Capítulo 9.- Another meal with that bunch of losers.
Desperté sintiéndome fresco, como si nunca en mí vida hubiera dormido de esa manera.
Y de nuevo, Will Solace me observaba.
Casi me caí de la camilla cuando le vi sentado encima de su propia camilla observándome fijamente.
─Eh, ¿hola? ─pregunté más que otra cosa.
─Hola, buenos días Nico, despiertas justo a tiempo ─contesto con su habitual alegría.
«¿Qué demonios hacía él mirándome de esa manera?» pensé.
─Y siempre con los buenos modales ─replico él sarcásticamente.
─¿Dije eso en voz alta?
─Sep.
«Por supuesto.»
─Lo siento.
─Descuida Nico, anda levántate. ─dijo restandole importancia al asunto. ─ Hazel se ha pasado más temprano para dejarte algo de ropa, ¿realmente no tienes ropa de colores?
─Eh, ¿qué?
─Que tú vas a quitarte esa bata, y te vas a poner la ropa que te ha traído Hazel, oh, y después iremos a desayunar ¿entiendes o realmente tengo que explicarte con manzanas Neeks?
─No me digas así ─contesté mordazmente.
Yo no era realmente conocido por tener buen humor, mucho menos después de levantarme.
─De acuerdo, no Neeks ─murmuro, ─ Ahora, vístete.
─¿Aquí?
─No, en el comedor ─y de nuevo el sarcasmo... ─por supuesto que aquí tonto.
─¿Contigo aquí? ─pregunté.
Era más inseguridad que otra cosa, yo era demasiado delgado. Delgado y pálido. ¿Qué diría Will al verme sin camiseta?, ¡Por el tártaro!, no quería ni pensar en quien demonios me había puesto la bata.
─Si no me quieres aquí me salgo, tranquilo Di Angelo. ─dijo él riendo, yo empezaba a molestarme.
─Sal ─le ordené.
─De acuerdo, señorita. ─contestó él, aún parecía burlarse.
Yo creía que no podía enojarme con Will, me equivocaba.
─¡No me digas así! ─grité, intentando esconder que él me había lastimado en cierta manera.
─Nico... ─susurró él.
Tomé un respiro, no me había dado cuenta de que estaba conteniendo la respiración, incluso había lágrimas amenazando con salir. Estaba teniendo un ataque de pánico.
─Nico... ─dijo más firmemente esta vez, hizo el intento de acercarse a mi.
Me aparté.
─¡Aghh! ─grité, poniendo mis manos en la cabeza, quería que la habitación dejara de dar vueltas. ─¡Sólo vete, vete de aquí Will Solace!
Le empujé, no era realmente mí intención. Sólo estaba teniendo un mal momento.
─No era mí intención ofenderte Nico ─me decía él, mientras lo empujaba fuera de la habitación ─no quería herirt...
Le cerré la puerta en la cara y después me recargue. No me di cuenta de que me había deslizado hasta acabar sentado en el piso, sollozando.
─Pues lo hiciste ─susurré.
─Nico ─dijo él detrás de la puerta ─no era mi intención, para nada.
No contesté.
─Escucha, sé que estás ahí, ahora mismo estoy recargado en tu espalda, si no hubiera una puerta entre nosotros, Nico... realmente no sé cuando estoy tocando terreno peligroso contigo, un minuto todo parece estar bien y al otro..., mira, hablar contigo es como caminar cerca de la cabaña de Ares sin precaución y sin protección, como un maldito campo de minas.
─Si es tan difícil entonces deberías apartarte ─le dije amargamente.
─No, Nico... maldición, quiero ser tu amigo, ¿entiendes? No me importaría ir a la cabaña de Ares, ¡dioses! retaría a Clarisse La Rue ahora mismo de saber que me ayudaría de algo, sólo por favor, por favor, por lo que más quieras, déjame ser tu amigo Nico... ─cuando termino era apenas un susurro.
─¿Por qué? ─le pregunté.
─Porque yo creo en ti Nico Di Angelo.
Nadie dijo nada durante más de 5 minutos.
─Nico, ¿vamos a desayunar? ─me preguntó con una nota de ilusión en su voz.
Me levanté y me puse la ropa, incluso estos estúpidos pantalones que me había comprado Hazel me iban un poco grandes.
─¿Will, puedes apartarte de la puerta?
─Escucha, no me voy a mover de aquí, hasta que tú te dignes a comer algo Di Angelo.
─Umh, Will, deberías apartarte de la puerta ─le contesté tranquilamente.
Y después abrí la puerta. Él estaba sentado dándome la espalda.
─Oh, claro ─dijo levantándose.
─Vamos ─le dije.
Cuando llegamos al comedor todos estaban sentados en la misma mesa de siempre, Hazel hizo una seña, había llegado desde que yo había ingresado a la enfermería y al parecer aún no se iba.
Will me miraba con cautela.
─Chicos, los estábamos esperando ─dijo Piper.
─¿En qué tardaron tanto? ─preguntó Percy.
─Problemas técnicos ─dijo Will.
─De acuerdo. ─dijo Leo ─¿Así que nadie va a preguntarme como lo hice, o porque Calipso está aquí?
Yo ni siquiera había notado que Leo Valdez estaba en la mesa hasta que su irritante voz llego a mis oídos.
─Voy a matarte ─declaré.
─Oh, uh uh, ─él río, cuando sonreía su parecido con un duende aumentaba ─¿no seguirás molesto por lo de Albania cierto?
─Voy a matarte, va a ser feo y probablemente va a dolerte ─le dije como si estuviera hablando del clima.
─Tú no vas a matar a nadie, ordenes del doctor. ─dijo Will.
─Cierra la boca Solace, ─contesté─ voy a matarte Valdez, voy a hacerte pedazos, voy a enviarte al tártaro, no, mejor, voy a fantasmizarte.
─Eh, colega, sea lo que sea, no suena nada bonito, deja el rencor Di Angelo.
─Nico... ─me advirtió Will.
─¿Alguien sabe que está pasando? ─preguntó Jason ─además de Nico y Leo, obvio.
Todos negaron con la cabeza.
Volteé con Hazel y le dije: ─Voy a matarlo Haz.
─Por mí, adelante, te ayudo, ─me contestó ella.
─Oigan, no es justo, los dos niños del Inframundo contra mí, yo, un simple hijo de Hefesto. ─Leo Valdez era irritante ¿les había comentado eso?
─Él no habla en serio, ¿o sí? ─pregunto señalándome una chica de cabello castaño y una belleza que parecía casi inmortal, Calipso.
─Uh, no lo sé ─dijo Will con comida en la boca ─parece bastante serio.
─Eso es porque Nico siempre está serio ─dijo Percy con comida en la boca igual que Will.
«Chicos.»
─¿No vas a dejar que lo mate verdad?, porque me gusta Leo, ¿podemos quedárnoslo? ─le preguntó a Annabeth.
─Aún no lo decido, sesos de alga. ─dijo Annabeth riendo.
Entonces todos empezaron a reír, se sentía como una gran familia.
Y fue ahí cuando me di cuenta, que era porque todos eramos una gran familia.
