Disclaimer: Los personajes de Slam Dunk no me pertenecen, sino a su creador, Takehiko Inoue.


Cumpliendo Un Sueño: Norteamérica

Capítulo #3: Rumbo a mi destino


Era viernes por la tarde, Megan descansaba sobre su cama mientras leía unos acordes, de pronto llaman a la puerta.

— Adelante— pronunció mientras cambiaba de papel.

— Megan, necesito hablar contigo— dijo la chica de ojos verdes mientras entraba a la habitación.

— Entonces habla— respondió la chica de ojos celestes mientras dejaba a un lado las hojas.

— Megan, sé que mi decisión de irme a Japón nos ha tenido muy distanciadas— expresó mientras se sentaba en la cama junto a su hermana— Mañana me voy y no quiero hacerlo estando molesta contigo— añadió buscando la mirada de la chica de ojos celestes — Hermana, yo te quiero, no te pido que me apoyes, sólo quiero que no tomes como una traición, y que entiendas que necesito conocer a nuestra madre, es algo importante para mí y …— continuó mientras era interrumpida por su hermana.

— Ya no me des explicaciones— pronunció con un suspiro— Es tu decisión, eres dueña de hacer lo que quieras, no me puedo entrometer— añadió dándose por vencida— No es algo que comparta, jamás lo haría, pero si es importante para ti, hazlo, no diré nada, sólo espero que no te arrepientas o que salgas lastimada, no me gustaría verte así— expresó ahora la chica de cabello negro.

— Hermana— pronunció Sally sonriendo con lágrimas en sus ojos— ¡Te quiero mucho!— expresó mientras abrazaba a Megan.

— Yo también te quiero— correspondió la chica de ojos celestes abrazando a su hermana— Y ahora vete a terminar de empacar, para que te duermas temprano, mañana tu avión parte a primera hora— indicó la chica de cabello negro alejando sutilmente a Sally, ésta asintió mientras secaba sus lágrimas, entonces salió— Y cierra la puerta— pidió a la castaña mientras atravesaba el umbral, ésta no escuchó por lo que dejó la puerta abierta— No cambia, manía que tiene de dejar las puertas abiertas— espetó Megan mientras se ponía de pié para cerrar la puerta.


En Shohoku el entrenamiento de aquel día era muy arduo, los muchachos practicaban con entusiasmo, Rukawa, como lo había anticipado Anzai, no volvió a entrenar con el equipo, tampoco entró a clases, sólo iba a Shohoku para hacer todos aquellos trámites que implicaban un traslado, que además debía ser coordinado con la preparatoria de Norteamérica, ya que incluía un intercambio estudiantil.

— ¡Vamos muchachos ustedes pueden!— alentaba Ayako a los muchachos, Ryota miraba embobado a la manager, el director observaba el entrenamiento mientras bebía su café, todo se desarrollaba como de costumbre, pero de pronto se escuchó que se acercaba una masa de personas al ritmo de una marcha militar, los chicos del equipo se detuvieron ante tan estruendosos pasos, Ayako, Haruko y el profesor Anzai miraron hacia la puerta del gimnasio.

— ¿Qué es eso?— preguntó la manager sin entender que ocurría, Haruko se encogió de hombros, entonces la puerta del gimnasio se abrió apareciendo tras ella el número 11.

— ¡Es… Rukawa!— exclamó sorprendida Haruko, el chico entró al gimnasio, tras él dos filas de porristas lo escoltaban luciendo su uniforme de animadoras y cargando banderas que aludían al muchacho.

— ¡Rukawa, Rukawa, eres el mejor!, ¡Rukawa, Rukawa, eres el mejor!— exclamaban escandalosamente mientras lloraban por la partida del jugador estrella de Shohoku.

— Rukawa, veo que vienes a despedirte— expresó el chico del pendiente mientras salía al encuentro del 11.

— Y muy bien acompañado— añadió burlesco el tirador de tres puntos, aludiendo a las porristas.

— No digas tonterías— pronunció con una gotita en la cabeza el chico de mirada fría mirando de reojo a las chicas.

— Y bueno dinos Rukawa, ¿Cuándo te vas a los Estados Unidos?— preguntó la manager mientras le golpeaba amistosamente el estómago al chico de cabello negro con un codo. Haruko miraba a la distancia.

— Mañana— respondió amable.

— ¿Mañana?— preguntó sorprendida la chica de cabello rizado— Vaya Rukawa, que repentino es todo esto, pues éxito en lo que se avecina— expresó mientras le daba un golpe amistoso en la espalda al muchacho.

— Demuéstrales de lo que eres capaz— indicó el nuevo capitán mientras le daba una palmada en la mano.

— Espero que demuestres lo que aprendiste con el profesor Anzai— pronunció Mitsui levantando una ceja.

— Rukawa, desde aquí te estaremos apoyando— dijo Yasuda acompañado de sus compañeros de la banca.

— Estaré pendiente de sus avances joven Rukawa— informó sereno el anciano.

— Si, muchas gracias por sus consejos profesor Anzai, procuraré no perder el contacto con usted— expresó respetuoso el número 11 mientras hacía una reverencia— Ahora debo marcharme, sólo venía por algunas cosas que dejé en mi casillero— añadió.

— Que sujeto, sólo vino a buscar algunas cosas, no pensaba despedirse— musitó Ryota.

— Era obvio en él— apoyó Mitsui.

— Bueno, ya me voy— se despidió el mejor novato del año, entonces se dirigió a la puerta, por donde desapareció rodeado por sus porritas.

— ¡Rukawa, Rukawa, nunca te olvidaremos!, ¡Rukawa, Rukawa, eres el mejor!— exclamaban eufóricas mientras lloraban por la partida del muchacho. Por su parte Haruko, veía con la vista nublada por las lágrimas que asomaban en sus ojos, como el muchacho se alejaba. Al verlo desaparecer, cerró sus ojos con fuerza dejando caer aquellas lágrimas que obstruían su mirar, Fuji y Matsui pudieron notar lo que le ocurría a su amiga.

— Haruko, ¿Estás bien?— preguntó la chica de cabello corto, la hermana de Akagi no contestó.

— Haruko— pronunció mientras se acercaba con cautela a su amiga Matsui, pero la chica de cabello castaño no esperó a que sus amigas terminaran de acercarse, al sentir que se aproximaban salió corriendo del gimnasio.

— ¡Haruko!— exclamaron al unisón las muchachas, Ayako y los muchachos vieron como la chica salía corriendo.

"Que niña, creo que no le sirvió de nada lo que le dije, bueno, es asunto suyo"pensó Mitsui mientras movía su cabeza de un lado a otro.


El entrenamiento avanzó, y nuevamente la muchacha no regresó, sus amigas la buscaron en las instalaciones de la preparatoria, pero no consiguieron encontrarla.

— Quizás regresó al gimnasio— opinó Matsui.

— Quizás tienes razón, vamos al gimnasio— contestó Fuji, entonces regresaron al lugar. Iban entrando al lugar, pero se encontraron con los muchachos que comenzaban a retirarse, pues la práctica ya había acabado.

— Creo que no regresó— comentó la chica de coletas mientras veía a los muchachos retirarse.

— Quizás vino pero ya se fue, preguntémosle a los muchachos— sugirió Fuji.

— Esta bien- respondió Matsui— Mitsui— le habló la muchacha al número 14 quien se acercaba a la salida del gimnasio.

— Hola, ¿Qué sucede?— preguntó el chico de cabello azulado.

— Es que estábamos buscando a Haruko, pensamos que quizás había regresado al gimnasio, ¿Usted sabe si ella estuvo aquí?— preguntó Matsui.

— Ah, ustedes son las amigas de la señorita Akagi— ambas asintieron— Pues no, ella no regresó durante el resto del entrenamiento— respondió el tirador de tres puntos.

— Ya veo, pero si la ve por favor dígale que la estamos buscando— pidió la chica de coletas.

— Si, no hay problema— respondió amable el chico de la cicatriz, entonces se retiró.

Mitsui caminó rumbo a casa tranquilamente, despojándose del cansancio de aquella jornada, los autos pasaban a toda velocidad por las calles, entonces desde su posición pudo ver como al otro lado del camino, se encontraba sentada sobre una banca en solitario la chica de cabello marrón.

Vaya, definitivamente esta niña no se parece en nada a Akagi— monologó divertido el chico de ojos azules, entonces se acercó.

Haruko estaba sumida en sus pensamientos, cuando de pronto siente que alguien se sienta a su lado.

— Ya te dije niña que no vale la pena que estés llorando por Rukawa— dijo el chico sin mirarla.

— Ca… capitán Mitsui, ¿Qué está haciendo aquí?— preguntó apresurada la muchacha, Mitsui rió levemente.

— Vivo en esta dirección, todos los días camino por aquí, lo extraño es que tu estés aquí, según entendí hace unos días vives en la dirección opuesta— comentó casual el número 14 mientras miraba una cancha donde jugaban básquetbol unos chicos.

— Eso es algo que no le importa— respondió con disgusto la hermana de Akagi.

— Si, tienes razón, a mí no me importa en lo más mínimo lo que pasa contigo— respondió con indiferencia, la chica lo miró sorprendida— Pero a tus amigas si le importas, no hagas cosas que las preocupe, te buscaron toda la tarde después de que saliste del gimnasio— añadió aún sin mirarla.

— Chicas— murmuró Haruko al recordar que sus amigas intentaron consolarla cuando salió corriendo.

— Si, estaban muy preocupadas, es una lástima que estés preocupándolas por estar enamorada de ese sujeto, no vale la pena— espetó poniéndose de pie.

— Lo siento— murmuró cabizbaja la chica de ojos azules, Mitsui rió con desdén.

— Que tonta, no tienes que pedirme perdón a mí, eso es algo que debes perdonarte a ti misma, estás sufriendo por alguien que sólo sabe de tu existencia, eso es humillante— opinó el chico de ojos azules, esas palabras hirieron a la muchacha, entonces se puso a llorar— Pero ¿Por qué lloras?— preguntó sorprendido, entonces pensó en lo que le había dicho a la muchacha— "Rayos, creo que fui muy duro"pensó, no sabía qué hacer, el ver a una chica llorando lo inquietaba, no podía quedarse de brazos cruzados, menos aún cuando sentía que era él el culpable de aquellas lágrimas— Está bien, perdóname, no quise decir eso— pronunció de mala gana mientras se acercaba intentando calmarla.

— Es que tienes razón… Para Rukawa no existo y no existiré, esa es la realidad— decía entre sollozos la muchacha.

— "Demonios, ahora que hago, no puedo decirle que está equivocada, sería cambiar de opinión, y Hisashi Mitsui no cambia de parecer"pensaba mirando en todas direcciones como buscando algo que le ayudara a salir de aquella situación tan poco agradable para él— "Veamos, que puedo hacer"reflexionaba, entonces volvió a ver aquella cancha donde hace unos instantes jugaban unos muchachos— Ya lo tengo— dijo triunfante el chico de ojos azules, Haruko lo miró extrañada.

— ¿De qué habla?— preguntó con la voz quebrada.

— ¿Ves esa cancha?- preguntó señalando el lugar con la cabeza, Haruko asintió— Te desafió a un partido de uno contra uno- retó levantando una ceja el número 14 mientras sacaba de su bolso un balón.

— ¿Qué?— susurró confundida la hermana de Akagi.

— Vamos, será divertido— pronunció sonriendo desafiante el chico de la cicatriz mientras la jalaba de un brazo.

— Es que yo…— intentó excusarse Haruko.

— Tu nada, vamos— insistió llevándola hasta la cancha. Pronto llegaron, y Mitsui se puso frente a la chica mientras revotaba el balón- Supongo que Akagi debió enseñarte algo sobre esto— decía mirándola a los ojos como intentando leer sus movimientos.

— Bueno, desde niños jugábamos— respondió tímidamente Haruko.

— ¡Entonces veamos que aprendiste!— expresó el muchacho mientras se acercaba a gran velocidad con el balón hacia la canasta que protegía Haruko, ésta al notar el ataque de Mitsui intentó marcar al número 14, éste se detuvo justo frente a la muchacha dribleando el balón— Sabes marcar, eso ya es un punto a favor— comentó sonriendo desafiante.

— Fue una de las primeras técnicas que aprendí de mi hermano— respondió la castaña sin dejar de marcar a Mitsui.

— Bueno, ahora quiero saber que más aprendiste de Akagi— dijo el chico de cabello azulado mientras cambiaba el ritmo del dribleo a uno más rápido, entonces con un giro esquivó a la muchacha entrando a la zona de tiro, Haruko lo siguió, intentó golpear el balón, pero debido a la baja estatura de ésta, sólo logró golpear el brazo del muchacho, con un tiro sencillo, Mitsui encestó una canasta con gran facilidad.

— Encestó— pronunció agitada la muchacha tomándose las rodillas.

— Cometiste una falta— espetó decepcionado el chico de ojos azules mientras ponía sus manos en la cintura.

— Es cierto, lo lamento— se disculpó haciendo una reverencia.

— Bueno, por esta vez te lo perdonaré, pero para la próxima no habrá compasión, es tu turno de atacar— dijo Mitsui lanzándole el balón, Haruko tras recibirlo, asintió— Veamos cómo eres a la ofensiva— añadió mientras marcaba a la muchacha mirándola a los ojos, ésta intimidada por la imponente mirada del 14, comenzó a driblear torpemente el balón, Mitsui notó la timidez de la chica de ojos azules.

— No seas tímida, ataca con confianza— expresó el tirador de tres puntos, Haruko asintió retraída. Entonces se acercó lentamente con el balón— Ánimo, con más energía, porque así sólo conseguirás que te gane de inmediato— añadió riendo divertido descuidando su defensa, entonces la muchacha aprovechando dicho descuido, corrió hacia la canasta, brincó con fuerza, mientras que Mitsui salía en su persecución y depositó el balón en la canasta.

— ¡Si!— exclamó mientras brincaba feliz.

— ¡Demonios!— prorrumpió el chico de la cicatriz pateando el suelo— Cómo es posible que una mujer me esté ganando, soy muy descuidado. ¡Que humillación!— murmuraba el número 14 crujiendo los dientes, Haruko rió divertida.

— Estamos empatados— dijo la chica sonriendo.

— Fue sólo un descuido, pero no volverá a suceder, es mi turno para atacar— respondió mientras le quitaba el balón a Haruko con un dejo de crudeza que no ignoró la muchacha— Prepárate porque voy a comenzar— anunció mientras dribleaba el balón, Haruko con más confianza se puso en posición para defender, Mitsui esperaba el momento indicado para atacar, intentaba leer los movimientos de la muchacha a través de su mirada, de un momento a otro, el chico se irguió, y desde su posición brincó para encestar una canasta de tres puntos, intención concretada, ya que sin mayores inconvenientes el muchacho encestó— ¡Bien, gané!— exclamó Mitsui riendo triunfante— Fue más fácil de lo que pensé— agregó.

— ¡Espere!— detuvo molesta la chica de ojos azules, Mitsui se volteó fingiendo no saber que quería la castaña.

— ¿Qué sucede?— preguntó fastidiado.

— Este, yo creo que eso fue trampa, no es justo que haga canastas de tres puntos, aunque yo encestara no podría ganarle porque yo no sé hacer eso— reclamó temerosa la hermana de Akagi.

— ¿Pero qué estás diciendo?, claro que es válido, no es mi culpa que no sepas encestar canastas de tres puntos— rebatió.

— Esta bien- pronunció dándose por rendida — Pero aún tengo una oportunidad de atacar— añadió extendiendo las manos para que el 14 le entregara el balón.

— Si tu quieres— musitó mientras le lanzaba con desdén el balón— De todas maneras ganaré— sentenció confiado mientras sonreía triunfante. A pesar de estar jugando con una chica se lo tomaba muy enserio, partió como un simple desafío para ayudar a distraer a Haruko, pero una sutil insinuación de derrota, despertó en el 14 un deseo intenso de ganar— Adelante— pronunció con una sonrisa desafiante, la muchacha asintió, entonces hizo algo que el muchacho no esperaba, desde su posición lanzó el balón hacia la canasta, intentando hacer una canasta de tres puntos, el balón se acercaba peligrosamente la canasta, Mitsui miraba con espanto como el balón rodaba en círculo en la cesta, Haruko impaciente rogaba que la canasta entrara, dio un par de vueltas perdiendo cada vez más fuerza, todo anunciaba que el balón ingresaría sin mayores inconvenientes, Haruko comenzaba a sonreír presintiendo que ganaría, pero el balón cayó hacia afuera, el momento de suspenso acabó provocando que ambos cayeran al suelo de la contrariedad.

— Ya ves, he ganado, hiciste una tontería, ¿Pensaste que me ganarías lanzando de esa forma el balón?— expresó riendo más relajado el chico de ojos azules.

— Pero creyó que entraría— contradijo tímidamente la chica de ojos azules.

— Claro que no, eres muy mala lanzando, eso lo puedo notar con facilidad— respondió con desdeño el 14.

— Su cara decía lo contrario— rebatió temerosa.

— ¿Qué?, pues… sólo estaba fingiendo para que te ilusionaras— mintió infantilmente Mitsui, Haruko se largó a reír— ¿Pero de qué te ríes?— preguntó molesto, la muchacha no respondió y siguió riendo, le causaba mucha gracia la obsesión con el triunfo que tenía aquel muchacho, le recordaba mucho a su hermano, a Sakuragi, y a momentos, a su querido Rukawa.


Amanecía en Kanagawa, y Rukawa, completamente distinto de lo normal, despertó antes de que la alarma lo sacara de sus sueños, era un día especial, partiría rumbo a Norteamérica, lugar con el cual se obsesionó tras ganar las preliminares junto a Shohoku, no podía esperar a partir, sólo tenía un objetivo, convertirse en el mejor jugador en Norteamérica, entonces se puso de pie tomó sus pertenencias densificadas en una maleta, y bajó a la primera planta.

— ¿Estás listo?— preguntó el padre, Rukawa asintió, la madre intentaba contener una lágrima fugitiva que amenazaba con escapar— Entonces vamos— dijo mientras tomaba las llaves de un auto, tras lo cual salieron rumbo al aeropuerto.

Tan pronto como llegaron, se sentaron a la espera de que abordaje fuera autorizado.

— Hijo, procura cuidarte mucho, estaré muy pendiente de lo que necesites, si algo ocurre no dudes en llamarme— decía con la voz quebrada la madre.

— No te preocupes, estaré bien— respondió sereno el muchacho.

— No te pongas triste, Kaede ya es grande, y sabrá cuidarse— intentó consolar el señor Rukawa.

— ¿Cómo me pides eso?, nuestro hijo se va al otro lado del mundo y tú estás tan tranquilo— respondió con disgusto aquella mujer.

— Vamos, no le hagas las cosas más difíciles, es su decisión y debemos respetarla— confortó conservando la tranquilidad el padre de Rukawa a su esposa, pronto comenzó el llamado para abordar el avión, entonces Rukawa se despidió de sus padres y subió a la nave que la llevaría rumbo a su sueño, la madre lloraba desconsolada al ver partir a su hijo.


Mientras tanto, en el aeropuerto de Los Ángeles, Megan y su padre despedían a Sally.

— Hija, cuídate mucho, y recuerda todo lo que te dije sobre la cultura la japonesa, no entres con zapatos a la casa de la familia que te recibirá, saluda siempre haciendo una reverencia, debes llamarle a las personas por su apellido, al menos que te permitan hacerlo por su nombre, no seas tan efusiva en tus muestra de cariño y …— le recordaba las instrucciones el señor Bruce a su hija menor.

— Ya papá no le repitas tantas veces eso, ya lo hiciste una vez, Sally no es tonta para no recordarlo— interrumpió Megan a su padre, Sally rió.

— Es cierto papá, recuerdo perfectamente todo lo que me dijiste sobre los japoneses y tendré mucho cuidado en respetarlo— respondió risueña la ojiverde.

— En cuanto llegues a casa de los Rukawa procura llamar para avisarme que llegaste bien, y dame el número de teléfono de ellos para localizarte en caso de alguna emergencia— pidió el hombre.

— Esta bien, y reciban bien a ese muchacho que vendrá a nuestra casa, sobre todo tu Megan, te conozco y sé como tienes el carácter— comentó la chica de ojos verdes.

— Claro que no, sólo debe ser un niño, no me molestaré en tratarlo— espetó indiferente la chica de ojos celestes.

— Como tú digas— respondió burlesca la chica de ojos verdes.

— "Atención, a los pasajeros con rumbo a Japón, pueden comenzar a abordar el había"— decía una voz por altoparlante interrumpiendo la última charla de la familia Bruce en su conjunto.

— Bueno, es hora, debo irme— dijo la castaña con un pequeño dejo de tristeza en el rostro.

— Hija, cuídate mucho, llámame siempre— se despidió el padre abrazándola con fuerza, en ese momento la muchacha soltó una lágrima que se deslizó por su mejilla.

— Te quiero papá— pronunció mientras lo abrazaba con fuerza.

— Yo también te quiero hija, espero que encuentres lo que estás buscando— dijo ahora el hombre mientras alejaba suavemente a su hija.

— Ya sabes lo que pienso, pero espero que cuando regreses, lo hagas feliz— dijo Megan quien ahora era abrazada por su hermana.

— Te extrañaré mucho Megan— expresó llorando la chica de cabello castaño.

— Yo también— respondió correspondiendo el abrazo de Sally, después de unos instantes se separaron y la muchacha desapareció entre la multitud que circulaba por aquel lugar.

El vuelo tardaría horas, atravesar aquella masa líquida que conformaba el Océano Pacífico, haría que el arribo a sus nuevos destinos se prolongara en el tiempo, Rukawa quien había estado gran parte de la noche en vela, después de una hora de haber despegado, cayó rendido por el sueño y comenzó a disfrutar de una larga siesta.

Pasaron horas, y Sally era alertada por la voz del piloto del avión manifestada a través de un altavoz de que ya habían llegado a Kanagawa.

— "Pasajeros con destino a la prefectura de Kanagawa, en dos minutos comenzará el aterrizaje"— decía aquella voz, entonces la muchacha dejó a un lado una reviste que leía, y abrochó el cinturón de seguridad.

— Ya es hora— pensó la chica de ojos verdes, entonces pronto el avión arribó al aeropuerto de Kanagawa.


Por su parte Rukawa dormía plácidamente, mientras una voz alertaba del arribo a Houston, la última parada antes de llegar a Los Ángeles, no provocando ninguna reacción en el pelinegro.

Sally bajó del avión con sus pertenencias, mirando en todas direcciones, se vio rodeada de una multitud desconocida, buscaba entre ellos alguna señal que le indicara quienes eran las personas que la esperaban, con expectativa buscaba la mirada de las personas, esperando alguna reacción de aquellas personas, pero no lograba nada. De pronto una mano misteriosa tomó su hombro por la espalda, la chica saltó del espanto.

— Disculpe señorita, no fue mi intensión asustarla— se disculpó el hombre dueño de aquella mano que la tocaba por el hombro.

— No se preocupe— respondió vacilante, entonces recordó las instrucciones de su padre y apresurada hizo una reverencia.

— Usted debe ser la señorita Bruce ¿Estoy en lo cierto?— preguntó ahora aquel hombre.

— Si, soy yo— respondió tímida.

— Mucho gusto, yo soy Rukawa, y ella es mi esposa, vivirás con nosotros a partir de hoy— se presentó amable aquel hombre.

— Mucho gusto señor y señora Rukawa— saludó la muchacha haciendo una reverencia dirigida a cada uno de los padres.

— Que niña tan linda, espero que te sientas a gusto en nuestra casa— dijo la madre ya un poco más tranquila luego de la partida de su hijo, su sueño siempre había sido tener una hija, y ahora tener a la muchacha en casa le cumpliría por lo menos por un tiempo aquel deseo de tenerla, la muchacha sonrío tímida.

— Vamos a casa, seguramente debes venir muy cansada— dijo el señor Rukawa.

— Si— respondió la castaña un poco más relajada.

Pronto llegaron a casa, y la madre de Rukawa abrió la puerta de la morada, mientras el hombre ayudaba a entrar las maletas de la muchacha, Sally esperaba desde que ingresaran primero los dueños de casa.

— Adelante, no te quedes ahí, pasa por favor— dijo sonriendo la mujer, la muchacha asintió, entonces dio unos pasos dentro de la casa, entonces recordó otro de los dichos de su padre.

"¡Qué hice!"— pensó espantada mientras veía sus pies que calzaban unas sandalias blancas, entonces retrocedió apresurada y se las quitó a toda prisa, y reingresó al hogar.

— Bueno, ésta es nuestra casa, a partir de hoy también será la tuya— expresó el hombre mientras la muchacha miraba con curiosidad lo distinto de aquella casa con respecto a las que había conocido durante su vida, claramente tenía un aspecto muy oriental, propio de cualquiera en Japón.

— Gracias señor Rukawa— respondió sonriendo amable mientras hacía una reverencia.

— Acompáñeme señorita Bruce, le enseñaré su habitación para que se acomode— indicó la madre del ex número 11, la castaña asintió y la siguió.

Tras subir unas escaleras, llegaron a la segunda planta, donde un pasillo largo llevaba a distintas habitaciones, Sally seguía a la mujer mirando en todas direcciones jugando a adivinar cual sería su habitación, pero no lo consiguió, entonces la señora Rukawa se detuvo frente a un umbral.

— Ésta será tu habitación, espero te guste, era la habitación de nuestro hijo, hay una habitación más disponible, pero es más pequeña, por eso quisimos darte esta— explicó mientras abría la puerta de aquella habitación, Sally advirtió un ambiente silencioso en aquel cuarto, los colores que teñían sus paredes eran un poco sombríos, las cortinas un poco más gruesas de lo normal, como amenazando al sol si dejaba entrar alguno de sus rayos, no había más que una cama y un velador, sobre el cual descansaba de improviso una muñequera negra, claramente perteneciente al joven deportista.

— Está bien, me gusta, me acomodaré lo antes posible— dijo sonriendo la muchacha.

— Si quieres puedes decorarla a tu gusto, nuestro hijo es muy poco entusiasta con esas cosas, nos gustaría haberlo hecho antes de que llegaras, pero todo fue muy sorpresivo, sólo el lunes de esta semana Kaede recibió la invitación de la preparatoria donde tu estudiabas— explicó la madre.

— ¿Recibió una invitación? ¿Lo becaron desde Estados Unidos?— preguntó sorprendida, eran muy pocos los casos de becados que llegaran desde otros países por propia iniciativa de aquella preparatoria.

— Si, es que al parecer se enteraron de su participación en el campeonato nacional de básquetbol, y les gustó para su equipo, y fue así como lo descubrieron— relató resumidamente la mujer.

— Vaya, sin duda debe ser un gran basquetbolista, nuestra escuela se destaca a nivel nacional todos los años, si lo quieren en el club, es porque debe ser muy bueno— comentó sorprendida.

— Si, nuestro hijo es el mejor basquetbolista de Japón, y será el mejor de Norteamérica— comentó el padre quien ingresaba el equipaje.

— Bueno— dijo soltando un suspiro nostálgico la mujer— Debes tener mucha hambre, bajemos para que cenes- añadió sonriéndole a la muchacha— Más tarde puedes acomodarte.

— ¡Si!— exclamó entusiasta la castaña, ya que aunque no lo había dicho, se estaba muriendo de hambre.


Mientras tanto, Rukawa salía de sus sueños alertado que debía despertar en voz de una azafata.

— ¡Joven, joven!— le habló con delicadeza para que no despertara de golpe— Joven— insistió sacudiendo con sutiliza por un hombro al pelinegro, cumpliendo su objetivo, Rukawa frotó sus ojos para distinguir con mayor precisión su entorno, entonces distinguió la figura de aquella mujer que lo miraba sonriente.

— Que sucede— murmuró con pereza el ojiazul.

— Estamos en el último aeropuerto antes de salir de Norteamérica, en Boston, debe bajar— explicó la mujer.

— ¿Qué?— preguntó espantado el muchacho, entonces miró los demás asientos de aquel avión, todos despoblados, era él el único que permanecía a bordo— "Rayos" — pensó entonces se puso de pie a toda velocidad, y bajó de prisa de la nave junto a sus pertenecías— "Y ahora que hago" — pensó ahora mirando en todas direcciones, claro entendía perfectamente que estaba al otro lado de Estados Unidos, en vez de ver el Océano Pacífico, lo que podía ver era el Atlántico.

Caminó sin rumbo unos instantes, pronto llegó al centro comercial que se encontraba en las cercanías del aeropuerto, divagó por el lugar mientras pensaba en una solución.

— ¿Rukawa? ¿Eres Rukawa de Shohoku?— preguntó una voz alguna vez oída por el ojiazul, éste volteó a ver quien era.

— ¿Sawakita?— preguntó ahora el pelinegro reconociendo en el rostro del joven que le hablaba, aquel jugador de Sannou.

— Vaya Rukawa, al parecer cumpliste tu promesa antes de lo que esperaba— dijo mientras le extendía una mano para saludarlo.

— Por supuesto, te dije que lo haría— murmuró mientras miraba con frialdad aquella mano, la cual sólo chocó. Luego de unos momentos Rukawa le contó cómo llegó hasta esa ciudad tan distante a Los Ángeles.

— Por hoy creo que será imposible que puedas volar hasta allá, durante el fin de semana la demanda de vuelos aumenta bastante, creo que será mejor que vueles el lunes por la mañana para llegar directo a la preparatoria— opinó el ex jugador de Sannou, Rukawa permanecía pensativo- Si no tienes donde quedarte, puedes venir conmigo, si gustas puedes quedarte en mi departamento— invitó el muchacho, Rukawa acorralado por no tener donde ir, aceptó.


Mientras tanto en casa de los Bruce, el padre y Megan cenaban silenciosos aún algo tristes por la partida de la integrante menor de aquella familia, de pronto el hombre miró su reloj que apuntaban 21: 43 pm.

— Que extraño, según entendía, el muchacho que vendrá a casa llegaría cerca de las ocho, ya lleva casi dos horas de retraso, quedamos en que llamaría en cuanto llegara para ir por él— comentó un tanto preocupado el señor Bruce.

— Quizás se arrepintió, es sólo un niño, seguramente pensó que extrañaría mucho a su mami y no quiso dejarla— comentó la chica de ojos celestes mientras llevaba una cuchara a su boca.

— No lo creo— respondió entonces suena el teléfono— Debe ser él, iré a contestar— indicó el hombre mientras se ponía de pie para atender el teléfono ubicado en la sala, Megan continuó cenando sin tomarle demasiada importancia al asunto, después de unos instantes el señor Bruce regresó a la mesa

— ¿Y quién era?— preguntó casual la muchacha.

— Era el muchacho, Rukawa— respondió.

— ¿Y qué? ¿Acaba de llegar al aeropuerto?— preguntó la chica de ojos celestes mientras llevaba a la boca un cuchara.

— No, tuvo un problema, llegó a Boston, y tuvo que bajar ahí, llegará el lunes directo a la preparatoria— informó el hombre.

— Se ve que sólo es un chiquillo— comentó burlesca Megan por lo ocurrido al muchacho.

— No sé si estaré aquí ese día, así que te lo encargo, espero que lo recibas bien— sugirió el padre.

— Claro que si, aunque sea un niño llorón— espetó la chica, el padre rió por la respuesta de la muchacha.

— No cambias— dijo mientras le acariciaba el cabello a la muchacha, con una sonrisa, y continuaron con la cena.


GRACIAS POR LEER, ESPERO SEA DE SU AGRADO