Disclaimer: Los personajes de Slam Dunk no me pertenecen, sino a su creador, Takehiko Inoue.
Cumpliendo Un Sueño: Norteamérica
Capítulo #5: ¿Otro pelirrojo?
Su primera jornada académica había concluido, ahora el ex jugador de Shohoku, conocía el que sería su nuevo hogar en compañía de la misma joven que le había enseñado las instalaciones de la preparatoria.
— Bueno, ya conociste el resto de la casa, ahora te mostraré cual será tu habitación— indicó la joven de ojos celestes mientras subía las escaleras, Rukawa permanecía de pie con sus pertenencias— No te quedes ahí… sube que la habitación está por aquí— añadió la joven volteando a verle.
— Si— pronunció el muchacho mientras se apresuraba a seguirle.
— "Que chiquillo tan raro… casi no habla ¿Acaso será un traumado?"—pensó la joven mientras negaba con la cabeza— "Veamos si se molesta y habla un poco más"— añadió a sus cavilaciones mientras esbozaba una sonrisa maliciosa en su rostro.
Pronto estuvieron frente a una puerta de color blanco.
— Ésta será tu habitación— indicó la chica de cabello negro mientras abría la puerta de la habitación, en la cabeza de Rukawa apareció una gotita al ver.
El color rosa era la ama y señora de aquellas cuatro paredes, una gran ventana que daba el paso hacia un balcón era vestida por unas cortinas blancas que dejaban entrar la claridad de los rayos solares, una cama enorme era cubierta por un cobertor de tono fucsia que contrastaba con el tono blanco de sus almohadas. Una rinconera albergaba una colección de muñecas de porcelana cuyos ojos tenían una forma oriental, un osito de peluche enorme yacía sentado sobre una silla blanca en uno de los extremos de la habitación y una alfombra rosa pálido con diseño de flores de distintos colores cubría el suelo de la habitación.
— Sé que es algo muy poco masculino, pero era el cuarto de mi hermana— explicó casual Megan— "Mi papá le preparó una habitación, porque aquí hay muchas, pero será divertido saber que piensa este niñito al tener que dormir en un lugar tan femenino"— pensó entretenida la chica de ojos celestes.
— No… para nada— respondió fríamente.
— ¡¿Qué?!... ¿Acaso no te enfada tener que dormir en una habitación tan femenina—expresó sorprendida la joven.
— No— susurró calmo.
— ¿Pero qué clase de chico eres?... ¿No me digas que eres gay?—preguntó suspicaz la muchacha mientras posaba sus manos en su cintura.
— No digas tonterías— musitó manteniendo su serenidad el joven mientras entraba en la habitación arrastrando su maleta.
— ¡No tienes porqué negarlo, eso no tiene nada de malo! Debes aceptarte tal cual eres ¿No lo crees?—opinó perspicaz la chica de ojos celestes, Rukawa solo suspiró— ¿Qué significa eso?—preguntó ahora la joven.
— Nada
— Cómo que nada
— Ya déjame en paz— respondió el muchacho mientras cerraba la puerta. Intentó ser amable con aquella joven, pero sus extrañas deducciones lo aburrían.
— ¡Hey!... ¿Qué se supone que haces?... Abre esa puerta, aún tengo que decirte que papá no estará aquí durante una semana y que para mi desgracia personal tendré que ir contigo hasta la preparatoria al menos hasta que aprendas como llegar y que para eso tendrás que estar listo a las 7:30 de la mañana— le hablaba molesta a la puerta la joven.
— Ya me lo dijiste— musitó desde la habitación Rukawa.
— ¡Uuh! ¡Eres un tonto Kaede Rukawa! Ya me las vas a pagar ¡Idiota!—clamó fuera de sí la joven. Pasó largos segundos junto a la puerta, esperando alguna respuesta defensiva del ex jugador de Shohoku, pero nada pasaba— ¡Oye!… ¿Acaso no tienes pensado decir algo?—preguntó sorprendida— ¿Me oíste?—añadió casi en un susurro mientras abría la puerta de la habitación, se detuvo de súbito al ver la imagen— "Esta durmiendo"— pensó mientras lo veía tendido sobre la cama— "Se ve cansado, quizás por eso actuó así conmigo" — añadió a sus reflexiones, a la vez que daba unos pasos hacia el muchacho— "Seguramente el viaje debió ser agotador"— caviló mientras sonreía negando con la cabeza.
— Que estás haciendo— susurró Rukawa, tras lo cual abrió los ojos.
— ¿Qué?—pronunció con espanto la joven— ¡Qué te pasa! Se supone que estabas durmiendo chiquillo mentiroso— expresó ahora con fastidio mientras empuñaba sus manos.
— Eso intentaba, pero tú no dejabas de gritar— respondió calmo mientras se reincorporaba en la cama.
— ¡Eso es porque eres un maleducado que cerró la puerta en mi nariz!—reclamó ya fuera de sí la muchacha.
— Gritas mucho, y quiero dormir— espetó dejándose caer de vuelta a la cama mientras ponía unos audífonos en sus oídos.
— Y ahora… ¿Me estás ignorando?... ¡Escúchame Kaede!—vociferó intentando captar la atención del joven quien parecía estar absorto en un profundo sueño— "Idiota… esto no quedará así… nadie me ignora de ese modo"— pensó ahora mientras caminaba hacia la puerta de la habitación.
— Él es Kaede Rukawa, y será el nuevo integrante de nuestro equipo… será quien nos ayudará a derrotar a Sawakita. Durante su participación en el campeonato nacional pudo hacerle frente demostrando una gran capacidad— relataba amablemente el capitán del equipo, Robert William. Los jóvenes veían con curiosidad al joven de indiferente mirada.
— Bueno Rukawa, puedes incorporarte con el resto— le dijo el entrenador del equipo.
— Si señor— respondió educado mientras hacía una reverencia. Pronto se colocó junto a sus compañeros, la estatura de muchacho les llamó la atención, no había miembro del equipo más bajo que él, todos lo sobrepasaban por varios centímetros.
— Es un enano
— Tienes razón
— ¿De verdad creen que pueda detener a Sawakita?
— Eso es lo que dijo el Capitán
— No lo sé… quizás haya sido sólo suerte
— Bueno, la próxima semana regresa nuestra estrella, si es capaz de detener a Sawakita, debería ser capaz de detenerlo a él— eran algunas de las murmuraciones que se oían entre los jugadores del equipo, Rukawa no prestaba atención a ellas.
— Ya dejen de estar murmurando, es hora de comenzar el entrenamiento… ésta semana será de resistencia, así que comiencen a correr, empezaremos con treinta minutos— indicó el muchacho de ojos grises.
— ¡Si capitán!—prorrumpieron al unisón los muchachos, Rukawa comenzó con los ejercicios encomendados por el capitán.
— ¡Qué están diciendo! Que Rukawa… ¡¿Se fue a Norteamérica?!—preguntó incrédulo el pelirrojo sin creer lo que sus amigos le relataban.
— Así es Hanamichi, Rukawa recibió una invitación de una preparatoria que lo quiere en su club de básquet y se marchó en cuanto pudo— añadió al relato Mito.
— Al parecer quedaron impresionados con su participación en el campeonato nacional— opinó Okuss.
— ¡Si! Debieron considerarlo el mejor de todo Japón— comentó Noma.
— Eso es muy probable— musitó Yohei.
— ¡No sean idiotas!—vociferó furioso Sakuragi, causando el espanto de su ejército— Es obvio que lo llevaron a Norteamérica solamente porque yo no estaba disponible— explicó lo que le parecía la respuesta lógica al presente de Rukawa— Obviamente— añadió interesante.
— No sueñes Hanamichi… si te hubiesen querido en ese equipo te hubieran esperado— opinó divertido Yohei, el pelirrojo sólo gruñía.
— Ya verás Rukawa… yo seré el próximo en ir a Norteamérica y te voy a derrotar— murmuraba mientras empuñaba sus manos.
— Pero…— la voz de Yohei sacó al número diez de Shohoku de sus pensamientos.
— Hay alguien más que está muy mal por la partida de Rukawa— continuó la frase Noma.
— ¿Haruko?—susurró con asombro Sakuragi.
— Si, ella se supo muy triste— relató Okuss.
— Si, eso es porque está muy enamorada de él— soltó Takamiya.
— Incluso no ha ido a los entrenamientos, siendo que es la asistente de Ayako— comentó Noma.
— Es cierto… ya va una semana desde que se fue Rukawa y ella no ha vuelto a los entrenamientos— añadió el amigo rubio.
— Eso me recuerda a Hanamichi después de que lo rechazan— expresó burlesco Takamiya.
— Si, tienes razón— apoyó Okuss a su amigo mientras se largaban a reír, la exasperación se adueñó del chico cabellos rojos.
— ¡Pero qué están diciendo! ¡Ustedes sólo vinieron a burlarse de mí! Pensé que estaban preocupados por este genio que hoy regresa a Kanagawa, pero ¡No!— expresó molesto el pelirrojo ante la mirada temerosa de sus amigos que tenían un mal pronóstico de lo que decía su amigo— Pero bueno, eso no importa porque ahora Haruko se fijará en mi y se olvidará de ese tonto cara de zorro… Ah, Haruko— monologaba mientras se sumergía en sus sueños con la muchacha.
— ¿Estás bien Hanamichi?—preguntó perplejo Noma.
— Pensé que nos pegaría— comentó Takamiya.
— Yo también— apoyó Okuss. Yohei sólo sonrió.
— Bueno Haruko… ¡Voy por ti!— prorrumpió animado el pelirrojo.
El entrenamiento lo había dejado exhausto, al parecer las prácticas de Shohoku no exigían la misma resistencia que en su nuevo equipo. Nada era lo mismo, él solía ser quien brillaba en el gimnasio, pero ahora era uno de los más débiles, no faltaron quienes le vieron con desdeño ante su poca capacidad física, pero el orgullo del muchacho le hacía permanecer en pie y resistirse a renunciar, lo que hacía que sus nuevos compañeros de equipo le tomaran el respeto del que Rukawa siempre había gozado.
Entró en su nueva habitación y encendió la luz, aún le causaba antipatía el color de su habitación. Se quitó las zapatillas y volvió a apagar la luz mientras se tendía sobre la cama. Estuvo largo rato absorto en sus pensamientos, con la mirada perdida en la techumbre de la habitación.
— Kaede…— pronunció la joven mientras abría de golpe la puerta de la habitación, el muchacho salió de sus pensamientos al notar la silueta de la muchacha— ¿Ya estás durmiendo?—preguntó al ver la habitación totalmente oscura, el muchacho se reincorporó sobre la cama— Veo que no— musitó— Bueno eso está bien, porque mi padre volvió de su viaje y quiere conocerte— comunicó la joven.
— Si— respondió de inmediato el muchacho mientras se ponía de pie.
Pronto estuvieron en la primera planta, y se encontraron con el hombre quien lo esperaba.
— Papá, aquí está tu encargo— espetó la joven mientras enseñaba como si se tratase de un objeto al muchacho. El hombre rió divertido.
— Así que tú eres el joven Rukawa, encantado de conocerte— saludó amable el hombre mientras le extendía una mano.
— El gusto es mío— correspondió mientras estrechaba su mano con la del padre de la muchacha y hacía una reverencia.
— Mi papá se llama Andy Bruce, y él es Kaede Rukawa, el único chico en el mundo que no se molesta por tener que dormir en una habitación de niña— presentó la chica de ojos celestes, el muchacho frunció el ceño levemente.
— Hija no seas así con Kaede, él es nuestro invitado y debes ser amable— reprendió sereno el señor Bruce— Discúlpala, no quiso hacerlo— excusó a su hija dirigiéndose a Rukawa.
— No hay problema— respondió el joven.
Se acomodaron en la sala para conversar unos instantes, ya que los negocios del padre de familia no solía tener tiempo para pasar en casa, y debía aprovechar para conocer a aquel joven que viviría con ellos.
— Ese día domingo quedé muy preocupado, porque me enteré que llegaste a Bostón— expresó el hombre.
— Si, fue un accidente— respondió calmo el pelinegro.
— Y dime ¿Dónde pasaste la noche?... ¿Acaso te hospedaste en algún hotel?—interrogó curioso el hombre.
— No, me encontré con un conocido y me invitó a su departamento—respondió educado.
— ¿Un conocido?... ¿Habías estado antes en Estados Unidos?—interrogó extrañado.
— No… es un japonés que también vino a jugar básquet a Norteamérica— contestó con el mismo tono educado.
— Ya veo— susurró el hombre, la muchacha que escuchaba con fastidio la conversación intervino.
— ¡Ya lo sé!... Él debe ser tu novio… Claro, como no podías estar con él en Japón lo seguiste y quisiste pasar un día con él… Esto del básquet fue sólo una excusa ¿Verdad?— comentó su deducción la joven de ojos celestes.
— ¿Qué dices?—preguntó Rukawa con un dejo de asombro en la voz.
— Megan— reprendió el padre— No digas eso… no sé porqué eres tan grosera con Kaede— añadió— Por favor te vuelvo a pedir que la disculpes— le habló ahora a Rukawa.
— No hay problema— susurró haciendo una reverencia. En eso se oye el estruendoso ruido de la puerta, alguien golpeaba con ímpetu la puerta principal.
— ¡Megan, abre la puerta ahora!— una voz trabada se oía tras ella.
— ¿Qué demonios?—se preguntó la joven mientras se ponía de pie.
— ¡Megan, sé que están ahí… abre antes que eche abajo la maldita puerta!—reclamó la voz.
— Es ese torpe— musitó la joven.
— ¿Quién es hija?... ¿Y por qué te habla así?—interrogó con intriga el señor Bruce, la muchacha suspiró.
— Compruébalo por ti mismo— pronunció mientras caminaba hasta la puerta, una vez ahí abrió para dejar pasar a quién le amenazaba.
— ¡Por qué tardaste tanto!… ¡¿Acaso lo estabas escondiendo?!—reclamó el muchacho mientras caminaba hacia la sala.
— Yo no escondí a nadie… — respondió con molestia, luego observó el tambaleante caminar del muchacho—Oye torpe… ¿Estás borracho?—interrogó con molesto asombro— No puedo creerlo— musitó mientras lo seguía, pronto estuvieron en la sala donde permanecían de pie el señor Bruce y Rukawa.
— Hasta que al fin te dejas ver… miserable— gruño con resentimiento el muchacho.
— ¿Quién eres tú?— preguntó en un susurro el ex jugador de Shohoku.
— Lo siento chiquillo, pero éste otro torpe ansiaba conocerte, y como no le quise decir quién eras en la preparatoria, no se le ocurrió nada mejor que venir hasta aquí— pronunció la chica.
— ¿De qué hablas Megan?—preguntó intranquilo el padre.
— ¡Tú!—exclamó mientras apuntaba a Rukawa— ¡Eres el culpable de que mi querida Sally se haya ido a Japón!—inculpó.
— ¿Qué?—murmuró el chico.
— Si tú no hubieras venido hasta aquí ella no hubiera hecho este estúpido intercambio— continuó acusando al chico de mirada fría.
— ¿De qué hablas Eddy?... Aunque el joven Kaede no hubiera venido a Los Ángeles Sally se hubiera ido a Japón, nadie le pudo quitar la idea de la cabeza, y con o sin intercambio hubiera partido— comentó risueño el padre de las muchachas.
— Pero si nunca me enteré de que ella quisiera irse, me enteré el día de su partida—balbuceó mientras secaba las lágrimas infantiles que asomaban en sus ojos.
— Fue repentino, cuando una idea se le mete en la cabeza no hay quien se la saque de la cabeza, y en cuanto pudo, se fue— intervino indiferente Megan.
— Pero ¿Por qué?—preguntó el muchacho mientras lloraba— Ni siquiera me dio la oportunidad de conquistarla— añadió— Si tan solo no hubiese partido tan pronto quizás no hubiésemos intentado y no se hubiera ido— monologó en un lamento a la vez que hacía una pausa— ¡Es por eso que no puedo perdonarte maldito basquetbolista!—recriminó al ex Shohoku mientras intentaba lanzarse sobre el muchacho.
— ¿Otro pelirrojo?... No puedo creerlo, por país hay un ejemplar… qué más da— musitó indiferente Rukawa.
— ¡¿Qué dijiste chiquillo engreído?! No te metas con mi cabello…!Ya verás ahora mismo te daré tu merecido!—prorrumpió mientras le lanzaba un puñetazo al rostro a Rukawa.
— ¡Detente Eddy!—ordenó el señor Bruce mientras sostenía al muchacho del abdomen. Rukawa antes de que el puño tocara su rostro lo sostuvo de la mano.
— ¿Qué hace?... ¡Suélteme este mocoso de primer año se está burlando de mi cabello me las tiene que pagar!—reclamó mientras intentaba zafarse del muchacho.
— Tu lo provocaste, era normal que te respondiera… Será mejor que te vayas Eddy, estás en muy mal estado… Creo que te llevaré a tu casa— indicó el padre de las chicas.
— No quiero— pronunció llorando como un niño pequeño.
— Aunque no quieras lo haré, no puedo dejar que te vayas solo en ese estado— refutó el señor Bruce— Lo siento Kaede, tu no tienes la culpa… mañana continuaremos con la plática— se excusó el hombre.
— No hay problema— respondió educado mientras hacía una reverencia.
— Buenas noches, ya es muy tarde y creo que sería bueno que se fueran a dormir— expresó el hombre, el muchacho asintió, entonces el señor Bruce salió en compañía del muchacho de melena pelirroja.
Ya era día lunes en Kanagawa, y el chico de cabello rojo caminaba risueño por Shohoku, escoltado por su inseparable ejército.
— Hanamichi ¿De verdad piensas declararte a Haruko?—preguntó incrédulo Yohei.
— Por supuesto… ya no está ese maldito zorro, así que no hay impedimentos para que me acepte— respondió risueño el número diez de Shohoku.
— ¿Creen que Haruko acepte a Hanamichi?—preguntó divertido Okuss.
— No lo creo, aún está muy dolida por la partida de Rukawa, no es de esas chicas que olviden tan pronto— comentó Yohei.
— Eso es verdad, pero me gustaría apostar… ¿Qué dicen muchachos?—sugirió Takamiya.
— Si, yo apuesto que no— dijo Okuss.
— Yo también— apoyó Noma.
— ¡Y yo!—se unió Yohei.
— Muy bien, ahora sólo tenemos que ver el espectáculo— expresó Takamiya. Sakuragi al escuchar la conversación de sus amigos, sintió como la sangre le subía a la cabeza.
— "No lo puedo creer… son unos malditos"— pensó el pelirrojo mientras empuñaba una mano, pronto volteó hacia sus amigos para entregarles el primer golpe en la cabeza de su regreso a la preparatoria— ¡Son unos malditos!—vociferó mientras se acercaba a Okuss para golpearle, pero al reconocer una imagen familiar se detuvo sorpresivamente.
— ¿Haruko?—susurró mientras se sonrojaba de súbito
— Miren, ahí está Haruko... Hanamichi, ve a hablar con ella— pronunció Yohei.
— Si, tienes razón— respondió embobado el pelirrojo mientras caminaba tímidamente hacia la muchacha, quien no le había visto.
— ¡Haruko!—exclamó el número diez, pero la muchacha no le oyó— ¿Eh?—susurró, entonces se encaminó para alcanzarle.
La muchacha caminaba en solitario rumbo a su salón.
— "Por suerte las reuniones en Aiwa por el Festival de los Deportes de Otoño ya acabaron, desde hoy podré volver a los entrenamientos"— pensaba en solitario la joven de cabellos castaños, pronto reconoció la figura de alguien familiar quien también ingresaba al edificio principal de la preparatoria— "Es él"— pensó dibujando una pequeña sonrisa en su rostro, entonces corrió a su encuentro— ¡Capitán Mitsui!—prorrumpió mientras le enseñaba una mano en señal de saludó, el muchacho de dirigió a quien le hablaba.
— Ah, hola señorita Akagi— saludó casual.
— ¿Qué?... ¿Haruko le habló a Mitsui?— pronunciaron al unisón los amigos de Hanamichi quienes acompañaban en su persecución al pelirrojo, éste veía con curiosidad lo que ocurría.
— Que gusto me da encontrarlo— expresó sonriendo sincera la joven de ojos azules.
— ¿Si?... Y eso por qué— preguntó incrédulo el chico de cabello azulado.
— Es que, le quería dar las gracias por lo de la otra vez— contestó tímidamente la hermana menor de Akagi.
— ¿Lo de la otra vez?— se preguntó sin recordarlo el catorce de Shohoku, entonces pronto lo recordó— Ah, si… no hay problema— contestó metiendo sus manos a los bolsillos del pantalón.
— No había tenido la oportunidad para agradecerle antes y …— siguió hablando la joven algo vacilante con la mirada baja y levemente sonrojada.
— ¡¿Qué?!... Será que Haruko cambió tan pronto a Rukawa por Mitsui— preguntó Okuss a sus amigos, quienes estaban junto a él detrás de unos arbustos, para espiar con mayor tranquilidad y no ser descubiertos, Sakuragi permanecía en completo estado de parálisis.
— No sé porqué me lo agradeces, si de todas formas no te sirvió de nada— espetó el chico de la cicatriz.
— ¿Qué?—preguntó sorprendida la muchacha.
— No te sorprendas… me di cuenta que no fuiste durante toda la semana a los entrenamientos, seguramente seguiste llorando como un bebé por ahí… Y eso quiere decir que no sirvió de nada lo que hice—expresó con indiferencia— Ya me voy… se me hace tarde— se despidió secamente el tirador de triples mientras continuaba su camino rumbo a su salón.
— ¡Espere!—exclamó la muchacha mientras corría tras de él y lo detenía de una mano, aquella acción pareció ser un martillo que golpeaba el corazón de Sakuragi.
— ¡Ooh!—pronunció al unisón el ejército sorprendido.
— ¡Aah!—vociferó el pelirrojo en la pose que solía hacer al ser rechazado por alguna chica— ¡No puedo creerlo… Mitsui y Haruko!— monologó mientras se dejaba caer en el suelo, las serpentinas no tardaron en llover sobre el pelirrojo.
— ¡Felicidades Hanamichi, has recibido tu rechazo número cincuenta y uno!—congratuló burlesco Takamiya.
— ¡Y es el primero de preparatoria!—acotó Noma.
— ¡Se había tardado mucho pero al fin llegó!—añadió Okuss. El pelirrojo comenzó a derramar abatidas lágrimas en sus ojos, pronto se puso de pie.
— ¡Qué pasa Hanamichi, acaso quieres pelear!—preguntó a la defensiva Noma. El pelirrojo permanecía de espalda y en silencio.
— Shh… escuchen, es esa música otra vez— susurró Yohei al oír una triste melodía que solía acompañar a Sakuragi en sus rechazos. Los muchachos oyeron la música mientras veían perderse en el camino a su amigo descorazonado por lo presenciado.
— Que vida tan miserable tiene— comentó con la voz quebrada Okuss mientras reflexionaba sobre la desastrosa vida amorosa de su pelirrojo amigo.
El muchacho miró con desdeño la mano de la joven que le retenía, y jaló con violencia para quitársela.
— Y ahora qué quieres— preguntó con fastidio.
— No estuve llorando, es sólo que Ayako me pidió que fuera durante toda la semana a unas reuniones en Aiwa por el sorteo del Festival de los Deportes de Otoño. Y es por eso que no pude agradecerle…Y ahora quería hacerlo— expresó tímidamente.
— Ya veo— respondió Mitsui.
— Porque me sirvió mucho su ayuda, de verdad— añadió haciendo una reverencia.
— Está bien— espetó— Pero ya se me hace tarde, adiós— se despidió el chico de cabello azulado.
— Si, hasta luego— se despidió la castaña mientras le veía entrar en el edificio, pronto sonrió cándidamente.
La muchacha quiso salir de su salón para esperar la llegada del profesor desde el pasillo, eso le ayudaba a pensar en cómo comenzaría la búsqueda de su madre, sin duda sería una labor muy difícil, ya que el único dato que manejaba sobre ella, era su nombre, y su apellido debió haber cambiado al casarse con su antiguo amor, eso era algo que la tenía muy preocupada, no sabía cómo la encontraría, pero estaba decidida en lograrlo.
Cruzaba el umbral del salón, una música de triste melodía comenzaba a invadir su audición, no alcanzó a levantar la vista, cuando se estrelló con alguien, ambos cayendo al suelo.
— Lo siento, no me fijé que alguien venía— se excusó la joven mientras se ponía de pie tomándose la cabeza. El dueño del cuerpo que la había impactado se levantó con furia y dirigió una mirada del mismo modo a Sally.
— ¡¿Podrías tener más cuidado por dónde vas, niña?!—reclamó molesto el pelirrojo a la chica de ojos verdes.
— Lo siento, pero no me fijé… además creo que tú también pudiste fijarte— respondió perturbada.
— ¡Claro que no! ¡Todo es culpa tuya, éste genio no tiene por qué estar pendiente de gente tan tonta como tú!—reclamó el pelirrojo.
— ¡Oye tú!... ¡No sé quién eres, pero será mejor que no me hables de ese modo!... ¿Me oíste cabeza de pimienta?—reclamó furiosa la ojiverde.
— ¿Qué?—murmuró perplejo— Cabeza… ¿Cabeza de pimienta?—pronunció en el mismo tono, todo el salón que oía expectante la discusión de los estudiantes se largó a reír, esto hizo sonrojar de súbito al pelirrojo— ¡Cómo te atreves a llamarme así! ¡No tienes porqué burlarte de mi cabello, niña tonta!—el pelirrojo ya estaba fuera de sí.
— ¡Si me burlo, porque eres un cabeza de pimienta, te lavas el cabello con pimienta y apestas a pimienta, tonto!—le enfrentó la muchacha.
— ¡No me lavo el cabello con pimienta niña tonta! Ni siquiera sé tu nombre, porque… porque… ¿Acaso eres nueva?—preguntó curioso ahora el número diez de Shohoku.
— Si, y a pesar de eso me doy cuenta que eres un maleducado, porque no sabes tratar a las mujeres— espetó indiferente.
— Tú eres la maleducada que no sabe tratar a un hombre tan talentoso— refutó presumido Sakuragi.
— ¡Ja!... talentoso, no me hagas reír— musitó burlesca, entonces se miraron a los ojos mientras gruñían pareciendo sacar chispas entre sus miradas odiosas.
— Señorita Bruce, señor Sakuragi, me gustaría comenzar la clase ¿Serían tan amables de dejarme entrar al salón?—pronunció el maestro de inglés quien permanecía fuera del aula debido a la obstrucción de camino que hacían los jóvenes en la puerta.
— Si, si… lo siento— se disculparon al unisón mientras hacían una reverencia, al notar que ejecutaban el mismo actuar se dirigieron una mirada rencorosa, y corrieron a su lugar.
— ¡Qué se supone que estás haciendo!— se reclamaron al mismo tiempo.
— No sé de que hablas, ese es mi lugar— pronunció Sally.
— ¿Qué?... Pero si es mi lugar— pronunció perplejo el pelirrojo.
— Eso sólo lo dices por fastidiarme cabeza de pimienta, ya déjame sentarme— reclamó la castaña.
— No— dijo el pelirrojo.
— Ya déjala Hanamichi— intervino su joven compañero de salón quien recién ingresaba.
— ¿Yohei?—pronunciaron al unisón Sally y Sakuragi.
— ¿Qué?... ¿Acaso ustedes se conocen?—preguntó con asombro el pelirrojo.
— Claro que sí, él es mi amigo— respondió la muchacha.
— No, él es mi amigo— reclamó el pelirrojo.
— ¡Ya deja de fastidiar, no todo lo mío te pertenece, primero el pupitre y ahora mi amigo!—reclamó cruzada de brazos la ojiverde.
— Eres un traicionero Yohei, cómo puedes ser amigo de una chica tan vulgar— gruñó el pelirrojo.
— No digas eso Hanamichi, ella es una…— expresó Mito mientras era interrumpido por la incontrolable risa de Sally.
— Ha… Ha… ¿Hanamichi? Pero que nombre tan ridículo— decía mientras tomaba su estómago por la desesperante sensación que le causaba la risa por el nombre del pelirrojo.
— ¡No te burles de mi nombre!— vociferó fuera de sí el joven de cabellos rojos mientras se sonrojaba por las burlas de la muchacha.
— ¿Qué sucede joven Sakuragi?... Por qué no toma asiento, y usted tampoco señorita Bruce— interrogó el maestro que veía perturbado el escándalo de los jóvenes.
— Lo que sucede maestro, es que mientras Hanamichi estaba recuperándose de su lesión, la señorita Bruce llegó de nuevo ingreso a Shohoku, entonces el único lugar vacío era el de Hanamichi, y el maestro que estaba en la clase que llegó ella, le asignó su lugar— explicó amable Yohei.
— Ya veo… Entonces joven Sakuragi, deberá sentarse a mi lado mientras buscamos una solución— indicó el hombre.
— ¡¿Qué?!— el número diez de Shohoku no podía creer lo que oía, Sally reía desencajada por la orden.
— Dese prisa para comenzar la clase— ordenó el hombre.
— ¿Por qué yo?... Hoy será un mal día— suspiró el muchacho mientras se encaminaba a su nuevo pupitre, ante las burlas de todo el salón, encabezadas por Sally.
GRACIAS POR LEER, ESPERO SEA DE SU AGRADO
