Disclaimer: Los personajes de Slam Dunk no me pertenecen, sino a su creador, Takehiko Inoue.


Cumpliendo Un Sueño: Norteamérica

Capítulo #12: ¿Más que amigos?


Sus ojos se abrían lentamente, el entorno difuso a su vista la tenía desorientada, de manera paulatina todo se hacía más nítido. Un pequeño cuarto de paredes blancas y una gran ventana contra cuyo cristal se estrellaban aquellas gotas de lluvia que parecían con avasallante energía querer entrar en el lugar, fue lo primero que aquella muchacha pudo observar con mayor precisión.

— Por fin ha despertado— una voz a primera impresión no reconocible por la joven se expresó alegre mientras examinaba su rostro— ¿Se siente bien, señorita Bruce?— preguntó la mujer sonriendo— Tiene mejor semblante— comentó.

— Señora Rukawa— susurró con su voz aún algo débil— ¿Dónde estoy?— preguntó preocupada mientras se reincorporaba sobre aquella cama, al notar que aquella no era la habitación de Kaede, donde ella se hospedaba.

— Estamos en el hospital de Hiroshima— Sally le miró extrañada— Anoche el joven Sakuragi la encontró en muy mal estado en la calle, se desmayó y te trajo hasta aquí. Por mala suerte comenzó a llover, ambos quedaron empapados y comenzaste a delirar de fiebre— narró la madre de Kaede ante el silencio de Sally, quien comenzó a recordar los sucesos anteriores al encuentro con Sakuragi.

— Y él ¿Dónde está?— preguntó con la mirada perdida.

— Hoy tenía un partido con el equipo de Aiwa. No se quería ir sin que hubieras despertado, pero le pedí que fuera sin cuidado, que en cuanto despertara le informaría…— la muchacha le interrumpió repentinamente.

— Por favor… No le diga que ya desperté, es más… Ya tenemos que irnos— pronunció mientras se ponía de pie.

— Pero… ¿Por qué? Él está muy preocupado por usted señorita Bruce— expresó contrariada mujer.

— Por favor, primero vámonos, y en cuanto estemos en Kanagawa le diremos que desperté y que estoy bien— propuso la ojiverde, la mujer quiso decir algo— Por favor— pronunció suplicante. Y es que consciente del estado en que Sakuragi le encontró, la muchacha quería evitar cualquier pregunta de su compañero de salón.

— Esta bien, pero antes llamaremos al doctor para que te revise— dijo la mujer mientras salía de la habitación. Sally pudo respirar aliviada.


El partido estaba siendo muy reñido, el marcador lo relataba, y es que finalizado el primer tiempo tan sólo cada equipo había marcado 21 puntos, la constante en aquel juego era la sanción del árbitro por no encestar dentro de los treinta segundos correspondiente, pero el choque entre defensas y ofensivas no permitía que ninguno de los dos equipos cumplieran con su objetivo.

Ahora los chicos de Shohoku, jadeantes descansaban en los vestidores.

— Muchachos— el profesor Anzai se dirigió a los jugadores— Sé que se encuentran muy agotados, y que sus intentos fallidos de encestar los hacen sentir frustrados. Pero del mismo modo que ustedes no lo han logrado, a los jugadores de Aiwa no les han permitido encestar y de eso debemos sacar ventaja…— indicó apacible el hombre de cabellos canos.

— Pero ¿Cómo haremos eso profesor?— preguntó expectante a la respuesta el número catorce.

— Miyagi, Kuwata y Yasuda se encargarán de la defensa. La labor principal del joven Miyagi será robar el balón cuando la ofensiva esté intentando encestar— los muchachos oían con total concentración— Yasuda y Kuwata ayudará a cubrir a Sakuragi quien debe ser el primero en estar en la zona de tiro en cuanto Miyagi recupere el balón. En el caso de que el intento de Sakuragi por encestar falle o la defensa esté ejerciendo demasiada presión, Mitsui estará fuera de la zona para encestar canastas de tres puntos— añadió a su explicación.

— ¡¿Qué?! Eso quiere decir, que si este hombre tan talentoso no logra encestar, tendrá que pedirle ayuda a… ¡¿Mitsui?!— expresó boquiabierto.

— Exactamente Sakuragi— respondió Anzai— La combinación ofensiva estará a cargo de ustedes dos— añadió calmo.

"Que humillación, porqué siempre tengo que estar jugando para ayudar a que se luzcan los pretendientes de Haruko. Eso no es justo"— cavilaba refunfuñante el pelirrojo, mientras que sentía como una mano amistosamente se colocaba en su hombro.

— Ya sabes Sakuragi, debes pasarme todos los balones que recibas en la zona de tiro— indicó Mitsui mientras guiñaba un ojo.

— ¡¿Qué?! ¡A caso estás insinuando que este genio no será capaz de encestar ni un solo balón!— reclamó el número diez mientras intentaba abalanzarse sobre su compañero— Ya verás miserable— pronunció amenazante mientras sus compañeros de equipo se apresuraban a detenerlo.

— ¡Hey! ¡Qué te está pasando Sakuragi! Sólo era una broma, te tomas las cosas muy enserio— expresó contrariado el chico de cabello azulado por la actitud del pelirrojo.

— Eres tú el que me está provocando— reclamó mientras trataba de zafarse de las manos de sus compañeros que le impedían cualquier movimiento— ¡Ya, suéltenme!— prorrumpió a la vez que divorciaba con violencia de sus compañeros— Ahora sí…— dijo mientras se acercaba a Mitsui. Alguien aclaró la garganta, Mitsui y Hanamichi al instante voltearon hacia el ejecutor de aquel ademán.

— ¿Se están peleando?— preguntó Anzai con imperceptible tono amenazante.

— No profesor, se equivoca— se apresuró en responder Mitsui.

— ¿Joven Sakuragi?...— preguntó ahora, entendía que el punto de discordia era el pelirrojo, este con las manos metidas en los costados de su pantalón se limitó a refunfuñar.

— Sí, Mitsui tiene razón— sabía que salir del partido sólo empeorarían las cosas.


Aquella muchacha de ojos celestes, como de costumbre, se encontraba sentada sobre un sofá mientras practicaba algunas piezas musicales en su guitarra, refunfuñando cada vez que algo que cometía algún error. Sumida en su distracción y pasatiempo favorito, no había notado el sonido de lo que parecía el rebotar de un balón de básquetbol. Al advertirlo, esto llamó la atención de la muchacha, por lo que guiada por la curiosidad se dirigió hacia el patio, de donde provenía el ruido, pronto lo pudo observar. Rukawa practicaba en solitario el dribleo, tiros sencillos, tiros con salto y algunas clavadas. Megan le observaba pensativa.

— "Realmente la pasión de este niño es el básquet. La energía que ahorra en hablar, la utiliza para jugar"— cavilaba sonriente mientras negaba con la cabeza— "Debo reconocer que es sorprendente. Bueno, por algo lo invitaron a jugar desde Japón ¿no?"— añadió a sus meditaciones, tras lo cual, el estruendoso sonido del teléfono la hizo salir súbitamente de ellas— Demonios, deberían hacer teléfonos menos escandalosos— refunfuñó mientras se encaminó rumbo a la sala para responder la llamada— Casa de los Bruce— pronunció seria.

— ¡Hermana!— la voz al otro lado del teléfono se oía feliz.

— ¡Sally! Que bueno que llamas. Cada vez que he intentado comunicarme contigo, me dicen que no estás. Se ve que no pierdes el tiempo para hacer vida social hermanita— bromeó la chica de ojos celestes.

— Sí, en parte tienes razón. He compartido mucho con una persona— respondió con un suspiro nostálgico.

— ¿Y por qué lo dices así? ¿Es un chico?— preguntó con picardía Megan mientras se sentaba en el mismo sofá donde estaba antes.

— Sí, es un chico…— contestó con desaliento.

— ¡No me digas que te hizo algo, porque si es así… Ahora mismo voy a Japón y le doy su merecido!— expresó amenazante la muchacha ante su suposición.

— No, no estás equivocada. Él no me ha hecho nada. Al contrario, es un buen chico— corrigió aún algo cabizbaja.

— ¿Entonces?...

— ¿Recuerdas a Akira, el chico del que te hablé?

— Ajá…

— Bueno, como por arte de magia aparecía cuando necesitaba de alguien. Y así nos hicimos amigos— relató la ojiverde.

— ¿Y eso es malo?— preguntó la pelinegra sin saber a qué iba su hermana.

— No, ese no es el problema— respondió— Ay algo que debes saber…

— ¿Qué cosa?— preguntó curiosa.

— Verás, esto fue un tanto chocante para mí— introdujo.

— Ya Sally, ve al grano… sabes que no me gustan los rodeos y estás dando muchas vueltas— reprendió impaciente la chica de ojos celestes.

— Akira, él es hijo de nuestra madre…— formuló con dificultad, era la primera vez que lo decía en voz alta, lo cual parecía hacerle confirmar lo que aún parecía no terminar de asimilar.

— ¡¿Qué dijiste?! Que ese chico, Akira… ¡¿Es nuestro hermano perdido?!— voceó con asombro Megan.

— No, te equivocas. Akira va en segundo año de preparatoria, tiene tu edad. Y nuestro hermano tiene diecisiete, un año más. Al parecer, el padre de Sendoh también hizo su vida mientras mamá estuvo en Estados Unidos— comentó sus suposiciones la castaña.

— Rayos, esto sí que es confuso— espetó Megan— ¿Pero todo eso te lo dijo él? ¿Cómo fue que llegaste a la verdad? No lo entiendo… Tú misma me dijiste que Nanami ya no vivía en Kanagawa— interrogó contrariada.

— Me comentó que sus padres tenían problemas, y que los había escuchado decir que su madre había abandonado a dos hijas de nuestras edades en Estados Unidos y además que su madre se llama Nanami— relató.

— ¿Y qué hiciste? Supongo que le dijiste quién eres tú— pronunció de manera afirmativa.

— No pude…— susurró cabizbaja.

— ¿Cómo que no pudiste Sally?— preguntó sorprendida la mayor de las Bruce— ¿No fuiste hasta Japón para encontrar a nuestra madre? Si encontraste a su hijo debiste decirle la verdad maldita sea— reclamó Megan.

— Entiéndeme hermana. Para mí Akira se volvió un gran amigo en Japón, no podía decirle eso así nada más. Me da miedo que me rechace— expresó apenada.

— Bueno hermanita, tendrás que armarte de valor, fuiste hasta allá para encontrar a Nanami, estás a un paso de ella. No puedes huir si ya encontraste lo que tanto querías— opinó ahora la pelinegra.

— No lo sé. Por ahora no pienso hacer nada. Necesito pensar bien las cosas— respondió en medio de un suspiro.

— Esta bien, como quieras. Es tu decisión. Pero recuerda que no puedes dejar pasar mucho tiempo. La verdad siempre sale a la luz de alguna manera. Y si realmente no quieres perder la amistad de Akira Sendoh, tendrás que decirle pronto que tú eres una de sus medias hermanas abandonadas— dijo ahora mientras se recostaba sobre el sofá. Prontamente se encontró con el rostro de asombro de Rukawa, quien escuchaba inmóvil las palabras de Megan.

— "Kaede"— pensó sorprendida al verlo ahí— Bueno Sally. Te dejo hermana, tengo un asunto que atender, te cuidas hermanita— comenzó a despedirse repentinamente mientras se ponía de pie.

— Pero… ¿Por qué? ¿Sucede algo?—interrogó extrañada la ojiverde.

— No, pero tengo que salir, lo había olvidado y voy muy tarde— mintió.

— Esta bien. Saluda a papá de mi parte, dile que lo extraño mucho— se despidió Sally.

— Sí, sí. Adiós— se apresuró en colgar. Tras lo cual redirigió la mirada a Rukawa— Qué hacías escuchando mi conversación telefónica, Kaede— gruñó molesta.

— Llegué en mal momento— pronunció en su eterno tono neutral.

— Eres la inoportunidad en persona, chiquillo— volvió a gruñir.

— Entonces ¿Es cierto?— preguntó ocultando su curiosidad bajo la imparcialidad de su voz.

— De nada servirá que lo niegue todo— pronunció sonriendo de medio lado, asumiendo la derrota. Kaede negó con la cabeza— Bueno. Entonces prepárate para escuchar mi absurda historia de vida— espetó. Rukawa se sentó para escuchar con atención a la muchacha. No entendía el porqué, pero algo más que la consanguinidad con Sendoh, le llevaba a interesarse por el relato de Megan. Entonces comenzó a oír…


— ¡Qué demonios estás haciendo Sakuragi!— reclamó el número catorce a su compañero mientras lo sujetaba con violencia de la camiseta— ¡¿Acaso lo quieres hacer todo tú solo?! Si no puedes encestar debes hacer lo que el profesor Anzai te dijo. Dame el balón para anotar canastas de tres puntos para que obtengamos la ventaja. Si sigues así solo lograrás que perdamos el partido— añadió a su protesta el chico de cabello azulado— ¡Mira!— prorrumpió mientras obligaba a mirar al pelirrojo hacia el marcador, el cual indicaba que Sannou llevaba la delantera con treinta y cinco sobre treinta y dos faltando cuatro minutos y treinta segundos para el fin del partido

— ¡Ya déjame!— prorrumpió el pelirrojo arrancando con ímpetu las manos de su compañero— ¡No puedo permitir que te luzcas! ¡No delante de Haruko!— expresó molesto el número diez.

— ¿De qué estás hablando?— Mitsui parecía no entender nada— Ya deja de hacer tonterías y deja que los demás participemos del juego. Si sigues así te convertirás en un individualista igual que ese torpe de Rukawa— dijo molesto Hisashi.

— ¿Qué dijiste? Que yo… ¡¿Me parezco a ese zorro?! ¡Ah, Mitsui ya verás!— el autodenominado rey del rebote se mostró ofendido ante la analogía de su compañero.

— Entonces demuéstralo y acuérdate que hay cuatro jugadores más contigo— dijo ahora Mitsui. Y es que consciente de que esta sería la última oportunidad para jugar un campeonato representando a Shohoku, las pérdidas de oportunidades por parte del pelirrojo, no hacían más que ofuscarlo.

"Yo no me parezco a ese tonto de Rukawa, eso jamás. Además, Haruko se ve muy preocupada porque vamos perdiendo. No puedo permitir que perdamos el partido"— caviló sintiendo la presión que significaba ganar el partido. Mientras tanto, el partido se reanudaba. El balón en manos de Ryota no tardó en ser lanzado a Hanamichi, quien a toda prisa ya cruzaba la cancha.

— ¡Síganlo! ¡No dará pases, sólo deben bloquear sus jugadas!— el director de Aiwa daba las instrucciones desde la banca. Sakuragi pronto recibió el balón, no tardó en llegar a la zona de tiro, brincó para encestar a la vez que dos jugadores de Aiwa lo cubrían.

"No puedo dárselo"— pensaba el pelirrojo al darse cuenta de que Mitsui ya estaba en el lugar indicado por el profesor Anzai. Sin embargo, en un rápido movimiento, Sakuragi le dio un pase a Yasuda, quien estaba dentro de la zona de tiro, éste con gran nerviosismo recibió el balón.

— ¡Yasuda!— Mitsui desde fuera de la zona le habló a su compañero, éste sin dudarlo le dio un pase. El número catorce para sorpresa de todos, encestaba una canasta de tres puntos dejando el marcador ahora treinta y cinco contra treinta y cinco. Los chicos de Shohoku celebraban jubilosos.

Los siguientes minutos fueron de continuo ir y venir. Ambos equipos hacían todo lo posible por tomar la delantera, pero dada lo compacta de la defensa opositora, no podían cumplir su objetivo.

Faltando tan sólo cuarenta y cinco segundos para el fin del partido, ante un descuido de Sakuragi, el equipo de Aiwa logró avanzar hacia la canasta sin mayores dificultades.

— ¡Qué estás haciendo tonto!— reclamó Miyagi mientras corría para defender, el pelirrojo le imitó alcanzando prontamente a su rival. Éste de un brinco se dispuso a encestar un tiro sencillo a la vez que Sakuragi lo bloqueaba, sin embargo dada la rapidez de su rival, en vez de golpear al balón, dio un golpe en el brazo a su rival.

Este no fue motivo para detener al muchacho, que logró encestar el balón. Al llegar al suelo, el silbato no tardó en sonar. Los chicos de Shohoku miraron al árbitro con asombro.

— Falta del número diez. Cuenta canasta más un tiro libre— sentenció el juez. Los muchachos sintieron palidecer ante aquellas palabras.

— "Maldición"— pensó Ryota.

— "Estamos acabados"— fue el pensamiento de Mitsui. Mientras que Sakuragi ni siquiera procesaba pensamientos.

Pronto el árbitro le hizo entrega del balón al delantero de Aiwa, quien sin mayor dificultad logró encestar, quedando ahora el marcador treinta y ocho contra treinta y cinco a favor de Aiwa.

El juego se reanudó, Ryota tenía el balón. El director de Aiwa habló a sus jugadores.

— ¡Muchachos, deben marcar a Sakuragi, los pases de Miyagi siempre van hacia él!— indicó el hombre, sus dirigidos no tardaron en obedecer haciendo una doble marca al pelirrojo para evitar que este avanzara hacia la canasta.

Mientras tanto, Miyagi rebotaba el balón para dar inicio a la jugada, dirigió una mirada cómplice a Mitsui, quien de inmediato entendió su señal. Ahora el hico del pendiente avanzó con el balón, Sakuragi se encontraba intentando librarse de la defensa, y haciendo una finta dio un gran salto que lo dejó momentáneamente libre.

— ¡Ryota dame el balón!— exclamó mientras aún estaba en el aire, Ryota utilizando un engaño fingió que le daría un pase, sin embargo, en un movimiento rápido le dio el balón al número catorce, quien avanzó un poco más con el balón, pero al ver que la defensa comenzaba a rodearlo redirigió el balón a Ryota que sin ser percibido por nadie, se encontraba bajo la canasta, encestando así un tiro sencillo, dejando el marcador treinta y ocho contra treinta y siete faltando tan sólo quince segundos para el fin del partido.

— ¡No se preocupen muchachos, sólo hay que defender!— el capitán de Aiwa daba aliento a sus compañeros que se mostraban asombrados por la última jugada.

— ¡Sí!— respondieron al unisón, tras lo cual reanudaron el juego.

Un defensa de Aiwa tenía el balón, sabía que el partido ya estaba ganado, pero también sabía que eso sería conseguido si lograban continuar con el balón en sus manos. La defensa de Shohoku no pensaba quedarse a esperar los ataques de Aiwa, entonces arriesgándolo todo salieron en búsqueda del balón desprotegiendo la propia canasta.

Aiwa se comenzó a mover, un pase apresurado hacia el capitán logró evitar que Sakuragi robara el balón, ahora era Yasuda quien debía presionar, sin embargo su rival no tardó en dar el balón a la estrella de Aiwa.

Diez segundos…

Sakuragi desde antes de ir al campeonato nacional ya lo había conocido, y a causa de su lesión no pudo enfrentarlo como tanto lo había deseado, y ahora tenía la oportunidad, en cuanto lo vio poseedor del balón, corrió a cubrirlo.

Ocho segundos…

Sakuragi marcaba e intentaba hacer lo posible por arrebatarle el balón, entonces no tardó en recordar el primer encuentro con Akagi.

— ¡Miren, está haciendo lo mismo que cuando no actúa como un sujeto normal!— comentó Noma desde las galerías.

— ¡Sí, tienes razón! Es lo mismo que hizo contra Gori— añadió Takamiya.

— ¿Qué tendrá pensado hacer Hanamichi?— pensó en voz alta Yohei.

Y es que utilizando su técnica de defensa múltiple, lo que a ojos de Uozumi en su momento era una "verdadera pared", impedía cualquier avance de su contendor.

Seis…

Hanamichi dejando en completo asombro e inmovilidad a su rival tomó el balón con gran facilidad.

— Esto me pertenece— pronunció mientras su rival abría con desmesura sus ojos— Los siento pero tendrás que venir el próximo año a probar suerte— le dijo burlesco, tras lo cual salió corriendo, sin embargo un defensa contrario logró recuperar el balón.

Cinco…

— ¡Ganamos!— exclamó feliz el nuevo poseedor del balón, sin embargo una mano intrusa lo sacó de su celebración.

— ¡Aún no!— dijo Miyagi mientras que con la punta de un dedo desviaba el balón hacia el costado derecho de la cancha, Kuwata entregando todas las energía que le quedaban saltó hacia el balón y dio un pase hacia el jugador que se encontraba más cerca de la zona de tiro.

— Pero… ¡Cómo lo hizo!— preguntó el capitán de Aiwa al notar que Sakuragi ya estaba en la zona de tiro.

— ¡Pero si hace poco estaba al otro extremo de la cancha!— prorrumpió mientras se ponía de pie el director de Aiwa— ¡Detengan a ese pelirrojo aunque sea lo último que hagan!— vociferó a sus jugadores, quienes ya intentaban bloquear su jugada.

Cuatro…

Sakuragi fingió querer avanzar para hacer una clavada, a lo cual sus adversarios le siguieron, pero rápidamente, brincó desde su posición y lanzó el balón como tiro con salto. El balón se dirigió lentamente hacia la canasta.

Tres…

Ayako, Haruko y los miembros de la banca veían paralizados el movimiento del balón. Mientras que Anzai en su eterno aspecto apacible también observaba con su mirada oculta bajo el reflejo de sus gafas.

Miyagi, Mitsui, Yasuda y Kuwata esperaban expectantes, y es que para ellos las jugadas del pelirrojo siempre tenían finales inciertos. Mientras que Aiwa no podía creer lo que estaba pasando.

Dos…

El balón choca en el tablero, todo parece indicar que caerá sin alcanzar su destino, los rostros de los miembros de Shohoku parecen palidecer y los de Aiwa iluminarse. Sin embargo el balón perdiendo fuerza para escapar de la canasta, cae dentro de ella.

Uno…

El árbitro le otorga los dos puntos correspondientes a Shohoku, y para Aiwa ya no hay nada que hacer. La banca de los chicos de Kanagawa corre a felicitar a sus compañeros, mientras que las managers se abrazaban brincando por el triunfo logrado. El marcador quedaba treinta y ocho contra treinta y nueve. Y Shohoku ya estaba en la final del Festival de los deportes de invierno.


Ya era día miércoles, y las miradas curiosas y los cuchicheos entre los estudiantes no pasaron desapercibidos para aquella joven de ojos celestes, quien lograba apreciar lo llamativo que estaba siendo para todos la presencia de Kaede Rukawa, éste sumergido en su mundo dentro del cual no había hospitalidad para lo que ocurría en su entorno, no notó nada.

— "Se ve que todos están sorprendidos por las habilidades del chiquillo. Claro, en el partido del lunes volvió a lucirse"—pensó la muchacha mientras negaba con la cabeza.

Pronto estuvieron frente a las escaleras, las que dividían sus caminos.

— Bueno chiquillo, hoy llegaré un poco más tarde a casa porque tengo reunión con la banda. Así que no te extrañe no encontrarme— comunicó casual, Megan.

— Esta bien— musitó.

— Adiós— se despidió ahora, tras lo cual iniciaron su camino en solitario hacia sus salones.

La chica de ojos celestes, dueña de una mirada vigorosa, daba la impresión de ser una joven presumida y de intereses triviales, sin embargo sólo se trataba de un carácter fortalecido por la ausencia de su madre y los constantes viajes de su padre. Situaciones que le hicieron enfrentar la vida con mayor rigor y asumir también la defensa de su hermana Sally, quien en su más tierna infancia solía ser de un temple un tanto vulnerable, pero que con el paso de los años, la admiración por su hermana le llevaron a imitarle.

El fisgoneo de los estudiantes durante su trayecto al salón aquella mañana comenzó a provocar aquel temperamento que durante el inicio de su jornada se hallaba imperturbablemente sereno.

— Ahí viene ella

— Luce como si no supiera nada

— Cómo puede, es una falsa…

Los comentarios de los estudiantes ya terminaran por colmar su paciencia.

— ¡Me pueden decir qué demonios les pasa!— vociferó fuera de sí.

— Miren, ahí está Megan, vamos— dos chicas acompañadas por Bianca se acercaron raudamente.

— Megan, que bueno que llegas— expresó jadeante la chica de ojos grises.

— Bianca… Podrías decirme por qué tanto alboroto y rumorcito de viejas chismosas entre estos idiotas— preguntó con fastidio la chica de ojos celestes.

— Es que la noticia sobre Kaede tiene a todos asombrados— comentó una de las acompañantes de Bianca.

— ¿Qué?— susurró curiosa Megan— Pero si el que se luce jugando básquetbol es él, entonces porqué todos me miran como si yo tuviera algo que ver con eso— preguntó aún molesta.

— ¿De qué hablas Megan? Ese no es el asunto, y todos sabemos que tú sabes de qué te estamos hablando. No finjas— expresó guiñando el ojo la otra muchacha.

— Ahora sí que no sé qué demonios está pasando— pronunció contrariada— Bianca, por favor explícame— solicitó ahora la joven de ojos celestes mientras se rascaba la cabeza con molestia.

— Mira— se limitó a decir la muchacha mientras entregaba un sobre a Megan.

— ¿Y esto?— preguntó soltando una pequeña risa.

— Son fotografías. Míralas— dijo Bianca. La mayor de las Bruce sacó las fotografías del sobre y comenzó a mirar.

— Es el chiquillo— musitó indiferente.

— Sí. Pero mira el resto y fíjate quien lo acompaña— articuló una de las muchachas. Megan cambió de fotografía y se encontró con una imagen de Rukawa y Eddie caminando por las calles de la ciudad.

— ¿Qué hace el chiquillo con Eddie? Ambos me negaron que fueran amigos— se preguntó en voz alta con extrañeza Megan.

— Como lo creí, no estaba enterada— susurró a sus compañeras Bianca.

— ¿De qué hablas, Bianca?— interrogó ahora la pelinegra.

— Lo que pasa, es que Eddy y Kaede, no son amigos… Si no, más que amigos ¿Me entiendes?— explicó con evidente nerviosismo la chica de ojos grises. Los ojos de Megan se abrieron reflejando su asombro. Las muchachas y quienes observaban la conversación se encontraban expectantes a la respuesta de Megan, sin embargo ésta permanecía en inacabable mutismo.

— ¿Estás bien?— preguntó con sigilo una de las muchachas— Megan ¿Me oyes?— replicó mientras la sacudía sutilmente— Oye Megan— repitió.

La muchacha de ojos celestes lentamente dirigió la mirada hacia sus interlocutoras que le observaba curiosas.

— Creo que reaccionó— masculló una de ellas. Algunas exhalaciones más pronunciadas comenzaron a ser emitidas por la joven, a la vez que una imperceptible sonrisa se comenzaba a dibujar en sus labios.

— ¿Qué le pasa?

— No lo sé… quizás la noticia le conmocionó— especulaban las muchachas ante la extraña reacción de Megan. Sin embargo pronto fueron sacadas de sus suposiciones por las escandalosas risotadas de la joven que la llevaba hasta las lágrimas.

— De… ¿De qué te ríes Megan?— preguntó desconcertada Bianca.

— Es que no lo puedo creer— pronunció entre carcajadas— Cómo pueden decir tantas tonterías— añadió mientras abrazaba su vientre.

— Pero si es cierto… pasan mucho tiempo juntos, intentando que sea secreto— relató una de las muchachas.

— Ya sabía yo que el chiquillo y Eddie eran amigos. Pero es obvio que no es nada más que eso. Es absurdo— expresó antes que las carcajadas volvieran a invadirla.

— Ya te dijimos que no son amigos. Sigue viendo las fotos— sugirió Bianca.

— Ok, ok. Seguiré viendo estas tonterías. Aunque déjenme decirles que están muy faltas de vida. Podrían ingresar a un club o si tanto les interesa Kaede, ir a animarlo a los partidos en vez de estarlo espiando y armarle historias de vida paralelas a la real— pronunció mientras reía, acto seguido, continuó viendo las fotografías entre las cuales pudo distinguir a Rukawa caminando junto a Eddie; visitándolo en el club de diseño y en una última fotografía, a ambos sentados en la playa, lo cual acabó con las burlas de Megan.

— ¿Lo ves?— pronunció con sigilo una de las muchachas— ¿Qué podrían estar haciendo dos chicos solos en la playa?—añadió con insidia; Megan sólo observaba la fotografía en silencio.

— Ja… ja— sus risas parecían haber perdido vitalidad.

— ¿Y qué piensas?— preguntó Bianca examinando curiosamente el rostro de su amiga.

— Bueno, opino que es asunto del chiquillo y de Eddie— pronunció fingiendo indiferencia mientras les devolvía las fotografías a las muchachas— Pero a mí no me metan en sus tonterías. Déjenme en paz— añadió mientras se retiraba hacia su salón.


Las horas habían avanzado y la inquietud en Megan parecía un invasor que no le abandonaría hasta confirmar los rumores protagonizados por aquel chico de mirada fría y el pelirrojo del club de diseño.

Demonios, aún no logro asimilarlo ¡Cómo es posible que el chiquillo me haya engañado de esa manera!... No puedo imaginar a Kaede y Eddie como… como…"— cavilaba mientras negaba con la cabeza—¡Ay ni siquiera soy capaz de pronunciarlo!— prorrumpió golpeando la mesa frente a la cual estaba sentada, alterando así la conversación que se llevaba a cabo con las chicas de la banda.

— ¿Sucede algo, Megan?— preguntó Bianca.

— ¿Eh?— susurró a la vez que se daba cuenta que el resto de sus compañeras le veían curiosas. Aclaró la garganta tras lo cual dijo— Nada… sólo que tengo que irme. Adiós— tomó de prisa sus cosas y se retiró súbitamente.


Sus jadeos evidenciaban su cansancio, y es que en cuanto pudo abandonar la reunión corrió rumbo a su morada, pronto estuvo próxima a llegar. A la distancia pudo ver cómo se abría la puerta del antejardín, pronto vio aparecer tras ella a Rukawa.

— "Es Kaede"— pensó curiosa. Pero sus ojos se abrieron de súbito al ver quién salía junto a él— E… Edd… ¡¿Eddie?!— formuló con dificultad, se apresuró en tapar su boca para evitar ser escuchada. Unos arbustos colindantes fueron utilizados por la joven como camuflaje para intentar averiguar algo más— "¿Saldrán de paseo?"—se preguntó al verlos, sin embargo al notar que se despedían corrigió su suposición— "¡Lo invitó a mi casa!... Kaede lo invitó a mi casa"— pensó con asombro mientras veía como se despedían, las mejillas de Megan de manera inconsciente comenzaron a arder— "Entonces… ¡Entonces es cierto! Kaede y Eddie…


MUCHAS GRACIAS POR LEER, ESPERO SEA DE SU AGRADO :)