Disclaimer: Los personajes de Slam Dunk no me pertenecen, sino a su creador, Takehiko Inoue.
Cumpliendo Un Sueño: Norteamérica
Capítulo #19: Y ella parece ignorarlo
Sus manos descansaban inquietas dentro de los bolsillos de su pantalón. En su ir y venir intentaba encontrar las palabras precisas para enfrentarse a aquella chica, a la vez que buscaba la valentía suficiente para tocar el timbre de aquella vivienda.
— "¿Qué le voy a decir?"— se preguntaba en medio de su caminata en las afueras de aquella casa— "¿Y si sólo estaba bromeando?"—reflexionó falto de esperanza — Pero se veía muy seria— articuló contrariado mientras se tomaba la cabeza y la sacudía con desesperación— ¡Ah! ¡Ya no sé qué pensar!— exclamó fuera de sí.
— Buenas tardes— una voz femenina le habló desde la puerta de la reja. El pelirrojo saltó de espanto saliendo de sus cavilaciones.
— Buenas tardes— formuló con dificultad volteando hacia quien le hablaba.
— Joven Sakuragi, lo he visto desde hace un rato fuera de la casa… ¿Busca a alguien?— la mujer se acercó hasta la puerta sonriendo amablemente.
— "Sabe mi nombre"— pensó curioso mientras le observaba del mismo modo— Este… Yo, buscaba a Sally, pero ya me iba— respondió tratando de restarle importancia a su explicación.
— Pues pasa… Ella está en casa— invitó a pasar sonriente la madre de Rukawa.
— Gracias— susurró.
Pronto entró a la vivienda siguiendo a la mujer, tomó asiento mientras que ella iba en búsqueda de la ojiverde.
El silencio reinaba en la sala de estar, lo cual pronunciaba la urgencia en su corazón, el que golpeaba con violencia en su pecho, lo cual no pasó desapercibido para el muchacho, quien tragó saliva intentando apaciguar sus emociones.
— "Ya me puse nervioso"— pensó Sakuragi cerrando sus ojos.
— Que bueno que te animaste a venir— expresó seriamente la muchacha que aparecía por un umbral. El pelirrojo le observó tímidamente. Sally vestía un pantalón negro y una camisa de cuadritos en tonos verdes y llevaba su cabello peinado en una larga y delicada trenza que caía en un costado de su rostro. El chico le observaba embobado mientras sus mejillas se encendían cálidamente— Espero que puedas aprender lo suficiente para tu extraordinario— añadió mientras se acercaba a él.
— "Que bonita se ve con esa trenza"— reflexionó admirado con su corazón aún más revolucionado.
— Qué te pasa… ¿Te comieron la lengua los ratones?— preguntó bromeando sutilmente logrando sacar al pelirrojo de sus cavilaciones.
— Sí— respondió atolondrado, la chica le observó con extrañeza— Quiero decir… No— se corrigió con más prisa aún mientras tomaba su cabeza.
— Que raro eres— espetó sonriendo de medio lado— Mejor vamos— añadió volteando rumbo hacia una mesa. Hanamichi le siguió en silencio.
Aquella tarde de domingo, aquel muchacho caminaba calmo hacia la puerta de la vivienda. Una fastidiosa pero necesaria misión debía llevar a cabo. No pretendía ocupar demasiado tiempo en aquello, sin embargo tampoco sabía muy bien que haría. Ya casi arribando al punto de salida, una voz familiar le detuvo.
— ¿A dónde vas hermanito? — preguntó divertida la muchacha desde las escaleras.
— Arisu— musitó viéndole de reojo— Saldré a hacer unas compras— contestó con desgano a la vez que tomaba la manilla de la puerta.
— ¿Qué? Tú ¿De compras?— pronunció con asombro.
— Es un regalo para el amigo secreto que organizó el club de básquetbol— espetó ahora. Su hermana se acercó interesada.
— ¿Amigo secreto?— preguntó curiosa— ¿Y quién es? ¿Qué le regalarás?— interrogó entusiasta.
— Ah… es la hermana de Akagi. Supongo que alguna de esas cosas que les gustan a ustedes las chicas— respondió casual retomando la acción— Adiós— se despidió abriendo la puerta principal.
— ¡Oye espera!— le detuvo Arisu mientras cambiaba sus pantuflas por sus zapatos de calle. Mitsui volteó hacia ella.
— Ahora qué quieres— musitó con fastidio.
— Iré contigo— respondió sonriendo— Con lo bruto que eres, serías capaz de comprarle quizás qué tontería… Prefiero ir contigo y asesorarte. Si esa chica llega a enterarse que fuiste tú quien le hizo un regalo, supongo que esperarías no decepcionarla— añadió guiñándole un ojo.
— Y sigues con eso— articuló con fastidio el chico de ojos azules.
— ¡Ay Hisashi, no te enojes! Sólo es una broma— pronunció divertida mientras tomaba de un brazo a su hermano— Y vámonos, que yo también quiero hacer unas compras y te necesito con mucha energía para que cargues mis bolsas— agregó divertida.
— Ya me parecía raro tanta preocupación— espetó con falso enojo el chico de Shohoku. Arisu le veía risueña.
Aquella joven movía de un lado a otro su cabeza, Hanamichi fruncía el ceño irritado.
— ¡Así no!— prorrumpió Sally— Volviste a cometer el mismo error— añadió mientras respiraba hondamente para prolongar su paciencia, las cejas del muchacho se alzaban una y otra vez involuntariamente.
— "¡Siempre me está corrigiendo!… Sólo el Gorila y Ayako me molestaban de esa manera. ¡Estoy a punto de explotar!"— reclamaba internamente el pelirrojo.
— Sigues sin conjugar los verbos como corresponde— indicó— Ya te dije que la terminación "ing" quiere decir "ando" o "endo" según corresponda en el verbo…— corrigió—Ejemplo: si ves el verbo "jump" más la terminación "ing"… Eso quiere decir "Saltando"… No saltar, ni saltó, ni mucho menos saltará.
— "Pero no puedo molestarme con ella, o si no lo arruinaré todo"— reflexionó sintiéndose presionado —Sí— gruñó tratando contener su molestia.
— Inténtalo de nuevo— sugirió resoplando la ojiverde.
— Esta bien— articuló de mala gana.
— Sally, no seas tan estricta con él— la compasiva mujer aparecía con chocolate caliente para los muchachos. El pelirrojo le observaba curioso.
— Créame que lo intento, señora Rukawa. Pero la paciencia tiene un límite y él está logrando que lo traspase— pronunció la castaña mirando con el rabillo del ojo a Hanamichi. Los ojos del pelirrojo se abrieron con desmesura.
— ¡¿Señora Rukawa?!— prorrumpió escandalosamente— ¿Es la mamá del zorro?— interrogó curioso.
— Sí, Kaede el zorro es mi hijo— respondió sonriendo divertida. Sally ensanchó sus ojos con asombro ante las palabras de su compañero.
— ¡Eres un tonto!— vociferó mientras golpeaba con energía la cabeza de Hanamichi, éste soltó un alarido de dolor.
— ¡Por qué me pegas!— reclamó sin entender la reacción de la chica.
— ¡Y todavía lo preguntas!… ¡Ahora entiendo porque te cuesta tanto trabajo traducir un simple texto!— expresó con molestia, luego se dirigió hacia la madre de Kaede haciendo una reverencia— Discúlpelo, no quiso decir eso— se disculpó.
— No te preocupes Sally— contestó siempre sonriendo. Aquella mujer presenciando algunos de los partidos de Shohoku, pudo ser testigo de la rivalidad entre los muchachos, la que además le hacía mucha gracia.
— Que extraño, a pesar de ser su madre no tiene la misma cara de zorro— reflexionó en voz alta mientras sostenía su mentón. Sally frunció el ceño con energía.
— ¡Ya deja de estar diciendo tantas tonterías! ¡Acaso no conoces la cortesía!—reclamó la castaña mientras volvía a golpear al muchacho. Sakuragi crujió sus dientes mientras se ponía de pie.
— ¡Ah! ¡Ya deja de estarme pegando! ¡Eres una chica muy insolente, no sabes tratar a un hombre tan talentoso como yo!— expresó escandalosamente.
— ¡Ya cállate y siéntate!— ordenó la muchacha mientras lo empujaba hacia el asiento. La madre de Rukawa reía divertida. Los muchachos le miraron curiosos.
— ¡De qué se ríe!— reclamó molesto el pelirrojo.
— Esa manera de comportarse, me recuerda mucho a mi juventud— respondió mientras suspiraba nostálgica— Cuando conocí a mi esposo, son idénticos— añadió. Sakuragi se sonrojó de súbito, a la vez que Sally se alejaba del pelirrojo cruzándose de brazos exagerando su indiferencia hacia el muchacho.
— Pues no lo creo— espetó la muchacha indiferente.
— Lo mismo decía yo— replicó divertida la mujer. Hanamichi rehuía avergonzado mirando hacia un costado, donde se encontró con un mueble sobre el cual descansaban algunas fotografías que lograron llamar su atención. En la primera de ellas, pudo ver a Rukawa junto a su equipo de básquetbol en Tomigaoka, otra junto a sus padres durante su graduación de aquella secundaria.
— "No cambia esa cara de zorro aburrido"— pensó al constatar que su expresión era impasible, tal cual lo seguía siendo en la preparatoria.
Pronto se encontró con otra fotografía, en ella la expresión del muchacho era algo más ligera e infantil, y lo que más llamó la atención del joven, fue quien acompañaba a Rukawa.
— "Es una chica"— caviló con asombro.
— Es Kaede en sexto grado de primaria— indicó la mujer al darse cuenta que el pelirrojo contemplaba las fotografías.
— ¿Eh?— masculló curioso— ¿El zorro en primaria?— preguntó interesado. La mujer asintió afable— ¿Y quién esa chica que está con él?
— Ella era nuestra vecina, fue una gran amiga de infancia de Kaede…— explicó mientras se sentaba a la mesa junto a los muchachos— Su nombre es Kazumi Fujima— indicó.
— Dijo… ¿Fujima?— pronunció con asombro Hanamichi— "¿Tendrá que ver con el suplente de Shoyo?"— reflexionó curioso.
— Sí, Fujima— corroboró la señora Rukawa— Al terminar la primaria se mudó con sus padres, nunca más volvimos a saber de ellos… Desde entonces Kaede no es el mismo— relató nostálgica.
— ¿Qué no es el mismo? ¿Acaso el zorro alguna vez no fue tan insoportable como ahora?— cuestionó con asombro.
— Si bien nunca fue muy expresivo, creo que con Fujima se sentía muy a gusto, y creo que su repentina partida le afectó mucho— contestó mientras contemplaba la fotografía.
— "Ya veo… así que el zorro tuvo una especie de primer amor en la primaria"— reflexionó curioso— Eso suena interesante— articuló sin notar que reproducía sus pensamientos. La madre de Rukawa sonrió.
— Bueno— pronunció mientras se ponía de pie— Ya no les quito más el tiempo, sigan con sus estudios— añadió mientras se retiraba.
— Sí— pronunciaron al unisón.
— Muy bien… continuemos— indicó Sally, el pelirrojo se apresuró en tomar el libro que tenía frente a él.
Aquella jornada laboral concluía para aquellos jóvenes, y como se había vuelto costumbre desde aquel incidente, Rukawa se encargaba de tirar a la basura los desperdicios del día. Una vez concluida aquella tarea, los jóvenes salieron del local y caminaron por las calles de Los Ángeles. Megan se detuvo repentinamente frente a la estación, el muchacho le miró de reojo curioso.
— ¿Qué sucede?— preguntó en la neutralidad de su tono.
— Iré a la preparatoria— contestó respirando hondamente la chica de ojos celestes.
— ¿Otra vez?— preguntó extrañado. Últimamente la muchacha frecuentaba la preparatoria después del trabajo.
— Sí. Es que me comprometí en ensayar con la banda después del trabajo a diario. Ya sabes, se acerca Año Nuevo y tenemos presentación, y con esto del trabajo de medio tiempo y la escuela, no me queda otro momento— indicó suspirando. Rukawa permaneció en silencio. Le preocupaba que la excesiva carga diaria de la muchacha le pasara la cuenta. Sin embargo la entendía, si él pudiera estaría jugando básquetbol hasta altas horas de la madrugada.
— Bueno, ya me voy. Nos vemos más tarde en casa— se despidió sonriendo de medio lado, Rukawa asintió y la vio alejarse mientras que frágiles copos de nieve comenzaban a descender desde el cielo. Una vez que ya la perdió de vista, continuó su camino hacia casa.
— Bueno… creo que los regaños sirvieron de algo… o al menos eso me has demostrado ahora— expresó la muchacha mientras dejaba escapar un respiro de cansancio.
— Bueno, eso es porque tú me enseñaste— indicó el muchacho mientras se tomaba la cabeza. Sally sonrió alzando una ceja.
— No seas adulón — espetó— Sólo hice lo que debía… Ahora quiero que des todo en ese examen— pronunció a modo de orden sonriendo mientras le guiñaba un ojo. Hanamichi se sonrojó de súbito— Recuerda que de eso depende que puedas participar en el campeonato de invierno— expresó la muchacha.
— ¡Sí, por eso te aseguro que pasaré ese extraordinario!— prorrumpió resuelto y entusiasta el pelirrojo.
— Claro… Y entonces tendrás mi permiso para derrotar a todos esos equipos del estado…— indicó divertida.
— ¡Sí, y también derrotaré a ese tonto de Send…!— la muchacha le interrumpió.
— A todos los equipos menos a Ryonan— corrigió esbozando una sutil sonrisa en sus labios— Para derrotarlos a ellos no tienes mi autorización— añadió.
— ¡¿Qué?!— exclamó escandalizado el chico de Shohoku.
— Lo que escuchaste, a Ryonan no lo puedes derrotar— pronunció divertida.
— "No entiendo porqué defiende tanto a ese miserable…"— cavilórefunfuñante—"Quizás ya se hicieron novios y por eso apoya tanto a Ryonan"— reflexionó ahora mientras que lágrimas infantiles asomaban en sus ojos— "Quizás lo mejor será que le pregunte… si no lo hago, jamás sabré que pasa entre Sally y ese puercoespín"— concluyó ahora resuelto.
— Y ahora qué le pasa— musitó con fastidio.
— Oye Sally— masculló tímidamente el pelirrojo.
— ¿Qué quieres?— preguntó con sutil fastidio. Los extraños y constantes monólogos y reflexiones del muchacho la turbaban constantemente.
— Yo quería preguntarte algo…— pronunció tímido.
— ¿Qué cosa?
— Bueno, yo quería saber si tú… quiero decir que…— formuló con dificultad.
— Habla pronto por favor…— Sally ya lucía impaciente.
— ¿Qué tipo de relación existe entre tú y Sendoh?— habló por fin. Los ojos de Sally se abrieron con desmesura.
— ¿A qué viene esa pregunta?— formuló con dificultad a la vez que se cruzaba de brazos.
— Es que, me he dado cuenta que tú apoyas mucho al puercoespín— susurró mirando el piso— Y eso me parece muy extraño— añadió alzando cuidadosamente la vista hacia la ojiverde. Ésta frunció el ceño en acto defensivo.
— ¿Qué es lo extraño?— cuestionó con molestia.
— Que sean tan cercanos, incluso te llama a diario… Ni siquiera en Shohoku tienes amigos— expresó sigilosamente.
— ¿Y eso cómo lo sabes tú?— pronunció con extrañeza la castaña posando sus manos en su cadera— ¿Acaso me estás acosando?— expresó con suspicacia.
— ¡¿Qué?! ¡No!— negó con rapidez— Es que me di cuenta porque estamos en el mismo salón, y mi lugar queda junto al tuyo en el pasillo ¿Lo recuerdas?— explicó, pronunciando lo último con rencor al recordar que ocupaba un lugar "privilegiado" dentro del salón por el arribo de Sally.
— Puede ser— musitó casual la chica— Pero bueno… lo único que te puedo decir es que Akira es una persona muy importante para mí— Hanamichi le escuchaba atento— Y lo quiero mucho— añadió. Aquellas palabras hacían eco en la cabeza de Sakuragi. Permaneció algunos momentos en silencio. Sin embargo no tardó en acabar con su mutismo.
— Entonces… ¿Qué tipo de relación existe entre ustedes?— repitió la pregunta inicial.
— Eso no te lo puedo decir… Y no es de tu incumbencia— espetó— Y ya deja de estarme interrogando. Ya averiguaste sobre la vida de Rukawa, ahora no quieras saber sobre la mía también— añadió— Sólo eres un curioso— pronunció esbozando una sonrisa de medio lado.
La noche había avanzado, el reloj marcaba las diez de la noche con cincuenta y seis minutos; faltaban tan sólo algunos instantes para que Megan regresara. Rukawa esperaba en la sala principal su arribo. La frágil nieve que caía cuando se habían despedido hace algunas horas, cada vez se hacía más violenta y amenazante, por lo que el chico prefería asegurarse de que regresaba con bien. Al fin y al cabo, estaban solos en esa casa.
La puerta principal no tardó en abrirse. El crudo sonido del viento manifestaba la intensidad del nevazón que caía aquella noche. Rukawa volteó en dirección a la puerta, no tardó en ver a la muchacha.
— Kaede… creí que ya estarías durmiendo— expresó a modo de salutación Megan a la vez que se acercaba al muchacho quitándose su chaqueta, la cual estaba cubierta de nieve.
— No tenía sueño— respondió en su tono natural.
— Eso es muy raro en ti— pronunció sonriendo. Rukawa le observó extrañado, el rostro de la muchacha era más pálido de lo que solía ser.
— ¿Qué tienes?— preguntó en la neutralidad de su tono.
— ¿A qué te refieres?— pronunció curiosa. Su mirada se veía frágil.
— Te vez extraña— respondió escuetamente examinado meticulosamente el rostro de la joven.
— Tonterías chiquillo. Estoy en perfectas condiciones — musitó sonriendo de medio lado—Sólo quiero darme una ducha— añadió volteando— Después bajaré a comer algo— comunicó caminado hacia las escaleras.
— Como quieras— masculló Rukawa.
Cumpliendo su deseo, la muchacha se dio una ducha para aliviar el cansancio provocado por aquella jornada que había comenzado temprano por la mañana en la preparatoria, y que había continuado más tarde en el restaurante, para concluirla ensayando con su banda. Sin duda, el momento más deleitante en su día, era aquella ducha.
Una vez concluido aquello, caminó hacia su habitación envuelta en una bata blanca. El silencio de la vivienda pronunciaba el rugir del viento que aceleraba la precipitación de la nieve de aquella noche. Un sutil escalofrío recorrió el cuerpo de la muchacha al recordar las gélidas calles que hace unos minutos había recorrido. Sacó del closet su pijama y lo dejó momentáneamente sobre su cama.
Se sentó unos instantes sobre una silla, sintió algo vaga su cabeza, la cual tomó con una mano mientras cerraba sus ojos para concentrarse en acabar con el malestar. Al cabo de unos segundos abrió sus ojos sintiéndose algo recompuesta, se puso de pie para retomar su acción. Sin embargo el estruendoso ruido del viento detuvo su actuar a la vez que la energía eléctrica sucumbía ante la violenta brisa.
— Demonios… lo que me faltaba— masculló con fastidio. A pesar de la oscuridad reinante, podía distinguir las prendas que vestiría. No tardó colocárselas.
Pronto salió de su habitación. Bajó a la primera planta y se encontró con Rukawa.
— Iré por unas velas, lo más probable es que no tengamos luz hasta mañana— comunicó la joven— Espérame aquí— añadió. Kaede se limitó a obedecer.
Una vez en la cocina la joven caminó sigilosamente hacia el mueble donde encontraría los objetos, abrió con dificultad al compartimiento donde se hallaban, sus energías parecían atenuarse progresivamente.
Una vez que las tuvo en sus manos buscó fósforos, los que no tardó en encontrar. Ahora caminó de regresó hacia la sala principal, sin embargo al llegar al umbral de la misma cocina, sus fuerzas parecieron no dar abasto para continuar. La joven se apresuró en auxiliarse sosteniéndose del umbral a la vez que cerraba sus ojos luchando por no ver cómo todo daba vueltas a su alrededor. Sin embargo su cuerpo se lo recordaba mientras sus piernas y manos se aflojaban al nivel de ya casi sentirlas ajenas. Entonces ya no pudiendo soportarlo, su cuerpo se desvaneció cayendo violentamente al piso.
Kaede desde la sala sintió el estruendoso ruido de algo cayendo al suelo.
— "Megan"— pensó de inmediato a la vez que se ponía de pie para correr rumbo a la cocina. No tardó en llegar a ella encontrándose en el cuerpo de la muchacha inconsciente frente a él— Megan… ¡Despierta!— prorrumpía mientras golpeaba con delicadeza una de las mejillas de la muchacha sin obtener respuesta— "Demonios"— pensó mirando a su alrededor. Se apresuró en tomarla entre sus brazos para llevarla hasta su habitación, guardó en uno de sus bolsillos dos velas y los fósforos que descansaban junto a Megan y subió cargando a la muchacha.
Una vez en la habitación de la muchacha, se apresuró en tenderla delicadamente sobre la cama. Encendió una de aquellas velas y la dejó en un mueble aledaño a la cama de la muchacha. Le observó y pudo ver como en su rostro pálido germinaban gotas de sudor y su cuerpo temblaba enérgicamente. Tocó cuidadosamente una de sus mejillas pudiendo notar que ésta ardía.
— "Y ahora qué hago"— se preguntó mirando su entorno. Pronto observó el teléfono que había sobre el mismo mueble donde había dejado la vela— "Un doctor"— se respondió a la vez que tomaba el objeto, sin embargo al hacerlo recordó que no sabía el número de ninguno. Pensó unos instantes buscando una solución. Entonces fue en búsqueda de paños húmedos que colocó delicadamente sobre la frente de la muchacha. Cada cierto tiempo los volvía a humedecer o los cambiaba. Después de un rato recordó una ocasión, en que aquella muchacha le había vendado una pierna cuando Billie le había golpeado al propio. Rukawa había olvidado que la muchacha tenía en su habitación un botiquín, entonces se apresuró en buscarlo, no tardó en hallarlo. Lo abrió con urgencia, allí encontró vendas, alcohol, parches y distintos sobres dentro de los cuales habían algunos medicamentos.
— "Resfrío" "Dolor de panza" "Relajante muscular" "Dolor de cabeza" "Insomnio" "Energizante" "Fiebre"— al fin daba con algo que podría ayudarle. Tomó el sobre y fue en búsqueda de un vaso de agua. No tardó en regresar con él. Miró a la muchacha y esta seguía inconsciente. Caminó hasta la cama de la joven y se sentó junto a ella. Colocó la medicina en su boca y le dio a beber un poco de agua para que pudiera tomarla, sin mayores problemas lo consiguió.
Pasaron alrededor de tres horas y Kaede seguía acompañando a Megan, al parecer sus malestares atenuaban progresivamente. Aquello lo dejaba más tranquilo, sin embargo no pretendía abandonarla. Acercó hasta la cama una silla donde descansaría y trajo desde su habitación una frazada, el frío de aquella noche parecía colarse hasta la vivienda y su cuerpo lo sentía.
Se sentó sobre la silla y se cubrió con el cobertor. La luz de aquella vela iluminaba tenuemente la habitación, Rukawa concentraba su atención en el rostro de la muchacha. Éste lucía calmo. Sacó de su frente un paño que parecía ya inútil. Al parecer la fiebre había desaparecido. Ahora sí, su semblante ya no sólo le parecía calmo.
También bello…
Su quietud le otorgaba un matiz inofensivo.
Incluso dulce…
Ahora que estaba dormida, podía contemplarla con mayor distensión. Su cabello negro acentuaba la palidez de su semblante. Sus orbes celestes descansaban bajo sus párpados, ahora quienes resaltaban, eran sus largas y dóciles pestañas negras, las que le otorgaban delicadeza. Su mirada exploró un poco más hacia el sur de su rostro, y se encontró con sus labios. El tono rosa de éstos los hacía bellos mientras gruñía, mientras sonreía y mientras dormía.
Inquietante…
Sus ojos permanecieron fijos en el matiz rosa de sus labios. Tan apacibles, parecían invitarle a degustar la dulzura que proyectaban. Kaede continuó su contemplación. Un sutil impulso le hizo abandonar su silla, para sentarse en uno de los costados de la cama de la muchacha.
Con su mano derecha acarició delicadamente una de las mejillas de la muchacha… Tan tersa y suave.
Tal cual se ve…
Respiró hondamente. Ahora corrió hacia un costado los cabellos que invadían el rostro de la muchacha. Se detuvo a observarle nuevamente… No se cansaba de hacerlo.
Cada día sus sentimientos se hacían menos innegables. La familiaridad con que la muchacha le trataba a diario, su sinceridad y el modo en que lentamente se había involucrado en su vida, haciéndole involucrarse en actividades que jamás antes habría imaginado le hacían alguien especial.
Incluso había llegado a pensar, que sin su compañía, probablemente la espera por retornar al club de básquetbol se abría vuelto mucho más angustiante y desesperante. Hasta quizás, ya abría decidido regresar a Japón.
Y ella parece ignorarlo…
Sin embargo eso ahora no importaba. Sólo sabía que no podía seguir negando sus sentimientos.
Ahora no…
Se acercó lentamente hasta el rostro de la muchacha. Los latidos de su corazón parecían agolparse en su pecho incesantes. Sin embargo no se detuvo. Pronto pudo sentir la calidez de la respiración de la joven chocando contra su rostro. Fijó su mirada en sus labios. Cerró sus ojos lentamente mientras disminuía la distancia, uniendo sus labios a los de Megan en un suave beso…
GRACIAS POR LEER, ESPERO SEA DE SU AGRADO :)
Reviews:
jorge 4: Hola! :) Me alegra saber que te ha gustado el capítulo anterior. Los celos de Megan uff, es algo impulsiva la chica, no puede esconder lo que siente xD. Y la pelea, creo que en las peores circunstancias Megan y Rukawa sacan a relucir sus sentimientos. Y Hanamichi, bueno, hay circunstancias en las que no puede evitar avergonzarse frente Sally, aunque la mayor parte del tiempo esté peleando xD. Bueno, aprovecho de avisarte que ya he respondido tu correo, espero que lo hayas recibido y de no ser así, que me lo informes para intentar nuevamente. Saludos y muchas gracias por leer y comentar C:
