Disclaimer: Los personajes de Slam Dunk no me pertenecen sino a su creador Takehiko Inoue.
Cumpliendo Un Sueño: Norteamérica
Capítulo #9: La búsqueda inicia
Una nueva jornada había terminado en Los Ángeles, ahora Megan se hallaba en casa sentada sobre un sofá examinando algunos acordes para su guitarra, el silencio dejaba en evidencia su soledad, que acabaría en cuanto Rukawa regresara de su entrenamiento, aunque en realidad para la muchacha, con o sin su presencia, la situación cambiaba escasamente. No tardó en sonar el teléfono, el que acabando con el mutismo de manera repentina, logró sobresaltar a la muchacha.
— Maldición— musitó tras lo cual se puso de pie para coger el teléfono— Habla Megan Bruce— pronunció una vez con el teléfono.
— ¡Hermana, que bueno que ya estás en casa!—se oyó la voz jubilosa desde el otro lado del teléfono.
— ¡Sally, que alegría escucharte! ¿Cómo estás?—saludó gratamente la chica de ojos celestes al oír a su hermana.
— Bien, aunque extrañándolos mucho— expresó algo entristecida— ¿Y ustedes cómo han estado?— preguntó ahora la ojiverde.
— Bueno, como de costumbre papá anda de viaje en viaje, y yo aquí estoy bien— contestó musitante Megan— Pero dime ¿Cómo te ha ido en Japón? ¿Han sido amables contigo?—preguntó preocupada la pelinegra.
— Si, los señores Rukawa son muy amables, se han portado muy bien conmigo—comentó con agrado— Mi único problema es un torpe de mi salón que no hace más que fastidiar— espetó Sally, Megan rió divertida.
— ¿Por casualidad no será amigo de Kaede? Ese chiquillo siempre encuentra la manera de hacerme enojar— comentó Megan mientras se acercaba con el teléfono al sofá para sentarse.
— De hecho, el torpe no soporta oír su nombre, lo odia, incluso me culpa de que se haya ido a Japón para huir de su rivalidad y otras tonterías sin sentido— pronunció con fastidio la ojiverde.
— Bueno, aquí Kaede ya tiene un enemigo… adivina quién es— pronunció burlescamente Megan.
— No me digas que…
— Si, Eddy, incluso vino un día a casa borracho culpándolo de que te hayas ido a Japón, por suerte estaba papá, o de lo contrario alguien hubiese resultado herido— comentó divertida la chica de ojos celestes.
— O sea que tanto a Rukawa como a mí nos persiguen los pelirrojos, no puedo creerlo— espetó Sally.
— No me digas que el chico de tu salón también es un pelirrojo— pronunció divertida Megan.
— Si, igual de insoportable— musitó la castaña, Megan reía a carcajadas— No te rías, no es gracioso— añadió fingiendo tristeza tras lo cual largó a reír a coro con su hermana— Bueno pero ahora cuéntame ¿Qué tal es Rukawa? Lo he visto en algunas fotografías y se ve muy guapo, aquí tiene un club de admiradoras que lloran su partida— expresó Sally mientras reía.
— Ah, el chiquillo… bueno no es malcarado — pronunció de mala gana— Pero es un traumado, nunca habla, es antisocial— musitó casual.
— ¿Lo dices enserio?
— Si… pero bueno, cambiando de tema ¿Cómo te ha ido con el asunto de Nanami?—preguntó ahora Megan mientras se recostaba en el sofá.
— No le digas así, es nuestra madre— corrigió algo molesta Sally.
— No es mi madre… ella nos abandonó, no merece mi respeto— expresó la pelinegra.
— Pero Megan, lo hizo por amor, y quizás está arrepentida, no seas tan dura— pidió la ojiverde, quien creía en que las cosas eran solucionables.
— Sally no quiero discutir contigo, ya sabes mi postura y yo la tuya, no volvamos a lo mismo ¿Quieres?— pronunció intentando mantener la calma Megan.
— Esta bien, bueno, sobre tu pregunta, en realidad no he tenido mucho tiempo para investigar, además es muy difícil conseguir información privada, así que no he avanzado mucho— expresó algo desalentada.
— Bueno, aquí te tengo la dirección de donde vivía Nanami antes de casarse con papá, él me pidió que te la diera, tenía planeado llamarte pero tú lo hiciste antes— relató la chica de ojos celeste mientras se reincorpora y abandonaba el sofá para ir por la agenda que estaba junto al teléfono.
— ¿Lo dices enserio hermana?—preguntó emocionada la chica de ojos verdes.
— No, bromeo… Claro que si— pronunció mientras tomaba la agenda entre sus manos— Anota— añadió mientras daba la dirección.
Aquella tarde habían pasado algunas horas, ahora Kaede Rukawa dormía plácido sobre su cama, el no haber participado nuevamente en un entrenamiento, no era excusa para realizar su pasatiempo favorito, sin embargo de pronto un estruendoso ruido lo hizo despertar de golpe y reincorporarse inconscientemente sobre la cama, el ruido llamó poderosamente su atención, por lo cual se apresuró en salir a investigar de qué se trataba, pronto se halló en el patio de la vivienda, unos enormes amplificadores acompañaban a la joven de ojos celestes, quien con una guitarra eléctrica tocaba una melodía que parecía ser rock, el ex Shohoku le observó curioso durante largo rato, de pronto la muchacha por inercia miró hacia atrás, donde se hallaba el muchacho.
— Ah… Hola Kaede— saludó amable la muchacha.
— Hola— correspondió el chico de mirada fría.
— ¿Qué haces aquí? Creí que estabas durmiendo— comentó la chica mientras dejaba su instrumento sobre uno de los amplificadores y caminaba hacia el muchacho.
— "¿De verdad cree que puedo dormir así?"— pensó el muchacho sintiendo que le tomaba el pelo— Acabo de despertar— respondió ahora.
— ¿Sí?
— ¿Qué hacías?—preguntó con imperceptible curiosidad, la música que había podido escuchar parecía agradarle.
— Ensayo— respondió escuetamente la muchacha mientras tomaba un vaso de jugo que tenía sobre una pequeña mesita en el lugar— Es para la banda de la escuela— explicó ahora.
— ¿Una banda?
— Si, una banda… Ser vocalista y guitarrista a la vez me hace tener que ensayar el doble, por eso lo hago también en casa, no me gusta que las cosas salgan mal en las presentaciones, tengo una reputación que cuidar— expresó casual.
— Y qué música tocas— preguntó en su eterno tono neutro.
— Rock, es mi favorito, me ayuda a concentrarme— respondió mientras veía como de uno de los bolsillos de Kaede asomaba un audífono blanco, lo que le hizo querer sacarlo.
— ¿Qué haces?—preguntó molesto el ex Shohoku mientras veía como su personal estéreo caía en manos de la joven.
— Sólo quiero ver qué escuchas, a pesar de todo, son las únicas voces que toleras oír, como eres el antónimo a la sociabilidad— comentó irónica— Será interesante saber los gustos del chiquillo— añadió divertida mientras se ponía un audífono, su sorpresa fue enorme al oír que la música que oía era idéntica a la que ella solía oír y además interpretar en su banda— Vaya, al parecer tienes buen gusto por la música chiquillo— pronunció divertida— Un día podrías ir a una de mis presentaciones, te divertirías— opinó mientras le devolvía su personal.
— Jamás— musitó tajante.
— ¿Mmh? ¿Por qué lo dices chiquillo?—preguntó curiosa.
— No quiero perder la audición al escucharte cantar— espetó provocando la furia de Megan.
— ¡¿Qué dijiste?! ¡Sólo eres un chiquillo maleducado, no sabes lo que estás diciendo ya verás!—amenazó fuera de sí la joven tras lo cual dejó unos instantes que el silencio se adueñara del lugar para dar cabida a una respuesta de su interlocutor, Kaede sólo bufó— ¿Qué se supone que significa eso?—preguntó molesta, ahora el ex Shohoku se encaminó de regreso a la vivienda escuchando de fondo los reclamos de la muchacha que no dejaba de sentirse molesta con las palabras de Rukawa— Dice poco pero sabe cómo hacer enfadar— refunfuñó la muchacha quedándose en su sitio.
Al día siguiente, acabada la jornada académica, Rukawa salía de su salón, pronto se encontró con Eddy, quien le abordó en su salida.
— ¿Qué quieres?—preguntó el ex Shohoku.
— Te traigo tu uniforme del club— respondió el pelirrojo mientras le entregaba un envoltorio, Kaede lo recibió.
— Gracias— agradeció tras lo cual retomó su camino. El chico del club de diseño le siguió hasta las afueras del establecimiento ante la indiferencia de Rukawa que al notar la insistencia de Eddy, se detuvo súbitamente— ¿Por qué me sigues?—preguntó algo molesto.
— ¿Qué?— susurró con leve asombro— ¡Yo no te estoy siguiendo tonto!—añadió sintiéndose ofendido.
— Entonces qué haces— preguntó mirándole con el rabillo del ojo el ex Shohoku.
— Sólo vivo en tu misma dirección, torpe— respondió irritado el pelirrojo, tras lo cual Kaede continuó su camino.
Pronto Rukawa estuvo frente a la casa de los Bruce, aún en compañía de Eddy.
— Si quieres decirme algo hazlo ya— murmuró resuelto el pelinegro volteando hacia el pelirrojo.
— Yo no… yo no quiero decirte nada— formuló con dificultad.
— Entonces adiós— se despidió el rival de Hanamichi mientras abría la puerta de la vivienda
— ¡Espera!—le detuvo repentinamente Eddy.
— ¿Qué quieres?— preguntó con imperceptible curiosidad Kaede volteando a verle.
— Bueno, lo que pasa es que… Bueno yo, quería o en realidad estuve pensando y…
— ¿Podrías darte prisa?— interrumpió molesto Rukawa.
— Esta bien, esta bien…— pronunció tras lo cual tomó algo de aire— "Diablos esto es humillante pero no me queda de otra opción"—pensó el pelirrojo mientras sentía algunas gotas de sudor invadir su rostro— Quería pedirte un favor— pronunció algo avergonzado el pelirrojo, el chico de mirada de témpano le vio extrañado.
— ¿Qué dijiste?—preguntó en su tono neutral, reprimiendo su curiosidad
— ¿Cómo sigue tu pie? Por lo que veo no entrenarás nuevamente— preguntó intentando dilatar su petición.
— Mañana regreso— respondió escuetamente— Di lo que ya, no me hagas perder mi tiempo— se comenzó a impacientar Kaede.
— Quiero que me ayudes… a regresar al equipo de básquetbol— formuló con dificultad susurrante, los ojos de Rukawa se abrieron en su máxima extensión.
Akagi, Kogure y Rukawa habían partido, y Sakuragi regresado, ahora al equipo de Shohoku se veía enfrentado al gran desafío de hacer imperceptibles aquellas ausencias en el Festival de los Deportes de Otoño celebrado en Hiroshima, donde se enfrentarían a rivales destacados a nivel nacional, y pudiendo quizás así, sellar aquella herida aún abierta, por la eliminación en semifinales ante quien sería el campeón del campeonato nacional.
— ¡Muchachos, después de todo nuestro entrenamiento debemos demostrarle a esos tontos el poder de Shohoku!— exclamó animado el nuevo capitán.
— ¡Sí!— respondieron al unisón mientras alzaban sus puños al cielo.
Pronto todos salieron de los vestidores rumbo la cancha de aquel gimnasio de Hiroshima, en cuanto se abrieron las puertas del gimnasio, los gritos animados de los espectadores no se hicieron esperar, mientras que en la cancha ya se veía calentando a los jugadores de Bakyusei, el primer rival de Shohoku.
— Vaya, se ve que esos idiotas vienen muy animados— comentó Mitsui mientras observaba a los jugadores del equipo contrario.
— Sí, pero pronto se les acabarán los ánimos— añadió Ryota.
— No estén tan seguros— intervino Ayako— El equipo de Bakyusei es un rival muy fuerte, en el campeonato nacional sólo perdió contra el Instituto Kainan en semifinales, seguramente vienen por una segunda oportunidad— expresó Ayako mientras se unía a la contemplación de los jugadores de Bakyusei, pronto unas grandes carcajadas interrumpieron el examen de los jóvenes.
— ¿Pero qué estás diciendo Ayako?... Si ese es un equipo de muy bajo nivel, ya verás cómo este genio los detiene sin inconvenientes— pronunció el pelirrojo tras lo cual volvió a reír escandalosamente.
— ¡Miren, es ese pelirrojo!
— ¡Es cierto, es Sakuragi de Shohoku!
— ¡¿Qué están diciendo?!... ¿Ese pelirrojo que le dio el último punto a su equipo en el partido contra Sannou?
— ¡Sí es él! …
— ¡Vamos Sakuragi, tu puedes!— eran algunos de los comentarios que se comenzaron a oír desde las gradas, llamando la atención tanto de Hanamichi como de los miembros del equipo. Pronto el número diez, comenzó a reír mientras tomaba su cabeza fingiendo modestia.
— Es que soy muy talentoso, ahora todos lo saben, no puedo ocultarlo… es una lástima— presumía divertido el pelirrojo.
— Bueno, ahora sólo podemos confiar en él, como ya no está Rukawa, él es la última esperanza de Shohoku— otro comentario de las gradas logró sacar de sus presunciones al autodenominado "Rey del Rebote" para irritarlo completamente.
— ¡¿Qué estás diciendo?! ¡Shohoku no necesita a ese tonto de Rukawa, le basta con este hombre tan talentoso, ese zorro apestoso no hacía más que estorbar!— discutía el chico de cabellos rojos al espectador causando el espontáneo rubor en sus compañeros de equipo, mientras Haruko reía divertida de las locuras de su amigo.
— ¡Hisashi!... ¡Aquí estoy Hisashi!— una voz desde las tribunas llamó la atención tanto del número catorce como de la hermana menor de Akagi.
— "Es ella"— pensó con asombro Haruko al ver en muchacha que saludaba al chico de cabello azulado, a la misma chica que caminaba hace unos días junto al joven de tercer año.
— Hola— saludó amablemente Mitsui mientras enseñaba una palma.
— ¡Tienes que jugar muy bien Hisashi, hazlo por mí!— añadió la joven.
— Esta bien— correspondió sonriendo el tirador de triples mientras guiñaba un ojo.
— "Se ve que se llevan muy bien, el capitán Mitsui es muy amable con ella… de seguro es su novia"— pensó la muchacha mientras sus mejillas se ruborizaban.
— ¿Estás bien Haruko?— preguntó la manager mientras se acercaba a la menor de los Akagi.
— A… Ayako— susurró mientras salía de sus cavilaciones— Si, estoy bien… gracias— añadió apresurada mientras desprendía momentáneamente de su cabeza, la imagen de aquella muchacha y Mitsui; y sonreía para confirmar con aquello sus palabras a la chica de cabello rizado.
— El partido está por comenzar, que pasen los equipos— llamó el árbitro. Pronto los jugadores de Shohoku estuvieron frente a Bakyusei.
— ¡Ryota, Yasuda, Mitsui, Kuwata y Sakuragi, ustedes pueden!— animó Ayako quien estaba junto al Profesor Anzai y Haruko, observaba el inicio del partido desde la banca.
— ¡Muchachos, deben darle un paliza a Shohoku, si no lo hacen, no serán capaces de derrotar a Kainan— decía el entrenador de Bakyusei desde la banca.
— Eso no tiene ni que decirlo… haremos trizas a estos tontos— pronunció el capitán de aquel equipo mientras veía con desdeño a los cinco chicos de Kanagawa.
— Miserable, nadie desprecia así a este talentoso— refunfuñó el pelirrojo mientras empuñaba una mano.
— Cálmate Hanamichi, ese tonto sólo está fanfarroneando— pronunció Miyagi intentando apaciguar los ánimos de su amigo.
— ¿Quiénes saltarán?— preguntó el árbitro.
— ¡Yo!—pronunciaron al unisón Sakuragi y el capitán de Bakyusei, entonces caminaron hasta el círculo central de la cancha.
El sol de mediodía iluminaba con todo su juventud la habitación de aquella muchacha de ojos verdes, quien vacilante, se debatía en decisión de comenzar su búsqueda, la búsqueda que la había llevado hasta Japón.
— Nunca pensé que hacer esto me resultaría tan difícil— susurró la joven mientras observaba un pequeño papel con una dirección— En éste lugar está mi madre, quiero verla, pero también estoy muy nerviosa por su reacción— añadió a su monólogo mientras se dejaba caer pensativa sobre su cama— "¿Y si me rechaza?"— se preguntó preocupada la joven— ¡No Sally Bruce! No puedes pensar así— se dijo mientras se ponía nuevamente de pie— Si ya estás aquí, y tienes esta dirección sólo deber ir y buscarla, es así de simple— agregó a sus palabras, tras lo cual tomó una pequeña cartera que cruzó en su cuerpo y partió rumbo a su destino.
— ¡Ryota, Ryota dame el balón, dámelo!— insistía el pelirrojo mientras corría a toda velocidad hacia la canasta, faltando cinco segundos para el final del segundo tiempo. Miyagi al notar la ventaja de su amigo se dispuso a lanzarle el balón, sin embargo dos jugadores de gran tamaño bloquearon su camino, imposibilitando al chico del pendiente ejecutar su cometido.
— No te dejaremos pasar— dijo uno de los jugadores de Bakyusei.
— ¡Ryota, Ryota!—repetía el número diez, el capitán de Shohoku le observó a la distancia con dificultad.
— "Demonios"— pensó el moreno intentando formular una solución.
— ¡Capitán!—pronunció un calmo Yasuda, que gracias a la doble marca a Miyagi, había quedado libre.
— ¡Yasuda!— prorrumpió el chico del pendiente mientras le daba un pase al muchacho de segundo año. Pronto el balón estuvo en manos de Yasuda, quien luego de avanzar hacia el tablero lo suficiente, le entregó el balón a Hanamichi, quien en cuanto lo tuvo en sus manos, dio un gran salto elevando rápidamente su mano derecha, con la cual sostenía el balón, lo dirigió con gran potencia hacia la canasta, poco a poco el balón se fue acercando a la canasta mientras el número diez sonreía sintiéndose victorioso.
— ¡Aquí viene una espectacular clavada!— anunció el pelirrojo, todos veían expectantes.
— Ese tonto, ha vuelto a intentarlo— murmuró Akagi mientras intentaba contener su molestia. Mientras tanto, Sakuragi ya casi tocaba con el balón la canasta, entonces suena el silbato del árbitro.
— "¿Qué? ¿Acaso ya cometí una falta?"— se preguntó sorprendido el pelirrojo.
— El partido ha terminado— declaró el juez del partido. Entonces el pelirrojo cayó al suelo de la impresión.
— ¡Sakuragi eres un estúpido!—reclamó Mitsui mientras se acercaba al número diez.
— ¡No tenías que hacerlo, acabas de salir de tu lesión, es muy riesgoso Hanamichi Sakuragi!— opinó la manager mientras le pegaba con su abanico al pelirrojo que aún yacía en el suelo— Pero Ayako ¿Por qué me pegas?—manifestó el diez mientras se ponía de pie acariciando su cabeza.
— No era necesario que lo hicieras, teníamos mucha ventaja— añadió la chica de cabello rizado señalando el marcador que indicaba a Shohoku como ganador con 136 puntos sobre Bakyusei con 92 puntos.
— Ayako tiene razón— intervino Miyagi. Pronto los muchachos de la banca corrieron a la cancha a felicitar a sus compañeros que habían alcanzado la primera victoria en Festival de los Deportes de Otoño.
La tarde ya había caído sobre Kanagawa, aquella muchacha de ojos verdes divagaba sumida en sus pensamientos y la mirada perdida en el césped del parque junto al cual caminaba, pronto encontró una banca vacía, en la cual después de unos breves segundos de duda, decidió sentarse dando un gran suspiro.
Aquel día que presumía le daría las respuestas que tanto anhelaba conocer desde el día que decidió viajar a Japón, se habían esfumado en el mismo instante en que llamó a la puerta de aquella vivienda donde vivía su madre…
"No puedo creerlo, jamás pensé que todo terminaría así, a pesar del temor que me causaba su reacción, guardaba la esperanza de que podría aceptarme. Pero nada de eso se cumplió… En cuanto salí de casa fui a la estación y tomé el tren que me llevaría hasta casa de mamá, creí que el viaje sería más largo, pero rápidamente estuve en mi parada. A poco andar ya me encontré en la manzana que Megan me había indicado la última vez que hablamos por teléfono, saqué de prisa de mi bolso la nota para comprobarlo, ahora sólo me faltaba detectar la casa, "Número 236", ese era el número de la casa de mamá, no tardé en encontrarla, es una casa enorme, se ve que le ha ido bien en la vida, eso me da gusto… En cuanto estuve en frente a su casa, sentí como mi corazón golpeaba con intensidad a mi pecho ¡Rayos! Estaba muy nerviosa, el temor y la esperanza se mezclaban con la ansiedad que me invitaba a tocar el timbre de aquella casa, pues no sabría si mi temor y mis esperanzas eran vanas hasta que hiciera real lo incierto, entonces me armé de valor y llamé a la puerta a través de ese timbre… Un timbre, un simple y maldito botón que me costaba tanto presionar, después de tomar algo de aire, llamé a la puerta, como si el aire me trajera más coraje… Que estúpido ¿No?.
Los instantes en que tardaron en obedecer a mi llamado se me hicieron eternos, en algún momento pensé en salir huyendo ¡Pero no! Ya estaba ahí y debía enfrentar a mi madre. Una mujer apareció ante mí, aparentaba la edad de mi padre, su cabello negro lo llevaba recogido en una coleta baja, sus ojos se ocultaban en una amigable sonrisa que pareciera eterna en su rostro. Se acercó a mí mientras secaba sus manos en un delantal que traía sobre su cintura ¿Es ella? ¿Es mamá? ¿Mi mamá? Me pregunté a medida que se acercaba, sentí mucha emoción, creo que mi respiración agitada me delataba, y como soy una llorona de primera, mis ojos no tardaron en recrear la imagen de la niña emocionada que se reencuentra con su madre perdida.
— Buenos días— fue lo primero que me dijo ella mientras hacía una reverencia, yo no dejaba de mirarla, no sabía qué hacer, ni cómo reaccionar, pero pronto volví en razón y tras pasar algo de saliva, hice una reverencia apresurada respondí escuetamente también con un "Buenos días".
— Dígame jovencita ¿En qué puedo ayudarle?—preguntó ahora sin cambiar su expresión sonriente mientras abría la puerta principal.
— Bueno, pues yo…— comencé a tartamudear como una idiota, siempre me ha costado un poco el hecho de hablar en japonés, pero claramente, hoy exageré— ¿Nanami? ¿Usted es la señora Nanami Mutsu?— pregunté intentando contener la emoción.
— ¿Cómo dice? ¿Nanami Mutsu?—me preguntó, su rostro de extrañeza me hizo salir rápidamente de mi emoción.
— Si, busco a la señora Nanami Mutsu, me dijeron que esta era su dirección— le dije ahora, suponiendo ahora que quizás la mujer con quien yo hablaba trabajaba para mi madre.
— Se equivoca, aquí no vive ninguna Nanami Mutsu, esta casa nos pertenece hace ya casi catorce años, quizás le dieron la dirección equivocada— respondió siempre amable.
— ¿Hace catorce años?—pregunté sorprendida, eso llamó mi atención, mamá en ese entonces ya había regresado a Japón, y seguramente se fue a vivir con su actual esposo… Seguramente vendió esta casa porque ya no la necesitaba— ¿Y no tiene información sobre sus antiguos dueños?—pregunté ahora, si no insistía jamás sabría de mamá.
— Lo lamento muchachita, no tengo información sobre ellos, lo último que supe fue que se marcharon a Tokio
— ¡A Tokio! Dijo… ¿Tokio?—no pude ocultar mi asombro, viajé desde Estados Unidos a Japón, a Kanagawa para que me digan que mamá vive en Tokio… De seguro esto es un mal sueño… ¡Sí! No puede ser más que eso ¡NO!"
Sally permanecía sumida en sus pensamientos mientras negaba con su cabeza y su rostro se ahogaba en las lágrimas que comenzaban a inundar su rostro, tomó con ambas manos su cabeza intentando reprimir los sollozos que se escapaban poderosos en su llanto.
— ¿Sola y triste? Eso es una mala combinación— una voz se oyó desde atrás de la banca donde estaba la chica de ojos verdes, su llanto se detuvo curioso, volteó a ver de quién se trataba.
— ¿Sendoh?—pronunció levemente sorprendida, como respuesta se encontró con una sonrisa amigable— Qué… ¿Qué haces aquí?—añadió mientras secaba rápidamente las lágrimas en su rostro, el chico de Ryonan de un brinco se sentó junto a la muchacha de cabello castaño mirando el horizonte, por donde se veían los autos transitar por las calles ya oscuras de Kanagawa.
— Creí que estarías apoyando a Shohoku en el Festival de los Deportes de Otoño— comentó el chico de cabello de puercoespín.
— Claro que no… estando ese pelirrojo con ellos no podría ir… Además, tengo cosas más importantes que hacer— respondió cabizbaja.
— ¿Más importantes? Sentarte en el parque a llorar por la noche arriesgándote a que algo malo te pase ¿Es más importante?—preguntó curioso y fingiendo inocencia Akira.
— ¡Tonto! Eso a ti no te interesa— pronunció molesta mientras se ponía de pie para retirarse.
— Espera un momento— dijo calmo mientras se ponía de pie.
— ¿Qué quieres?— preguntó con fastidio.
— Me di cuenta que te gustó mucho el ramen que cocinan en ese restaurante— comentó Sendoh mientras señalaba un local justo frente a ellos, Sally por inercia observó el lugar— Y después de haber estado aquí toda la tarde, creo que debes tener hambre… Vamos, yo invito— añadió tendiéndole una mano, Sally le observaba curiosa mientras pestañaba, Sendoh volvió a sonreír amablemente, ahora la chica frunció el seño.
— ¡Pero quién rayos te crees cabeza electrocutada! ¡Tú no me vas a seducir con comida! ¡No tengo hambre y no me interesa comer contigo! ¡¿Me oíste?!- reclamó fuera de sí mientras empuñaba sus manos y su rostro se sonrojaba súbitamente. Akira guardó silencio mientras la observaba con perplejidad, sin embargo su silencio fue interrumpido por el tormentoso rugir del estómago de la chica, que delataba lo que no quería asumir ante la estrella de Ryonan.
— ¿Lo ves?... Mueres de hambre, ven conmigo— pronunció Sendoh mientras la llevaba hacia el restaurante se Uozumi.
Sally ya había regresado a casa de los Rukawa, ahora Sendoh caminaba a paso sereno de regreso a la propia, algo en aquella muchacha norteamericana llamaba su atención y no sabía que era, por eso al verla en tal abatimiento, no pudo evitar intentar ayudarla, y al parecer lo había conseguido, ya que sus ánimos habían mejorado bastante, y se mostraba agradecida por el buen momento.
Akira se hallaba frente a su casa, cruzó la cerca principal, notando que la vivienda no estaba deshabitada, al parecer sus padres ya estaban de regreso, el chico sonriente se acercó a la puerta, una vez frente a ella buscó en su bolso de entrenamiento sus llaves, mientras lo hacía, escuchó el estrepitoso ruido de lo que parecía un vidrio quebrándose en el interior de la morada.
— ¡No sé porqué sigues diciéndomelo! Han pasado muchos años. Lo dejé todo por ti, eso debería ser lo más importante— Akira logró reconocer la atormentada voz de su madre.
— ¡Pues esperaba que no volviera a ser tema! Pero tú insistes en nombrar a esas muchachas… ¡Si las abandonaste era para pensar en mí y en nuestro hijo y no en ellas!— el contraargumento de su padre llamó poderosamente la atención de la estrella de Ryonan, quien decidió terminar de oír la conversación.
— ¡Son mis hijas! ¡Tienen quince y dieciséis años! ¡Quiero saber de ellas, no puedes negarme ese derecho!—reclamó la mujer, Sendoh desde la puerta escuchaba paralizado lo que acababa de decir su madre.
— ¡Las abandonaste en Norteamérica Nanami! ¡En Norteamérica! No deben querer saber de ti mujer ¡Entiéndelo!— rebató fuera de sí el hombre, los ojos de Sendoh se abrieron con desmesura mientras su piel palidecía ante aquel secreto que involuntariamente le era revelado.
GRACIAS POR LEER
¡Hola a todos! Bueno, después de largos meses regreso, lamento tan larga demora para quienes esperaban actualizaciones, pero la carga académica me mantuvo muy agobiada en los últimos meses, pero ahora no habrán problemas, ya que estoy de vacaciones y pretendo acabar esta historia pronto, ya que cada capítulo ya está decidido, sólo hay que escribirlos, probablemente en un principio no sean tan rápidas las publicaciones, ya que después de tanto tiempo sin escribir, se me ha hecho bastante dificultosa la labor de redactar, pero supongo que poco a poco retomaré el ritmo perdido. Reiterar mis disculpas a todos.
