Hola chicooooos :D disculpen la tardanza al momento de actualizar, pero mi escuela y otras actividades me consumen muchísimo tiempo :T Pero bueno, aquí hay capítulo nuevo C: Subiré hasta el capítulo 13 :D Disfruten.
Capítulo 10: Los guerreros.
Kagome se sorprendió al ver que no estaba Inuyasha, ella no se había percatado de eso. Miró al cielo estrellado, algo hacía falta…
—Creo que sé lo que pasó, pero no tengo idea de dónde puede estar…
—Señorita Kagome, se me ocurre que Inuyasha podría estar en el pozo donde guardan los cadáveres, ¿no cree?
—Puede ser… Bueno, será mejor que vaya a revisar.
—Nosotros vamos contigo— Todos hablaron al unísono.
—Muchas gracias chicos, pero quiero ir sola con él…
—Pero Kagome, es peligroso que vayas tú sola. Deja que Ranma y yo te acompañemos, y cuando lo encontremos podrás estar a solas con él, ¿sí?
—Yo… Está bien.
Así pues, los tres jóvenes se encaminaron a la búsqueda de Inuyasha. Recorrieron una parte del bosque hasta llegar al pozo de los huesos, donde Kagome viaja entre diferentes épocas, el que hizo que Inuyasha y Kagome se conocieran… Se alcanzaba a percibir una silueta, una figura de un hombre sentado cerca del pozo.
—¿Inu…Yasha?
El joven no dijo palabra alguna, solamente miró a Kagome y después, contempló nuevamente el cielo estrellado, libre de ese gigante lunar albino que muchas noches alumbraba senderos…
—Ranma, Akane, muchas gracias por acompañarme. Creo que Inuyasha no querrá que lo vean así…
—¿Humano?
Kagome se desconcertó un poco al enterarse de que Ranma sabía el gran secreto de Inuyasha; él no lo contaba fácilmente a alguien.
—S-Sí… ¿Cómo lo supiste Ranma?
—Bueno, él y yo nos volvimos buenos amigos, así que me lo contó, como yo le conté de mi maldición.
—¿Cómo es que se vuelve humano?
—Bueno Akane, cuando hay noches de luna nueva, Inuyasha pierde todos sus poderes, y se vuelve un humano normal.
—Vaya, ha de ser algo difícil para él. Ve Kagome, te necesita.
—Esperen…
—¿Qué esperamos, Ranma?
—Bueno yo… Quisiera ir a platicar un poco con él, ¿está bien? Esperen cerca de aquí, cuando termine, yo iré con Akane y Kagome puede ir con Inuyasha.
Las chicas accedieron, pero: ¿de qué quería hablar Ranma con Inuyasha? Sólo ellos lo sabrían.
Ranma daba pasos lentos y ligeros, aproximándose a Inuyasha poco a poco. No tenía prisa por llegar con él, sabía que tendrían tiempo para platicar. Finalmente, llegó y se sentó junto al medio demonio, que esa noche era solamente un humano.
—¿Cómo estás Inuyasha?
El chico de largos y negros cabellos no contestó en seguida, continuaba contemplando el cielo, y parecía perdido en sus pensamientos. Después de algunos minutos, cruzó sus brazos detrás de la cabeza, y procedió a tumbarse en el pasto. Ranma imitó a su compañero, y se tumbó. Eran tan parecidos…
—No lo sé.— Finalmente, Inuyasha contestó— Me siento impotente con ser un simple humano, sin ofender Ranma. Yo sé que hay humanos muy fuertes y poderosos como tú, pero yo no tengo ese "entrenamiento" o ese don, yo sólo puedo sobrevivir con mi forma de mitad bestia y…
Inuyasha dejó de hablar. Cerró los ojos y dio un gran suspiro.
—Y tengo miedo Ranma.
El chico de ropas chinas no daba crédito a sus oídos por lo que acababa de escuchar: ¿"tengo miedo"?, no era común que Inuyasha pronunciara esas palabras.
—¿A qué le temes Inuyasha?
—En realidad, no estoy muy seguro… Creo que, mi mayor temor es Kagome.
—Pero, yo creí que la querías…
—Así es Ranma, y la quiero tanto, que me da miedo que le suceda algo malo, y mi miedo crece cuando me vuelvo un humano, tan inútil y vulnerable.
—Yo, te entiendo Inuyasha… Me sucede lo mismo con Akane.
Los chicos encontraron sus miradas, llenas de comprensión, y solamente se limitaron a sonreír y nuevamente contemplar el bello manto estelar.
—Bueno Inuyasha, será mejor que regrese con Akane al campamento; Kagome quiere saber cómo estás, así que vendrá contigo.
—Sí… Ranma, ¿te podría pedir un favor?
—Claro, ¿qué pasa?
—Si me sucediera algo malo, ¿se podrían hacer cargo de Kagome? Tú, Akane y esos chiquillos se lo podrían llevar de regreso a su época, y ahí estaría a salvo de todos los peligros existentes en esta época…
—Inuyasha, tranquilo, eso no sucederá… Pero si llegara a suceder, no te preocupes, nosotros nos haremos cargo de ella. Bueno, me voy, ¡nos vemos en el campamento!
Inuyasha contestó agitando su mano derecha. Esperó algunos minutos, y llegó Kagome, se veía lindísima a la luz de la luna.
—Inuyasha…
Apenas pronunció ese nombre, Kagome ya estaba rodeada por los brazos del híbrido. Y así permanecieron un buen rato, sin hablar, solamente abrazados. Kagome tenía demasiado sueño, e Inuyasha lo notó.
—Kagome, regresemos al campamento, será lo mejor para que descances.
Ella no opuso resistencia. Inuyasha se arrodilló frente a ella.
—Anda, sube a mi espalda.
—No Inuyasha, prefiero que caminemos juntos de regreso esta vez.
Kagome tomó el brazo de Inuyasha, y él no la rechazó, al contrario. Así fueron todo el camino de regreso.
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Naraku se encontraba en su guarida, planeando todo para deshacerse de una vez por todas de ese medio demonio y de todos los que lo acompañaban.
—Kanna— En seguida apareció la pequeñuela albina, portando como siempre un espejo en sus manos—, necesito que les hables ahora, ellos se la arreglarán solos, yo solamente les daré las indicaciones…
La pequeña asintió y salió de la habitación. Unos minutos después, regresó acompañada de tres hombres.
Uno de ellos era un hombre blanco que llevaba una pañoleta amarrada en la cabeza, y tenía una armadura que cubría su torso. Cargaba en uno de sus brazos una cantimplora. Poseía unas líneas moradas en su rostro, que recorrían sus mejillas, pasaban por sus ojos y terminaban en su frente; también tenía un extraño símbolo en su frente, del mismo color que las líneas.
Otro de los hombres era demasiado peculiar: llevaba puesto un kimono de color lila, con estampado de unas hojas muy sencillas color verde, y recogido de un lado, de modo que mostraba su pierna izquierda. En el brazo derecho tenía puesta una protección de metal, y en la espalda portaba su espada. Tenía también unas líneas de color azul/morado que nacían en sus ojos y terminaban en sus mejillas.
El tercer guerrero era un hombre moreno de cabello largo armado en una gran trenza, con ropas blancas y una armadura metálica, con detalles en color morado. Tenía sobrepuesta una cinta roja a la cintura. Llevaba su alabarda al hombro, y caminaba con paso fuerte y decidido. Ese guerrero, al igual que los otros dos, también tenía una marca en el rostro: la de él era una especie de cruz color morada en la frente.
—Al fin llegan, se estaban tardando demasiado…
—Solamente dinos qué haremos Naraku, no quiero perder el tiempo.
—Debiste haberme dicho eso antes Bankotsu, podría simplemente quitarles los fragmentos, y así "no perderían su tiempo".
Se sintió algo de tensión en el ambiente, aunque el líder de los guerreros no se amedrentaba para nada.
—Adelante, hazlo, y cumple las tareas tú mismo.
Naraku borró esa cínica sonrisa de su rostro, y se limitó a retroceder algunos pasos de los guerreros.
—Bankotsu, Jakotsu, Renkotsu: solamente quiero que eliminen a Inuyasha y a sus amigos, y que me traigan los fragmentos que tienen ellos en su poder.
—¡Jah!, ¿eso es todo? Creí que sería algo más difícil…
—No seas tan tonto y confiado Bannkotsu, ahora no son sólo ellos, llegaron nuevas personas y tienen poderes extraños… También debes eliminarlos a ellos, a todos.
—De igual manera, eso no es nada para nosotros, ¡los mejores guerreros!, ¿no es así Bankotsu?
—Es verdad lo que dice Naraku, Jakotsu, no hay que confiarnos demasiado, esos tontos también son demasiado fuertes…
—Entonces, dejo eso en sus manos, guerreros. Y espero que cumplan como debe ser. Por cierto, los tendré bien vigilados, en especial a ti Renkotsu…
Jakotsu y Renkotsu asintieron con la cabeza, mientras que Bankotsu sólo sonrió. Dieron media vuelta, y salieron de la guarida de Naraku.
—Hermano, ¿cómo los vamos a encontrar?
—Tranquilo Jakotsu, recuerda que esa mujer que acompaña a Inuyasha tiene el poder de saber en dónde se encuentran los fragmentos, así que ellos nos encontrarán a nosotros. Debemos estar prevenidos, ya que según Naraku son ahora más personas, y todos son fuertes.
—¿Y mientras tanto qué haremos?
—No lo sé Renkotsu, sinceramente no tengo muchas ganas de matar a alguien en este momento, así que lo dedicaremos a perfeccionar técnicas y a disfrutar.
Jakotsu y Renkotsu quedaron boquiabiertos con la actitud del moreno. ¿"Perfeccionar técnicas", "disfrutar"? ¡¿Qué le pasaba?!
—Por cierto hermanos, después de que derrotemos a Inuyasha tengo nuevos planes para nosotros tres, pero ya veremos cómo progresa este asunto y qué medidas tomaremos…
