Disclaimer: Los personajes de Slam Dunk no me pertenecen, sino a su creador, Takehiko Inoue.
Cumpliendo Un Sueño: Norteamérica
Capítulo #20: Noche Buena
Faltaban sólo una hora para que los jóvenes comenzaran a llegar al lugar acordado. Sin embargo las muchachas habían convenido reunirse antes para preparar algunas cosas para compartir.
Sally rebanaba un gran pastel de chocolate que había preparado para la ocasión. Haruko y Fuji servían refrescos en algunos vasos, mientras que Matsui y Ayako acondicionaban el comedor para la gran cantidad de jóvenes que concurrirían.
— Ese pastel se ve muy delicioso— comentó Haruko a la ojiverde, ésta asintió sonriendo.
— Sí. Cada año durante diciembre, con mi hermana trabajábamos en un restaurante de comida rápida, y ahí le pedí a uno de los chef que me enseñara a preparar pasteles— relató la muchacha.
— Debes extrañar mucho a tu familia— dijo Haruko.
— Sí, nunca olvido a mi padre y a mi hermana, siempre los extraño… Pero he conocido personas que se han vuelto muy importantes para mí aquí en Japón— contestó dibujando una sutil sonrisa en sus labios. Haruko correspondió del mismo modo.
— ¿No hablarás de Akira Sendoh de Ryonan?— la chica de cabello rizado se unía a la conversación.
— ¿Qué dices?— masculló la ojiverde.
— No creas que no me he dado cuenta como lo apoyas durante los partidos. Al parecer son muy amigos— opinó mientras guiñaba un ojo divertida. La castaña abrió sus ojos con desmesura.
— ¡No! ¡No es lo que estás pensando!... Quiero mucho a Akira, pero no es mi novio ni nada por el estilo— aclaró la muchacha sonrojada— "Rayos, estas chicas piensan que Akira es mi novio, si supieran que él es mi hermano"— reflexionó.
— Al parecer Hanamichi Sakuragi estaba equivocado, se la pasaba regañando porque decía que tú apoyabas a Ryonan porque él era tu novio— comentó divertida Ayako.
— "Ya veo, así que por eso me estuvo preguntando hace unos días qué tipo de relación tenía con Akira… Es un tonto"— reflexionó mientras negaba con la cabeza fastidiada. El sonido del timbre terminó por interrumpir el diálogo de las muchachas.
— ¿Quién será a esta hora? Le dijimos a los muchachos que llegaran a las tres en punto, pero sólo son las dos— dijo Ayako extrañada.
— Quizás tus padres regresaron antes— supuso Haruko.
— No, estarán todo el día en casa de mis abuelos— respondió la manager— Pero ya lo averiguaremos— añadió iniciando su camino hacia la puerta. A medida que se acercaba pudo notar la impaciencia de quien reclamaba atención— ¡Pero quién trae tanta urgencia!— vociferó mientras abría la puerta irritada.
— Hola— una voz divertida le saludó. La chica de risos le observó con asombro.
— ¿Hanamichi Sakuragi?— pronunció con extrañeza, tras lo cual frunció levemente el ceño— No te dije que comenzaríamos a las tres de la tarde, no a las dos— expresó mientras cruzaba sus brazos.
— Ah, si Ayako— pronunció casual— Pero quise llegar antes para darle una sorpresa a Sally ¿Ella aún no ha llegado verdad?— preguntó mientras buscaba a través de la puerta alguna señal de la joven.
— ¿Dijiste Sally?— preguntó curiosa.
— Sí. Sally mi compañera de salón— respondió gruñendo.
— Sí ella ya llegó— respondió casual tras lo cual alzó una ceja— Y también está Haruko ¿No preguntarás por ella?
— ¿Eh? ¿Dijiste Haruko?— pronunció curioso. Ayako asintió.
— Por lo que veo estás muy interesado en Sally, Hanamichi Sakuragi— expresó la muchacha pícaramente. El pelirrojo se sonrojó de súbito.
— ¡Ah! ¡Ya deja de estarme molestando, Ayako! ¡Por qué mejor no me invitas a pasar en vez de tenerme aquí!— reclamó mientras se quitaba sus zapatos. La muchacha sólo rió divertida— Permiso— gruñó mientras entraba a la vivienda. Pronto llegó hasta la sala.
— ¡Hola Sakuragi!— saludó entusiasta la hermana menor de Akagi mientras alzaba una mano.
— Hola Haruko— saludó agradable el pelirrojo, sus amigas saludaron al unisón al muchacho. La ojiverde recién notó la presencia del pelirrojo cuando llegaba desde la cocina.
— ¿Eh? ¿Y tú? ¿Acaso no sabes ajustar tu reloj? Falta una hora para que todo empiece—espetó casual la muchacha viéndole de soslayo.
— Sa ¡Sally!—pronunció con dificultad mientras que sus mejillas se encendían. Se apresuró en caminar hasta la joven— Que gusto me da verte— expresó mientras tomaba tímidamente su cabeza. Sally alzó una ceja sonriendo de medio lado y caminó hacia la mesa con los trozos de pastel rebanados.
— No me has dicho qué tal te fue con tu extraordinario— indicó la muchacha. El pelirrojo soltó una gran risotada.
— Bueno verás… Ese tipo de cosas para un hombre tan talentoso son sólo pan comido— contestó risueño.
— "Que presumido"— pensó la muchacha mientras negaba con la cabeza y dibujaba una sutil sonrisa en sus labios.
— Aunque sin tu ayuda no hubiera sido lo mismo— añadió rascando nuevamente su nuca, pronto dirigió su mirada por inercia al resto de las chicas, y no tardó en reconocer la sonrisa pícara de Ayako, entonces la expresión del pelirrojo se tornó agresiva— "Ah… ¡Ayako ya se está riendo de mí!— caviló mientras empuñaba sus manos. Haruko veía junto a sus amigas curiosa la escena. La menor de los Akagi, pronto dirigió la mirada a su reloj.
— Chicas creo que ya estamos en la hora ¿Vamos a cambiarnos?— pronunció la ojiazul.
— ¿Cambiarnos?— susurró curioso Hanamichi.
— Haruko tiene razón, ya todo está listo, sólo falta que nosotras nos cambiemos— comentó sonriendo Ayako.
— Entonces ¿Qué estamos esperando?— expresó Matsui.
— ¡Andando!— pronunció con entusiasmo Ayako. Las chicas le siguieron.
— Oigan, esperen— pronunció confuso el pelirrojo, las chicas voltearon hacia el muchacho— ¿A dónde van?— preguntó curioso.
— Vamos a alistarnos Hanamichi Sakuragi, tú quédate aquí y recibe a los muchachos que vengan llegando— replicó la manager de Shohoku.
— Esta bien— pronunció aún algo confuso.
La música navideña proveniente de distintos locales se fusionaba como ruido ambiente en el centro de Kanagawa, a la vez que la nieve caía con delicadeza. Aquel muchacho caminaba calmo con sus manos dentro de sus bolsillos. Se detuvo para contemplar el cielo gris y los copos de nieve en su caída libre.
— "A llegado el día"—pensó con su mirada firme y ceño levemente fruncido.
Pronto continuó su camino, no tardó en abandonar el centro comercial para llegar a la estación de trenes. Al llegar, inició su espera del tren que lo conduciría hasta su casa sentado sobre una banca. El ruido de los trenes que llegaban y partían del lugar y las voces de las personas en la estación se unían, sin embargo él no les prestaba mayor atención, sumido en sus reflexiones respecto a lo que ocurriría aquella noche ignoraba que ocurría a su alrededor.
— ¿Akira? ¿Akira Sendoh?— una voz curiosa sacó de sus cavilaciones al muchacho.
— "¿Qué?"— pensó saliendo de su distracción. Pronto posó su mirada en quien le hablaba, no tardó en reconocer a una chica de cabellos negros y lacios que caían rectos un poco más abajo de sus hombros, sus orbes miel, casi dorados decoraban su rostro tibiamente rosa.
— Akira… ¿No me digas que no sabes quién soy?— preguntó casi afirmativamente mientras sonreía divertida. El chico de Ryonan examinó curioso el rostro de la muchacha. La ingenuidad de su mirada y su sonrisa se le hacían muy familiares, comenzó a buscar minuciosamente dentro de su memoria, entonces pudo recordarlo.
— ¡¿Kazumi?! ¡¿Eres Kazumi Fujima?!—preguntó con asombro. La joven sonrió ampliamente, el muchacho correspondió del mismo modo— No puedo creerlo… ¡Realmente eres tú!— expresó jubiloso mientras se ponía de pie y colocaba sus manos sobre los finos hombros de la muchacha.
— Te costó bastante trabajo reconocerme… Si sólo hace dos años que no nos vemos— comentó divertida mientras sonreía con dulzura.
— Bueno es que estás muy cambiada… Hace dos años llevabas el cabello recogido en dos trenzas y te veías algo más infantil— confesó sonriendo— Pero dime… ¿Qué haces tú aquí? No me digas que también te mudaste desde Tokio—inquirió curioso.
— No… nada de eso. He venido a pasar una temporada a casa de mis tíos, desde hoy estaré con ellos— respondió agradable.
— ¿Dónde tus tíos?— masculló extrañado.
— Al fin te encuentro Kazumi— una voz masculina interrumpió el diálogo de los jóvenes.
— ¡Primo! ¡Qué alegría verte!— expresó la muchacha mientras se lanzaba jubilosa a los brazos del muchacho.
— Dijiste ¿Primo?— articuló con asombro Akira.
— Sí, te presento a Kenji Fujima, mi primo. Kenji, él es Akira Sendoh, un amigo de la secundaria que se mudó hace unos años a vivir a Kanagawa— presentó la muchacha, aquellos jóvenes se miraron sorprendidos.
— No hace falta que nos presentes Kazumi, ya nos conocemos— comentó el chico de Shoyo.
— ¿Qué? ¿No me digas que van al mismo instituto?— inquirió casi afirmándolo Kazumi.
— Te equivocas… Vamos en distintas preparatorias pero como ambos jugamos basquetbol, nos conocemos— explicó Sendoh.
— Es cierto… Que tonta soy, cómo no lo pensé antes— musitó sonriendo avergonzada la chica de cabello oscuro.
— Y cuéntame Sendoh ¿Cómo está Ryonan para el inicio del campeonato de invierno?— preguntó agradable el chico de tercer año.
— Con muchos ánimos, estamos muy ansiosos porque comience— contestó— ¿Y Shoyo?— devolvió la pregunta.
— Entrenando con muchas energías… No descansamos ni siquiera en navidad. Esta vez no nos dejaremos vencer por Shohoku— respondió el chico de cabellos castaños. Un tren que se avecinaba captó la atención de los muchachos.
— Cielos, ese es mi tren— articuló el capitán de Ryonan apresurado— Ya debo irme— anunció— A sido un gusto verte Kazumi— expresó sonriendo.
— Para mí también lo ha sido, Akira— correspondió haciendo una reverencia la chica de ojos dorados— Espero volver a verte— añadió.
— Lo mismo digo— indicó el chico de cabellos alzados— Adiós Fujima— se despidió ahora del capitán de Shoyo.
— Adiós— correspondió. Pronto el chico de Ryonan abordó el tren y tomó asiento.
— "Como pasa el tiempo, no puedo creerlo"— reflexionó Sendoh tras notar el cambio de su amiga en dos años de distanciamiento.
Los muchachos ya habían comenzado a llegar, tras Sakuragi, Miyagi llegaba con veinte minutos de anticipación para ver a Ayako, con diez minutos de antela, el ejército de Sakuragi arribaba, el pelirrojo no dejaba de discutir con Takamiya que intentaba comer algunos de los alimentos que las muchachas habían preparado, pronto también Yasuda, Kuwata, Kakuta y el resto de los muchachos llegaban en grupo, mientras que un desganado Mitsui llegaba con diez minutos de retraso, los cuales sin embargo no fueron advertidos por nadie, ya que las muchachas aún no terminaban de alistarse y los chicos conversaban en la sala.
— "No sé porqué rayos acepté venir aquí… ni siquiera están Akagi y Kogure"—cavilaba con fastidio el número catorce, quien se sentía un tanto ajeno al grupo en ausencia de sus compañeros de grado— "Para variar, mi hermanita me hizo comprar esta tontería para la hermana de Akagi… una cursilería"—añadió a sus reflexiones mientras fruncía inconscientemente el ceño, lo cual no pasó inadvertido para el número diez.
— Vaya Mitsui, veo que estás aburrido, pero ya te lo he dicho, eso es porque estás muy viejo, este tipo de fiestas no son para ti— expresó burlesco el pelirrojo soltando una escandalosa risotada.
— ¡¿Qué dijiste Sakuragi?!— prorrumpió molesto el tirador de triples mientras se ruborizaba del disgusto— "Y este tarado no deja de decirme que estoy viejo, es un idiota"— pensó molesto, Hanamichi reía divertido.
— Pero si hasta tu humor es como el de un anciano— comentó de nuevo molestando al chico de tercero.
— ¡Ya déjame en paz y deja de estar diciendo estupideces!— reclamó ahora Mitsui.
— Bueno, pero no te enfades Mitsuito— pronunció divertido.
— ¡Que no me llames Mitsuito!—refutó el chico de cabello azulado mientras se ponía de pie.
— ¡Ya, dejen de estarse peleando! Al menos esta tarde hagan el esfuerzo de llevar la fiesta en paz— intervino el chico del pendiente. Mitsui le fulminaba con la mirada al pelirrojo a la vez que éste reía silenciosamente— Ahora siéntense y esperemos a Ayako y las demás chicas— indicó el muchacho mientras alejaba a uno del otro— Muy bien, así está mejor— pronuncio el muchacho, su mirada por inercia viajó a las escaleras de la vivienda, entonces sus mejillas se tornaron rosa.
— A… Ayako— articuló con dificultad mientras veía embobado a la muchacha. El resto de los muchachos dirigió la mirada en la misma dirección que el capitán del equipo.
— S… Sally— el pelirrojo veía con admiración a la ojiverde sintiendo como sus mejillas se encendían ardientes. Un tercer sujeto veía impresionado a la hermana menor de Akagi. Los tres muchachos se pusieron rápidamente de pie ante la llegada de las muchachas. Tanto Ayako, Sally, Haruko, Matsui y Fuji vestían cada una un hermoso kimono de distintos colores.
La vestimenta de Sally era de un sutil tono rosa, con estampados de flores en tono fucsia, mientras que la cinta que marcaba su cintura era el mismo tono que el estampado, su cabello lo llevaba tomado en un moño que dejaba su flequillo peinado hacia un costado y un pequeño mechón en cada costado de su rostro.
— "Vestida así se ve muy bonita"— pensó embobado el chico de cabellos rojos.
Ayako llevaba un kimono de color azul con algunos diseños en color blanco, al igual que la cinta en su cintura y su cabello rizado caía libre.
Por su parte, Haruko llevaba un kimono morado con diseños dorados, tono que era replicado en la cinta que marcaba su cintura, mientras que su cabello lo llevaba suelto y su flequillo peinado hacia un costado, Mitsui le observaba paralizado.
— ¿Y a ustedes qué les pasa? Parece que hubieran visto un fantasma— bromeó Ayako quien no tardó en notar el extraño comportamiento de los tres muchachos.
Haruko miró tímidamente al chico de cabello azulado, éste al notarlo esbozó una tenue sonrisa, la muchacha ensanchó sus ojos para dirigir ahora su mirada al suelo mientras sentía sus mejillas encenderse, Mitsui tomando consciencia de sus propias expresiones retiró la mirada retomando su expresión seria.
Hanamichi observaba embobado a la ojiverde, quien le dirigió una mirada seria la cual retiró con cierto desdeño, la expresión jovial del rostro del pelirrojo se deterioró ante la indiferencia de la chica. El resto de los muchachos se puso de pie para saludar a las muchachas.
Aquel muchacho rebotaba sigilosamente el balón mientras buscaba en la mirada desafiante de su contendor alguna señal que le indicara el momento perfecto para comenzar su ofensiva, sin embargo, lo único que hallaba era la sonrisa provocativa y la enorme figura del muchacho que evitaba su avanzada.
— Vamos Kaede, no te quedes ahí parado… Con todos los enfrentamientos que hemos tenido ya deberías haber aprendido a leer mis movimientos, amigo— pronunció el pelirrojo alzando una ceja. El ex Shohoku le observaba con frialdad.
A pesar del tiempo que Eddie había estado sin jugar, contaba con una gran capacidad de juego, la cual además era fortalecida por su imponente cuerpo de un metro con noventa y ocho centímetros. Ahora entendía su rivalidad con Billie— No te quedes ahí, o si no te arrebataré el balón— amenazó ahora el pelirrojo con presunción, momento que el chico de Kanagawa aprovechó para iniciar su ataque escabulléndose raudamente hacia la canasta, Eddie al notarlo se apresuró en seguirle, Rukawa una vez en la zona de tiro brincó para depositar con sutileza el balón en su objetivo, no contando con la mano de su rival, la cual antes que el balón llegara hasta la canasta, le desvió enérgicamente.
— Rayos— susurró de manera imperceptible el pelinegro mientras jadeaba.
— ¡Cielos, eso estuvo cerca!— pronunció con alivio el pelirrojo mientras sostenía sus rodillas— Tendré que tener más cuidado, o sino pronto me ganarás, amigo— espetó mientras se reincorporaba, Rukawa le veía con el rabillo del ojo en silencio.
Eddie fue ahora por el balón y se colocó frente al muchacho
— ¿Continuamos?— inquirió mientras hacía rodar el balón sobre su dedo índice— ¿O ya te rendiste?— añadió sonriendo de medio lado.
— ¿Qué dijiste?— el pelirrojo lanzó una gran risotada al notar el sentimiento de ofensa que había generado en el joven.
— "Que orgulloso es"— caviló divertido. Sabía lo persistente que era y no podía evitar bromear al muchacho para provocar su enojo.
— Continuemos— musitó Kaede colocándose en posición defensiva. Eddie pronto comenzó a rebotar el balón cambiándolo de mano para confundir a su amigo, éste le observaba detenidamente mientras impedía su avanzada. Sin embargo, en un rápido movimiento, Eddie comenzó su ofensiva haciendo una finta la cual no pudo ser detenida por Rukawa, quien se apresuró en seguirle para impedir su objetivo, pronto el chico de Kanagawa estaba bajo la canasta para defender, Eddie al notarlo saltó para lanzar el balón, al advertir la cercana presencia de Kaede, hizo un tiro con alejamiento, el muchacho brincó con gran energía logrando rozar con la punta de su dedo índice el balón, Eddie abrió sus ojos con desmesura olvidando por completo su acción.
— "No puede ser"—caviló mientras caía violentamente al suelo, a la vez que Rukawa aterrizaba sin quitar la mirada del balón, éste se encaminó hacia la canasta para esperar el rebote, sin embargo para su decepción, el balón tras bailar unos instantes sobre el aro, se depositó en la canasta— ¡Bien!— festejó Eddie mientras se ponía rápidamente de pie. Rukawa miró el suelo decepcionado.
— ¡Qué dijiste! ¿Cómo que no vendrás? Supongo que es una broma— la voz alterada de Megan desde el interior de la vivienda llamó la atención de los muchachos.
— ¿Eh?— pronunció curioso el pelirrojo dirigiendo la mirada hacia una ventana que dejaba ver a la muchacha hablando por teléfono, Rukawa también le contempló a la distancia.
— ¡Me prometiste que vendrías, maldita sea!— recriminó la pelinegra con desesperación— Es navidad, y no está Sally… No puedes dejarme sola, papá— añadió molesta— ¡No te excuses con tu trabajo!... Prometiste que estarías hoy, lo único que faltaría sería que salieras con que no llegarás para año nuevo— expresó con ironía. Pronto guardó silencio durante varios minutos— Esto debe ser una broma— masculló perpleja— ¡Dime que es una broma!— vociferó intentando ocultar que su voz se quebraba— ¡No me digas que los sientes!...— expresó en medio de un suspiro— Tú no sabes… Demonios, ya no quiero hablar contigo— pronunció en medio de un sollozo colgando el teléfono para correr a su habitación, el gran sonido de la puerta estrellándose contra el umbral, fue lo último que los muchachos pudieron sentir de Megan.
— Vaya, parece que el padre de Sally no vendrá a pasar noche buena a casa— musitó Eddie con el balón en sus manos. Rukawa sin quitar la mirada de la ventana desde donde hace unos momentos veía a Megan, se mantuvo en silencio—Creo se será bueno ir a animarla— expresó ahora el pelirrojo mientras daba un paso para encaminarse a la vivienda, sin embargo Rukawa al instante le detuvo obstaculizando su avanzada con un brazo— ¿Qué pasa?— preguntó curioso.
— No vayas— articuló calmo el chico de Kanagawa.
— ¿Qué?
— Que la dejes en paz… Quiere estar sola— indicó Kaede. Eddie le observó unos instantes reflexivo.
— No, lo mejor es ir a animarla— refutó mientras reiniciaba su andar.
— Ya te dije que no— pronunció Rukawa— Será mejor que te vayas— añadió encaminándose hacia la vivienda.
— ¡¿Qué dijiste?! ¡¿Acaso me estás echando?!— preguntó con asombro el muchacho.
— Tómalo como quieras— espetó el pelinegro.
— Uhm Kaede, sólo lo haces porque no pudiste vencerme, pero ya verás… Ni creas que te dejaré ganarme tan fácilmente— regañó empuñando sus manos. Pronto recogió sus cosas— Y no me voy porque tú me lo pidas, sino porque yo quiero— añadió encaminándose hacia la salida. Rukawa solo rodó los ojos.
El festín continuó en casa de Ayako, los muchachos conversaban amenamente mientras algunos bebían refrescos y otros chocolate caliente, debido a la fría jornada de invierno en que acontecía aquella tarde de diciembre. La joven dueña de casa al notar la quietud de sus compañeros y amigos, caminó hasta el equipo musical desde donde se escuchaba sutilmente la música.
— ¿No creen que están muy quietos ahí? ¡Vamos a bailar!— exclamó mientras aumentaba el volumen de la música. Varios de los muchachos se pusieron de pie automáticamente para seguir el ritmo de la música, los más reacios eran Mitsui que bebía su refresco desde su lugar y Sakuragi, que algo dubitativo permanecía ruborizado en su lugar.
— Haruko, no seas así… está solo… seguramente está esperando que lo invites a bailar— Matsui le susurraba a su amiga al oído, quien avergonzada se negaba.
— ¡No!... Eso es mentira. Y no lo haría, me apenaría mucho— refutó la muchacha mientras colocaba las palmas de sus manos en sus mejillas encendidas.
— Pero no tienes porqué apenarte— contestó Matsui— Vamos— añadió mientras la tomaba de un brazo.
— Matsui ¡Qué haces!— la muchacha intentó en vano oponer resistencia. Pronto estuvieron frente a Mitsui.
— Hola Mitsui— saludó amablemente la chica de coletas, el muchacho recién notando la presencia de las muchachas, les dirigió la mirada casual— Verás, Haruko quiere bailar contigo ¿Le harías ese favor?—añadió sonriendo, la hermana menor de Akagi abrió sus ojos con desmesura.
— ¡Qué dices!—exclamó escandalizada— "¿Un favor?... Que avergonzada estoy"— caviló la muchacha aún más ruborizada mientras bajaba la mirada— "Está claro que se negará"— añadió a sus pensamientos aún más avergonzada.
— Esta bien— espetó Mitsui, Haruko abrió los ojos con desmesura al ver que el muchacho abandonaba el sofá sobre el cual estaba sentado— Todos están bailando, no quiero ser el único aburrido— argumentó sonriendo de medio lado. Haruko le observó con asombro— ¿Vamos?— preguntó el tirador de triples, la chica asintió tímidamente.
Por su parte, Hanamichi rodeado por sus amigos les escuchaba en silencio.
— Mira Hanamichi, Haruko ya está bailando con Mitsui ¿No crees que deberías tú sacara a bailar a Sally?— opinó Okuss a su amigo.
— Es cierto, ella está muy sola… Ve Hanamichi— sugirió Yohei.
— O alguien se te adelantará amigo— comentó Noma.
— ¡Qué dijiste tonto! ¡Nadie que no sea yo bailará con Sally! ¡¿Me oíste?!— prorrumpió escandalosamente el pelirrojo, para su fortuna el alto sonido de la música encubrió sus palabras. El Gundam rió divertido— De qué se ríen— gruñó Sakuragi.
— Es que sigues parado ahí y no vas hasta donde Sally— comentó su amigo rubio.
— ¡Uh… es que aún no me han dado tiempo! Pero ya verán— respondió refunfuñante, pronto empezó a caminar a paso firme hacia la muchacha, sin embargo mientras más se acercaba, más lentos y sigilosos su andar se hacía. La ojiverde pudo sentir que alguien se le acercaba, y fue así como levantó la mirada, Hanamichi al notarlo abrió sus ojos con gran energía mientras sus mejillas se tornaban del mismo color que su cabello, y antes que la joven pudieran articular alguna palabra, el número diez de Shohoku ya estaba de vuelta con su ejército. Sus amigos rieron divertidos por el actuar de su amigo.
— ¡Hanamichi, sí que eres un cobarde!— expresó Okuss mientras sostenía su abdomen sin dejar de reír.
— ¡Es increíble, no le temes ni siquiera a Gori, pero esa chica te derrota sólo con la mirada!— apoyó Noma.
— ¡Eres increíble Hanamichi!—rió Yohei. Pronto Takamiya detuvo su reír.
— Yo te enseñaré como se hace— musitó acomodando con galantería sus anteojos.
— ¿Qué harás, Takamiya?— cuestionó curioso Okuss.
— Darle una pequeña clase a Hanamichi de cómo invitar a una chica a bailar— respondió el muchacho, pronto se encaminó hasta Fuji, quien bebía un refresco junto a Matsui luego de bailar.
— Oye nena— pronunció Takamiya mientras alzaba una ceja, las dos amigas le miraron curiosas— ¿Quisieras bailar conmigo bomboncito?—inquirió insinuante, la muchacha aprovechando que Yasuda se acercaba hasta la mesa con refrescos, se ocultó tras él atemorizada.
— No, gracias— formuló con dificultad.
— ¡¿Qué?!—pronunció con asombro el chico de anteojos. Sus amigos a la distancia reían alborozadamente.
— ¡¿Vieron a ese tonto?! Esa chica lo rechazó— comentó Noma mientras le apuntaba divertido.
— ¿A quién dijiste que querías darle una clase, Gordo?— el pelirrojo también se burlo, Takamiya bajó la cabeza avergonzado y regresó junto a sus amigos.
— Y Hanamichi… ¿Irás a pedirle a Sally que baile contigo?— preguntó Yohei a su amigo. Éste dirigió la mirada hacia la muchacha, quien se veía evidentemente distraída, Sakuragi tragó un poco de saliva mientras se ponía nuevamente de pie.
— Primero iré al baño, y luego le pediré que baile conmigo— indicó el pelirrojo.
— Esta bien Hanamichi, sólo espero que no nos estés engañando— pronunció divertido Okuss.
— Claro que no, tontos— gruñó el pelirrojo mientras volteaba hacia sus amigos, éstos no paraban de reír ante el actuar del muchacho, entonces llegó hasta el lugar donde empapó un poco su rostro con agua, sentía su rostro arder, y es que entre la pena que sentía al acercarse a Sally, y la furia que sus amigos le hacían experimentar, el color de su rostro no podía evitar avivarse.
— "Muy bien, en cuanto regrese a la sala sacaré a Sally a bailar. No es muy difícil…. ¡Claro que no! Para los talentosos como yo nada es difícil"— caviló el muchacho mientras se veía en el espejo— "Pero…"—añadió mientras veía su rostro ruborizarse una vez más, entonces sacudió su cabeza— ¡Ya no estés pensando en esas cosas!—monologó irritado— Sólo piensa en tu plan— susurró intentando concentrarse en aquello.
Mientras tanto en la sala, aquella joven de ojos verdes aún se hallaba sentada, y es que su mente por más que quisiera, no la podía apartar de lo que ocurriría tan solo algunas horas después. Sus nervios eran evidentes, cada vez que recordaba lo que se aproximaba sentía su vientre contraerse y como sus manos se hacían insensibles, al punto de sentirlas ajenas a su cuerpo, las empuñaba con energía para recuperar el sentido en ellas mientras un pie inquieto se movía una y otra vez. La manager del equipo no tardó en notar la inquietud de la joven, por lo cual alejándose de Miyagi, con quien bailaba, se acercó hasta la muchacha.
— ¿Ocurre algo?—preguntó la chica de rizos, la ojiverde alzó la mirada curiosa saliendo de sus pensamientos.
— Eh… no, estoy bien— respondió dibujando un sutil sonrisa en sus labios.
— Entonces ven conmigo. Ven a bailar con nosotros— invitó la manager mientras la cogía de un brazo.
— No, no— se negó la castaña oponiendo amablemente resistencia.
— No seas tímida, te divertirás, vamos— insistió Ayako mientras guiñaba un ojo.
— Lo siento Ayako— se disculpó la muchacha poniéndose de pie ahora por propia voluntad— Pero ya me tengo que ir— expresó mirando la hora es su reloj, el cual indicaba que faltaban quince minutos para las seis de la tarde— Tengo que estar pronto en casa de los Rukawa, debo estar con ellos un tiempo porque por la noche tengo otro compromiso— se excusó la muchacha mientras hacía una reverencia, Ayako le observaba curiosa— ¿Me harías el favor de entregarle esto a Sakuragi?—pidió mientras le pasaba una bolsa de papel con una cinta de regalo, la manager lo recibió por inercia— Es el regalo del amigo secreto, no podré estar mientras los entregan, espero me disculpes… Pasé un rato muy agradable— indicó la muchacha sonriendo amablemente.
— Esta bien— articuló perpleja, la actitud de la muchacha le extrañaba— Te acompaño a la puerta— pronunció ahora Ayako.
— Sí— musitó la ojiverde mientras hacía una reverencia— Antes me despediré del resto— indicó la muchacha.
Aquel muchacho llegaba hasta su casa, lo primero que hizo fue quitarse sus calzados, pronto ingresó a la vivienda acompañado de algunas bolsas de supermercado.
— ¡Hijo, que bueno que llegas!— expresó la mujer mientras se acercaba para recibirlo.
— Sí, sólo he ido a comprar algunas cosas para la cena— indicó el muchacho mientras señalaba las bolsas que cargaba. Pronto llegaron hasta la cocina. El joven comenzó a dejar sus compras sobre la mesa, carne de cerdo, pimienta, una pequeña bolsa de harina y huevos destacaban entre sus compras.
— ¿Y para qué es todo eso?—inquirió curiosa la mujer.
— Para el Tonkatsu que cenaremos— pronunció el muchacho— Además de ramen— añadió mientras le enseñaba a su madre unas bolsas de fideos, la mujer abrió sus ojos con desmesura.
— ¡Pero Akira! Nunca cenamos esas cosas en navidad… Siempre me has pedido que cocine pavo, o costillas en salsa barbacoa y tarta de cerezas, son tus favoritos— expresó contrariada la mujer.
— Pero estamos en Japón, debemos celebrar como tal, no como en Norteamérica— espetó de mala gana el muchacho— A todo esto… Nunca me has dicho dónde aprendiste a cocinar tantos platillos de los Estados Unidos… Si hasta parece que los hubieras aprendido allá mismo— pronunció seriamente, con algo de sequedad en sus palabras, la mujer abrió con desmesura sus ojos.
— Pero qué locuras dices, hijo— rió con nerviosismo— Siempre me ha gustado la cocina, y experimentar con cosas nuevas— mintió desviando la mirada. Sendoh frunció el ceño.
— Olvidé decirte, esta noche tendré una invitada, cenará con nosotros— comunicó manteniendo su expresión seria.
— ¿Cómo? ¿Tendremos una invitada? ¿Y por qué no me lo dijiste antes?— preguntó la mujer extrañada.
— Pues… quería que fuera una sorpresa— musitó Akira— Ya regreso— añadió mientras se retiraba de la cocina.
— "No entiendo qué le pasa a este muchacho, lleva varios meses en que ha estado muy callado"— reflexionó la mujer.
Hanamichi regresaba rápidamente hasta la sala donde todos compartían, lo primero que hizo fue buscar con la mirada a la ojiverde, sin embargo no la hallaba por ninguna parte.
— ¡Hanamichi! ¡Hanamichi!—sus amigos se acercaron raudos hasta él.
— ¿Qué les pasa?—preguntó gruñendo el número diez, y es que aún no olvidaba las bromas de sus amigos.
— ¡Hanamichi, Sally acaba de irse!— exclamó Okuss.
— ¿Qué dijiste?—masculló sorprendido.
— Que Sally se fue…— repitió Noma.
— Eso… Eso es una broma—pronunció contrariado el pelirrojo.
— No Hanamichi, se despidió de todos y se fue— añadió Yohei, el pelirrojo mantenía sus ojos abiertos pasmado. Ayako se le acercó curiosa.
— ¿Qué pasa Hanamichi Sakuragi? ¿Estás así porque Sally se fue?—preguntó pícaramente, el pelirrojo permaneció en silencio. Al notarlo, la chica continuó hablando— Pues dijo que lamentaba mucho no quedarse hasta el final, pero que tenía otro compromiso para esta noche— informó la muchacha.
— Con los papás del zorro— musitó desesperanzado el muchacho.
— Bueno, en realidad dijo que estaría ahora con ellos, porque por la noche tendría otro compromiso muy importante— relató la manager, el pelirrojo abrió sus ojos con desmesura.
— Sendoh— pronunció con asombro.
— ¿Qué dijiste Hanamichi Sakuragi?
— Sendoh… ¿Cómo no lo pensé antes? Pasará noche buena con Sendoh ¡Ah… Maldito Sendoh…. Sólo estoy haciendo el ridículo! Hice tantos esfuerzos y sólo para que ella se vaya con ese puercoespín— reclamaba el pelirrojo mientras aleteaba furioso, sus amigos no tardaron en intentar detenerle.
— ¡Hanamichi! ¡Cálmate Hanamichi!—repetía al unisón el Gundam mientras le sostenían.
— ¡Déjenme en paz! ¡Ustedes nunca entenderán lo que estoy sintiendo, tontos!— expresó mientras se soltaba con violencia de sus amigos para golpearles en la cabeza, el resto de los invitados le observaba perplejo.
— ¡Hanamichi Sakuragi!— la chica de rizos le golpeó enérgicamente con su eterna arma, su abanico de papel. El pelirrojo soltó un alarido de dolor.
— Ayako— refunfuñó acariciando el chichón que nacía sobre su cabeza.
— Tranquilízate Hanamichi Sakuragi— ordenó— Nadie puede asegurarte que ella pase noche buena con Sendoh de Ryonan— opinó— Además…— añadió mientras tomaba una bolsa que estaba sobre un sofá— Me pidió que te diera esto— pronunció mientras le entregaba el obsequio, el muchacho observó con asombro y en silencio aquel envoltorio, era el regalo que ella le debía entregar aquella noche por ser su amiga secreta, algo que él había planeado. Sin embargo su ceño no tardó en fruncirse.
— ¡No quiero! ¡Yo quiero que ella me lo dé… ese no era el plan!— refutó cruzándose de brazos.
— Vamos Hanamichi… Ella hubiera querido estar aquí, pero algo importante debe pasar con ella. No sé si lo notaste, pero estaba muy callada— opinó Yohei, el pelirrojo abrió sus ojos con asombro.
— "Yohei tiene razón, hoy estaba algo rara, quizás estoy siendo algo egoísta, y ella no sabía lo que yo tenía planeado"— reflexionó el muchacho. Pensativo y algo más tranquilo se sentó sobre un sofá, Yohei sonrió apacible.
— ¿Qué dices entonces Hanamichi Sakuragi?—preguntó Ayako alzando una ceja mientras le volvía a entregar el obsequio. El muchacho le miró curioso.
— ¡Qué haces! ¡Eso es mío! ¡Dámelo, dámelo!—prorrumpió mientras tomaba a toda prisa el obsequio— "Pero sólo lo abriré cuando esté con ella, antes no… Y seré yo quien le entregue su obsequio, nadie más"— decidió en medio de sus pensamientos el pelirrojo mientras atesoraba contra su pecho el regalo de Sally.
— Agradezco mucho que entiendan mi situación. De verdad me apena mucho no pasar esta noche con ustedes, pero es muy importante para mí— expresó apenada la ojiverde al matrimonio Rukawa, éstos se miraron sonriendo serenamente.
— Te entendemos hija— pronunció el hombre— Sabemos que no debe ser nada fácil lo que vivirás esta noche y por supuesto te apoyamos— añadió mirando a la muchacha.
— Y en lo que necesites te estaremos apoyando— apoyó ahora la madre de Kaede sonriendo amablemente.
— Se los agradezco mucho— agradeció la chica haciendo una reverencia.
— Sólo esperamos verte llegar sonriendo, no quisiéramos que salieras lastimada de esto— opinó el señor Rukawa, Sally alzó la mirada preocupada.
— ¡Pero qué dices hombre!— recriminó la mujer— Cualquiera estaría orgulloso y feliz de tener una hija como tú, querida… No dudes en que todo saldrá bien— expresó amable la mujer. Sally sonrió agradecida.
— Muchas gracias, señor y señora Rukawa— pronunció repitiendo una reverencia— De seguro su hijo debe estar muy feliz de tenerlos como padres— expresó sonriendo, el matrimonio le observó complacido. Repentinamente la mujer abrió con desmesura sus ojos mientras soltaba un sutil alarido de dolor, de manera automática posó una mano sobre su pecho. Sally se puso rápidamente de pie.
— ¿Se encuentra bien, señora Rukawa?— preguntó preocupada, su esposo le asistía desde cerca. La mujer respiró profundamente algunos instantes.
— Sí, estoy bien… no es nada— pronunció jadeando delicadamente. El timbre de la vivienda no tardó en sonar. La joven abrió sus ojos sorprendida.
— Debe ser él— masculló— Iré a atender— comunicó, la pareja asintió.
La muchacha caminó a toda prisa hasta la puerta, al abrir la puerta se encontró a quien esperaba.
— Hola Sally— saludó el muchacho.
— Akira… Qué bueno que ya estás aquí— expresó la ojiverde jadeante. El chico le observó curioso.
— ¿Te sientes bien?— cuestionó preocupado examinando su rostro.
— Sí… sólo son los nervios, no he podido pensar en todo el día en algo más que en eso— expresó la muchacha posando sus manos aprensivamente sobre su pecho. Sendoh sonrió calmo.
— Tranquila, todo estará bien… Estarás conmigo, nada te puede pasar con tu hermano mayor que siempre te protegerá— tranquilizó a la muchacha mientras le acariciaba un hombro, ésta sonrió amablemente.
— Me despediré y nos vamos— comunicó la muchacha, Akira asintió y no tardó en verle correr rauda por la casa.
El festín continuó, y en medio de risas todos disfrutaban. Sin embargo aquel joven de cabellos rojos permanecía en el más profundo silencio, ignorando qué pasaba a su alrededor, y es que todo había perdido sentido al enterarse que Sally había partido.
— ¿Ya vieron a Hanamichi? Se ve muy triste— comentó Takamiya.
— Eso es porque Sally se fue y siente que sus esfuerzos han sido en vano— opinó Okuss.
— Creo que se la pasará toda la noche con esa cara— indicó el chico del bigote. Yohei le observaba en silencio.
Mientras tanto, el resto de los jóvenes bailaba en un espacio improvisadamente acondicionado.
— No lo haces nada mal— expresó Mitsui alzando una ceja al ver como la muchacha después de un rato, le mostraba con mayor soltura sus destrezas en el baile. La chica bajó la mirada ruborizándose.
— Lo mismo digo— correspondió tímidamente.
— ¿Pues qué pensabas? ¿Que por ser el mayor del equipo no podría moverme aunque sea un poco?— pronunció mientras reía divertido, Haruko sonrió tímidamente. Mitsui al ver la delicada sonrisa de la joven no pudo evitar el matiz escarlata en sus mejillas, algo pasaba en él, una inexplicable sensación de fraternidad, de ternura afloraba en él ante aquella muchacha, lo cual le hacía esbozar una plácida sonrisa en sus labios.
— ¡Bien chicos!— la voz de la manager le sacó de sus contemplaciones— Creo que es la hora de… ¡Los regalos!—pronunció.
— ¡Sí!— pronunciaron algunos de ellos entusiastas.
— Muy bien… ¿Quieren que se mantenga en anonimato o quieren que revelemos las identidades de sus amigos secretos?— preguntó Ayako.
— ¡Secreto!— al unisón Haruko y Mitsui se manifestaban.
— ¿Eh?— pronunció Ayako curiosa, los muchachos se miraban del mismo modo.
— Preferiría que se mantenga en secreto— volvieron a hablar al unisón. Ayako rió divertida.
— ¿Y qué opina el resto?— inquirió a los muchachos, éstos tras una breve reflexión y al sentir curiosidad por la extraña necesidad de Haruko y Mitsui de dejar sus regalos en secreto, comenzaron a manifestarse con malicia.
— Pues… que no sea secreto— opinó Miyagi.
— ¡¿Qué?!—pronunció con asombro el número catorce— ¡Eres un traicionero, creí que me apoyarías en esto!— manifestó molesto. Ryota rió divertido.
— Yo también creo que deberíamos quitarle el anonimato— opinó el pelirrojo, Mitsui abrió sus ojos con desmesura— ¿Qué opinan ustedes muchachos?—preguntó a su ejército, los muchachos asintieron divertidos.
— "Entrometidos"— pensó Mitsui.
— ¿Y ustedes?— preguntó Hanamichi dirigiéndose a los miembros de la banca.
— Pues nosotros— susurraron dubitativos al unisón. Hanamichi frunció el ceño.
— ¡Yasuda! ¡Ichi! ¡Kakuta!— comenzó a nombrar amenazante a los miembros de la banca, quienes saltando del espanto no pudieron resistirse a la orden del número diez.
— ¿Y ustedes chicas?— preguntó Ayako a las amigas de Haruko.
— Nosotras estamos de parte de los muchachos ¿Verdad Fuji?— expresó la chica de coletas. La hermana menor de Akagi abrió sus ojos con desmesura.
— ¡Chicas!—exclamó contrariada.
— Sí, eso es cierto— pronunció tímidamente Fuji.
— Bueno, entonces por unánime, salvo por el capitán Mitsui y Haruko… No será anónimo— sentenció Ayako.
— "Demonios…este amigo secreto no tiene nada de secreto"— gruñó el chico de cabello de cabello azulado.
Pronto la entrega de los regalos comenzó. Todos recibían gustosos sus regalos de sus respectivos amigos secretos, Matsui recibía un presente por parte de Kakuta, Ayako le hacía la entrega de su regalo a un avergonzado Miyagi, Takamiya insistiendo con su coquetería, le hacía entrega de su obsequio a Fuji, un manifestante Yasuda, le entrega su obsequio a Takamiya, protestando que debía darle un regalo a Sally, un silencioso Hanamichi observaba el intercambio de regalo de sus compañeros. Dos de ellos evitaban aquel momento.
— ¿Y ustedes? ¿No piensan entregar sus obsequios?— preguntó divertida Ayako. Tanto Mitsui como Haruko saltaron espantados.
— Bueno yo…— formularon con dificultad buscando una excusa para evadir el momento, sin embargo pronto se rindieron— Esta bien— musitaron al unisón, Ayako no paraba de reír.
— Esto es para ti— pronunció Mitsui mientras recelosamente le entregaba un pequeño envoltorio a la muchacha, ésta abrió los ojos con asombro.
— Es… ¿Es enserio?— preguntó perpleja.
— Claro que sí… no bromeo— contestó el muchacho.
— Pues, esto es para ti— indicó la muchacha mientras le entregaba su regalo. El muchacho ensanchó sus ojos.
— Gracias— susurró.
— Nada de gracias… Queremos saber qué se han regalado ¡¿Cierto muchachos?!— Ayako seguía animando a la masa adolescente.
— ¡Sí!— respondieron al unisón.
Pronto fue Mitsui quien comenzó a abrir el envoltorio, quiso ver qué contenía de manera individual para después enseñárselo al resto. Unas hermosas muñequeras de color negro con sus iniciales bordadas en color rojo pronto fueron contempladas por todos.
— Eso está muy bonito Mitsui— comentó Ryota. El muchacho dirigió la mirada a Haruko, ésta bajó la mirada tímida mientras sus mejillas se tornaba rosa.
— Gracias— pronunció sonriendo enternecido el ojiazul. Pronto fue la muchacha quien abrió su regalo, y allí encontró una pequeña cajita de un misterioso tono oscuro, del cual al abrirle, pudo sacar una hermosa pulsera plateada adornada por algunas piedras de un delicado tono rosa. Si bien su composición era de muy sencillos materiales, aquello no le restaba belleza y valor.
— Es hermosa— susurró la muchacha mientras veía maravillada el objeto— Muchas gracias— pronunció dirigiendo la mirada al número catorce, éste sonrió satisfecho.
Aquella muchacha miraba con intranquilidad la puerta de aquella vivienda mientras su acompañante metía la llave en la cerradura, éste pudo notarlo y detuvo su actuar para mirarla a los ojos mientras ponía sus manos en los hombros de la chica.
— Tranquilízate… Todo saldrá bien— pronunció mientras sonreía calmo. Aunque interiormente también se sentía algo preocupado. No sabía cuál sería la reacción de sus padres ante aquella reunión, llegaba incluso a cuestionarse si no hubiera sido mejor idea hablar primero él con sus padres para así evitarle algo doloroso a su hermana. Pero ya estaban allí, ya no había vuelta atrás y sólo quedaba seguir adelante y apoyar a la muchacha.
Ahora entraron a la casa, y Sendoh condujo a la muchacha hasta la sala. Lo primero que pudo ver la chica fue al matrimonio sentado en un sofá junto al cual descansaba el ostentoso árbol navideño. Los señores Sendoh se pusieron inmediatamente de pie al verles ingresar. La ojiverde abrió sus ojos con asombro al ver a su madre, sus latidos se hicieron tan intensos que creía que su pecho explotaría. Aquella mujer, de cabellos negros y ojos verdes, a pesar de los cuarenta años de vida que Sally podía estimar, gozaba de una gran belleza, la muchacha permaneció en silencio mientras le contemplaba.
— He regresado— se anunció Sendoh mientras tomaba de un brazo a su acompañante intentando sacarla de sus reflexiones.
— Me alegra que ya estén aquí— expresó la mujer.
— Pero que chica tan bonita te acompaña hijo— comentó el señor Sendoh al ver a la tímida muchacha que le acompañaba.
— Lo mismo digo— apoyó la madre— ¿Y cómo se llama señorita?— preguntó de inmediato.
— Mi nombre es…— comenzó a hablar, sin embargo Sendoh le interrumpió.
— No le interroguen, ya tendrán tiempo para conocerse… ahora vamos a cenar que muero de hambre— expresó, la muchacha respiró aliviada. Sabía que su hermano pretendía que primero todos cenaran para posteriormente revelar su identidad.
Pronto estuvieron en la mesa, una gran cantidad de alimentos cubrían la mesa, que además estaba decorada por algunas velas. Todos los alimentos eran típicos del país, así Sendoh lo había decidido para la muchacha, y es que en cada una de las ocasiones en que había compartido con la ojiverde, había podido notar lo mucho que disfrutaba de los platillos nipones.
— Por su acento puedo notar que no es de aquí señorita— expresó el hombre.
— No, no lo soy… yo vengo desde…— comenzó a responder amablemente ante la interrupción de Nanami.
— Norteamérica ¿Verdad?— inquirió casi afirmándolo.
— Sí— susurró tímidamente la joven.
— Vaya, sí que tienes buen oído madre… si hasta parece que hubieras vivido en Norteamérica— pronunció con ironía Akira. La mujer sólo rió.
Pronto la cena acabó y regresaron a la sala, donde comenzaron a conversar.
— La cena a estado deliciosa— expresó la muchacha haciendo una reverencia.
— Debes agradecérselo a nuestro hijo, él lo preparó todo— indicó sonriendo la mujer mientras dirigía una mirada fraternal a su hijo.
— ¿Es cierto eso?— preguntó asombrada la ojiverde.
— En realidad, estuve conversando algunas tardes con Uozumi para pedirle que me diera algunos consejos para poder preparar todo esto— contestó mientras tomaba su cabeza despreocupado.
— Y todo eso lo hizo por usted señorita— intervino el padre del joven.
— Es que me di cuenta que te gusta mucho la comida japonesa, y quise que hoy disfrutaras un poco de ella— comentó sonriendo el chico de Ryonan, la castaña sonrió agradecida.
— Que tierno, se ve que nuestro hijo es muy atento con su novia— intervino Nanami. Sally abrió sus ojos con desmesura.
— ¡No, no! Se equivoca, no somos novios— negó de prisa la joven, Sendoh se puso de pie colocando una mano sobre el hombro de la ojiverde.
— Tranquila, déjamelo a mí— pronunció serio— Madre, padre. Ella no es mi novia— confirmó lo expresado por la chica.
— ¿Entonces van a serlo?— preguntó casi afirmándolo casualmente la mujer mientras tomaba champaña de una copa.
— No, jamás lo seremos— sentenció el muchacho caminando hacia la mujer— Deja eso, no quiero que bebas mientras estemos con ella— pronunció seriamente mientras le quitaba la copa suavemente, su madre le observó perturbada, cada vez entendía menos porqué su hijo se había vuelto tan frío y subversivo con ella.
— ¿Pero qué estás haciendo?— preguntó contrariada.
— Solo quiero que escuches atentamente lo que tenemos que decirte— expresó mirándole fijamente a los ojos— Decirles— corrigió mirando ahora a su padre.
— Me estás asustando hijo, habla— pidió su padre. El muchacho caminó hasta Sally y se sentó junto a ella protegiendo con sus manos las de su hermana, esto le hacía sentir más segura, la insensibilidad de sus manos parecía desaparecer en la calidez de las manos de Akira, y los latidos de su corazón menguaban.
— Ésta linda chica que ven junto a mí, la conocí apenas hace unos meses, fue en el restaurante de Uozumi— comenzó a relatar, sus padres le observaban curiosos, la familiaridad con que se trataban les extrañaba, más aún luego de negar un noviazgo— En cuanto la vi sentí la necesidad de acercarme a ella, como si ya nos hubieras conocido y necesitara que nos reencontráramos— expresó volteando hacia la joven y sonriendo amablemente, ella le imitó tímidamente— Mágicamente nos encontrábamos cuando más lo necesitábamos… cuando en nuestras vidas parecía nadie poder sacarnos de nuestros problemas— añadió— Fue así como con el tiempo nos hicimos muy amigos— añadió.
— Eso es muy lindo para adolescentes como ustedes pero… ¿Qué problemas tan graves puedes tener tú hijo? Jamás nos dijiste nada— preguntó curiosa la mujer. Sendoh continuó con su relato.
— Una tarde en Hiroshima no soporté callar más lo que me pasaba y fue así como le conté lo que pasaba conmigo… Le conté que durante una de sus discusiones les oí decir que tú tuviste dos hijas que abandonaste en Norteamérica— expresó secamente el muchacho dirigiendo una mirada adolorida a su madre, quien abrió sus ojos con desmesura.
— Hi… Hijo yo…— formuló con dificultad mientras se ponía de pie.
— Akira— masculló su padre con asombro— Ya lo sabías— añadió del mismo modo.
— Es por eso que me hablas de ese modo últimamente— concluyó la mujer mientras sentía sus ojos llenarse de lágrimas, Sally bajó la mirada reprimiendo las lágrimas que amenazaban con fugarse de sus ojos.
— No llores… aún es muy pronto para que lo hagas— expresó el chico de cabellos alzados— Pasaron varios días en que no supe nada de mi amiga, hasta que una tarde fue a buscarme a Ryonan— relató— Y fue cuando me confesó que su intercambio a Japón fue su propia decisión. Algo que decidió al enterarse que su madre vivía en Japón y que había huido con el padre de su primer hijo dejándola a ella y a su hermana en Norteamérica solas con su padre— pronunció firmemente. Nanami abrió los ojos con desmesura, no podía creer lo que oía.
— Tú eres…— pronunció pasmada acercándose lentamente hacia la muchacha.
— Sally Bruce… tu hija menor— continuó Sendoh. La chica alzó lentamente la vista mientras veía a la mujer acercársele, su mirada se cristalizó mientras sus pupilas oscilaban emotivamente.
— ¿Qué dijiste Akira? ¿Qué esta jovencita es una de las hijas de tu madre?— preguntó perplejo el señor Sendoh.
— Así es… Ella vino a Japón porque quería conocer a su madre…— contestó el chico de cabellos alzados. La mujer se acercó tomando las manos de la muchacha, ésta se puso de pie para quedar más cerca a su madre.
— Hija…— pronunció agónicamente. La menor de las Bruce le observaba silente, no sabía que decir, sólo le observaba silenciosa— ¡Perdóname!— prorrumpió mientras abrazaba enérgicamente a la muchacha, ésta al sentir los brazos de la mujer envolviéndole correspondió tímidamente mientras daba libre albedrío a su llanto.
— Madre— pronunció entre ahogados sollozos. Akira observaba compasivo la imagen, al parecer no tenía mucho porque preocuparse, madre e hija parecían haberse aceptado de inmediato.
— Perdóname, nunca las debí haber abandonado— expresó la mujer sin dejar de abrazar a su hija.
— Madre, no sabes cómo quería estar así contigo— la muchacha no dejaba de sollozar emocionada por el reencuentro con la mujer, a la que tanto tiempo creyó muerta, a la que tenía las esperanzas de que sí querría verla y estaría arrepentida de su abandono. El señor Sendoh observaba seriamente la escena.
— ¡Ya fue suficiente!— prorrumpió el hombre. Akira le observó asombrado, las mujeres con sus ojos humedecidos también voltearon hacia él— Ya hemos hablado muchas veces sobre éste tema Nanami… Norteamérica y todo lo que le involucre ¡Es pasado! Tu presente somos Akira y yo ¡Nada más!— expresó tajantemente el padre de la estrella de Ryonan.
— Pero padre…— pronunció perplejo el muchacho.
— Ren… ¡Es mi hija, no puedes intervenir en nuestra relación!— refutó la mujer.
— No puedo… pero sí te puedo hacer decidir, no estoy dispuesto a compartirte con tu pasado… Son ellas o nosotros— impuso el hombre.
— ¿Qué estás diciendo?— inquirió turbado Akira. La mujer soltó con delicadeza a su hija y caminó hacia su esposo.
— No puedo creer que me estés haciendo esto ¡No puedes hacerme decidir así!— expresó decepcionada Nanami.
— Pues lo estoy haciendo, y tendrás que hacerlo ahora mismo… O ella o nuestra familia— sentenció.
— Pero Ren…— pronunció Nanami.
— Nada de peros…— Sally observaba en silencio con la mirada baja, Akira caminó hasta ella para apoyarle.
— Sally, hija…— articuló la mujer caminando hacia la castaña, ésta levantó rápidamente su esperanzada mirada. La mujer le contempló largos instantes, una amarga lágrima se escapó de sus ojos, tomó las manos de la muchacha— Son mi familia… perdóname— articuló con angustia. Los ojos verdes de la joven de manera espontánea comenzaron a drenar un torrente de lágrimas, cerrando fuertemente sus ojos salió corriendo del lugar.
— ¡Sally!— Sendoh vociferó horrorizado, dirigió una perturbada mirada a sus padres— No puedo creer lo egoístas y miserables que se han vuelto— expresó con sincera decepción y coraje. Tras lo cual salió corriendo tras su hermana.
La noche ya había caído sobre Kanagawa, el festín en casa de la joven de cabellos rizados había concluido, aquel muchacho caminaba en solitario a paso sereno y la cabeza baja por las calles céntricas de la ciudad. Su decepción por lo que esperaba fuera una tarde próspera en su relación con la chica por la cual cada vez sentía más atraído, le tenía sumido en un profundo aletargo. Dos bolsos de papel le acompañaban, el regalo que con tanto afecto y entusiasmo había comprado para la muchacha se iba de vuelta con él, y el que con tanta ilusión esperaba recibir de manos de aquella joven, era entregado por encargo.
Sakuragi dio un gran suspiro, sentía que todos sus esfuerzos se habían ido por la borda, no sabía si podría contar con una oportunidad tan valiosa como aquella. Se detuvo momentáneamente para contemplar el polvo estelar que adornaba tibiamente el enigmático cielo nocturno, y a la luna que iluminaba con su cándido color con naturalidad. Todo hacía tan hermosa aquella noche, todo parecía tan perfecto, sin embargo lo que acabaría por completar su perfección, no estaba junto a él.
Pronto continuó su camino, sus manos descansaban en sus bolsillos, iba sumergido en sus pensamientos, cuando prontamente sintió una voz que gritaba tras él.
— ¡Sally! ¡Sally, espérame! ¡Sally, por favor!— escuchó. Hanamichi se detuvo repentinamente.
— "¿Dijo, Sally?— pensó mientras volteaba curioso, no tardó en reconocer al chico de Ryonan, que corría en su dirección— Sendoh— pronunció con extrañeza. Pronto sintió como alguien pasaba corriendo junto a él— Sa… ¡Sally!— exclamó mientras salía corriendo tras la chica— ¡Sally!— prorrumpió mientras intentaba alcanzarle, la muchacha le ignoraba completamente, pero dada la gran velocidad del pelirrojo, logró alcanzarle fácilmente— Sally…— pronunció mientras la tomaba de un brazo, buscó su rostro, no tardó en reconocer las huellas de las lágrimas que inundaban su rostro— ¡¿Estás bien?!— cuestionó preocupado, la muchacha sólo bajó la mirada. El chico de Ryonan no tardó en alcanzarlos.
— Sally— pronunció el joven de cabellos alzados— Al fin…— expresó jadeante— Por favor, déjame hablar contigo, tienes que escucharme— indicó mientras sujetaba sus rodillas. El pelirrojo volteó furioso hacia él.
— ¡Miserable! ¡¿Qué le hiciste a Sally?! ¡Heriste su corazón, sólo eres un cobarde! — recriminó mientras se lanzaba sobre él— ¡Toma esto!— prorrumpió mientras impactaba con energía uno de sus puños en el rostro del capitán de Ryonan.
— ¡Sakuragi! ¡Déjalo ya!— exclamó desesperada Sally— ¡Sakuragi!— repitió.
— ¡Nunca! ¡Éste miserable no merece tener una novia como tú! ¡Sólo está lastimándote, tú no te lo mereces!— refutó el pelirrojo mientras se preparaba para lanzar el siguiente golpe— ¡Toma!— pronunció mientras acercaba su puño a Sendoh.
— ¡¿Qué dijiste?!— preguntó la muchacha con asombro— ¡No es mi novio! ¡ES MI HERMANO!— vociferó desesperada. El puño de Sakuragi se detuvo repentinamente mientras abría sus ojos pasmado.
El mutismo en su habitación era sutilmente alterado por el tic tac de su reloj, las gruesas cortinas habían obstaculizado cualquier indicio de claridad, arrinconada en una de las esquinas se hallaba abrazando sus rodillas. Ya había oscurecido, y ya no le importaba, todos sus esfuerzos por hacer de esa noche una grata velada, se iban al tarro de la basura, así lo sentía, y así estaba segura de que sería.
No podía creer que su padre le estuviera haciendo eso. Le había prometido estar ahí, sin embargo no llegaría. Había preparado con tanto entusiasmo todo… Desde que había comenzado aquel frio mes de diciembre se había preocupado de hasta el más mínimo detalle, había cambiado el orden de los muebles de la sala principal, había instalado el árbol navideño y había trabajado con tantas energías para comprarle un gran regalo a su padre. Pero él no estaba. Hasta a Kaede le había hecho un obsequio, sentía que el muchacho merecía un pequeño detalle, aunque ya había decidido no entregárselo.
Aquella joven de ojos celestes se había despedido de Kaede aquella jornada en el restaurante, la muchacha tras recibir la paga de su trabajo, había decidido comprar algunos obsequios, entre ellos el que había pensado para el muchacho, así fue como llegó a una tienda deportiva.
— Buenas tardes— saludó mientras se acercaba al hombre de la caja.
— Buenas tardes señorita ¿Qué es lo que busca?— preguntó amablemente.
— Vengo por entradas para el partido de Chicago Bulls y Los Ángeles Lakers— expresó la muchacha.
— Sí, claro… ¿Cuántas necesita?— inquirió el hombre.
— Quiero dos, por favor— contestó.
— Aquí tiene— indicó mientras entregaba la boleta con el valor de las entradas, la muchacha no tardó en pagarlas, tras lo cual se despidió y salió del lugar.
Una vez fuera, observó las entradas mientras leía "Chicago Bulls v/s Los Ángeles Lakers, 01/01/1992, a las 15:30 hrs". Dibujó una sutil sonrisa en sus labios.
— "Chiquillo"— pensó mientras negaba con la cabeza divertida. Pronto alguien se interpuso en su camino.
— Hola Megan— saludó la muchacha.
— ¡Bianca, que sorpresa amiga!— expresó al reconocer a su amiga.
— ¿Qué haces aquí? Creí que estarías trabajando aún— comentó la chica de ojos grises.
— Pues… pedí permiso para salir un poco antes— contestó mientras abría una pequeña cartera negra que traía cruzada.
— ¿Y qué es eso que estás guardando?— preguntó curiosa.
— No, no es nada— se apresuró en responder, sin embargo su amiga le arrebató lo que traía en sus manos y leyó.
— Vaya… supongo que irás con Kaede a ver el partido entre Chicago Bulls y Los Ángeles Lakers— susurró la muchacha. Megan bajó la mirada— Veo que se han hecho muy amigos— expresó ahora— Pues que suerte tienes— añadió fingiendo melancolía— Yo ya quisiera poder ser cercana a él… Pero quizás quien sabe… A lo mejor tú si te haces su novia— pronunció con desesperanza.
— Bianca, no digas eso…— intentó consolar su amiga.
— No…— detuvo la chica de risos a su amiga— No digas nada Megan, supongo que desde el inicio todo estaba a tu favor…— añadió con resignación, la chica de ojos celestes abrió sus ojos con asombro— Nos vemos… adiós y que les vaya bien en el partido— se despidió mientras le devolvía las entradas para salir corriendo.
— ¡Bianca!— exclamó la muchacha, sin embargo su amiga continuó su camino sin voltear.
La mayor de las Bruce se hallaba sumida en sus pensamientos, cuando prontamente el silencio de su habitación se vio alterado por el sonido de una mano llamando a la puerta. La muchacha levantó la cabeza.
— ¿Quién?— preguntó de mala gana.
— Soy yo… ábreme — pronunció en su eterno tono neutro el ex Shohoku.
— Kaede no quiero ver a nadie, déjame sola ¿Quieres?— contestó sin moverse de su lugar.
— Necesito que me abras… — replicó el chico de mirada fría.
— Y yo necesito que me dejes en paz… Ya vete— expresó la muchacha.
— Si no me abres entraré por la fuerza— amenazó el muchacho.
— ¡Já! ¿Y cómo se supone que harás eso chiquillo tonto?— pronunció con desdeño— Ya vete y no digas tonterías…— añadió cabizbaja, sin embargo no alcanzó a terminar de hablar cuando de un gran empujó el muchacho abría la puerta.
— Ka… Kaede ¡Oye chiquillo qué se supone que estás haciendo!— pronunció perpleja Megan mientras se ponía de pie. El muchacho se acercó lentamente mientras le miraba fijamente, pronto le tomó de un brazo— ¿Pero qué haces?— repitió la joven.
— Vamos— espetó Rukawa.
— ¿Qué dijiste?— preguntó perturbada la muchacha, sin embargo no consiguió respuesta por parte del muchacho, quien sólo la llevó de un brazo hasta la primera planta— ¡Kaede! Oye chiquillo ¡Suéltame!... Ya te dije que no quiero bajar— oponía resistencia gruñendo mientras llegaban a la sala, sin embargo al llegar allí sus reclamos cesaron repentinamente.
Unas largas velas de color rojo sobre unos candelabros negros sobre la mesa, iluminaban tenuemente el lugar, las luces de aquel árbol navideño aportaban con sus chispeantes y coloridos a la iluminación, mientras que alimentos servidos para dos les esperaban como banquete. La muchacha observó maravillada todo mientras se acercaba lentamente a la mesa.
— Esto es…— susurró.
— Nuestra cena— continuó Rukawa, la muchacha dirigió rápidamente la mirada al joven basquetbolista.
— ¿Tú hiciste todo esto?— inquirió asombrada. El joven se limitó a asentir— Es perfecto— masculló redirigiendo la mirada a la mesa, examinado los alimentos, pudo notar que cada uno los platillos que les aguardaban eran desconocidos para ella— Es comida japonesa— comentó contemplando la mesa.
— Quería que los conocieras— expresó el muchacho, la chica le observó sonriendo cálidamente. Pronto dirigió su mirada a sus prendas, sus calzas oscuras y sus cortos pantalones de mezclilla de color lila, además de su polera larga y holgada le daban un aspecto desaliñado.
— No creo estar vestida para la ocasión— pronunció riendo divertida.
— Estás perfecta— refutó el pelinegro, la chica sonrió de medio lado— ¿Comemos?— sugirió.
— Comemos— contestó la muchacha, pronto estuvieron sentados a la mesa.
Dado que a su corta edad, ninguno de los dos jóvenes bebía, Kaede vertió sobre unas copas jugo natural de naranja, con el cual hicieron un brindis, la muchacha sonreía complacida mientras Kaede fiel a la neutralidad de su expresión, sólo correspondía ocultando lo feliz que se sentía, bajo sus ojos de témpano.
— ¿Cómo se llama esto?— inquirió la muchacha mientras tomaba con sus palillos parte de su comida.
— Bento— respondió Rukawa.
— ¿Bento?
— Es arroz acompañado de sushi, fritura de pescado, carne de cerdo, una tortilla de mariscos y una porción de frutas— explicó el ojiazul.
— Vaya que tiene cosas— expresó divertida la muchacha. Pronto comió lo que había tomado con sus palillos— Mmh, que rico— pronunció tras degustar sus alimentos. La cena continuó su curso amenamente hasta que concluyeron sus alimentos.
Un pequeño momento de silencio se tornó la atmosfera del lugar. El muchacho se levantó de la mesa y caminó hasta el árbol. La chica de ojos azules le observó extrañada.
— ¿Qué haces Kaede?—cuestionó intrigada. El muchacho retornó en silencio. Pronto le entregó un gran envoltorio.
— Ten— pronunció el muchacho. La joven abrió sus ojos con desmesura— Es tu regalo de navidad— musitó tomando asiento.
— Es… ¿Es para mí?— preguntó perpleja. Rukawa asintió.
— Gracias— agradeció aún asombrada. Entonces se apresuró en romper el envoltorio, y entonces vio lo que en él se ocultaba— Un… ¿Un cojín?— preguntó con asombro mientras veía una almohadilla de blanda contextura, cuya funda rosa era el tono dominante, sobre el cual unos encajes blancos le bordeaban y una notamusicalbordada con hilo plateado iniciaba la frase ·Dulces sueños· La muchacha frunció el ceño molesta— ¡Me estás queriendo decir que duermo todo el día!— expresó refunfuñante.
— No— respondió el muchacho— Además de eso, es para que cuando te desmayes sepas donde apoyar tu cabeza— añadió mientras acariciaba su mentón. La chica crujió sus dientes irritada.
— ¡Chiquillo del demonio, ni siquiera en noche buena me dejas de molestar!— recriminó fuera de sí.
— Ya deja de estarte quejando— espetó Rukawa— Haces mucho ruido— añadió mientras se sentaba.
— Sólo eres un chiquillo molestoso— pronunció la muchacha mientras se cruzaba de brazos.
— Y… ¿Dónde está mi regalo?— preguntó en su interminable tono neutro el ex Shohoku.
— No tengo ningún regalo para ti— respondió fingiendo molestia la muchacha.
— ¿Qué dijiste?— inquirió el ojiazul.
— Qué no tengo nada para ti chiquillo…— mintió— ¿Y qué es lo que querías?— preguntó fingiendo disgusto aún cruzada de brazos.
— A ti...— las escuetas palabras del chico de mirada fría hicieron abrir con desmesura los ojos de Megan, mientras su respuesta se repetía una y otra vez en su mente.
— ¿Cómo dices?— preguntó creyendo haber alucinado las palabras de Rukawa.
— Que te quiero a ti... Tú serías mi mejor regalo de navidad...— repitió el muchacho. Megan había oído bien.
— Kaede yo...— masculló bajando la mirada.
— ¿Qué sucede?— preguntó extrañado.
— Lo lamento, pero no puedo— expresó mientras se ponía de pie. Rukawa le detuvo delicadamente sosteniéndola de un brazo.
— ¿Por qué no?— cuestionó.
— Es Bianca... ella es mi amiga y te quiere, no podría aceptarte porque ella...— explicó mirando hacia el suelo.
— Ella no importa…
— ¡Claro que sí!
— Jamás me hubiera interesado en ella y jamás lo haré... Porque yo te quiero a ti...— contestó sincero el ojiazul. Megan levantó la mirada para ver al muchacho— No preciso cuando empezó, sólo sé que de un momento a otro no podía sacarte de mi cabeza— comenzó su confesión el muchacho— Siempre he tenido la atención de muchas chicas, que me ven como algo de otro mundo, algo que me ofusca— añadió— Pero contigo no es así, me vez como a alguien más... Contigo me siento cómodo— expresó mirando directamente a los ojos a la muchacha— Es por eso que...Te quiero, y nada me haría más feliz que seas mi novia...—concluyó en la serenidad de su tono.
Megan le contempló en silencio largo rato, se debatía entre su amistad con Bianca y lo que ella sentía. Y es que ahora que contemplaba al muchacho y escuchaba su confesión comenzaba a recordar todo lo que habían compartido juntos.
— Es verdad que en un principio te encontraba insoportable, siempre encontrabas la manera de sacarme de quicio— expresó la muchacha al recordar las innumerables ocasiones en que el muchacho alteraba sus ánimos, como aquella vez en que al quedarse dormido en su bicicleta les hizo estrellarse contra un árbol, y luego la dejó sola diciéndole que tomara el tren— Pero fue eso lo que me atrajo de ti, mi vida giraba en torno a la banda, mi familia y uno que otro idiota que no hacían más que fastidiar pero que no tardaba en mandar al diablo por absorbentes— expresó gruñendo, pronto sonrió— Pero tú eras distinto... Hiciste más interesante mi vida, le diste más vitalidad y emoción con tus pesadeces... Hablas poco pero sabes cómo molestar ¿eh?— rió divertida, Rukawa sonrió imperceptiblemente— Pero también hablas poco pero sabes cómo expresar cuando quieres...— añadió mansamente. Y es que no podía evitar recordar los pequeños detalles que fueron sembrando la semilla del amor en su corazón. Desde ayudarle a mover un gran estante, hasta amanecer a su lado curando su fiebre, todo aquello más el fastidioso modo de ser del muchacho le hacía continuar su diálogo— Y es por eso que yo también te quiero... — expresó. Rukawa abrió sus ojos con desmesura, sus sentimientos eran correspondidos.
— Entonces ¿Aceptas ser mi novia?— preguntó intentando camuflar sus esperanzas en la imparcialidad de su tono.
— Me encantaría, pero como te dije, Bianca...
— Ya no pienses en ella... Ella no me quiere, si fuera así no hubiera apoyado a Billie para sacarme del equipo
— No digas eso, ella no haría algo así…
— Te equivocas, y tarde o temprano abrirás los ojos... Por ahora, acepta ser mi novia— insistió el ojiazul. Megan bajó la mirada reflexiva, sentía que al aceptar al muchacho estaba traicionando la amistad de su amiga, a quien consideraba la mejor de sus amigas, no quería hacerlo, pero tampoco quería reprimir sus sentimientos por el muchacho. Entonces tomó una bocanada de aire, sintiendo como su pecho se hinchaba al instante.
— Sí... Sí quiero ser tu novia— contestó sonriendo ampliamente.
MUCHAS GRACIAS POR LEER, ESPERO QUE SEA DE SU AGRADO Y LAMENTO LA TARDANZA, ESPERO QUE LA EXTENSIÓN DEL CAPÍTULO, COMPENSE LA ESPERA :)
Reviews:
Jorge 4: Hola :D me alegra un montón que éste capítulo te haya gustado amigo, lo de la discusión entre Hana y Sally, debo confesar no lo había planeado xD se me vino de repente a la cabeza y dije "eso hay que agregarlo ]:D " jajaja. Y bueno, la última escena de ellos en éste capítulo que acabo de añadir, pues será de gran importancia. Rukawa, pues es muy atento, de a poco se ha ido mostrando más cercano a Megan, y como tu dices, pues el besito fue su recompensa xD. Bueno, espero este capítulo haya sido de tu agrado, y nos leemos. Gracias por seguir la historia y comentar :)
Elena: Hola :) ! Me alegra que hayas podido leer los capítulos que no habías podido, me da mucho gusto :). Hanamichi, pues era cada vez más evidente, sobretodo por sus celos con Sendoh, y sus amigos no tardaron en abrirle los ojos al querido pelirrojo xD. Megan y Rukawa, uff, esa es una relación que como pudiste ver en éste capítulo, ésta dando frutos, y atención que Noche Buena aún no termina, la dejé hasta ahí pero queda aún ;). Agradezco mucho tu comentario y tus lecturas. Lamento la tardanza de ésta ocasión. Un gran saludo y hasta el próximo :).
angelicacuario: Hola amiga =) ! Me alegra saber que te ha gustado el capítulo, pues yo te agradezco por comentarme las ideas que pasan por tu cabeza, que me han gustado mucho para agregarlas :) . Jajajaja, Megan es de temer, si hasta yo ya veo a ésta chica regañándome por lo que le hago hacer en la historia xD. Rukawa, pues creo que en los momentos más difíciles sus sentimientos han salido a flote, así lo pudiste ver en los siguientes capítulos. Hanamichi un malvado xD yo creo que es un fiel seguidor de Maquiavelo y su frase "El fin justifica los medios" xD Yasuda y Yohei pagan los platos rotos xD. Y sí, Sally afloja de a poquito xD, no se ha ido dando cuenta como volviéndose más amable con el pelirrojo. En la tarde de estudios, pues el pelirrojo es a pesar de todo algo introvertido, no le sería tan fácil decirle a Sally lo que siente, sólo arrebatarse gruñendo y maldiciendo al pobre de Sendoh xD. Sobre noche buena, pues aquí pudiste ver lo que ha pasado, ha sido una noche muy variada. Ahora sobre tu otro comentario. Me alegra que haya sido de tu gusto. Y Hanamichi. sí! cada días más atraído a Sally, y te aseguro que al enterarse de que Sendoh y ella son hermano, actuará más decidido ;). Jajaja me reí mucho con lo de fatality xD tienes razón xD pobre Hanamichi xD. Mitsui, pues si no hubiera estado con su hermana, cualquier chocolate le habría regalado, es curioso pero ambos se hicieron un regalo para llevar en la muñeca xD. Rukawa y Megan, pues han avanzado mucho ;). Seguramente ya leíste este capítulo y lo pudiste notar :). Bueno, agradecerte por tus comentarios y por seguir leyendo. Un gran saludo, hasta el siguiente :)
