Información General:

Los personajes de Candy Candy pertenecen a sus creadores Kyōko Mizuki y Yumiko Igarashi respectivamente. Los dibujos fueron dibujados por mí, pero los creadores de estos personajes son Kyōko Mizuki y Yumiko Igarashi respectivamente. La historia que se presenta, está basada en algunos eventos de los primeros 25 capítulos de la historia original, y lo que sigue es simplemente ideas o locuras de una servidora. Todo se ha escrito sin fines de lucro, solo para entretenimiento.


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Quiero darle las gracias a cada una de ustedes por hacerme el favor de leer y apoyar con sus comentarios esta humilde historia. Gracias a ustedes ya pasamos los primeros 100 comentarios. Muchísimas gracias por apoyarme en esta aventura.

El Capítulo IV ha sido divido en dos partes, fue necesario debido al tamaño del episodio y lo entenderán cuando lean el final de la primera parte.

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Bajo La Luz De La Luna

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Capítulo IV: Conociendo a Patrick – Parte 1

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— Candy me gustas, me gustas, me gustas mucho. —

— Anthony, yo…yo también siento lo mismo por ti. —

Ambos jovenzuelos se miran intensamente a los ojos, después de tal muestra de amor. Habían llegado al lago, en el ocaso del día, tomados de la mano, en el preciso momento en que el astro rey desaparecía detrás montañas que se veían a lo lejos. Diferentes matices de rojos, anaranjados, rosados y amarillentos se podían observar en el firmamento; al mismo tiempo, los colores reflejados en las cristalinas aguas del lago, igualaban los tonos de este crepúsculo de ensueño de una forma que parecía que lago fuera el mismo cielo.

Aquel espectáculo, digno de pincelar en un cuadro, era testigo silencioso de un par de adolescentes que tomados de las manos continuaban su declaración amorosa. Candy con sus ojos brillantes lo miraba enamorada esperando de su Príncipe de Rosas, la pregunta mágica… ¿sería hoy? Tal vez sí, o tal vez no. Quizás solo fue el magnífico espectáculo provocado por el ocaso, que lo motivó a decirle que le gustaba.

Suspiró resignada al largo silencio de Anthony; un poco triste dirigió su mirada al lago, donde los reflejos de los últimos vestigios de los rayos solares, airosos cubrían parte del centro de las tranquilas aguas del nítido lago con tonalidades amarillentas y doradas. La calma reflejada en esas aguas, le transmitieron confianza…aunque Anthony no se le declara esta noche, por lo menos le quedaba el consuelo que por fin sabía que él sentía algo por ella.

Anthony mirándola con vehemencia, acarició con delicadeza con sus largos dedos, las delgadas y suaves palmas de sus manos, ese leve movimiento hizo que la chiquilla saliera de su letargo, y volteara emocionada a verlo a esos ojos color cielo que adoraba. La intensa mirada celeste hizo que su pulso se acelera sin control, ambos sonrieron nerviosamente. Anthony le tocó tiernamente su mejilla y dulcemente pronunció…

— Candy, eres la persona más importante de mi vida. ¿Me has traído la alegría y el amor, te gustaría ser mi compañera…mi novia? —

Aunque Candy quería inmediatamente gritar, —¡sí quiero, sí quiero! —, y brincar de felicidad ante la deseada pregunta; unas vocecitas internas le pidieron un poco de recato. ¿Acaso sería la señorita Pony o la Hermana María que habían hecho un viaje astral a su consciencia? Cerró los ojos, y meneó la cabeza con fuerza, para ahuyentar esas vocecitas interiores que la atosigaban. Anthony sorprendido ante la extraña reacción...

— ¿No? Acaso… ¿no quieres ser mi novia Candy? —

Candy abrió los ojos como plato por la pregunta hecha, pero inmediatamente entendió…ella y sus vocecitas internas…— ¡al demonio la prudencia! — pensó.

— Si, Anthony, si quiero ser tu novia. — casi grita la chiquilla antes de que su galán se arrepienta; por respuesta, el alegre jovencito besa ardientemente la mano de la chica de sus sueños.

El sol ha desaparecido finalmente en el horizonte, y aunque un negro manto envuelve la noche, aún siguen parados cerca de la orilla del lago disfrutando del estrellado firmamento y de su imponente luna llena. Sus intensos palpitares interrumpen el silencio de la noche, donde una estrella fugaz aparecen tímidamente en el firmamento. Ambos piden un deseo al verla… ¿que habrán pedido ambos? Ambos sonríen al verse de nuevo, ninguno comenta su deseo…no quieren estropearlo. Sin embargo, a juzgar por su alegre sonrisa y brillantes ojos que no dejan de mirarse un momento, pareciera que pidieron estar juntos para siempre.

Anthony tiernamente trata de quitar del hermoso ruborizado rostro de la chica, uno de sus rebeldes bucle dorados, que son mecidos suavemente por el viento; mientras con su otra mano la comienza a sujetar suavemente de su talle atrayendo hacia él. Ante el tierno contacto, una perturbada Candy muerde nerviosamente su labio inferior provocando en Anthony una reacción que tiene a Candy temblando de emoción o al borde de la locura.

— ¡Me va a besar!¡me va a besar! —

Piensa una nerviosa y agitada Candy, al ver como Anthony se acerca peligrosamente cada vez más hacia su rostro. Un escalofrío la invade, ve como Anthony va cerrando lentamente sus celestes ojos mientras se aproxima. Ella ya siente su fresco aliento mentolado cerca; Candy cierra sus ojos, esperando el deseado contacto en sus labios. Primero un beso tierno en su mejilla, otro más cerca de la comisura de sus labios que están entreabiertos…

— Anthony — esa es la única palabra que logra hilvanar en su cabeza al sentir los primeros dos besos; ella ansiosa solo espera el próximo…ya casi lo siente, ya cas…

— Señorita Candy, señorita Candy, ya es hora; la esperan para desayunar en media hora. Señorita Candy, niña, Candy. —

Una fuerte voz se escucha en el dormitorio de Candy White Andrew, es la voz clara y determinante de una Dorothy que sigue llamando sin cesar a una dormilona Candy, quien, al parecer, está besando…el aire. Dorothy tiene ya rato tratando de despertar a esta chiquilla atolondrada, quien sigue en el quinto sueño sin reaccionar a lo que pasa a su alrededor. Dorothy menea la cabeza divertida al ver tan graciosa escena, pero el implacable reloj que no para de marcar el tiempo, le exige acción inmediata. Mientras Candy dormida balbucea…

— Anthony, si, tú me gustas. Sí, yo quiero, el beso…el beso…

Dorothy se pone la mano en la frente ante semejante confesión. Ella no tiene tiempo para hacerla de cupido, ni mucho menos de doctora corazón. Sus grandes ojos color miel lucen asustados al volver a mirar el reloj, y realizar que es muy tarde; imagina la severa cara de la señora Elroy, ambas terminaran retadas sino actúa rápidamente. Una decidida Dorothy comienza a tocar levemente a Candy quien no daba señales de vida, ya que sigue soñando con un joven rubio que la tiene en sus brazos. Cansada, Dorothy decide usar su última carta; la toca por ambos hombros y la llama enérgicamente, muy cerca de sus oídos, provocando en la rubia una total confusión.

Candy, totalmente desorientada por el fuerte ruido, se incorpora lentamente aun medio dormida, con sus locos rizos más revueltos y enmarañados que de costumbre. Se pone la mano en la cabeza, se talla sus ojos para abrirlos y orientarse. Le toma unos segundos darse cuenta que está en su cuarto y ¡en pijamas! Se voltea y busca a…pero solo encuentra a una divertida Dorothy que la mira con curiosidad.

Triste, se da cuenta que todo ha sido un sueño. No, Anthony no la estaba besando y tampoco estaban en el lago; era solo un simple, pero hermoso sueño. Un sueño que Dorothy le había arruinado. Al darse cuenta de la situación, la mira un poco molesta frunciendo el ceño y arrugando su respingada nariz dejando ver todas sus pecas junto a ella. Bostezando y estirando los brazos con pereza, dice.

— Dorothy, ¿qué sucede? ¿por qué el apuro? Apenas son las seis y media de la mañana. —

Voltea perezosamente y mira el reloj que marca… ¡las siete y media de la mañana!

—No, no… ¡oh! Dorothy, ¿por qué no me despertaste antes? ¡La tía abuela, me retara! —

Dorothy solo sonrió sarcásticamente, puso las manos en la cintura, y meneó su cabeza.

— Candy…tengo casi quince minutos tratando de despertarte; vine hace una hora, y me dijiste que no necesitabas mi ayuda.

— ¿Yo, dije eso?

— Uh-huh.

— Lo siento Dorothy. — la mira apenada y sonrojada como un tomate por su metida de pata. — De seguro estaba soñando porque no recuerdo nada. —

— ¿Me parece que si, por cierto, ¿qué fue eso? ¿qué dijiste? ...mmmm…algo así como un beso, ¿de qué hablabas, señorita Candy? —

— ¿Eh? —

— Si dijiste un beso. —

Burlonamente Dorothy hace la finta que está dando besos al aire y a su mano como hasta unos minutos Candy lo hacía cuando estaba dormida; a lo que la rubia solo abría los ojos como plato ante semejante espectáculo, ruborizándose de los pies a la cabeza. Dorothy muerta de la risa, continúa con sus burlas al ver el efecto en la adolescente.

— ¡Ah! también dijiste otra cosa… ¿qué otra cosa te escuche decir? Hmmmm, ¿qué fue?, ¿qué fue? —

Chasquea los dedos, y pone su mano en la barbilla tratando de recordar, y la mira directamente a los ojos. Candy, sonrojada hasta la raíz de su rizado cabello, no le puede sostener la mirada; disimula su nerviosismo parándose de la cama, sin contestarle nada porque recordaba en ese momento el famoso sueño

— Ah sí, ya recuerdo. Decías, "Anthony, tú me gustas, si yo quiero. ¿Qué querías decir con eso, Candy?

Le dice mirándola de reojo y con una risita burlona, mientras le da su ropa para que tome un baño. La pobrecita rubia apenada, y más roja que un tomate, no sabía qué decir, ni dónde meter su cabeza de vergüenza.

— Dorothy, yo, yo…—

Dorothy riendo, le guiña el ojo a la chiquilla, y cambia de plática para dejar de mortificar a la rubia, fue suficiente por hoy, mañana será otro día para seguir haciéndolo.

— Vamos que no tienes mucho tiempo —, le dice alegremente, poniéndole la mano en el hombro con cariño.

Le mortificada rubia solo asiente con la cabeza levemente, mientras Dorothy la ayuda a prepararse a tomar el baño; ya que solo tiene unos minutos más para evitar ser regañada por Elroy, la temida matriarca del clan Andrew.

Mientras eso ocurría, unos alegres jovenzuelos bromeaban en la sala mientras esperaban por ella para pasar al comedor y desayunar.

Anthony está feliz, a pesar de la desvelada, tal parece que su aventura nocturna, no le ha pasado factura aún. Su rostro está radiante; sus ojos brillan ilusionados.

— ¿Parece que alguien tuvo una agradable noche? —

Le pregunta un alegre y curioso Stear, mientras lo mira fijamente, tratando de averiguar el motivo de su felicidad. Este ignora el tono, y solo contesta.

— Sí fue una excelente noche, dormí como un bendito. —

— En cambio yo…Stear no dejaba de hacer ruido con uno de sus inventos. —

Dice un medio malhumorado Archie quien se sienta frente a Anthony poniendo su mano en la mejilla, mirando con cierto enojo a su hermano mayor.

— Archie, no sé de qué te quejas, tú tienes tu propia habitación, yo tengo la mía. ¿De qué ruido hablas? — Lo mira intimidante.

— Hablo del ruido que haces cada vez que entras a mi cuarto, por cosas que olvidas en mi dormitorio Stear; por ejemplo, tus lentes, tu libreta de apuntes, sigo o me detengo. — Le dice mientras enumera las cosas que Stear dejó en su cuarto la noche anterior.

— Está bien, está bien…lo siento Archie. Ayer fue un día especial, y por la euforia olvidé cosas en tu cuarto. —

— Hmmmm…sí, fue un día especial —

Suspira un alegre Anthony recordando su escape nocturno con la chica de ojos grandes color esmeralda, poniendo su mano sobre su mejilla y sonriendo tontamente mirando a la nada. ¡Cómo olvidarlo, si bailó con Candy toda la madrugada! …aún tenía en su cuerpo el perfume de ella.

— Oye Archie, y a este ¿qué le pasa? Míralo parece que está en la luna — le señala con el dedo a Anthony, quien sigue con cara de ensueño.

Archie se para, lo mira atentamente y de cerca, mientras Anthony continua completamente distraído, bailando con Candy en su mente. Archie con una sonrisita irónica y una mirada burlona, se voltea y dice.

— Stear creo que lo que tiene, se llama…" Efecto Gatita." —

— "Efecto Gatita," ¿es nueva esa enfermedad? —

Archie pone los ojos en blanco, ante el cuestionamiento de su hermano, y mueve la cabeza. Stear quien no notó el gesto de su hermano, seguía cavilando en el nombre peculiar de esa rara enfermedad, desconocida hasta ese momento para él.

— ¿Será una enfermedad de Egipto? —

— ¿Egipto?

— Si Egipto Archie, ya ves que en el antiguo Egipto adoraban a los gatos —

— Stear hasta en esto tienes que pensar en historia…piensa hermano, "Efecto Gatita." —

Le dice un malhumorado Archie estresando las palabras lentamente frustrado por lo despistado que es Stear. Stear lo mira interrogante sin entender y continúa meditando; buscando en su memoria pistas para ver si recordaba algo que le diera alguna información de esa peculiar enfermedad.

— No Archie, no la había… ¡oh! … ¡oh!, ya te entendí. —

Ambos sonríen en complicidad, caminan alrededor del guapo jovencito que seguía sentado soñando despierto con su "Efecto Gatita."

— Stear, yo creo que mejor lo despertamos, no vaya la tía abuela a darse cuenta de esta extraña enfermedad, ¿no crees? —

— Tienes razón Archie, suficiente tenemos con los parásitos Legan dando lata, para que ella se dé cuenta de esta enfermedad que tiene a nuestro primo en la luna. —

— Uh-huh. Lo que no se es como despertarlo, mira Stear, tiene una cara de felicidad. Sea lo que sea que está soñando despierto, lo tiene feliz, — ambos se miran preocupados.

— Espera Archie, ya es como hacerlo. —

Este lo mira dudoso, pero espera su acción; sabe que su hermano mayor es bastante creativo e inteligente, por lo tanto, algo bueno tiene en mente.

— Archie, mira que preciosa se ve Candy hoy…—

Él que estaba soñando, se incorporó como un rayo, al escuchar el nombre de su amada e inmediatamente dirigió su mirada a la amplia y fina escalinata.

— ¿Qué? Candy… ¿dónde?, ¿dónde está? — Confundido al no encontrar a su preciosa Candy, voltea a verlos con las interrogantes.

Ambos hermanos sueltan la carcajada al ver su reacción, a lo que Anthony los mira y frunce el ceño sin entender qué está pasando a su alrededor. De pronto, una risa cantarina interrumpe la alegre discusión; al escuchar la melodiosa risa, los tres voltearon inmediatamente a ver la dueña de la voz. Era la preciosa Candy quien, casi corriendo y de prisa, llegaba finalmente casi a la hora del almuerzo que Elroy implantara en esa mansión, ¡las ocho de la mañana!

Ante tan bella aparición, los tres sin proponérselo, suspiraron al mismo tiempo al verla caminar hacia ellos. Ella lucía adorable, ataviada con un hermoso vestido color azul celeste con cuello de encaje y botines blancos. Anthony al mirarla atentamente, se dio cuenta que ella llevaba aún las coletas; al parecer había prescindido de tal peinado en la madrugada…solo para él. Eso lo llenó de una satisfacción personal. Tal parecía que él significaba algo especial para ella, la sola idea lo lleno de completa ilusión.

Deslumbrado aún por la preciosa presencia matinal, ignoró la voz del viejo mayordomo cuando les indicó que el desayuno estaba servido en el comedor. Si no hubiera sido por la pronta intervención del encantador Archie, un deslumbrado Anthony, se hubiera quedado parado admirando la belleza de Candy como un tonto. Su manera de traerlo a la tierra, fue un discreto jalón en su saco para traerlo de vuelta, sin que ella lo advirtiera. Aunque si lo hubiera hecho obvio, Candy tampoco lo hubiera notado, ya que ella estaba completamente encantada, con la figura del gallardo joven; quien parado en medio de la amplia sala esperaba por ella. Quien salió en ayuda de la atolondrada de Candy fue Dorothy, quien respetuosamente dirigió a Candy al comedor.

Contentos y agradecidos por un nuevo día juntos, los cuatro jovencitos interrumpieron el comedor, donde una estricta Elroy los esperaba ya impaciente. Inmediatamente, el ambiente se tornó ceremonioso acorde con las estrictas órdenes establecidas por la vieja mujer. Los grandes ventanales dejaban pasar los espléndidos rayos solares, de un día caluroso de verano. Anthony antes de que se sentaran, pudo admirar la belleza de la jovencita magnificada por la luz brillante que iluminaba el lugar. El día era maravilloso, al menos para ellos dos. Ambos se sentaron a un lado del otro, aunque no pudieran verse directamente a los ojos, no era necesario decir lo emocionados que estaban ambos de estar tan cerca el uno del otro.

Las pequeñas ojeras marcadas en su nívea cara, no indican su falta de sueño, debido a que la belleza de sus ojos verde esmeralda, atraía la atención solamente a esos brillantes y esplendorosos luceros. Su creciente rubor, solo representaba una milésima parte de todo el cúmulo de emociones y sensaciones que sentía por el chico, cada vez que lo tenía tan cerca.

Anthony no la estaba pasando mejor, sus emociones estaban a flor de piel. Ese tenue coqueteo entre ambos que comenzó desde esa madrugada, le estaba haciendo perder la cabeza al dueño de ese par ojos azules tan intensos como el cielo claro. Quería tenerla cerca en sus brazos, pero no podía hacerlo a plena luz del día. Por debajo de la mesa rozaba ligeramente las manos ella, tratando de transmitirle todo ese amor naciente entre ambos, haciéndola ruborizar a cada instante. Anthony sin darse cuenta vivía atento a cualquiera de sus movimientos, de su voz, sus risas y hasta de ese pelo rizado. Se estaba volviendo adicto a su perfume natural inundado de rosas y jazmines.

Si eso lo estaba provocando un simple baile bajo la luz de la luna, ¿qué podría pasar con el correr de todas esas noches, que él quería pasar con ella secretamente bailando? ¿Qué pasaría con sus corazones y la cordura de ambos? No estaba seguro, lo único que tenía en mente, era pasar más tiempo a lado de esa rubia atolondrada que se estaba metiendo dentro, muy dentro de su corazón.

Intercambiaron una sonrisa de complicidad de lado, que aparentemente era ignorada por los otros tres ocupantes. ¿Quién podría imaginar lo que estos dos habían hecho apenas un par de horas atrás? Sin embargo, había unos negros ojos atentos al sutil coqueteo de ambos. A pesar de tratar de pasar desapercibidos antes los demás, Stear, como buen científico, era un excelente observado de pequeños cambios. Mientras desayunaban unos deliciosos huevos con tocino y pan recién horneado en harmonía, intuía una cercanía y dependencia extrema, que hasta ese momento no habían notado que existiera entre ellos. Pero los ojos severos de la tía abuela mientras desayunaban hizo que su análisis quedara suspendido por esos momentos. Al finalizar, sin esperarlos, Elroy puntualizó antes de dejar el comedor.

— Después de que terminen de desayunar, los espero en la biblioteca a los cuatro…es importante. —

Los cuatro chicos se miraron preocupados, ¿que habrá pasado? Los ojos de Elroy reflejaban cansancio, frustración; al parecer el insomnio rondó en su alcoba, los círculos alrededor de sus fríos ojos, lo reflejaban. Durante el desayuno notaron la seriedad de la mujer, donde permaneció cayada e indiferente a la plática trivial de los chicos. Sorprendentemente, no los interrumpió, ni los retó cuando platicaban acerca del éxito de los fuegos artificiales o del escándalo que causaron con todo su alboroto la noche anterior; eso sí que estaba raro.

Anthony era el más preocupado, pero no por él, sino por Candy. Sabía de antemano que su tía abuela no la soportaba. ¿Era acaso la presencia de la preciosa rubia, lo que provocó en Elroy esa actitud tan rara esa mañana? ¿Acaso la mandaría a otro lugar? No, eso él no lo permitiría. Rápidamente se apuraron y se apresuraron a llegar a la biblioteca, donde el mayordomo de la casa les esperaba amablemente para hacerlos entrar.

Cuando entraron a la antes sombría biblioteca, se sorprendieron por encontrar el lugar alumbrado por la luz solar que se filtraba por los grandes ventanales que este lugar poseía; era la primera vez que veían las gruesas cortinas recorridas y algunas ventanas abiertas de par en par. Una brisa matutina entraba y refrescaba este sagrado lugar de su tía abuela; esto no era normal, esto estaba raro, muy raro. Sentada en el escritorio centrado al final de la biblioteca, estaba su tía abuela, con el semblante más austero y seco que ellos le hubieran visto hasta ese momento en su vida. Ellos estaban acostumbrados a su frío trato, pero hoy mostraba una conducta anormal, inclusive para alguien tan severo como ella. Aun con todo ese carácter agrio, en el pasado, en contadas ocasiones les había mostrado o insinuado un poco de cariño hacia ellos. Desgraciadamente, ese amable trato mostrado hacia ellos que Elroy había tenido en limitadas ocasiones en el pasado, se había deteriorado y transformado en un trato agrio hacia los tres adolescentes, debido a los frecuentes y fuertes encontronazos con Anthony. Peleas causadas por el eterno afán del mozalbete al tratar de defender a Candy de las múltiples injusticias causadas por los desalmados Legan.

Al ir entrando notaron que aparte de Elroy, había una persona de espaldas mirando atreves de los amplios ventanales. Era muy alto, con pocas canas en su rubia cabellera. Los cuatro intercambiaron miradas de incertidumbre, Anthony temiendo lo peor de esa junta, tomó la delicada blanca mano de Candy suavemente, para darle valor; ella lo miro por el rabillo del ojo, y suspiró profundamente agradeciendo ese gesto de apoyo. Elroy desaprobó tal reacción del jovencito con la mirada inmediatamente, pero Anthony no se inmutó; apretó con más fuerza la mano de la inocente chica que empezó a temblar levemente ante esos ojos fríos y amenazantes.

— Pasen, tomen asiento, — Espero a que los cuatro se sentaran para continuar… — Existen novedades, y es mi deber informarle, que el abuelo Williams, ha tomado una decisión por el bien de la familia. —

En ese momento, el hombre que hasta ese momento había estado de espaldas, volteó a verles; tenía los ojos de un color azul cielo brillante como los de…Anthony, pensó Candy. Era un atractivo hombre mayor; con bigote, impecablemente vestido con un elegante traje negro que hacían resaltar sus ojos azul cielo y su dorado cabello ligeramente canoso.

— Les presento, a la persona que desde hoy se hará cargo de la tutela de Candy en ausencia del abuelo William…Patrick Wilson. —

Los cuatro jovencitos dejaron escapar un suspiro de asombro. ¿Quién es Patrick? ¿Por qué está aquí? ¿Cuáles son las razones para tenerlo aquí? Eran algunas de las preguntas que rondaban en esas cuatro cabezas, pero la más preocupante era, la que Anthony se formulaba.

— Acaso…acaso Candy, ¿se tendrá que ir de esta casa? — Impulsivo y valiente como siempre, cuestionó inmediatamente.

— Disculpe tía abuela, esto ¿qué significa? ¿Podría explicarnos? ¿Es que acaso piensan mandar a Candy a otro lugar? — Antes de que ella intentara tomar control, Patrick intervino.

— Eso significa que el Sr. Andrew ha decidido que sea yo quien personalmente se encargue del cuidado y educación personal de su hija, la señorita Candy. Seré su tutor, guardia, y podría decirse que hasta su mayordomo personal si es necesario. Al mismo tiempo, tengo instrucciones de que, si algo necesitaran ustedes, señoritos, yo personalmente me ocuparé de que se resuelva su problema o podría atenderlos. Las órdenes del Sr. Andrew es proteger a los herederos de su familia, y esto no solo incluye a su hija sino a ustedes tres, sus únicos sobrinos. Volviendo a tu otra pregunta, no, por el momento está decidido que Candy permanezca junto a ustedes. —

Mientras Candy quería bailar de gusto al escuchar que se referían a ella como la "hija" del sr. Andrew, no la protegida o hija adoptiva; Elroy palideció de rabia, una vez más, William y Patrick movían magistralmente una pieza de ajedrez. Les habían dicho a los jovencitos que solo ellos tenían derecho al apellido Andrew, con esto dejaba fuera a Niel y Eliza. Tanto que se ha empeñado en forzarlos a que los aceptaran como miembros de los Andrew, y ahora William sale con esto…Estaba fúrica, pero tenía que conservar la calma o por lo menos tratar de aparentar…una vez más ganaban, pero solo por el momento. La partida de ajedrez, apenas comenzaba, al final, ella daría el jaque mate.

Ante tal confesión, los adolescentes sonrieron alegremente; Candy se quedaría con ellos. Además, Anthony había descifrado sin querer uno de los enigmas de su niñez, por fin sabía quién era el famoso Patrick que su madre mencionaba constantemente en sus cartas. Tal vez no estaba muy lejano el tiempo en descubrir quién era el famoso "él." Aunque, él podría jurar que era el abuelo William. Sonrió, se sentía tranquilo; por fin Candy estaría protegida de las maldades de los Legan…inclusive de su tía abuela. Le dolía admitirlo, pero la tía abuela no había tenido ninguna pizca de cariño por esa chiquilla que le había robado su corazón. Él no estaba dispuesto a dejar que la dañaran nunca más; si alguien tenía que sufrir, prefería ser él; pero nunca ella, eso nunca más.

— Disculpe señor Wilson —

— Me puedes decir simplemente Patrick, señorita Candy. —

Le dijo mirándola dulcemente y directamente a los ojos; tratando con ese gesto amistoso a invitarla a tenerle confianza. Esto provocó un nuevo malestar en Elroy.

— Ahem…en vista de que todo está dicho, pueden retirarse en este preciso momento—

Patrick le dedicó una mirada fría y despectiva, lo cual hizo que ella bajara la vista, por la abrupta interrupción.

— Tiene razón Madame Elroy, me gustaría platicar un poco más con todos ustedes, antes de que empecemos a organizar las actividades que tengo programadas para Candy y ustedes, ¿les gustaría hacerlo en este momento? —

El tono cálido y amigable, diferente al serio de George, sorprendió a los tres jovencitos, pero sin saber el por qué, Patrick les simpatiza de inmediato. Los cuatro aceptaron gustosos, y salieron dejando a una Elroy disgustada, pensativa y rumiando esa inmediata aceptación al que ella consideraba un intruso en su mansión.

Al llegar al salón de estudios, inmediatamente bombardearon a Patrick con preguntas. Candy fue la primera en hablar.

— Sr. Patrick, yo tengo muchas preguntas — Patrick le indicó con la mano que lo dejara hablar.

— Dime Patrick, simplemente Patrick por favor, sé que soy viejo, pero me hacen sentir todavía más con ese título. — Los cuatro jovencitos rieron ante su comentario.

Anthony lo observaba detenidamente, por alguna razón sentía que había visto a Patrick en alguna parte, o le daba ciertos aires a alguien, pero no sabía a quién. Antes de que ellos se presentarán, se sorprendieron que Patrick sabía quién era cada uno de ellos; era como si los conociera de toda la vida. Hablaron de los horarios y obligaciones que tendrían cada uno en su estudio individualizado. Candy hizo cara de sufrimiento, a lo cual Patrick le indico que poco a poco todo se le haría más fácil para ella.

— "Roma no se hizo en dos días," Señorita Candy

— Candy, por favor, si nosotros le vamos a llamar por su nombre, lo justo es que usted haga lo mismo, ¿no lo cree? — Patrick solo sonrió, y entendió porque William decidió adoptarla rápidamente ante la desesperada petición de los muchachos. Tenía razón, era una criatura adorable, tierna y de un gran corazón. Ahora más que nunca tendría que protegerla de Elroy.

— No dejaré que se metan en sus vidas como lo hicieron con…no, no tiene caso pensar en el pasado. Eso ya no puede cambiar. — Suspiro, los miró sonriente, no, ellos tenían derecho de elegir su destino.

El día transcurrió entre introducciones, lecturas, pero de vez en cuando ciertos jovencitos aprovechaban para mirarse ardientemente, y a la primera distracción de los hermanos; Anthony aprovechó para ponerse de acuerdo con Candy para escaparse juntos nuevamente a medianoche.

— Te espero a la misma hora Candy, en mi cuarto — Le decía discretamente en voz baja y sensual, mientras le daba un libro del enorme librero que según ellos iban a estudiar; la inquieta chiquilla temerosa de que los descubriera, solo contestaba aturdida y ruborizada con un ligero asentamiento para disimular.

La aparición de Patrick en la mansión, transformó la rutina normal de los adolescentes, nuevos cursos de estudio y horarios fueron asignados para ellos; sin embargo, no todo era aprendizaje y aburrición. La aventura y sorpresa diarias estaban presente en los experimentos improvisados que de vez en cuando un despistado Stear solía someterlos sin preguntarles si estaban de acuerdo. Mientras Anthony y Archie rehusaban participar en disparatados y espontáneos experimentos, una rubia atolondra siempre estaba dispuesta a ser su conejillo de indias para probar su efectividad ante los horrorizados ojos de ambos. Por más que trataban de persuadirla de rechazarlos, el cariño y confianza en el chico de los lentes, le permitía a la muchacha confiar ciegamente en sus inventos. Una que otra explosión y mojada garantizada para la guapa rubia, era resultado de esas ganas de ayudar al simpático científico de los Andrew. Todo era alegría y risas para los cuatro adolescentes.

Así transcurría su vida por la mañana de los herederos del clan Andrew, pero todo cambiaba en la noche…cuando todos dormían plácidamente en la mansión…Candy y Anthony escapaban sin temor alguno a su rincón secreto.

El tiempo ha pasado lentamente, entre salidas al lago y caminatas y charlas dentro del cuarto y los pasadizos secretos; ellos disfrutan de una amistad que se está transformado en algo más entre ambos. Nadie parece notar nada, ni el perspicaz Stear ha preguntado algo, o los sagaces ojos de Elroy ha notado un cambio en la conducta de Anthony que delate algo...

A pesar de que al principio Anthony temió por Patrick, saber que el tutor ocuparía la residencia separada de la mansión, lo tranquilizó ya que no había ningún pasadizo secreto entre la mansión y esa propiedad; además eran diestros en escabullirse en las sombras de la noche, y en el bosque siempre miraban alrededor antes de entrar. Eso lo habían platicado con anterioridad.

— ¿Estás seguro que Patrick, no nos puede encontrar, Anthony? —

— Seguro Candy, él no tiene acceso a los pasadizos, confían en mí. —

Sin embargo, "más sabe el diablo por viejo que por diablo," y Patrick ya tenía días observado a ambos jovenzuelos. Sospechaba que hay algo raro pasando entre ellos ya que ambos tienen ligeras ojeras alrededor de sus ojos y se la pasan bostezan todo el día. Algo estaba mal, su intuición se lo decía. De repente…recuerda los pasadizos secretos, pero desecha esa sospecha.

— No, no se atreverían hacer algo así, ¿o sí? — se queda meditando a lo lejos mientras los cuatro adolescentes continuaban en sus labores.

Cada noche, los jovenzuelos recorrían sin descanso cada pasadizo y marcaban los lugares que conocían. Anthony debió haberlo hecho antes, pero no había tenido ninguna motivación antes de conocer a Candy; Solo aprendió el pasadizo secreto de su dormitorio al laboratorio. En cada recorrido encontraban tesoros secretos; unas de esas noches encontraron unos cofres llenos de disfraces.

— Anthony, mira son muy antiguos…también hay pelucas, collares, inclusive zapatos, — él se acercó ayudarla con uno de los cofres.

— Es verdad Candy, mira este es de María Antonieta…la peluca está aquí en este otro cofre dentro de esta caja. —

— Es una maravilla este vestido Anthony, es hermoso, lleno de encajes, piedras y bordado a mano, ¡oh! La peluca…es increíble, mira el cabello es tan suave y el peinado… ¡oh! Es increíble — se la puso de inmediato mientras Anthony seguía entretenido buscando y mirando dentro de los baúles.

— Mira Anthony, ¿te gusta? — aunque Candy se refería a la peluca blanca, el chico trago seco…se veía tan sensual con ella, que nervioso solo asintió con una leve sonrisa. La despistada chiquilla ni siquiera se dio cuenta de lo perturbado que se había quedado; coqueta le guiño el ojo y procedió a quitársela. El jovenzuelo seguía todavía en trance, el imaginarsela con esos vestidos…lo tenía al borde del delirio. Sacudió su cabeza tratando de distraerse, y continúo buscando dentro de los cofres, para calmarse y distraerse con algo que no fuera Candy, poco a poco lo consiguió con lo que encontró en el siguiente cofre.

— De verdad que esto es interesante, aquí en este otro hay un disfraz de un mosquetero; probablemente mis antepasados leían la obra de Alejandro Dumas…esto le gustaría a Archie, con lo que le gustan las espadas, Jajajajaja — Candy solo le sonrió dulcemente, y siguió su búsqueda.

— Este vestido… ¿de qué será Anthony? —

— Déjame ver…mmmm…ah, mira aquí hay un libro…déjame ver, déjame ver. Oh, al parecer es el disfraz de Julieta, la de William Shakespeare. ¿Me pregunto si tienen el de Romeo? — Sigue buscando dentro del mismo cofre. Cuando encuentra lo que quería, sonríe, y voltea a verla. — Se me está ocurriendo algo Candy. —

Candy volteó a mirarlo curiosa desde donde está hincada sacando cosas de los otros cofres.

— ¿Te gustaría asistir a tu primera fiesta de disfraces, pequeña Julieta? —

— ¿Pequeña Julieta? Y a este que mosca le picó — se preguntaba Candy mirándola fijamente.

— No entiendo Anthony —

— Mi preciosa Candy, digo que, si te gustaría tener hoy una fiesta de disfraces aquí conmigo, disfrazada de Julieta y yo de Romeo; seria nuestra primera fiesta de disfraces y juntos, mira tenemos antifaces también. ¿Quieres ser mi Julieta, mi bella Candy? —

En el momento que Candy escuchó a su amado Romeo, es decir Anthony, llamarla "preciosa," Candy perdió el hilo de la conversación, su mente solo se enfoca en su rubio adorado, que habla y habla. ¿De qué cosa hablaba? ¿Quién sabe qué? Pero caramba, a quién le importa, con lo guapo que se ve con ese traje negro…esa voz tan seductora que cada vez que le habla cerca, la derrite. Esos preciosos ojos tan azules que la penetran; esa boca que la tenía soñando las pocas horas que duerme diariamente. Solo atino a sonreír de oreja a oreja y a decir, sí, a todo lo que salía de la boca de Anthony. Cuando Anthony le dio la mano para levantarla, Candy no entendió. ¿Ahora que paso? ¿Qué se supone que tenía que hacer?

— Ven vamos preciosa Candy, yo me cambiare en ese lado, y tú lo harás en este otro lado, ¿de acuerdo? —

Y otra vez, las palabritas "preciosa Candy." Candy ya no sabía que decía otra vez Anthony, solo que la llamaba "preciosa Candy," sin entender; simplemente se dejó guiar por él.

— Toma, estaré allá por si necesitas algo, no tienes miedo, ¿verdad?

— ¿Miedo? ¿Por qué tendría que tener miedo? Tú estás conmigo — le dice mirándolo totalmente confundida.

Anthony no entendió su confusión, pero inmediatamente pensó que era por su miedo a el famoso fantasma que Candy estaba así de rara; así que tendría que ser paciente, y repetírtelo nuevamente.

— Digo que no tienes que tener miedo quedarte sola en lo que te cambias y te pones el disfraz, yo estaré del otro lado. —

Como lo seguía mirando aun confundida, quiso sacarla inmediatamente de su confusión, divertido por su idea, le dice.

— ¿Claro, al menos que quieras que me quede aquí parado mirando al otro lado, mientras tú te vistes, ¿dime te gustaría eso mejor?

— ¡Que! Inmediatamente le da un golpe en el hombro.

— Auch, Candy pegas duro, Jajajajaja, ya te lo había dicho antes, ¿verdad? Jajajajaja. Yo solo bromeaba para que se te quitara el miedo al fantasma. —

— Fantasma, ¿cuál fantasma? — pensó Candy inmediatamente. — Pero, pero tú me dijiste que no…—

— Candy, Candy no hay fantasmas, estaré del otro lado, por favor no tengas miedo, me crees? — la toma tiernamente de los hombros mientras le habla suavemente y con calma para tranquilizarla.

— Siiii —

— Esta bien, te dejo por un momento. —

Candy quien aún seguía confundida por las palabras "preciosa Candy" y el temido fantasma, se vistió en un dos por tres. Sin decir agua va, termino inmediatamente de vestirse y de arreglarse el cabello. Lo mismo hizo Anthony quien temía por Candy. Para cuando Candy salió del lugar, él estaba de espaldas disfrazado, esperando por ella.

— Lista —

Anthony volteó, y la miró hermosa. Extasiado con la belleza que tenía enfrente, la observo por unos instantes…Candy ya lo había sorprendido felizmente todas las noches al dejarse el cabello suelto solo para él; sin embargo, la que hoy tenía enfrente, era una Candy más sensual. Vestía un vaporoso azul verdoso que acentuaba más sus bellas curvas femeninas, y su dorada cabellera cubierta con una peluca de color rojizo y peinada de diferente manera al que lo tenía acostumbrado, lo estaba dejando sin respirar. El intenso verde esmeralda de sus hermosos ojos se acentuaba aún más con el antifaz negro que llevaba puesto; toda ella era una delicia sensacional para las pupilas celestes. Sonriendo, le hace una venia, y le propone bailar.

— ¿Preciosa Julieta, acepta bailar con este, su más humilde admirador? —

— mmmm…no se mi amado Romeo, que tal si los Capuleto y los Montesco nos descubren — le dice jugando, lo cual los hace reír a ambos.

— Jajajajaja —

— Chistosita…mi adora Julieta, os juro que nadie osara haced daño, ¿creo que se dice así verdad? — le guiñe el ojo y ríe seductoramente.

— Jajajajaja, no se Anthony, me parece que sí, esto es divertido —

— Venid conmigo mi amada Julieta, y hacedme el honor de bailar con vos —

— Con gusto, mi amado Romeo —

La escena del lago se volvió a repetir, pero antes de bailar, él le besa la mano y su mejilla muy cerca de la comisura de la boca; provocando entre ambos choques eléctricos en todo su cuerpo. Nerviosos solo sonrieron, y comenzaron a bailar la música que comenzará Anthony a cantarle cerca, muy cerca de su oído. Ambos aspiraban encantados el perfume natural del ser amado que provenía de sus cuerpos. Fueron horas de baile y de estar juntos, no había luna llena como testigo esta vez, sus testigos eran esos fríos y solitarios pasillos que se habían convertido en otro lugar secreto de estos chiquillos…Secreto lugar que tal vez algún día dejaría de serlo.

Los días pasaron lentamente, cuando los cuatro jovencitos estaban juntos estudiando o divirtiéndose, unos curiosos ojos negros cubiertos por unos inquietos lentes, de vez en cuando miraba atentamente a la parejita. El instinto científico innato de Stear, le indicaba que algo se estaba gestionando a su alrededor. Era simplemente cuestión de encontrar más pistas que lo llevaran a descubrir lo que pasaba con esos dos rubios adolescentes. Sin embargo, cuando los veía participar con ellos en sus actividades tan felices por compartir el tiempo con ellos; la duda lo atacaba. ¿Acaso estaba alucinando? Sí, tal vez lo que lo alteraba su intuición era solamente los celos causados por la excesiva atención de la rubia por su primo. Se sentía ridículo, ya se estaba pareciendo a su hermano menor, Archie.

Al mismo tiempo, diariamente eran observados sin que ellos lo notaran por los sagaces ojos de un astuto Patrick, que no perdían enfoque de cada uno de sus movimientos; había aprendido a conocer cada gesto y excusa usada para estar juntos en esas semanas. Algo estaba mal, pero aún no estaba seguro que era, pero…esa noche habría luna llena.

— Lista Candy — le decía un tierno Anthony a una ruborizada Candy al oído, después de salir del establo.

A pesar de que todas las noches compartían una nueva aventura juntos, la cercanía del guapo jovencito a su cuerpo aún causaba estragos en ella. La preciosa chiquilla de verde mirada enrojecida de pena cuando lo tenía tan cerca, no podía evitarlo; su varonil presencia la tenía hipnotizada por completo. Le dolía el corazón callarlo, pero siempre trataba inútilmente de simular tranquilidad en sus aventuras nocturnas.

— Si, esta noche es preciosa, ya quiero llegar al lago. Tal vez me puedas enseñar la cabaña hoy, Anthony. —

Anthony sonrió ante la sugerencia, esa era una de las cosas que no se atrevía a pedirle, pero ella hoy lo había hecho por sí misma.

— Quizás encontremos más disfraces o cosas para entretenernos por la noche cuando no podemos salir. —

— No creo Candy, he ido una dos o tres veces, y la verdad no mire nada interesante, bueno mire rápidamente, pero no revise todos los cuartos. La cabaña es grande. Sera divertido buscar. —

La aventura estaba delineada, lago, cabaña y completamente solos en un apartado lugar; era el lugar perfecto esa noche para…el amor, pensaba Anthony. Hoy sería el gran día que había esperado tanto.

Al llegar él la tomó de la mano y la dirigió al lago, Candy recordó una de las escenas de sus múltiples sueños al ir caminando con Anthony de la mano, se parecía esta escena tanto a la de sus sueños, esas escenas diarias que Dorothy siempre interrumpe sin piedad cada mañana para despertarla.

— Ven caminemos a donde están las cascadas — una obediente Candy continua a su lado. Ambos observan el mágico lugar que tienen tiempo sin visitar.

— Toma Candy esto es para ti — saca de su capa una hermosa Dulce Candy.

— Gracias Anthony es hermosa, mmmm huele rico — le dice admirando la blanca hermosa rosa.

— Mira Anthony que hermoso árbol, su tronco es inmenso, como se verá este lugar en el día, — con que ganas montaría a ese árbol pensaba ella.

— Te gustaría subir un día Candy —

— Si, pero… —

— Pero ¿qué? —

— Tu sabes eso no es de una dama, y yo quiero ser una dama…para ti Anthony. — y baja su mirada avergonzada por lo que ha dicho.

Anthony la toma del talle y con cuidado levanta su cara.

— Eres la dama más maravillosa que conozco Candy, lo único que quiero es verte feliz. Si eres feliz subiendo a un árbol; yo soy feliz viéndote serlo, amo tu esencia. Eres un ser libre, Candy, nunca cambies por nadie. —

Sus cristalinos ojos se llenan de lágrimas al escucharlo.

Sin darse cuenta en la tiene sostenida del talle con una mano mientras la otra la acariciaba levemente de sus mejillas…Ambos tiemblan al mirarse tan cerca, los ojos de ambos derrochan alegría y amor. Ambos están ruborizados, pero no dejan de verse intensamente a los ojos como si quisieran decirse con las miradas lo mucho que ambos se aman. Anthony ya no puede callar esa atracción que lo atrapa, tiene que decirle la verdad.

— Candy me gustas mucho, mucho…me estoy enamorando de ti —

Ella no puede contestar de la emoción solo se abrazan fuertemente totalmente emocionados. Él la retira un poco, y pega su frente suavemente con la de ella…

— Candy, mi preciosa Candy…quieres ser mi novia? Una alegre Candy, le contesta presurosa.

— ¡Siiii Anthony, si quiero! — lo mira con amor directamente a esos ojos azules que a pesar de la obscuridad de la noche brillan como dos luceros. Por respuesta, él la abraza, la levanta y gira varias veces con ella contentos por su nueva unión. Ríen llenos de felicidad por esta nueva etapa entre ambos. Se detienen un poco mareados después de tantos giros que han dado.

Lentamente, se acerca a su bello rostro, con ese aroma varonil que la tiene completamente adicta a su ser. Da un beso en la mejilla tiernamente con ambas manos en su rostro, otro beso ardiente en la comisura de los labios rojos de la hermosa chiquilla quien ansiosa espera la siguiente caricia, tan esperada. Esto no es un sueño, finalmente pasará; ni mil Dorotys interrumpirán su primer beso.

Anthony besa dulcemente sus labios por primera vez…un momento…después otro beso…el real…el primero de ambos.

— Buenas noches… ¿interrumpo?

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Continuara.

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Nota 1: María Antonieta fue reina de Francia, su vida llena de exceso y su indiferencia a la miseria del pueblo Frances, contribuyó notoriamente al rechazo de la monarquía en los años anteriores a la Revolución Francesa. Fue condenada a morir en la guillotina el 16 de octubre de 1793 por el Tribunal Revolucionario.

La razón que decidí usar el disfraz de los vestidos y pelucas de los tiempos de María Antonieta es porque son disfraces muy bellos y muy comunes en tiempos de Halloween. Quise que pudieran visualizarlos más fácilmente.

Nota 2: Los Tres Mosqueteros es una de las novelas históricas de Alejandro Dumas publicada en 1844. La novela narra las aventuras de un jovencito, D'Artagnan, con los tres mosqueteros del rey Athos, Porthos y Aramis en contra de las intrigas del cardenal Richelieu. Los cuatro serán amigos inseparables cuyo lema será "todos para uno y uno para todos." La historia está situada en 1625 en Francia.

Alejandro Dumas en uno de los escritores más prolíficos y famosos de Francia. Nació 1802 y murió en 1870. Es el creador de aproximadamente 300 obras literarias. Algunas de sus novelas más importantes fueron, Los Tres Mosqueteros (1844), El Conde de Montecristo (1845), Veinte Años Después (1845), y el Conde de Moret escrita en 1865.

La idea de un disfraz de Los Tres Mosqueteros fue usada porque es una de mis obras literarias favoritas.

Nota 3: Romeo y Julieta es la famosa tragedia de William Shakespeare que cuenta la historia de amor de unos jovencitos que termina en tragedia debido al odio de las familias de ambos, los Montesco y Capuleto. No se sabe con exactitud la fecha de cuando Shakespeare público esta tragedia, pero hay indicios que indican que pudo haber sido escrita entre 1591 y 1595.

William Shakespeare es considerado como el escritor más importante en lengua inglesa y uno de los más célebres escritores en la literatura universal. Nacido en 1564 y muerto en 1616. Fue un dramaturgo poeta y actor inglés. También se le conoció como el Bardo de Avon. De entre las tragedias más importantes de Shakespeare destacan Romeo y Julieta (1594), Otelo (1603-1604) y Macbeth (1606.)

La referencia a esta obra fue echa debido a que se usa en la serie original de Candy y por lo mismo es más fácil visualizar el tipo de disfraz usado para esta historia. Se me había ocurrido usar la pareja de Mr. Darcy & Elizabeth Bennet de Pride & Prejudice (Perjuicio & Poder) pero como no encontré disfraces bonitos, decidí usar mejor a la famosa trágica pareja de Shakespeare.


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Antes que nada, quiero disculparme por no haber podido actualizar antes. Mi intención es actualizar por lo menos una vez por semana, pero no pude hacerlo antes. Espero les guste y que disfruten de este nuevo capítulo, es largo para compensar la espera.

Gracias a cada una de ustedes que me han dado consejos para mejorar, de verdad se los agradezco infinitamente. También, le doy la bienvenida a las nuevas chicas que han comenzado a leer esta historia. Es un honor contar con su apoyo, y me ha causado una alegría inmensa que este gustando esta historia. Gracias a todas por leer, por dejar comentarios, y por hacer de esta humilde historia una de sus favoritas. Cada capítulo para mí es un reto porque nunca había hecho nada parecido, y me da muchísimo gusto que continúen conmigo en esta nueva aventura.

Gracias especialmente a las personas que me regalaron comentarios:

Malinalli Coy: amiga gracias por los consejos, espero que haya entendido. Espero que los esté aplicando bien. Me dices si lo hice bien o no, por favor.

OHHCartistMarvelous: thanks I loved your comment, it's an honor you're reading my story in Spanish.

Mary silenciosa: gracias por tu mensaje, de verdad es un halago.

Lucero Santoskoy: amiga gracias por el apoyo

YAGUI: me da gusto que te estés disfrutando la historia, gracias.

Rosima: qué bueno que estés disfrutando el personaje de Anthony, gracias.

sweetpea81572: gracias por seguir la historia

Becky 10000: que lindo mensaje, me emocione al leerlo, gracias.

TamyWhiteRose: me da gusto que el capítulo III lo hayas disfrutado de esa manera, gracias.

JENNY: estoy tratando de informarme de cosas para poder usarlas en mis historias y es bonito aprender, me da gusto que te haya agradado esa idea.

AlexaPQ: amiga espero que este capítulo te haya dado más pistas de es Patrick, gracias por seguir la historia.

Maravilla 121: amiga gracias por tu apoyo cuando lo he necesitado, y me da gusto que estés disfrutando la historia.

Rosas y Gardenias: me da gusto que la carta de Rosemary te haya gustado. Pensé que era la mejor manera de mostrar el amor de ella hacia su hijo. También gracias por preguntar por mi salud.

Tutypineapple: Ruth amiga que bueno que te gustó el capítulo

Fandcya: gracias por poner esta humilde historia como una de tus favoritas

Maluzaa: gracias por poner esta humilde historia como una de tus favoritas.

CeShlrE: tienes toda la razón, desgraciadamente sí lo hice. Pensé que lo estaba haciendo bien, pero ya una amiga, Malinalli Coy, me ha hecho el favor de explicarme. Gracias amiga por decírmelo.

Serenitymoon20: es un gusto tenerte por aquí, gracias.

Grey: gracias por decirme de ese error, voy a tratar de corregirlo, y gracias por leer la historia.

Carolina Macías: me da gusto saber que estás disfrutando la historia, gracias.

Gissa A. Graham: gracias por poner esta humilde historia como una de tus favoritas

Alexas90: gracias por los mensajes; por alguna razón no salieron en la página, pero afortunadamente recibí un correo que me informó. Al parecer fancfiction ha tenido muchos problemas los últimos días.

Moonlightirl86: qué bueno que te esté gustando la historia yo como tú, adoro esta época de la serie.

Ranka: lee espero que te sigue gustando el resto de la historia, gracias por leerla.

NayrAdg21: me da gusto que la idea del pasadizo te haya gustado. Siempre me ha gustado el misterio, gracias por leer.

Val Rod: felicidades por tus estudios.

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Muchas gracias a todas y cada una de ustedes, por leer este fic: Val Rod, Lucero Santoskoy, lachicapoderosa, Lizbeth Haruka, Becky 10000, YAGUI, Rosas y Gardenias, TamyWhiteRose, Maravilla121 ,Clint Andrew, Feliz64, Mitsuki Leafa, Sheryl Clyne, Sakura-chan, Kikyo Sachi-sama, AlexaPQ, Nelly, jacky Andrew, JENNY, Locadeamor, tutypineapple, Ross, Lizita, adrinag1, Nerckka Andrew, chidamami, Mary silenciosa, Cagalli Yula, sayuri 1707, Yanyce, Mizusu Annie, MaiiraHuiir, BetzyC, Penny Charlotte Brown, divette56, Naday, Serena Candy Andrew Graham, Lizita, divette56, Luci Andrew, OHHCartist, Little angel pink, Rosima, Eydie Chong, RORE, , Little angel pink, Rosima, Adoradaandrew, NayrAdg21, Miriam, Gissa A. Graham, Tania Lizbeth, Lizvet Ardray, Eliza-Sq, Lacus Sheryl Nome, Mary Andrew, aday, Fandcya, Malinalli Coy, Maluzaa, CeShlrE, Serenitymoon20, Serenitymoon20, Grey, Carolina Macias, Carolina Macias, Alexas90, Moonlightgirl86, Ranka lee, sweetpea81572, a todas las Guest que han dejado mensajes, y a las chicas que solo me hacen el favor de leer la historia. Gracias.