Disclaimer: Los personajes de Slam Dunk no me pertenecen, sino a su creador, Takehiko Inoue.


Cumpliendo Un Sueño: Norteamérica

Capítulo#2: Decisiones


Rukawa se encontraba paralizado sin poder creer lo que leía, sin dudas era algo inesperado para el 11 de Shohoku, de pronto entró a la sala un hombre de cabello negro, muy alto, de ojos azules.

— Hola hijo, ¿qué estás haciendo?— saludó el hombre mientras dejaba una chaqueta en un sofá cercano a la mesa.

— Leo una carta— respondió Rukawa sin quitarle la mirada de encima al papel.

— ¿Una carta?, vaya hijo, si que resultaste ser todo un Don Juan, siempre hay chiquillas pretendiéndote— expresó pícaro el hombre mientras se sentaba al lado del muchacho.

— No digas tonterías— pronunció serio el chico de mirada fría.

— ¿Entonces no es una carta de amor?— preguntó sorprendido el señor Rukawa.

— Claro que no, ¿qué estabas pensando?— pronunció molesto el chico.

— ¿Entonces de qué se trata?— preguntó curioso intentando leer el contenido.

— Es una beca para estudiar en una preparatoria— respondió mirando nuevamente el papel.

— ¿Otra preparatoria?, ¿Acaso es Shoyo?, ¿O Ryonan?, ¡o quizás el fabuloso instituto Kainan!— especuló emocionado el padre.

— No, te equivocas— murmuró ahora el chico de mirada fría.

— Entonces... ¿qué preparatoria es?— preguntó sin tener sospechas sobre quien se trataba.

— Es en Norteamérica— respondió ahora mirando a su padre.

— ¡¿Qué dices?!, ¿Norteamérica?!— preguntó sin poder creerlo.

— Si, quieren que participe en su equipo de basquetbol— explicó el muchacho mientras le entregaba la carta a su padre, éste la tomó y de inmediato se puso a leer.

— Increíble— susurró mientras leía el contenido— ¿Y qué piensas hacer?, supongo que no vas a dejar pasar esta oportunidad— opinó el señor Rukawa.

— No lo sé, primero debo hablar con el profesor Anzai— respondió un poco desalentado.

— Ya veo, quieres saber su opinión, ya que hace unos meses te dijo que no estaba de acuerdo con que fueras a Norteamérica— dijo el hombre sonriendo, Rukawa asintió.

— Entonces date prisa en comentarle sobre esto, porque no tienes pasaporte y hay que hacer muchos trámites para que puedas salir de Japón y creo que no contamos con mucho tiempo— expresó el hombre.

— Está bien, mañana hablaré con él— pronunció Rukawa, entonces se retiró a su habitación.


Al día siguiente en Los Ángeles, Estados Unidos, ya era la hora de la cena, y las hermanas Bruce junto a su padre se disponían a cenar.

— Sally, me alegro que te hayas decidido a cenar con nosotros— expresó el padre al ver que su hija se sentaba a la mesa.

— Sólo lo hice porque tengo que contarles algo— respondió un tanto indiferente la muchacha de ojos verdes, Megan la miraba extrañada.

— ¿A qué te refieres?— preguntó la chica de ojos celestes sin entender.

— Hoy hablé con el director de la escuela, pregunté si es posible hacer un intercambio…— comenzó a explicar seria.

— ¿Un intercambio?— preguntó el hombre desconcertado.

— Si, un intercambio, ayer desde que me enteré de la verdad, estuve pensando y creo que sería una gran idea ir a Japón, quiero conocer a mi madre y creo que a través de un intercambio sería lo mejor— expresó ahora la chica de ojos verdes.

— ¡Pero Sally!, ¡¿Sabes lo que estás diciendo?!… quieres buscar a la mujer que nos abandonó por un hombre, dejó a sus hijas de menos de dos años aquí y se fue a Japón sin pensar en nosotras, ¿No crees que estás pensando las cosas al revés?— opinó la chica de ojos celestes completamente molesta con su hermana.

— ¿No has pensado que quizás está arrepentida?, quizás a querido buscarnos y no se ha atrevido por temor a que la rechacemos, creo que se merece una oportunidad, y creo que deberías venir conmigo— expuso la muchacha de ojos verdes.

— Realmente te volviste loca, jamás iría a buscar a esa mujer, tengo dignidad y sé que no le importo, yo me quedaré con papá pase lo que pase, él se merece nuestro apoyo, el ir hasta allá no sería otra cosa que darle la espalda— respondió indignada Megan.

— ¡Claro que no es darle la espalda!, estoy molesta con nuestro padre porque nos ocultó la verdad pero no estoy en su contra, sólo quiero que me dejen conocer a mi madre, tengo ese derecho y no me puedes juzgar por querer hacerlo— respondió Sally molesta con su hermana.

— Claro que puedo juzgarte, porque eres demasiado inocente, aún crees que esa mujer nos quiso, seguramente ni siquiera nos recuerda, ¿Qué harás cuando la encuentres?, acaso le dirás "Hola mami, yo soy una de las hijas que abandonaste en Estados Unidos vine porque quería conocerte a ti y a tu linda familia japonesa"— pronunció Megan ya fuera de sí al imaginar lo que ella catalogaba como patético.

— ¡Eres una est…!— exclamó la chica de ojos verdes mientras era interrumpida por su padre.

— ¡Ya cállense!— interrumpió golpeando la mesa el padre de las muchachas, éstas obedecieron de inmediato— Dejen de estarse peleando, ustedes no son así, no quiero que esto nos divida como familia, por eso se los oculté por tanto tiempo, pero creo que fue inútil— expresó cabizbajo el hombre, las chicas bajaron la mirada— Sally, creo que primero debiste haberme comentado sobre lo que tenías en mente, no comenzar a hacer gestiones en acto de rebeldía— le dijo el hombre a su hija menor— Megan, tu no tienes que juzgar a tu hermana por lo que piensa, si esa es su opinión debes respetarla— corrigió ahora a la chica de ojos celestes.

— Pero es que papá— dijeron al unisón las muchachas.

— Nada de peros, ambas se equivocaron, Sally, si lo que quieres es ir a Japón, no te pondré obstáculos, si quieres buscar a tu madre, anda… hazlo, pero no me pidas que te apoye, porque no puedo, con lo único que te puedo ayudar es con dinero para que te mantengas, y dándote datos básicos de ella, que son su nombre y el lugar donde probablemente aún viva— le dijo el padre a la chica de ojos verdes, ésta asintió sonriendo.

— Gracias papá— agradeció ya más tranquila.

— Pero papá…— pronunció sorprendida Megan.

— Ya te dije que es su decisión y debemos respetarla— replicó el hombre.

— Entonces está decidido, me voy a Japón lo antes posible, sólo necesito saber el lugar exacto donde puedo encontrar a mamá, para pedir el traslado hasta allá— expresó animada la castaña clara, Megan movía su cabeza de un lado a otro a modo de negación.

— Bueno, lo más probable es que tu madre esté viviendo en un estado llamado Kanagawa, allí vivió con sus padres y también conoció en aquel lugar a su prometido, por lo que lo más probable es que siga ahí, ya sabes su nombre, es todo lo que sé— indicó resignado el hombre.

— Así que Kanagawa… entonces mi destino será Kanagawa— expresó emocionada.

— Y ahora cenemos que la comida se enfría— pronunció serio el señor Bruce, las chicas asintieron.


Mientras tanto en Kanagawa, Rukawa se retiraba de la oficina del profesor Anzai.

— Muchas gracias, agradezco sus consejos— agradeció el muchacho haciendo una reverencia.

— No tienes que agradecer, ahora comienza a hacer tus papeleos para que partas este fin de semana— indicó el hombre de cabellos canos al joven, éste asintió y se retiró de la oficina.

Pronto llegó a su casa y ahí lo esperaban expectantes sus padres.

— Ya estaban aquí— pronunció el muchacho mientras atravesaba el umbral.

— Si hijo, dinos cómo te fue con el profesor Anzai, ¿qué te aconsejó?— preguntó impaciente la madre.

— ¿Cree que es una buena idea?—interrogó ahora el padre.

— Él ya estaba enterado de esto— comenzó a hablar el número 11.

— ¿Cómo?— preguntaron sorprendidos al unisón.

— Sin que me diera cuenta, el entrenador de ese equipo estuvo observándome en algunos partidos de práctica con Shohoku y también con la selección juvenil, entonces habló con el profesor Anzai sobre mí— relató el muchacho lo contado por Anzai durante su conversación, sus padres escuchaban sorprendidos.

— Vaya, eso quiere decir que están muy interesados en que vayas a jugar con ellos— opinó el padre.

— Así parece— apoyó la madre— Pero entonces ¿Qué te aconsejó el profesor Anzai?—preguntó ahora la mujer.

— Me dijo que mi progreso en el último tiempo fue increíble, sobre todo al integrarme a la selección juvenil, que lamentaba no poder ver mis progresos a futuro, pero que era una gran oportunidad que no podía dejar pasar— relató el muchacho.

— Eso quiere decir que…— pronunció con sigilo el padre.

— Si, está de acuerdo con que parta a Norteamérica— respondió el jugador estrella de Shohoku.

— Entonces nos dejarás— pronunció con la voz quebrada la madre, el chico asintió.

— No te pongas triste, nuestro hijo ya está grande hay que dejarlo que tome sus propias decisiones, más aun cuando benefician su futuro— intentó calmar a su mujer el señor Rukawa.


Al día siguiente en Shohoku, el profesor Anzai anunciaba la partida de Rukawa, éste no se presentó a entrenamiento ya que le correspondía con la selección juvenil, los muchachos del equipo se sorprendieron por la noticia.

— Eso es imposible— pronunció perplejo el chico del pendiente.

— Que suerte tiene Rukawa, ojalá me invitaran a Estados Unidos a jugar— espetó el número 14.

— Ese niño siempre logra lo que se propone— opinó la manager del equipo, a su lado estaba paralizada Haruko por la repentina e inesperada noticia de la partida del número 11.

"Rukawa"pensó entristecida la hermana menor de Akagi mientras bajaba la cabeza, ocultando entre sus cabellos sus ojos.

— ¡No!, ¡Nuestro Rukawa no nos puede abandonar!— exclamaron negando la realidad las porristas del muchacho.

— ¡Y ahora qué será de nosotras!— preguntaba una de ellas llorando infantilmente.

— No podremos acompañarlo a Estados Unidos— añadió otra de ellas.

— Moriremos sin nuestro Rukawa— pronunció llorando infantilmente la tercera de ellas.

— ¡Es cierto, es cierto!— apoyaron las otras dos entonces lloraron juntas.

— "Que niñas tan escandalosas" pensó el chico del pendiente que miraba con una gotita en la cabeza el escándalo de las porritas.

— Bueno muchachos, lo más probable es que no se presente a los siguientes entrenamientos porque debe hacer algunos papeleos importantes con urgencia, ya que parte este mismo fin de semana a Los Ángeles, si lo ven despídanse de él, porque es probable que no lo vean nunca más— dijo el anciano haciendo que las últimas palabras se repitieran una y otra vez en la cabeza de Haruko.

— ¿Haruko a dónde vas?— preguntó la manager que veía alejarse de su lado a la castaña.

— Saldré un momento, enseguida regreso— respondió ahogada sin voltear a mirarla.

— ¿Estás bien Haruko?— preguntó preocupada Fuji.

— Si, no es nada— formuló con dificultad mientras salía del lugar.

— ¡Haruko espera!— exclamó Fuji quien salía tras ella, pero su amiga Matsui la detuvo por un brazo.

— Déjala sola, lo necesita— pronunció con calma la chica de las coletas entendiendo la actitud de su amiga. Haruko caminó a paso de anciano hasta el patio, sentándose en una banca que había en el lugar.

— Rukawa se irá… y nunca volverá— se dijo a sí misma, entonces explotó en un desgarrador llanto que empapó su rostro de lágrimas que humedecieron parte de la camiseta que traía puesta, mientras recordaba con tristeza cuando conoció al número 11, además de cuando lo volvió a encontrar en Shohoku y aquellos detalles que hicieron acrecentar su amor por él, estuvo hasta el atardecer desahogando la pena que sentía dentro tras tan inesperada noticia, el entrenamiento ya había terminado, los muchachos se había marchado a sus casas.


Haruko ya más calma ingresó a los camarines de los chicos donde había dejado sus pertenencias, quiso encender la luz, pero para su extrañeza, ésta estaba ya encendida, entonces se dirigió al casillero con su apellido.

— Esa ducha estuvo deliciosa— pronunció un muchacho mientras salía de la ducha enrollado en una toalla y secaba sus cabellos con otra.

— ¿Qué?— se preguntó la muchacha mientras se volteaba a mirar de quien se trataba.

— ¡Ay!— exclamó espantado al ver a la chica— ¡S.. señorita Akagi!, ¿Qué está haciendo aquí?— preguntó mientras se cubría con una cortina de baño el torso.

— D…disculpe capitán Mitsui, no era mi intensión, yo sólo venía a buscar mis cosas… las dejé de improviso en el casillero que pertenecía a mi hermano— se excusó mientras mostraba con una mano las llaves que se reunían en un llavero con el nombre de su hermano, y con la otra cubría inútilmente su cara.

— Si pero ya es muy tarde, ya todos se retiraron, además no la vi en la práctica después de que el profesor Anzai fue a visitarnos— pronunció extrañado el chico de cabello azulado.

— Si es que yo…—pronunció cabizbaja al recordar la noticia de la partida de Rukawa.

— ¿Sucede algo?— preguntó mientras se acercaba curioso por el extraño cambio de la muchacha.

— No, estoy bien— respondió sonriendo falsamente.

— Ya veo— respondió incrédulo el chico de ojos azules, Haruko notó la desconfianza de Mitsui, entonces cambió el tema.

— Y por cierto, ¿Qué hacía a estas horas?, se supone que el entrenamiento ya acabó hace más de una hora— comentó extrañada la castaña.

— Me quedo practicando las canastas de tres puntos, como ya no tenemos a Akagi será necesario que las perfeccione— respondió el chico de la cicatriz— Más aún ahora que Rukawa se va a Norteamérica, no quiero aceptarlo pero ese mocoso es necesario en el equipo— confesó casual, Haruko bajó la mirada, Mitsui notó la reacción de la muchacha— Ya entiendo, ya sé que es lo que le pasa señorita Akagi— expresó sonriendo pícaro— Lo que pasa es que se puso muy triste al enterarse de que Rukawa se irá a Norteamérica, eso es obvio porque está enamorada de él, o me equivoco— agregó burlesco mientras se cruzaba de brazos triunfante por creer saber la verdad.

— ¡Cómo sabe eso!— exclamó sonrojada al sentirse descubierta.

— Eso es muy sencillo— respondió el muchacho mientras se sentaba en una banca.

— ¿Cómo?—susurró sin entender la castaña.

— Eso es porque cada vez que ese mocoso hacía alguna jugada que nos dejaba en ridículo a los alumnos de segundo y tercero, gritabas emocionada animando a Rukawa— respondió con rencor el chico de ojos azules.

— Lo siento— murmuró avergonzada al enterarse que su amor por Rukawa era un secreto a voces.

— ¿Pero sabes algo pequeña?— pronunció el muchacho mientras tomaba su uniforme y se ponía de pié.

¿Qué?, ¿Me dijo pequeña?pensó extrañada la hermana de Akagi.

— No tienes que ponerte triste por ese tonto, debes seguir adelante y no dejar que lo que se convertirá en pasado amargue tu presente y futuro, quizás, estás tan sumergida en eso que sientes por Rukawa, que no te has dado cuenta que hay otros chicos muriéndose por ti— comentó guiñándole un ojo.

— ¿Otros chicos?, no lo creo, además no me interesan otros chicos— respondió indiferente.

— Claro que hay otros, por ejemplo ese tonto de Sakuragi que se muere por ti, y tú sólo lo ves como un amigo— contestó mientras se ponía su camisa.

— ¿Sakuragi?, ¿Qué está diciendo?, eso es mentira él es mi amigo…— respondió exaltada la chica de ojos azules, entonces Mitsui la interrumpió.

— Es a eso a lo que me refería, siempre lo has visto como un amigo, y ese tonto está enamorado de ti, es por eso que odia a Rukawa, porque sabe lo que sientes por él, ¿Te das cuenta?, todos sabemos sobre ese triángulo amoroso menos tu y Rukawa que es un despistado— expresó mientras entraba en una ducha— Me pondré esto— dijo enseñándole su pantalón— Lo haré en una ducha, espero que no te moleste, al menos que quieras ver como me cambio— pronunció divertido el chico de la cicatriz.

— No, no claro que no— respondió apresurada la chica sonrojándose de súbito por la actitud del número 14.

— Entonces permiso— dijo mientras se encerraba en una de las duchas— Bueno señorita Akagi, esa es mi opinión, no debes estar tan triste por Rukawa, será una pérdida de tiempo, ya verás que en unos meses te estarás riendo de eso— decía desde la ducha mientras abrochaba su cinturón, entonces salió.

— Ahora será mejor que nos vayamos porque ya se hace tarde— dijo el muchacho mientras salía de la ducha, Haruko asintió tímidamente.

Entonces salieron de la preparatoria y caminaron juntos unas cuadras.

— Bueno creo que aquí debemos separarnos— enunció el chico de cabello azulado.

— Si, aquí tomaremos distintos caminos— respondió sonriendo amable.

— Fue un placer conversar con usted señorita Akagi, espero que le sirvan de algo mis consejos, y ya sabe, no esté triste— dijo mientras le guiñaba un ojo amigablemente. Haruko asintió.

— Hasta mañana— se despidió la chica de ojos azules haciendo una reverencia.

— Hasta mañana— correspondió amablemente Mitsui, entonces se separaron y continuaron su camino.


GRACIAS POR LEER, ESPERO SEA DE SU AGRADO