Disclaimer: Los personajes de Slam Dunk no me pertenecen, sino a su creador, Takehiko Inoue.


Cumpliendo Un Sueño: Norteamérica

Capítulo #6: Regresos


El camino se le hacía eterno a la muchacha, veía irritada a su joven y silente acompañante, quien con la seriedad que le caracterizaba caminaba calmo a su lado con las manos en los bolsillos. En aquella mañana de primavera norteamericana de iniciaciones de semana, el andar pesado de la joven era el relato no verbal de el disgusto que le ocasionaba el indiferente actuar del muchacho y el inevitable contacto que debía mantener con él, que además era forzado por su padre, quien les exigió ir rumbo a la escuela en mutua compañía.

"No puedo creerlo, su maldito silencio ¡Me desespera! ¿Es que acaso no sabe hablar o qué? cavilaba con fastidio la joven mientras veía con la misma expresión al muchacho, quien a su lado caminaba con la vista fija al frente.

— ¿Megan?—pronunció una voz familiar que se acercaba a sus espaldas.

— Maldición—mistó deteniéndose de súbito, Rukawa le imitó dirigiéndole una mirada curiosa— Espero que no sea…— pronunció mientras se volteaba con sigilo a ver quién le hablaba— Si era— musitó decepción al verle.

— ¿Cómo estás hermosa?—preguntó el muchacho mientras le ponía una mano en el hombro, se trataba de un joven de cabello rubio, que peinado al medio caía a la altura de sus orejas, sus ojos azules adornaban su pálido semblante, dándole una prestancia que le hacía muy popular en la preparatoria. La muchacha le quitó calma la mano.

— Serías tan amable de sólo llamarme Megan, ese es mi nombre, no hermosa, ni ninguna de esas ridiculeces que siempre dices— pronunció con cansancio, parecía ser un discurso típico en ella con aquel joven.

— No puedo evitarlo preciosa, tu sabes lo que pienso— dijo interesante el chico de cabellera rubia.

— Y tú sabes que no me importa, ya déjame en paz— musitó

— Sé que llegará el día en que me corresponderás nena, dejarás de ser tan indiferente conmigo, de eso estoy seguro—pronunció con certeza.

— Date prisa Kaede, no perdamos el tiempo… que si hice el sacrificio de levantarme TAN temprano, no fue para perder mi tiempo—le habló ahora a su acompañante, quién en el acto le siguió, el rubio que recién notaba la presencia del ex Shohoku, sintió la ira apoderarse de él.

— ¡Megan Bruce!—prorrumpió sintiéndose humillado, tanto la muchacha como Rukawa se detuvieron de manera sincronizada para voltear a verlo.

— ¿Qué quieres ahora?—musitó molesta.

— ¿Quién rayos es éste chiquillo? No me digas que estás saliendo con él… ¡Te exijo que me digas la verdad!—reclamó mientras se paraba frente a Rukawa y le miraba directamente a los ojos con desafío, la muchacha crujía los dientes irritada por la actitud del joven.

— Otro torpe— siseó el ex Shohoku resoplando.

— ¿Qué dijiste?... ¿Acaso me llamaste torpe? ¡¿Quién demonios eres chiquillo del demonio?! ¡Jamás te perdonaré que estés saliendo con Megan! Ella sólo será mi novia, estuve tan sólo una semana fuera ¿Y ya eres su novio? Nadie ha podido conquistarla, ni siquiera yo que soy el más guapo y atlético de toda la escuela, así que no lo harás tú— reclamó el muchacho.

— ¡Ya fue suficiente! ¡Llegará a existir un día en que me dejarás en paz, Newton! ¿Es que acaso no eres capaz de cerrar una vez en tu vida la maldita boca?—reclamó fuera de sí la chica de cabello negro.

— Pero Megan…— pronunció con asombro el rubio.

— ¡Nada de peros! Ya me tienes harta... Además lamento informarte que deberás soportar al chiquillo a diario, porque estará nada más y nada menos que en tu equipo de básquetbol— informó con un pequeño dejo burlesco en la voz.

— ¡¿Qué dijiste?!—pronunció con asombro el rubio.

— Lo que oíste tonto, es el jugador que viene a derrotar al jugador que tú como la supuesta estrella de éste equipo no fuiste capaz vencer, así que prepárate, que probablemente tus días como la gran estrella del club de básquetbol, están contados, Newton— añadió riendo burlesca

— No me digas que él…— pronunció con asombro

— Si, es el jugador japonés que derrotó al tal Samakita, Sarakita…

— Sawakita— corrigió el rubio.

— Como sea, a ese Sawakita y fue becado para derrotarlo— terminó de relatar la chica de ojos celestes.

— No lo creo— refutó la estrella del equipo

— Pues será mejor que empieces a creerme, porque no hay peor ciego que no ve—pronunció burlesca.

— Es "No hay peor ciego que no quiere ver"— corrigió el rubio.

— ¡Como sea torpe, ya me entiendes!—respondió la chica—Kaede, ahora si vámonos, que éste bobo no nos detenga más— le habló al muchacho con los ojos cerrados— ¿Kaede?—lo buscó con la mirada en todas direcciones, entonces notó que el muchacho ya desaparecía en el camino caminando calmo rumbo a la preparatoria— Maldito chiquillo, sabe como fastidiarme— regañó crujiendo los dientes— ¡Kaede espérame!—prorrumpió mientras salía en persecución del muchacho.


El mutismo reinaba en el salón, todos los estudiantes permanecían sumidos en el desarrollo de sus ejercicios de matemáticas, a excepción de uno, quien sosteniendo su rostro con una mano, miraba con fastidio al maestro, con quien compartía además del aula, la mesa.

— "Maldito viejo, por tu culpa estoy aquí, pudiste mandar a esa niña a otro salón, pero le diste mi lugar, eso no es justo"— pensaba el pelirrojo mientras le dirigía la mirada a Sally, quien pronto advirtió la mirada de su compañero y le miró dirigiéndole una sonrisa burlesca— "Me las vas a pagar"— pensó empuñando sus manos, la castaña pareció advertir en la mirada del pelirrojo sus pensamientos, por lo cual sonrió con mayor vehemencia, causando la exasperación del diez de Shohoku— ¡Me las vas a pagar!—exclamó poniéndose de pie y sin quitar la mirada de la ojiverde, sus compañeros le observaron perplejos.

— ¿Qué estás diciendo, Sakuragi?—preguntó el maestro de matemáticas extrañado por la reacción del pelirrojo.

— Esa chiquilla me las va a pagar ¡Sólo se está burlando de mí, ya no la soporto!—pronunció mientras se le acercaba amenazante, la muchacha le observaba curiosa.

— ¿Pero qué estás diciendo? La señorita Bruce ha estado resolviendo sus ejercicios, en ningún momento ha hablado contigo, y si lo dices por lo del asiento, ella no tiene la culpa Hanamichi— se interpuso Yohei, Sakuragi veía con asombro la actitud de su amigo, pronto frunció el ceño y tomó a Mito de un hombro arrojándolo al suelo.

— ¡Claro que sí, se burla de mí! Debe ser una amiga de Rukawa, seguramente es su enviada para que me haga imposible la vida— decía el pelirrojo sin dejar de detener hacia la chica.

— ¿Estás bien Yohei?—preguntó la muchacha mientras se apresuraba a socorrerlo.

— Si, no te preocupes— respondió sonriendo el muchacho mientras se reincorporaba.

— Ya verás niña— refunfuñó el pelirrojo.

— ¡Ya Hanamichi!—Mito intentó detenerlo mientras se ponía de pie.

— Ya déjalo— susurró la muchacha mientras se ponía delante de Yohei.

— ¿Qué dices?—preguntó el muchacho.

— Puedo defenderme sola, la cabeza de pimienta se cree muy hombre porque es un poco alto, pero no le resultará tan fácil hacerme algo— respondió mientras se ponía en posición de combate.

— ¿Qué?—susurraron perplejos los amigos.

— ¡Aah!—vociferó mientras se alzaba en un gran brinco, y pateaba con ambos pies al diez de Shohoku, haciendo que su cuerpo se arqueara, aprovechándose de esto, la ojiverde lo tomó de un brazo y lo estrelló contra el piso, haciéndolo retumbar, todos veían con asombro la escena mientras la chica palmoteaba sus manos como limpiándoselas.

— Señorita Bruce— pronunció con dificultad Mito— ¿Cómo hizo eso?... Nadie es capaz de hacerle algo así a Hanamichi, pero tú…— expresó boquiabierto.

— Ese cabeza de pimienta sólo es un bobo, eso le pasa por meterse con un cinturón negro en karate— comentó perspicaz la muchacha, en ese instante suenan las campanas de la preparatoria anunciando que acababa la jornada académica— ¡Pero que bien! Por fin acabó el día, por lo menos ya no tendré que soportar a éste tonto… vamos Yohei, hoy me quedaré a ver el entrenamiento, así me olvido de la pimienta— pronunció expresó mientras tomaba su maleta y tomaba de un brazo al amigo de Sakuragi.

— ¡Espere señorita Bruce!—intentó refutar el pelinegro, sin embargo la muchacha no le prestó atención y se lo llevó. Por su parte el pelirrojo se reincorporó de un salto salto.

— ¡Niña del demonio!... No te sigo sólo porque tengo entrenamiento, ¡Pero mañana ya verás!—refunfuñó el pelirrojo.

— ¡Sakuragi espera, debes ir a la dirección, esto no puede quedar así… Sakuragi!—decía el maestro mientras le veía partir, el pelirrojo sólo continuó su camino.


Los miembros del equipo llegaban al gimnasio, Miyagi junto a Mitsui se enfrentaban en un mini duelo a la espera del arribo del resto del equipo, poco a poco todos se fueron integrando, al igual que Ayako y Haruko, manager y asistente que observaban como Miyagi rebotaba el balón ante la marca de Mitsui, quien intentaba privarlo de lanzar el balón.

— "Ganaré"— pensaba esbozando una sutil sonrisa en sus labios el defensa.

— "No te lo permitiré"— era el pensamiento del tirador de triples sin dejar de concentrarse en su marca. Entonces el chico del pendiente avanzó raudo a su objetivo, Mitsui le marcaba con insistencia, entonces el nuevo capitán desde su posición se elevó para lanzar el balón a la canasta, Mitsui le siguió, sin embargo advirtió algo extraño en la mirada de Ryota.

— ¡No me engañarás!—prorrumpió el chico de ojos azules mientras le arrebataba de un manotazo el balón a Miyagi, advirtiendo que tramaba hacer una pinta, acto seguido, el número catorce corrió con el balón a toda prisa hasta el otro tablero, Miyagi quien gozaba de una gran velocidad ya lo protegía.

— No te será tan fácil, Mitsui— dijo ahora el chico moreno.

— Eso es lo que tú crees— musitó el chico de cabello azulado mientras retrocedía hacia la línea de tiro de triples, Ryota le siguió asombrado, Mitsui dio un salto para lanzar el balón, Miyagi le marcó como si se tratase de la final del torneo nacional.

— "Te engañé"— caviló victorioso el catorce mientras hacía una finta para correr hacia el tablero, y encestar con comodidad una canasta.

— ¡Ah! ¡Mitsui me ganó!—se reclamó el nuevo capitán mientras pateaba el suelo, mientras tanto Mitsui celebraba.

— Los muchachos se ven muy entusiasmados, es de esperar que mantengan esos ánimos… ¿No lo crees Haruko?—le hablaba Ayako a la menor de los Akagi, quien parecía perdida en sus pensamientos mientras observaba al chico de la rodillera roja.

— ¿Haruko?—preguntó extrañada la manager al notar la reacción nula de su asistente, entonces notó que observaba al muchacho— Haruko ¿Qué tanto miras?—preguntó mientras le pegaba con sutileza en la cabeza con su abanico a la muchacha.

— ¡Ay!—el alarido de la chica captó la atención de todos los presentes— ¿Ayako por qué me pegas?—reclamó la castaña mientras tomaba su cabeza adolorida.

— Estás muy desconcentrada, no sé porqué mirabas tanto al capitán Mitsui, no será que…— pronunció la manager dirigiéndole una mirada pícara a la muchacha, haciéndola sonrojar de súbito.

— ¡No! Qué estás pensando Ayako, no es lo que tú crees, por favor no me avergüences—respondió apresurada mientras tomaba su rostro ardiente, entonces redirigió la mirada tímida al muchacho, quien le observaba con una gotita en la cabeza.

— Mitsui ¿Ya viste?... tienes una admiradora y es nada más y nada menos que la hermanita de Akagi, te felicito— Miyagi le hablaba con picardía a su amigo mientras le pegaba con sutileza con su codo en las costillas.

— No seas idiota, Ayako sólo está diciendo… tonterías— respondió el muchacho con fastidio y mirando a la chica con desdén, aquello extrañamente para la joven fue una punzada que se clavaba en su pecho. La chica de ojos azules volvió la mirada a Ayako, quien le miraba nuevamente insinuante.

— No lo niegues niña— pronunció ahora la joven de cabello rizado.

— ¡Ayako!—refutó la menor de los Akagi, tras lo cual su actitud cambió dramáticamente— Tú sabes, que yo sólo quiero a Rukawa— expresó con tristeza y la mirada agacha.

— Bueno, quizás tienes razón— respondió la manager. En eso arribaban al lugar Yohei, Takamiya, Okuss y Noma acompañados de Sally.

— Bueno Mitsui, te felicito, fuiste un buen rival— pronunció el chico del pendiente mientras le extendía una mano, Mitsui la golpeó.

— Tu también lo fuiste, ahora que no está Rukawa ni Akagi, eres el único al que le puedo pedir un desafío así— expresó sonriendo de medio lado el chico de ojos azules.

— Te equivocas, Mitsui—una voz conocida se oyó del otro lado del gimnasio, todos voltearon a verle.

— Sakuragi— Haruko pronunció sorprendida al ver a su amigo, de regreso en Shohoku.

— Hanamichi… al fin regresaste— saludó Miyagi mientras se le acercaba, el pelirrojo siguió con su mirada fija en el número catorce— "¿Qué le sucede?"—se preguntó con extrañeza el capitán.

— Vaya Sakuragi, se ve que te recuperaste de prisa, en un mes ya regresaste— expresó sonriendo Hisashi.

— ¿Algo te parece malo en eso, Mitsui?— cada vez que pronunciaba el nombre del muchacho se denotaba sequedad.

— ¿De qué estás hablando? Estás actuando muy extraño Sakuragi— expresó el chico de la cicatriz.

— Pero qué dices, Mitsui, lo único que quiero es un enfrentamiento contigo, jamás me he enfrentado a ti, éste talentoso tiene que demostrar que es un genio— dijo ahora el pelirrojo.

— ¡Esa cabeza de pimienta!... Además de todo, juega en el equipo de básquetbol y es conflictivo con sus compañeros… rayos— se escuchó a la distancia la voz de Sally— ¡Oye cabeza de pimienta! ¡Ya deja de hacer el ridículo y deja que empiece el entrenamiento!— reclamó la ojiverde desde la puerta del gimnasio.

— ¿Cabeza de pimienta?—preguntó curioso Takamiya.

— Es el nuevo apodo de Hanamichi, con Sally parecieron no simpatizarse nada, entonces ella le dice así por el color de su cabello— explicó divertido Yohei. Mientras tanto, Sakuragi gruñía.

— ¡Niña! ¡Si no me soportas vete de aquí, no tienes porqué venir a arruinar mis entrenamientos y deja de llamarme cabeza de pimienta!—reclamó el pelirrojo, todos veían curiosos el conflicto.

— ¡No me iré!... MI amigo Yohei me invitó y no me iré— respondió mientras tomaba del brazo al muchacho.

— Agh ¡Yohei sácala de aquí!—exigió el número diez.

— Lo siento Hanamichi, no puedo llevarla contra su voluntad— se excusó.

— Maldición, esto no puede estar pasando— refunfuñó el pelirrojo, entonces dirigió la mirada nuevamente hacia la puerta del gimnasio, entonces notó la presencia de tres chicas que con melancolía veían el gimnasio— "Lo tengo"— pensó sonriendo victorioso— ¡Oigan ustedes!—le habló a las muchachas— ¿Saben por qué se fue su querido Rukawa?—preguntó el muchacho, las chicas negaron con la cabeza— Pues esa chica que está a su lado es la culpable, ella le prestó su casa en Norteamérica para que pudiera irse— relató— ¿No le dirán nada?—preguntó con malicia.

— ¿Es cierto lo que dice?—preguntó una de las porritas.

— ¿Por tu culpa se fue nuestro Rukawa?—añadió otra.

— Claro que si, es culpa de ella— intervino el pelirrojo.

— ¡No le lo perdonaremos!—pronunció una de ellas

— ¿Mmh?—articuló con perplejidad la castaña.

— Si no fuera por ti nuestro Rukawa estaría aquí— agregó otra de ellas.

— ¡Es cierto, es cierto!—las otras dos porritas apoyaron al unisón.

— ¿Pero de qué hablan?—preguntó Sally cruzándose de brazos.

— ¡Al ataque!—dijeron las jóvenes mientras salían corriendo hacia la muchacha.

— ¡Esperen, no!—prorrumpió la muchacha mientras corría intentando huir de sus perseguidoras.


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