Notas de la autora: No pensé que volvería tan pronto con otro fic (y menos con uno tan largo) pero culpad a BrightBennu por introducirme el ship Ezio/Leonardo (how dare you poison me ¬¬) y por tener la idea del fic J Del resto se encargó mi cabeza durante la noche xD

Es por eso que este fic se lo dedico a mi amore, BrightBennu ^w^

PD: Voy a intentar que no haya demasiados spoilers, pero por si acaso aviso que estará situado en el Assasins Creed 2 en la escena del concurso al que se presenta Ezio en el carnaval de Venecia.

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, ni siquiera la idea original del fic, que es de BrightBennu, yo solo le he dado forma y lo he escrito :3

Espero que os guste!


Capítulo 1: Noche de carnaval

Era noche de carnaval en Venecia y, como era de esperar, las calles estaban abarrotadas de gente enmascarada, luces y música. Leonardo paseaba entre los canales, dejándose llevar por el ambiente relajado y fiestero. Llevaba una máscara que se había fabricado él mismo y se dirigía hacia una plaza muy concurrida donde había oído que se podía concursar para obtener una máscara de oro. Curioso, se dirigía hacia allí, sin dejar de observar a su alrededor y a los tejados, esperando encontrarse a Ezio corriendo por ellos. Cuando llegó le recibió un acróbata pero en seguida su atención se dirigió al escenario donde un hombre vestido de rosa hablaba a un público entusiasmado. Cuál fue la sorpresa del rubio al ver a su querido amigo en el escenario.

Signore e signori, este joven de aquí —Dijo levantándole el brazo— Ha conseguido más lazos que el resto de participantes, siendo así el favorito de las damas…

Suspiros, risas y aplausos no se hicieron esperar, Leonardo sí aplaudió pero su sonrisa se vio demasiado forzada… Intentó llamar la atención de su amigo pero este solo mirada de manera sugerente a una… ¿monja? que le sonreía y mandaba un beso. Leonardo se tensó. ¿De dónde había salido esa signora? ¿Por qué actuaba así? La voz del hombre de rosa le volvió a sacar de sus pensamientos.

—Bien, esta prueba requiere…

Ezio ganó todas las pruebas con facilidad y Leonardo se vio a sí mismo cada vez más entusiasmado y orgulloso de su amigo. Sabía que quería esa máscara para fines más… oscuros pero aun así no pudo evitar sentir un calor en su interior cada vez que Ezio sonreía y por eso se enfureció en cuanto le dieron el premio al tal Dante. El castaño bajó del escenario apesadumbrado mientras se oían abucheos dirigidos al otro hombre. Leonardo quiso acercarse a reconfortar a su amigo pero la monja que tenía demasiado escote se le acercó rápidamente y se fueron, hablando entre ellos. El artista se quedó petrificado, sin saber qué hacer o qué pensar pero tras un momento de estupefacción se recompuso, convenciéndose de que quizás la signora le estuviese ayudando en algún caso de asesinato. Repitiéndose esas palabras para no sentir el vacío en su corazón, se dispuso a seguir disfrutando de la velada.

Se volvió a encontrar con el asesino más tarde, cuando ya se dirigía de regreso a casa. Había girado una esquina cuando divisó a Ezio, de nuevo junto con la monja, hablando animadamente, pero esta vez el joven tenía pegado a él varias chicas de compañía. No sabía por qué pero la sangre le volvió a hervir. El grupito había entrado en un edificio y, sin pensar, Leonardo les siguió. De pronto recordó que había un burdel muy famoso dirigido por una monja y todo encajó en cuanto entró y vio el lugar repleto de jóvenes, un hombre que no había visto nunca pero que hablaba tranquilamente con Ezio, quien estaba rodeado de señoritas que alababan lo fuerte, inteligente y valiente que era y la monja.

—Es usted un héroe. —Decía una colgada de su brazo.

—Sí, venga con nosotras, le recompensaremos por su hazaña. —Dijo seductoramente otra que le acariciaba su torso. Ezio sonreía, deleitado por el trato que le daban.

—La verdad es que estoy bastante cansado. No me vendría mal un pequeño descanso…—Miró a la signora y se mordió el labio inferior.

A Leonardo le dieron ganas de vomitar. Se dio la vuelta, repentinamente mareado y dispuesto a salir de allí corriendo cuando una chica entró y le vio.

—¡Oh! ¿Otro cliente que viene a celebrar el carnaval? —Preguntó acercándose al rubio descaradamente. En ese momento Ezio y sus amigos se giraron y repararon por primera vez en la presencia del artista.

—¡Leonardo, amigo mío! —Exclamó acercándose a él y posando una mano en su hombro. —¿Qué te trae por aquí? ¿También vienes a descansar un rato? —Le preguntó guiñándole un ojo. El susodicho no pudo evitar sonrojarse.

—No… yo… había venido… —De repente cayo en la cuenta. ¿Por qué había venido exactamente aquí? —Quería hablar contigo y te vi entrar…

—¡Oh! ¿En serio? —Preguntó un poco asombrado. El rubio asintió.

—Vi tu actuación del concurso…—La risa de su amigo le cortó.

—No me lo puedo creer. ¿Y cómo es que no te acercaste a hablar conmigo? Llevo un tiempo sin verte.

—Lo-lo intenté pero te fuiste casi corriendo.

—…Es cierto. Pero bueno, no pasa nada. Si quieres puedes quedarte aquí con nosotros y mañana hablamos…—Miró a la signora, que asintió.

—Los amigos de Ezio son también mis amigos, así que puedes elegir a quien quieras, le haré un descuento. —Dicho esto le guiñó el ojo. Leonardo se volvió a sonrojar.

—Gracias pero… prefiero irme ya… tengo un trabajo pendiente…—Mintió—y voy bastante atrasado… así que lo mejor será que vuelva cuanto antes a terminarlo. —Se dispuso a marcharse de allí pero la mano de Ezio que seguía en su hombro se lo impidió. Le miró nervioso, de verdad quería irse de ahí cuanto antes.

—Es carnaval, Leo—Le miró serio su compañero—Date un respiro, por muy atrasado que lo lleves te mereces al menos una noche de diversión. —Pero el otro negó fervientemente con la cabeza.

—De verdad tengo que irme…—Dijo con hilillo de voz, para luego escabullirse hacia la calle.

Ezio se quedó mirando la puerta con el ceño fruncido. Esa actitud no era propia de su amigo. Algo le pasaba. Siempre iba retrasado con sus encargos pero eso casi nunca le afectaba o, al menos, no de manera tan drástica en su humor.

—Vuelvo en un momento. — Murmuró antes de salir él también del burdel.

Ya en la calle cogió carrerilla y saltó hasta llegar al tejado, se conocía de memoria esa zona de la ciudad así que no tardó en llegar a la casa de su amigo antes que él. Se coló por la ventana y entró en su estudio. Tal como sospechaba no había ningún proyecto empezado y no parecía que hubiese ninguno por empezar así que se cruzó de brazos y esperó a que la puerta de la calle se abriese.

No tardó rato en hacerlo pero cuando Leonardo entró, cerró la puerta tras él y puso su frente en la madera, suspirando. Colocó sus dedos en el puente de la nariz mientras se mordía el labio inferior y golpeó la puerta con el puño maldiciendo. Ezio abrió mucho los ojos, esa actitud era complemente nueva y desconocida para él pero en seguida se recompuso, sin embargo a Leonardo se le desencajó la mandíbula al girarse y verle allí de brazos cruzados. Palideció.

—¿Q-Qué haces tú aquí? —Balbució, pero la mirada de Ezio era severa.

—¿Qué te ocurre a tí, Leonardo? Hoy estás muy raro. —Dijo haciendo énfasis en la palabra. —No lo entiendo, ¿te encuentras mal? ¿Ha pasado algo grave? —Preguntó, la preocupación presente en sus palabras. El artista tragó saliva y negó con la cabeza.

—Todo va perfectamente.

—Entonces, ¿por qué me has mentido? No hay ningún proyecto que necesites terminar.

—¿Cómo sabes tú eso? —Le espetó Leonardo, empezando a enfadarse.

—He ojeado tus cosas y no hay nada.

De repente, Leonardo se empezó a sonrojar violentamente.

—¡¿Qué has cotilleado entre mis cosas?! ¿¡Pero bueno, no entiendes el concepto de "intimidad"!?

Ezio se sobresaltó por el repentino ataque de Leonardo.

—Solo he mirado por encima lo que hay en tu escritorio, nada más…—Se disculpó. Eso pareció calmar un poco a su amigo, pero seguía con las orejas completamente rojas. —Leonardo, de verdad, si necesitas decirme algo aquí estoy. Siempre te voy a ayudar, igual que tú me ayudas a mí. —Dijo con voz tranquila Ezio, acercándose al de Vinci, que miró hacia el suelo y se mordió el labio inferior.

—Será mejor que te vayas. Vuelve al burdel con tus amigas a descansar. Yo estoy bien. —Respondió Leonardo, tajante. Ezio no supo interpretar el tono de voz tan raro de su amigo y tampoco pudo evitar sentirse terriblemente dolido. Asintió levemente, entristecido. Se dirigió a la puerta y la abrió. Miró a su compañero, que tenía la cabeza gacha y temblaba ligeramente. Salió a la calle y cerró la puerta. No sabía por qué su amigo se comportaba de manera tan rara y tan de repente, y eso le entristecía y enfurecía a partes iguales. No le entendía, y no por el hecho de que fuese un genio brillante, sino por su actitud, que normalmente era risueña y despreocupada, pero ahora tan arisca, y de verdad quería entenderle. Se paró en seco. No sabía cuándo había empezado a caminar pero se dio la vuelta. Puede que su amigo fuese testarudo y no le quisiese decir nada pero Ezio era aún más cabezota así que no pretendía irse de allí sin una explicación convincente.

Caminó con paso decidido y abrió la puerta de golpe. La cerró de un portazo y, buscó a su amigo. Le encontró sentado en el borde de su cama, la cara enterrada en sus manos pero la alzó al escuchar pasos.

—Me da igual que no me quieras decir lo que te pasa, pero no pienso permitir que pases la noche de carnaval deprimido. He tenido un día y una noche muy largas y quiero relajarme un rato, así que como no vengas conmigo a dar un paseo o navegar un poco tranquilamente por los canales, te sacaré a la fuerza.

Leonardo le miraba con los ojos muy abiertos, la estupefacción presente en su rostro.

—¿Vienes? —Demandó Ezio, ofreciéndole una mano para levantarse. Su amigo parpadeó varias veces y se levantó.

—¿Pero… no estabas cansado? ¿No querías… divertirte con las señoritas?

—Pasar el rato contigo también es agradable, además, es carnaval, no habrá que preocuparse por los guardias.

Leonardo estuvo a punto de decir que sí, que por supuesto le acompañaría a dar una vuelta, pero algo le frenó.

—…No sé si es buena idea…

—Claro, que sí, ya lo verás. —Respondió el otro tirando de él. La sonrisa de Ezio era tan cálida que Leonardo no se pudo resistir, ¿además, cuántas oportunidades tendría de salir con Ezio en una noche tan hermosa como esa? Se volvió a poner la máscara y salieron juntos a la calle.

Pasearon sin rumbo y sin hablar demasiado, disfrutando de la música y la compañía del otro. Se sentaron al borde de un canal mientras admiraban los reflejos de las luces y la luna en el agua y comían regaliz.

Leonardo todavía no se podía creer que su amigo hubiese renunciado a una noche de sexo por estar con él y, aunque se sentía extremadamente feliz de estar allí, una parte de él seguía triste porque sabía que su amigo volvería al burdel y siempre sería eso, su amico.

Se había quedado ensimismado en sus pensamientos así que no notó que Ezio se había levantado hasta que le habló.

—Falta poco para que amanezca. —Leonardo le miró—No me puedo creer que al final me haya pasado toda la noche levantado. —Sonrió mientras el rubio se levantaba.

—Entonces es hora de irse. —Le miró a los ojos. —Gracias. —Susurró. La sonrisa de Ezio se ensanchó.

—No hay problema, amico. —El artista esbozó una media sonrisa un poco forzada al oír la palabra. Se iba a marchar ya a su casa cuando una idea cruzó su mente.

—…En casa tengo un sofá bastante cómodo… si estás demasiado cansado puedes dormir ahí… No estamos lejos… —Ezio le miró un poco asombrado por la proposición y Leonardo deseó que no hubiese sonado demasiado rara. Finalmente el castaño sonrió.

—No quisiera ser una molestia, creo que hoy ya te he dado bastante la tabarra.

La sonrisa forzada de Leonardo volvió a aparecer.

—Claro. Nos vemos… por ahí, supongo. —Se despidió. Nunca podía saber a ciencia cierta cuándo volvería ver a su compañero, lo cual le molestaba un poco, pero tampoco había nada que pudiese hacer.

—¡Buonanotte, Leonardo!

Vio cómo el otro iba en dirección contraria, al burdel. Suspiró. Debía dejar de sentirse decepcionado porque su amigo quisiese un poco de compañía, al fin y al cabo, su vida era muy solitaria. Además debía de dejar de comportarse tan raro y arisco ya que Ezio le conocía demasiado bien como para saber que algo iba mal, tal y como había hecho esa noche y, aunque ya no podía negar sus sentimientos, debía hacer algo para que no afectasen de manera tan drástica su actitud y su amistad. Volvió a suspirar. Por muy listo que fuera, no tenía ni idea de cómo salir de esa situación.