Capítulo 13: Vamos a cenar.

—¡Ey, ya casi llegamos! — Miroku iba al frente de todos, con Sango a su lado—. Ya saben nuestro plan.

—¿Cuál plan? — preguntaron todos los nuevos acompañantes al unísono…

—Jeje, ya sabrán cuando lleguemos— Kagome bajó de la espalda de Inuyasha, decidió caminar el pequeño tramo que les quedaba a la aldea.

Finalmente llegaron, y comenzaron a ejecutar su plan.

—Bueno, es mi turno— Miroku tocó la puerta de la casa más grande y lujosa de toda la aldea—, disculpe, mis compañeros y yo nos dedicamos a cazar monstruos, demonios y espíritus malignos, y creemos que en su casa hay uno.

—¿De verdad?, ¡oh, muchas gracias!, pasen por favor, y hagan lo que deban hacer.

Miroku y Shippo fingieron hacer un exorcismo a la casa, mientras los demás sólo los observaban.

—¡Listo!, su casa está fuera de peligro… Tiene suerte— dijo el travieso monjecillo—, ese era un demonio muy poderoso.

—¡Muchas gracias su excelencia!, ¿cómo se lo podemos pagar?

—No se preocupe, así está bien, este es nuestro trabajo.

—Por favor, acepten quedarse esta noche en mi casa, es demasiado grande y tenemos un banquete hoy, por el cumpleaños de mi hijo.

—Bueno, aceptamos la oferta.

Todos entraron a la enorme mansión. Era preciosa. Una mujer de unos 47 años guio a todos los viajeros a sus habitaciones.

—Si gustan, pueden cambiarse para que bajen a la cena del joven Hiroshi, yo vendré a darles el aviso— La mujer salió de la gran habitación con una sonrisa en el rostro.

—Vaya— dijo Ranma—, todos son muy amables por aquí… Y espero con ansias esa cena, ¡con el hambre que tengo!

—¡Lo mismo digo! — Inuyasha frotaba su estómago, en señal de que estaba hambriento.

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—Vaya, qué mala suerte— Jakotsu estaba sentado en el piso, soltó un gran bostezo, y prosiguió—, no encontramos ninguna aldea para destruir…

—Esperen— Ukyo pareció sobresaltada—, ¿destruyen aldeas? ¡Qué horrible!

—No, es decir, recientemente no hemos destruido ninguna— El guerrero de la gran trenza se sintió nervioso, y sus hermanos lo notaron.

—Hermano, ¿te encuentras bien? — Renkotsu apoyó una mano en el hombro del moreno.

—Sí, estoy mejor que nunca— Bankotsu ofreció una pequeña, pero luminosa sonrisa—. Bueno, Ukyo tiene razón, creo que ya no debemos destruir muchas aldeas por el momento, a menos que sea necesario.

—¡¿QUÉEEEE?! — Jakotsu y Renkotsu no se esperaban esas palabras de su líder, de su hermano. Era algo realmente extraño. Se alejaron algunos metros de Bankotsu y aquellas chicas para poder conversar tranquilamente.

—¿Qué mosca le picó a Bankotsu? — Jakotsu parecía muy confundido.

—No lo sé— contestó Renkotsu—, pero cambió su actitud desde que esas dos chicas nos acompañan.

—Es verdad. De seguro es por esa fea Ukyo, hace mucho tiempo que no notaba a Bankotsu así de "tonto" y amable.

Los dos guerreros regresaron al lado de su hermano, y decidieron obedecerlo. Después de todo, él era su líder y el más poderoso de todos.

—¿Dónde dormiremos? — Shampoo finalmente habló.

—Pues, nosotros siempre dormimos en las casas que ya no están habitadas, pero que tienen buenas condiciones— contestó Renkotsu.

—Recuerdo que cerca de aquí hay una casa, podemos ir y confirmar que aún esté deshabitada— propuso Bankotsu.

—¡Me parece una buena idea! — Ukyo sonrió—, no tendremos que pasar otra noche más a la intemperie, ¿no es genial Shampoo?

—Sí sí, lo que digas Ukyo— la amazona no parecía igual de emocionada que Ukyo.

Caminaron un buen rato. Bankotsu iba al frente, y a su lado caminaba Ukyo; Jakotsu y Shampoo iban detrás de ellos, sosteniendo una animada conversación acerca de los chicos, la ropa y esas cosas; y Renkotsu iba solo, perdido en sus pensamientos.

Visualizaron la silueta de la casa.

—¡Eh, llegamos! — gritó Bankotsu, agitando sus brazos— Pasaré para prender algunas velas, no podemos estar así en la obscuridad.

—Muy bien— Ukyo aún parecía contenta, y satisfecha al saber que no dormiría al aire libre— Shampoo y yo buscaremos cosas para cocinar, ¡y prepararemos una cena deliciosa!

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La mujer regresó a la enorme habitación, abrió la puerta y anunció a los visitantes que podían bajar a cenar en cualquier momento, ya todo estaba preparado.

—Muchas gracias señora, en unos momentos bajaremos— contestó Kagome, inclinando un poco su cabeza en gesto de agradecimiento.

Bajaron, y la cena fue tranquila. Todos convivían en armonía, hasta que escucharon un escándalo que provenía de la calle.

—¡Vamos a ver qué sucede! — Inuyasha fue seguido de Kagome, Ranma, Akane, Sakura y Shaoran, todos preparados para pelear. Después de ellos, salieron los demás, dirigidos por la pequeña Tomoyo, quien tenía en mano su cámara para grabar esos momentos de lucha tan increíbles.

—Inuyasha, puedo percibir la presencia de un fragmento… ¡Está por allá! — Kagome corrió, y todos la seguían. Iba preparada, con arco y flechas.

—Kagome, ¡espéranos! — Akane iba detrás de ella— Puede ser una criatura muy peligrosa para nosotras, lo mejor será que pasen primero Inuyasha y Ranma.

—Tienes razón, lo siento, me dejé llevar… ¿Y dónde están?

—No lo sé— contestó la chica de cabello azul—, venían junto a mí, pero…

Dos figuras pequeñas pasaron corriendo entre Akane y Kagome.

—¡Con permiso! — Sakura pasó primero, seguida de Shaoran y Kero.

—Sakura, es nuestra oportunidad de demostrar que somos realmente buenos— Kero hacía pequeñas acrobacias en el aire.

—Tranquilo Kero, además, ellos ya saben que sí somos de utilidad, a pesar de ser unos niños, ¿no es así Shaoran?

—Sí Sakura. Recuerden, ésta época es muy diferente a la nuestra, así que hay que tener precauciones para lo que sea que se nos presente.

Dejaron de correr, y observaron frente a ellos una figura enorme, que apenas se distinguía por la poca luz de Luna.

—Llave que guardas los poderes de la oscuridad, muestra tu verdadera forma ante Sakura, quien aceptó la misión contigo, ¡Libérate! —Acto seguido, Sakura sacó una de las cartas, lanzándola al aire—¡Carta luz! — de inmediato, la carta se convirtió en un resplandor que iluminó una gran parte de la aldea, incluyendo a la gran figura que se encontraba frente a ellos, dejando ver su aspecto y revelando su identidad: Era un ogro gigante, tenía la piel de un color morado pálido, y parecía muy gruesa y rasposa; medía aproximadamente seis o siete metros; utilizaba una extraña y vieja armadura de color negro, un poco oxidada. Sus brazos eran más largos de lo normal, le daban cierto parecido a un orangután; sus ojos eran grandes, y de un color amarillento, su nariz tenía un tamaño "normal", pero sus orificios nasales eran gigantes; su boca poseía unos dientes descuidados y, al igual que los ojos, de un color amarillento. Su aliento parecía anunciar a la muerte, o alguna desgracia.
El ogro posó sus ojos sobre los dos chiquillos, que parecían indefensos ante aquel enorme ser.

—¡Akane, Kagome— gritó Sakura, con su bastón en la mano—, no se acerquen, Shaoran y yo podemos con esto!

—¡¿Qué, están locos?! — gritó Akane, se notaba el miedo en su voz— ¡De ninguna manera, nosotros ayudaremos!

—Tranquila Akane— Kagome la tomó del brazo, logrando tranquilizarle—, yo confío en ellos— luego, se dirigió a los niños— ¡Oigan, sólo debo decirles algo, antes de que comiencen la lucha!

—Dinos— contestó Shaoran—, te escuchamos atentamente.

—El ogro tiene un fragmento de la perla en la cabeza… Me parece que está entre sus dos cejas— Kagome señaló con su mano el lugar indicado— ¡Deben quitarle ese fragmento para derrotarlo, de lo contrario, será una lucha eterna!

—Entendido, ¡muchas gracias Kagome! — Sakura pensó un momento, y luego consultó a Shaoran y a Kero—, ¿cuál carta creen que deba utilizar primero?

—La que tú creas que es conveniente usar, Sakura— pronunció el pequeño ser, que parecía un muñeco de peluche—, nosotros confiamos en ti.

Sakura sonrió, y sacó una de sus cartas.

—Para comenzar, ¡carta vuelo! — Salieron unas alitas al bastón de Sakura, y ella comenzó a elevarse y volar alrededor del ogro.

—¡Hahaha! — El ogro soltó una risa estrepitosa y desagradable—, ¡está decidido, me comeré a la chiquilla primero!

—¿Qué? — Shaoran empuñó su espada—, ¡Dios del rayo! — del cielo cayó un rayo que por poco parte en dos al malvado ogro, pero el muy canalla lo esquivó por algunos centímetros.

—¡Mocoso! — el ogro corrió hacia Shaoran, pero Sakura intervino.

—¡Viento, conviértete en cadenas de justicia! — la figura de una bella mujer de colores pálidos, salió de la carta y rodeó varias veces al ogro, logrando así enredarlo con sus "cadenas" y dejarlo inmóvil.

—¡Sakura, apresúrate! — Kero estaba cerca de ella—, recuerda que debes quitarle ese extraño fragmento.

—¡Es verdad! —La pequeña card captor, voló hacia el ogro—, ¡Pero me da mucho miedo Kero!

Shaoran se apresuró a sacar una de las cartas que él capturó, y no dudó en utilizarla.

—¡Tiempo! — de inmediato, la carta hizo efecto y el tiempo se detuvo para todos, a excepción de Shaoran y Sakura —, Sakura, es nuestra oportunidad, ¡quítale ese fragmento!, no sabemos si las cartas funcionen igual en ésta época.

Sakura dudó al inicio, el miedo se le notaba, pero finalmente se decidió y voló rápido hacia la frente del ogro.

—¡Ya lo vi Shaoran! — Sakura agarró el pequeño fragmento ubicado en donde lo había dicho Kagome—¡Lo tengo!

Dicho esto, las cartas regresaron a la normalidad, el tiempo siguió corriendo y el ogro se desvaneció en el aire, no quedó nada de él en ese lugar.
Akane y Kagome corrían hacia los dos niños, preocupadas por ellos.

—¡¿Están bien, no se lastimaron algo?! — Kagome los examinaba de arriba abajo.

—Estamos bien Kagome, se los dije, nosotros dos podríamos con eso, ¿no es así Shaoran? — Sakura dibujó una amplia sonrisa en su rostro, provocando que el chiquillo de cabellos castaños enrojeciera demasiado.

—Mira nada más— dijo Akane—, creo que a Shaoran le dio temperatura, será mejor que regresemos a la casa.

—N-No— replicó Shaoran—, estoy bien, no es nada— sonrió, y tranquilizó a las jovencitas preocupadas por ellos.

Dos hombres se dirigían corriendo a ellos, iban a la misma velocidad.

—¡Akane!

—¡Kagome!

Eran Ranma e Inuyasha, preocupados por aquellas mujercitas que eran sus compañeras, sus amigas, su todo. Llegaron hasta ellas, y al mismo tiempo, Ranma abrazaba a Akane, e Inuyasha a Kagome.

—Kagome, no sabes lo preocupado que estaba, tardamos en llegar porque…

—Porque fuimos atacados sorpresivamente por más demonios, eran demasiado grandes. Derrotábamos a unos y…

—¡Y llegaban otros!, parecía por un momento que esa batalla sería eterna, hasta que…

—Hasta que Inuyasha y yo combinamos nuestros poderes, fue algo realmente extraño y muy…

—Sorprendente, ¡demasiado sorprendente!, nunca me había sentido tan…

—¡Poderoso! —Inuyasha y Ranma completaban sus frases, y parecían dos niños emocionados por haber descubierto algo totalmente nuevo para ellos.

—Pero mira nada más Ranma— Akane inspeccionaba a Ranma cuidadosamente—, te lastimaste, y tus ropas están sucias y hechas un desastre. Tenemos que ir a curarte.

—¡Estoy bien Akane!, son sólo unos pequeños raspones…

Kagome hacía lo mismo con Inuyasha: lo inspeccionaba, lo regañó un poco. Pero al final, las chicas sólo los abrazaron, aliviadas de que no les hubiera pasado nada grave.

Nuestros personajes regresaron a la casa, siendo recibidos con sonrisas y muchos agradecimientos por parte de los aldeanos. Continuaron con el festín, y ahora no sólo se celebraba el cumpleaños del joven Hiroshi, sino que celebraban a los valientes héroes y heroínas que estaban ahí.

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Escondida entre las sombras, Kagura vigilaba cuidadosamente al grupo de recolectores.

—Son más poderosos de lo que pensaba, quizás los guerreros no sean lo suficientemente fuertes para derrotarlos a todos.

Kagura regresó de inmediato a la guarida. Estaban en una habitación Naraku, Hakudoshi y Kanna, esperando noticias sobre aquel grupo de humanos, dos pequeños demonios y un medio demonio.

—¿Y bien? — dijo finalmente el niño de ojos morados y cabellos blancos— cuéntanos qué pasó allá.

Kagura describió con todo detalle lo que había sucedido hace unos instantes.

—Así que unos poderes extraños, ¿con cartas? — Naraku estaba sorprendido, aunque no lo demostraba—. Necesitamos saber quiénes son esos chiquillos, y también las otras personas.

Naraku observó a Kanna con su espejo en las manos.

—Kanna— dijo él—, quiero saber en dónde se encuentran los guerreros.

El espejo de Kanna lanzó un destello, y después apareció la imagen de los tres guerreros, acompañados por dos señoritas.

—¿Y esas quiénes son? — dijo Hakudoshi—, ¡¿de dónde salen tantas personas desconocidas?! Y esas ropas tan extrañas…

—No parecen una amenaza, así que no les daré importancia ni perderemos tiempo con ellas.

Pero Naraku no sabía que Shampoo y Ukyo sí eran una amenaza, no sólo por fu fuerza y valentía, sino que esas dos chicas estaban logrando hacer un cambio en los guerreros que hace unos días eran de corazón frío, ¿pero ahora? Ya no eran los mismos.