detalle. La parte superior de su rostro estaba cubierta de moretones, desde las mejillas hasta la mandíbula y terminaban en un corte profundo en su labio inferior que recién comenzaba a cerrar. Sintió sus manos temblar ante la escena, recordando la última vez que había presenciado una imagen similar cuando era adolescente. ¿Quién demonios era tan infeliz para golpear así a una mujer?

Le acarició el pómulo inflamado con las yemas de los dedos. Era culpa suya, de haber estado cumpliendo su rol en el hospital y no pagando una estúpida multa ella no habría pasado ese traumático episodio otra vez. Jill le quitó la mano como si ella pudiera leer sus pensamientos.

– Esta fue una decisión mía –habló suavemente. Con la mirada fija en su rojo cabello. –… parte de mi deber es asumir las consecuencias.

– Creo que en eso diferimos hermana –interrumpió, tratando de borrar la imagen y reemplazarla por la imagen que tenía grababa en su memoria. – Es la última vez que juegas a ser un héroe.

–No quiero serlo, solo intento impartir justicia – soltó a la defensiva. Se abrazó al hombre aspirando el olor del perfume que desprendía y Burnside llegó a la conclusión de que Jill contaba con una mentalidad increíble. Después de todo ¿Quién en su sano juicio aceptaría cargar el peso de Wesker sobre el hospital? Sacrificarse así…no, él todavía no era tan amable para hacerlo.

– ¿Lograste verte por completo? – susurró con suavidad. Elle negó, apretando los hombros del pelirrojo. – tú…

–Quise hacerlo pero fracasé – soltó sincera. Si lo intentaba correría el riesgo de recaer y Steve sabía de sobra el precio que había pagado por ello incluso sin palabras. –. Solo necesito un par de días para recuperarme, no te preocupes.

Él sonrió a medias. Siempre buscaba la manera de ver lo positivo aún desde las sombras, ese era el poder de la gran Jill Valentine

–De acuerdo – desistió, ejerciendo presión en el agarre. –intentaré dejarlo pasar esta vez. Pero si alguno de esos bastardos quiere hacerte daño de nuevo iré a buscar a ese maldito aún si él ya no es más el director de nuestro hospital.

La pelirroja del lado contrario movió la cabeza, caminando suavemente hasta los dos hermanos. Toco el brazo izquierdo de Steve para dar el tema por terminado y lo escuchó gruñir irritado.

– ¿Tú también planeas defender al infeliz, Claire?

–Mi deber es mantener el orden. Recuerda que eres un trabajador de este hospital – recordó como si hubiera olvidado todo el esfuerzo de Jill por mantener la reputación en pie. – Nosotros debemos ocuparnos del resto ahora que Ada viaja hasta Texas, estoy segura que se encargará de Wesker por nosotros.

Cierto. Pensó él, desistiendo el agarre. A fin de cuentas nada bueno salía de enojar a Claire.

–Bien – aceptó a regañadientes. De lejos escuchó la risa burlona de su hermana y Steve arrugó el entrecejo ofendido. ¿Ahora se burlaba de él? – No le veo nada divertido ¿Sabes?

–Si tú lo dices…

–Eres realmente valiente compañera – Interrumpió la pelirroja por segunda vez. Jill frunció el ceño ¿Por qué insistían tanto en compararla con un héroe cuando había arruinado todo? –. La policía local logró arrestar a tus agresores y cuanto te recuperes tendrás que dar una declaración formal sobre el altercado. Puedes tomarlo con calma y cuando estés lista te daré más detalles.

–Bien– la rubia volvió a su postura inicial, acostada en la cama. Miró el techo del pasillo y abrió la boca para contestar pero Claire la interrumpió nuevamente.

–Nos dieron una copia del vídeo de seguridad para las averiguaciones posteriores – soltó la fémina burlona sonriéndole con complicidad engañosa. – a pesar de que te hirieron lograste dejar a tres hombres fuera de combate utilizando solo conocimientos básico de autodefensa y un bisturí. ¿Eres inmortal o algo parecido?

–No elogies sus acciones estúpidas – reprochó el hombre. Casi la había perdido, tenía heridas que quizá necesitarían rehabilitación y batallaría contra ello sin Ada presente. No, el panorama no era nada alentador.

–Soy una persona como cualquier otra.

–Sí, eso se te olvida a veces –siguió Steve. –trata de ser más cuidadosa.

–Ella es capaz de defenderse sola.

– Claro. – ironizó el menor. – ¡Estuve a punto de reconocer su cadáver en una maldita morgue, Claire!

– ¡Eso no sucedió!

Jill sonrió, presenciando divertida la escena. No sabía si reír o mostrarse enojada por la actitud infantil de dos personas profesionales. Más allá del lazo familiar eran el pediatra y su mejor psiquiatra que tenía en todo hospital. También eran lo último que le quedaba de su familia y quienes le devolvían la humanidad.

Dejó salir un gruñido de advertencia. La pareja dejó de discutir inmediatamente.

– Si continúan comportándose de esa manera deberán irse, todavía necesito descansar. – Advirtió tajante. Claire se removió incómoda ante el tono utilizado de la mayor e instintivamente dejó caer la cabeza hacia atrás. – ¿Cuánto tiempo más estaré aquí?

–Estuviste dos días inconsciente, el doctor dijo que primero deberá examinarte el traumatólogo para descartar las posibles lesiones internas en los tendones de tu mano herida –le informó. – si el resultado es favorecedor mañana por la noche serás una mujer libre.

–Perfecto.

La joven le acarició la frente con los nudillos de la mano derecha, acordándose de la última persona que había visto cometer un acto riesgoso por proteger a los suyos. Ese alguien a quien había dejado atrás en Dallas, con una maleta y un futuro incierto.

–Sabes, hoy me recordaste a mi hermano mayor. Él suele jugarse el pellejo como tú, incluso sin poder evitarlo. – Claire entrecerró los ojos, permitiéndose verlo dentro de su cabeza. Ambos parecían tener esos mismos ideales de justicia y seguramente de conocerse algún dia no habría duda que pudieran ser buenos amigos, más estaba descartado. Jill odiaba al hombre incapaz de ir tras ella y el odiaba a las personas que la arrebataron de su lado.

– Con que es así…. – la rubia vio el semblante opaco de la chica. La pelirroja nunca hablaba sobre él, y ella le guardaba tanto rencor que no podía soportarlo, así que decidió cambiar el tópico. –. Al menos el señor Spencer no sufrió daño alguno. Estoy conforme con mis acciones si pueden servir a la gente.

Steve maldijo en silencio ¿Por qué Jill nunca podía ser una persona egoísta? Desde que tenía memoria ella sobreponía el bienestar de cualquier persona al suyo propio y cuando algo estaba fuera de discusión era la persona más cruel que conocía. El mejor ejemplo era la pelea entre ella y Leon antes que él decidiera irse a otro país.

– Por ahora nada de juegos riesgosos. – el pelirrojo entrelazó sus dedos entre los suyos, reconfortándose con el calor familiar de Steve. Jill agradeció el gesto en silencio. – Ahora si nos vamos, ninguno ha terminado de trabajar y no quiero escuchar las quejas de Ada por teléfono cuando Ashley nos reporte.

–Intenta dormir un poco. –recomendó la pelirroja. Solo para molestarla fingió acordarse de otro dato más interesante. – Así tendrás tiempo para ver al hombre desconocido, ¿Me equivoco?

Que Jill Valentine diera señas de interesarle nuevamente el sector masculino sorprendió a Steve, creía que ella no volvería a interesarse en el amor después de su última relación sentimental desastrosa, donde había sufrido violencia doméstica, maltratos y cosas que la orillaron a cambiarse el aspecto actual.

Porque sí, ella había sido castaña alguna vez. Había sonreído y vivido una vida plenamente antes de ese bastardo. Quien fuera el siguiente lo mejor era apartarlo de su vida, a dejar que las murallas defensivas de Jilliam volvieran a desmoronarse por un infeliz como James.

– ¿Deberías contarme algo sobre él?

Ella negó.

–No es real Steve. – contestó más para ella misma, que para su hermano.

Y él sintió un breve momento de paz. Si esa persona no existía, estaba bien, porque no iba a permitir que nadie le hiciera daño. No esta vez.

Piers Nivans se paseó nerviosamente entre los corredores del aeropuerto internacional de Texas, intentando encontrar indicios de las dos personas que escoltaría hasta la reunión. Sin embargo, debido al cambio de horario transitado del día, estaba perdido entre el mar de personas que deambulaban libremente entrando y saliendo de las terminales. Únicamente lograba ver, desde su posición a los turistas de distintos lugares arrastrar pesadas maletas para ser revisadas por la policía. El teniente suspiró, regresando al lugar donde varias personas, que como él, seguían esperando en sillas de metal al lado de una máquina expendedora donde minutos antes se había comprado una bebida energética.

Logró acomodarse, quitándose el sudor de la frente. Adentro hacía un calor de los mil demonios pese a encontrarse comenzando el invierno. Texas era tan caliente que estaban alcanzando los cuarenta grados a la sombra y su paciencia finalmente había llegado el límite.

Joder. Llevaba unos veinte minutos sentado en esa silla rota leyendo revistas viejas, además de dos horas de retraso para presentarse al cuartel y rogaba al cielo que el capitán Redfield todavía no le hubiera llamado para quejarse de su ausencia o estuviera entretenido lo suficiente para evitarse problemas. Pero, considerando que el mismo Chris Redfield era quien lo había metido en ese problema, tal vez el castigo no fuera tan malo. Suficiente tenían con escoltar a la presidenta del mejor equipo de cirujanos rusos de todo Moscú y soportar su temperamento tóxico toda la maldita tarde.

La había tratado un par de veces antes, pero para él, Ada Wong era todo menos alguien agradable. Su actitud soberbia, sarcástica e impaciente amargaban hasta la persona más paciente y el humor de los mil demonios que se cargaba volvía a esa mujer alguien peligrosa. Para mala suerte suya también era la jefa de su chica, lo cual dejaba claro que estaban jodidos hasta la médula.

– Maldición, Chris me matará si llego tarde. – volvió a ver el reloj en la pared de la terminal. Casi media hora y nada. ¿Cuánto tiempo pensaba hacerle esperar esa maldita mujer? – ¡Con un demonio, Wong!

Se revolvió el cabello con frustración, no le importó que varias personas lo miraran como si hubiera perdido el juicio. No obstante calló al sentir el ruido de unas botas detenerse atrás de él y el sonido de una risa asquerosamente familiar. E instintivamente giró tan rápido que su cuello lastimado de dos días atrás volvió a lesionarse.

Mierda.

–Lamento recordarle que es presidenta Wong para usted, teniente Nivans. – respondió la mujer. Piers se acarició el cuello adolorido, mirándola con desdén. Ada Wong sonrió triunfante.

–Presidenta, bienvenida a los estados unidos... –saludó mordiéndose la legua. Tenía unas insanas ganas de mandarla al diablo para llevarse a Helena, pero para su desgracia, la maldita era una persona de alto mando y él no pensaba desobedecer una orden del capitán solo por ella.

Fue ahí, que logró ver tras Ada otra mata de cabello castaño.

–Hola Piers. Lamento el retraso. – Helena salió tras la castaña. Piers suavizó el ceño enfocándose solo en la mujer que era su novia. – tuvimos unos problemas con los vuelos. Aunque esa no es la manera correcta de saludarnos tras seis meses sin vernos cariño y tampoco puedes tratar así a mi superior.

Wong le miró triunfadora y Piers quiso marcharse lejos. Lo que menos quería era verla pisoteándole el orgullo por culpa de Helena Harper

–Estoy intentando ser amable. – rechinó los dientes, forzándose a sonreír. – pero llevo dos horas retrasado y si no llego a tiempo Chris seguro armará un alboroto. Ha estado un poco perdido después de la misión, así que necesito vigilarlo.

– Veo que todavía eres el perro faldero de Redfield. Teniente – contratacó la castaña pero él hizo caso omiso. Faltaban tres horas para la reunión, prepararse, encontrar a Chris sin haber almorzado y ahora le tocaba soportar a Ada ¿Qué más podía salir mal?

Nivans tragó en seco, logrando ver mejor a las féminas. Helena traída puesto una blusa azul cielo entallada, pantalones ceñidos blancos que la hacían verse menos ruda a comparación de Wong, quien vestía un suéter remangado hasta los codos color rojo intenso, botas negras y pantalones ajustados del mismo color. No obstante lo único diferente eran las gabardinas gruesas a pesar de hacer un calor insoportable en Texas.

Tal vez el clima de Rusia tendría temperaturas bajas a esas alturas del año a comparación de Houston, donde todo era calor, sudor y vaqueros.

Helena se quitó primero su gabardina color crema. Luego cayó en cuenta que pese a ser rusa de nacimiento, Helena intentaba a toda costa ocultarlo bajo su inglés americano. Ada por el contrario presumía su idioma natal y daba gracias al cielo que él hubiera tomado las clases de ruso en la universidad o tendría más problemas de lo normal.

–Chris estará bien, Piers… – consoló su novia. Acariciándole el mentón con la punta de sus dedos cariñosamente. –relájate un poco cariño.

La presidenta arrugó la nariz.

–Redfield solo quiere ser el centro de atención. – respondió la castaña ácida, enderezándose. – si a ese infeliz se le ocurre faltar es hombre muerto.

–Le recomiendo moderar su vocabulario. – contratacó él, cortando su pequeña burbuja de tranquilidad ¿Quién demonios se creía ella? Podía ser poderosa en su país. Pero nadie se metía con el capitán Redfield sin sufrir las consecuencias. – también mantenga las distancias. El capitán pasa por un mal momento desde que escuchó una voz a media redada. Al parecer busca una persona fantasma en los hospitales cercanos y no piensa darse por vencido hasta encontrarla.

–Entonces Redfield no se encuentra exactamente estable. –Opinó Helena. – espero logre recuperarse.

–Chris Redfield nunca ha sido una persona normal, Helena. – concluyó Ada. Piers estuvo a punto de debatir pero ella lo interrumpió, arrastrando la maleta negra que llevaba consigo. – deja de darle tanta importancia.

–Ada tiene razón Piers. – le sonrió Helena. – llámalo y dile que iremos por él.

–Está bien.

Ada Wong resopló aliviada para después secarse el sudor de su frente con el pañuelo rojo. Chris Redfield era una molestia andante que pocas veces lograba dejarla vivir en paz. Aunque no solía ser normal que ese bastardo sucumbiera tan rápido ante el trastorno del estrés post traumático cuando seguro había vivido peores experiencias anteriormente. Redfield volvería en sí, llevaba quince años trabajando codo a codo contra el bioterrorismo para creer que iba a ceder ante él.

Y, si lo admitía para sí misma ver que la compañía socia eran personas conocidas la aliviaba de sobre manera. Aunque soportar las noticias del inestable Redfield era poco comparado con las llamadas perdidas en el móvil y la presencia del segundo representante del hospital ponían su humor dentro de un débil hilo quebradizo, así que necesitaba mantenerse neutral o perdería los nervios antes de siquiera encarar a Wesker.

Jill nunca perdonaría que su clínica se viera involucrada en disturbios de ningún tipo y ella no sería quien lo provocara a pesar de sentir ganas de reclamarle al mismo Wesker sobre el accidente en Moscú. No, de hacerlo probablemente los rumores llegarían a Leon y pensaba evitarlo durante su estancia en Houston.

Piers colgó el teléfono acercándose nuevamente. –El capitán Chris irá con otro equipo. – informó. – nosotros podemos adelantarnos.

–Perfecto. Ya deseo entrar a la junta y terminar – se quejó Helena, estirándose– ¿Todavía tienes contigo ese feo vehículo militar?

Los tres salieron del aeropuerto. En el estacionamiento Ada vio el todoterreno de Piers que era igual de feo y viejo como lo recordaba. Fuera, el exterior estaba más árido y caloroso, lleno de aire caliente que impactaba contra su cara. Odiaba aquel clima que seguramente le generaría dolor de cabeza por nunca acostumbrarse a esas temperaturas tan altas.

Estar encerrada cuatro horas con más de cien personas idealistas era algo estúpido. Pero ya estaba en la ciudad y pensaba cumplir la tarea de Jill al pie de la letra.

¿Qué tan difícil era?

–Este lugar es… impresionante.

Ada Wong se sujetó con fuerza del respaldo de la silla, sintiendo su paciencia evaporarse casi instantáneamente. Para beneficio propio, la sala de juntas era grande, suficiente para albergar cien personas sentadas estratégicamente según su compañía o afiliación. Empresas antiterroristas, anexos y empresarios tomaban sus lugares correspondientes en la mesa cuadrangular donde estaban impresos los nombres, junto a una botella de agua. Había una pantalla en el frente con el proyector apagado mientras ingresaban. Todos vestían formalmente e incluso también habían mujeres destacadas entre cada rama bioterrorista. Entre ellos ingenieros, arquitectos, colaboradores y las personas encargadas del sector salud.

La excusa era simple: El matrimonio de Ingrid Hunnigan con Carlos Oliveira, ambos de instituciones completamente diferentes creaban el perfecto paradigma para entablar lazos entre instituciones gubernamentales o privadas que querían mantener el orden mundial. Pues, según las noticias los terroristas se estaban expandiendo y ya era el momento de formar una sola plataforma para luchar desde distintos lugares.

El orador en turno sonreía amablemente, estrechando las manos como todo buen hombre mediador. Si eso no lograba enojarla, el olor a tabaco y colonia masculina lo estaba haciendo bastante bien.

De alguna manera, era bueno estar en lugar de Jilliam. Conocía todas esas caras por sus contactos como directora, ella, en cambio prefería ser reservada, ocultarse entre las sombras a causa de James.

– Ada. Mantén callada a tu compañera y dile que necesitas concentrarte. – regañó el hombre que ocupaba el asiento número dos de la clínica. Alto, al menos uno noventa. Rubio, ojos azules con un porte elegante donde se mirara y corbata roja como su vestido. No obstante todo él desprendía una arrogancia innata que no lograba pasar desapercibida porque, a pesar de ser destituido del puesto a director, Albert Wesker era el hombre con mayor tiempo en el cargo y aún era necesaria su presencia. – Ninguna vino a jugar ¿Entendido?

–Señor... –trató de disculparse Helena. Ese bastardo le estaba tentando la poca paciencia a su jefa. Tanto que no se molestaba en disimularlo. –Yo…

–Será como quieras Wesker. –intervino Ada respirando profundamente para evitar soltar una maldición al aire libre. – eres tu quien ahora me impide prestar atención. Ex director.

Albert borró la sonrisa en su rostro. Ese era el pago por usurpar el lugar de Jill Valentine tras el incidente a la clínica. Seguro lo hubiera hecho a propósito, sin Valentine entre ellos era más fácil manipular a los postulantes a placer y hacerlos ceder sus derechos para recuperar su lugar. Más ella era inteligente, demasiado y aunque seguro se vieran patéticos teniendo a un criminal acusado de fraude con buenas influencias en el gobierno. Había sido buena idea mandarla hasta la otra parte del mundo, ahí podía controlar lo suficiente a Wesker y tomar la presidencia sin necesidad de tener terceros molestando como insectos estorbosos.

–Caballeros, sean bienvenidos a esta primera junta internacional para la asociación de compañías antiterroristas. – presentó el orador tras el micrófono sacando a Ada de sus pensamientos. El hombre también era un antiguo director de la B.S.A.A norteamericana. Clive O 'Brian. –es un placer tenerlos contar con cada uno de ustedes. Sus instituciones son importantes en cada parte del mundo y hoy se ha dado la oportunidad de reunirlos para un fin común. Nuestra alianza logrará hacer el cambio y les agradezco de antemano a las personas que formaran parte del comité

El público aplaudió. O'Brian continuó, alegre. –Entre los mejores destaca la mejor clínica- hospital de Moscú y las personas que lo representan. – apuntó a la tercera fila, donde el reflector iluminó a los dos. – ellos son la presidenta del departamento quirúrgico: Ada Wong. Acompañada del ex director Albert Wesker

Dos filas del lado derecho Hunnigan vio de reojo a Leon. Estaba quieto, tamborileando los dedos contra el asiento, mirando con detenimiento a la mujer y luego desvió la mirada, enfadado. ¿Tanto impacto tenía sobre él? Quizá era algo normal, después de todo llevaba siete años sin verse.

–Es un placer caballeros. –Wong se levantó para inclinarse y saludar a los presentes, asintiendo con la cabeza en gesto formal. Toda ella exudaba seguridad por cada poro, incluso solo utilizando el sonido de su voz, justo así era Ada, alguien de armas tomar y profesionalismo en un perfecto inglés. –En nombre de nuestro hospital les damos las gracias por la invitación.

– Presidenta, usted es una de las mujeres más influyentes en su país. – alabó el ex líder, encendiendo la pantalla. En ella logró divisar fotografías e información de la mujer, estudios académicos y logos. Maravillado el ex director continuó. – una importante cirujana experta en la reconstrucción de manos ahora es postulante para dirigir el hospital. Incluso si está aquí como representante, su trabajo merece ser reconocido.

Ingrid titubeó ¿Por qué Jill no estaba presente? A pesar de que nunca había conocido personalmente a la hermana mayor de Kennedy, su nombre resonaba con fuerza en cualquier lugar del mundo, gracias al prestigio del hospital.

–Hago lo que puedo señor. – torció la boca, forzándose a mantenerse neutral ante las miradas masculinas puestas en ella. – Esperamos seguir a la altura que nuestra líder ha mantenido durante siete años.

–Así será.

El orador pareció satisfecho. O´Brian hablaba desprendiendo formalidad y cordialidad pura, característico de cualquier persona enlistada en la BSAA e involuntariamente Ada cambió la mirada hasta la sección cuatro donde descansaban los miembros de ese cuartel antiterrorista. Parecían más del régimen militar que cualquier cosa, pero no le parecía ver a Chris Redfield por ningún lado y Piers se movía de un lado otro con el teléfono.

La voz de Clive volvió a sonar demandante tras el micrófono.

– Ahora le daremos la bienvenida a Neil Fisher, quien asiste en representación del director general de nuestra querida Terra Save, que por el momento está en el hospital. – Ada parpadeó ¿Otro líder indispuesto? – Elena Miller, encargada del departamento biológico de Willpharma tampoco pudo asistir, en su lugar tenemos a John Miller…

Los líderes se iban presentando de uno en uno, pero cada vez era más extraño que tuvieran figuras representativas y no los altos mandos ¿Por qué cinco de nueve no estaban de pie? Ninguno de los demás sobrepasaba los cuarenta años, eran ejemplares fuertes, sanos y adictos al trabajo para creer que estaban enfermos, por lo que había algo extraño. Podía sentirlo flotando en el aire.

– Y ahora, representando a nuestra querida BSAA el capitán de las fuerzas especiales, Chris Redfield. –Todos posaron la vista hasta la sección, mirando el asiento vacío. O´Brian se rascó la nuca. – ¿Saben dónde se encuentra el capitán?

– Al parecer se encuentra ausente. Señor, de ser necesario tomaré la responsabilidad del capitán por su nula aparición. –se disculpó el Teniente, dejando el móvil sobre la mesa. –o puedo traer su trasero si es necesario.

Wesker sonrió ante el murmullo de cien personas resonando entre las paredes. Mientras Ada pensaba una y otra vez que todo era demasiado raro. Primero atacaban a Jill en el propio hospital, luego cinco de nueve directores faltaban al cargo sin demasiadas explicaciones y para variar a Redfield le daba por jugar a las escondidas. ¿Qué demonios estaba pasando?

No volteó a ver a pesar de sentir la mirada de Hunnigan en ella. Porque si lo intentaba, lo vería a él y toda la determinación de evitarlo se iría al demonio.

Lo primero era averiguar porque había tanto misterio en una simple reunión

¿Existes en algún otro lugar, Chris?

Chris Redfield detuvo la camioneta con fuerza, sintiendo el impacto su tórax contra el volante, generándole dolor intenso en el diafragma. Pero eso era poco comparado con la serie de emociones que estaban rompiéndole el cráneo. Era imposible haber escuchado a una persona llamarlo por su nombre estando a mitad de la carretera federal, sin automóviles o civiles a quienes hubiera escuchado por casualidad.

Esa voz era terriblemente similar a la de ella…

El hombre intentó pensar alguna teoría lógica. Como soldado llevaba varios días trabajando sin descanso alguno, estaban lidiando con temperaturas que rondaban los cuarenta grados. Por lo tanto seguramente estaba sufriendo algún tipo de anomalía debido al traumatismo adquirido dos días antes. Así que solo debía llegar a la maldita junta antes de tener a Piers molestando toda la maldita tarde. ¿Qué sentido tenía investigar hospitales cuando todos negaban tener una extranjera rusa en ellos? No, era momento de poner punto final.

Alguien producto de su mente no existía, estaba claro.

–Existo… – respondió al aire, sintiéndose estúpido. Miró de un lado a otro la carretera para asegurarse que nadie viera su ridículo desplante, cuando escuchó la voz femenina resonar desde algún lugar, paralizándole los sentidos.

¿Eres… real?

Él sonrió. Pese a lo trillado de la pregunta era demasiado real para tratarse de un mal sueño.

–Supongo que esa debe ser mi línea Jill.

Esperó unos segundos la puesta. Escuchó el ruido del claxon de otro vehículo e intentó estacionarse en otro lado de la carretera.

Chris…

–Esto es demasiado extraño – habló nuevamente. No lograba verla, había un calor infernal y posiblemente tuviera dolor de cabeza más adelante ya que costaba un demonio entenderle a ese acento ruso. Pero a pesar de eso…

Me alegra contactar contigo. Creía que me estaba volviendo loca.

Real o no, estaba conforme de poder contactarla.

–Pensé lo mismo.

Hay tantas cosas que quiero saber…

Y sonrió nuevamente.

Ella de verdad existía.

Y bien, eso es todo. ¡He regresado! Llevaba tanto tiempo sin hacer un capítulo tan largo, pero aquí lo tienen. Todavía hay muchas cosas por aclarar, como la tensión entre Leon, su familia y Ada pero esto se verá en dos capítulos más, para dar inicio a un repaso por el pasado, para hacer más comprensible la historia. Espero de antemano que les guste y como nota, también subiré el siguiente capítulo de Sorority Row muy pronto.

Comentarios, críticas y/o amenazas de muerte serán bien recibidas.

Un saludo. Se me cuidan.

Fatty Rose Malfoy.